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Pablo de Rokha: Neruda y Yo |
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| Portada de la primera edición de Neruda y yo. |
Neruda y Yo
(…)
Engañan a las masas de lectores con sus enormes "stocks" de mercaderías de contrabando y generan el "doomping" de la literatura averiada, gonorreica, contagiada de abigeatos y desacatos y concubinatos horribles, protagonizados por chivos "divinos", que se criaron en las sacristías, y son Caínes y Judas feroces, que condenarían a muerte por hambre a las familias del poeta que se les subleva. Bestias de niebla, su morfología se evada, cuando se persigue. Como dos pequeños tiburones embalsamados y, sin embargo, "mamadores", éste de agua y ése de vino, "Alone" y Neruda, entre los bagres, los pejesapos, las culebras de mar, los cocodrilos, los cueros oscuros de los raudales, las ranas, los sapos, las lapas de pantano, las sanguijuelas, los vampiros de lo oscuros "puquios" y las brujas nocturnas del Invierno departamental, "Alone"-Neruda se deslizan hinchados de felicidad y "moneda" según el poeta que cantara: "De Norte a Sur del país,/todos te llaman Gabriel…" en la más estupenda y nacional epopeya de un "héroe" del asesinato que le "trocaba" la Embajada en Italia por versitos emputecidos. O son "inmortales-nacionales" o "municipales", y el Premio Nacional de Literatura se lo reparten como los cogoteros la cartera del difunto o los guachucheros la botella del condumio, o los fuleros sillones académicos, o los quiltros tiñosos del arrabal, la piltrafa ensangrentada, o la "Banda Negra" de Bacalao, las colectas.
El proceso de mistificación nacional de la República reflejado en la literatura, ha generado dos retratos o fotografías "totales": "Alone" y Neruda. Rodeándolos sus autores-progenitores, han orientado los acontecimientos literarios, alrededor del interés del "croniqueur" o del aeda-sibila, precisamente por ser ellos los centros de irradiación de "El Imperio Mular de Cantinflas", y, durante un cuarto de siglo la juventud americana se ha pervertido y corrompido a su orilla. El formalismo decadentista y el realismo oportunista, han proliferado debajo del sobaco de estos"líderes" de la pacotilla confusionista y amarilla. El relajamiento general del proceso de la creación artística, tiene el chisme dominical de "Alone" como patrón de la Belleza y el hombre mediocre de las aposentadurías de los siúticos afrancesados, que consagraba o liquidaba papanatas o dómines filibusteros, ponía la poesía, o plagiada o embadurnada de "Crepusculario" en calidad de hito y mito o "mojón" director de "Cantinflolandia". De tal manera, la nidada de "aloncitos" y "neruditas", más o menos pringados de la retórica-poética de sus maestros, ensucia de guano de pato la nacionalidad llagada por la inflación y la población callampa. Primero, "el amor de los marineros que besan y se van", la vida portuaria completamente calcada a Blomberg, el mar de los que se ahogan en un escupo y recitan el amor ajeno, es decir el amor abstracto, homosexualoidemente; en seguida, la mermelada romántico- prostibularia del "Poema 20" y aquello tan horrendo de manoseado y sietemesino: "Puedo escribir los versos más tristes esta noche", luego, los versos colonial-anglosajones plagiados en la hamaca consular de Rangoon, a "los poetas metafísicos" de la época isabelina, decadentemente influenciada por Séneca y Lucano, porque sus discípulos lectores y admiradores de la hamaca consular de Rangoon, le echaron al canasto lo menos anexo y espantablemente ajeno de su literatura, aún de aún o copiado o burla-burlando la máscara, porque el pobre se encumbró a la populachería demencial con lo peor de lo peor de toda su obra, que es siempre mediocre y de simulaciones, después de "Hégira", -la huída, traducen-, Madrid-París, versificada, a la manera de Quevedo con algún decoro en "España en el corazón", es decir, en el Corazón de España; y ahora, la etapa obtusa y "crepuscularia" del colapso senil-infantil, la imbecilidad continental, la imbecilidad universal y ecuménica, y la alegría reblandecida del pobrecito imbécil, que se contradice y se reproduce en compases, ploriferándose. : "Espero, además, que los lectores se diviertan tanto al leerlo, como yo me he divertido al escribirlo"". Comienza el naufragio total, el resbalón fatal, el colapso total, la caída definitiva; vejados, mosqueados, manoseados, los pobres payasos, "Alone"-Neruda", aburrido el auditorio y la sala, vacía, se alejan dolorosamente, circo-abajo, mundo-abajo, siglo-abajo, por el callejón sin salida de las derrotas de los que no se van a levantar jamás, ni vivos, ni muertos, porque ni siquiera "les derrotaron", "se" derrotaron, porque ni yo ni nadie peleo con ellos; la pateadura general es terriblemente, sí, equivalente al gran escándalo decadentista: "ojo por ojo, diente por diente, mano por mano…" decía la ley mosaica.
Él Pablo Neruda, da la línea de mistificación y la mentira del mediocre, que pretende levantar por encima de sí mismo, la máscara desesperada del éxito y el espectáculo, como escala de valores exacta con relación a la vida y a la obra, entrando, por sorpresa, en la conciencia de los jóvenes marxistas que no perciben a primera vista, la sonrisa del poeta de la burguesía, exaltado y aclamado por la burguesía y consagrado por la burguesía, el exitoso y altanero demagogo marxoide, o de los que como J.MV. se treparon de un salto al "carro" de la revolución, mostrándonos su parte trasera. Y el hombre que exalta la "elevada monarquía" del absolutismo, casa y se casa con reinas y da princesas por esposas a sus amigos, "ejecutando", según su confesión la trata de blancas, es el pequeñoburgués típico y siútico, falsificador y enmascarador de todos los estilos, a fin de entregar al pueblo el veneno tremendo de su poesía.
Ha llegado la hora de la autocrítica para los trabajadores intelectuales del marxismo.
El infantilismo cropolálico y pornográfico del trovador senil, cacaseno, amarillo calzonudo no es, únicamente, el régimen de puerilidades de "Don Fulgencio, el hombre que no tuvo infancia", sino el extremismo infantil de Derecha, coincidiendo con el extremismo infantil de Izquierda, -trotzkismo-, porque "los dos extremos se encuentran". No es lo elemental, es la decrepitud, el espíritu de las "Odas-Nerudas". Chochea el aeda y se le vuelven locas las hormonas frente a frente a las adolescentes que le sacan la lengua. Ahora como se le van las cabras, él "gatea" debilitado. Un drama oscuro y terrible, digno del genio de Shakespeare, en Hamlet o en Macbeth protagoniza el antiguo histrión caído y a el arrastra a la militancia dulcemente literaria, que naufraga en el maelstrom caliente. Un dios payaso sonríe llorando en el fondo de los hospicios.
Y el autoasesinato genera innumerables suicidios.
El administró y utilizó a los discípulos y los discípulos lo superan: Barquero, el chico Pezoa, Ferrero, hasta el mismo José- Miguel, que escribe la crónica poemática del equipo.
Sus conmilitones, en subversión, orinan la imaginería del ídolo "en debacle".
Saqueando y socavando el contenido de "el De Rokha", y la expresión formal de Maiakowsky, y despedazándolos, Neruda obtiene fondo y forma para los 3 últimos libros de la "debacle" vertical, y exhibe su muestrario de pingajos de plagiario con un cinismo colosal de especulador célebre. Pero resulta que, como las cosas no son las sombras de las cosas, sino que se producen históricamente, adentro del ambiente social, en condición de hechos que andan y que hablan, de complejos y de "procesos", que se debaten, se reflejan, se abaten, reproduciéndose o cayendo, en la conciencia, por el reflejo y, como el reflejo, ellas, las cosas, estallan, y el que no ha vivido, como Neruda, el que no ha vivido, sino que ha escrito de memoria, confiesa en el poema falso y vacuo, su idealismo, su formalismo, su quietismo, y naufraga manejando fantasmas literarios y "epifenómenos". Su caldillo de congrio no da la sensación del caldillo de congrio, a la chilena, con relampagueo de espuelas y vihuelas y altos pechos anchos de paisana de provincia del mar, cuando el huracán escarba la montaña nacional y hay adioses de muerte en las bahías, con océanos rojos, como vino y sangre; no; huele y hiede a farmacopea, a botica, a receta de cocina "pije" ay a pandecta tribunalicia de tinterillo.
Y los que, no por turismo de "turisteadores", sino por destino y trabajo, y por oficio de trabajadores, tranqueamos y trajinamos la República, con zapatos acumulados y ensangrentados de caminos y sabemos bien cómo se toma, cuándo se toma en Chile, y cómo se come cuando se come, y cuándo se come, como se come de cuando en cuando, no se come como cree que se come "el rico Neruda", según la "Buena Mesa", y compadeciendo a los hambrientos, entre sonrisas de champaña y de señoras de "la sociedad", porque se come bramando y sudando y echando cenizas de infierno encima de la vida tremenda de nosotros, los explotados, se come con rabia y pena, y con dolor heroico, se come como entre hermanos, solos en la comunidad de la amistosidad de la sinceridad trágica, y se toma en la cacha de la pistola, no por pampirolada, sino porque la nacionalidad herida y el país ensangrentado solloza en las botellas, nosotros, lo despreciamos porque nosotros lo conocemos. Todo, lo otro es fideo de "Isla Negra", loro de tonto y de mono roñoso, pancutra de difunto y tallerín de multimillonario compasivo y satisfecho, es decir, es mentira y demagogia, locro-falso y pejerrey frito de berenjena o betarraga, y no es lo mismo, por ejemplo, ser un embaucador y un enredador habilidoso como Benjamín Subercaseaux, que un imbécil total como Prendes Saldías y sus cien mil mujeres.
Aquí, en estas "odas" neutras, ahí y allí, en sus renglones cortos, como calcetín chico, no hay materia de placenta vital, ni monturas, ni carretas, ni navíos, ni cuchillos, ni botellas, ni barajas, ni un tinajón arzobispal, en el que relincha la chicha, como una potranca roja, entre Junio y Julio, cuando el pavo-mechón, con todo el moco enrojecido, entona la "oda" de las falsas fanfarrias a la pava que lo desprecia por fanfarrón y por maricón de gallinero.
Neruda no produce el Chile terrible que es Chile, y maravilloso, montañés u oceánico-insular, volcánico y dramático, lacustre-fluvial-agreste, preñado de abismos y catástrofes; él da la sensación mínima, a lo "Alone" pajarón, de la convulsión máxima y la sensación de la sensación de los letrados acaudalados y escandalosos; ni siquiera conoce el lenguaje, no folklórico a lo oficinista, y a lo retorciste de la filología elemental, no, ni siquiera conoce el lenguaje de las necesidades y la relación de vecindad, el lenguaje forjado a hachazos y a patadas, jamás grosero, jamás protervo, aunque él emplee la palabra brutal, pero no se deleita con la pornografía, no es cochino, porque no es libidinoso, y no provoca, como no provoco yo, respondo, y, en respuesta a la ofensa, la tarea del desenmascaramiento, ni siquiera conoce el lenguaje del pueblo, que hace lenguaje cuando se subleva.
Como "Alone" encuentra tan grosera la violencia popular de Isaías, de Ezequiel, de Jeremías y Habacuc, Neruda le da bolitas de miel de farmacia y cocina de falsificación y estafa: "Alone"-Neruda, los dos unidos y juntitos.
Fragmento de Neruda y Yo, editorial Multitud, Santiago de Chile, 1955.
Leer más de Pablo de Rokha
El proceso de mistificación nacional de la República reflejado en la literatura, ha generado dos retratos o fotografías "totales": "Alone" y Neruda. Rodeándolos sus autores-progenitores, han orientado los acontecimientos literarios, alrededor del interés del "croniqueur" o del aeda-sibila, precisamente por ser ellos los centros de irradiación de "El Imperio Mular de Cantinflas", y, durante un cuarto de siglo la juventud americana se ha pervertido y corrompido a su orilla. El formalismo decadentista y el realismo oportunista, han proliferado debajo del sobaco de estos"líderes" de la pacotilla confusionista y amarilla. El relajamiento general del proceso de la creación artística, tiene el chisme dominical de "Alone" como patrón de la Belleza y el hombre mediocre de las aposentadurías de los siúticos afrancesados, que consagraba o liquidaba papanatas o dómines filibusteros, ponía la poesía, o plagiada o embadurnada de "Crepusculario" en calidad de hito y mito o "mojón" director de "Cantinflolandia". De tal manera, la nidada de "aloncitos" y "neruditas", más o menos pringados de la retórica-poética de sus maestros, ensucia de guano de pato la nacionalidad llagada por la inflación y la población callampa. Primero, "el amor de los marineros que besan y se van", la vida portuaria completamente calcada a Blomberg, el mar de los que se ahogan en un escupo y recitan el amor ajeno, es decir el amor abstracto, homosexualoidemente; en seguida, la mermelada romántico- prostibularia del "Poema 20" y aquello tan horrendo de manoseado y sietemesino: "Puedo escribir los versos más tristes esta noche", luego, los versos colonial-anglosajones plagiados en la hamaca consular de Rangoon, a "los poetas metafísicos" de la época isabelina, decadentemente influenciada por Séneca y Lucano, porque sus discípulos lectores y admiradores de la hamaca consular de Rangoon, le echaron al canasto lo menos anexo y espantablemente ajeno de su literatura, aún de aún o copiado o burla-burlando la máscara, porque el pobre se encumbró a la populachería demencial con lo peor de lo peor de toda su obra, que es siempre mediocre y de simulaciones, después de "Hégira", -la huída, traducen-, Madrid-París, versificada, a la manera de Quevedo con algún decoro en "España en el corazón", es decir, en el Corazón de España; y ahora, la etapa obtusa y "crepuscularia" del colapso senil-infantil, la imbecilidad continental, la imbecilidad universal y ecuménica, y la alegría reblandecida del pobrecito imbécil, que se contradice y se reproduce en compases, ploriferándose. : "Espero, además, que los lectores se diviertan tanto al leerlo, como yo me he divertido al escribirlo"". Comienza el naufragio total, el resbalón fatal, el colapso total, la caída definitiva; vejados, mosqueados, manoseados, los pobres payasos, "Alone"-Neruda", aburrido el auditorio y la sala, vacía, se alejan dolorosamente, circo-abajo, mundo-abajo, siglo-abajo, por el callejón sin salida de las derrotas de los que no se van a levantar jamás, ni vivos, ni muertos, porque ni siquiera "les derrotaron", "se" derrotaron, porque ni yo ni nadie peleo con ellos; la pateadura general es terriblemente, sí, equivalente al gran escándalo decadentista: "ojo por ojo, diente por diente, mano por mano…" decía la ley mosaica.
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Él Pablo Neruda, da la línea de mistificación y la mentira del mediocre, que pretende levantar por encima de sí mismo, la máscara desesperada del éxito y el espectáculo, como escala de valores exacta con relación a la vida y a la obra, entrando, por sorpresa, en la conciencia de los jóvenes marxistas que no perciben a primera vista, la sonrisa del poeta de la burguesía, exaltado y aclamado por la burguesía y consagrado por la burguesía, el exitoso y altanero demagogo marxoide, o de los que como J.MV. se treparon de un salto al "carro" de la revolución, mostrándonos su parte trasera. Y el hombre que exalta la "elevada monarquía" del absolutismo, casa y se casa con reinas y da princesas por esposas a sus amigos, "ejecutando", según su confesión la trata de blancas, es el pequeñoburgués típico y siútico, falsificador y enmascarador de todos los estilos, a fin de entregar al pueblo el veneno tremendo de su poesía.
Ha llegado la hora de la autocrítica para los trabajadores intelectuales del marxismo.
El infantilismo cropolálico y pornográfico del trovador senil, cacaseno, amarillo calzonudo no es, únicamente, el régimen de puerilidades de "Don Fulgencio, el hombre que no tuvo infancia", sino el extremismo infantil de Derecha, coincidiendo con el extremismo infantil de Izquierda, -trotzkismo-, porque "los dos extremos se encuentran". No es lo elemental, es la decrepitud, el espíritu de las "Odas-Nerudas". Chochea el aeda y se le vuelven locas las hormonas frente a frente a las adolescentes que le sacan la lengua. Ahora como se le van las cabras, él "gatea" debilitado. Un drama oscuro y terrible, digno del genio de Shakespeare, en Hamlet o en Macbeth protagoniza el antiguo histrión caído y a el arrastra a la militancia dulcemente literaria, que naufraga en el maelstrom caliente. Un dios payaso sonríe llorando en el fondo de los hospicios.
Y el autoasesinato genera innumerables suicidios.
El administró y utilizó a los discípulos y los discípulos lo superan: Barquero, el chico Pezoa, Ferrero, hasta el mismo José- Miguel, que escribe la crónica poemática del equipo.
Sus conmilitones, en subversión, orinan la imaginería del ídolo "en debacle".
Saqueando y socavando el contenido de "el De Rokha", y la expresión formal de Maiakowsky, y despedazándolos, Neruda obtiene fondo y forma para los 3 últimos libros de la "debacle" vertical, y exhibe su muestrario de pingajos de plagiario con un cinismo colosal de especulador célebre. Pero resulta que, como las cosas no son las sombras de las cosas, sino que se producen históricamente, adentro del ambiente social, en condición de hechos que andan y que hablan, de complejos y de "procesos", que se debaten, se reflejan, se abaten, reproduciéndose o cayendo, en la conciencia, por el reflejo y, como el reflejo, ellas, las cosas, estallan, y el que no ha vivido, como Neruda, el que no ha vivido, sino que ha escrito de memoria, confiesa en el poema falso y vacuo, su idealismo, su formalismo, su quietismo, y naufraga manejando fantasmas literarios y "epifenómenos". Su caldillo de congrio no da la sensación del caldillo de congrio, a la chilena, con relampagueo de espuelas y vihuelas y altos pechos anchos de paisana de provincia del mar, cuando el huracán escarba la montaña nacional y hay adioses de muerte en las bahías, con océanos rojos, como vino y sangre; no; huele y hiede a farmacopea, a botica, a receta de cocina "pije" ay a pandecta tribunalicia de tinterillo.
Y los que, no por turismo de "turisteadores", sino por destino y trabajo, y por oficio de trabajadores, tranqueamos y trajinamos la República, con zapatos acumulados y ensangrentados de caminos y sabemos bien cómo se toma, cuándo se toma en Chile, y cómo se come cuando se come, y cuándo se come, como se come de cuando en cuando, no se come como cree que se come "el rico Neruda", según la "Buena Mesa", y compadeciendo a los hambrientos, entre sonrisas de champaña y de señoras de "la sociedad", porque se come bramando y sudando y echando cenizas de infierno encima de la vida tremenda de nosotros, los explotados, se come con rabia y pena, y con dolor heroico, se come como entre hermanos, solos en la comunidad de la amistosidad de la sinceridad trágica, y se toma en la cacha de la pistola, no por pampirolada, sino porque la nacionalidad herida y el país ensangrentado solloza en las botellas, nosotros, lo despreciamos porque nosotros lo conocemos. Todo, lo otro es fideo de "Isla Negra", loro de tonto y de mono roñoso, pancutra de difunto y tallerín de multimillonario compasivo y satisfecho, es decir, es mentira y demagogia, locro-falso y pejerrey frito de berenjena o betarraga, y no es lo mismo, por ejemplo, ser un embaucador y un enredador habilidoso como Benjamín Subercaseaux, que un imbécil total como Prendes Saldías y sus cien mil mujeres.
Aquí, en estas "odas" neutras, ahí y allí, en sus renglones cortos, como calcetín chico, no hay materia de placenta vital, ni monturas, ni carretas, ni navíos, ni cuchillos, ni botellas, ni barajas, ni un tinajón arzobispal, en el que relincha la chicha, como una potranca roja, entre Junio y Julio, cuando el pavo-mechón, con todo el moco enrojecido, entona la "oda" de las falsas fanfarrias a la pava que lo desprecia por fanfarrón y por maricón de gallinero.
Neruda no produce el Chile terrible que es Chile, y maravilloso, montañés u oceánico-insular, volcánico y dramático, lacustre-fluvial-agreste, preñado de abismos y catástrofes; él da la sensación mínima, a lo "Alone" pajarón, de la convulsión máxima y la sensación de la sensación de los letrados acaudalados y escandalosos; ni siquiera conoce el lenguaje, no folklórico a lo oficinista, y a lo retorciste de la filología elemental, no, ni siquiera conoce el lenguaje de las necesidades y la relación de vecindad, el lenguaje forjado a hachazos y a patadas, jamás grosero, jamás protervo, aunque él emplee la palabra brutal, pero no se deleita con la pornografía, no es cochino, porque no es libidinoso, y no provoca, como no provoco yo, respondo, y, en respuesta a la ofensa, la tarea del desenmascaramiento, ni siquiera conoce el lenguaje del pueblo, que hace lenguaje cuando se subleva.
Como "Alone" encuentra tan grosera la violencia popular de Isaías, de Ezequiel, de Jeremías y Habacuc, Neruda le da bolitas de miel de farmacia y cocina de falsificación y estafa: "Alone"-Neruda, los dos unidos y juntitos.
Fragmento de Neruda y Yo, editorial Multitud, Santiago de Chile, 1955.
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Alfonso Castelao: Os voy a contar un cuento triste |
A poco de casarse Doña Micaela comenzó a hacer camisitas, pero su ilusión se derrumbó súbitamente y, con lágrimas en los ojos, metió en un frasco de aguardiente el fruto abortado de sus amores.
Doña Micaela escribió en un papelito: "Adolfo, 12 de mayo de 1877". Pegó el papelito en el frasco, y después de besarlo tristemente lo guardó en el armario de las sábanas de lino.
No os riáis, porque el cuento es triste.
Aún no habían pasado cuatro meses y Doña Micaela comenzó a trabajar nuevamente en las camisitas. La buena señora se complacía cavilando en el heredero que ya estaba en camino hacia el mundo, y por segunda vez Doña Micaela vio marchitas sus ilusiones de madre, y con honda tristeza metió en aguardiente el nuevo fruto de sus amores.
Doña Micaela escribió: "Rosa, 7 de enero de 1888". Pegó el papelito en el frasco y muy amargada lo guardó en el armario de las sábanas de lino.
No os riáis, porque el cuento es triste.
La pobre señora lloró tres veces más y metió en otros tantos frascos de aguardiente u n "Pedro", un "Ramón" y una "Alicia".
No os riáis.
La buena señora se dio cuenta de que no alumbraría jamás un hijo verdadero, y con sus grandes ansias maternales dedicó la vida entera al cuidado mimoso de los frascos de aguardiente. ¡Triste vida!
No; no os riáis, porque el caso es triste.
Cada vez que una fallida ilusión cumplía años, Doña Micaela le cambiaba el aguardiente. Todos los días besaba los frascos y arreglaba los lacitos de seda que ceñían los cuellos de los frascos de "Rosa" y de "Alicia".
La buena señora llegó a vieja y tenía criadas de tanta confianza que andaban con las llaves de los armarios y gobernaban la casa.
Un día llegó ante Doña Micaela una de las criadas. Venía tan cortada que no podía hablar; pero la pobre mujer se arrojó al suelo y poco a poco fue confesando entre sollozos:
-¡Perdón, mi ama! ¡ay, que desgracia señora! El señorito Adolfo se me cayó de las manos y se rompió…
Y en ese instante Doña Micaela se desvaneció para siempre.
De Cousas.
Traducción de Lorenzo Almeida.
Doña Micaela escribió en un papelito: "Adolfo, 12 de mayo de 1877". Pegó el papelito en el frasco, y después de besarlo tristemente lo guardó en el armario de las sábanas de lino.
No os riáis, porque el cuento es triste.
Aún no habían pasado cuatro meses y Doña Micaela comenzó a trabajar nuevamente en las camisitas. La buena señora se complacía cavilando en el heredero que ya estaba en camino hacia el mundo, y por segunda vez Doña Micaela vio marchitas sus ilusiones de madre, y con honda tristeza metió en aguardiente el nuevo fruto de sus amores.
Doña Micaela escribió: "Rosa, 7 de enero de 1888". Pegó el papelito en el frasco y muy amargada lo guardó en el armario de las sábanas de lino.
No os riáis, porque el cuento es triste.
La pobre señora lloró tres veces más y metió en otros tantos frascos de aguardiente u n "Pedro", un "Ramón" y una "Alicia".
No os riáis.
La buena señora se dio cuenta de que no alumbraría jamás un hijo verdadero, y con sus grandes ansias maternales dedicó la vida entera al cuidado mimoso de los frascos de aguardiente. ¡Triste vida!
No; no os riáis, porque el caso es triste.
Cada vez que una fallida ilusión cumplía años, Doña Micaela le cambiaba el aguardiente. Todos los días besaba los frascos y arreglaba los lacitos de seda que ceñían los cuellos de los frascos de "Rosa" y de "Alicia".
La buena señora llegó a vieja y tenía criadas de tanta confianza que andaban con las llaves de los armarios y gobernaban la casa.
Un día llegó ante Doña Micaela una de las criadas. Venía tan cortada que no podía hablar; pero la pobre mujer se arrojó al suelo y poco a poco fue confesando entre sollozos:
-¡Perdón, mi ama! ¡ay, que desgracia señora! El señorito Adolfo se me cayó de las manos y se rompió…
Y en ese instante Doña Micaela se desvaneció para siempre.
De Cousas.
Traducción de Lorenzo Almeida.
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alfonso castelao
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bukowski |
la muerte se está fumando mis cigarros

sabes: otra vez estoy borracho
aquí
escuchando a Tchaikovsky
en la radio.
por Dios, lo escuché 47 años
atrás
cuando era un escritor muerto de hambre
y aquí está
otra vez
y ahora soy un éxito menor como
escritor
y la muerte se pasea
por todos lados
en esta pieza
fumando mis cigarros
chupando de mi
vino
mientras Tchaik se abre camino
por su Patética,
que viaje ha sido
y la suerte que he tenido fue
porque lancé los dados
bien:
pasé hambre por mi arte, pasé hambre para
ganar 5 malditos minutos, 5 horas,
5 días-
sólo escribir la palabra
justa;
la fama, el dinero, no importaba
quería la palabra impresa
y ellos me querían en una perforadora,
una fábrica de producción
ellos querían que fuera un empleado de una
tienda de departamentos.
bueno, la muerte dice, mientras se pasea,
te voy a agarrar de todas formas
no importa lo que hayas sido:
escritor, chofer de taxi, cafiche, carnicero,
paracaidista, te voy a
agarrar…
está bien nena, le digo
chupemos juntos ahora
mientras la una a.m. se desliza a las 2
a.m. y
sólo ella conoce el
momento, pero he podido estafar-
la: tuve mis
5 malditos minutos
y mucho
más.
ellos y nosotros

allí estaban todos afuera en el porche delantero
conversando:
Hemingway, Faulkner, T.S. Eliot,
Ezra Pound, Hamsun, Wally Stevens,
e.e. cummings y algunos otros.
"oye", dijo mi madre, "¿no puedes
decirles que se queden callados?"
"no", le contesté
"están hablando pura basura", dijo mi
padre, "deberían andar buscando
empleo"
"tienen empleo", le dije
"huevadas", dijo mi
padre
"exacto", le
dije
entonces Faulkner entró
tambaleándose
encontró el whiskey en el
armario y salió con
él
"que persona más terrible"
dijo mi madre
entonces se levantó y espió afuera
a la entrada
"tienen una mujer con ellos",
dijo, "sólo que parece
hombre".
"ésa es Gertrude", le
dije.
"hay otro tipo mostrando sus
músculos", dijo ella, "diciendo
poder darles la tunda a cualquiera de los
tres".
"ése es Ernie", le dije.
"¡y éste", mi padre me apuntaba,
"quiere ser como ellos!"
"¿es cierto eso?" mi madre preguntó.
"no como ellos", le dije, "sino uno de
ellos".
"tú te consigues un maldito empleo",
me dijo mi padre.
"cállate", le dije
"¿qué?"
"dije `cállate´, estoy tratando de escuchar a
estos hombres".
mi padre miró a su esposa:
"¿éste no es hijo
mío!"
"espero que no", le dije
Faulkner entró tambaleando a la pieza
Otra vez.
"¿dónde está el teléfono?"
preguntó.
"¿para qué mierda lo quiere?" mi padre
preguntó.
"Ernie acaba de volarse los
sesos", le dijo.
"¿ves lo que le pasa a hombres como
esos?" gritaba mi padre.
me levanté
lentamente
y ayudé a Bill a encontrar
el
teléfono.
los suplentes

Jack London bebiéndose la vida y a la vez
Escribiendo sobre extraños y heroicos hombres.
Eugene O´Neill bebiéndose a sí mismo distraído
y a la vez escribiendo sus oscuras y poéticas
obras.
ahora nuestros modernos
dan charlas
clases en las universidades
de traje y corbata,
los pequeños niños sobriamente estudiosos,
las pequeñas niñas con sus ojos vidriosos
mirando-
los,
los céspedes tan verdes, los libros tan aburridos,
la vida tan muriéndose de
sed.
un poeta en Nueva York
cenando afuera esta noche
encuentro una mesa desocupada
y mientras espero mi pedido
saco una copia de mi esposa de
Un Poeta en Nueva York.
Suelo llevar conmigo cosas para leer
para así no tener que mirar a
la gente.
encuentro que los poemas son malos (según yo)
estos poemas escritos en 1929
el año en que la bolsa de valores
quebró.
cierro el libro y miro a
la gente.
mi pedido llega.
la comida también está mala.
algunos dicen que lo malo y lo bueno
vienen en alternativas rachas.
eso espero.
espero por lo bueno, pongo un trozo
pollo al limón en mi
boca, lo masco
y finjo que todo está
más o menos
bien.
un día extraño

era uno de esos calurosos y agobiantes días en Hollywood
Park
y una inmensa multitud, una
cansadora, grosera, tonta
multitud.
gané en la última carrera y me quedé a recoger el premio y cuando
me subí al auto
había una inmensa congestión de autos intentando
salir de allí.
entonces me saque los zapatos, me senté y esperé, prendí la
radio, con suerte encontré música clásica, encontré
un poco de whisky en la guantera, lo destapé
y tomé un
trago.
dejaré que todos salgan
pensé, después me
voy.
encontré tres cuartos de un cigarro, lo prendí, tomé otro trago
de whisky.
escuchaba la música, fumaba, tomaba del
whisky y veía a los perdedores
salir.
incluso había por allí un jueguito de mierda
a unas 100 yardas al
este
entonces aquello
terminó.
decidí terminarme el poco
de trago.
eso hice, me estiré en el
asiento.
no sé cuanto tiempo
dormí
pero al despertar estaba oscuro y
el estacionamiento estaba
vacío.
decidí no ponerme los zapatos, encendí el auto
y salí de
allí…
al volver a mi lugar pude escuchar el teléfono
que sonaba.
mientras metía la llave en la puerta y la abría,
el teléfono seguía
sonando.
caminé, levanté el
teléfono.
"¿aló?"
"hijo de puta ¿dónde has
estado?"
"en el hipódromo"
"¿el hipódromo? ¡son las 12 y media de la noche! ¡he estado
llamándote desde
las 7 de la tarde!"
"recién acabo de llegar del
hipódromo".
"¡no te creo!"
y ella colgó.
caminé hacia el refrigerador, saqué una cerveza, fui
al baño, dejé el agua corriendo en la
tina.
terminé la cerveza, saqué otra, la destapé y
me metí en la tina.
el teléfono sonó
de nuevo.
salí de la tina con mi cerveza y
dejando todo mojado
caminé hacia el teléfono, lo levanté.
"¿aló?"
"¡hijo de puta, todavía no
te creo!"
y me colgó.
caminé de vuelta a la tina con mi cerveza,
dejando una estela de
agua.
en cuanto logré meterme a la tina
el teléfono sonó
otra vez.
lo dejé sonar, contando las
veces que lo hacía: 1,2,3,4,5,6,7,8,9,
10,11,12,13,14,15,
16,…
ella colgó.
entonces, unos 3 o 4 minutos
pasaron.
el teléfono sonó
de nuevo.
conté las veces:
1,2,3,4,5,6.7.8,
9,…
entonces hubo
silencio.
en eso me acordé que había
dejado mis zapatos en el
auto.
no importaba, sólo que tenía
un par.
no era probable, sin embargo, que alguien
quisiera alguna vez robar ese
auto.
me salí de la tina para buscar otra
cerveza,
dejando otra estela
tras de mí.
era el final de un
largo
largo
día.

sabes: otra vez estoy borracho
aquí
escuchando a Tchaikovsky
en la radio.
por Dios, lo escuché 47 años
atrás
cuando era un escritor muerto de hambre
y aquí está
otra vez
y ahora soy un éxito menor como
escritor
y la muerte se pasea
por todos lados
en esta pieza
fumando mis cigarros
chupando de mi
vino
mientras Tchaik se abre camino
por su Patética,
que viaje ha sido
y la suerte que he tenido fue
porque lancé los dados
bien:
pasé hambre por mi arte, pasé hambre para
ganar 5 malditos minutos, 5 horas,
5 días-
sólo escribir la palabra
justa;
la fama, el dinero, no importaba
quería la palabra impresa
y ellos me querían en una perforadora,
una fábrica de producción
ellos querían que fuera un empleado de una
tienda de departamentos.
bueno, la muerte dice, mientras se pasea,
te voy a agarrar de todas formas
no importa lo que hayas sido:
escritor, chofer de taxi, cafiche, carnicero,
paracaidista, te voy a
agarrar…
está bien nena, le digo
chupemos juntos ahora
mientras la una a.m. se desliza a las 2
a.m. y
sólo ella conoce el
momento, pero he podido estafar-
la: tuve mis
5 malditos minutos
y mucho
más.
ellos y nosotros

allí estaban todos afuera en el porche delantero
conversando:
Hemingway, Faulkner, T.S. Eliot,
Ezra Pound, Hamsun, Wally Stevens,
e.e. cummings y algunos otros.
"oye", dijo mi madre, "¿no puedes
decirles que se queden callados?"
"no", le contesté
"están hablando pura basura", dijo mi
padre, "deberían andar buscando
empleo"
"tienen empleo", le dije
"huevadas", dijo mi
padre
"exacto", le
dije
entonces Faulkner entró
tambaleándose
encontró el whiskey en el
armario y salió con
él
"que persona más terrible"
dijo mi madre
entonces se levantó y espió afuera
a la entrada
"tienen una mujer con ellos",
dijo, "sólo que parece
hombre".
"ésa es Gertrude", le
dije.
"hay otro tipo mostrando sus
músculos", dijo ella, "diciendo
poder darles la tunda a cualquiera de los
tres".
"ése es Ernie", le dije.
"¡y éste", mi padre me apuntaba,
"quiere ser como ellos!"
"¿es cierto eso?" mi madre preguntó.
"no como ellos", le dije, "sino uno de
ellos".
"tú te consigues un maldito empleo",
me dijo mi padre.
"cállate", le dije
"¿qué?"
"dije `cállate´, estoy tratando de escuchar a
estos hombres".
mi padre miró a su esposa:
"¿éste no es hijo
mío!"
"espero que no", le dije
Faulkner entró tambaleando a la pieza
Otra vez.
"¿dónde está el teléfono?"
preguntó.
"¿para qué mierda lo quiere?" mi padre
preguntó.
"Ernie acaba de volarse los
sesos", le dijo.
"¿ves lo que le pasa a hombres como
esos?" gritaba mi padre.
me levanté
lentamente
y ayudé a Bill a encontrar
el
teléfono.
los suplentes

Jack London bebiéndose la vida y a la vez
Escribiendo sobre extraños y heroicos hombres.
Eugene O´Neill bebiéndose a sí mismo distraído
y a la vez escribiendo sus oscuras y poéticas
obras.
ahora nuestros modernos
dan charlas
clases en las universidades
de traje y corbata,
los pequeños niños sobriamente estudiosos,
las pequeñas niñas con sus ojos vidriosos
mirando-
los,
los céspedes tan verdes, los libros tan aburridos,
la vida tan muriéndose de
sed.
un poeta en Nueva York
cenando afuera esta noche
encuentro una mesa desocupada
y mientras espero mi pedido
saco una copia de mi esposa de
Un Poeta en Nueva York.
Suelo llevar conmigo cosas para leer
para así no tener que mirar a
la gente.
encuentro que los poemas son malos (según yo)
estos poemas escritos en 1929
el año en que la bolsa de valores
quebró.
cierro el libro y miro a
la gente.
mi pedido llega.
la comida también está mala.
algunos dicen que lo malo y lo bueno
vienen en alternativas rachas.
eso espero.
espero por lo bueno, pongo un trozo
pollo al limón en mi
boca, lo masco
y finjo que todo está
más o menos
bien.
un día extraño

era uno de esos calurosos y agobiantes días en Hollywood
Park
y una inmensa multitud, una
cansadora, grosera, tonta
multitud.
gané en la última carrera y me quedé a recoger el premio y cuando
me subí al auto
había una inmensa congestión de autos intentando
salir de allí.
entonces me saque los zapatos, me senté y esperé, prendí la
radio, con suerte encontré música clásica, encontré
un poco de whisky en la guantera, lo destapé
y tomé un
trago.
dejaré que todos salgan
pensé, después me
voy.
encontré tres cuartos de un cigarro, lo prendí, tomé otro trago
de whisky.
escuchaba la música, fumaba, tomaba del
whisky y veía a los perdedores
salir.
incluso había por allí un jueguito de mierda
a unas 100 yardas al
este
entonces aquello
terminó.
decidí terminarme el poco
de trago.
eso hice, me estiré en el
asiento.
no sé cuanto tiempo
dormí
pero al despertar estaba oscuro y
el estacionamiento estaba
vacío.
decidí no ponerme los zapatos, encendí el auto
y salí de
allí…
al volver a mi lugar pude escuchar el teléfono
que sonaba.
mientras metía la llave en la puerta y la abría,
el teléfono seguía
sonando.
caminé, levanté el
teléfono.
"¿aló?"
"hijo de puta ¿dónde has
estado?"
"en el hipódromo"
"¿el hipódromo? ¡son las 12 y media de la noche! ¡he estado
llamándote desde
las 7 de la tarde!"
"recién acabo de llegar del
hipódromo".
"¡no te creo!"
y ella colgó.
caminé hacia el refrigerador, saqué una cerveza, fui
al baño, dejé el agua corriendo en la
tina.
terminé la cerveza, saqué otra, la destapé y
me metí en la tina.
el teléfono sonó
de nuevo.
salí de la tina con mi cerveza y
dejando todo mojado
caminé hacia el teléfono, lo levanté.
"¿aló?"
"¡hijo de puta, todavía no
te creo!"
y me colgó.
caminé de vuelta a la tina con mi cerveza,
dejando una estela de
agua.
en cuanto logré meterme a la tina
el teléfono sonó
otra vez.
lo dejé sonar, contando las
veces que lo hacía: 1,2,3,4,5,6,7,8,9,
10,11,12,13,14,15,
16,…
ella colgó.
entonces, unos 3 o 4 minutos
pasaron.
el teléfono sonó
de nuevo.
conté las veces:
1,2,3,4,5,6.7.8,
9,…
entonces hubo
silencio.
en eso me acordé que había
dejado mis zapatos en el
auto.
no importaba, sólo que tenía
un par.
no era probable, sin embargo, que alguien
quisiera alguna vez robar ese
auto.
me salí de la tina para buscar otra
cerveza,
dejando otra estela
tras de mí.
era el final de un
largo
largo
día.
Los poemas corresponden al libro "La Muerte se está fumando mis cigarros", con traducción de Yanko González y Pedro Araya, en Ediciones Bajo el Volcán, Santiago, Chile, 1996.
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Miguel Mazzeo: Intelectuales y praxis emancipadora |

Apuntes para un manifiesto
La condición serial
Sin negar la importancia de los enfoques que exploran la intersección entre el lenguaje y la construcción de la praxis (en sentido estricto corresponde decir las praxis), lo cierto es que el pensamiento sobre la realidad social, a partir de los años 80, comenzó a diluirse en "textualizaciones", a desorientarse en el "decontructivismo" o el positivismo de los símbolos, lo que llevó a abandonar las explicaciones totalizadoras y a la crítica radical de la realidad.
Se fueron fortaleciendo así las miradas reduccionistas y empobrecedoras que a veces eran también eurocéntricas. El minimalismo, entró en un período de auge y aún sigue consolidado. Desde estas condiciones se reeditó una producción intelectual y artística displicente y uno de los males endémicos de la intelectualidad local: el lugar aristocrático en una nueva versión trabajada por el espectáculo, consistente en una banalidad ennoblecida superficialmente contrapuesta a la otra banalidad, la rústica, en que se sostiene el otro régimen de lo espectacular pero con la que comparte evidentemente la misma matriz.
Pero para explicar el deterioro del pensamiento crítico, la ausencia de audacia política y poética, no alcanza con echarle la culpa al "giro lingüístico" y a lo que de él se deriva: la primacía de los significantes sobre el significado y el descentramiento del sujeto.
Norberto Bobbio decía que los intelectuales son expresión de la sociedad en la cual viven. Los intelectuales argentinos, incluyendo a los de izquierda, críticos, marxistas, etc.. habitan una sociedad fragmentada. Esa fragmentación o condición serial de la sociedad, es el fundamento de las nuevas formas de dominación. Y aunque se trata del resultado de un proceso histórico, que involucra una dura derrota del campo popular, ha construido una eficaz condición de naturalidad.
En efecto, también los intelectuales de izquierda se han afincado en un determinado lugar de la serie y muestran escasa capacidad para cuestionar, no solo el propio lugar, sino la serialidad misma. Con resignación asumieron (o por lo menos sospecharon) que la realidad en su conjunto era irrepresentable y decidieron trabajar en una parte de la realidad relativamente pública y convencional.
Un ejemplo: esta situación hace que la identificación del Grupo Clarín como parte fundamental del "establishment" pueda convivir con la aspiración al reconocimiento ("legítimo") del Suplemento Ñ. Lo interesante es que la situación puede ser vivida como no esquizofrénica, no funcional ni orgánica.
Al aceptar la condición serial desaparece la necesidad de afirmar el desencuentro con la realidad. La condición serial aplaca todas las furias y confunde a los intelectuales a la hora de formular alternativas frente al discurso del poder. Ahora cuesta cada vez más determinar por dónde pasa la negatividad de un discurso o una práctica.
Los intelectuales, a partir de los 80, comenzaron a pensar no solo dentro de los límites impuestos por la realidad, sino al interior de los límites de un fragmento de esa realidad. Los intelectuales de izquierda no escaparon a estas formas afásicas. Incluso los marxistas cumplieron con las exigencias de intervención práctica, actuando en una exclusiva serie.
Aunque suene a paradoja el denominado "pensamiento único" que impuso el capitalismo en la era de la globalización neoliberal es en alto grado pluralista. No debemos confundir el pensamiento único con una versión ultraconservadora y fundamentalista. La pelea es mucho más complicada.
El pensamiento único, es su versión más eficaz, no solo acepta lo diverso, sino que erige la convivencia de lo diverso en horizonte y proyecto. Ese pluralismo, amplio y superficial a la vez, es su principal base de sustentación. El pensamiento único es la naturalización de la condición serial. Ofrece la posibilidad de pensar y hacer desde distintas identidades y definiciones, pero sin afectar el núcleo duro que asegura la reproducción del sistema. Ofrece la posibilidad de asumir el lugar seductor de la herejía y la heterodoxia pero sin pagar las consecuencias que conllevan las verdaderas, puesto que se trata de herejías y heterodoxias siempre falsas o de baja intensidad y efectos controlados.
La no representación (importancia de las anticipaciones)
Una posible certeza: no queremos ser administradores del conocimiento existente. En la Argentina abundan los intelectuales alejados de la vida práctica, cultores de los conceptos vacíos y los discursos altisonantes, especialistas en algún fragmento del mundo, cuando no apologistas más o menos encubiertos del infame estado de las cosas. Abundan también los artistas que producen fetiches en serie, los artistas del clishe y el fatuo, los artistas del realismo acabado (se olvidan que el realismo cambia con la realidad), los fabricantes del vacío. Los exhibidores de íconos. Abundan los que se niegan a las anticipaciones, a las creaciones de realidades nuevas, a la permanente aporía, a la subversión.
En fin, intelectuales (en sentido tradicional) hay muchos; incluso los hay con pretensiones radicales, especialistas en trascripciones de un sistema a otro, establecedores de correspondencias. Lo que escasea es la voluntad y la capacidad de comunicar la inteligencia teórica de las acciones y reacciones del campo popular (dentro del campo popular y en su periferia) y de organizar la unidad sintética de la experiencia de las clases subalternas. Escasea la voluntad de desarrollar el trabajo de hormiga de reconstruir (aportar a la reconstrucción) de imaginarios sociales plebeyos - populares.
No se trata de contraponer nuevos guiones políticos a los viejos y agotados guiones de la izquierda. Sino de elaborar el "nuevo texto" de modo diverso, a partir de la acción. La política que preexiste a la lucha corre el riesgo del dogmatismo, la ingenuidad, lo convencional y la previsibilidad. Corre el riesgo de convertirse en un medio para anular la potencia de la lucha popular.
Soledad y naufragio
Existe una imagen, cada vez más extendida, que exhibe al intelectual "radical" como sujeto excepcional, aislado, en un contexto degradado, donde predomina el "transformismo", la integración, la tristeza ideológica y la pasividad popular. Intelectual radical sería todo aquel que asume una actitud a contramano de la infamia generalizada y está a la expectativa de alguna irrupción o signo proveniente "desde abajo". Es la princesa proletaria cautiva del ogro burgués en la torre del castillo. Es el hombre que está solo y espera.
Se trata de la construcción de un estado de soledad que se asume positivamente, es decir, como resultado de la ética y de una inalterada fidelidad a los principios y valores. Los intelectuales náufragos se dedican a arrojar, al inmenso océano del pueblo, botellas con sus mensajes, con la expectativa de que estas lleguen ¿redentoras? ¿esperanzadoras? ¿esclarecedoras? ¿concientizadoras? a uno o a muchos.
Esta imagen y la función que la construye no deja de ser una forma de expresar política y - o artísticamente el desencanto. Es una actitud casi de fuga.
Una imagen nueva (aunque un tanto indecorosa) surge del siguiente interrogante: ¿No será mejor usar las botellas para partir cabezas?
Nuestra condición marginal no vivida como condena debe ser la respuesta necesaria respecto de un orden dominante. No debe confundirse con vocación, o con una actitud neorromántica. Nosotros no tenemos que hablar desde el resentimiento o el orgullo del excomulgado. No, porque nuestro campo de acción es otro. Hemos elegido otro territorio y asumimos las consecuencias de nuestras elección.
El viejo idealismo que persiste: (anti)política y cultura
El intelectual de izquierda, no ha podido apartarse, por lo menos no lo suficiente, de la concepción Croceana, o sea: de la concepción idealista. Aunque lo niegue cada vez que se le presenta la oportunidad, se sigue concibiendo como el conductor de la historia, y considera que el terreno en el que se libra la batalla esencial es un terreno de ideas, cultural, no político.
La "batalla cultural", exigiría armas específicas, bien diferentes a las del arsenal político. La cultura aparece así como el medio para realizar los fines de la política. ¿Se pueden alcanzar los fines de la política a través de la cultura?. La respuesta afirmativa conduce al Utopismo como forma de evadirse de la responsabilidad. De este modo, el intelectual de izquierda salta de Croce a Ortega y Gasset, alimentando un espíritu de casta.
Esta es una época dominada por el Intelectual "de cubículo". La política significa poder, y el intelectual le rehuye, aún asumiendo "compromisos sociales". Hoy proliferan los intelectuales de izquierda "antipolíticos", muchos de ellos vinculados a los movimientos sociales. Estos intelectuales subordinan la política a la cultura e incluso llegan a contraponer cultura y política.
Frente a un poder político visto como algo emporcado por naturaleza y como puro esquematismo, la cultura aparece como lo transparente y elevado. La batalla cultural se perfila como lance caballeresco, sin riesgo, sin drama, sin conflicto sustancial. Esta actitud también tiende a expresarse en un teoricismo vacuo, del tipo: "Mi reino no es de este mundo".
En tiempos donde predomina el uso indiscriminado del término "profesional", sin tener presente que la "profesionalización" puede ser una de las formas de la reproducción del sistema de dominación, el intelectual de izquierda aspira a un aporte profesional o técnico, se considera un especialista, un asesor, Además refuerza la idea de que el campo exclusivo del intelectual es la superestructura. Reproduce así una concepción burguesa la cultura. La batalla es esencialmente política pero cuando la política es revolucionaria es expresión de una cultura potencial enfrentada a la real.
La academia o la estrategia de la autopsia. Sacerdotes y profetas
La academia recorta, distribuye, disecciona, compite, disciplina, auto disciplina, formaliza y diseca. Entre el plano académico y el plano de la militancia política de izquierda que aspira a la condición de revolucionaria, existen tensiones que hacen, sino imposibles, por lo menos improbables las combinaciones. A uno y otro campo les corresponden distintas instancias proveedoras de autoridad. La militancia iguala, la academia jerarquiza. La autoridad de la academia provee en buena medida de un conjunto de garantías institucionales y ortodoxas. La Academia es el habitus que preexiste, es el despliegue del nivel de la realidad que la realidad tiene. La academia alimenta un conjunto de formas del conformismo cultural, produce ilustración, nunca lenguaje.
Como los espacios constituyen, existen además procesos de academización. Un tema puede ser academizado, esto es, ingresa al terreno de lo que prescribe, se formaliza. La academia promueve las vocaciones de taxidermistas y necrófilos (se trata de una metáfora polisémica).
En muchos ámbitos con vocación alternativa, se puede percibir una tendencia a la construcción de un mercado de prestigio paralelo. Lo alternativo, en los últimos años, ha asumido la forma de la academia paralela. Es común que los "espacios alternativos" reproduzcan compartimentaciones típicas de la academia. O sea, se parte de la aceptación política de los escaques. Las pulsiones burocráticas han profundizado estas tendencias.
La academia conserva, no crea, y organiza bajo la relación de ortodoxia. Pierre Bourdieu se refería a la oposición y complementariedad entre profesores y creadores como la estructura fundamental del campo intelectual. La comparaba con la oposición entre el sacerdote y el profeta. Los primeros serían los conservadores de la cultura y los segundos los creadores. Ambas funciones pueden ser importantes. Solo que ahora necesitamos profetas.
Los límites de la "radicalidad" de los contenidos
Somos conscientes de la insuficiencia de la radicalidad de los "temas", pero también de los "contenidos" como sostén de un pensamiento emancipador. La condición serial nos permite ser muy revolucionarios sin sacar los pies del plato, sin exponernos a la detractación y sin cometer "crímenes de lesa ciencia", hay un lugar para todos en el infolio de la civilización. Pier Paolo Passolini, en los años 70, ya identificaba un conformismo de la contestación.
Este problema ocupó a Herbert Marcuse hace cuarenta años, y hoy, en nuestro país y en nuestro continente, merece una atenta rediscusión. Jean P. Sartre, antes, había identificado un marxismo para burgueses. Mientras que los contenidos radicales, son asequibles y tolerados socialmente, legitimados académicamente, y hasta fetichizados, en la sociedad se clausuran sus espacios de eficacia. Existe un "sistema de traducción" que asimila y neutraliza los contenidos radicales y las propuestas alternativas, que los constriñe a un repertorio de imágenes limitado, que les succiona toda trascendencia cualitativa y crítica y que relega la cuota de verdad que portan al terreno de lo subjetivo -que siempre termina edificando algún elitismo intelectual- cuando no los arroja directamente al campo de lo inviable. Dicho sistema, recurre a:
1) la figura del intelectual como traductor de lo "objetivo".
2) la primacía de la garantía del objeto de las ciencias sociales sobre los riesgos del sujeto de la historia concebido por la dialéctica
3) al espectáculo, entendido como relación social y estrategia de comunicación y no solo como puesta en escena o parafernalia. El espectáculo simplifica, reduce y desdramatiza. El espectáculo contribuye a "cristalizar el mundo" y a oscurecer lo real, favorece las ontologías vacuas y autoritarias y la producción de clises como organizadores de la experiencia humana. La política y las modernas industrias culturales se dedican a fabricar clises en serie que parodian vulgaridades o se basan en la burla elitista. El sujeto espectador de la política, del arte y de la vida, es un sujeto (des)armado. Ese sujeto debe ser desilusionado. Hay que desilusionar espectadores para ilusionar sujetos activos y mostrarles, a través de diferentes intervenciones, la vacuidad de su condición.
De esta manera, los contenidos y temáticas radicales, las producciones "comprometidas" terminan siendo funcionales al sistema, porque no dejan de interpelar a "espectadores" y "consumidores", porque se mantienen diversas formas de delegación de poderes hacia los "personajes", los "escritores", etc.., porque no sirven para la negación concreta de la realidad establecida. Les falta el plus de la utopía y la voluntad para identificar y romper ese sistema de traducción. Les falta el macro clima para sus ideas, una línea de abastecimiento, fundamentalmente les falta un movimiento, un vínculo orgánico con un movimiento. O sea, les falta lo que decide en última instancia: la praxis. Les falta la lucha (y las formas de cooperación que solo la lucha puede instituir) que es la principal forma de comunicación, del pueblo y con el pueblo, y por lo tanto el medio para alterar el sistema de traducción.
La novela de Enrioque Fogwill, En otro orden de cosas, muestra intelectuales aprisionados por las redes del poder. Ahora, bien el modo a través del cual el poder los disciplina, no consiste en la integración. El poder no les otorga fama ni beneficios materiales, solo les permite organizar vanas utopías humanísticas. Esa es la forma de controlar a los intelectuales de izquierda.
Los contenidos para ser críticos necesitan una resistencia interior. Además de los contenidos, importa su "más allá": el mundo de las relaciones sociales y de los modos de construcción de los modos de percepción de la realidad y la hegemonía.
El Pensamiento emancipador es performativo
La experiencia de las clases subalternas no refleja la "historia del mundo" (aunque se desarrolla en forma paralela). La "historia del mundo" vive como "exis" (lo contrario a la praxis) y la conservan los órganos especializados. Si el pensamiento emancipador (en el marco de la praxis emancipadora) cabalga en la experiencia de las clases subalternas, en sus fracasos, sus resurrecciones (sus momentos de autoorganización y de integración) y sus contradicciones, tiene que negarse al objetivo de reflejar la "historia del mundo" y asumir su carácter cuasi subterráneo puesto que lo que debe reflejar es el arduo trabajo de inserción de los subalternos en el mundo que los rechaza.
La otra opción (una tentación en muchos intelectuales de izquierda y tal vez la peor forma del didactismo) es tratar de introducir su versión de la subalternidad en la historia del mundo, en la historia oficial. Una forma de jugar a ser maestro del pensamiento e instructor de las clases subalternas al mismo tiempo que se disputa por un espacio en las instancias oficiales de consagración y difusión cultural.
¿Serán posibles las vanguardias?
Nuestra aspiración es la de desarrollar permanentemente un "espíritu de vanguardia" y alimentar nuestra praxis con una pizca de la política y la estética de las vanguardias, necesarias para dejar bien sentado que uno quiere cambiar la vida, pero teniendo siempre presente que la idea de Vanguardia vale sólo como eterna aspiración. Por ende la condición vanguardista, es una condición nunca corroborada por el "sujeto vanguardista". Solo la historia puede determinar esa condición que además suele ser fugaz.
Pero esa aspiración exige recuperar algunas estrategias. Por ejemplo la de ubicarse siempre en tarimas incomodas para mirar el futuro, o la del movimiento que tiende al "mestizaje". Las vanguardias mezclan, fusionan, mestizan, (o simplemente ponen a dialogar), arte, política, vida. La especialización y la profesionalización están decididamente en contra de la vanguardia. La vanguardia rompe con esas separaciones. Cada uno cultiva su fetiche hasta que aparece una vanguardia. Otra estrategia es la que prioriza la faceta que se basa en la experimentación y el estallido desde una interioridad con - en el campo popular y a la vez sujeta a su veredicto.
Se trata de fecundar el campo de la práctica y de construir tarimas para saltar hacia otro lado sin mezquinar el cuerpo y favorecer, en otros órdenes, una institucionalidad paralela. Se trata de potenciar hechos de vanguardia despersonalizados y orgánicos, sin sujetos permanentes, de construir núcleos de empuje hacia lo diverso. Se trata de instituir un conflicto interno permanente para evitar que la vanguardia sea el camino para una nueva conformidad.
Reducto innegociable y punto ecuménico: la perspectiva de la transformación revolucionaria de la sociedad
Nuestro objetivo debe ser el de importunar, con lenguajes ásperos y con acciones contundentes (con nuestro trabajo) a todos los templos cerrados con el candado de la pacatería literaria, académica, política y alterar los mecanismos de la banalidad rústica o ennoblecida del espectáculo. Queremos establecer una jerarquía de valores (y de poder) diferente, y por lo tanto estamos obligados a cuestionar siempre axiomáticas fundamentales. De seguro, buena parte de nuestra tarea consistirá en descubrir los lenguajes adecuados para la expresión y creación de valores nuevos que sostengan un proyecto emancipador.
Tenemos que tener siempre presente que sólo los hombres y las mujeres intentan y (ocasionalmente) hacen lo que no pueden ni deben hacer. De este modo, con una gramática siempre a contramano y fuera de la ley, heréticamente, la humanidad, cada tanto, se salva y se redime en un instante pleno de futuros y encrucijadas.
Estas disrupciones han suministrado cierto basamento a las concepciones de algunos insurrectos y han justificado versiones heterodoxas y no infamantes de eso que generalmente se denomina progreso o utopía (en su versión no restaurativa, claro está).
Nosotros, almas plenamente concientes del vacío inconmensurable y de todas las carencias. Nosotros, cuerpos arrojados a un mundo tan opaco y tan poco maternal. Nosotros, a pesar de tanto recule, no tenemos otra alternativa -descartando a la muerte- que seguir confiando en los buenos oficios de esas disrupciones y en la proyección de algunas señales sublimes que hemos visto en los suburbios.
Somos fieles a la tentación del movimiento. No necesitamos del concurso del universo o el de alguna mezquina comunidad religiosa, literaria, o política para dar el paso de la creación. Lejos de toda adoración y obediencia, la creación es parte de la adopción de un plan magnífico que consiste en no dejar la vida para más adelante.
Debemos comprometemos a producir textos, imágenes y acciones que no muestren jardines donde hay cloacas o campos de batalla, textos, imágenes y acciones que den cuenta de la desdicha pero que intuyan algún horizonte. Que traigan alguna noticia intranquila, que digan alguna palabra fundamental. Que denuncien todo lo que deshumanice o celebre la deshumanización y todo lo que yugula la acción transformadora de las clases populares. Que teoricen sin proponer ninguna teoría definitiva. Deseamos palabras e imágenes que eludan el lugar narcisista, teóricos sin teoría (por ahora).
Prefiguramos una pizca de la estética del reculadero, necesaria para dejar bien sentado que uno vive en este mundo. Que las fuerzas de la emancipación se desarrollan dentro de este sistema, y que por eso el proceso de liberación (incluyendo la construcción de las herramientas que le son inherentes) debe cabalgar sobre la contradicción.
Se fueron fortaleciendo así las miradas reduccionistas y empobrecedoras que a veces eran también eurocéntricas. El minimalismo, entró en un período de auge y aún sigue consolidado. Desde estas condiciones se reeditó una producción intelectual y artística displicente y uno de los males endémicos de la intelectualidad local: el lugar aristocrático en una nueva versión trabajada por el espectáculo, consistente en una banalidad ennoblecida superficialmente contrapuesta a la otra banalidad, la rústica, en que se sostiene el otro régimen de lo espectacular pero con la que comparte evidentemente la misma matriz.
Pero para explicar el deterioro del pensamiento crítico, la ausencia de audacia política y poética, no alcanza con echarle la culpa al "giro lingüístico" y a lo que de él se deriva: la primacía de los significantes sobre el significado y el descentramiento del sujeto.
Norberto Bobbio decía que los intelectuales son expresión de la sociedad en la cual viven. Los intelectuales argentinos, incluyendo a los de izquierda, críticos, marxistas, etc.. habitan una sociedad fragmentada. Esa fragmentación o condición serial de la sociedad, es el fundamento de las nuevas formas de dominación. Y aunque se trata del resultado de un proceso histórico, que involucra una dura derrota del campo popular, ha construido una eficaz condición de naturalidad.
En efecto, también los intelectuales de izquierda se han afincado en un determinado lugar de la serie y muestran escasa capacidad para cuestionar, no solo el propio lugar, sino la serialidad misma. Con resignación asumieron (o por lo menos sospecharon) que la realidad en su conjunto era irrepresentable y decidieron trabajar en una parte de la realidad relativamente pública y convencional.
Un ejemplo: esta situación hace que la identificación del Grupo Clarín como parte fundamental del "establishment" pueda convivir con la aspiración al reconocimiento ("legítimo") del Suplemento Ñ. Lo interesante es que la situación puede ser vivida como no esquizofrénica, no funcional ni orgánica.
Al aceptar la condición serial desaparece la necesidad de afirmar el desencuentro con la realidad. La condición serial aplaca todas las furias y confunde a los intelectuales a la hora de formular alternativas frente al discurso del poder. Ahora cuesta cada vez más determinar por dónde pasa la negatividad de un discurso o una práctica.
Los intelectuales, a partir de los 80, comenzaron a pensar no solo dentro de los límites impuestos por la realidad, sino al interior de los límites de un fragmento de esa realidad. Los intelectuales de izquierda no escaparon a estas formas afásicas. Incluso los marxistas cumplieron con las exigencias de intervención práctica, actuando en una exclusiva serie.
Aunque suene a paradoja el denominado "pensamiento único" que impuso el capitalismo en la era de la globalización neoliberal es en alto grado pluralista. No debemos confundir el pensamiento único con una versión ultraconservadora y fundamentalista. La pelea es mucho más complicada.
El pensamiento único, es su versión más eficaz, no solo acepta lo diverso, sino que erige la convivencia de lo diverso en horizonte y proyecto. Ese pluralismo, amplio y superficial a la vez, es su principal base de sustentación. El pensamiento único es la naturalización de la condición serial. Ofrece la posibilidad de pensar y hacer desde distintas identidades y definiciones, pero sin afectar el núcleo duro que asegura la reproducción del sistema. Ofrece la posibilidad de asumir el lugar seductor de la herejía y la heterodoxia pero sin pagar las consecuencias que conllevan las verdaderas, puesto que se trata de herejías y heterodoxias siempre falsas o de baja intensidad y efectos controlados.
La no representación (importancia de las anticipaciones)
Una posible certeza: no queremos ser administradores del conocimiento existente. En la Argentina abundan los intelectuales alejados de la vida práctica, cultores de los conceptos vacíos y los discursos altisonantes, especialistas en algún fragmento del mundo, cuando no apologistas más o menos encubiertos del infame estado de las cosas. Abundan también los artistas que producen fetiches en serie, los artistas del clishe y el fatuo, los artistas del realismo acabado (se olvidan que el realismo cambia con la realidad), los fabricantes del vacío. Los exhibidores de íconos. Abundan los que se niegan a las anticipaciones, a las creaciones de realidades nuevas, a la permanente aporía, a la subversión.
En fin, intelectuales (en sentido tradicional) hay muchos; incluso los hay con pretensiones radicales, especialistas en trascripciones de un sistema a otro, establecedores de correspondencias. Lo que escasea es la voluntad y la capacidad de comunicar la inteligencia teórica de las acciones y reacciones del campo popular (dentro del campo popular y en su periferia) y de organizar la unidad sintética de la experiencia de las clases subalternas. Escasea la voluntad de desarrollar el trabajo de hormiga de reconstruir (aportar a la reconstrucción) de imaginarios sociales plebeyos - populares.
No se trata de contraponer nuevos guiones políticos a los viejos y agotados guiones de la izquierda. Sino de elaborar el "nuevo texto" de modo diverso, a partir de la acción. La política que preexiste a la lucha corre el riesgo del dogmatismo, la ingenuidad, lo convencional y la previsibilidad. Corre el riesgo de convertirse en un medio para anular la potencia de la lucha popular.
Soledad y naufragio
Existe una imagen, cada vez más extendida, que exhibe al intelectual "radical" como sujeto excepcional, aislado, en un contexto degradado, donde predomina el "transformismo", la integración, la tristeza ideológica y la pasividad popular. Intelectual radical sería todo aquel que asume una actitud a contramano de la infamia generalizada y está a la expectativa de alguna irrupción o signo proveniente "desde abajo". Es la princesa proletaria cautiva del ogro burgués en la torre del castillo. Es el hombre que está solo y espera.
Se trata de la construcción de un estado de soledad que se asume positivamente, es decir, como resultado de la ética y de una inalterada fidelidad a los principios y valores. Los intelectuales náufragos se dedican a arrojar, al inmenso océano del pueblo, botellas con sus mensajes, con la expectativa de que estas lleguen ¿redentoras? ¿esperanzadoras? ¿esclarecedoras? ¿concientizadoras? a uno o a muchos.
Esta imagen y la función que la construye no deja de ser una forma de expresar política y - o artísticamente el desencanto. Es una actitud casi de fuga.
Una imagen nueva (aunque un tanto indecorosa) surge del siguiente interrogante: ¿No será mejor usar las botellas para partir cabezas?
Nuestra condición marginal no vivida como condena debe ser la respuesta necesaria respecto de un orden dominante. No debe confundirse con vocación, o con una actitud neorromántica. Nosotros no tenemos que hablar desde el resentimiento o el orgullo del excomulgado. No, porque nuestro campo de acción es otro. Hemos elegido otro territorio y asumimos las consecuencias de nuestras elección.
El viejo idealismo que persiste: (anti)política y cultura
El intelectual de izquierda, no ha podido apartarse, por lo menos no lo suficiente, de la concepción Croceana, o sea: de la concepción idealista. Aunque lo niegue cada vez que se le presenta la oportunidad, se sigue concibiendo como el conductor de la historia, y considera que el terreno en el que se libra la batalla esencial es un terreno de ideas, cultural, no político.
La "batalla cultural", exigiría armas específicas, bien diferentes a las del arsenal político. La cultura aparece así como el medio para realizar los fines de la política. ¿Se pueden alcanzar los fines de la política a través de la cultura?. La respuesta afirmativa conduce al Utopismo como forma de evadirse de la responsabilidad. De este modo, el intelectual de izquierda salta de Croce a Ortega y Gasset, alimentando un espíritu de casta.
Esta es una época dominada por el Intelectual "de cubículo". La política significa poder, y el intelectual le rehuye, aún asumiendo "compromisos sociales". Hoy proliferan los intelectuales de izquierda "antipolíticos", muchos de ellos vinculados a los movimientos sociales. Estos intelectuales subordinan la política a la cultura e incluso llegan a contraponer cultura y política.
Frente a un poder político visto como algo emporcado por naturaleza y como puro esquematismo, la cultura aparece como lo transparente y elevado. La batalla cultural se perfila como lance caballeresco, sin riesgo, sin drama, sin conflicto sustancial. Esta actitud también tiende a expresarse en un teoricismo vacuo, del tipo: "Mi reino no es de este mundo".
En tiempos donde predomina el uso indiscriminado del término "profesional", sin tener presente que la "profesionalización" puede ser una de las formas de la reproducción del sistema de dominación, el intelectual de izquierda aspira a un aporte profesional o técnico, se considera un especialista, un asesor, Además refuerza la idea de que el campo exclusivo del intelectual es la superestructura. Reproduce así una concepción burguesa la cultura. La batalla es esencialmente política pero cuando la política es revolucionaria es expresión de una cultura potencial enfrentada a la real.
La academia o la estrategia de la autopsia. Sacerdotes y profetas
La academia recorta, distribuye, disecciona, compite, disciplina, auto disciplina, formaliza y diseca. Entre el plano académico y el plano de la militancia política de izquierda que aspira a la condición de revolucionaria, existen tensiones que hacen, sino imposibles, por lo menos improbables las combinaciones. A uno y otro campo les corresponden distintas instancias proveedoras de autoridad. La militancia iguala, la academia jerarquiza. La autoridad de la academia provee en buena medida de un conjunto de garantías institucionales y ortodoxas. La Academia es el habitus que preexiste, es el despliegue del nivel de la realidad que la realidad tiene. La academia alimenta un conjunto de formas del conformismo cultural, produce ilustración, nunca lenguaje.
Como los espacios constituyen, existen además procesos de academización. Un tema puede ser academizado, esto es, ingresa al terreno de lo que prescribe, se formaliza. La academia promueve las vocaciones de taxidermistas y necrófilos (se trata de una metáfora polisémica).
En muchos ámbitos con vocación alternativa, se puede percibir una tendencia a la construcción de un mercado de prestigio paralelo. Lo alternativo, en los últimos años, ha asumido la forma de la academia paralela. Es común que los "espacios alternativos" reproduzcan compartimentaciones típicas de la academia. O sea, se parte de la aceptación política de los escaques. Las pulsiones burocráticas han profundizado estas tendencias.
La academia conserva, no crea, y organiza bajo la relación de ortodoxia. Pierre Bourdieu se refería a la oposición y complementariedad entre profesores y creadores como la estructura fundamental del campo intelectual. La comparaba con la oposición entre el sacerdote y el profeta. Los primeros serían los conservadores de la cultura y los segundos los creadores. Ambas funciones pueden ser importantes. Solo que ahora necesitamos profetas.
Los límites de la "radicalidad" de los contenidos
Somos conscientes de la insuficiencia de la radicalidad de los "temas", pero también de los "contenidos" como sostén de un pensamiento emancipador. La condición serial nos permite ser muy revolucionarios sin sacar los pies del plato, sin exponernos a la detractación y sin cometer "crímenes de lesa ciencia", hay un lugar para todos en el infolio de la civilización. Pier Paolo Passolini, en los años 70, ya identificaba un conformismo de la contestación.
Este problema ocupó a Herbert Marcuse hace cuarenta años, y hoy, en nuestro país y en nuestro continente, merece una atenta rediscusión. Jean P. Sartre, antes, había identificado un marxismo para burgueses. Mientras que los contenidos radicales, son asequibles y tolerados socialmente, legitimados académicamente, y hasta fetichizados, en la sociedad se clausuran sus espacios de eficacia. Existe un "sistema de traducción" que asimila y neutraliza los contenidos radicales y las propuestas alternativas, que los constriñe a un repertorio de imágenes limitado, que les succiona toda trascendencia cualitativa y crítica y que relega la cuota de verdad que portan al terreno de lo subjetivo -que siempre termina edificando algún elitismo intelectual- cuando no los arroja directamente al campo de lo inviable. Dicho sistema, recurre a:
1) la figura del intelectual como traductor de lo "objetivo".
2) la primacía de la garantía del objeto de las ciencias sociales sobre los riesgos del sujeto de la historia concebido por la dialéctica
3) al espectáculo, entendido como relación social y estrategia de comunicación y no solo como puesta en escena o parafernalia. El espectáculo simplifica, reduce y desdramatiza. El espectáculo contribuye a "cristalizar el mundo" y a oscurecer lo real, favorece las ontologías vacuas y autoritarias y la producción de clises como organizadores de la experiencia humana. La política y las modernas industrias culturales se dedican a fabricar clises en serie que parodian vulgaridades o se basan en la burla elitista. El sujeto espectador de la política, del arte y de la vida, es un sujeto (des)armado. Ese sujeto debe ser desilusionado. Hay que desilusionar espectadores para ilusionar sujetos activos y mostrarles, a través de diferentes intervenciones, la vacuidad de su condición.
De esta manera, los contenidos y temáticas radicales, las producciones "comprometidas" terminan siendo funcionales al sistema, porque no dejan de interpelar a "espectadores" y "consumidores", porque se mantienen diversas formas de delegación de poderes hacia los "personajes", los "escritores", etc.., porque no sirven para la negación concreta de la realidad establecida. Les falta el plus de la utopía y la voluntad para identificar y romper ese sistema de traducción. Les falta el macro clima para sus ideas, una línea de abastecimiento, fundamentalmente les falta un movimiento, un vínculo orgánico con un movimiento. O sea, les falta lo que decide en última instancia: la praxis. Les falta la lucha (y las formas de cooperación que solo la lucha puede instituir) que es la principal forma de comunicación, del pueblo y con el pueblo, y por lo tanto el medio para alterar el sistema de traducción.
La novela de Enrioque Fogwill, En otro orden de cosas, muestra intelectuales aprisionados por las redes del poder. Ahora, bien el modo a través del cual el poder los disciplina, no consiste en la integración. El poder no les otorga fama ni beneficios materiales, solo les permite organizar vanas utopías humanísticas. Esa es la forma de controlar a los intelectuales de izquierda.
Los contenidos para ser críticos necesitan una resistencia interior. Además de los contenidos, importa su "más allá": el mundo de las relaciones sociales y de los modos de construcción de los modos de percepción de la realidad y la hegemonía.
El Pensamiento emancipador es performativo
La experiencia de las clases subalternas no refleja la "historia del mundo" (aunque se desarrolla en forma paralela). La "historia del mundo" vive como "exis" (lo contrario a la praxis) y la conservan los órganos especializados. Si el pensamiento emancipador (en el marco de la praxis emancipadora) cabalga en la experiencia de las clases subalternas, en sus fracasos, sus resurrecciones (sus momentos de autoorganización y de integración) y sus contradicciones, tiene que negarse al objetivo de reflejar la "historia del mundo" y asumir su carácter cuasi subterráneo puesto que lo que debe reflejar es el arduo trabajo de inserción de los subalternos en el mundo que los rechaza.
La otra opción (una tentación en muchos intelectuales de izquierda y tal vez la peor forma del didactismo) es tratar de introducir su versión de la subalternidad en la historia del mundo, en la historia oficial. Una forma de jugar a ser maestro del pensamiento e instructor de las clases subalternas al mismo tiempo que se disputa por un espacio en las instancias oficiales de consagración y difusión cultural.
¿Serán posibles las vanguardias?
Nuestra aspiración es la de desarrollar permanentemente un "espíritu de vanguardia" y alimentar nuestra praxis con una pizca de la política y la estética de las vanguardias, necesarias para dejar bien sentado que uno quiere cambiar la vida, pero teniendo siempre presente que la idea de Vanguardia vale sólo como eterna aspiración. Por ende la condición vanguardista, es una condición nunca corroborada por el "sujeto vanguardista". Solo la historia puede determinar esa condición que además suele ser fugaz.
Pero esa aspiración exige recuperar algunas estrategias. Por ejemplo la de ubicarse siempre en tarimas incomodas para mirar el futuro, o la del movimiento que tiende al "mestizaje". Las vanguardias mezclan, fusionan, mestizan, (o simplemente ponen a dialogar), arte, política, vida. La especialización y la profesionalización están decididamente en contra de la vanguardia. La vanguardia rompe con esas separaciones. Cada uno cultiva su fetiche hasta que aparece una vanguardia. Otra estrategia es la que prioriza la faceta que se basa en la experimentación y el estallido desde una interioridad con - en el campo popular y a la vez sujeta a su veredicto.
Se trata de fecundar el campo de la práctica y de construir tarimas para saltar hacia otro lado sin mezquinar el cuerpo y favorecer, en otros órdenes, una institucionalidad paralela. Se trata de potenciar hechos de vanguardia despersonalizados y orgánicos, sin sujetos permanentes, de construir núcleos de empuje hacia lo diverso. Se trata de instituir un conflicto interno permanente para evitar que la vanguardia sea el camino para una nueva conformidad.
Reducto innegociable y punto ecuménico: la perspectiva de la transformación revolucionaria de la sociedad
Nuestro objetivo debe ser el de importunar, con lenguajes ásperos y con acciones contundentes (con nuestro trabajo) a todos los templos cerrados con el candado de la pacatería literaria, académica, política y alterar los mecanismos de la banalidad rústica o ennoblecida del espectáculo. Queremos establecer una jerarquía de valores (y de poder) diferente, y por lo tanto estamos obligados a cuestionar siempre axiomáticas fundamentales. De seguro, buena parte de nuestra tarea consistirá en descubrir los lenguajes adecuados para la expresión y creación de valores nuevos que sostengan un proyecto emancipador.
Tenemos que tener siempre presente que sólo los hombres y las mujeres intentan y (ocasionalmente) hacen lo que no pueden ni deben hacer. De este modo, con una gramática siempre a contramano y fuera de la ley, heréticamente, la humanidad, cada tanto, se salva y se redime en un instante pleno de futuros y encrucijadas.
Estas disrupciones han suministrado cierto basamento a las concepciones de algunos insurrectos y han justificado versiones heterodoxas y no infamantes de eso que generalmente se denomina progreso o utopía (en su versión no restaurativa, claro está).
Nosotros, almas plenamente concientes del vacío inconmensurable y de todas las carencias. Nosotros, cuerpos arrojados a un mundo tan opaco y tan poco maternal. Nosotros, a pesar de tanto recule, no tenemos otra alternativa -descartando a la muerte- que seguir confiando en los buenos oficios de esas disrupciones y en la proyección de algunas señales sublimes que hemos visto en los suburbios.
Somos fieles a la tentación del movimiento. No necesitamos del concurso del universo o el de alguna mezquina comunidad religiosa, literaria, o política para dar el paso de la creación. Lejos de toda adoración y obediencia, la creación es parte de la adopción de un plan magnífico que consiste en no dejar la vida para más adelante.
Debemos comprometemos a producir textos, imágenes y acciones que no muestren jardines donde hay cloacas o campos de batalla, textos, imágenes y acciones que den cuenta de la desdicha pero que intuyan algún horizonte. Que traigan alguna noticia intranquila, que digan alguna palabra fundamental. Que denuncien todo lo que deshumanice o celebre la deshumanización y todo lo que yugula la acción transformadora de las clases populares. Que teoricen sin proponer ninguna teoría definitiva. Deseamos palabras e imágenes que eludan el lugar narcisista, teóricos sin teoría (por ahora).
Prefiguramos una pizca de la estética del reculadero, necesaria para dejar bien sentado que uno vive en este mundo. Que las fuerzas de la emancipación se desarrollan dentro de este sistema, y que por eso el proceso de liberación (incluyendo la construcción de las herramientas que le son inherentes) debe cabalgar sobre la contradicción.
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miguel mazzeo
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Una indulgencia vendida con autorización del
Papa León X a Jhoannes Tetzel en 1717 cuyo
texto está en alemán y dice:"Para la autoridad de
todos los santos, y en misericordia antes de ti, te
absuelvo de todos los pecados y crímenes y
excusa a ti de cualquier castigo por 10 días".Las bulas del Papa y Al Capone
Bula: documento pontificio expedido por la Cancillería Apostólica, relativo a materia de fe o interés general, concesión de gracias o privilegios o asuntos judiciales o administrativos.
Diccionario Espasa Calpe
El 15 de marzo de 1517 el papa León X promulgó la venta de las Bulas de Indulgencia; operación económica espiritualoide que, a la vez que hizo enrojecer de envidia a los banqueros de entonces, produjo el ingreso de cuantiosos tesoros a las exhaustas arcas vaticanas.
Las fiestas con motivo de su coronación y algunos obsequios a su familia y a sus amigos habían costado 100.000 ducados.
¿Cuál era la fundamentación? Leamos en la bula: "Una sola gota de la sangre de Cristo hubiera bastado para rescatar al mundo, pero quiso derramarla toda; de esta manera preparó un tesoro inagotable de misericordia (…) Como depositarios de estos tesoros de misericordia pueden los obispos y los papas repartirlos entre los pecadores arrepentidos, perdonándolos, ya en parte, ya en todo, de la pena merecida, por dinero a cambio de indulgencia".
Alejando nuestros ojos de las pías expresiones de la bula, leemos en un libro de Alejandro Hegedius una explicación tan coloquial como pagana: "En cuanto suena la moneda en la corte, el alma salta del purgatorio", decía Jhoannes Tetzel fraile dominico, jefe de los insaciables recaudadores.
En un ajado libro, editado en 1945 por Editorial Tor, Pasquinadas y Epigramas Italianos, se menciona un dicho popular en la Roma de esa época sobre León X: "Se ha elevado arrastrándose como una zorra, ha reinado como un león y ha acabado como un perro".
En páginas posteriores nos enteramos del por qué de las palabras finales de ese epitafio oral, León X muere durante una intervención quirúrgica por mala praxis y por ello comentan los ciudadanos romanos:
"Un hecho que no me explico
sucedió el 10 de febrero.
Ese día el león más fiero
Fue muerto por un borrico".
sucedió el 10 de febrero.
Ese día el león más fiero
Fue muerto por un borrico".
Y otro
"De la muerte del león
hay quien culpa al cirujano
pero Roma es de opinión
que operó con buena mano".
hay quien culpa al cirujano
pero Roma es de opinión
que operó con buena mano".
La venta de indulgencias estaba prohibida en la Iglesia desde el Concilio de Letrán y no era mencionada en los Evangelios ni en las Epístolas.
Esto no arredró a Tetzel, que entregaba cartas cerradas afirmando que aún podían ser perdonados los pecados que uno pensaba cometer, a cambio de dinero por adelantado, una clara estafa. Porque va de suyo que de acuerdo a la Doctrina Católica no tiene el Papa poder para reducir la estadía en el Purgatorio. Sólo recibía el dinero sin dar nada a cambio, sin cumplir con lo pactado.
Debemos reconocer que las pillerías de León X no han sido superadas ni siquiera por los banqueros.
Más aún, la venta de indulgencias deja a los banqueros como meros "chorros de gallina", ya que la venta de indulgencias fue una estafa dentro de otra estafa mayor, que es la presencia imponente de una Iglesia multimillonaria, tenaz sostén de los intereses de los explotadores.
Hace muchos años en Roma, un transeúnte que observaba que las patentes del Vaticano comienzan con las letras SCV (Santa Cittá Vaticana) me dijo que en realidad querían decir "Si Cristo Viera).
No cumple la Iglesia, no cumplen los bancos, no cumple la Policía. En efecto, pagamos impuestos, "contribuciones", a veces recorren los barrios, pidiendo colaboración y la sospecha de muchos vecinos es que si no dan algo podrían ser robados… Y son robados igual. Ofrecen protección, pero…
Cómo no mencionar lo injusto que es criticar tanto y satanizar a Al Capone.
En su Historia de Al Capone, H. Brigneau nos relata el diálogo de este personaje con un distinguido jurista, Louis Piquet, transcurrido en 1922.
"-Volvamos a los jueces de paz. ¿Cómo son elegidos? Pregunta Capone.
-Por elección.
-¿Es un puesto muy buscado?
-No, es mal pago.
-Bien. A partir de hoy hay que presentar un hombre nuestro en cada caso. ¿Qué más?
-Después vienen los "Municipal Court", dirigidos por un "Chief Justice".
-¿Nombrado?
-Por elecciones.
-¿Se les paga bien?
-No.
-Bien. Nos encargaremos de esas elecciones. Y quiero una ficha de cada "Chief Justice": edad, situación, deudas, parientes.
-Pero, Sr. Capone, los asuntos serios dependen de los tribunales superiores en los que aparece el fiscal.
-¿Y también los fiscales son elegidos?
-No. Son nombrados por el presidente a través del ministerio de Justicia. Y las listas de candidatos las suministran los deseosos de colocar sus hombres en lugares claves.
-En resumen, quien tiene a los políticos tiene a los fiscales.
-Y quien tiene a los fiscales tiene a la Justicia.
-De cada dólar que obtengamos, 0,75 deben dedicarse a cubrirnos -dice Capone a su socio Johnny Torrio- Así estaremos seguros.
Luego de esta lección de Instrucción Cívica, en el siguiente capítulo Capone enfatiza que quien pague la "protección" no debe ser dañado.
Otra lección de Instrucción Cívica del malogrado gángster: quien paga por un servicio debe ser respetado.
Debemos organizar un acto de desagravio a quien fuera "Rey de Chicago", título desmerecido por los eco0nomistas llamados "Chicago Boys".
La Iglesia, los bancos la Policía, la Justicia, muchos políticos, no respetan la palabra empeñada, como tantas veces lo ha hecho Al Capone.
Y mirando otra vez Pasquinadas y Epigramas Italianos, encuentro una alusión a un Papa que había hecho fundir la mayoría de las campanas de Roma para su posterior venta: "Lo que no hicieron los bárbaros, lo hizo Barberini".
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Marcelo Fox: El último comunista |

Primera edición del Libro de Marcelo Fox,
la tapa fue confeccionada tomando un
emblema creado por el autor para su
escudo de armas.
Yo soy comunista. Si. El último. Parece una broma. Que me he vuelto loco. Tan luego yo comunista que los barrí a todos de la faz del planeta. A veces las apariencias engañan. Pero cómo afirmar que es apariencia mi obra. Mi lucha hasta el fin contra aquellos con los que digo identificarme. Qué es lo que falló. El plan era genial. Perfecto. Si fuera posible aniquilar la memoria. No. No es posible.
Iluminado por la clara luz del marxismo leninismo me afilié al Partido Comunista de mi patria y empecé a militar. Pegaba carteles. Pintaba paredes. Vendía bonos. Repartía volantes. Iba a la cárcel y era torturado de vez en cuando. Golpeaba. Me golpeaban. Concurría a bailes organizados para obtener fondos para las campañas financieras. Me alistaba en brigadas que nunca partían para ir a luchar a tal o cual nación agredida por los bárbaros imperialistas. No perdía oportunidad de firmar papeles por la paz. Contra la carestía de la vida. Pidiendo la libertad de los presos políticos de la Macronesia. Felicitando al primer ministros de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas al cumplir los 64 años. Alentando al gloriosos partido hermano de Tongolandia en su lucha sin tregua en defensa de las libertades democráticas pisoteadas salvajemente por el ejército de ocupación de los agresores yankis. Hacía el amor exclusivamente con camaradas. Del sexo femenino claro está. Así transcurría tranquilamente mi vida entre una firma y otro. Una paliza y otra. Una pintada y otra.
De pronto mi buena conciencia de abnegado luchador por la paz y el socialismo se desmoronó. Me di cuenta que lo que hacía no era suficiente. Que era mucho más que la cotidianeidad militante lo necesario para que se pusiera fin sobre el planeta al reino de la Necesidad instaurando el de la Libertad. La situación estaba estancada. Poco a poco los dirigentes del campo socialista se volvían más y más conciliadores con los pérfidos imperialistas. En vez de agudizarse las contradicciones iban amortiguándose. Los pueblos bajo la garra de los capitalistas no se daban cuenta de su condición de esclavos de los monopolios adormecidos en el crecimiento confort posibilitado por el avance de la técnica. No. No podía continuar esta situación. Era necesario cambiar la estrategia revolucionaria ante la nueva realidad. Seguir usando las tácticas antiguas hubiera sido traicionar el espíritu siempre vivo y creador del marxismo leninismo. En mi país sucedía lo mismo que en el resto de Occidente. Teníamos un gobierno burgués de mano blanda que con artefactos cada vez más numerosos sobornaba el espíritu de rebeldía popular. El Partido era volcado por nefastas y crecientes corrientes liquidacionistas reformistas hacía una línea política día a día más amarilla.
Consideré mi deber volver a atizar el fuego de las contradicciones tal como nos enseña los clásicos del materialismo dialéctico que hay que hacer para que sea posible el advenimiento de la dictadura del proletariado. Basta de buenas relaciones entre los burgueses y el Partido. Puse unas cuantas decenas de bombas. Hospitales. Cuarteles. Orfanatos. Puentes. Ministerios. Iglesias. Volaron por el aires. Los explosivos que me sobraron los introduje junto a unos planes falsificados de implacable subversión en casa de un alto dirigente amigo a quien inmediatamente delaté a la policía. Esta allanó su domicilio y los burgueses ante la magnitud del inesperado peligro que se imaginaban correr empezaron una feroz represión que trajo las respuestas violentas de los camaradas que yo deseaban que se produjeran. En los paredones blancos eran baleados de a gruesas los comunistas. Ya serían vengados esos mártires del fascismo cuando reaccionando el pueblo se uniera alrededor de su partido de vanguardia y tomando el poder levantara los paredones rojos donde exterminaríamos a los enemigos del Sol.
La repercusión internacional de los acontecimientos fue favorable pues llevó a un cierto enfriamiento de las relaciones entre los bloques. Por la delación fui condecorado y me dieron en agradecimiento un importante puesto en el servicio de represión política. En la ceremonia en que se fue prendida la medalla e impuestos los grados yo reventaba de risa interiormente. Si supieran los pobres infelices cómo los actos que había provocado los llevarían a su destrucción. Ascendí rápidamente por el celo puesto en las tareas encomendadas. Al cabo de unos pocos años me nombraron jefe de la repartición pues el puesto quedó imprevistamente vacante. A mi antecesor lo disgregaron los camaradas con una granada. En su entierro pronuncié un feroz discurso anticomunista en el que prometí ser el doble de implacable que él con la barbarie roja. Mi júbilo no tenía límites. Habían eliminado a esa bestia sanguinaria cebada con la sangre de los humildes. Perfeccioné la organización a mi mando y los métodos represivos por ella usados. Se abrían las bocas que tartamudeaban nombres de otros que abrían a su vez las bocas que. Me sentía un plasmador de la Historia. El más grande bolchevique vivo. Una nueva forma de hacer la revolución empezaba a ponerse en marcha. Primero haría que reinase la faz negativa de la dialéctica social para que luego la positividad proletaria estallara desde dentro de ella y destruyéndola pusiera fin a la alienación burguesa con la instauración de las masas trabajadoras en el gobierno.
Mis camaradas morían insultándome y escupiéndome en la cara. No podía expresarles cuánto los amaba. Qué dolor verlos apalear. Verlos agonizar con un balazo en el estómago. Hubiera querido acercarme a ellos. Explicarles. Que comprendieran. Pero no había lugar para el desfallecimiento. La Revolución ante todo.
Me di cuenta que para alcanzar mis ocultos fines debía rebasar el marco de mi patria fundando un movimiento ultrareaccionario de carácter internacional capaz de producir la reacción que esperaba de los pueblos del mundo. Así como luego de derrotado el nazismo el socialismo se extendió hasta abarcar una tercera parte de la humanidad después de ser derrotado mi movimiento se extendería a ella entera. El mundo entonces viviría en adelante feliz en el único orden racional y justo. El comunista. Cuya divisa iba a ser. De cada uno según sus posibilidades. A cada uno sus necesidades.
En el Occidente desesperado y carcomido mi doctrina de redención fue el clavo ardiente al que se aferraron los burgueses fanáticamente y en montón. Luego de tomar el poder en mi país mis discípulos se apoderaron del gobierno de las principales naciones en donde aún subsistían el degenerado capitalismo. La doctrina sobre la que cabalgué hasta ser proclamado Emperador de Occidente era sólo una exasperación de todas las reaccionarias anteriores manipuladas para fines propagandísticos con los últimos adelantos de la psicología de masas y el materialismo dialéctico. La humanidad marcha hacía la noche roja impulsada por las irracionales fuerzas de la infraestructura. No debemos dejarnos arrastrar. Somos Hombres. Libres herederos de Occidente. No robots. Amamos nuestro caos. Nuestros errores. Injusticias. Miserias. Grandezas. Este es nuestro clima. Hemos nacido y vivido en él. Podrán hablar de hormigueros estériles y perfectos. Podrán hablar del aumento de la producción de yeso en Ucrania. Es inútil. Ya tenemos pulmones. No nos harán volver al mar. Lucharemos hasta el fin contra la uniformidad monocromática que nos quieren imponer. A ellos. A ellos. A incendiar sus ciudades. A matarlos junto a sus mujeres y sus hijos. La sangre llama a la Rebelión sin Fronteras. La sangre llama. Occidente responde. Sus vástagos ávidos de tinieblas e Infinito asuelan las tierras extranjeras.
Aparentemente el cumplimiento de esta ideología era hacer dar a la Historia ujna vuelta de 180º. Yo pensaba al llevarla hasta sus últimas consecuencias prácticas que diera un giro de 360º. Es decir afirmar la marcha de la humanidad hacia el comunismo. Pero los comunistas se replegaban. No contestaban a las absurdas provocaciones y masacres de pueblos indefensos nada más que con golpes fallidos y amenazas de guerra atómica que nunca se animaron a cumplir. Retrocedían. Retrocedían ante el furor de las falanges nihilistas fanatizadas con la criminal y monstruosa ideología por mí inventada. Los marxistas que quedaban en los países bajo nuestra férula eran exterminados sistemáticamente y a los del otro lado ya les habíamos tomado algunos baluarte territoriales. Pero cuándo. Cuándo reaccionarían los camaradas del Kremlin. De Pekín. De Yugoslavia. Cuándo reaccionarían las masas para aplastar al caduco y envilecido Occidente cuyas huestes iban por doquier sembrando la muerte y el terror.
Un científico inventó el arma absoluta. Sin temor a represalias ya era posible barrer todo Oriente y dejar de él nada más que una delgada capa de vidrio.
Traté de frenar el proyecto. No lo logré. Había prendido demasiado mi prédica de acabar con la peste bolchevique totalmente de la forma más eficaz que estuviera al alcance. El engendro puesto a funcionar rebasó los esquemas de su creación. Yo no pude controlarlo a pesar de la gran cantidad de artimañas que usé para trabar su marcha lógica.
Una mañana sucedió lo inevitable. Los electroimanes radiotónicos apuntaron a Oriente y 5" después nada quedaba del campo socialista. Nada no. Vidrio.
En el resto del mundo hubo grandes fiestas. Tedeums. Júbilo. El mal había sido vencido. Los electroimanes siempre en guardia cuidarían que su derrota fuera eterna. Mientras los fuegos artificiales coloreaban alegremente la cámara imperial yo gemía sobre el lecho golpeándome la cabeza contra los barrotes de oro y ébano. Alrededor mío estaban esparcidas las fotos tomadas por los radares visores de la ciudades y praderas donde hasta hace muy poco construían y reían los forjadores de la Nueva Sociedad.
En Occidente no quedaba ni un comunista. Recorrí las prisiones. Los últimos habían sido inmolados ante mis estatuas para festejar el Triunfo. Horror. Mi culpa era tan enorme. Me rebasaba tanto que no podía ni sentirla ni abarcarla. Cómo definir mi profunda tenebrosidad con palabras. Con ideas. Yo el perpetuador de la noche. El asesino del Sol. El marxicida. Pensé que quizá lo que pasaba era que esta faz de la dialéctica aún no era absolutamente negativa. Subsistía un rojo sobre el planeta. Yo. Me suicidaría. Entonces todo sería absolutamente negro y recién podría estallar la luz y acabar con la pesadilla creada por mí.
Pero me detuve con el dedo ya en el gatillo y el cañón de la pistola apoyado en un ojo. Quizá no pasara nada de eso. Quizá mis concepciones y planes habían sido erróneos y solo había jugado en contra de mis verdaderas ideas desde el principio. Por lo tanto ya no era comunista. No había sido nunca comunista. Sino completamente inverso. El piso se terminó de abrir y en vano traté de no ser tragado. La dialéctica. La negatividad. Las contradicciones. Marx. Los cuadros estadísticos. Los slogans. Las banderas rojas. Todas mis ilusiones flotando rotas en un mar de absurdo que se las tragaba. Qué cansancio. Aún me quedaron energías para decidir no permitir que la humanidad sufriera de la eterna condena de tinieblas a la que la había exilado yo. El Régimen que fundé es demasiado sólido como para caer alguna vez. Está basado en una nueva lógica estática e indestructible. La oportunidad histórica del comunismo ha pasado. Ya nada vale la pena.
He hecho enfocar los electroimanes radiotónicos a lo que resta del mundo. Pronto se acabará todo. No habrá más alienaciones. Más sufrimientos. Ahora creo comprender que el Reino de la Libertad es el Reino del No Ser. De las llanuras de cristal. La luna se contemplará el pálido rostro por primera vez y por el resto de la eternidad lo podrá seguir haciendo. Espacios silenciosos. Vacíos. Congelados.

Marcelo Fox
Nota: Este relato corresponde a un capítulo del Libro Invitación a la masacre de Marcelo Fox. Publicado por Falbo Librero Editor. Este libro se terminó de imprimir el día 10 de septiembre de 1965, en impresiones "La Estrella", Lamadrid 360. Capital Federal. República Argentina.
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Iluminado por la clara luz del marxismo leninismo me afilié al Partido Comunista de mi patria y empecé a militar. Pegaba carteles. Pintaba paredes. Vendía bonos. Repartía volantes. Iba a la cárcel y era torturado de vez en cuando. Golpeaba. Me golpeaban. Concurría a bailes organizados para obtener fondos para las campañas financieras. Me alistaba en brigadas que nunca partían para ir a luchar a tal o cual nación agredida por los bárbaros imperialistas. No perdía oportunidad de firmar papeles por la paz. Contra la carestía de la vida. Pidiendo la libertad de los presos políticos de la Macronesia. Felicitando al primer ministros de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas al cumplir los 64 años. Alentando al gloriosos partido hermano de Tongolandia en su lucha sin tregua en defensa de las libertades democráticas pisoteadas salvajemente por el ejército de ocupación de los agresores yankis. Hacía el amor exclusivamente con camaradas. Del sexo femenino claro está. Así transcurría tranquilamente mi vida entre una firma y otro. Una paliza y otra. Una pintada y otra.
De pronto mi buena conciencia de abnegado luchador por la paz y el socialismo se desmoronó. Me di cuenta que lo que hacía no era suficiente. Que era mucho más que la cotidianeidad militante lo necesario para que se pusiera fin sobre el planeta al reino de la Necesidad instaurando el de la Libertad. La situación estaba estancada. Poco a poco los dirigentes del campo socialista se volvían más y más conciliadores con los pérfidos imperialistas. En vez de agudizarse las contradicciones iban amortiguándose. Los pueblos bajo la garra de los capitalistas no se daban cuenta de su condición de esclavos de los monopolios adormecidos en el crecimiento confort posibilitado por el avance de la técnica. No. No podía continuar esta situación. Era necesario cambiar la estrategia revolucionaria ante la nueva realidad. Seguir usando las tácticas antiguas hubiera sido traicionar el espíritu siempre vivo y creador del marxismo leninismo. En mi país sucedía lo mismo que en el resto de Occidente. Teníamos un gobierno burgués de mano blanda que con artefactos cada vez más numerosos sobornaba el espíritu de rebeldía popular. El Partido era volcado por nefastas y crecientes corrientes liquidacionistas reformistas hacía una línea política día a día más amarilla.
Consideré mi deber volver a atizar el fuego de las contradicciones tal como nos enseña los clásicos del materialismo dialéctico que hay que hacer para que sea posible el advenimiento de la dictadura del proletariado. Basta de buenas relaciones entre los burgueses y el Partido. Puse unas cuantas decenas de bombas. Hospitales. Cuarteles. Orfanatos. Puentes. Ministerios. Iglesias. Volaron por el aires. Los explosivos que me sobraron los introduje junto a unos planes falsificados de implacable subversión en casa de un alto dirigente amigo a quien inmediatamente delaté a la policía. Esta allanó su domicilio y los burgueses ante la magnitud del inesperado peligro que se imaginaban correr empezaron una feroz represión que trajo las respuestas violentas de los camaradas que yo deseaban que se produjeran. En los paredones blancos eran baleados de a gruesas los comunistas. Ya serían vengados esos mártires del fascismo cuando reaccionando el pueblo se uniera alrededor de su partido de vanguardia y tomando el poder levantara los paredones rojos donde exterminaríamos a los enemigos del Sol.
La repercusión internacional de los acontecimientos fue favorable pues llevó a un cierto enfriamiento de las relaciones entre los bloques. Por la delación fui condecorado y me dieron en agradecimiento un importante puesto en el servicio de represión política. En la ceremonia en que se fue prendida la medalla e impuestos los grados yo reventaba de risa interiormente. Si supieran los pobres infelices cómo los actos que había provocado los llevarían a su destrucción. Ascendí rápidamente por el celo puesto en las tareas encomendadas. Al cabo de unos pocos años me nombraron jefe de la repartición pues el puesto quedó imprevistamente vacante. A mi antecesor lo disgregaron los camaradas con una granada. En su entierro pronuncié un feroz discurso anticomunista en el que prometí ser el doble de implacable que él con la barbarie roja. Mi júbilo no tenía límites. Habían eliminado a esa bestia sanguinaria cebada con la sangre de los humildes. Perfeccioné la organización a mi mando y los métodos represivos por ella usados. Se abrían las bocas que tartamudeaban nombres de otros que abrían a su vez las bocas que. Me sentía un plasmador de la Historia. El más grande bolchevique vivo. Una nueva forma de hacer la revolución empezaba a ponerse en marcha. Primero haría que reinase la faz negativa de la dialéctica social para que luego la positividad proletaria estallara desde dentro de ella y destruyéndola pusiera fin a la alienación burguesa con la instauración de las masas trabajadoras en el gobierno.
Mis camaradas morían insultándome y escupiéndome en la cara. No podía expresarles cuánto los amaba. Qué dolor verlos apalear. Verlos agonizar con un balazo en el estómago. Hubiera querido acercarme a ellos. Explicarles. Que comprendieran. Pero no había lugar para el desfallecimiento. La Revolución ante todo.
Me di cuenta que para alcanzar mis ocultos fines debía rebasar el marco de mi patria fundando un movimiento ultrareaccionario de carácter internacional capaz de producir la reacción que esperaba de los pueblos del mundo. Así como luego de derrotado el nazismo el socialismo se extendió hasta abarcar una tercera parte de la humanidad después de ser derrotado mi movimiento se extendería a ella entera. El mundo entonces viviría en adelante feliz en el único orden racional y justo. El comunista. Cuya divisa iba a ser. De cada uno según sus posibilidades. A cada uno sus necesidades.
En el Occidente desesperado y carcomido mi doctrina de redención fue el clavo ardiente al que se aferraron los burgueses fanáticamente y en montón. Luego de tomar el poder en mi país mis discípulos se apoderaron del gobierno de las principales naciones en donde aún subsistían el degenerado capitalismo. La doctrina sobre la que cabalgué hasta ser proclamado Emperador de Occidente era sólo una exasperación de todas las reaccionarias anteriores manipuladas para fines propagandísticos con los últimos adelantos de la psicología de masas y el materialismo dialéctico. La humanidad marcha hacía la noche roja impulsada por las irracionales fuerzas de la infraestructura. No debemos dejarnos arrastrar. Somos Hombres. Libres herederos de Occidente. No robots. Amamos nuestro caos. Nuestros errores. Injusticias. Miserias. Grandezas. Este es nuestro clima. Hemos nacido y vivido en él. Podrán hablar de hormigueros estériles y perfectos. Podrán hablar del aumento de la producción de yeso en Ucrania. Es inútil. Ya tenemos pulmones. No nos harán volver al mar. Lucharemos hasta el fin contra la uniformidad monocromática que nos quieren imponer. A ellos. A ellos. A incendiar sus ciudades. A matarlos junto a sus mujeres y sus hijos. La sangre llama a la Rebelión sin Fronteras. La sangre llama. Occidente responde. Sus vástagos ávidos de tinieblas e Infinito asuelan las tierras extranjeras.
Aparentemente el cumplimiento de esta ideología era hacer dar a la Historia ujna vuelta de 180º. Yo pensaba al llevarla hasta sus últimas consecuencias prácticas que diera un giro de 360º. Es decir afirmar la marcha de la humanidad hacia el comunismo. Pero los comunistas se replegaban. No contestaban a las absurdas provocaciones y masacres de pueblos indefensos nada más que con golpes fallidos y amenazas de guerra atómica que nunca se animaron a cumplir. Retrocedían. Retrocedían ante el furor de las falanges nihilistas fanatizadas con la criminal y monstruosa ideología por mí inventada. Los marxistas que quedaban en los países bajo nuestra férula eran exterminados sistemáticamente y a los del otro lado ya les habíamos tomado algunos baluarte territoriales. Pero cuándo. Cuándo reaccionarían los camaradas del Kremlin. De Pekín. De Yugoslavia. Cuándo reaccionarían las masas para aplastar al caduco y envilecido Occidente cuyas huestes iban por doquier sembrando la muerte y el terror.
Un científico inventó el arma absoluta. Sin temor a represalias ya era posible barrer todo Oriente y dejar de él nada más que una delgada capa de vidrio.
Traté de frenar el proyecto. No lo logré. Había prendido demasiado mi prédica de acabar con la peste bolchevique totalmente de la forma más eficaz que estuviera al alcance. El engendro puesto a funcionar rebasó los esquemas de su creación. Yo no pude controlarlo a pesar de la gran cantidad de artimañas que usé para trabar su marcha lógica.
Una mañana sucedió lo inevitable. Los electroimanes radiotónicos apuntaron a Oriente y 5" después nada quedaba del campo socialista. Nada no. Vidrio.
En el resto del mundo hubo grandes fiestas. Tedeums. Júbilo. El mal había sido vencido. Los electroimanes siempre en guardia cuidarían que su derrota fuera eterna. Mientras los fuegos artificiales coloreaban alegremente la cámara imperial yo gemía sobre el lecho golpeándome la cabeza contra los barrotes de oro y ébano. Alrededor mío estaban esparcidas las fotos tomadas por los radares visores de la ciudades y praderas donde hasta hace muy poco construían y reían los forjadores de la Nueva Sociedad.
En Occidente no quedaba ni un comunista. Recorrí las prisiones. Los últimos habían sido inmolados ante mis estatuas para festejar el Triunfo. Horror. Mi culpa era tan enorme. Me rebasaba tanto que no podía ni sentirla ni abarcarla. Cómo definir mi profunda tenebrosidad con palabras. Con ideas. Yo el perpetuador de la noche. El asesino del Sol. El marxicida. Pensé que quizá lo que pasaba era que esta faz de la dialéctica aún no era absolutamente negativa. Subsistía un rojo sobre el planeta. Yo. Me suicidaría. Entonces todo sería absolutamente negro y recién podría estallar la luz y acabar con la pesadilla creada por mí.
Pero me detuve con el dedo ya en el gatillo y el cañón de la pistola apoyado en un ojo. Quizá no pasara nada de eso. Quizá mis concepciones y planes habían sido erróneos y solo había jugado en contra de mis verdaderas ideas desde el principio. Por lo tanto ya no era comunista. No había sido nunca comunista. Sino completamente inverso. El piso se terminó de abrir y en vano traté de no ser tragado. La dialéctica. La negatividad. Las contradicciones. Marx. Los cuadros estadísticos. Los slogans. Las banderas rojas. Todas mis ilusiones flotando rotas en un mar de absurdo que se las tragaba. Qué cansancio. Aún me quedaron energías para decidir no permitir que la humanidad sufriera de la eterna condena de tinieblas a la que la había exilado yo. El Régimen que fundé es demasiado sólido como para caer alguna vez. Está basado en una nueva lógica estática e indestructible. La oportunidad histórica del comunismo ha pasado. Ya nada vale la pena.
He hecho enfocar los electroimanes radiotónicos a lo que resta del mundo. Pronto se acabará todo. No habrá más alienaciones. Más sufrimientos. Ahora creo comprender que el Reino de la Libertad es el Reino del No Ser. De las llanuras de cristal. La luna se contemplará el pálido rostro por primera vez y por el resto de la eternidad lo podrá seguir haciendo. Espacios silenciosos. Vacíos. Congelados.

Marcelo Fox
Nota: Este relato corresponde a un capítulo del Libro Invitación a la masacre de Marcelo Fox. Publicado por Falbo Librero Editor. Este libro se terminó de imprimir el día 10 de septiembre de 1965, en impresiones "La Estrella", Lamadrid 360. Capital Federal. República Argentina.
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PRÓLOGO
Había una vez…
Un balcón en la noche.
Un hombre afila su navaja junto al balcón. El hombre mira a través y ve…
Una nube veloz avanza hacía la luna llena.
Una cabeza de muchacha con los ojos muy abiertos. Hacia uno de los ojos avanza el acero de una navaja.
La veloz nube pasa ahora delante de la luna.
El acero de la navaja atraviesa el ojo de la joven y ,o desgarra.
Una calle desierta. Llueve.
Aparece un personaje con un traje gris oscuro, en bicicleta. Manteletas blancas cubren su cabeza, su espalda y sus caderas. Unas correas sostienen en su pecho una caja rectangular con líneas diagonales negras y blancas. El personaje pedalea maquinalmente, el manubrio libre, las manos en la rodillas.
En P. A., el personaje visto de espaldas hasta las nalgas. Sobreimpresión en sentido longitudinal de la calle en la cual circula es espaldas al aparato.
El personaje avanza hacia el aparato hasta quedar la caja rayada en G. P.
En el centro de la habitación está sentada una joven con un traje de vivos colores. Lee atentamente un libro. Se estremece de súbito. Escucha con curiosidad y se desprende del libro arrojándolo sobre un diván vecino.. el libros permanece abierto. En una de sus páginas se ve grabada La Dentelliere, de Vermeer. Ahora está convencida de que algo sucede. Se levanta, da media vuelta y con rapidez se dirige a la ventana.
El personaje anterior acaba de detenerse, abajo, en la calle. Sin oponer resistencia, inerte, cae con la bicicleta al suelo, en un montón de barro.
Gesto de cólera y de rencor de la muchacha. Ella se precipita por la escalera para bajar a la calle.
G. P. del personaje caído en tierra, sin ninguna expresión, en posición idéntica a la del momento de la caída.
La joven sale de la casa y se precipita sobre el ciclista. Le besa frenéticamente la boca, los ojos y la nariz. La lluvia aumenta hasta hacer desaparecer toda la escena.
Encadenado con la caja cuyas rayas oblicuas se superponen a la da la línea. Unas manos provistas de una llavecilla abren la caja, de la cual extraen una corbata envuelta en papel de seda. Hay que tomar en cuanta que la lluvia, la caja, el papel de seda y la corbata deben presentarse con rayas oblicuas de distintas medidas.
La misma habitación.
Dee pie junto al balcón se encuentra la muchacha. Ella contempla los accesorios que traía el personaje (manteletas, caja y cuello duro con corbata de color oscuro), todos dispuestos como si estos objetos los hubiera llevado una persona acostada en la cama. La joven se decide por fin a tomar el cuello con sus manos, y a extraer de él la corbata de un solo color para reemplazarla por la rayada que acaba de sacar de la caja. Ella la vuelve a poner en el mismo lugar. Después se sienta junto al lecho, con actitud de una persona que vela a un muerto.
Nota: el lecho, es decir la frazada y la almohada está ligeramente arrugadas y hundidas como si, realmente, sobre ellas reposara un cuerpo humano.
La mujer tiene la sensación de que alguien se encuentra detrás de ella y se da vuelta para ver quién es. Sin asombrarse mayormente, ve al personaje, sin ningún accesorio esta vez, que observa con gran atención algo que hay en su mano derecha. En esta atención reconcentrada no hay angustia.
La mujer se aproxima y mira a su vez lo que hay en la mano. G. P. de la mano, en cuyo centro pululan hormigas que salen de un hoyo negro. Ninguna de las hormigas cae al suelo.
Encadenado con los pelos axilares de una muchacha tendida en la arena de una playa llena de sol. Encadenado con un erizo cuyas puntas móviles oscilan levemente. Encadenado con la cabeza de otra muchacha tomada en "sumergida" violentísima y circunscrita por el iris. El iris se abre y permite ver a la muchacha rodeada por un grupo de personas que tratan de romper un cordón policial.
La joven, en el centro, trata de alzar del suelo una mano cortada, con uñas pintadas. Uno de los agentes se aproxima a ella y la reprende severamente. Se inclina para recoger la mano, la envuelve cuidadosamente y la mete en la caja que llevaba el ciclista. Después entrega todo esto a la joven y cuando ella le da las gracias, el agente la saluda militarmente.
Téngase en cuenta que, al recibir la caja, una emoción extraordinaria invade a la joven, aislándola de todo. Está como subyugada por los ecos de una música religiosa lejana; tal vez una música escuchada en su más tierna infancia.
Una vez satisfecha su curiosidad, el público se dispersa en todas direcciones.
Vemos a los personajes que dejamos en la habitación del tercer piso contemplando, a través de los vidrios del balcón, el final de la escena descrita anteriormente. Cuando el agente entrega la caja a la joven, los dos personajes del balcón parecen también emocionarse hasta las lágrimas. Sus cabezas se balancean como si siguieran el ritmo de esa música impalpable.
El personaje mira a la joven con un gesto que parece decir: ¿Viste? ¿No te lo había dicho?
Ella mira otra vez a la joven de la calle, la que está sola y como clavada en su sitio, en una inhibición absoluta. Automóviles corren a velocidades vertiginosas. De pronto, uno de ellos pasa por encima de la joven mutilándola horrorosamente.
Entonces, con la decisión de un hombre que ejerce su derecho, el personaje se acerca a su compañera y después de mirarla lascivamente a los ojos, le toma los senos a través del yersey. G. P. de las manos lascivas sobre los senos. Estos emergen por debajo del yersey. Una terrible expresión de angustia, casi mortal, se refleja entonces en los rasgos del personaje. Una baba sanguinolenta cae de su boca sobre el pecho descubierto de la joven.
Los senos desaparecen para transformarse en nalgas que el personaje continúa palpando. La expresión de éste ha cambiado de súbito. Sus ojos brillan de maldad y lujuria. Su boca, antes abierta de par en par, se cierra, minúscula, como apretada por un esfínter.
La joven retrocede al interior del cuarto, seguida por el personaje que conserva la misma actitud.
Súbitamente, con gesto enérgico, ella le separa los brazos y se libra así del contacto opresor.
La boca del personaje se contrae de cólera.
Ella se da cuenta que una escena desagradable o violenta va a comenzar. Retrocede, paso a paso, hasta un rincón y ahí se atrinchera, detrás de una mesita.
Gesto de traidor de melodrama del personaje. Mira hacia todos lados, buscando algo. A sus pies se ve la punta de un cordel y la toma con su mano derecha. Su mano izquierda busca también hasta encontrar un cordel idéntico.
La joven, pegada al muro, contempla espantada los manejos de su agresor.
Este avanza hacia ella arrastrando, con grandes esfuerzos, lo que viene amarrado a las cuerdas.
Se ve pasar: primero un corcho, después un melón, dos hermanos de las Escuelas Cristianas y por último dos magníficos pianos de cola. Los pianos están llenos de carroña de asnos, cuyas patas, colas, grupas y excrementos, desbordan de la caja de resonancia. Cuando uno de los pianos pasa frente al objetivo, se ve una enorme cabeza de burro apoyada en el teclado.
El personaje arrastra, con enormes esfuerzos, esta carga y se dirige desesperadamente hacia la joven. Vuelca sillas, mesas, una lámpara de pie, etc. Las grupas de los asnos tropiezan con todo. La luz, suspendida en el techo, chocada al pasar por un hueso descarnado, se balanceará hasta el término de la escena.
Cuando el personaje está a punto de alcanzar a la joven, ésta le esquiva de un salto y se escapa. Su agresor suelta las cuerdas y se lanza en su persecución. La joven abre la puerta que comunica con la sala contigua, en la cual desaparece, pero no con bastante rapidez como para conseguir cerrarla. La mano del personaje consigue pasar por el espacio abierto, pero queda prisionera en él por la muñeca.
En el interior del cuarto, la joven cierra la puerta más y más, y ve cómo la mano se contrae dolorosamente al ralenti. Las hormigas que reaparecen, se dispersan por la puerta.
Inmediatamente vuelve la cabeza hacia el interior de la nueva habitación, idéntica en todo a la anterior, pero cuya iluminación le otorga un aspecto diferente. La joven ve…
El lecho sobre el cual está acostado el personaje cuya mano está siempre aprisionada por la puerta. Las manteletas le cubren y conserva la caja en el pecho. No hace el menor gesto, sus ojos están muy abiertos, y tiene una expresión supersticiosa que parece decir: "¡En este momento, algo verdaderamente extraordinario va a pasar!"
En la cima de la escalera, junto a la puerta de entrad del departamento, un nuevo personaje, visto de espaldas, acaba de detenerse. Toca el timbre de la puerta, tras de la cual se desarrollan los acontecimientos. No se ve ni el timbre ni el martinete eléctrico; en su lugar, por dos hoyos practicados encima de la puerta, se ven pasar dos manos que agitan un "shaker" de plata. Su acción es instantánea, como en los films corrientes, cuando uno toca el botón del timbre.
El personaje de la cama se estremece.
La joven va a abrir.
El recién llegado va directamente al lecho y le ordena imperativamente al personaje que se levante. Este obedece con tanto malhumor que el otro le toma por las manteletas y le obliga a ponerse de pie.
Después de arrancarle las manteletas una por una, las arroja por la ventana. La caja sigue el mismo camino, sí como las correas que el personaje trataba en vano de salvar de la catástrofe. Esto mueve al recién llegado a castigar al personaje, enviándole a ponerse de pie contra una de las paredes de la habitación.
Todos sus movimientos los ejecutará el recién llegado completamente de espaldas. Se vuelve por primera vez cuando va a buscar algo al otro extremo del cuarto.
Subtítulo que diga:
Al instante la fotografía se torna vaporosa. El recién llegado se mueve al ralenti y se ven sus rasgos idénticos al otro: es la misma persona, solamente que el recién llegado tiene un aspecto más joven y más patético, como debió ser algunos años atrás.
El recién llegado va hacia el fondo de la habitación, precedido del aparato que le sigue en P. A.
E pupitre, hacia el cual se dirige nuestro individuo, entra en el campo visual. Dos libros en el pupitre, así como diversos objetos escolares. Su posición y sentido moral se deben determinar cuidadosamente.
Toma los libros y se dirige hacia el personaje. En el mismo instante todo recupera su estado normal, el flou y el ralenti desaparecen.
Una vez a su lado, le ordena que ponga sus brazos en cruz, le coloca un libro en cada mano y le ordena permanecer así, como castigado.
El personaje castigado tiene ahora una expresión aguda y traidora. Se vuelve hacia el recién llegado. Los libros que sostiene todavía en sus manos se convierten en revólveres.
Este último le mira con ternura, sentimiento que aumentará por instantes.
El personaje de las manteletas, amenazando al otro con sus armas, le obliga a levantar las manos y, a pesar de su obediencia, descarga sobre él los dos revólveres. En P. A. el recién llegado cae mortalmente herido, sus rasgos se contraen dolorosamente. (Vuelve el flou y la caída de bruces es un ralenti más acentuado que el anterior).
Desde lejos se ve caer al herido que ya no se encuentra en la habitación, sino en un parque. A su lado se encuentra sentada, inmóvil y vista de espaldas, una mujer ligeramente inclinada hacia delante, y cuyos hombros están desnudos. Al caer, el herido trata de tomar y de acariciar sus hombros. Una de sus temblorosas manos está dirigida hacia sí mismo. La otra, roza la piel de los hombros desnudos. Cae por fin al suelo.
Vista de lejos. Algunos transeúntes y cuidadores se precipitan para socorrerle. Ellos le toman en sus brazos y le llevan a través del parque.
Hacer intervenir el ojo apasionado
De nuevo en la misma habitación. Una puerta, aquella en la cual la mano estuvo aprisionada, se abre lentamente. Aparece la joven que ya conocemos. Cierra la puerta a sus espaldas y mira con atención el muro contra el cual se encontraba el asesino.
El hombre ya no está ahí. El muro está intacto, sin un solo mueble o decorado. La joven hace un gesto de despecho o de impaciencia.
Se ve de nuevo el muro, en medio del cual hay una pequeña mancha negra.
Esta manchita, vista de más cerca, es una mariposa de la muerte.
La mariposa en G. P.
La cabeza de muerto de las alas cubre todo el écran.
En P. I. aparece bruscamente el hombre de las manteletas. Se lleva vivamente la mano a la boca como alguien que pierde sus dientes.
La joven le mira con desdén.
Cuando el personaje retira su mano, se ve que la boca ha desaparecido.
La joven parece decirle: "¡bien! ¿Y qué más?", y se pinta los labios con su rouge.
Se vuelve a ver la cabeza del personaje. En el lugar en que estaba la boca comienzan a brotar pelos.
Al ver esto, la joven ahoga un grito y se mira vivamente la axila que está completamente depilada.
Con un gesto de desprecio, le saca la lengua, se cubre los hombros con un chal, abre la puerta de comunicación que está a su lado, y entra en la habitación contigua, que es una extensa playa.
Junto al agua la espera un tercer personaje. Se saludan muy amistosamente y se pasean siguiendo la curva de las olas.
Plan de sus piernas y de las olas que revientan a sus pies.
Seguidos en tram por el aparato. Las olas arrojan dulcemente a sus pies, primero las correas, después la caja rayada, en seguida las manteletas, y por último la bicicleta. Esta vista continúa por un instante más sin que el mar siga arrojando objeto alguno.
Continúan su paseo por la playa, esfumándose poco a poco, mientras en el cielo aparecen estas palabras:
Todo ha cambiado.
Ahora se ve un desierto sin horizonte. Plantados en el centro, hundidos en la arena hasta el pecho, se ve al personaje y a la joven, ciegos, con las ropas desgarradas, devorados por los rayos del sol y por un enjambre de insectos.
Luis Buñuel y Salvador Dalí
Un hombre afila su navaja junto al balcón. El hombre mira a través y ve…
Una nube veloz avanza hacía la luna llena.
Una cabeza de muchacha con los ojos muy abiertos. Hacia uno de los ojos avanza el acero de una navaja.
La veloz nube pasa ahora delante de la luna.
El acero de la navaja atraviesa el ojo de la joven y ,o desgarra.
Fin del prólogo.
OCHO AÑOS DESPUÉS
Una calle desierta. Llueve.
Aparece un personaje con un traje gris oscuro, en bicicleta. Manteletas blancas cubren su cabeza, su espalda y sus caderas. Unas correas sostienen en su pecho una caja rectangular con líneas diagonales negras y blancas. El personaje pedalea maquinalmente, el manubrio libre, las manos en la rodillas.
En P. A., el personaje visto de espaldas hasta las nalgas. Sobreimpresión en sentido longitudinal de la calle en la cual circula es espaldas al aparato.
El personaje avanza hacia el aparato hasta quedar la caja rayada en G. P.
Un cuarto cualquiera, en un tercer piso de esa calle.
En el centro de la habitación está sentada una joven con un traje de vivos colores. Lee atentamente un libro. Se estremece de súbito. Escucha con curiosidad y se desprende del libro arrojándolo sobre un diván vecino.. el libros permanece abierto. En una de sus páginas se ve grabada La Dentelliere, de Vermeer. Ahora está convencida de que algo sucede. Se levanta, da media vuelta y con rapidez se dirige a la ventana.
El personaje anterior acaba de detenerse, abajo, en la calle. Sin oponer resistencia, inerte, cae con la bicicleta al suelo, en un montón de barro.
Gesto de cólera y de rencor de la muchacha. Ella se precipita por la escalera para bajar a la calle.
G. P. del personaje caído en tierra, sin ninguna expresión, en posición idéntica a la del momento de la caída.
La joven sale de la casa y se precipita sobre el ciclista. Le besa frenéticamente la boca, los ojos y la nariz. La lluvia aumenta hasta hacer desaparecer toda la escena.
Encadenado con la caja cuyas rayas oblicuas se superponen a la da la línea. Unas manos provistas de una llavecilla abren la caja, de la cual extraen una corbata envuelta en papel de seda. Hay que tomar en cuanta que la lluvia, la caja, el papel de seda y la corbata deben presentarse con rayas oblicuas de distintas medidas.
La misma habitación.
Dee pie junto al balcón se encuentra la muchacha. Ella contempla los accesorios que traía el personaje (manteletas, caja y cuello duro con corbata de color oscuro), todos dispuestos como si estos objetos los hubiera llevado una persona acostada en la cama. La joven se decide por fin a tomar el cuello con sus manos, y a extraer de él la corbata de un solo color para reemplazarla por la rayada que acaba de sacar de la caja. Ella la vuelve a poner en el mismo lugar. Después se sienta junto al lecho, con actitud de una persona que vela a un muerto.
Nota: el lecho, es decir la frazada y la almohada está ligeramente arrugadas y hundidas como si, realmente, sobre ellas reposara un cuerpo humano.
La mujer tiene la sensación de que alguien se encuentra detrás de ella y se da vuelta para ver quién es. Sin asombrarse mayormente, ve al personaje, sin ningún accesorio esta vez, que observa con gran atención algo que hay en su mano derecha. En esta atención reconcentrada no hay angustia.
La mujer se aproxima y mira a su vez lo que hay en la mano. G. P. de la mano, en cuyo centro pululan hormigas que salen de un hoyo negro. Ninguna de las hormigas cae al suelo.
Encadenado con los pelos axilares de una muchacha tendida en la arena de una playa llena de sol. Encadenado con un erizo cuyas puntas móviles oscilan levemente. Encadenado con la cabeza de otra muchacha tomada en "sumergida" violentísima y circunscrita por el iris. El iris se abre y permite ver a la muchacha rodeada por un grupo de personas que tratan de romper un cordón policial.
La joven, en el centro, trata de alzar del suelo una mano cortada, con uñas pintadas. Uno de los agentes se aproxima a ella y la reprende severamente. Se inclina para recoger la mano, la envuelve cuidadosamente y la mete en la caja que llevaba el ciclista. Después entrega todo esto a la joven y cuando ella le da las gracias, el agente la saluda militarmente.
Téngase en cuenta que, al recibir la caja, una emoción extraordinaria invade a la joven, aislándola de todo. Está como subyugada por los ecos de una música religiosa lejana; tal vez una música escuchada en su más tierna infancia.
Una vez satisfecha su curiosidad, el público se dispersa en todas direcciones.
Vemos a los personajes que dejamos en la habitación del tercer piso contemplando, a través de los vidrios del balcón, el final de la escena descrita anteriormente. Cuando el agente entrega la caja a la joven, los dos personajes del balcón parecen también emocionarse hasta las lágrimas. Sus cabezas se balancean como si siguieran el ritmo de esa música impalpable.
El personaje mira a la joven con un gesto que parece decir: ¿Viste? ¿No te lo había dicho?
Ella mira otra vez a la joven de la calle, la que está sola y como clavada en su sitio, en una inhibición absoluta. Automóviles corren a velocidades vertiginosas. De pronto, uno de ellos pasa por encima de la joven mutilándola horrorosamente.
Entonces, con la decisión de un hombre que ejerce su derecho, el personaje se acerca a su compañera y después de mirarla lascivamente a los ojos, le toma los senos a través del yersey. G. P. de las manos lascivas sobre los senos. Estos emergen por debajo del yersey. Una terrible expresión de angustia, casi mortal, se refleja entonces en los rasgos del personaje. Una baba sanguinolenta cae de su boca sobre el pecho descubierto de la joven.
Los senos desaparecen para transformarse en nalgas que el personaje continúa palpando. La expresión de éste ha cambiado de súbito. Sus ojos brillan de maldad y lujuria. Su boca, antes abierta de par en par, se cierra, minúscula, como apretada por un esfínter.
La joven retrocede al interior del cuarto, seguida por el personaje que conserva la misma actitud.
Súbitamente, con gesto enérgico, ella le separa los brazos y se libra así del contacto opresor.
La boca del personaje se contrae de cólera.
Ella se da cuenta que una escena desagradable o violenta va a comenzar. Retrocede, paso a paso, hasta un rincón y ahí se atrinchera, detrás de una mesita.
Gesto de traidor de melodrama del personaje. Mira hacia todos lados, buscando algo. A sus pies se ve la punta de un cordel y la toma con su mano derecha. Su mano izquierda busca también hasta encontrar un cordel idéntico.
La joven, pegada al muro, contempla espantada los manejos de su agresor.
Este avanza hacia ella arrastrando, con grandes esfuerzos, lo que viene amarrado a las cuerdas.
Se ve pasar: primero un corcho, después un melón, dos hermanos de las Escuelas Cristianas y por último dos magníficos pianos de cola. Los pianos están llenos de carroña de asnos, cuyas patas, colas, grupas y excrementos, desbordan de la caja de resonancia. Cuando uno de los pianos pasa frente al objetivo, se ve una enorme cabeza de burro apoyada en el teclado.
El personaje arrastra, con enormes esfuerzos, esta carga y se dirige desesperadamente hacia la joven. Vuelca sillas, mesas, una lámpara de pie, etc. Las grupas de los asnos tropiezan con todo. La luz, suspendida en el techo, chocada al pasar por un hueso descarnado, se balanceará hasta el término de la escena.
Cuando el personaje está a punto de alcanzar a la joven, ésta le esquiva de un salto y se escapa. Su agresor suelta las cuerdas y se lanza en su persecución. La joven abre la puerta que comunica con la sala contigua, en la cual desaparece, pero no con bastante rapidez como para conseguir cerrarla. La mano del personaje consigue pasar por el espacio abierto, pero queda prisionera en él por la muñeca.
En el interior del cuarto, la joven cierra la puerta más y más, y ve cómo la mano se contrae dolorosamente al ralenti. Las hormigas que reaparecen, se dispersan por la puerta.
Inmediatamente vuelve la cabeza hacia el interior de la nueva habitación, idéntica en todo a la anterior, pero cuya iluminación le otorga un aspecto diferente. La joven ve…
El lecho sobre el cual está acostado el personaje cuya mano está siempre aprisionada por la puerta. Las manteletas le cubren y conserva la caja en el pecho. No hace el menor gesto, sus ojos están muy abiertos, y tiene una expresión supersticiosa que parece decir: "¡En este momento, algo verdaderamente extraordinario va a pasar!"
HACIA LAS TRES DE LA MAÑANA
En la cima de la escalera, junto a la puerta de entrad del departamento, un nuevo personaje, visto de espaldas, acaba de detenerse. Toca el timbre de la puerta, tras de la cual se desarrollan los acontecimientos. No se ve ni el timbre ni el martinete eléctrico; en su lugar, por dos hoyos practicados encima de la puerta, se ven pasar dos manos que agitan un "shaker" de plata. Su acción es instantánea, como en los films corrientes, cuando uno toca el botón del timbre.
El personaje de la cama se estremece.
La joven va a abrir.
El recién llegado va directamente al lecho y le ordena imperativamente al personaje que se levante. Este obedece con tanto malhumor que el otro le toma por las manteletas y le obliga a ponerse de pie.
Después de arrancarle las manteletas una por una, las arroja por la ventana. La caja sigue el mismo camino, sí como las correas que el personaje trataba en vano de salvar de la catástrofe. Esto mueve al recién llegado a castigar al personaje, enviándole a ponerse de pie contra una de las paredes de la habitación.
Todos sus movimientos los ejecutará el recién llegado completamente de espaldas. Se vuelve por primera vez cuando va a buscar algo al otro extremo del cuarto.
Subtítulo que diga:
Hace dieciséis años
Al instante la fotografía se torna vaporosa. El recién llegado se mueve al ralenti y se ven sus rasgos idénticos al otro: es la misma persona, solamente que el recién llegado tiene un aspecto más joven y más patético, como debió ser algunos años atrás.
El recién llegado va hacia el fondo de la habitación, precedido del aparato que le sigue en P. A.
E pupitre, hacia el cual se dirige nuestro individuo, entra en el campo visual. Dos libros en el pupitre, así como diversos objetos escolares. Su posición y sentido moral se deben determinar cuidadosamente.
Toma los libros y se dirige hacia el personaje. En el mismo instante todo recupera su estado normal, el flou y el ralenti desaparecen.
Una vez a su lado, le ordena que ponga sus brazos en cruz, le coloca un libro en cada mano y le ordena permanecer así, como castigado.
El personaje castigado tiene ahora una expresión aguda y traidora. Se vuelve hacia el recién llegado. Los libros que sostiene todavía en sus manos se convierten en revólveres.
Este último le mira con ternura, sentimiento que aumentará por instantes.
El personaje de las manteletas, amenazando al otro con sus armas, le obliga a levantar las manos y, a pesar de su obediencia, descarga sobre él los dos revólveres. En P. A. el recién llegado cae mortalmente herido, sus rasgos se contraen dolorosamente. (Vuelve el flou y la caída de bruces es un ralenti más acentuado que el anterior).
Desde lejos se ve caer al herido que ya no se encuentra en la habitación, sino en un parque. A su lado se encuentra sentada, inmóvil y vista de espaldas, una mujer ligeramente inclinada hacia delante, y cuyos hombros están desnudos. Al caer, el herido trata de tomar y de acariciar sus hombros. Una de sus temblorosas manos está dirigida hacia sí mismo. La otra, roza la piel de los hombros desnudos. Cae por fin al suelo.
Vista de lejos. Algunos transeúntes y cuidadores se precipitan para socorrerle. Ellos le toman en sus brazos y le llevan a través del parque.
Hacer intervenir el ojo apasionado
De nuevo en la misma habitación. Una puerta, aquella en la cual la mano estuvo aprisionada, se abre lentamente. Aparece la joven que ya conocemos. Cierra la puerta a sus espaldas y mira con atención el muro contra el cual se encontraba el asesino.
El hombre ya no está ahí. El muro está intacto, sin un solo mueble o decorado. La joven hace un gesto de despecho o de impaciencia.
Se ve de nuevo el muro, en medio del cual hay una pequeña mancha negra.
Esta manchita, vista de más cerca, es una mariposa de la muerte.
La mariposa en G. P.
La cabeza de muerto de las alas cubre todo el écran.
En P. I. aparece bruscamente el hombre de las manteletas. Se lleva vivamente la mano a la boca como alguien que pierde sus dientes.
La joven le mira con desdén.
Cuando el personaje retira su mano, se ve que la boca ha desaparecido.
La joven parece decirle: "¡bien! ¿Y qué más?", y se pinta los labios con su rouge.
Se vuelve a ver la cabeza del personaje. En el lugar en que estaba la boca comienzan a brotar pelos.
Al ver esto, la joven ahoga un grito y se mira vivamente la axila que está completamente depilada.
Con un gesto de desprecio, le saca la lengua, se cubre los hombros con un chal, abre la puerta de comunicación que está a su lado, y entra en la habitación contigua, que es una extensa playa.
Junto al agua la espera un tercer personaje. Se saludan muy amistosamente y se pasean siguiendo la curva de las olas.
Plan de sus piernas y de las olas que revientan a sus pies.
Seguidos en tram por el aparato. Las olas arrojan dulcemente a sus pies, primero las correas, después la caja rayada, en seguida las manteletas, y por último la bicicleta. Esta vista continúa por un instante más sin que el mar siga arrojando objeto alguno.
Continúan su paseo por la playa, esfumándose poco a poco, mientras en el cielo aparecen estas palabras:
Con la primavera
Todo ha cambiado.
Ahora se ve un desierto sin horizonte. Plantados en el centro, hundidos en la arena hasta el pecho, se ve al personaje y a la joven, ciegos, con las ropas desgarradas, devorados por los rayos del sol y por un enjambre de insectos.
Luis Buñuel y Salvador Dalí
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