Treinta días atrás el marido se había pegado un tiro en la frente. La vi entrar al negocio y le pregunté por él.
-¿Es que no sabes nada?
-¿Qué tendría qué saber?
-Mi marido se mató, se pegó un tiro en la frente.
-Lo siento, la verdad que lo siento.
-Tú no sientes nada, absolutamente nada. La noticia apareció por la radio y la tv. Seguro que te enteraste y ahora te haces el que no sabes nada y además me dices que lo sientes.
-Bueno, tu marido nunca fue un ángel de mi cofradía.
-Sigues siendo el mismo hijo de puta de siempre, sólo te interesa lo que gira alrededor de tu ombligo.
-Mira nena, no me vengas a hacer escenas frente a las matas de coliflor y las cebollitas de verdeo. La verdad que me importó más la guerra de Cashimira que lo que le pudo pasar a tu marido.
- Bueno, tampoco vengo acá para que te enojes conmigo.
La hice pasar a la biblioteca. Nos tomamos un par de cervezas. Nos fuimos a la cama. Al despedirse me dijo que a ella su marido nunca le interesó. Luego me preguntó dónde quedaba Cashimira.
-¿Es que no sabes nada?
-¿Qué tendría qué saber?
-Mi marido se mató, se pegó un tiro en la frente.
-Lo siento, la verdad que lo siento.
-Tú no sientes nada, absolutamente nada. La noticia apareció por la radio y la tv. Seguro que te enteraste y ahora te haces el que no sabes nada y además me dices que lo sientes.
-Bueno, tu marido nunca fue un ángel de mi cofradía.
-Sigues siendo el mismo hijo de puta de siempre, sólo te interesa lo que gira alrededor de tu ombligo.
-Mira nena, no me vengas a hacer escenas frente a las matas de coliflor y las cebollitas de verdeo. La verdad que me importó más la guerra de Cashimira que lo que le pudo pasar a tu marido.
- Bueno, tampoco vengo acá para que te enojes conmigo.
La hice pasar a la biblioteca. Nos tomamos un par de cervezas. Nos fuimos a la cama. Al despedirse me dijo que a ella su marido nunca le interesó. Luego me preguntó dónde quedaba Cashimira.







