Mi abuelo no se lo dijo a nadie y se dirigió al mar. Inauguraría el suicidio en la familia. Dejó una carta en el velador donde explicaba todo. La semana anterior el Dr. Augusto Estmann le había dicho que así es la vida. Que hoy estamos y mañana no estamos. Al llegar al puerto se encontró con Solabarrieta, un vasco que juntos salían a pescar por los canales patagónicos. Conversaron de redes, embarcaciones y tesoros hundidos. Luego llegó el Chilote Cárdenas. Este último los invitó a tomar un trago al bar El Gallo de calle Esmeralda. Estuvieron ahí hasta tarde. Luego, junto al Loco Ruiz, Quemador Agüero y Pantalón Cortito, llegaron al lenocinio de La Lucy. Allí mi abuelo se enfrascó en una pelea con Pata de yegua Vargas. Llegó la policía. Lo llevaron preso. A la mañana siguiente le cobraron una multa y lo soltaron. Llegó a su casa a eso de las nueve de la mañana. Mi abuela se enojó mucho y le tiró un zapato por la cabeza. Murió 43 años después en el Hospital Dr. Augusto Estmann de Puerto Natales. Mucho tiempo antes había muerto el doctor Estmann. Un día antes de su muerte, mi abuelo me dijo, consolándome: "No te aflijas por mí, como decía el doctor Estmann: hoy estamos y mañana no estamos".
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The Championships |
La cocina comunica con el almacén. Voy donde están los huevos. Tomo uno con la mano derecha y lo paso a la mano izquierda, luego lo pongo en el bolsillo izquierdo. Tomo otro y sigo el mismo procedimiento. Luego tomo el tercero y me dirijo a la cocina. El que llevo en la mano lo paso de mano en mano. La sartén está sobre la estufa. El huevo que llevo en la mano lo quiebro sobre el aparador y lo vierto a la sartén. Saco otro huevo de mi bolsillo izquierdo, lo tomo con la mano derecha, lo quiebro y lo vierto en donde está el otro huevo. Saco el último huevo, lo quiebro y lo vierto. Un trabajo impecable. Hoy me siento Roger Federer.
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