Ella tenía veintiocho años cuando aquello sucedió. Era la hermana de mi querido amigo y poeta Lagos Nilsson. Sucedió que la secuestraron, torturaron y que desapareció. Esto ocurrió en Chile en el año 1974. Era la madre de tres niños y estaba embarazada. Los pormenores por escabrosos me niego a comentar. Ahora yo me pregunto: ¿Qué ha hecho el Estado Chileno para subsanar una milésima parte el daño causado? ¿Habrá pedido perdón? Esta atrocidad delictiva del estado, ¿se habrá zanjado perennemente con el sobreseimiento de los ejecutores? Si no es así, ¿entonces es verdad que existe el puto manto del olvido? Si la mano asesina muere, ¿la muerte iguala a la víctima y al victimario? ¿Se hizo todo lo suficiente para que esto no vuelva a ocurrir? ¿Hay avenidas con su nombre? ¿Se enseña su nombre en los colegios? En Puerto Porvenir, lugar donde nació, ¿La gente recuerda su nombre? ¿Algún Centro de Madres se llama Gloria Esther Lagos Nilsson? Ya nada será suficiente. El dolor se trasmitirá de generación en generación. Y el recuerdo de un tiempo en donde una madre de tres niños, embarazada, secuestrada, torturada y hecha desaparecer fue algo que ocurrió y no un cuento de Edgar Allan Poe. No te puedo pedir que descanses en paz Gloria Esther Lagos Nilsson. Solamente decirte que te quiero y pedirte perdón.
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Se llamaba María |
Puedes contar mi historia me dijo Sonya, pero no me llames Sonya cuando cuentes mi historia. Entonces te llamaré María le digo. Antiguamente todas las mujeres se llamaban María. María vio cuando Pedro mató a María la madre de María. Aquella noche en que su padre mató a su madre, fue una noche de nieve y frío en la Patagonia. María tenía siete años cuando Pedro mató a María. A la madre de María. María vio todo. El puñal, el grito y la sangre. Secuencias lógicas que un niño atesora para siempre. No fue algo terrible. Chispazos de ensueños. Volteó la mirada como algo indeseable. Como una sopa no querida. Vio al padre hacer un hoyo en el patio de la casa. Ella también colaboró con sus manitas de juegos infantiles. Lo que había pasado la noche anterior lo había olvidado. Un día en la vida de un niño es una inmensidad inescrutable. Es lo que ella ahora recuerda. Es evidente que mi padre enterró a mi madre en el patio de nuestra casa y que yo colaboré. Luego mi padre vendió la casa y nos trasladamos a una ciudad con semáforos. Y todo se me olvidó. Mi padre se casó. Yo me casé. No recuerdo nada de mi madre.
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Mi prima Alejandra |
Punta Arenas, Chile, queda a 254 kilómetros de Puerto Natales. Río Turbio, Argentina, está a 30 kilómetros de Puerto Natales, Chile. De Punta Arenas viajó mi prima Alejandra a pasar las fiestas de fin de año con su hermana que vive en Río Turbio, Argentina. Hacía 15 años que no la veía. Habló de la importancia que tiene la familia para el desarrollo integral del ser humano. De los maravillosos juegos de nuestra infancia. De los tíos, hermanos y parientes. La mancomunión de los espíritus. El reservorio indispensable para los momentos de hastío. La unión del núcleo. Es lo que tenemos que mantener. Habló de nuestros abuelos. Sin ellos evidentemente todo sería imposible. Estuvo dos horas y luego se marchó a ver a la hermana. Se marchó y no me dejó su dirección.
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Hoy vino Rosario y preguntó por mí |
Hoy vino Rosario, la chica más linda de la década del sesenta. Todos estábamos vueltos locos con ella. Apenas entró la reconocí. Preguntó por mí. Me puse serio, acomodé mis lentes, tosí. Hablé pausadamente. Le dije que ya no vivía aquí. Que se había marchado hace mucho tiempo. Me preguntó si conocía mi nueva dirección. Creo que ya no vive en Chile. Llegaron noticias suyas de Barcelona. Creo que sí, que fue de Barcelona. Me agradeció, compró un chicle de menta (goma de mascar o cómo puta se llame), y se fue.
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hugo vera miranda
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Una conducta recurrente |
Ya te pedí el taxi le digo a Elena que estaba media borracha, espera un poco que ya viene. Me decía que ya no aguantaba más, que estaba a punto de mear. Es que ya viene el taxi le digo. Ya viene. Hace cinco minutos que pediste el taxi y no viene y yo tengo ganas de mear. Ya viene, ya viene, no te preocupes que ya viene. Pero tengo ganas de mear. Si pasas al baño el taxi no te va a esperar y se va a ir. Dale que ya viene no seas impaciente. ¿Quieres que me mee aquí? Sabes bien que acá no te puedes mear, escucho que viene el taxi, no, no es el taxi. Le pregunto qué va hacer mañana. Me dice que no sabe, que lo único que sabe es que tiene ganas de mear. Le digo, mira, escucha, parece que viene el taxi. Era el taxi, se despide y se va. Al otro día viene el taxista y me dice que Elena en mitad de la carrera se meó en su taxi. Le digo que siempre hace lo mismo.
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Quisiera conocer una mujer |
Quisiera conocer una mujer. No a la manera de D.H.Lawrence, aunque me encantaría. Que no sea muy brillante ni muy tonta. Ni alta ni baja. Ni gorda ni flaca. Ni muy déspota ni muy tierna. Una mujer que cumpla todas mis fantasías. Y yo las de ella. No la quiero rica ni pobre. En lo posible que use un buen perfume, aunque no es requisito indispensable. Puede muy bien no usar ningún perfume. Ni muy culta ni muy ignorante. Ni muy blanca ni muy negra. Ni de derecha ni de izquierda. Que pudiera hacerme un masaje en la espalda y yo a ella. Que cansado del trabajo me preparara un buen baño y yo a ella. Que me diga te quiero y yo a ella. Y yo a ella. Y yo a ella. Quisiera conocer una mujer no importa que ante los demás pasara desapercibido. Yo le podría llevar su maletín y prepararle su último discurso. No me importaría inmolarme. No me importaría abandonar en absoluto, esta vida de mierda de poeta ocurrente y festivo. Quisiera conocer una mujer. Algo así como La Presidenta.
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