Carta Chocrón Schumacher
"O sobre la ambivalencia amor-odio, familiaridad-extrañeza, al judaísmo, por un no judio, o carta al Alter Ego militar judio "
Nuevas revelaciones del Dr. De Gregorio

ARNOLD SCHWARZENEGGER:
Carta a Arnold
De Buenos Aires
para el Mundo
EL
MAS GRANDE
EL ÚNICO
UNA
CARTA A KUITCA
AHORA:
Estamos en condiciones de saber la Verdad
SILENCIO

“Se está como en otoño
las hojas en los árboles”.
Poema “Soldados” de Giusepe Ungaretti.
"La dificultad mayor es, desde luego, la evidente existencia e importancia de las "virtudes militares". Se yerguen ante nosotros como un hecho monumental que sería imposible aminorar o desechar. Uno de los lugares comunes de la observación sociológica popular es que los pueblos, castas y clases militares despiertan una admiración mayor que sus vecinos que se ganan la vida en actividades que ni implican arriesgar la propia vida en el intento de disponer de la de los demás. Hay naturalmente, un anticuado tipo de oficial inglés de marina o de tierra - pulcro en su sentido del honor, considerado con sus semejantes y afectuoso con los animales (aunque goza matándolos por deporte) que ha sido considerado al menos durante los dos últimos siglos como uno de los productos más finos ingleses de nuestra civilización cristiana occidental. Ni puede desdeñarse esta admiración por ingenua o esnobista. Si la consideramos seriamente y sin "Parti Pris", seguramente nos confirmaremos en nuestra creencia de que es merecida. Pues las "virtudes militares" no pertenecen a una clase aparte, hay virtudes que son tales en cualquier género de vida. El valor, que es la más la más eminente de ellas, es una virtud cardinal en toda acción que un ser humana , cualquiera sea su sexo, emprenda, y las demás virtudes que hemos adscrito a nuestro legendario coronel o comodoro son, como es evidente, moneda corriente en la vida civil como en la militar. El coronel Newcome y el caballero Bayardo, Corazón de León y Rolando, Olaf Triggvason y Sigfrido, Régulo y Leónidas, Partap Singh y Prithiraj, Jalal – al - Din - Mankoburni y Abdalah- al - Battal, Yoshitsune Minamoto y Kuang Yu: ¡Qué buenos camaradas son y vasto lugar tienen en el paisaje histórico de estos cinco o seis mil años en que el hombre se embarcó en la empresa de la civilización".
Capítulo "El militarismo y las virtudes militares" from War
and Civilization by Arnold Toynbee,
oxford University Press, 1952. En Español. Emecé y Alianza
"De modo que, en principio, los conflictos de intereses entre los hombres son solucionados mediante el recurso de la fuerza. Así sucede en todo el reino animal, del que el hombre no habría de excluirse, pero en el caso de éste se agregan también conflictos de intereses que alcanzan hasta las mayores alturas de abstracción y parecerían requerir otros recursos para su solución. En todo caso, sólo es una complicación relativamente reciente. Al principio, en la pequeña horda humana, la mayor fuerza muscular era lo que decidía a quién debía pertenecer alguna cosa o la voluntad de quien debía llevarse a cabo. Al poco tiempo la fuerza muscular fue reforzada y sustituida por el empleo de herramientas: triunfó aquel que poseía las mejores armas o que sabía emplearlas con mayor habilidad. Con la adopción de armas, la superioridad intelectual ya comienza a ocupar la plaza de la fuerza muscular bruta, pero el objetivo final de la lucha sigue siendo el mismo: por el daño que le inflige o por la aniquilación de sus fuerzas, una de las partes contendientes ha de ser obligada a abandonar sus pretensiones o su oposición. Este objetivo se alcanza en forma más completa cuando la fuerza del enemigo quede definitivamente eliminada, es decir, cuando se lo mata. Tal resultado ofrece la ventaja de que el enemigo no puede iniciar de nuevo su oposición y de que el destino sufrido sirve de escarmiento, desanimando a otros que pretenden seguir el ejemplo. Finalmente, la muerte del enemigo satisface una tendencia instintiva que habré de mencionar más adelante. En un momento dado, al propósito homicida se opone la consideración de que respetando la vida del enemigo, pero manteniéndolo atemorizado, podría empleárselo para realizar servicios útiles. Así, la fuerza se limita a subyugarlo. Este es el origen del respeto por la vida del enemigo, pero desde ese momento el vencedor hubo de contar con los deseos latentes de venganza que abrigan los vencidos, de modo que perdió una parte de su propia seguridad."
Sigmund Freud: en "El porqué de la guerra", carta a Albert Einstein,
sobre la inminencia de la Segunda Guerra Mundial. 1932
Lunes 16 de febrero, 2003 ( modificada en 2009)
Sobre la ambivalencia amor-odio, familiaridad-extrañeza, al judaísmo, o carta al Alter Ego militar judío por un no judío:
Querido Gustavo Luis, Doctor médico, clínico y neumonólogo; y, también escritor:
Somos amigos, muy buenos amigos y tenemos el mismo título de médico, vos recibido en 1984 y yo en 1994.
Vivimos la secundaria en el Liceo Militar General San Martín de Argentina, vos entre 1974 y 1978, y yo, entre 1974 y 1976. Ya nos habíamos conocido en la Academia Marque, vos viniendo del colegio privado inglés San Marcos, que te trae recuerdos tan parcos, del suburbio Sur del Gran Buenos Aires, y yo del colegio pupilo "Nuestra Señora de la luz", previamente, en la época del Cardenal Caggiano, llamado "Instituto Nuestro Hogar", del rico suburbio Norte del Gran Buenos Aires. Es curioso: de San Marcos a la Academia Marque hay una continuidad fonética. La Academia Marque era la institución más prestigiosa para ingresar a las instituciones formativas militares y nosotros buscábamos lo mejor. Digo, de paso, que el Liceo Militar, junto al Naval, tenían en la década del ´70 más prestigio inclusive que el Nacional Buenos Aires, legendario colegio cerca de Plaza de Mayo.
El Liceo Militar, toda aquella institución de regimiento educativo, creado por Sarmiento, primer como Colegio Militar para militares de carrera y no de reserva, como el Liceo desde 1938, pero en el mismo lugar, transferido el Colegio Militar a El Palomar, del Gran Buenos Aires Oeste, o Suburbio Oeste, abarcaba de 600 a 800 alumnos y sigue, y aun vive casi igual, con la reducción a la mitad del alumnado, aunque ahora hay cadetas, principalmente por el gran desprestigio de los militares en general, por la mayoría del pueblo argentino y también extranjero, salvo por los liberales conservadores y cierto sector perdonavidas del peronismo, el enfermísimo y corruptísimo menemismo, digo, el Liceo estaba impregnado fuertemente de nazismo, podría decirse de nazismo católico, aunque sea una contradicción aparente. Por eso, antes que nada, quiero hacer valer este
testimonio que nos implica grandemente a futuro, compartas o no compartas este revisionismo necesario, y tal vez equivocado, pero sincero hasta mi última gota de sangre oxigenada, peleando con el asfixiante tabaco, lo que aclaro y digo por tu especialidad de neumonólogo o especialista en enfermedades respiratorias, sobre todo asma y enfisema por tabaquismo, esta última patología a la que estoy condenado si no renuevo mi voluntad, mi voluntad de vivir.
Estas afirmaciones mías están teñidas de psicoanálisis freudiano, como el manifestado por Don Sigmund en "El porvenir de una ilusión", "El malestar en la cultura" y "El porqué de la guerra", este último ensayo que es una carta a Albert Einstein, sobre la inminencia de la Segunda Guerra Mundial.
Pero además, esta carta es sobre la ambivalencia hacia el judaísmo, amor-odio, familiaridad-extrañeza, que yo, no judío, te dedico, médico hebreo con los dos orígenes, sefaradí y azquenasi. Chocrón y Schumacher, respectivamente, tus apellidos paterno y materno.
Y también esta carta trata de aplicar las bondades del Psicoanálisis a nuestra común historia militar, que vivimos, codo a codo, en el pelotón sexto de la tercera sección de primer año de la camada 36, cuando aprendimos a ser militares, para siempre, aunque ahora, más de veinte años después ( ya 30 años del egreso) huyamos de ese sistema paranoico autoritario que te regala honor a cambio de resignar la propia vida, si fuera necesario, por la Patria ( tal vez no sea tan malo, después de todo), y que cumple todas las premisas que Freud aplicara al poderosísimo ensayo Psicología de las masas y análisis del yo, y que el más contemporáneo, Erich Fromm, el psicoanalista suizo, mejicano y neoyorkino reviviría como Best Seller con molde marxista en "Escape from Freedom", "El miedo a la libertad", libro genial y de justo reconocimiento hasta estos años que en Argentina se vende hasta agotar pequeñas tiradas anuales. Fromm era marxista pacífico; yo no, yo soy anarquista conservador, como se definía Borges.
Querido Gustavo Luis:
Mi mejor recuerdo del Liceo es el año ´74, coincidiendo con el nudo existencial de la pubertad. En el ´74 formamos con el bacán Cantú y Mac Ellis y Castelnuovo y el cabezón Elizalde y Jorge Luis De Gregorio y el chanta Sergio Fernández, uno de los pelotones más eficientes (los pelotones eran de doce cadetes), y, hay que decirlo en jerga, "milico", que hayan pasado por el Liceo. Curiosamente, y a diferencia del fallecido héroe de Malvinas, Martella, Mario Blanco, nuestro jefe de cuarto año, tenía mano de seda, o, mejor dicho, poseía una especial sabiduría, que sacaba a relucir lo mejor de cada uno en las extrañas circunstancias mejor de aprender a ser marcial y que para nadie fue fácil. El Teniente Sánchez Sorondo estaba tan orgulloso de nosotros que escribió una marcha para los siete pelotones de la sección: "De pie que ya despunta el sol".
Luego aclararé lo unheimilich del ´74, palabra que Freud acotaría. Yo estaba tan entusiasmado por la lucha lobuna con Castelnuovo por ser cada uno un puesto o dos más alto en el Cuadro de Honor; y fue alevoso y notorio que de los ciento cincuenta alumnos de primer año, cuatro del pelotón éramos de ese Cuadro.
Imaginate lo que fue para mí entrar al Liceo imbuido del ideal napoleónico, habiendo experimentado la soledad de perder a mi padre, cirujano de los buenos, y el mundo privilegiado de mis tíos paternos, menos el menor que murió a los 96 años en 2007, más o menos todos muertos por aquel entonces; y, luego, entre otras cosas lindas de Barrio Norte, el curioso mundo judío de algunos amigos y mi primer noviecita, que no me correspondía, Guillermina Rustein, y a la que le robé un beso, haciéndole caer un diente de leche; para luego caer en otra soledad, más bien trágica, en un colegio pupilo católico (anatema) de hijos de sirvientas y prostitutas a media cuadra de la Quinta Presidencial de Olivos. Para mí el Liceo, a diferencia tuya, desde el ´76, fue un paraíso, donde competir se premiaba bastante bien y donde tener buenas notas significaba, además de la posibilidad de salir los viernes a mediodía, la posibilidad de ser becado y no tener que pagar un Peso en uno de los colegios más caros de la década del ´70.
Ahora, para entrar en nuestra historia de adolescentes, permitime hacer un in sight, y recordarte un hecho de sangre y fuego, de junio de 1975, cuando estábamos en segundo año de aquel bachillerato militar y ya no compartíamos ser del mismo pelotón, porque habías dado un estirón de estatura física, pasando al pelotón cuarto de la segunda sección, y Mario Blanco, de la camada 33, que había sido nuestro querido y admirado Jefe de pelotón de primer año, ya era Jefe de sección de siete pelotones y parte del cuadro de honor y escolta de bandera junto a Ubaldo Klix, que era el Edecán del Teniente primero, Oficial en Jefe de Segundo año, y que tan relevante papel cobraría en esta narración realista y auténtica del hecho sangriento y, confuso y traicionero, como el del actor secundario de "Born to kill", "Nacido para matar", de Stanley Kubrick, que efectué estando en la cima de mi prestigio
como futuro gran militar. Mi salvajismo se delató en heridas de fuego en la cara, en el rostro de Gustavo Sánchez Sáenz, , de Gustavo Lechetti y de Luis Roca, pesándome culposamente toda la vida, hasta hoy, paciente bipolar, de sobrenombre "Loco" en el Liceo luego de ese salvajismo, con diecinueve años de diván freudiano ( 25 años) y tres internaciones psiquiátricas breves en el hospital Don Torcuato de Alvear, la última a fines de 2006 luego del aplastante divorcio con mi compañera de dieciocho años, la pediatra bella y judía Elizabeth, además de la culpa edípica inconsciente e insoportable de haber perdido a mi padre a los seis años, discípulo de Enrique Finocchietto, que murió de esclerosis renal por abuso de aspirina, patología desconocida en el ´67; y que es la culpa, como abrumadora y rotundamente demuestra Freud, de querer la muerte del padre por el deseo sexual infantil inconsciente de querer quedarse con la propia madre. Y debo confesarte que allí no terminan mis culpas inimputables: en el colegio pupilo en que terminé la primaria seduje a mis once años, sexualmente y activamente a dos niños, uno de seis y el otro de nueve. Pero allí tampoco terminan mis culpas inimputables: a los seis meses de ser expulsado del Liceo embaracé a mis dieciseis años a una niña de catorce. Esas cuatro culpas, más el horror que le hice vivir a Elizabeth están tapando y asfixiando mi vida desde entonces. ¡Horror! ¡Unheimilich!
Querido Gustavo; ahora en el resumen de Historia Clínica del Hospital Psiquiátrico de Emergencias Don Torcuato de Alvear, único y el mejor del país y Latinoamérica, han escrito que mi trastorno Bipolar o maníaco-depresivo comenzó esa noche de junio cuando herí cobardemente, al incrustarles la brasa de un cigarrillo en la cara, a nuestros queridos compañeros. Yo, en realidad, nada tenía contra ellos, sólo fue un loco impulso de querer demostrar hombría sin medir las consecuencias. Por entonces empezaban las Superfiestas del Liceo con los mejores Disc Jockeys, Alejandro Pont Lezica y Rafael Sarmiento, y las chicas y el ansia de tener una linda novia me hicieron fumar y unirme a los menos estudiosos y militares, aunque nunca perdí la garra militar; y estoy agradecido, porque en verano no siento calor ni en invierno, frío, gracias al duro entrenamiento militar y de gimnasia en los
descampados del Liceo llamado la Mongolia y la enorme Siberia. Perdí la amistad de Sánchez Sáenz, que hoy está en Irak como coronel de O.N.U. y era un gran amigo.
El resto del año ´75 fue agachar la cabeza y levanté el promedio de conducta a 8 sobre 10 y me iniciaron tratamiento psicológico y psiquiátrico en el Hospital Militar Central ( me llevaban a mi solo en un camión de tropa), en donde al cabo de dos meses de estudio, con electroencefalograma incluido me diagnosticaron de "Personalidad con fuertes rasgos neuróticos".
Tuve una entrevista con el Director del Liceo, porque ante el Oficial en Jefe de segundo año yo sólo decía que el hecho lo había consumado "sin causa", alarmando a las familias de los afectados.
Al coronel le dije que todo lo había hecho bajo la influencia de "Mi lucha" de Hitler ( tenía catorce años ) sin decirle que también leía una antología de "El Capital" de Marx y "El príncipe" de Macchiavello. Dicho esto y sabiendo que mi madre era una bellísima viuda de menos de cuarenta años que trabajaba y estudiaba, me dio la oportunidad de continuar como alumno en eses aulas sarmientinas y me pareció lo mejor, ya que ser militar en Argentina era como entrar en la aristocracia, de hecho sigue siendo así, aunque sin nazismo. Luego del ´74 vos y yo no nos frecuentábamos mucho. A vos te empezaban a maltratar por judío; ya era el ´76. Si hubiera visto algún ultraje contra vos te habría defendido sabiendo que siempre admiré a los judíos aunque sintiéndome injustamente inferior a su cultura y libertad de vivir, y sobre todo, a su inteligencia, aunque vos no eras el típico judío 10
puntos, pero eras muy bueno en las aulas, amigo del brillante Mariano Gorla, geólogo y pediatra y muy bueno y destacado.
De este hecho ominoso de atacar a mis amigos dormidos, que no se despertaron casi, el único que no perdió la compostura fue el argentino alemán no nazi, más "unheimleich" que haya tratado en mi vida, el aristócrata Klix, que con su silencio trató de entender más allá de lo ocurrido y que por eso llamo de vez en cuando como homenaje a un hombre brillante y que luego en seis años liquidó simultáneamente las carreras de Derecho y Ciencias Económicas en la U.B.A. ( se llama Ubaldo) y trabajando y que ya leía "El amante de Lady Chatterley" a los dieseis años y a Hermann Hesse toda la vida.
Tercer año, el ´76, el Golpe de Estado, vos leías Rayuela de Cortázar, yo, Platón completo. Fue una larga pesadilla. Me pescaban fumando, etc., hasta que por acostarme con la amiga pobre y judeo neoyorkina de Gustavo Méndez, me echaron en Septiembre, porque ya mi nota de conducta era inaceptable. Al año siguiente, el nuevo Director, un represor, me ofreció continuar el tratamiento en el Hospital Militar, pero me negué.
Lo curioso y que no te conté, es que en el ´78 volví a la Academia Marque ( había tratado de dar cuarto año libre en ujn colegio del Estado, pero me quedó una materia, Física) en donde fui el mejor en Matemática, con el objetivo de entrar en el Colegio Militar y ser oficial de carrera y no de reserva. Llegué a ir al Colegio, pero al encontrar la mano enguantada y vengativa de Castelnuovo ( iba a ser mi superior) tiré todo por la borda y seguí a mi entonces amigo de entonces Eduardo De Simone, economista de peso hoy día, en los pasillos de la Facultad de Derecho, donde mi tío había sido decano. Curiosamente allí algunas veces me encontraba con Ubaldo Klix, pero preferí la amistad de Carlos Wagener, el argentino holandés, compañero de Ubaldo en el Liceo. En realidad veía la unheimlich cruz que cargaba el alemán y que hasta donde sé, no se ha podido sacar de encima ( ejemplo: es
soltero y gentleman), lo que me provoca una unheimlich simpatía, porque sé, básicamente, que el gran y muy grande Ubaldo debe enfrentarse a diario con el fantasma racial que le proyectan los otros, con los que trata y que estoy seguro, apenas lo dejan respirar, a modo de peronismo antieuropeo, digamos. Gran y sabio Ubaldo, sea lo que pase con su vida, se que su intervención en la mía, casi superficial, generó un lazo que valoro mucho.
¿Por qué te preguntarás, Gustavo, que use la palabra unheimlich, uncanny en inglés?
Se refiere en primer lugar a nuestro pelotón. Freud acotaría la palabra "unheimlich" (ominoso, siniestro, lo familiar vuelto extraño), ya que que era la primera vez que conocí a alguien de mi mismo y raro apellido y de nombre Jorge, la misma característica que encontraría en el ´77, cuando ya me habían echado y estaba en un colegio suizo, apellido y nombre de un nuevo amigo y su padre, quien tanto influiría en mi vida y fuera mi introducción super determinante al Psicoanálisis ( hoy día es de los mejores médicos psicoanalistas del mundo, desde New York hasta donde te imagines). Además contaba con vos, un compañero judío, cuando en todo el Liceo de 600 a 800 alumnos, los de origen judío serían contados con los dedos de una sola mano.
Ya había dejado mi huella en la institución militar secundaria que proveería de más oficiales en un año, nuestro año, en toda la historia del país.
Desde el ´80, al abandonar Derecho, entré al I.N.C.A.A., Instituto Nacional de Cinematografía y Artes Audiovisuales, para tener como superiores a Fabián Bielinsky, Director de "9 reinas" y a Gustavo Mosquera, Director de "Moebius"; y fui muy amigo de Víctor González que pronto se consagrará luego de una larga espera de más de veinticinco años.. También se destacaron Ana Fernanda Poliak, la bella petisa y Laura Búa. Aprendí a filmar, y bien, lo que pocos saben. Lo filmé al millonario pintor Nekludovsky cuando éramos amigos y apenas una promesa, trabajo que posiblemente él tenga y no me importa.
Si no seguí en cine es porque, de algún modo, el pasado o Dios, te cuidan y fue época de protesta ingenua, típicamente argentina.
La cuestión es que caí en Medicina. Año ´84. Vos terminabas la carrera y además dirigías el Movimiento Al Socialismo, M.A.S. (Trotzky), en el Centro de estudiantes. Fuimos juntos a las villas miseria de Ingeniero Budge y ninguno de los dos, hoy creo, entendía los verdaderos motivos de la realidad personal y la realidad social, salvo en un amplio sentido dickensiano, En aquel caso yo te busqué, como en el ´99, quince años después:´84 - ´99: ¿Qué me pasó, preguntarás? Me puse a sembrar, bajo la custodia de mi buena analista, posterior analista tuya, Doctora Norma Quembo,, lo mejor que tengo: cierta disposición para abstraer platónicamente, digamos, y a leer como una esponja ciencia médica y literatura universal. Me hice de una biblioteca de 2500 ejemplares, casi la mitad en inglés y francés, con mi pobre inglés de aquel entonces ( tercer año de la cultural inglesa) y mi fácil francés ( no en vano soy De Gregorio Lavié). En Marzo del ´88 tuve mi primer gran premio: Elizabeth. O sea. la intervención de mi analista, de las mejores del país, con quien al principio del tratamiento ( años ´83 y ´84) me analizaba seis veces por semana, daba resultado.
Trabajé como payaso de fiestas infantiles y también de bibliotecario de la Sala de Profesionales de Medicina.
En el ´90 filmé como protagonista el primer largometraje de Raul Perrone, famoso dibujante político del diario "El cronista", y caricaturista, que se pasó en el programa de Badía y se estrenó en el Instituto Goethe y del que pronto tendré una copia.
En el ´94 tuve mi primer indisposición psiquiátrica ( si no contamos con la del Liceo), tratada con la correspondiente paliza química de mi gran amigo, el famoso psiquiatra y psicoanalista Luis Gabriel Herbst, quién, entre otros regalos, me ofreció el enorme y mejor libro de Psiquiatría, el Kaplan Sadock. En esa época me recibía de médico, con 10 en Nutrición, y me fui a vivir como linyera, como vagabundo, a Ciudad Universitaria, Elizabeth me dejó hacer la experiencia sin ruptura y afrontaba los gastos cotidianos, luego de la tremenda sucesión de las muertes de cuatro parientes directos, incluido el padre, que tuvo una agonía de cinco años y nos destruyó.; ya que ganaba bien en tercer año de la Residencia Pediátrica.
´95, ´96, ´98: insistí con mi bajo promedio de alcanzar la Residencia Psiquiátrica, pero me conformaba con la Concurrencia. Pensar que en el exámen del ´95 no gané la Residencia por un puesto que me sacó un chileno marxista que se iba a ir a Cuba.
´95, me echan del Álvarez, por comprometerme demasiado con los pacientes de manera no ortodoxa. ´96 me echan del Ameghino por la misma causa. ´98, me canso de la especialidad, con la que quería pagar la formación de psicoanalista, en el Borda. Simultáneamente, desde el ´95, voy a a A.P.A. ( Asociación Psicoanalítica Argentina, la primera, la de los discípulos en vida de Freud) a lecturas básicamente freudianas muy bien difundidas y explicadas..
Luego voy claudicando, a pesar de la buena experiencia periodística con Nicolás Castro, una vez que Elizabeth y yo nos mudamos del pésimo bulín de Almagro, al lujo relativo de Caballito ( 28 metros cuadrados luminosos), entre análisis y tratamiento psiquiátrico, hasta que en el 2000 voy por segunda vez a Bariloche a pasar unos días en la casa de Horacio Herman, mitad hijo de un médico judío y mitad hijo de una española, que estudió cine conmigo en el I.N.C.A.A. entre el ´81 y el ´´83, hoy gran poeta, un poco obscuro por el antecedente de su hermano mayor desaparecido en el Proceso. Cuando vuelvo me voy del lado de Elizabeth y me hundo en Notorius C.D. Bar, enamorado de camarera bellísima, la chica más linda que haya visto después de la reciente Tatiana Goldfain. Fue para entonces que te llamé. El resto lo sabés o lo intuís.
¿Qué puedo decir del New Gustavo Luis? Que fuiste artesano en Roma y Venecia de máscaras venecianas; y que durante cuatro años europeos y de pelo largo, hiciste un montón de amigos y hasta conociste a la hija del famoso Arquitecto Neumeyer, el constructor de Brasilia y la Ópera de Sydney, y luego tu padre, ya solo, fue a vivir a España, permitiéndote tener la hermosa casa que ganó como buen odontólogo en Monte Grande, Suburbio Sur próspero, para especializarte en clínica y neumonología, esta última especialidad que no pudo prolongar lamentablemente la vida de tu madre asmática, que murió en tus brazos. Y tuviste el triunfo de casarte con Elizabeth Salomé, que te dio gemelas que ya están en la U.B.A., aunque vos estés en España con Silvana Pérez, ambas gemelas de nombre árabe gracias a que como sefaradí tu abuelo vino de Marruecos y ,además, les leíste completa cuando eran niñas
"Las mil y una noches", y también al prepúber Damián.
Descuento que como en "Los demonios" de Dostoievski, todo nuestro encuentro empezó en broma para volverse alevosamente trágico.
En cuatro meses ( me dejabas vivir en tu casa) nos reconocimos como perros algo liceístas resentidos y yo seguí buscando las huellas de nuestra adolescencia, porque vos tenías mucho prejuicio y venganza latente; y hablé varias horas con el ex Capitán Fernando Videla, nuestro compañero, el hijo menor del Presidente de treinta mil desaparecidos marxistas, aunque Fernando Gabriel era muy joven para participar de esa locura de la C.I.A., que fue héroe de Malvinas y dirigió dos veces un año del Liceo. El me contó la historia más verídica de Martella, que me inspiró mi segundo cuento en inglés, en Malvinas 1982.
Simultáneamente, cuando tus hijas tenían once años yo estaba locamente enamorado de ambas, al tiempo que te amenazaba de muerte, hasta terminar internado en el Hospital Alvear, también por amenazar, aunque por el caso de mi hermana y mi sobrina , que me mantenían a través de mi buen cuñado Roberto.
Vos, increíblemente, te apiadaste y tuviste la valentía de visitarme dos veces.
Ahora estamos haciendo una cuarta historia y creo que ésta es la verdadera. Titubeamos en respetarnos mutuamente en hacer literatura y aplicarla a algo filmable. Creo que vamos bien.
Desde el 2001 me has retornado al cine como Director y guionista con "Trampa para pajaritos”, muy de Cortázar, que fue difícil de lograr, pero no imposible.
Si algo sé después de veinticinco años de freudismo degregoriano aplicado es que más del 90 % de nuestra conducta está profundamente predeterminada en los más arduos rincones de nuestra historia y la de nuestros ancestros, y te diría que ya desde el nombre, médico neumonólogo, casi doctorado.
2009:Es mucho por contar lo que hemos hecho entre 2001 y 2009. Viniste en Octubre a Buenos Aires a ver a Nahiara y Yamila y Damián; y los tres son inteligentísimos: las gemelas preciosas en la U.B.A. con brillantes notas, una en Medicina y la otra en ciencias económicas y están hermosísimas.
Hemos hecho cuatro cortos más y ahora vamos por el primer mediometraje, tal vez largo, con actores profesionales y pagos de bajo presupuesto.
Sabés que soy mormón desde Agosto aunque todavía fumo y me están por publicar este libro en España. Yo puse el título a una de tus dos novelas guionadas para cine, "Ese padre no deseado", sobre suboficiales en tragedia familiar en el Proceso de Videla.
Y para terminar permitime agregar otra vez reminiscencias de los ´70.
¿ Cómo hacer, con toda la fortuna, toda la inteligencia, para pasar de la segunda infancia a la adolescencia.? Yo tuve mi primer eyaculación a los once años en el parquet de pino de piso del dormitorio en un departamento de dos ambientes de Barrio Norte en el que vivíamos mi madre, mi hermana menor y yo. Pasaba los sábados y domingos libres en cines o de tres películas y en la semana en el colegio infantil pupilo, unheimlich, terrorífico , con borrosas clases y borrosa misa y borroso campo de deportes. Era el monaguillo rubio que leía las Epístolas de San Pablo, fuertísimas y ardentísimas, al público de las seis de la mañana, y en mis ratos libres leía, casi de memoria , el Martín Fierro, y mis primeras novelas: Robinson Crusoe, Moby Dick, Ocho semanas en globo de Verne, Sandokan de Salgari y Colmillo Blanco, White fang de Jack London, además de sacar la basura del colegio en cajones de madera de fruta a la esquina del paso a nivel del tren Retiro- Tigre. Además de ir al cine los fines de semana me iba solo al Jardín japonés, que entonces no era privado, a pescar chanchitas y tarariras, que son unos peces muy espinosos y bastante feos, de fango ambiental. Y también iba con mi velerito “15 de Agosto” al piletón de media manzana junto al Museo Nacional de Bellas Artes, por ser la fecha de mi nacimiento y también, y ya lo sabía, la fecha de Napoleón Bonaparte, de quien me separan 149 años de su muerte y 191 años de su natalicio. Yo adoraba, amaba la vida de Napoleón, en la biografía de Emil Ludwig: era el petiso heroico que puso el mundo bajo sus pies y un estratega sólo comparable a Alexander Magnus y Iulius Cesar.
El velerito de madera de pino de veinticinco centímetros de eslora o de largo, pintado de blanco, con una franja roja horizontal al borde de la cubierta que sólo llevaba dos velas de tela era el resumen de mi soledad y desasosiego y de mis ilusiones de entrar bien, navegando y llegando a buen puerto a mi vida adulta. Quería tener un destino leonino "15de Agosto" suma de mis ambiciones y aspiraciones, y ese ser de madera del barquito, de "tocar madera" como se dice supersticiosamente a defenderse de la mala suerte, lo traspasé al papel de los cuadernos y libros de estudio, por ser derivados de la madera; Y , Ay, también me aficioné al papel del cigarrillo, que como dijo mi primer terapeuta es "hacerse humo” y según Elizabeth, "que me doy muchos humos" o ambiciones desmedidas.
Me recordaste, para terminar esta carta, que en la Academia Marque (año ´73) escribí un cuento sobre mi velerito que todos aplaudieron invocando al final ser un gran Marino de Guerra u Oficial de Tierra., ya que también estuve en febrero del ´74 en el Liceo Naval, compañero de Charlie Feiling.
Yo lo había olvidado. Ya entonces escribía bien.
Te agradezco, Gustavo Luis, Doctor Chocrón Schumacher, que me hayas recordado ese relato.
¿Qué será de nosotros? Le pregunto a Dios con humildad.
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Tengo que contarte que las personas con quien más en deuda estoy aparte de mi madre, son Borges, George De Gregorio, el psicoanalista porteño neoyorkino que se hizo famoso con sus psicoanálisis aplicados a películas como Kramer vs Kramer, Apocalypse now, The wall, El tambor, Hamlet, Atracción fatal, Hechizo de luna, Crímenes y pecados, Yo amo a Shirley Valentine, entre otras.; y a tu actual terapeuta, mía durante dieciocho años.