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Una chica colombiana murió en Punta Arenas |
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A la salud de Rosana |
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El cielo y el infierno no es nuestro lugar |
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Me llamo Graciela |
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Hija de un Kaibil |
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María Elena Walsh: Oda a los baños públicos |
vuelo, pero el humano acuciado penetra en
cuchitriles marcados con su sexo y cuyas

puertas jamás cierran, la madera hinchada
por el Diluvio, los pestillos robados desde el
tiempo de los malones.
Entre cariados azulejos y calamitoso
descalabro de artefactos, sortea en
penumbra la mugre secular y se libera,
condenado a pagar ominosamente su
su condición de escarabajo en un país que tiene
todos los climas.
La persona sin derechos humanos sanitarios
oprime un botón que debería expulsar las
aguas residuales y solo las reúne sobre
papiros recargados de inscripciones
arcaicas, y crece el mal por razones que
ignoramos, y es una inundación con propios
líquidos, con propio barro y propia nube
sólida (1).
El suplicio, como la muerte, elige a su
víctima sin distinción de clase ni de género,
entre nativos y turistas en lujosas
confiterías o terminales de suburbio, ¡en
escuelas y hospitales!, en teleemisoras que
convocan a multitudes, en estadios donde las
escaleras se convierten en cataratas de heces.
Alguien se asomó a un servicio en la
mismísima Casa Rosada, y el volumen y la
antigüedad de la cochambre le permitió
añorar la época virreinal, dotada de la noble
tradición del silicio de alivio.
Alguien tras recorrer en precario autobús
300 kilómetros de desierto patagónico, llegó
al refugio de Turismo, donde se erguía un

hediondo gabinete, solitario en el paisaje tan
publicitado y que no ofrecía consuelo de roca o material.
Centenares de sabihondos y suicidas se
internan en los toilets de los cafés de la calle
Corrientes, y los más animosos logran
sobrevivir.
Millares de madres con sus crías en parques
y recreos públicos descubren un aposento
que sí brilla pero por su ausencia.
en el país que desconoce la discriminación,
casi todo habitante es deportado alguna vez
a estos cubículos inevitables, no hablemos
del incapaz de ascender o descender las
gradas del averno.
Esto sucede en los bolsones de riqueza de
una nación del tercer mundo con tal alto
nivel cultural que sus funcionarios asisten a
congresos de Salud Pública donde:
a) Elaboran teorías sobre la orina de los
ángeles, b) costean risueñas campañas
contra las enfermedades infecciosas,
b) Desmienten que vayamos a importar
excrementos de origen versallesco.
Bienaventurados los peregrinos a Luján
porque conocerán la única ciudad
compasiva con las sustancias corporales.
Bienaventurados los incorpóreos porque
prescinden del común estercolero, espejo de
miserias mayores, indicio de alevoso
estancamiento.
(1) César Vallejo.
Buenos Aires, jueves 19 de diciembre de 1991,
diario Clarín, Argentina.
Dibujos de Carlos Besoaín.
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Marcela 25 |
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Mi credo |
Cómo ha pasado el tiempo. Ya son las cuatro de la mañana. Necesito imperiosamente una cerveza helada para volver a creer en todos ellos. En este momento quiero dar gracias a dios. De quien no creo. Ya que él tampoco cree en mí.
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El comienzo de Rubén |
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marcelo fox |
Por Yoel Novoa

Marcelo Fox como autor está olvidado, sin embargo su Invitación a la masacre cuando aparece por Internet, no baja de los 100 dólares.
Lo conocí como "el gordo Fox" y lo leí cuando Opium lo incluía en sus ediciones. Creo que jamás crucé una palabra con él, pero éramos ingredientes de una misma sopa: Nos convocaba el Di Tella, el viejo bar "Moderno" y las fiestas que por mediados de los sesenta sucedían en Buenos Aires y sus alrededores, donde casi mágicamente aparecíamos los mismos, la mayoría de las veces sin ser invitados y éramos recibidos como dioses. Esas "fiestas" fueron únicas. Viajando nunca vi algo semejante y cuando volví en el 78, todo eso había muerto.
Fox era un gordo abotargado, grandote, marítimo, que plantaba su presencia como un Buda indiferente. La mayoría de la fauna artística de entonces, decía de él: "Es un nazi de mierda". Cuando le preguntaron a los de Opium porqué lo publicaban (Opium una revista postulada anarquista), contestaron "Porque escribe bien".
Con el pasar del tiempo Fox era cada día más grande y gordo. Se sabía que biológicamente era prácticamente un niño, no se si habría superado los 20 mientras se inflaba majestuosamente.
Practicamente nadie le daba pelota. Ese prestigio lo obtuvo luego que Falbo Editores publicara Invitación a la masacre. Pero Fox no se inmutaba, asistía a los lugares del celo y se mostraba.
Si Fox hubiera publicado su libro luego de la experiencia del "Proceso de Reorganización Nacional" en Argentina, el libro hubiera tenido otro peso que el que tuvo. Pero cuando lo publicó, siquiera existían los montoneros.
No soy el indicado para descifrar los vericuetos mentales de Fox, no lo conocí, siempre lo vi de afuera.
O sea, todos los que nos veíamos y meneábamos en aquellas fiestas, éramos actores y público, y Fox también, creo, debió llevarse una imagen mía similar.
Durante aquellos días, Fox empezó a aparecer de la mano con una mujer, La Negra, una doctora en letras, artista plástica del puta madre y hermosa como una pantera. La Negra había sido mujer de Massotta y luego de un período lesbiano se interesó sexualmente por los marginales masculinos. Ahí recaló en Fox.
Entonces Fox adelgazó. Esa mole centenaria en kilos, se convirtió en un esbelto adolescente abrazado a una de las mujeres más importantes de aquella época.
Luego las imágenes se esfuman y un día: "¡Fox se mató!". "¿Como?". "Se suicidó"...
No sé si cuando Fox concretó esa maniobra, tendría 22 o 23 años...
fragmento de Invitación a la masacre aparecido en el libro Canto a la destrucción de juan-jacobo bajarlía, Ediciones Puma, 1968, Buenos Aires, Argentina.
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Textos
Invitación a la masacre
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