Ella me dice que es imposible. Que no puede ser. Qué cómo. Pero me estás mintiendo dice Javiera. ¿O es que acaso ahora te las quieres dar de escritor maldito? Escribes en un blog y quieres impresionar día a día. Ya no hay ideas en tu cabeza. La verdad que nunca tuviste una buena idea. Sólo pequeñas historias de mierda que nadie cree. Que nadie lee. Quieres convencerme a mí con esta historia que acabas de contarme. Que yo te crea. Yo no soy la lectora típica de tu blog. Yo te conozco. Te conozco desde la época en que no escribías. Cuando eras futbolista. Nadie como yo sabe que siempre fuiste un buen chico. Un buen chico antes de ahora. Antes que empezaras a escribir. A mí no me vengas con esa. De la noche a la mañana no puedes haber cambiado. Cuántos años hace que nos conocemos. Dime. Cuántos. No puedes ser tan bestia. Tan mala persona. Tan hijo de puta. No puedes decirme a mí. A mí. Que te conozco como si te hubiera parido. Que asistió a todos tus cumpleaños. La verdad que no soporto. De ninguna manera. En absoluto. No soporto que vengas y me digas que un día te acostaste con tu madre.
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En la sala 23 para mayores de 40 |
El Chino conoció a Rosemary en un Chat de Latin Chat. En la sala 23 para mayores de 40. La misma noche que la conoció se asilaron en el Messenger. Me lo contó el Chino. Un poco gordita me dijo, cuando la vio en video chat. Pero dulce, linda y muy simpática. Siempre me tenía al tanto de Rosemary. Rosemary era de Santiago de Chile. El Chino de Punta Arenas. Rosemary trabajaba en un banco. Rosemary era madre soltera. Rosemary estaba resfriada. Rosemary viajó a Buenos Aires. Rosemary se fue de compras. Rosemary estaba indispuesta. Cuatro meses de messengeo constante. El Chino juntó aplomo, decisión y dinero. Compró su pasaje a Santiago. Por fin conocería a la dulce, linda y simpática Rosemary. Yo lo acompañé al aeropuerto. Le llevaba de regalo productos típicos de la zona. Queso de oveja, jam de ruibarbo y dulce de calafate. En Santiago compraría un ramillete de rosas holandesas. También le regalaría aquel CD de Alex Ubago que juntos solían escuchar por Messenger. El Chino, luego de conocer a Rosemary, volvería a la ciudad el 10, partió el 5. Lo volví a ver el 15. Lo vi triste, como antes de conocer a Rosemary. En la sala 23 para mayores de cuarenta.
Nos juntamos en el bar Copelia weon, cuando de repente vi venir a una enana weon, que venía sonriendo hacía mí weon, me dijo "Hola" weon, una enana de un metro treinta weon, y sabes lo que me dice la enana weon: "¿Nunca te conté que era chiquita?" Nunca me contó eso la enana culiá weon. Estuve dos minutos y me mandé a la mierda weon. Me gasté 250.000 pesos weon.
La verdad que en ese momento no me reí. No tenía porqué hacerlo. Me dio pena realmente. Me dio pena por Rosemary. De esto hará cinco meses. Todavía me estoy riendo.
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Soy el amor de tu vida |

Una vez conocí a una feminista. Yo era feminista. Una vez conocí a una chica que le gustaba el pescado frito. A mi también. Una vez conocí a una mujer que le encantaba toda la década del ochenta. Fue lejos la mejor época, le dije. Conocí a una militante de izquierda. Inmediatamente me convertí en el Ché. Cristina había descubierto el jazz. Loca por el jazz. Me hice adicto al jazz. Jazz mañana, tarde y noche. Sobre todo Miles Davis. A ella le encantaba. A mí también. Leonor se había adscripto a Greenpeace. Inmediatamente me hice acólito defensor de las ballenas azules, blancas y amarillas. En el bar Melissa conocí a la francesita Michelle. Me la presentó Bruno. Ella es Michelle, le gusta el cine negro. Estuve toda la tarde hablando de cine negro con Michelle. Luego conocí a Susan. Susan -americana de Cincinnati- había venido a la Patagonia por un doctorado en aborígenes australes. Yo soy tataranieto del último aborigen. Me convertí en su mejor guía. Nadie sabía tanto sobre el tema como yo. Conocí a Ramona amante de los caballos. A Lucía fotógrafa. A Verónica cirujana. A Valeria folklorista. A Marta que trabajaba en una financiera. A Rebeca cocinera. A Javiera profesora. A Ernestina filósofa. Me transmutaba perfectamente. Yo era amante de los caballos. Yo era fotógrafo. Yo cirujano. Yo folklorista. Yo sabía más que nadie sobre el sistema financiero internacional. A Rebeca le enseñé la cazuela de congrio. No la de Neruda que es una mierda, sino que la verdadera y ancestral cazuela de congrio. Yo profesor. Yo filósofo. Yo el perfecto Zeitgeist mejorado Yo el tipo que se acostó con todas ellas. Y que por un instante fue todo lo que ellas desearían que fuera. Yo. El gran hijo de puta.
Ilustración Javier Molinero
Blog de Javier
Ilustración Javier Molinero
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En el casino de Puerto Natales |
Me llama Martín y dice que llegó al pueblo. Martín llegó al pueblo. Nosotros le decimos ciudad al pueblo. Pero eso es otra historia. Otra histeria. Martín es mi amigo y jugador de póker aficionado. Aficionado absolutamente a jugar al póker. Me cita en el casino. Voy. Apenas lo veo me dice que pida un trago. Que pida lo que quiera. Que él está en la mesa de póker del fondo. Que está ganando. Me reitera que pida lo que quiera. Miro la mesa del fondo y veo a mi vecina Naty con su comadre, tres tipos que no conozco, un argentino con la camiseta de su selección y también veo a Spiro con el croata Pivcevic.
La verdad que Martín no me dio tiempo a nada. No pude contarle sobre el documental. De la repentina muerte de Yolanda. De mi viaje a Portugal. Ni de mi nuevo libro publicado por Mondadori. Desde la mesa de póker del fondo veo a Martín levantar su copa y brindar. A lo lejos brinda conmigo. Yo levanto mi copa y brindo con él. A los lejos. Termino de tomar mi Manhattan. Llamo a la chica y le pido una Margarita. Voy donde Martín y le pregunto si quiere un trago. Trago que pagará Martín. Me dice que una Coca Light. Lo pido y se lo llevo. Me dice bajito que esta noche tiene una suerte endemoniada. Que está ganando 200 euros. Vuelvo a mi mesa. Volvemos a brindar a lo lejos. Qué haces acá me pregunta Fabián, que llega con su pareja. Le respondo que acompaño a Martín. Le pido que me acompañen y les ofrezco un trago. Yo pido un Metropolitan. Vuelvo donde Martín y le digo que está Fabián y su pareja en mi mesa y que les ofrecí un trago. Me dice que no hay problemas. Que él paga. Que hasta el momento lleva ganados 300 euros. Vuelvo a la mesa.
Aparece Néstor con su pareja. La última vez que vi a Néstor fue en el mundial del 86, en México. Nos abrazamos y casi lloramos. Le presento a Fabián y su pareja. Los invito a mi mesa y les ofrezco un trago. Yo pedí un Pisco Souer, 3 partes de pisco de 35%, 1 parte de jugo de limón recién exprimido y azúcar y hielo a gusto. Arrimamos dos mesas a la mía, la verdad que era una noche encantadora. Risas, chistes y moralejas. Estaba desechando la idea de que el casino es un lugar falso y lúgubre. A lo lejos brindaba con Martín.
Luego llegó Alejandro. No podía creer que estuviese allí. Hacía apenas una semana me había mandado un correo de Chicago. Es una sorpresa Hugo, me dijo. Toma lo que quieras le dije. Pidió un Alexander Calúa. Esto ya se había convertido en el camarote de los Hermanos Marx. Pedí un Tequila Sunrise. Todos los que no habían pedido, pidieron. Una noche maravillosa. Sentí que era mi noche. Hasta recité un par de poemas. El de la rana que murió de amor y el del día que conocí a Anaïs Nin. Me olvidé de Martín cuando Fabián dijo que fuéramos a su casa a terminar la noche.
A la mañana siguiente desperté con un dolor de cabeza esperpéntico y con el teléfono sonando. La puta madre pensé, quién mierda llama a las tres de la tarde de un día domingo. Era Martín. "Hijo de puta, de la puta madre que re mil parió, dejaste una cuenta en el casino de 400 euros que tuve que pagar, más los mil que perdí, te voy a matar la concha de tu madre". Corté.
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En los Canallas del 43 en mitad de la 35 |

Yo se le dije en broma. Lo juro: "Las canciones románticas terminarán con nuestro amor". Se lo dije riéndome. Ella también río de buena gana. Todos los viernes la pasábamos en el karaoke del Canalla del 43. Y siempre era lo mismo. A ella le encantaban las canciones románticas. Siempre eran las mismas canciones. La 22, la 28, la 35 y la 47. Jeanette, Roberto Carlos, Julio Iglesias y José José. Andrea era la mejor. Ella lo sabía. Se preparaba. El lunes elegía su atuendo. El martes los zapatos. El miércoles el collar. El jueves ensayaba. El viernes el peinado. Siempre al partir para el karaoke, Andrea se tomaba tres medidas de ginebra. Ella decía que la ginebra actuaba en dos frentes. Le aclaraba la voz y la desinhibía. Y aquel viernes 23 de enero a las 23 horas, estábamos allí. La 22 fue genial. En la 28 el local se vino abajo. El dueño le trajo un trago de atención del local. En mitad de la 35 cayó desplomada. El doctor del pueblo dijo que fue un ataque masivo al corazón. De esto hace un año. Ayer fui con un grupo de amigos a visitar su tumba. El petiso Iturriaga había terminado el trabajo que le encomendé. Una placa de bronce: "Las canciones románticas terminaron con nuestro amor".
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La loca del 14 de febrero |
Como todos. He sido afortunado y desafortunado en el amor. También en otras cuestiones que no vienen al caso. Lo cierto es que cuando ella me dejó, me vi sumergido en un colapso traumático. El infierno y el bombardeo a Irak no era nada. Absolutamente nada. Comparado con el dolor de haberla perdido. Implicaba que aquello que amaba había dejado de hacerlo. Pero ella me convenció. Me convenció que el término de nuestra relación, había sido por mi culpa. Que después de haber probado la cicuta. De bajar del Olimpo de la decepción. De haber tomado miles de litros de alcohol para, tontamente, amenguar el dolor. Que después de querer matarme. De noches y noches sin dormir. De tomar pastillas y más pastillas de todos los laboratorios del mundo. Me convenció que yo tenía la culpa. Yo tenía la culpa. Porque nunca fui lo suficientemente atento con ella. Porque nunca estaba cuando ella "me necesitaba". Porque pataplin y pataplan. Yo era el culpable de que ella me dejara. Y si yo sufría era porque era (no valga la redundancia), un soberano pelotudo. Ella me dejó porque yo nunca, pero nunca, pero nunca; le regalé una rosa el 14 de Febrero. Al final la ghicha me convenció. Yo era él culpable. Tarde me enteré que le decían "la loca del 14 de febrero".
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La gira de Dios |
Era la primera vez que Dios llegaba a Puerto Natales. Una camioneta con altoparlates anunciaba su presentación. Actuaría en el gimnasio local. Todo el mundo revolucionado con la llegada de Dios. La verdad que si me dieran a elegir, preferiría ir a ver a los Rolling Stones. Gente que llega al almacén me preguntan si voy a ir a ver a Dios. Les digo que no puedo. Que debo mantener el negocio abierto. Que debo pagar algunas facturas. Pagar mis impuestos. Me dicen que todo el mundo va a ir. Que nadie vendrá a comprar al almacén, que el pueblo estará en el gimnasio local. No importa, les digo, alguien puede venir. La cita era a las nueve de la noche. Un cuarto de hora antes de las nueve, entra Dios al almacén. Inmediatamente lo reconocí. Un tipo inconfundible. Lo atendí como a cualquier otro cliente. En aquello soy intransigente. Atiendo a todos por igual. Pidió cigarrillos, una caja de vino, pan, medio kilo de tomates y un desodorante. Mientras lo atendía me comentó que él también tenía un almacén. Un poco más grande que el mío. Que la crisis también lo había afectado. Que cada vez menos gente llegaba a su almacén. La verdad que fue muy amable. No el tipo osco, déspota y lejano como comentaban por ahí. Pienso que tuve suerte de no ir. Su compra por pequeña que haya sido, me sirvió.
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La vida es bella |

Es que no me gusta Arjona le digo. Dime porqué no te gusta Arjona, insiste Jhoana. No me gusta y punto. No te gusta y punto ¡qué lindo no! me dice, y no das ninguna explicación del porqué no te gusta, sólo que no te gusta y punto. Le digo que lo encuentro tonto, presumido, maricón, gilipollas, pinche, cabrón, hijo de la gran chingada. El que está con Jhoana me pregunta si estoy loco. Que no hablo de sus canciones, de su música. Que yo debo tener el gusto como el culo. Que Arjona es el mejor cantautor que ha dado América Latina. De las cinco mesas del bar se escuchan voces a favor y en contra. Jhoana me dice: "mira lo que has armado sólo porque no te gusta Arjona". Le digo que yo no armé nada, que solamente le di mi parecer a su pregunta de si me gustaba Arjona. El que está con Jhoana dice que soy una mierda y que mi opinión me lo meta por ahí. Salen en mi defensa Spiro y Bruno que están sentados en la mesa que está al lado del baño. Dicen que se dejen de joder, que a no todo el mundo le gusta Arjona. Un marinero que está sentado en la mesa que da a la calle, le dice a Spiro que por qué se mete, que nadie le dio vela en ese entierro. La dueña nos dice a todos que bajemos la voz, que en cualquier momento puede llegar la policía. Que son las cinco de la mañana. Veo que Bruno se trenza a puñetazos con el marinero y un amigo de éste. Que los de la mesa del centro salen en defensa de Bruno. Jhoana y el que está con ella salen en defensa del marinero. Le digo a la dueña del bar que mañana le pago. Me voy. Desde la esquina escucho la batahola. Llego a mi casa y escucho a Haendel, Oda para el cumpleaños de la Reina Ana. Fumo un puro que me trajo Pamela de Cuba. Pienso que la vida es bella.
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