Afuera ladran los perros. Cae la nieve. La panadería de enfrente sigue con los parlantes y la música. La música más horrible del mundo. Es medianoche ya. Le pregunto a Nicole Kidman qué quiere beber. Me dice lo que tu quieras mi amor. ¿O prefieres que nos vayamos a la cama? De nuevo me dice lo que tú quieras mi amor. Y qué tal si salimos a caminar por la nieve. Nuevamente. Lo que tú quieras mi amor. ¿Te gustaría que te recite mi último poema? Podríamos ir a la panadería de enfrente y decirles que se callen. ¿Y si vamos al casino? ¿La ópera? ¿Y si hacemos el amor? ¿Qué te parece un viaje? ¿Tener un hijo? ¿No te gustaría volver a Australia? ¿Un caramelo de menta? ¿Una noche en Catoira? ¿Salir a la carretera? ¿Te apetece Barcelona? Borges. ¿Te gustaría leer a Borges? Ya sé. Un nuevo Lamborghini. Su respuesta es siempre la misma. Quién mierda me mandó a involucrarme con esta tía.
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El Pato, la renga y la sobrina de mi tía |
Viene El Pato y me dice que La Renga quiere conmigo. Bueno le digo, no hay problemas. Si La Renga quiere conmigo que venga y me lo diga. Por la tarde viene La Renga. Oye Hugo me dice, yo quiero contigo. Bueno renguita le digo, cariñoso, no hay problemas. La hago pasar a la pieza del fondo y le doy su merecido. Al irse me da las gracias. Le digo no hay de qué renguita. Que para qué están los amigos. Me dice que eso es lo que le dice al Pato. Pero que el Pato no entiende. Ya que nunca le quiere hacer el favor. Más tarde viene el Pato y me pregunta si vino La Renga. Le digo que sí. Que vino. Que debería ser menos cruel. Que La Renga también quiere con él. Que debería ser más comprensible. Pero es la hermana de mi madre, me dice. No puedo hacer eso. Le explico. La otra vez vino tu madre, que es la sobrina de mi tía y yo no me hice ningún problema. El Pato por fin entiende.
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Las locas borrachas |
Este año nuevamente me tocó abrir el NatalesPartyHardcore en su séptima versión. Lo que yo hago es calentar el ambiente. Después vienen los otros chicos. La otra historia. Como siempre en el bar de Bruno. Un centenar de mujeres locas y ebrias. La música industrial a todo volumen. Las luces girando. Territorio liberado. Este año la hice de gladiador. Por ambos lados de la pasarela las chicas tomando tragos y gritando. Desaforadamente. Tierno y rudo a la vez. Me paseo con prestancia de un lado a otro de la pasarela. Tiro el sayo rojo sobre la cabeza de Virginia Wolff. Le entrego mi escudo de armas a Victoria Ocampo. Mi tridente va a parar a las manos de Simone de Beauvoir y el casco se lo doy a Susan Sontag. Giro sobre mis talones. Todas quieren sacarme el taparrabos. Sé que debo caminar rápido por la pasarela. Un breve cambio de ritmo y saco lentamente mi camiseta de hilo. Gritos y susurros. El ambiente está caldeado. De nuevo el ritmo frenético. Veo a Anaïs Nin más loca que nunca. Rosa Luxemburgo totalmente borracha. Alejandra Pizarnik mostrando las tetas. Abrazadas veo a Gabriela Mistral con Doris Dana. La yegua loca de Rosalía de Castro está a más no poder. Más allá la tonta de la Storni. Delmira Agustoni que me hace gestos obscenos, más borracha que nunca. Todas quieren tocarme. Todas quisieran poseerme. Soy su objeto del deseo. Y yo lejano. Orgulloso. Incansable. Inalcanzable. De ida y vuelta. De un lado a otro. Giro y giro. Se sube Marguerite Yourcenar con una silla de plástico amarilla. Se sienta. Yo me siento encima de ella. A horcajadas. Toca mi pecho. Se mueve. Me muevo a su ritmo. Todas gritan. La bajo de la pasarela. Se pone histérica. Trastabilla. Se cae. Completamente borracha. Veo entrar a Marianne Moore junto a Sylvia Plath. Esas tías son de temer. Ya en versiones anteriores me causaron problemas. Es que cada año las mujeres están absolutamente descontroladas. Pero este será mi último año. Lo juro. Se apagan las luces. Cambia la música. Me retiro. Entran los efebos. Desde la calle aun puedo escuchar los gritos de las locas borrachas. Tomo un taxi. Llueve.
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Sucinta biografía de Alessandro Rambaldini |
Ustedes conocen casi todo de mí. Y un poco más. Incluso algunos me conocen personalmente. Otros a través de Google, la filatelia o del horóscopo chino. Pero esta no la tienen. Qué va. Imposible. Les cuento. Me llamo Alessandro Rambaldini. Hijo y nieto de marinos genoveses. Mi abuelo llegó a Puerto Natales en la década del treinta con mi padre aun pequeño. Crecí en medio de barcos que mi abuelo, mi padre y yo construimos. Además de marino, mi abuelo fue domador de caballos. Mi abuelo enviudó y se volvió a casar con una princesa kaweskar. Luego trabajó en las minas de carbón de Río Turbio. En los lavaderos de oro en Tierra del Fuego. Combatió en la Segunda Guerra Mundial. Regresó a Puerto Natales en donde murió el 5 de julio de 1951. Yo no le llego ni a los talones a mi abuelo. Él era verdaderamente un grande. Un pionero. En alta temporada yo trabajo en turismo. Esta historia se las cuento a las gringas con las cuales me acuesto. En temporada baja, soy Nano, el almacenero de la esquina. Nieto e hijo de nadie.
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El día que Ruth conoció a Hans |
Abro el Word y quedo en blanco. Tengo ganas de escribir. Sé que tengo ganas de escribir. No sé qué escribir. Y estoy allí unos minutos. En blanco. Escucho música. Fumo. Miro el Word en blanco. Y no se me ocurre nada. Nada. Tengo ganas de escribir y no se me ocurre nada. Y pienso en un hecho circunstancial. Por ejemplo; cuando mi padre dijo que no era mi padre. Pienso que es una buena historia. Pero ya la conté. La podría escribir de nuevo. Una segunda versión. Remozada. Mejorada. Como para comenzar a escribir. Pero no. Luego pienso en Jimena. Jimena se acostó con mi mejor amigo. No digo que me haya engañado. Hacía muchos años que había terminado con ella. Pero igual fue un incordio. Fue como revelar secretos de Estado. Podría escribir sobre Jimena. Luego pienso que no vale la pena escribir sobre Jimena. El Word sigue en blanco, la música sigue sonando, los puchos avanzando. El Word en blanco. Y tengo ganas de escribir. No se me ocurre nada. Pienso que se acabaron las ideas. Inmediatamente al pensar que se me acabaron las ideas, pienso en Ruth. El día que Ruth me dijo que me iba a contar su historia. Ruth fue violada por su padre y su hermano. Me dijo que me iba a contar su historia. Su historia de cuando conoció a Hans. Fue en Río Gallegos. En la calle Roca. El día más feliz de su vida. Comienzo a escribir la historia de Ruth. Del día que Ruth conoció a Hans, en Río Gallegos, en la calle Roca. Tocan el timbre. Es Ruth. Me dice que es el peor día de su vida. Que terminó con Hans. Le digo que esa sí es una buena historia. Tira un cenicero sobre un cuadro de Cortázar, me putea y se va. Escribo.
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Tomé el bus de la siete y media |
Y estaba ahí en el bar. En el bar de Punta Arenas. Y la chica me mira. Se acerca. Me pregunta de dónde soy. Le digo que de Montreal. No te creo me dice. Le pregunto de dónde es. Me dice que de Punta Arenas. Le digo que no le creo. Me pregunta si soy casado. Le digo que no. No me cree. Le pregunto si es soltera. Me dice que no. No le creo. Me pregunta si tengo hijos. Le digo que sí. No me cree. Te puedo decir tantas cosas sobre ti que quedarías pasmada. Le digo esto y sonríe. No me cree. Sé que te llamas Nancy. Bueno… dice; todo el mundo que viene aquí sabe que me llamo Nancy. Es la primera vez que entro acá, le digo. No me cree. Te lo juro le digo. Es la primera vez que entro acá. Me pregunta qué más sé de ella. Que te llamas Nancy. Nancy Aguilera Sandoval. Que tienes 22 años. Que naciste en Puerto Porvenir el 15 de marzo de 1987. Me mira con cara de asombro y disgusto. Ya sé, eres policía, me dice. Le digo que no. Le entrego su cédula de identidad y le cuento que acabo de encontrarla al ingresar al local. Me agradece. Pago y me voy. Me voy sin decirle que conocí a su padre y a su madre. Tomé el bus de la siete y media. Me olvidé de esta historia.
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Thriller |
Mi hijo dice que está seguro. Que ya lo ha visto antes. Que es su estilo. Va a esperar hasta el último minuto. Dice que no sabe cómo la gente no se ha dado cuenta. Que todo está preparado. Que bajará de un helicóptero en llamas. Mientras 100.000 integrantes del ejercito ruso en traje de gala, avanzarán por la Avenida. El helicóptero se posará sobre el Staples Center y será el concierto más espectacular y extraordinario del mundo. Todo esto ante la atónita mirada de mil millones de espectadores del mundo entero.
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El mejor poema del Mundo |
Sabes que este poema es para ti. Eso lo sabes. ¿lo sabes? Este poema es para ti. Es que tengo que escribirlo ¿sabes? Y no me animo. No sé cómo empezar sin ser cursi y caer en lugares comunes. Y hablar de la Luna. El mar. De mi abrigo largo. Ese montón de elementos que riman. Quisiera convertirme en Hugo Vera Miranda. Ser él quien te escriba el poema. ¿sabes que nunca me gustó Hugo Vera Miranda? Pero él te podría escribir un buen poema de amor. Yo en cambio… ¿Qué te puedo escribir? ¿Qué te amo? ¿Qué todo el puto día pienso en ti? ¿Qué tu rostro se me aparece en las latitas de café? En las tres luces del semáforo. En el cielo de la Patagonia. No sé cómo empezar el poema. Este poema. He de consultar con gente del pueblo. He de consultar quién escribe poemas. Para encargarle uno. Uno que sea el mejor poema del Mundo. Luego pienso que debiera escribirlo. Que yo debería escribirlo. Pero no me animo. Que mi poema sería cursi. Que caería en elementos que riman. Que hablaría de la Luna. Del mar y de mi abrigo largo. Entonces lo postergo. Me digo que un día escribiré un poema. Un poema para ti. Un poema que sea el mejor poema del Mundo. Que hable de ti y de mí y de nuestro primer encuentro. Cerca de la luna frente al mar.
Canción: De momento Abril. La bien querida.
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La caja negra de Susan |
Después de mucho buscar, se encontró por fin la caja negra de Susan. Se emplearon ingentes y cuantiosos recursos para dar con ella. Allí estaban grabadas los últimos veinte minutos de su vida. En el primer minuto se escuchan sirenas de policía, tráfico en la ciudad y el voceo de un vendedor de diarios. Nada rescatable.
- Susan: Hoy quedé con Henry en juntarnos a comer a las ocho.
- Victoria: ¿No era que hoy estabas comprometida a juntarte con Michael?
- Susan: Nunca te dije que me juntaría con Michael. ¿O acaso no sabes que con Michael ya todo acabó?
- Victoria: Recuerdo perfectamente que me dijiste que te juntarías con Michael.
- Susan: Estás equivocada. Bueno te comento que esta noche me juntaré con Henry. Después te cuento. De seguro pasaremos una velada espléndida. Se despiden.
Bocinas de auto, murmullos de gente que habla, ladrido de un perro. Se abre una puerta. Damien Rice cantando Delicate. La voz de una mujer diciendo "la veintidós al fondo Susan, al lado de la puerta".
- Peluquera: ¿Cómo estás Susan? ¿El mismo color, el mismo brillo, el mismo peinado? ¿Quieres que te hagamos un peeling?
- Susan: Todo igual cariño. El peeling para otro día. Lo tuyo es arte amor. Me entrego a ti. Me abandono a ti. Soy tuya por veinte minutos. Nunca le dedico tanto tiempo a un hombre. Pero sí a mi peluquera. Para la próxima semana quiero un body painting. Son ustedes las mejores.
- Peluquera: Gracias Susan. Estamos encantadas contigo. Te damos lo mejor. La mejor atención es para ti cariño.
- Manicura: Hola Susan. Bellas manos para la más bella de las princesas. Me encanta atenderte cielo.
- Pedicura: Qué tal Susan. Estás bellísima hoy.
- Dueño del local: Hola Susan. Ya viene por ti el Silver tips. Te damos lo mejor. Te lo mereces.
- Susan: Mis últimas vacaciones fueron maravillosas. Llevé a los niños a Lech, Austria. Fue alucinante. Ellos nunca habían estado en la nieve y la verdad que pasamos dos semanas preciosas. Nos hacía falta. Sobre todo a los niños.
- Manicura; Lleváis una vida preciosa. Nos alegramos por ello. Es que eres verdaderamente sensacional Susan.
- Pedicura: Nuestros hijos son la parte más importante de nuestras vidas. Aquello que hace que nos levantemos por la mañana.
- Susan: Cuanto hay de cierto en lo que dices. Fueron un par de semanas de ensueño.
- Manicura: Ayer vi a Robert por la televisión. Ese buenmozo que venía a dejarte.
- Susan: No lo he visto en estos últimos cuatro meses. Todo terminó entre nosotros. A veces me llama. Somos buenos amigos. Él no era para mí. Yo no era para él.
- Peluquera: Es lo que me pasó con Joseph. Yo no era para él y él no era para mí. Él se fue con mi amiga Dorothy. Yo me fui con su amigo Francis.
- Dueño del local: Su Silver tips Susan. La mejor atención para la flor más bella.
- Susan: Gracias Phil. Siempre tan atento. Gracias.
La conversación gira interminablemente en aquellos términos. Rebaja de saldos. Obituarios. Cumpleaños. Comida étnica. Chismografía variada. Y una pasada de Cartier. Gucci y Armani. Luego Susan se despide de la peluquera, la manicura, la pedicura y del dueño del local. Se escuchan sus pasos. Luego se interrumpe la grabación.
- Susan: Hoy quedé con Henry en juntarnos a comer a las ocho.
- Victoria: ¿No era que hoy estabas comprometida a juntarte con Michael?
- Susan: Nunca te dije que me juntaría con Michael. ¿O acaso no sabes que con Michael ya todo acabó?
- Victoria: Recuerdo perfectamente que me dijiste que te juntarías con Michael.
- Susan: Estás equivocada. Bueno te comento que esta noche me juntaré con Henry. Después te cuento. De seguro pasaremos una velada espléndida. Se despiden.
Bocinas de auto, murmullos de gente que habla, ladrido de un perro. Se abre una puerta. Damien Rice cantando Delicate. La voz de una mujer diciendo "la veintidós al fondo Susan, al lado de la puerta".
- Peluquera: ¿Cómo estás Susan? ¿El mismo color, el mismo brillo, el mismo peinado? ¿Quieres que te hagamos un peeling?
- Susan: Todo igual cariño. El peeling para otro día. Lo tuyo es arte amor. Me entrego a ti. Me abandono a ti. Soy tuya por veinte minutos. Nunca le dedico tanto tiempo a un hombre. Pero sí a mi peluquera. Para la próxima semana quiero un body painting. Son ustedes las mejores.
- Peluquera: Gracias Susan. Estamos encantadas contigo. Te damos lo mejor. La mejor atención es para ti cariño.
- Manicura: Hola Susan. Bellas manos para la más bella de las princesas. Me encanta atenderte cielo.
- Pedicura: Qué tal Susan. Estás bellísima hoy.
- Dueño del local: Hola Susan. Ya viene por ti el Silver tips. Te damos lo mejor. Te lo mereces.
- Susan: Mis últimas vacaciones fueron maravillosas. Llevé a los niños a Lech, Austria. Fue alucinante. Ellos nunca habían estado en la nieve y la verdad que pasamos dos semanas preciosas. Nos hacía falta. Sobre todo a los niños.
- Manicura; Lleváis una vida preciosa. Nos alegramos por ello. Es que eres verdaderamente sensacional Susan.
- Pedicura: Nuestros hijos son la parte más importante de nuestras vidas. Aquello que hace que nos levantemos por la mañana.
- Susan: Cuanto hay de cierto en lo que dices. Fueron un par de semanas de ensueño.
- Manicura: Ayer vi a Robert por la televisión. Ese buenmozo que venía a dejarte.
- Susan: No lo he visto en estos últimos cuatro meses. Todo terminó entre nosotros. A veces me llama. Somos buenos amigos. Él no era para mí. Yo no era para él.
- Peluquera: Es lo que me pasó con Joseph. Yo no era para él y él no era para mí. Él se fue con mi amiga Dorothy. Yo me fui con su amigo Francis.
- Dueño del local: Su Silver tips Susan. La mejor atención para la flor más bella.
- Susan: Gracias Phil. Siempre tan atento. Gracias.
La conversación gira interminablemente en aquellos términos. Rebaja de saldos. Obituarios. Cumpleaños. Comida étnica. Chismografía variada. Y una pasada de Cartier. Gucci y Armani. Luego Susan se despide de la peluquera, la manicura, la pedicura y del dueño del local. Se escuchan sus pasos. Luego se interrumpe la grabación.
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Julieta no responde |
¿Qué quieres hacer de lo nuestro amada mía? ¿Una de Ingmar Bergman tortuosa? Dime. ¿Eso quieres? ¿Quieres un poco de melancolía en tu vida? ¿Te falta algo de tristeza definitiva? ¿Un diluvio de rencores y amaneceres de espinas? ¿Quieres acaso que te lleve al cadalso? Dime por favor qué mierda quieres. Un tren de frente. Un libro de Paulo Coelho. ¿Quieres algo de cicuta? ¿Morir en Calcuta? ¿Quieres que te compre mandolinas? ¿Quieres un vino del Duero con denominación de origen? ¿Una mañana en Puerto Natales? ¿Un sombrero de charro mexicano? ¿Un diamante africano? ¿Quieres un africano? No sé lo que quieres. Sé que lo que quieres lo quieres ya. ¿Mi alma? Te la regalo. Dios no lo necesita. Yo tampoco. Entonces dime qué es lo que quieres. ¿Mi vida? ¿Quieres mi vida? Ella no vale mucho para mí. Te puede llegar a servir. A mí me dio muchos dolores de cabeza. Dime. Dime definitivamente qué quieres. Suelto mis manos de su cuello. No responde.
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