El día antes de morir, vino a comprar. Una lata de cerveza, una mata de lechuga, un helado, un kilo de pan, 200 gramos de jamón. Hablamos del clima. De cosas sin importancia. De datos inútiles. Al día siguiente me pregunta Isabel si estoy enterado de que Rosa se murió. Le pregunto cuál Rosa. Me dice que la que vive enfrente de Don José. Le digo que no puede ser. Que ayer vino a comprar. Que no puede ser. Le comento que hablamos del clima. De cosas sin importancia. De datos inútiles. Me dice que fue un ataque fulminante. Pongo cara de desolación. De tristeza. De no entender. Recuerdo que le cobré de más.
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Vida de novela la novela de mi vida |
Ya basta. Debo escribir una novela. Escribiré una novela. Mi vida por una novela. La novela de mi vida. Esa novela tendrá que ver con el día que descubrí, que mi padre no era mi padre. Que mi madre no era mi madre. Y que nací un día nublado. Entonces. Debo escribir una novela. Si no escribo una novela nunca seré escritor. Me lo han dicho. No vale que haya publicado un libro de poemas. Que escriba en un blog de Blogspot. Que me publiquen en un diario de provincia. Si no he escrito una novela, no soy escritor. No soy nadie. Entonces me decidí. Comencé a escribir una novela. Y en eso estoy. Escribiendo una novela. Mi novela. Autobiográfica. Es mi novela. La novela. La novela de mi vida. En mi novela me llamo Jesús. Es que me llamo Jesús. Verdaderamente me llamo Jesús. Ya lo dije, es autobiográfica. Soy Jesús. Hijo de un carpintero, y de una mujer llamada María. Eso creía. Me lo habían dicho. Que era hijo de un carpintero y de una mujer llamada María. Pero no era exactamente así. En verdad fui un bastardo. La palabra más hermosa del mundo. Bastardo. Nací en Bolivia. Es verdad. Eso ocurrió. Nací en Bolivia. Y lo cuento en mi novela. Nací en Bolivia. Será la novela de mi vida. Ya voy en la página cincuenta. De mi novela. Mi novela trata sobre un periodo específico de mi vida. Mi adolescencia. En donde viajo a Chile. En donde tomo un tren. Al sur. En donde fui violado por chilenos borrachos y frenéticos. De aquello quiero escribir. De aquello y otras cosas. En mi novela. Un periodo oscuro de mi vida. Terrible. Y en eso estoy. Escribiendo. Quiero contar la verdadera historia. Mi historia. En una novela. El día de mañana Dios sabrá lo que pasa conmigo. Espero no arruinar ningún negocio. Contando la historia. Mi historia. La historia de mi vida. Ya lo dije. Voy en la página cincuenta. Afuera cae la nieve. Los gorriones se posan sobre el árbol de manzanas. El viento es favorable.
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Mañana te lo prometo |
Mañana te perderé. Mañana dejaré de fumar. Mañana no escucharé a Béla Bartók. Mañana dejare de beber. Mañana bajaré de peso. Mañana escribiré. Te escribiré. Mañana te amaré. Mañana no te amaré. Mañana seré bueno. Malo. Mañana aclararé todo. Ya verás. Mañana iré de compras. Al dentista. Al cine. Mañana. Mañana pasaré por idiota. Inteligente. Mañana ordenaré mi biblioteca. Mañana te espero a las tres. Mañana bailaré. Mañana no te veré. Mañana será viernes. Mañana volveré a Buenos Aires. Mañana te lo prometo. Mañana dejaré de pensar en ti. Mañana iré a Punta Arenas. A Santo Domingo. Mañana estaré alegre. Luego triste. Mañana. Mañana te diré todo. Te odiaré. Te mentiré. Mañana aprenderé a bailar. A pensar. Recapacitar. Mañana ganará el Fenerbahçe. Mañana iré a visitar a mi abuelo. A su tumba. Trabajaré la tierra. Plantaré patatas. Arreglaré el grifo del baño. Mañana será distinto. Todo se aclarará. Te lo prometo. Mañana Obama pedirá perdón. Devolverá el Nobel. Mañana se aprobará el presupuesto. Volverás a mí. Te querré. Me odiarás. Una y otra vez, me odiarás. Luego te irás. Para siempre. Mañana. Mañana puedes venir a mi casa. Almorzaremos juntos. Te gustará el menú. Sabes que cada día cocino mejor. Eso lo sabes. Es que lo hago para ti. Luego me perderé. Más tarde me perderé. Te perderé. Nunca más te escribiré. Nada sabrás de mí. Por un tiempo. Porque mañana tomaré un bus. Un bus que me dejará en una ciudad cercana. Una ciudad desconocida para ti. Y luego allí. Tomaré un cuarto de hotel. Un viejo cuarto de hotel. Me ahorcaré. Mañana.
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Yogurt |
Es lo que pensé hacer. En cuanto lo supe. En cuanto supe que Leonor estaba con Juan, pensé en ir y matar a los dos. Es lo que sentí en esos momentos. Tenía los medios para hacerlo. Las ganas y la bronca inmensa. Esa rabia contenida de mierda que te da cuando las cosas se enmierdan. Y había sido precisamente Juan, quien me dijo que a Leonor le faltaba más atención. El muy cabrón. Ave carroñera de mierda. Cuando aparecen los despojos del amor. Se acercan a brindar comprensión y ternura. Y no hice nada. No fui y los maté. Me quedé en casa. Comiendo un yogurt vencido. Que me llevó al hospital. Un mes internado. Hasta que se me olvido el asunto. Santo remedio. Ahora los veo pasar. No siento nada. Ni rabia. Ni pena. Ni nada. Sólo me recuerdan a ese puto yogurt.
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El gol más hermoso del mundo |
Me escribe Bety de Sinaloa. Dice que últimamente me estoy repitiendo. Que cuento historias con finales previsibles. En donde siempre termino en la cama follándome una mina. Que debo variar. Que cuente historias de barrio. Que cuente simples historias de barrio. Que de esa manera me vería más guapo. No ahuyentaría lectores. Que recibiría más comentarios. Le voy a hacer caso. Contaré una de fútbol.
No existía la televisión, la radio ni nada. En aquel entonces jugaba al fútbol por el Club Natales. Era juvenil. Mediocampista y volante de apoyo. Poseía un dribling endiablado, pateaba con las dos piernas y era el capitán del equipo. No tenía referentes. Ante la carencia de los medios de comunicación, debía inventar. Y por las noches en mi cama, ideaba jugadas. Los domingos en el campo de juego, las llevaba a la práctica. Y con asombro comprobaba que resultaban. Fue así como convertí el gol más lindo del mundo. Fue en un corner desde la derecha, la paré de pecho. Desde la misma área grande en que me encontraba, eludí a los once jugadores del equipo contrario y convertí el gol. El gol más hermoso del mundo. Por la noche vino Sofía y follamos.
No existía la televisión, la radio ni nada. En aquel entonces jugaba al fútbol por el Club Natales. Era juvenil. Mediocampista y volante de apoyo. Poseía un dribling endiablado, pateaba con las dos piernas y era el capitán del equipo. No tenía referentes. Ante la carencia de los medios de comunicación, debía inventar. Y por las noches en mi cama, ideaba jugadas. Los domingos en el campo de juego, las llevaba a la práctica. Y con asombro comprobaba que resultaban. Fue así como convertí el gol más lindo del mundo. Fue en un corner desde la derecha, la paré de pecho. Desde la misma área grande en que me encontraba, eludí a los once jugadores del equipo contrario y convertí el gol. El gol más hermoso del mundo. Por la noche vino Sofía y follamos.
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Un poema para Francisca |
Se enteró que escribía y me pide que le escriba. Se trata de Francisca. Me dice que quiere que le escriba un poema para Francisca. Que él me dará el primer verso y el resto que me las arregle. El primer verso dice: Te amo Francisca. Le sugiero que se corte el pelo. Que se bañe. Que se afeite. Que le regale un perfume. Que cambie de trabajo. Me dice que ya intentó con todo eso. Que no le ha resultado. Quiere un poema. Le digo que ya nadie conquista a nadie con un poema. Que sin ir más lejos, yo mismo, desde hace diez años, no he podido conquistar a nadie con un poema. Insiste. Le pregunto qué le parece si voy y hablo con ella. Si hablo con Francisca. Que puedo interceder. Que estoy seguro que aquello resultará. A regañadientes acepta. Pero considera que más valor tendría, escribirle un poema. Que me pagaría por ello. Le digo que no sea tonto. Que el poema ya no sirve. Que acepte mi sugerencia. Acepta. Por la tarde viene Francisca al almacén. La hago pasar a la biblioteca. Hablo con ella. Hablo cinco minutos con ella. Luego nos vamos a la cama.
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Deja ya de citar a Borges |
Es que no puedes ser tan intelectual, le digo. Te falta un par de buenos polvos. Deja ya de citar a Borges, y a toda esa tropa. No vas por buen camino. Basta ya de Kierkegaard y toda esa mierda sin destino. Saca tu boina del Ché. Dame una buena mamada. Dale que ya conozco a Bukowski. Está muerto el puto finado. Ven y ponte en cuatro patas. Dale que te follo hija de la gran chingada. En verdad, yo dominaba idiomas. Y le digo: Quiero tu chocho en mi pico y que tu boca húmeda se adentre en mi polla. Está bien, me dijo. Lo haré. Pero conste que eres un bruto de mierda, al cual nunca le ha interesado la literatura ni la política. Que lo hago sólo porque me pagas bien. Le digo que no me importa la mierda que piense. Ni sus años de militancia en un partido de izquierda. Que quiero que me lo chupe y nada más. Que nada más le pido. Sólo eso. Me hace caso. Le pago y se va. Tiro el preservativo a la basura.
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Con alegría y entusiasmo |
Se lo conté a Sonia y no me creyó. Luego fue a Gabriel. Gustavo. Viviana. Fabián y Roque. Ninguno me creyó. Pero esta vez lo voy a escribir. Maturana me ha dado permiso. Puedes escribirlo si quieres. Puedes hacer una grabación de audio y subirlo a la Web. Puedes grabar un video. Me dice que no tiene ningún problema. Que podría hacer una declaración jurada ante notario y el Sumo Pontífice. Le digo que no exagere, que yo le creo. Que los lectores le creerán.
Llegó a su casa de Quilmes al mediodía. Alrededor de una pizza, reunió a su mujer y a sus tres hijos en el salón comedor. Les comunicó que a partir de ese momento, dejaba la casa, a su mujer y a los hijos ahí presentes. Después de veinticinco años, dejaba todo. Les dijo que se había enamorado de Lily. El hijo mayor le preguntó quién era Lily. Por toda respuesta, le contestó que era una mujer.
Maturana es un tipo especial. Nunca nadie le dijo que no diga tal cosa. No tiene reparos en decirte en la cara lo que le apetece. Generalmente lo que le apetece a Maturana, no es lo que le apetece a su interlocutor. Voy a decir un disparate, pero quiero graficar lo que es Maturana. Supongamos el caso siguiente. Lo invito a mi casa. Está mi hijo presente, un integrante de la Corte Suprema y mi vecina Pilar. Toma la palabra Maturana, y dice: "¿Te acordás Hugo cuando asaltamos a ese par de viejitos en Brasil? Fuiste cruel, no tendrías que haberlos matado". Ese es Maturana.
Entonces quedamos en que llegó a su casa, reunió a la familia y les comunicó que dejaba para siempre el salón comedor.
Lo único que se llevó de allí, fue un mondadientes, lo utilizó para sacarse un pedazo de queso mozzarella, que había quedado entre sus dientes. Nada más se llevó. Un mondadientes.
Luego se dirigió al bar La Academia de la calle Callao. Quedo allí en juntarse con Raúl. Raúl, era su compañero de trabajo en la construcción. También era el esposo de Lily. Lily la mujer de la cual estaba enamorado Maturana. La cita fue puntual. Maturana pagó las cervezas. Y habló, le dijo: "Mirá Raúl, esta tarde me voy a juntar a vivir con tu mujer, te lo digo para que no me rompás las bolas, y que no digás que no te avisé". Esto fue en Octubre del 2001. Para las fiestas de ese fin de año, en el barrio de bajo Flores, en Buenos Aires, Maturana invitó a su ex mujer y a Raúl. Me contó que bailaron toda la noche. Con alegría y entusiasmo.
Llegó a su casa de Quilmes al mediodía. Alrededor de una pizza, reunió a su mujer y a sus tres hijos en el salón comedor. Les comunicó que a partir de ese momento, dejaba la casa, a su mujer y a los hijos ahí presentes. Después de veinticinco años, dejaba todo. Les dijo que se había enamorado de Lily. El hijo mayor le preguntó quién era Lily. Por toda respuesta, le contestó que era una mujer.
Maturana es un tipo especial. Nunca nadie le dijo que no diga tal cosa. No tiene reparos en decirte en la cara lo que le apetece. Generalmente lo que le apetece a Maturana, no es lo que le apetece a su interlocutor. Voy a decir un disparate, pero quiero graficar lo que es Maturana. Supongamos el caso siguiente. Lo invito a mi casa. Está mi hijo presente, un integrante de la Corte Suprema y mi vecina Pilar. Toma la palabra Maturana, y dice: "¿Te acordás Hugo cuando asaltamos a ese par de viejitos en Brasil? Fuiste cruel, no tendrías que haberlos matado". Ese es Maturana.
Entonces quedamos en que llegó a su casa, reunió a la familia y les comunicó que dejaba para siempre el salón comedor.
Lo único que se llevó de allí, fue un mondadientes, lo utilizó para sacarse un pedazo de queso mozzarella, que había quedado entre sus dientes. Nada más se llevó. Un mondadientes.
Luego se dirigió al bar La Academia de la calle Callao. Quedo allí en juntarse con Raúl. Raúl, era su compañero de trabajo en la construcción. También era el esposo de Lily. Lily la mujer de la cual estaba enamorado Maturana. La cita fue puntual. Maturana pagó las cervezas. Y habló, le dijo: "Mirá Raúl, esta tarde me voy a juntar a vivir con tu mujer, te lo digo para que no me rompás las bolas, y que no digás que no te avisé". Esto fue en Octubre del 2001. Para las fiestas de ese fin de año, en el barrio de bajo Flores, en Buenos Aires, Maturana invitó a su ex mujer y a Raúl. Me contó que bailaron toda la noche. Con alegría y entusiasmo.
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Me inspiro en la aspirina |
Casi todos preguntan lo mismo. En qué te inspiras. Para escribir. En qué te inspiras. Y tú puedes contestar cualquier cosa. Por ejemplo, en la aspirina. Y te miran extrañados. Te dicen que no puede ser. Que no puedes inspirarte en la aspirina. Que digas la verdad. En qué te inspiras. Que estás muy loco. Que no puede ser. Y no te creen. Que un poeta debe vivir inspirado. Sentarse y que lleguen las musas. Ponerse en estado de trance. Y escribir por ejemplo: ¿Cómo defenderse de los solapados inviernos que anidan las moradas oscuras del deseo? Llega la musa mientras estás sentado y te dicta: ¿Cómo defenderse de los solapados inviernos que anidan las moradas oscuras del deseo? No hay trabajo. No ven trabajo. No ven la orfebrería del orfebre. No ven un cuarto lleno de humo. No ven la domesticación de las palabras. El lidiar constantemente con la nada en donde no hay nada. Que en donde no había nada, hay algo. Una manera distinta de mirar el mundo. Este atrabiliario mundo nuestro. Y en donde verdaderamente, todos pueden acceder. A escribir. Con trabajo. En un cuarto, muchas veces, lleno de humo. O en un lugar confortable. Bajo un puente, o viviendo sobre un volcán. Como un orfebre. O como un albañil. Ladrillo a ladrillo. Domesticando las palabras. Juntándolas. Desparramándolas. Escribiendo. Una y otra vez. Borrando. Corrigiendo. Sacando comas. Poniendo comas. No utilizando puntos suspensivos. Volviendo a escribir. Durante horas. Un texto pequeño. Un relato de veinte líneas. Rehaciendo. Y te preguntan en qué te inspiras. En qué te inspiras para escribir. Entonces dan ganas de decir, en la aspirina. Yo. Generalmente. Casi siempre. Me inspiro en la aspirina.
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Una hermosa noche la de anoche |
En la noche de anoche. Todo iba perfecto. Una hermosa noche la de anoche. Poesía y un recuento de anécdotas variadas. Estábamos incomprensiblemente contentos. Una noche entre amigos. Pasábamos del cine negro, al fútbol y al inevitable tema de las mujeres. Todo a una velocidad de un Lamborghini. Brindábamos. Luego aparecían en nuestras charlas, filósofos, músicos y las necesarias citas de Woddy Allen. Recité un poema de Leopoldo María Panero. La mejor música del Mundo sonando. Cerveza, vino y ron. Hasta que llegó el momento que tenía que llegar. La anunciada visita de Claudio. Se produjo. Lo esperaba. Después de las presentaciones de rigor, seguimos en la misma tesitura. La charla animada y la música sonando. Hasta que llegó el momento, que también, tenía que llegar. Fue cuando Claudio preguntó al que tenía a su derecha "Tú a qué te dedicas". Claudio, Magister en algo complicado, que ahora no recuerdo. Le preguntó al que tenía a su derecha. A Simón. A qué se dedicaba. El que tenía su derecha, Simón, le dijo que era mecánico. Luego le preguntó a Leandro lo mismo. Leandro le respondió que era chofer de taxi. Antes que le preguntara a Ernesto, éste le dijo que trabajaba en la construcción. El encuentro siguió su cauce normal. Hasta las cinco de la mañana. Verdaderamente lo pasamos bien. Muy bien. Todo perfecto, Una hermosa noche la de anoche. Nos despedimos de besos y abrazos. Por la tarde me llama Claudio. Mientras atiendo el almacén. Me llama Claudio. Me da las gracias por la noche de anoche. Me dice que eleve la puntería. Que debo ser más selectivo con mis amigos. Le corto. Vuelvo al almacén.
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