
Jorge Teillier, Juan Díaz y Rolando Cárdenas.
Año 1964. Foto de Jorge Aravena Llanca.
olando Cárdenas siempre estuvo cerca; de la amistad, del poema y de la mano extendida para brindar afecto a quien se le pusiera por delante. Un rara avis que solía, en su juventud, copiar libros completos de la biblioteca nacional porque carecía del dinero para comprarlos. Embajador toda su vida de la República de Magallanes en Santiago de Chile. Su mirada constantemente seguía el derrotero del cóndor de su infancia natal. Nacer en Magallanes nos hace ser distintos, irremediablemente; gestos, lenguaje, actitudes y presencia, tenemos nuestra propia bandera y nuestro propio silencio, somos distintos. Por eso en la Estación Cárdenas, puede encontrarse, trompos, viento, nieve, el canto de los gallos, la vasta soledad de la pampa, la gaviota y el granizo. Y por sobre todo, el hombre, el hombre que es igual en todas partes, con su carga de pequeños desastres y grandes conquistas, con la esperanza cierta de avizorar un mundo mejor y en creer que la poesía nos salva y nos redime, nos perdona y nos da esperanza.Ahora que sus restos mortales llegan a vivir a Magallanes, vaya este recuerdo emocionado a ese extraordinario poeta y compañero de ruta de tantos poetas chilenos que un día dijo: "Alguien nos reconocerá a la vuelta de la esquina/Será como venir a saludar desde otra época".

Celebración del 50º cumpleaños de
Jorge Teillier, Santiago 1985, de
izquierda a derecha: Ramón Díaz Eterovic,
Rolando Cárdenas, Felipe Landea,
Juan Guzmán Paredes y Jorge Teillier.
Foto de Leonora Vicuña Navarro.
EN SUMA; TODO ES REGRESO
En el océano de esas noches
me detuve con mis signos, dispersándome
de aquellas colinas que han dejado de ser
(ahora deben estar pobladas de tejados rojos),
de la nieve sobre la soledad de los domingos,
de esa agua helada que nos ha rodeado siempre
y del fuego, que nos separaba del invierno.
Un tiempo definitivamente transcurrido y olvidado
por esa decisión
de esconderse cerca de este otro lado del mar.
Ahora era tu voz grave
como madera resonando levemente tocada,
tenazmente alejados de lo que no fuera ese secreto,
dispuestos a dejar atrás lo que nos había afrentado,
a rehacerlo todo en esa casa perdida bajo el cielo
en una alianza de pronto despertada.
El silencio también era un silencio lleno de voces
que con el sueño llegaba
copado con los sonidos ocultos de la noche y la tierra.
Sin duda eras un horizonte ausente
blanca y dormida,
la que no me oye en su humedad salobre
pero en un gesto repentino me acerca,
más que la espuma preparándose desde lejos
distante de tus ojos obscurecidos por la tarde.
Eras mucho más que el frío aire de la madrugada
que nunca logró penetrar en ese pequeño escondite cerca del mar.
EL RECUERDO INCONCLUSO, KNEF AUSENTE
No hay otra manera de reconocer los hechos
Que situándose lejos,
-como desde mi casa-
tal vez apenas suponer algo
o aferrarse casi con desesperación
a ese modo inquietante y diabólico
de detener la tarde.
Exactamente igual te detuviste ante mí,
morenamente agresiva
con tu ternura y tus palabras llenas de frío
a pesar del sol
que no retuvo sus llamas.
REVISTA CORMORAN, año 1, Nº 6
BUSQUEDA
A veces es bueno abandonarse al propio olvido
como si el saber sonreír
fuera más fácil que morder una fruta.
Ir por las calles perfectamente solo,
sin más compañía que nuestra cotidiana tristeza y nuestros pasos,
amando una vez más la sencillez del aire
de la manera como se recuerda la infancia,
o ese otro tiempo pulverizado
cuando se buscaban las primeras estrellas en las charcas.
Es bueno sentarse entre amigos y vasos
a observar como todos abandonan algo suyo
en la música que los impulsa y transforma en seres sin huesos,
mientras la noche trepa por los muros
buscando también dónde esconder su espera,
y después salir hacia el alba
con un poco más para alimentar futuras soledades.
Es bueno comprender que estamos hechos de recuerdos,
un poco de tiempo que crece sin escucharnos
y de muchas cosas que no comprendemos.
A veces es bueno detenerse a contemplar la hoja que cae
cuando la palabra primavera
no es lo que nosotros quisiéramos que sea.
REGRESO
Un día regresaremos a la ciudad perdida
como las estaciones todos los años,
como una sombra más en las tardes,
preguntando por antepasados
o por el río en cuyas aguas se quebraba el cielo.
Será en invierno
para revivir mejor los grandes fríos,
para ver de nuevo
el humo negro de los barcos cortando el aire,
para escuchar en las noches
los pequeños ruidos de la nieve.
Nos sentaremos a la mesa como si tal cosa
a probar el pan de otros días.
Un pájaro que cruce por la ventana
nos hará pensar en el bosque de pinos
donde el viento se revolvía furioso.
También preguntaremos por antiguos amigos
pensando quizás en el rostro de alguna muchacha.
Aún existirá el boliche
donde se reunían viejos campesinos.
Nos invitarán a beber y a conversar
asuntos que nadie olvida.
El tiempo no es más que regreso a otro tiempo.
"Todos nos reuniremos alguna vez bajo tierra".
Alguien nos reconocerá a la vuelta de la esquina.
Será como venir a saludar desde otra época.

Los poetas Alvaro Ruiz y Rolando
Cárdenas. Bar Unión Chica, 1989.
Foto de Leonora Vicuña Navarro.
JORGE TEILLIER
MURIÓ CÁRDENAS
El poeta Lorenzo Peirano llega desde Cónico
a la calle Esperanza, luego, respirando
callejones, pasa por Libertad y me envía a La
Ligua un telegrama: "Murió Cárdenas".
Nos vimos por última vez un 18 de Septiembre
en el Inés de Suárez, la ciudad estaba
embanderada en honor de nuestro encuentro.
Ahora sólo puedo esperar que nos encontremos
junto a Samuel Donoso para leer a Saint-John Perse
y cantar: "Oh que dulce es el misterio de
la vida". Espérame Rolando. Has dado la señal.
ALVARO RUIZ
EN EL LENTO VUELO DE LA AVUTARDA
En el lento vuelo de la avutarda Rolando Cárdenas murió
Todas estas plumas las robé
Nada de manantiales; sólo aguas estancadas
De canoa a canoa una señal de estrellas en el corazón
Delgada la voz como un hilo
Que cruza y cierra los ojos
El horizonte es un madero
Los vasos están trizados y el viento sopla sobre los rostros
Volveremos a los pastizales
Una ráfaga atraviesa el cielo
Como en el espejo las golondrinas
Ya nadie cantará "Corazón de Escarcha"
Sus amigos también murieron y sólo queda el aire
Meridional.
RAMÓN DÍAZ ETEROVIC
CÁRDENAS
Algunas tardes vuelvo a la cantina
donde él embriagaba su sonrisa provinciana.
Sus poemas saltan a mi memoria
-copos de nieve,
huidizos y lejanos-
igual que esas calles
que recorrimos
mientras el viento
-aquel del sur y en el corazón -
nos decía
que éramos indestructibles.
Algunas tardes
Asoma su nombre en el vino que bebo.
Es como una llama
que ilumina el camino
ahora
que estoy solo
y los amigos se han ido
sin anunciar
el día del regreso.
OBRA COMPLETA ROLANDO CARDENAS, Ediciones La Gota Pura, Santiago, Chile, 1994.










Un día como hoy -no sé por qué- me extraña tener un perro negro, con el hocico cuadrado y un aromo cerca de la puerta, con flores amarillas, y una carta escrita sobre el escritorio, y el sonido de Jerly Rol todavía en el oído y el tabaco. Un día como hoy -ignoro las secretas razones- me extraña tener cuatro hijos cerca de mí, y el pelo de mi mujer listo para ser acariciado, y un amigo que espera que lo llame para conversar de jazz o de bueyes perdidos. Un día como hoy, se me hacen muchas preguntas desde adentro, y no respondo ninguna como si una gran indiferencia me pusiera frente al viento o la nube y me dejara así, simplemente creciendo sin pausa en el tiempo. Un día como hoy puedo sentir esa ternura infinita del cariño, la necesidad de decir que no a tantas cosas, de afirmarme en mí mismo, solo para algunas cosas y sin embargo tan acompañado. Un día como hoy, vuelvo a enumerarme, a pensar en el pasado como un pájaro mortecino y brillante, y las caras me sonríen, me alientan, se van o vuelven, me dejan para que tome la decisión que debo tomar un día como hoy. Un día como hoy, regreso de repente a un poema muy viejo, lo tomo de la mano y lo dejo caer en los papeles. Hoy, un día como hoy, siento la presencia de la vida hasta en el humo del cigarrillo que se va. Un día como hoy me tomo y me dejo, me abandono y me recorro, me escucho. Un día como hoy puede ser un día como nunca. O como siempre. La memoria no me dice nada hoy. O todo. Y por la piel siento un corazón que late, vuelvo al amor, he tomado sin saberlo la decisión de estar en esas cosas que quiero, mis viejos y simples amores. Un día como hoy me importan menos las palabras que el sonido de la máquina, podría soplar en la flauta que no tengo, o tocar las teclas de un piano viejo. Un día sí como hoy dejaría escapar todas las arañas del mundo y entregaría todo lo que tengo por una noche de amor, como tantas otras noches. Hoy podría ser lo que no he sido, lo que no seré, lo que fue tal vez en alguna esquina perdida. Hoy no quisiera mentirme. Ni quisiera que me mintieran. Mañana podría abandonar todas las costumbres, inaugurar algo nuevo. Mañana podría ser yo. Pero me duele pensar que mañana acaso no sea un día como hoy.

Cachorro 
NEGRAS CRÓNICAS, apuntes sobre narrativa policial
Ganesh Ghote es un singular detective del Departamento de Investigaciones Criminales de Bombay, y a la fecha ha protagonizado más de veinte novelas, escritas por el autor británico H.R.F. Keating (1926), quien goza de un sólido prestigio como crítico de novela policíaca en "The Times" y ha sido presidente de la Asociación de Escritores Criminales, además de ser el autor de un texto teórico llamado "Escribir novela negra". Dos buenas novelas de este autor son : "Un cadáver en el billar" y "El inspector Ghote sigue los dictados de su corazón".











