
De Gaulle.- ¡Y la suya!
Malraux.-…fue idea de ella. Pero usted agregó: "Es una mujer valiente y muy bien educada. En cuanto a su destino, usted se equivoca: es una vedette y acabará en el yate de un rey del petróleo".
De Gaulle.- ¿Dije eso? ¡Qué le parece? En el fondo, usted y yo creíamos que acabaría casándose con Sartre…
Antimemorias de Andre Malraux; edición Sur, enero de 1972.
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vaticinio |
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CRISTIÁN GÓMEZ |

DE CONCENTRACIÓN EN QUE NOS ENCIERREN
El bar está cerrado a los malos augurios.
Hoy no pasan por televisión Angustia de
un querer y se conversa al ritmo del auge
y la caída de nuestros ídolos. La tarde
sigue pasando y no se detiene
hasta llegar a nuestras puertas. Como el
fruto de una caza que ha sido generosa
caen a nuestros pies muchachas que ni
siquiera despiertos podríamos haber
soñado tan hermosas. Se parecen a esas
primas de las que nos enamoramos antes
de escribir un primer poema. Contertulios
del espejo que invariablemente fiel detrás
del mostrador nos acompaña, la próxima
ronda decidimos pedírsela fiado a los
que incautos se preguntan por nuestra
afición a seguir escribiendo poemas
sospechosamente láricos como si
fuera nuestra única elegancia:
como si fuera nuestra última respuesta.
Lo más divertido era espetarnos mutuamente epítetos de tamaño calibre -católico, escritor de clase media- que a cualquiera lo harían palidecer.
Más de alguna vez mutuamente se ofrecieron combos. Y no hay nada de malo en ello.
Compartieron la misma cama pero no se dieron cuenta. Por lo alto y por lo bajo les
deseo ochenta, pero es discutible que tanto el hígado como las neuronas aguanten.
Se han paseado de la mano de cierta clase de especímenes que ameritan zoologías tan
particulares como épicas. Conversan hasta bien entrada la noche. Se acuerdan.
DEBIERA ESTUDIARSE LA PRESENCIA DE LOS PÁJAROS
I.-
La partida es el invierno pero el comienzo es la mirada.
No escribiré poemas póstumos con mi nombre. La
infancia es un recuerdo que madura en el limonero.
Dejarlo todo con minúscula es igualmente despreciable.
Jugar a la caperucita roja. Y dárselas de lobo feroz.
Cuando quieres probar su angustia entre tus nalgas.
Abrígate, no vaya a ser cosa que. Los muchachos
que aún siguen rayando los muros escogen sus
consignas de entre las letras mal traducidas
de alguna banda sonora y ya no de los discursos
-para todos los efectos fúnebres- de la clase política
que domeña nuestro país. La partida es entre dos
y en pleno invierno. Mi padre juega y mi hermano
enroca. Piensa más de dos veces la jugada
aunque no se acepten segundas intenciones.
El menor de la familia no comprende. Se
encumbra un volantín que bajo ninguna
circunstancia aceptaría el apelativo de
cometa o papalote. Vuela por un cielo que
aún se puede ver si se frecuentan algunas
calles del centro-norte de santiago.
II.-
Escribe entre las nubes
nombres que de abajo se
confunden con las reglas de un juego
que entre padre e hijo no tiene perdedores:
si el viento sopla hacia arriba es jaque,
mate si el rizo del cometa, papalote o
volantín se detiene -inmóvil, pero
hermoso: para que le echemos una última
mirada y desde la geografía familiar del
mapa (que no es, según el marqués de
Valparaíso, equivalente al territorio)
digamos: dale más hilo, dale más hilo
antes que se nos caiga.
III.-
Ya los niños no conversan ni han decidido
tomarse una siesta para augurarse mejores
temporadas.
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Pio Baroja: Olaberri, el macabro |
laberri era un pesimista jovial. No encontraba en el mundo más que vanidad y aflicción de espíritu. No tenia fe más que en la cal hidráulica y en el cemento armado. Para él, detrás de toda satisfacción venía algo negro y doloroso, que eran principalmente las facturas.-¿Ve usted esa chica que se ha casado con el carabinero?- me preguntó hace tiempo con aire de profunda conmiseración.
-Sí.
-¡Que infelices! Ahora mucha alegría, ¿he?, y de viaje, pero luego ya vendrán las facturas.
A Olaberri le preocupaban las facturas. Para Olaberri que era contratista en pequeño, las facturas eran como la sombra de Banquo, que aparece en el banquete de la vida.
Si Olaberri hubiera tenido el sentido estadístico de nuestro amigo Berecoche, ya difunto, diría que en la vida hay un 75 por ciento de facturas.
-Ya le he dicho al párroco -me contó una vez-: usted, con un cubo de agua y un hisopo, ya tiene para todo el año, y a vivir bien; nosotros, en cambio, pobres contratistas, siempre a vueltas con las facturas.
Olaberri tenía gustos macabros. Había construido en el cementerio varis sepulcros y trasladado cadáveres y huesos y algunos cuerpos recién muertos.
Al hacer la descripción de estos traslados sentía, sin duda, un ardor explicativo de artista medieval y macabro. Los huesos, las calaveras revueltas con tierra, los trozos de hábito o de ropa, la madera podrida de los ataúdes, todo daba pábulo a su charla pintoresca.
Al relatar el traslado de algún cuerpo recién enterrado, se lucía; entonces los detalles realistas eran tan terribles que a cualquier persona sencilla se le ponían los pelos de punta.
Salían a relucir los busanos blancos y las gurgujas verdes, y al último la gente no sabía si temblar de asco o echarse a reír.
Él no tenía repugnancia por nada.
-Los mejores caracoles que hay comido -solía decir- , los hay cogido en la tumba del difunto párroco. Nunca los hay comido mejores.
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mi padre |
mi padre cuando yo era niño jugaba con sus frustraciones;
yo era el centro ígneo, era potencia y era acto;
estaba preparado para la conquista, para dar aquel gran salto…
el perro fiel de mi padre seguía mi rastro paso a paso,
enfermo de padre dormía pensando en cristo, alejandro y napoleón;
todos ellos tenían mi rostro.
ahora; ahora que el tiempo es árbitro, ahora que mi padre
creció y yo envejecí, ahora en que todas las cosas
han vuelto a un injusto lugar; ahora me veo convertido
en una curiosa fantasmagoría producto de un azar
inescrutable en donde dioses altivos se
deleitan ante mi viaje hacia el abismo.
definitivamente mi padre, ya sabio en derrotas inapelables
me ha recomendado no abusar del tabaco y del alcohol.
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Las penas del infierno |

Advertencia de la biblioteca del monasterio de San Pedro en Barcelona.
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La pluma ácida |
Por el Doctor Frigo.

El ministro de salud se enfada y grita. Un día se enoja con las vacas, y al otro con los funcionarios. Debería tratarse con un médico las dos enfermedades que padece: estupidez y prepotencia.
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La pluma ácida |
Por el Doctor Frigo.

En Chile, dice el presidente, las instituciones funcionan.
Las que no funcionan son las lanchas que ocupan los estudiantes pobres del sur.
Desde hoy en nuestro país se puede mandar a la cárcel a un niño de 14 años.
Lo que no se puede hacer es encarcelar a un viejo asesino de 90.
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Charles Bukowski |
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Luis Britto García: El vuelo |
La mosca desciende y se para en la punta de la nariz del hombre. Vuela, y prosigue hasta la colilla que está en el piso. Vuela hasta el dedo gordo del pie. Camina hasta la sucia juntura de los dedos. Salta hasta el tobillo. Se posa en la rodilla. Palpa las costras. Chupa. Vuela en espiral. Se posa en la muñeca. Vuelve a la colilla. Vuela hasta un gargajo. Chupa. Vuelve a la muñeca. Salta al antebrazo. Vuela en espiral hacía el ombligo. Chupa. Regresa a la colilla. Regresa al gargajo. Chupa.
La mosca vuela hacía los labios del hombre. Explora las comisuras. Vuela. Describe espirales en el aire. Cae en las costras de las rodillas. Vuela al escroto. Al dedo anular. A las narices. Al gargajo. A una tetilla. Al ojo derecho. Al ojo izquierdo. A la colilla. A la frente. Al meñique. Chupa.
La mosca vuela a los barrotes. Descansa. Vuela hasta la oreja. Caga. La mosca levanta el vuelo. Nariz labio pie ombligo, ombligo ingle mano tobillo. Chupa. Tobillo ojo frente labio mano, mano hombro oreja ojo, chupa. Se limpia. Ojo techo barrotes, ventana barrotes puerta barrotes colilla gargajo techo barrotes candado ojo. Chupa. Se limpia. Ojo, alambres en las muñecas, escroto alambres en los tobillos, chupa, se limpia. Tobillos barrotes gargajo barrotes alambres colilla escroto, chupa. Ombligo, chupa. Tetilla, chupa. Clavícula, chupa. Barbilla, chupa. Boca, chupa. Nariz, chupa. Ojo, chupa. Se limpia. Chupa. Chupa. Se limpia. Asciende hacía la frente, hacía el agujero del tamaño de un dedal abierto en carne viva. Chupa.
Chupa. Se limpia. Desova. Chupa.
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evtushenko |

En el mundo no hay seres anodinos
En el mundo no hay seres anodinos.
Nuestros destinos son como la historia de los planetas.
Cada uno es singular y único,
No hay planetas que se le parezcan.
Aquel que fue amigo de vivir
alejado de todo,
suscitó el interés de los otros
precisamente por su amor al silencio.
Cada cual tiene su propio mundo secreto.
Con su propio mejor instante
y su propia hora terrible,
que nosotros desconocemos.
Cuando muere un hombre
muere con él su primera nieve,
y el primer beso, y el primer combate…
Se lo lleva todo consigo.
Claro, quedan libros y puentes,
máquinas y telas pintadas;
bastante es lo queda detrás,
pero algo también se pierde.
Tal es la ley del juego despiadado.
No mueren hombres, sino mundos.
Los recordamos pecadores y terrenos.
Pero en el fondo, ¿qué sabemos de ellos?
¿Qué sabemos de nuestros hermanos, de nuestros amigos,
de nuestra única amada?
De nuestro propio padre,
Sabiéndolo todo no sabemos nada.
La gente se va sin vuelta.
Sus mundos secretos no vuelven
y cada vez que pienso en esto
me dan ganas de dar un alarido…
Las canciones de la Revolución
Hay que cantar siempre las canciones
de la Revolución.
Si no se cantan más a menudo la culpa la tienen ustedes.
¿Ustedes están bien?
¿Sin preocupaciones?
Canten
Las canciones ayudarán.
Hay que comprar canciones
y releerlos atentamente.
No bastan con leerlas una o dos veces.
Canten en voz alta,
Pero también en silencio.
¿Ustedes tienen hijos?
Cántenselas a ellos.
Oirán
el triste, el lejano,
el penoso ruido de las cadenas.
Verán a los presos
torturados,
vejados
fusilados.
Ellos no creían en los himnos dulzones y falsos
de su época:
creían en sus amadas canciones.
Las cantaban
a hurtadillas,
a media voz.
El no poder cantarlas en voz alta
les causaba dolor.
Es una sangre memorable
la que nos une.
¡Ahora tenemos el deber de cantar
a voz en cuello!
¿Ustedes están bien?
¿Sin preocupaciones?
¿Ustedes no creen
en las personas
ni en las palabras?
Pero en este mundo existen
las canciones de la Revolución.
Cántenlas.
Las canciones les ayudarán.
Cuando tu rostro apareció en el horizonte
Cuando tu rostro apareció en el horizonte
sobre mi vida destrozada,
en un principio sólo vi
lo mísero que es todo lo que poseo.
Pero tu rostro iluminó los ríos y los mares
con su luz especial
y me inició en los colores del mundo,
a mí, que no estaba iniciado.
Cuánto temo, cuánto no temo
el fin de los descubrimientos, las lágrimas
y el éxtasis,
pero no lucho contra ese temor.
Comprendo que ese miedo mismo
es el amor. Y lo preservo,
aunque no sé acariciar,
descuidado vigía de mi amor.
Ese temor me acosa día y noche.
Sé que esos instantes son efímeros
y que para mí desaparecerán los colores
cuando tu rostro se ponga en el horizonte…
Traducción Nicanor Parra.
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Una hija de Tolstoi en la Patagonia |

comienzos del año 1968 escuchamos de labios del poeta Eugenio Evtushenko una historia que nos dejó pensando. Por los días de Navidad del 67, junto al escritor chileno Francisco Coloane, viajó al extremo austral de Chile y del mundo, a Punta Arenas. El poeta, de amanecida, se arrodilló con toda la teatralidad de su temperamento, a las orillas del Estrecho de Magallanes y se lavó la cara con esa agua que para él estaba llena de símbolos. Llegaron a Puerto Natales, poblado patagónico, que para nosotros comparte su condición de "finis terrae" con esos andurriales remotos que llevan el nombre sugerente de Última Esperanza, donde el Gobierno nos fijó un sitio de relegación en octubre de 1947.
Época de verano, noches blancas chilenas. El borrascoso "cicerone" Coloane, que conoce esas comarcas y esos hombres como la palma enrevesada de su mano, hace de Virgilio pecaminoso y decide acortar la larga claridad nocturna invitando a su amigo a remojar la sed del camino. La dama que atendía el mesón al parecer se sintió halagada y hasta conmovida cuando le presentaron con gran prosopopeya al poeta ruso de tono rubio pajizo. Según Evtushenko, enhebró con ella el siguiente diálogo, del cual pido confirmación a Coloane, quien garantiza su veracidad silenciosamente, con leve inclinación de cabeza. El ruso somete a la mesonera, casi como un agente provocador de conversaciones, a un interrogatorio con mezcla de estilos, literario y policial: ¿Le gusta la poesía? Responde con un sí, que puede interpretarse como la contestación convencional y a la defensiva que cualquier mujer daría en un caso análogo aunque la poesía le interese solo para barrer el suelo. ¿Y qué poeta le agrada? Se acoraza tras el peto frágil de la ambigüedad: varios. El poeta, como un perro rastreador de almas desconocidas, quiere saber qué hay detrás de esa respuesta demasiado genérica e imprecisa. Persiste implacable, escudriña, intrusea, indiscreto, cercándola con las púas de un cuestionario fisgón y minucioso. ¿Le gusta Neruda? -Sí, es el poeta chileno que más me agrada. ¿Y Nicanor Parra? -Lo encuentro interesante. ¿Conoce usted algún escritor ruso? La misma anfibología de antes, sí, varios. ¿Pero en particular? Silencio. ¿Conoce a León Tolstoi? -Sí. ¿Qué conoce de él? Varias cosas, responde la damisela oscurecedora y equivoquista. ¿Cuáles? Nómbrame una. -Ana Karenina. ¿Conoce Resurrección? La mujer contesta: yo soy un personaje de Resurrección. ¿Cuál? -Katiusha Maslova.
El poeta se asombra. La ventera le cita otros libros de Tolstoi, diversos autores rusos, muchos títulos. Hasta pretende haberlos leído. Evtushenko la observa por el rabillo del ojo incrédulo. Ella le propone: "Vamos a mi pieza". Convite sumamente antiguo, un millón de veces oído en los burdeles pobres o lujosos. Helo aquí en el taller de trabajo horizontal de la mujer de la vida, donde ella atiende sus negocios, recibe a sus clientes y amigos, por donde noche a noche pasan trashumantes agentes viajeros, capataces de arreo, campañistas, peones y domadores, contrabandistas, marineros, obreros venidos de los frigoríficos, velloneros, esquiladores, hombres con olor a bestia, a pampa, a soledad y a distancia.
Pero los muros están cubiertos de libros. Divisa obras de Tolstoi, de otros escritores rusos. Saca un volumen del estante. Con su práctica de lector siente que esas páginas han sido recorridas por ojos y yemas de dedos. Están trajinadas por el tráfico constante de las manos que pertenecen a un cuerpo que es de la comunidad y a un alma que en medio de todos los contactos permanece solitaria.
Se queda atónito cuando descubre el único cuadro del cuarto. En lugar de la Virgen María o del Sagrado Corazón de Jesús -que son en Chile las púdicas o sangrantes imágenes habituales y perdonadoras que decoran los muros en las habitaciones de las meretrices arrabaleras- lo contempla, instalado en una vieja y gran fotografía tutelar, el viejo conde. Sí, ¡convéncete!. León Tolstoi preside la pieza de ese cisne perdido. Si viviera, tal vez esto hubiese alegrado su corazón y su cuerpo que de mozo fornicaba en los burdeles y se emputecía como un loco. Surcado por vientos de duda y desesperación aún peores de los que cruzan las estepas magallánicas, conoció las busconas. Quizás alguna vez las amó y por eso escribió un cuento desolador sobre el hombre que se acuesta en un lupanar con su hermana ignorada. Y después, no recuerdo bien si él o ella, se pega un tiro.
El poeta Evtushenko grita, en su castellano desvergonzado, sólo un ¡Cómo! ¡Tolstoi!
-Sí- asiente. Cuando mis amigos de las estancias entran a esta pieza, miran siempre el retrato y muchos preguntan: ¿Quién es ese caballero? Comprendo que no puedo entrar en explicaciones que no comprenderían. Casi siempre vienen muy apurados. Sólo les contesto: "Es mi padre".
No era Francisca, la hermana. Era su hija chilena. La hija pecadora del gran pecador arrepentido y nunca redimido.
El poeta termina el relato muy exaltado (no le cuesta mucho). Anuncia: "Cuando vuelva a Rusia, escribiré un poema que tendrá por título: "La hija de León Tolstoi".
Lo escribí -me dice junto a una mesa instalada en la oscuridad de una dacha en Peredelkino, en junio de 1969- pero quedé muy insatisfecho. Resultó una hija pálida de Tolstoi.
Evtushenko: Puerto Natales es el centro cultural del mundo
Atraviesa Cordillera Baguales, las Torres del Paine. Entonces suelta el cumplido enorme: "La Patagonia tiene algo de mi Siberia. El mismo olor a espacio. Algunos lagos tienen algo del Baikal, sólo que allá abundan los bosques de pinos. Escribí un poema titulado "Juramento al espacio", inspirado en Siberia y que yo lo aplicaría también a la Patagonia. Dar vueltas dentro de la Cueva del Milodón es como dar vueltas en las páginas de la Biblia. Uno se pregunta ¿quién ha hecho esto? Es lo mismo que la Cueva del Milodón. No sabemos quiénes la hicieron ni cómo se construyó. El autor de la Biblia no es alguien sino algo. Lo mismo que esa cueva. Algo que todavía no está nombrado".
Allí en Puerto Natales, donde pernocta en la posada "El cisne de cuello negro", habla de su amiga María Luz, la morena del salón nocturno, cuyo ambiente el poeta encuentra parecido a las tabernas de Alaska y a la atmósfera alucinante de "La quimera del oro". Es la mujer ya conocida, en cuyo cuarto descubrió el retrato de León Tolstoi y le dijo presentándoselo: "Mi padre". ¿Cómo? "Sí, es mi padre". Lo había leído como a otros rusos, como a Dostoievski, cuyas "Noches blancas" le daban la impresión de una música en las palabras. Que me perdonen los señores de la UNESCO, dice el ruso ditirámbico y desmesurado, pero yo voy a escribir un poema diciendo que Puerto Natales es el centro cultural del mundo porque allí encontré a "la hija de Tolstoi". Y Francisco Coloane, recordándolo reír siente que esa no es la risa del poeta, "sino la de un antiguo compañero de trabajo con el cual ha bajado a caballo de la estancia a visitar a las niñas del prostíbulo "Cerco Grande". En el camino de regreso a Punta Arenas encuentran los piños de ovejas conducidos por arrieros y perros.
Historia tomada de: "Hombre y Hombre" de Volodia Teitelboim.
Editorial Austral. Santiago de Chile, 1969.
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Jack Kerouac: Charlie Parker |

Charlie Parker se parecía a un Buda.
Charlie Parker que murió hace poco mientras se reía con un juglar de la TV.
luego de semanas de tensión y enfermedad,
fue llamado el músico perfecto
y la expresión en su rostro
era tan serena, hermosa y profunda
como la imagen de Buda
como se ve en Oriente; los ojos entrecerrados,
la expresión que dice: todo está bien.
Eso era lo que decía Charlie Parker cuando tocaba:
todo está bien.
Uno tenía la sensación de la mañana temprana
como la dicha de un ermitaño
o como el grito perfecto de alguna pandilla frenética
en una "jam session"
¡Wail! ¡Whap!
Charlie reventaba sus pulmones para alcanzar la velocidad
que sus fanáticos deseaban
y su eterno atrasarse era lo que ellos querían.
Un gran músico
y un gran creados de formas
que finalmente encuentran expresión
en más y lo que quieras.

Aunque musicalmente tan importante como Beethoven
no era considerado como tal
un gentil director de orquestas de cuerdas
frente a las cuales él se erguía orgullosos y calmo
como un conductor de música en la
histórica gran noche mundial
y hacía sollozar a su pequeño saxófono
el alto
con claro y desgarrador lamento
en perfecto tono y brillante armonía
¡Tut!
Los oyentes reaccionaban
sin demostrarlo
y comenzaban a hablar
y pronto todo el tugurio se balancea y habla
y todos hablan;
y Charlie Parker
silbándoles hasta el borde de la eternidad
con su irlandés St. Patrick Patootlestick.
Y como en las nieblas sagradas
pataleamos y chapoteamos
en las aguas de la matanza y la carne blanca;
y morimos
uno tras otro
en el Tiempo.

Y que tierna historia es
cuando se la oyes contar a Charlie Parker
sea en discos o en sessions
o en reuniones oficiales en clubes
(inyecciones en el brazo para la billetera).
jubilosamente soplaba la corneta perfecta
de todos modos no importaba nada…
Charlie Parker perdóname.
Perdóname por no responder a tus ojos.
Por no haber hecho una demostración
de lo que eres capaz de inventar.
Charlie Parker ruega por mí.
Ruega por mí y por todos.
En los Nirvanas de tu cerebro
donde te escondes-
indulgente y enorme-
ya no Charlie Parker
sino el impronunciable Nombre secreto
que lleva aparejado
desde aquí hasta el este o el oeste
un premio sin medida.
Charlie Parker:
aleja la perdición de mí
… y de todos.
Traducción de William Shand y Alberto Girri.
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leoncio guerrero: pilintra |

torció para la cueva, donde se arrojó con todo su peso y su indolencia sobre unas mantas. ¿Qué había mal olor? ¿Qué las cabezas de pescado estaban putrefactas? ¿Y qué? Ni la cabeza le dolería. Estaba acostumbrado. Vaya una cosa por otra. Prefería la cueva y sus hedores a una casa que para pagarla y mantenerla tendría que trabajar regularmente, obedecer y sentir la tiranía del tiempo. ¿El tiempo? Para él era ese lento, dulce pasar de los días, aparecer y perderse del sol. Si alguien le hubiese preguntado en qué día y en qué mes del año se encontraba, no habría podido responder. Sólo sabía que era verano, porque podía refugiarse, sin temor a los fríos en la cueva. Le quedaba un poco de tos, a causa de su enfermedad. Pero ya pasaría. Cierto, también, que le dolía la espalda, que estaba muy pálido. Tampoco le importaba: unas cuantas salidas a la pesca y volvería tostado y fuerte.
Extracto del libro La Caleta de Leoncio Guerrero
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simón bolívar |

SIMÓN BOLÍVAR
Sueño implacable de libertad
manantial, sol, llanura y semilla
tu altura vuela por los aires
tu nombre recorre todos los caminos.
Una lanza dirigida por el viento
un farol encendido en la frente
rosa, piedra, volcán fue tu destino
liberador de todo un continente.
Antes de Bolívar: sólo Simón
frecuentador de nubes palaciegas
petimetre nervioso y alocado
mantuano figurín de porcelana.
Después de Simón: sólo Bolívar
habitante de estrellas matutinas
arquitecto de hombres sin destino
saeta de espada justiciera.
Que manera de morir y seguir viviendo
en esta América morena de agua clara
más joven y fuerte cada día
anunciando la esperanza del mañana.
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enrique heine |
a sígnora Leticia, joven rosa de cincuenta años, estaba en la cama, gorjeando y charlando con sus dos galanes, uno de las cuales estaba sentado en un taburete delante de ella, mientras que el otro, recostado en su amplio butacón, tocaba la guitarra. En la habitación contigua oíanse por momentos los sones de una dulce canción, alternando con los rumores de una más dulce risa. El marqués, con cierta pulida ironía que empleaba a veces, me presentó a la sígnora y a los dos caballeros, y advirtió que yo era el mismísimo Juan Enrique Heine, doctor en Derecho, que había logrado hacer su nombre famoso en la literatura jurídica alemana. Por desgracia, uno de aquellos caballeros era profesor en Bolonia y de la Facultad de Derecho, aunque su vientre rotundo, abovedado, parecía más bien calificarle para obtener un puesto en la trigonometría esférica. Después de un instante de vacilación, expliqué que no acostumbraba a publicar nada con mi verdadero nombre, sino con el nombre de Jarve. Y dije esto por modestia, citando el nombre de uno de los más tristes gusanillos de nuestra literatura jurídica que por ventura acudió a mi memoria. El boloñés lamentó no haber oído nunca antes ese nombre famoso -otro tanto, sin duda, te sucede a ti, caro lector-; pero expresó su confianza de que pronto extendería por todo el orbe el brillo de su ciencia. Dicho esto, se recostó en su sillón, rasgueó algunos acordes en la guitarra y cantó estos versos de Axur:Oye con benevolencia
El balbucir de la inocencia,
El balbucir, el balbucir…
Pero la sígnora Leticia empezó a trinar con finísimo discante:
Por ti laten mis arterias,
Vivo transida de amor.
Sólo por ti palpita mi corazón.
-¡Bartolo, dame el escupidor!
Bartolo se levantó de su banquillo, enderezando sus secas piernas de madera, y presentó ceremonioso a la señora una vasija de porcelana azul, algo sucia.
Este segundo galán -como Gumpelino me advirtió en voz baja y en alemán-, era un famosísimo poeta, cuyos versos, aunque compuestos desde hacía más de veinte años, resuenan todavía por toda Italia embriagando a viejos y jóvenes con el suave ardor amoroso que en ellos alienta. Pero el tal poeta estaba convertido ahora en un pobre vejestorio de ojos pálidos en rostro ajado, de blancos pelillos ralos sobre vacilante cabeza y helada escasez en el mísero corazón. Esos pobre viejos poetas, de cuerpo sarmentoso, se parecen a las viñas que vemos en invierno sobre las heladas colinas; resecas y peladas, tiemblan al viento y se inclinan bajo el peso de la nieve, mientras que el dulce licor que antaño extrajo de ellas enciende en remotos países los corazones báquicos. ¿Quién sabe? Cuando el lagar de los pensamientos, la máquina de imprimir, haya prensado, hasta agotarlo, mi cerebro y mi viejo ingenio embotellado se amontone en las bodegas editoriales de Hoffmann y Campe, entonces quizá yo, tenue y mísero como el pobre Bartolo, estaré sentado en un taburete, junto al lecho de una vieja innamorata, y obediente a los mandatos de la dama, le ofreceré reverente el vaso de escupir.
Enrique Heine, Cuadros de viaje, Espasa Calpe, colección Austral, 1950.
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rolando cárdenas (1933-1990) |

Jorge Teillier, Juan Díaz y Rolando Cárdenas.
Año 1964. Foto de Jorge Aravena Llanca.
olando Cárdenas siempre estuvo cerca; de la amistad, del poema y de la mano extendida para brindar afecto a quien se le pusiera por delante. Un rara avis que solía, en su juventud, copiar libros completos de la biblioteca nacional porque carecía del dinero para comprarlos. Embajador toda su vida de la República de Magallanes en Santiago de Chile. Su mirada constantemente seguía el derrotero del cóndor de su infancia natal. Nacer en Magallanes nos hace ser distintos, irremediablemente; gestos, lenguaje, actitudes y presencia, tenemos nuestra propia bandera y nuestro propio silencio, somos distintos. Por eso en la Estación Cárdenas, puede encontrarse, trompos, viento, nieve, el canto de los gallos, la vasta soledad de la pampa, la gaviota y el granizo. Y por sobre todo, el hombre, el hombre que es igual en todas partes, con su carga de pequeños desastres y grandes conquistas, con la esperanza cierta de avizorar un mundo mejor y en creer que la poesía nos salva y nos redime, nos perdona y nos da esperanza.Ahora que sus restos mortales llegan a vivir a Magallanes, vaya este recuerdo emocionado a ese extraordinario poeta y compañero de ruta de tantos poetas chilenos que un día dijo: "Alguien nos reconocerá a la vuelta de la esquina/Será como venir a saludar desde otra época".

Celebración del 50º cumpleaños de
Jorge Teillier, Santiago 1985, de
izquierda a derecha: Ramón Díaz Eterovic,
Rolando Cárdenas, Felipe Landea,
Juan Guzmán Paredes y Jorge Teillier.
Foto de Leonora Vicuña Navarro.
EN SUMA; TODO ES REGRESO
En el océano de esas noches
me detuve con mis signos, dispersándome
de aquellas colinas que han dejado de ser
(ahora deben estar pobladas de tejados rojos),
de la nieve sobre la soledad de los domingos,
de esa agua helada que nos ha rodeado siempre
y del fuego, que nos separaba del invierno.
Un tiempo definitivamente transcurrido y olvidado
por esa decisión
de esconderse cerca de este otro lado del mar.
Ahora era tu voz grave
como madera resonando levemente tocada,
tenazmente alejados de lo que no fuera ese secreto,
dispuestos a dejar atrás lo que nos había afrentado,
a rehacerlo todo en esa casa perdida bajo el cielo
en una alianza de pronto despertada.
El silencio también era un silencio lleno de voces
que con el sueño llegaba
copado con los sonidos ocultos de la noche y la tierra.
Sin duda eras un horizonte ausente
blanca y dormida,
la que no me oye en su humedad salobre
pero en un gesto repentino me acerca,
más que la espuma preparándose desde lejos
distante de tus ojos obscurecidos por la tarde.
Eras mucho más que el frío aire de la madrugada
que nunca logró penetrar en ese pequeño escondite cerca del mar.
EL RECUERDO INCONCLUSO, KNEF AUSENTE
No hay otra manera de reconocer los hechos
Que situándose lejos,
-como desde mi casa-
tal vez apenas suponer algo
o aferrarse casi con desesperación
a ese modo inquietante y diabólico
de detener la tarde.
Exactamente igual te detuviste ante mí,
morenamente agresiva
con tu ternura y tus palabras llenas de frío
a pesar del sol
que no retuvo sus llamas.
REVISTA CORMORAN, año 1, Nº 6
BUSQUEDA
A veces es bueno abandonarse al propio olvido
como si el saber sonreír
fuera más fácil que morder una fruta.
Ir por las calles perfectamente solo,
sin más compañía que nuestra cotidiana tristeza y nuestros pasos,
amando una vez más la sencillez del aire
de la manera como se recuerda la infancia,
o ese otro tiempo pulverizado
cuando se buscaban las primeras estrellas en las charcas.
Es bueno sentarse entre amigos y vasos
a observar como todos abandonan algo suyo
en la música que los impulsa y transforma en seres sin huesos,
mientras la noche trepa por los muros
buscando también dónde esconder su espera,
y después salir hacia el alba
con un poco más para alimentar futuras soledades.
Es bueno comprender que estamos hechos de recuerdos,
un poco de tiempo que crece sin escucharnos
y de muchas cosas que no comprendemos.
A veces es bueno detenerse a contemplar la hoja que cae
cuando la palabra primavera
no es lo que nosotros quisiéramos que sea.
REGRESO
Un día regresaremos a la ciudad perdida
como las estaciones todos los años,
como una sombra más en las tardes,
preguntando por antepasados
o por el río en cuyas aguas se quebraba el cielo.
Será en invierno
para revivir mejor los grandes fríos,
para ver de nuevo
el humo negro de los barcos cortando el aire,
para escuchar en las noches
los pequeños ruidos de la nieve.
Nos sentaremos a la mesa como si tal cosa
a probar el pan de otros días.
Un pájaro que cruce por la ventana
nos hará pensar en el bosque de pinos
donde el viento se revolvía furioso.
También preguntaremos por antiguos amigos
pensando quizás en el rostro de alguna muchacha.
Aún existirá el boliche
donde se reunían viejos campesinos.
Nos invitarán a beber y a conversar
asuntos que nadie olvida.
El tiempo no es más que regreso a otro tiempo.
"Todos nos reuniremos alguna vez bajo tierra".
Alguien nos reconocerá a la vuelta de la esquina.
Será como venir a saludar desde otra época.

Los poetas Alvaro Ruiz y Rolando
Cárdenas. Bar Unión Chica, 1989.
Foto de Leonora Vicuña Navarro.
JORGE TEILLIER
MURIÓ CÁRDENAS
El poeta Lorenzo Peirano llega desde Cónico
a la calle Esperanza, luego, respirando
callejones, pasa por Libertad y me envía a La
Ligua un telegrama: "Murió Cárdenas".
Nos vimos por última vez un 18 de Septiembre
en el Inés de Suárez, la ciudad estaba
embanderada en honor de nuestro encuentro.
Ahora sólo puedo esperar que nos encontremos
junto a Samuel Donoso para leer a Saint-John Perse
y cantar: "Oh que dulce es el misterio de
la vida". Espérame Rolando. Has dado la señal.
ALVARO RUIZ
EN EL LENTO VUELO DE LA AVUTARDA
En el lento vuelo de la avutarda Rolando Cárdenas murió
Todas estas plumas las robé
Nada de manantiales; sólo aguas estancadas
De canoa a canoa una señal de estrellas en el corazón
Delgada la voz como un hilo
Que cruza y cierra los ojos
El horizonte es un madero
Los vasos están trizados y el viento sopla sobre los rostros
Volveremos a los pastizales
Una ráfaga atraviesa el cielo
Como en el espejo las golondrinas
Ya nadie cantará "Corazón de Escarcha"
Sus amigos también murieron y sólo queda el aire
Meridional.
RAMÓN DÍAZ ETEROVIC
CÁRDENAS
Algunas tardes vuelvo a la cantina
donde él embriagaba su sonrisa provinciana.
Sus poemas saltan a mi memoria
-copos de nieve,
huidizos y lejanos-
igual que esas calles
que recorrimos
mientras el viento
-aquel del sur y en el corazón -
nos decía
que éramos indestructibles.
Algunas tardes
Asoma su nombre en el vino que bebo.
Es como una llama
que ilumina el camino
ahora
que estoy solo
y los amigos se han ido
sin anunciar
el día del regreso.
OBRA COMPLETA ROLANDO CARDENAS, Ediciones La Gota Pura, Santiago, Chile, 1994.
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Gerard de Nerval: Plan de un poema |
La segunda parte comprende la Edad Media, los cuadros del Tiziano, la santa desnudez del arte que diviniza el cuerpo y reacciona por medio del esplendor de lo bello y lo verdadero contra el catolicismo de los Gregorio VII.
La tercera parte, finalmente, comprende la edad moderna, la edad hipócrita que no se atreve a reconocer la verdad y contemplar el desnudo. Así se pasa, una tras otra, por la edad de oro, la edad de plata, la edad de hierro; la mitología, el catolicismo y la Biblia, la ingenuidad griega, la serenidad antigua y la gazmoñería actual.
| [+/-] |
mario trejo |

el insomne insumiso o sobre los alcances de hablar de ciertos temas
Hemos hablado toda la noche
de cómo va el mundo
Fue una buena comida
abundante y sin lujos
entre viejos amigos
Alguien recordó a Saint-Just;
los que hacen revoluciones
los que quieren hacer el bien
no deben dormir más que en la tumba
Miramos el fondo de las cosas
paladeamos el vino
y hablamos también
de secuestros de aviones
y personas desaparecidas
y cadáveres abandonados
en basurales taciturnos
Discutimos la diferencia
entre la muerte de un tornero
y el rapto de un embajador
su precio en moneda diplomática
Alguien aclaró la distancia que media
entre guerrilla y terrorismo
cuestión de objetivos
de víctimas y medios
de razones y llantos
Una y otra vez tocamos el tema
de los intereses nacionales
es decir
del interés nacional
que entierra los gestos heroicos o inútiles
y los riesgos de la guerra
hablamos de la paz nuclear
y del ausente con permiso de los chinos
en Vietnam Bangla Desh e Indonesia
de los americanos en Praga
de los rusos en Santo Domingo
del mundo entero en Chile
y de las tropas de etcétera en el país de etcétera
Pero volvíamos siempre al punto de partida
la tortura y sus técnicas
oficio que ignoran el virus y el tigre
el escorpión y la culebra
viciosa búsqueda de la verdad
mundial y sin secretos
Como de costumbre
estuvimos de acuerdo en que poco o nada
se arregla con canciones y puestas en escena
con rituales de cámaras y luces
y palabras elegidas con pasión y paciencia
Para qué repetir
que un poema no devuelve la vida
La película ha terminado y el cine continúa
Yo no soy el hechicero de una tribu profética
Por fin resolvimos que
de todos modos
es peor el silencio
que hablar es algo más que una droga
Y las sirenas aullaban en la calle
Porque la verdad es verdad
sólo cuando es pronunciada
golpeada a veces
a puro y torpe corazón
Porque no hay tiempo que perder
Pero supimos también
que vale la pena salvar un minuto
para recordar que a la verdad también hay que pensarla
meditarla destriparla
Porque el blanco de la verdad es la eficacia
Cabeza fría y corazón caliente
Cálida sobremesa
discretamente alcohólica
entre viejos amigos
La verdad
nos dijimos
no es ni fea ni bonita
Pero igual deberíamos salvar un minuto
para el poeta que hay en todo hombre
para que pueda sin temor
perder la ilusión de que cuando termina la belleza
se acaba la verdad
Para que pueda realizar la ilusión
de que donde acaba la verdad termina la belleza
como en esos discos de Bach o d e los Beatles
que giran hoy a 33 revoluciones por minuto
Nos callamos un rato
cómplices en saber que la bestia humana
sólo sonreirá cuando verdad y belleza
sean una sola y misma cosa
Insomnes
hablamos toda la noche
Insumisos ante el poder de la palabra
Convencidos de que las ideas
sólo se redimen en la práctica
hegel voyeur a orillas del mar rojo
Rabiosos son los lobos del verano,
aullido a pleno sol, baba y colmillos
que arrojan salomónicos cuchillos
contra la flor oscura de tu ano.
Desnuda contra el mar, llevas tu mano
de guante negro hacia los sencillos
repliegues de tu carne, los anillos
elásticos de tu sexo anglicano.
Catorce mil trescientos veinte orgasmos
fueron los días que vivió el hirsuto
fornicador sobre el que hoy cabalgas.
Obsérvalo observarse en tus espasmos
como Hegel se espiaba en su Absoluto.
Siéntele hundir su angustia entre tus nalgas.
para celebrar tu vida privada
Los tigres nocturnos asisten
Callados tensos elegantes
Al rito nocturno de tu nombre
Que oficio en mis noches de viaje
Era un pueblo sobre la costa
Se oían los pianos eléctricos
Los perros lloraban a mares
La voz de los patrones muertos
Ya comenzaba a distinguir
El imperio de los tambores
Míseras luces ayudaban
A encandilarme con tu nombre
El sol te me enrojecía
Y el mar llegaba a tu cintura
Era una inundación querida
Un naufragio de mordeduras
Dejabas atrás la belleza
Como yo dejé a las palabras
Brillabas apenas y simple
Como el sol de la madrugada
Tu imagen quedó detenida
La eternidad se hizo presente
El terror me besó la piel
Y supe que iba a perderte
Eras la emperatriz locura
Desnuda de brazos abiertos
Mi alma se domesticaba
En los planetas de tu cuerpo
Ahora me exiges que te toque
Como un ciego que lame el fuego
Y una jirafa loca surge
Desde el mar y se oye un eco:
Dios muerte llanto vida risas
De estar desnudos en la playa
Trazando el ciego laberinto
Que une el amor con la nada
El universo se ha ensanchado
Hasta el tamaño de una cama
convivir con los muertos
Convivir con los muertos Mario amaba a Mariana que amaba a Milton
que amaba a Irene
que amaba a Víctor
que amaba a Dolores
que amaba a nadie.
Hoy, Mario gitanea.
Mariana vive con un hijo en Andorra.
Milton trafica coca de Santa Cruz de la Sierra
a Buenos Aires.
Irene murió en un secuestro aéreo.
Víctor se hizo mierda.
Dolores se casó con el doctor Braun,
un suizo que la dejó - harto de sus melancolías -
y luego se juntó con un fechorista griego
con quien vive ahora - loco y feliz -
en el Hotel Belvedere de Taormina.
Aún suelo verlos, dispersos sobrevivientes.
Hablamos de nosotros como de otra película.
Hemos aprendido a convivir con los muertos.
| [+/-] |
William Blake: William Bond |
Yo me pregunto si las muchachas están locas
y yo me pregunto si ellas quieren matar,
y yo me pregunto si William Bond va a morir
puesto que, ciertamente, está tan enfermo.
El fue a la iglesia una mañana de mayo,
acompañado por una, por dos y por tres hadas;
pero los ángeles de la Providencia las expulsaron
y él miserablemente regresó a su casa.
Ya no volvió a salir ni al campo ni al potrero,
ya no volvió s salir ni a la aldea ni a la ciudad,
ya que volvió a su casa en una negra, negra nube,
se fue a su cama para acostarse en ella.
Y un ángel de la Providencia se instaló a sus pies,
y un ángel de la Providencia a su cabecera,
y en medio estaba una negra, negra nube,
y en medio estaba el enfermo en su cama.
Y a su diestra estaba Mary Green
y a su siniestra estaba Jeanne, su hermana,
y sus lágrimas caían y atravesaban la negra, negra nube,
para que el dolor del enfermo se fuera.
¡Oh William!, si es que quieres a otra,
si es que a otra amas más que a la infortunada Mary,
anda y toma a esa otra mujer por esposa,
y Mary Green será su sirviente.
-Sí, Mary, es a otra a quien amo,
es a otra a quien amo mucho más que a ti,
y es esa otra la que quiero que sea mi mujer;
porque, dime, ¿qué puedo hacer contigo?
Porque tu eres melancólica y pálida,
y sobre tu cabeza tienes la luz fría de la luna;
la otra es rozagante y brillante como el día,
y de sus ojos salen los rayos deslumbradores del sol.
Mary tembló, Mary se estremeció, se puso yerta,
y Mary se desplomó sobre un costado,
tanto que William Bond y Jeanne, su hermana,
apenas consiguieron volverla a la vida.
Cuando Mary volvió en sí y se encontró acostada
a la derecha de su amado William,
a la derecha, en su lecho bien amado,
y cuando vio a su William tan cerquita de ella,
las hadas que se habían escapado de William Bond
danzaron alrededor de su cabeza iluminada;
ellas danzaron sobre las almohadas blancas,
y los ángeles de la Providencia se alejaron del lecho.
Yo creía que el Amor vivía en la cálida luz solar
pero no, el Amor vive en la luz de la luna.
Yo creía encontrar el Amor en el calor del día,
pero el amor dulcísimo es el consuelo de la noche.
Buscad el Amor en la piedad por las ajenas desdichas;
en el tierno alivio de las ajenas preocupaciones,
en la oscuridad de la noche y en la nieve invernal,
buscad el amor en los desposeídos y en los abandonados.
Traducción: Braulio Arenas
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Aristóteles España: Harold Pinter |
Sus creaciones abarcan mundos desconocidos, el hombre frente a la soledad, árboles que caminan en la memoria de un ciudadano común y corriente, desesperado en busca de dioses que no existen, seres que buscan su destino en medio del caos de la modernidad, el individualismo que aflora a medida que la sociedad se industrializa y globaliza, textos llenos de misterio donde la influencia de Kafka cobra un rol fundamental.
Construyó un "teatro del absurdo" o de "vanguardia" apartándose de Ionesco, sin negarlo, sino aportando otra visión: la del ser humano de las grandes urbes que no encuentran su espacio o territorio donde llevar a cabo sueños, hijos, ideas, proyectos de vida satisfactorios para quienes sueñan con lo mínimo.
En Londres la crítica acuñó el término "teatro de la amenaza" en la década del 60 por el vigor satírico de sus propuestas estéticas, con un lenguaje transgresor, de violencia explícita y misterio metafísico. Por ejemplo en la obra "La habitación", una mujer casada no quiere bajar al sótano de su casa pues allí vive un extraño, que parece conocerla de otro tiempo, el esposo de la mujer mata a este tipo advenedizo. Toda su producción tiene un corpus verbal que no deja indiferente, mundos llenos de tensión, el dramaturgo inglés controla la comicidad de sus diálogos, provocando angustia en el lector y los espectadores de su teatro que ha sido difundido en más de 120 países.
En su narrativa los silencios abundan para desconcertar el sentido y la regularidad de la trama, sus personajes deambulan por caminos de dolor e incertidumbre. Una de sus obras más difundidas es "El amante" donde una pareja burguesa recurre al adulterio como salida a su incomunicación, y los esposos aparentan llevar una vida divertida que esconde su desencanto.
La farsa y la sátira las maneja en forma magistral, como asimismo la arquitectura del vodevil lleno de humor negro. En este último tiempo se dedicó al teatro político, de denuncia, tuvo problemas con su gobierno, apoyó las causas del Tercer Mundo. Admirador de Salvador Allende, siempre estuvo contra Pinochet y abogó para que sea enjuiciado en Londres. También fue un crítico tenaz de la invasión a Irak por parte del régimen de George Bush. No es casual que sus últimos trabajos tomen como eje la tortura y el poder.
Pinter, hijo de padres judíos, estudió en la Real Academia de Arte Dramático de su país. Recorrió Irlanda interpretando las obras de W. Shakespeare. Hace un par de años decidió dedicarse sólo a escribir poesía. Algunas de sus obras son "La habitación"; "La fiesta de cumpleaños"; "El amante"; "Cumpleaños para Stanley"; "El cuidador"; "El lenguaje de la montaña"; "El elevador del restaurante"; "El sereno"; "Traición"; "Un tipo de Alaska"; "Polvo eres". Escribió los guiones de cine "La mujer del teniente francés"; "El último magnate"; "El sirviente"; "El accidente"; estos dos últimos para el director J. Losey. Hace un par de años incursionó como actor junto a la actriz chilena Leonor Varela en el film "El sastre de Panamá". La semana pasada se anunció que sería actor en una obra de S. Beckett para celebrar los 50 años de la compañía inglesa Royal Court Theatre.














