RAMÓN DÍAZ ETEROVIC (Punta Arenas, 1956). Ha publicado las novelas: "La ciudad está triste", "Solo en la Oscuridad", "Nadie sabe más que los muertos", "Nunca enamores a un forastero" "Angeles y s olitarios", "Correr tras el viento", "Los siete hijos de Simenon", El ojo del alma, El hombre que pregunta, El color de la piel y A la sombra del dinero. Es autor de la novela infantil: R y M investigadores. Ha obtenido una treintena de premios, entre los que destacan el Premio del Consejo Nacional del Libro y la Lectura (1995) y el Premio Municipal de Santiago, género novela (los años 1996 y 2002). Recibió el Premio Anna Seghers de la Academia de Arte de Alemania (1987); y obtuvo el Premio Las Dos Orillas del Salón del Libro Iberoamericano de Gijón (2000). El año 2005, el Gobierno de la República de Croacia lo condecoró con la Orden de Danica Croata Marko Marulic. Sus novelas han sido publicadas en Portugal, España, Grecia, Francia, Holanda, Alemania, Croacia, Argentina e Italia. El año 2005, Televisión Nacional de Chile exhibió la serie Heredia & Asociados basada en sus novelas del detective Heredia.
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Ramón Díaz Eterovic: La tristeza de Gatica |
RAMÓN DÍAZ ETEROVIC (Punta Arenas, 1956). Ha publicado las novelas: "La ciudad está triste", "Solo en la Oscuridad", "Nadie sabe más que los muertos", "Nunca enamores a un forastero" "Angeles y s olitarios", "Correr tras el viento", "Los siete hijos de Simenon", El ojo del alma, El hombre que pregunta, El color de la piel y A la sombra del dinero. Es autor de la novela infantil: R y M investigadores. Ha obtenido una treintena de premios, entre los que destacan el Premio del Consejo Nacional del Libro y la Lectura (1995) y el Premio Municipal de Santiago, género novela (los años 1996 y 2002). Recibió el Premio Anna Seghers de la Academia de Arte de Alemania (1987); y obtuvo el Premio Las Dos Orillas del Salón del Libro Iberoamericano de Gijón (2000). El año 2005, el Gobierno de la República de Croacia lo condecoró con la Orden de Danica Croata Marko Marulic. Sus novelas han sido publicadas en Portugal, España, Grecia, Francia, Holanda, Alemania, Croacia, Argentina e Italia. El año 2005, Televisión Nacional de Chile exhibió la serie Heredia & Asociados basada en sus novelas del detective Heredia.
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Concurso matrimonial |

Un día dijo a su padre.
-Quisiera deshacerme de dos de mis pretendientes, y para ello tomaré por marido al más hábil de los tres.
-Voy a llamarlos para que vengan a trillarme el mijo. Escogerás por marido al que trabaje mejor.
Saga se presentó el primero. Con sólo un golpe de su bengala, trilló tan reciamente el mijo, que todos los granos salieron de las espigas.
Masidia se adelantó a su vez. Se sentó sobre el montón de mijo trillado, y soltando un pedo, hizo que toda la paja volara y desapareciera por el aire.
En aquel momento, Badunti se tiró de la piel de los testículos y la alargó tanto que envolvió todo el grano trillado y acechado por sus rivales.
-¿Cuál de los tres habrá escogido por marido?
Cuento gurmuntié.
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Francis Picabia: El ojo frío |
Después de nuestra muerte se deberá meternos en una bola, esta bola será de madera de varios colores, y se la hará rodar para conducirnos al cementerio, y los enterradores encargados de ese cuidado llevarán guantes transparentes a fin de recordar a los amantes el recuerdo de las caricias. Para aquellos que deseen enriquecer su mueblaje del placer objetivo del ser caro habrá bolas de cristal a través de las que se advertirá la desnudez definitiva de su abuelo o de su hermano gemelo.
Hay gentes que tienen la cabeza abajo, como las plantas, y que miran con los pies.
El conocimiento y la moral no son más que papel para las moscas…
Todo es veneno, excepto nuestros hábitos.
Es necesario comulgar con chewing-gum.
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Augusto Céspedes: Epílogo para el diablo |
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| Simón I. Patiño, 1941. |
Hechos, no palabras. El comentario del señor Patiño a tal acto de purificación consistió en ordenar desde Buenos Aires a su banco en La Paz que obsequiara un millón de pesos (20.000 dólares) al heroico pueblo que de ese modo lo desagraviara.
Sus últimos años lo había vivido en hoteles. Desde que huyó de Francia en 1940, en la torre del Waldorf-Astoria de New York. Y concluida la guerra, en un departamento del Plaza de Buenos Aires, ciudad a la que se trasladó en barco porque nunca confió en la estabilidad invisible del aire. También por temor a pleitos potenciales de la servidumbre doméstica abandonó sus mansiones ducales y se hizo pensionado de hoteles. Los médicos, ellos sí, vencieron su natural desconfianza conservando su existencia de mogul sagrado hasta los 89 años en que murió, huésped de lujo, en el Plaza.
Como último domicilio Patiño había elegido el mausoleo que mando construir al estilo del siglo XVIII francés en la falda del Tunari, y que nunca conoció. Regresó cerrado en un cilindro metálico, metido en un sarcófago faraónico de maderas preciosas, talladas con incrustaciones de marfil y manijas de plata, una superproducción única de los funebreros de la avenida Santa Fe que, posteriormente, pasaron a la familia tal factura que ésta les hizo pleitos ante los Tribunales.
Patiño no descansó un momento. Del Plaza al necrocomio para la desecación científica; a las oficinas de la Embajada boliviana para velatorio; a la misa pontifical en San Nicolás de Bari; a la estación del ferrocarril, seguidos por miembros de la familia real, abogados, gerentes y el embajador de Bolivia. Embarcado en una bodega sellada atravesó la pampa hacia el Norte, subió por la quebrada, en dos días alcanzó el altiplano, atravesó la frontera. Dentro del territorio boliviano las autoridades civiles y militares formaban en las estaciones, , solícitas ante los ilustres huéspedes que cumplían un penoso peregrinaje, progresivamente fatigoso por las deficiencias del lavabo deshidratado, del coche-comedor subdesarrollado y con mozos mugrientos. En Oruro ya no quedaba nadie de los antiguos conocidos. Los sindicatos de obreros habían sido disueltos, pero en cambio se incorporaron al cortejo el presidente de la República -grato a la financiación estannífera de su campaña electoral- y los ministros de Estado con lágrimas en los ojos.
El tren fúnebre descendió al valle y llegó a Cochabamba. En la gran concentración de la estación del ferrocarril sólo unos universitarios antisociales lanzaron gritos de protestas y echaron volantes pero fueron corridos por la gente indignada. "Es el colmo. No respetan ni la muerte". Ningún cochabambino pudo conocer personalmente al prócer por prohibírselo el doble envase cuyo hermetismo daba a entender que don Simón, misántropo en vida, seguía eludiendo en muerto la curiosidad de sus paisanos. Pudieron admirar únicamente la ebanistería del embalaje, sus argentíferos manubrios, las pirámides de corona, la pompa incrustada entre las deficiencias lugareñas como la del desintegrado coche fúnebre que, siendo de primera, tenía los vidrios rotos y un automedonte sin uniforme, guiando dos caballejos desnutridos para trasladar al magnate de la estación a la Catedral pasando bajo de los alares de tejas y de los herrumbrosos balcones de hierro donde pendían raídas banderas a media asta en cumplimiento del doble duelo decretado por el gobierno central y por la municipalidad. Frente a la Catedral el regimiento de guarnición con los tambores a la sordina. Se inició el certamen oratorio con el Himno Nacional. Veinticuatro discursos que hacían eco a los editoriales de la prensa: "El gran cochabambino. Por él Bolivia fue conocida en Europa y Estados Unidos. Incorporó apellidos de la aristocracia europea a su digna estirpe. Regaló el potro árabe "Liliot" a nuestras Fuerzas Armadas. Por razones de salud no pudo regresar antes a la patria. Pero desafiando a la calumnia y a la envidia ordenó que sus restos vuelvan a su tierra natal. Aquí lo tenemos a nuestro hijo predilecto".
Los caballeros de la Cofradía del Santo Sepulcro introdujeron el féretro al templo, doblados por su peso, en el foco de la expectación ciudadana. Mitrados y canónigos delante del altar mayor velado por una cortina negra. En sitiales de ceremonia inmóviles como el catafalco los herederos venidos desde París y, a su nivel, el presidente y los ministros de riguroso luto con el que habían hecho todo el trayecto desde La Paz. Más negrura en las autoridades y gentes de la sociedad de pie o arrodilladas y atrás, apiñados en las naves, los vecinos ansiosos del único contacto que en toda su existencia podían tener con el millonario. Esperaban algún milagro y la cápsula mortuoria les parecía la reliquia de San Genaro en proporción áurea. El ataúd cubierto con la bandera boliviana y rodeado de coronas, con tarjetones donde figuraban las siglas de sociedades anónimas, trust, bancos, compañías; guirnaldas del presidente de la República, del gabinete ministerial, de las sociedades culturales, de los partidos Liberal, Republicano, Socialista Unificado y del Partido de la Izquierda Revolucionaria.
El heredero del trono era objeto de la curiosidad que despertaría un maharajá asiático caído en la aldea quichua, aunque la impresión era decepcionante. Simón había durado tanto que dejaba a Antenor ya viejo, canoso y arrugadito. Insignificante e inexpresivo, con las mismas pupilas opacas e inamistosas del monarca difunto, cumplía el aburrido rito de presidir la ceremonia, de participar en la democracia de provincia., rodeado del pequeño círculo criollo pero más envuelto por inoportunos olores a patas, sudores mestizos y a coca masticada que no lograba disipar el incienso a máximo volumen. Semejante mixtura perturbaba también el réquiem cantado en el interior de la basílica que se tejía con las notas de la banda municipal de la plaza: músicos con chaqueta militar y pantalones de paisano tocaban boleros y pasacalles a falta de marchas fúnebres clásicas que ignoraban. De todos modos, el homenaje no podía reducirse al mundo decente sino que debía permitir participación al pueblo, como réplica al calificativo de "apátrida" que habían dado a Patiño algunos intelectuales cochabambinos envidiosos.
Ese día don Simón se trasladó con el mismo abrigo de caoba y emponchado en la bandera nacional a su misteriosa y legendaria residencia de las faldas del Tunari. Los técnicos de la apoteosis anunciaron que se permitiría el ingreso de los villanos a conocer al mausoleo. La empresa de electricidad -de la que fue principal accionista y como tal había hecho nombrar a su gerente presidente de la República en 1930- concedió convoyes gratuitos en el tranvía hasta el pueblo de Quillacollo.
Patiño hizo el mismo trayecto de sauces y álamos que recorrió cuarenta años antes, ascendiendo sobre baches en su carromato entre maizales y alfalfares a cuya vera aparecían chozas techadas de paja de las que salían campesinos a sumarse al cortejo. Llego al lugar de la sombra azul, donde el olor de la yerba buena y de la menta condensados propicuiaron la elección del paraje en el que mandó construir la mansión que sólo conocería en los diseños del arquitecto francés. Después de un camión con polizontes y el coche fúnebre venían dos automóviles (de la prefectura y de un terrateniente que lo prestó) llevando a los deudos: mestizos quichuas, un conde francés y una condesa española de postín. Luego viejos autos de alquiler que cargaban al presidente, ministros, el prefecto con banda tricolor en la barriga y a la Corte Superior en pleno, llenos de sudor y polvo. El polvo que levantaba la caravana oficial daba la medida de su importancia, ahogando a las carretas y las filas de peatones y jinetes de las aldeas vecinas que desde temprano acudían al entierro. En medio camino estaban levantados los palos que cerraban la "Propiedad privada" sobre cuya geometría de jardines y árboles importados surgía el bloque granate de los ceibos centenarios. Cercaba toda la propiedad una cintura de muros de ladrillos erizados con aristas de botellas rotas.
Altas rejas negras con astas doradas y florones con las iniciales "S.I.P." se abrieron al carro y los caballejos en la entrada a la avenida de cipreses que conducía a la capilla donde el Obispo ofició el réquiem con orquesta del Conservatorio. Luego el transporte tuvo que hacerse todo a pulso hacia una plazoleta donde cuatro sauces llorones rodeaban a una congregación escalonada de figuras de mármol, todo un curso de estatuaria genovesa con un cristo en alto, leones bostezando, famas arrogantes y ángeles con las cabezas inclinadas y las alas plegadas, excepto un arcángel de categoría, en ademán de alzar el vuelo y de tocar una larga trompeta dorada que sostenía con una mano sobre los labios".
Ya no correspondió a los Cofrades del Santo Sepulcro sino al Presidente y sus ministros la tarea de quebrarse la columna vertebral. Sudando como gañanes tuvieron que dejar el ataúd y ceder la faena a fornidos indígenas de la caballeriza que estimulándose con apóstrofes en quichua lo levantaron y acarrearon para subirlo e introducirlo al túmulo. Chocó el sarcófago y se le desprendió un manubrio de plata que el ministro de Hacienda se agachó a recoger, por acción refleja. Otros pasos más. Uno de los indios acosado por las moscas murmuró: "¿Imaraycu ajina llasa cay cojuro?".
Antenor no entendía el quichua. En medio de la expectación que atraía el carguío, fosco e impasible resistía la presión que, como en un subte, ejercía sobre los caballeros y damas de sociedad la chusma pueblerina que seguía llegando demográficamente explosiva a ocupar mayores áreas del parque, anegando ya las galerías de la residencia, alborotando y pisoteando las plantas del coto vedado y animando con su curiosidad cobriza el arisco silencio treintenario. Los villanos gozaban del ceremonial a su manera, hollando parterres, subiéndose a los canteros, aplastando jardines italianos, volteando macetas con arbolitos japoneses y "despetalando" las flores, según el lenguaje de un poeta chuquisaqueño que había dedicado una oda a Patiño.
En realidad florecía más bien el hermoso color del valle en la tez de las cholas de cabelleras trenzadas y sombreros blancos de copa alta, de los cholos en mangas de camisa, de los llocallas descalzos, los indios con abarcas, ponchos y gorros de lana policroma con más los vecinos de las ladeas circundantes, todos los cuales marginaban a los señorones ahogados de calor con sus ropas negras y provocaban desmayos de las damas. La clase alta y los estratos aborígenes, la élite terrateniente y el campesinado sudaban por igual. Sudaban el conde de Boubucay y la condesa española de postín abanicándose ofendida. Antenor, in mente, agradeció a su padre que nunca le permitió rozarse con semejante indiada.
El presidente, ministros, mitrados y gerentes codeados, empujados y pisoteados sin que pudieran impedirlo los gendarmes ni los leones de bronce, ni las Famas liderizadas por la estatua angélica de mármol con su trompeta de oro.
Sin embargo, el poder de Patiño trascendió por un instante. La turba impedía escuchar el discurso del subprefecto de Quillacollo que aludió al origen rural del monarca, llamándole hijo predilecto del pueblo de Karasa donde pidió erigirle un monumento. Tampoco de pudo oír el de profundis del obispo que bendijo el ataúd por centésima vez. Pero en el momento en que se precedía a empujar a Patiño a la catacumba resonó agudísimo, largo hasta penetrar en las quebradas de la montaña, el toque de la trompeta soplada por el querubín de mármol. Un cantarino torbellino de pájaros se zambulló en la copa de los sauces llorones y calló. En el surco del silencio que dejó la trompeta del Ángel callaron todos y aun los bostezos de los leones de bronce se solidificaron.
Terminó la clarinada del arcángel y entonces el monarca fue empujado sin el menor miramiento ya sin ningún poder humano, a la antesala del averno. Fue cerrada la puerta de bronce y el último homenaje de los vivos consistió en bloquearla con una guirnalda de hojas metálicas de dos metros de diámetro y cien kilos de peso con banderines de los colores del Commonwealth y un tarjetón de la International Tin Inc. Consolidated. Adentro su presidente, cerrado en el recinto sin más luz que una lamparilla de minero en el fondo de la mina.
En el parque las damas de negros trajes blanqueados por el polvo, los miembros de la familia real, el presidente y algunos ministros privilegiados, caminaron hacía la mansión, a tomar unas cocacolas, tibias porque no había hielo. Los altos empleados no sabían cómo desalojar a la gente que se instaló en el parque. Los serenos y mayordomos del feudo y los gendarmes fueron expulsados a patadas por los intrusos que ya vinieron borrachos bebiendo en el camino.
Antenor aconsejó la retirada. No obstante su amor a la propiedad tuvo que irse saliendo con la comitiva por un portón lateral hacia los automóviles. Quedó en los jardines la muchedumbre de cholas, artesanos, labradores y los vecinos venidos de la ciudad. Se tendieron en el pasto, vaciaron de sus atados y canastas los chicharrones y choclos, las jarras de chicha y las botellas de cerveza y pisco y templaron sus charangos. Voluptuosamente echados entre margaritas y begonias, bajo las magnolias y los achaparrados robles y los plátanos de Indias o embracetados en aro se brindaron mutuamente vasos de cerveza y chicha, improvisando un mágico día de campo criollo en el coto del Rey, orinándose sobre las rosas de Francia y las violetas imperiales, vomitándose en la piscina . Los gendarmes bebían fraternizado con sus compadres. Unos chicos descubrieron las jaulas de la pollería, las abrieron y persiguieron a las gallinas blancas y a los gallos de raza. Mugían asustadas las vacas Hereford y los caballos árabes relinchaban espantados ante las provocaciones de los audaces que querían montarlos.
Ya al atardecer, por el polvo del camino que filtraba un sol avergonzado, en carretas, camiones, caballos, burros o a pie los romeros tocando sus charangos y cantando canciones obscenas abandonaron el parque señorial, dejando a Simón Patiño solo, solitario en su envoltura faraónica.
"Por fin terminó el ajetreo" se diría éste. Pero entonces emanaron de la bóveda de la cripta como en un parto múltiple numerosas formas de muñecos formados de escorias chispeantes amasados con lama negra, que tenían pupilas de estaño del 99,99 por ciento: los duendes, los "tíos" de las minas que venían también a rendir su homenaje. Abrieron la caja, cortaron fácilmente la cápsula metálica y levantaron a Patiño, obligándole a pasar más adentro, más adentro.
En la cripta se abrió una galería llena de vapores sulfurosos y una temperatura de 2.000 grados centígrados que no parecía molestar a un enorme danzarín de la Diablada, con su gran máscara de dientes de caimán, sus cuernos entrelazados con serpientes verdes, ojos de vidrio con pupilas de metal y una corta capa bordada de perlas, zafiros, huayruros y espejitos. La cola colorada se enredaba en una pierna asomando el aguijón.
"Entra, compadre. Vamos a experimentar un nuevo procedimiento de volatilización electrolítica. Seguirás ganando".
Último capítulo de la novela de Augusto Céspedes Metal del Diablo de Ediciones Eudeba, Buenos Aires, Argentina, 1974.
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Vicente Huidobro: Estética |
1.-Un poema debe ser una creación del espíritu, no un comentario ALREDEDOR DE. El verbo creador. No el verbo comentador.
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Marcela Muñoz Molina |


En mi banca amarilla, descascarada
la pintura, te esperaré.
A pesar de los manotazos,
en la oscuridad,
a pesar del frío.
Para entonces ya las baldosas
se habrán deshojado
y a los trenes eléctricos
se le habrán quebrado las alas.
Para entonces
las gaviotas me habrán comidos los ojos.

Una sirena en la noche
es casi una advertencia bélica.
Una tortuga se hunde en el pasto
alguien respira profundo
Cuando todos duermen en Europa
Los cisnes no se acercan a la orilla.
Y el amor trastorna
Y el amor trastoca
El amor ablanda
El amor ablanda
El amor ablanda.

Ella después de mucho buscar,
tomó la decisión de armar con pedazos sueltos
un hombre que vibrara adecuado...
Ella robó descaradamente la boca
De un señor bajito qué alguna vez se acobardó
Al encontrarse solo en un hospital
Y robó, utilizando cuentos fantásticos
un par de ojos a cierto caballero
que a veces parecía mujer
y otras veces parecía una liebre...
a un cantante callejero le robó los brazos
y a un actor novato
las lágrimas que por ignorancia desperdiciaba
las piernas se las robó
a un señor muy blanco, de pelo ondulado
que acostumbraba golpear a su mujer.
Unos cuantos meses, se paseó por las calles
con su hombre inventado.
Unas cuantas calles alcanzó a caminar,
sin desmayar en los cruces...
Unas cuantas noches pudo dormir
despejada
sin que se le trizara la cáscara.
Hasta la mañana en que nada quedó
Del hombre hecho de retazos.
Cada parte volvió a su lugar de origen
sin ninguna explicación...
Ella caminó largas horas,
encontrándose con hombres
con los que de alguna u otra forma
había dormido.
Se dio cuenta
que había sido de absolutamente todos.
Grandes bofetadas le llagaron desde la radio,
el diario y la televisión.
Sin pensarlo dos veces
corrió al teléfono
y se precipitó al vacío...

Extraño animal el hombre,
que vive de la nostalgia
de la imposibilidad de detener el tiempo y los sueños.
Extraña la forma,
de aferrarse a la tristeza
que lo quebró alguna vez
y al amor que lo iluminó.
Vive mirando el minuto de la muerte
y vive para sostener la memoria.
Extraño animal el hombre,
que prefiere lo vivido
a volver a vivir
Y esa costumbre de buscar momentos
que le recuerden
quien es
por qué es
para donde va.
Animal que parece perder
su corazón en las calles,
entre bocinazos y oficinas.
Y extraño el llanto
De los que intentan recuperar su alma.
Extraño animal el hombre
que se mueve entre el sueño y la nostalgia
Olfateando su rastro desesperado.
Que precisa pertenecer.
Que busca recuperar la fuerza y la ilusión
para imaginar
que existe un sentido universal del respiro,
que el camino estaba ya trazado
como trazado está,
el trayecto de los cometas.

Amor
amor de regalo
de relámpago de sol
amor de agosto amor
amor sin pasado amor de viento
amor de patio.
Amor de olor
de sabor
amor de salvación
amor de aire de sorpresa
de resurrección
amor en blanco y negro
amor sin aviso amor de agua
de tierra de barro
Amor de aviones de volantín,
de araña de mañana
amor de cometa
amor de tormenta de tornado.
Amor de ciudad inmensa
de inmensidad
amor rojo
amor de pueblo de hoja de árbol.
amor de miedo
amor escrito
amor de vigilia de sueño
amor silencioso
de temblor de cicatriz
amor de galope
y de desmayo.

De ese raro instante soy.
" eso indecible buscando su palabra
y la palabra negándose a decirlo
hasta que le torcemos el pescuezo"
de ese solo instante
aunque sea terrible darse cuenta
que se vive para esperar
que un pájaro azul pase sobre tu cabeza.
Bendiciendo.
Vengo del sur de Africa
Alguna vez fui minero, buscador de diamantes
hasta que los barcos llegaron
y me llevaron a la tierra del desamparo.
Entonces no tuve otra alternativa que convertirme
en blues, tal vez por
la nostalgia de un mar que debió tragarse
aquellos barcos
cuando tuvo la oportunidad.
Me llamo blues, funky, bossa nova,
Soy africana desde y hasta la médula.
Y soy a la vez el llanto de sometidos
Llanto de pecadores
Llanto de perdedores
Y de perdidos
Llanto de derrotados
Llanto de atrevidos
Llanto de mascaron de proa
Llanto para que nunca más.
Para detener a los invasores en el momento justo
Y dejar que cada quien tenga su pedazo de tierra
el agua cercana de un río, un árbol para abrazar.
Me llamo blues y me llamo nostalgia
Me llamo aguja de reloj,
péndulo.
Negros ojos que miran el horizonte hasta que se cierran
al borde de la tumba
Negros ojos que permanecen alertas y despiertos.
Toda la cabeza en Blues.
Todo el sexo en funky.
Y todo el corazón en bossa nova.
De ese raro instante soy,
cruce desesperado de inspiración
y palabra atragantada
el esclavo que da el último golpe a sus cadenas
y corre.
en medio de la noche como un relámpago.
Un latigazo de luz que me alcanza.
El cruce del pájaro azul de la libertad.
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"tuco pocos pelos" |

iene "tuco pocos pelos" al almacén y me dice: ¡Ganamos! Entonces yo pienso que todos los "pocos pelos" -los sobrenombres en mi pueblo se heredan- son hinchas del Colo Colo, y comienzo con el registro de los últimos partidos del Colo Colo y no encuentro nada de nada. En el fútbol chileno nunca encuentras nada de nada. Pasan los 5 segundos de silencio y me dice: "Le sacamos la chucha a ese huevón de Piñera". Obviamente se refiere a Sebastián Piñera, un tipejo que amasó una fortuna durante la dictadura del innombrable y lo acrecentó durante la "concertación".
Me compró dos zanahorias, una cebolla, dos huevos y un caldito express. En total $260. Se fue sonriente, mostrando la carencia total de sus dientes.
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No saludaba, miraba para otro lado y se hacía el pelotudo |
He trabajado en variopintas actividades durante mi vida, pero nunca ha sido tan rica en matices como en Buenos Aires. Allí una vez trabajé de guardarropía en el Club del Timón. Un oscuro tugurio ubicado en calle Chacabuco con Independencia. Era un club de toby de viejos marinos mercantes o algo así. Los integrantes de este particular club ingresaban, me entregaban su abrigo, yo les daba una ficha y pasaban. La mayoría eran personas educadas o parecían serlo. Saludaban, daban propinas, se despedían. Menos uno. El tipo entregaba su abrigo, no saludaba, miraba para otro lado y se hacía el pelotudo. Por eso, cuando encontré al papá de Débora en Puerto Natales y me dijo que tenía confianza en el próximo gobierno de Fernando de la Rúa yo dudé. Me hablaba del mismo tipo que entregaba su abrigo, no saludaba, miraba para otro lado y se hacía el pelotudo. Allá, en el Club del Timón, en calle Chacabuco con Independencia.
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La japonesita que me arruinó el coche |
Cuando vivía en el pasaje San Lorenzo 320. De San Telmo en Buenos Aires. Tenía una rutina inexorable. Me levantaba, me duchaba, pasaba a calentar "la pava" y me dirigía a una panadería en busca de facturas. La cosa era así. Salía del hotel, caminaba por calle Balcarce, doblaba por Chile y a la derecha, en calle Defensa quedaban las facturas. Aquel sábado salí del pasaje San Lorenzo, enfilé por Balcarce, doblé por Chile y no pude seguir caminando. Me quedé mirando la lista de precios de un restaurante por un minuto largo hasta que sentí el golpe. Luego me volví al hotel, me tendí en la cama y me puse a llorar. Lo que pasó fue que no quise ver. Me negué a ver, la silueta que pendía desde el octavo piso del viejo edificio de la calle Chile con Defensa. Hasta que escuché el golpe brutal; pero no lo vi. Lo sentí.Una hora después salgo del pasaje San Lorenzo, camino por Balcarce, doblo por Chile y llego donde el tano del boliche de la esquina y le pregunto qué pasó, me dice: No, nada, solo fue una japonesita que se tiró del octavo y me arruinó el coche.
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Marcelo Fox: Invitación a la Masacre |
Ilustración de Niki Kuscevic.
Más sobre Marcelo Fox, el poeta más olvidado del mundo.
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Elliot Murphy: Rock'n'Roll y Poesía |
Por Elliot Murphy
Trata de una chica que conocí una vez
Se llevó mi amor y anduvo por todas partes
Con todos los tipos solteros de la ciudad"
Runaround Sue
DION
Para mi, Dylan lo dijo primero, más alto, mas atrevido."Incluso el presidente de los Estados Unidos a veces tienen que quedarse desnudo". (Lo mismo podría decirse de los poetas -el rock'n'roll y lo que sea-. Sabe Dios, es difícil.) Leonard Cohen llamó a Dylan el Picasso de la canción. No anda muy lejos. Se ha alzado sobre los mortales en vida, descendiendo del Olimpo, forzado a vivir en la tierra -durante veinticinco años en el cable de alta tensión de la guitarra eléctrica-. Me siento privilegiado de estar aquí -durante su vida- en nuestra vida. "Blonde on Blonde" era tan adictamente romántico. Por supuesto, había un ocasional siseo sardónico del gato siamés que vivía con el Romeo sin afeitar de Dylan mientras él, silenciosamente, dolorosamente se arrastraba fuera de la cama en busca de cigarrillos y café -después… hasta su cuaderno, su lápiz y sus recuerdos-. Para mí, "Blonde on Blonde" sigue siendo la mas completa y descarada obra poética del rock'n'roll; la mas satisfactoria. Otras se les acercan: el "Berlín"de Lou Reed, el "Avalon" de Roxi Music, el "Let it bleed" de los Stones. Pero, con Dylan, el misterio es tremendo. Sus influencias están tan bien escondidas. Me gustaría saber que estaba leyendo -¿Kerouac? ¿Whitman? ¿Baudelaire? ¿Lorca?- ¿De dónde salen todas esas majestuosas rimas? "La tubería de la calefacción tose pero no hay nada que desconectar".
Hubo un tiempo en que Mick Jagger, o Keith Richards, o ambos, (aunque dudo que intercambiaran verbos) parecía afinado con la misma vena romántica explotada por sus antepasados británicos Sheller, Keats y Byron un siglo antes. "La vida infantil es fácil. Las cosas que querías -Te las he comprado". Incluso aunque Brian Jones solo fuera la musa, el cupido, el contraste o el blanco. Siempre he apreciado sus puñaladas autoburlonas a la clase alta; Inglaterra es una clase agonizante e incluso una famosa estrella de rock acaba entre los privilegiados… por un tiempo. Canciones como "Lady Jone", "Nineteenth Nervous Breakdown" y "Backstreet Gril"… era como si Thomas Hardy se hubiese despertado en el Alegre Londres de los Sesenta.Ahora se han vuelto proletarios, como todos los demás. Los ricos ya no riman tan bien. Bruce Springsteen lo demostró toda la noche. Downbound Train mandó al héroe a paseo: "Ahora trabajo en un tren de lavado donde solo llueve. Es difícil cuando era un viajero en un tren que va a la deriva". Es el Todo los Americanos de nuevo en el espíritu y vasto alcance de Walt Whitman. Más grande que la vida, los arreglos operísticos de Springsteen dan a sus palabras garabateadas el eco nacional que reclaman. Phil Spector con un titulo de Maestro; el gran ritmo para la pequeña palabra. Pero, como las mayoría de los rockeros, es tímido sobre su intelecto, y se resiste a comentar lo mas mínimo: "Aquí los poetas no escriben nada, se limitan a guardar las distancias y dejar que pasen las cosas".
Hay otros muchos que podría mencionar, igualmente geniales poéticos: Tom Waits -el director del grotesco bajo vientre de América -. Los sueños de la chica mutilada bailando de noche en "Kentucky Avenue" siempre me hacen llorar. Las mujeres por los general, sigue más el modelo de esa dulce poeta de New England Emily Dickinson; resistentes al encanto, hojas de versos en los cajones de su cómoda, pero que escribieron sobre un anhelo de "Noches Salvajes, Noches Salvajes". Está el "Piss Factory" de Patti Smith, el "Luka" de Suzanne Vega, el "Fast Car" de Tracy Chapman.Tengo que parar. Tengo que ir a tocar mi guitarra. Me duele el cerebro.
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Una entrevista a Juan Rulfo |
NOTA: Esta entrevista a Juan Rulfo apareció en el número 38 de la revista El Escarabajo de Oro que dirigía en Buenos Aires, Argentina, el escritor Abelardo Castillo. No aparece la fecha de dicha publicación, salvo que está tomada de la revista El Cuento del D.F.
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augusto roa bastos |

e me pide un esbozo autobiográfico. Qué podría agregar a estas máscaras fotográficas, insobornables aunque corteses reveladoras de las desdichas de un rostro, de sus estigmas más visibles, reveladoras tal vez, en algún parpadeo inmovilizado, de lo que ellas encubren. Quién soy? Un desconocido que se ignora: el "doble" de un extraño, la mitad de sí mismo. De dónde vengo, a dónde voy? De la vida a la muerte, como todo el mundo. Y lo demás es cuento.
Por eso, narrador de historias más o menos apócrifas, siento particular desconfianza, entre los géneros de de ficción, por la autobiografía, los diarios íntimos o los autorretratos verbales, en una palabra, por la palabra; sobre todo, en función de agente confidencial, o de relaciones públicas. Por la palabra en acto también, desdichadamente.
Sobre todo hoy, cuando la escritura ha regresado a su condición de iconografía rupestre en relación a un mundo cada vez más tecnificado, más ajeno al hombre; cuando en la literatura, en los escritores más educados, vuelve a mugir melancólicamente el bisonte de Altamira. Los miedos ancestrales de antropofagia ritual sólo han cambiado de signo y de forma: en lugar del hacha de sílex, la bomba; en lugar del arco y la flecha, el napalm.
Entre el monólogo de Hamlet y los graffiti de Mayo; entre los prudentes consejos de Don Quijote a Sancho para el gobierno de la Insula y el presente del mundo (de nuestras ínsulas baratarias latinoamericanas, para no ir más lejos); entre los excesos de la "sociedad de la abundancia" y los éxodos de miseria y de hambre; entre las pisadas del hombre en la luna y el futuro del desierto volcánico que sentimos latir bajo nuestras pedestres pisadas; entre todo esto y lo que no sabemos todavía o ya hemos olvidado, que se fixo la palabra? Qué puede hacer todavía?
Autor de ficciones o hechura de estas ficciones, yo también he cedido a la manía de buscar el semejante en mí mismo, de probar con los dientes, avaramente, la moneda falsa de la identidad. Pero sólo he coleccionado o creo haber coleccionado fantasmas al precio de escupir casi todos mis dientes, convirtiéndome en el más afantasmado de todos. Que ellos hablen, pues, por mí; de mi vida, que es el cuento más intrascendente que he hecho.
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alfonso quijada-urías |

Felipe Xiu, un viejo brujo de Mictlan, utilizaba en tiempos de sequía un cruel procedimiento para hacer llover, cruel inhumano aunque infalible. El procedimiento consistía en verter una jarra de miel hirviendo en las orejas de un jak. De esa manera los maullidos del animal llegaban a oídos del dios de la lluvia, quien compadecido del animal provocaba una tormenta a cantaradas que duraba cien días y cien noches.
oficio de iluminación
Soy indígena y para demostrarlo aúllo como lobo. La gente lo sabe, mas tratan de ignorarme dándome los oficios más ruines, pero yo aúllo más, hasta bajar la luna a la altura de mi nariz. Aún así siguen creyendo que es obra de lo sobrenatural y no de un pobre indígena, cuyo oficio consiste precisamente en aullar y hacer bajar la luna.
muerte por agua
En el pueblo hay una casa desierta y en la casa desierta un pozo y en el pozo un agua que refleja el reflejo del espíritu del mal. Quien llega al pueblo va irremediablemente a la casa desierta, quien llega a la casa desierta se conduce al pozo, quien llega al pozo mira el agua y en su reflejo muere presa de la mirada del espíritu maligno.
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Félix Pita Rodríguez |

WILLIAM BLAKE
Todo fue por olvido William Blake
A pie juntillas puedes aceptar
que no hubo ni siquiera la sospecha
de una pequeña mala voluntad.
Burocracia celeste solamente,
falta de seriedad
en el taller de arcángeles en serie.
Incompetencia acaso del tornero
o el montador
Pero tú que inventaste la ternura,
William Blake,
lo sabrás comprender:
San Pedro está muy viejo
y se olvida de todo.
Es el arterioclerosis, desde luego.
(A menudo anda loco entre las nubes
preguntando azorado dónde dejó sus llaves
y resulta que acaba por encontrarlas siempre
en su llavero, sujeto por un broche al cinturón).
Todo fue por olvido, te repito.
No vayas a pensar que alguien lo hizo
Porque te quiere mal.
Se que fue muy molesto para ti
Ese olvido tan torpe de mandarte sin alas.
El pobre de San Pedro puso tu credencial,
como es vieja costumbre,
bien oculta en el fondo
de tu cordón umbilical:
"Arcángel William Blake. Va a cumplir
una misión secreta en Inglaterra
Debe nacer en Londres este año".
Y luego te expidió, sin comprobar,
-como es su obligación-
que había salido
sin defectos de fábrica
¡Que incómodo el descuido para ti,
William Blake!
Es de viejo sabido
Que un arcángel sin alas, en misión en la tierra
Pasa las de Caín.
PAOLO UCELLO
¡Ah Paolo Ucello!
Por ir buscando
lo que no se puede encontrar
cayó de bruces en un hoyo
sin perspectiva
¡Qué traspiés
puso la noche en sus zapatos!
Pintó un amaranto y era el Arno
embalsado en un almirez;
una cúpula y era la lluvia
deshilvanada y del revés.
El podestá vio una paloma
una magnolia y un leñador,
donde él veía una madona
con la serpiente bajo los pies.
¡Qué Paolo Ucello,
siempre mirando
más allá de lo que se ve.
LAUTREAMONT
Tan desarmado y ciego,
tan espina desnuda,
tan rostro de la muerte
en un espejo.
Tan calcinada furia,
tan sombra, tan escorzo,
tan de todos perdido
y de sí tan ajeno.
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En la Sorbona |
- ¿Vos sabés Hugo lo difícil que es que todo el tiempo los tipos te estén mirando el culo? Es insoportable nene.
La hacen sentir a una una cagada loco. Los tipos te joden, te persiguen cuadras y cuadras, te dicen cada barbaridad. Yo soy hincha de Boca, pero con este culo no puedo ir a la cancha ¿viste?
Te cuento que una vez fui y tuve que pedir resguardo policial loco. En los ascensores, en el cine, en las librerías, acá mismo loco, en este bar, vos no sé si te diste cuenta cómo me miran esos tipos de la mesa cerca del pool.
La verdad Hugo es que a nadie le importa un carajo que yo haya estudiado Ciencias en la Sorbona, solo mi culo les importa.
- ¿Es verdad que estudiaste ciencias en la Sorbona?
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Un día |

Un día sin pausa y sin prisa
me retiraré del mundo,
un día me retiraré,
abandonaré este ropaje inservible
que sólo sirvió
para arropar al rocío
y dar de comer
al cantinero de la esquina.
Abandonaré este mundo un día,
un día me iré,
los comediantes llorarán sobre mi tumba,
los chicos de la esquina seguirán en la esquina,
los magos seguirán sacando conejos de su galera
y tú seguirás viajando rumbo al Casino.
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Mercedes o bien podría ser tu abuelo |
Buenos Aires, Argentina; Avenida 9 de julio, Alsina y Lima, Hotel Malvinas. Allí conocí a Mercedes. Se había casado, se había separado, se había vuelto a casar y se había vuelto a separar y nuevamente se había casado. El Hotel devenido en conventillo era administrado por el gallego Paz. Un gordo con suspensores que bien podría ser tu abuelo. Si es que a tu abuelo le gusta comer tripa gorda mientras besa a su muchacha. El hotel era habitado por estudiantes, maleantes, traficantes, amas de casa, proxenetas, mecánicos, comerciantes, futbolistas, prostitutas, soldados, un pastor evangélico, un abogado, un dentista, un corredor de autos, un artista de circo, cuatro adivinas, 3 poetas, una chica linda y Mercedes.
Allí vivíamos en unos cuantos metros cuadrados más de 400 personas. Allí vivía Mercedes, allí vivía yo. Me contaba que su primer marido -un chileno- la llevaba a un hotel alojamiento dos veces por semana. Era muy romántico tu marido le dije cuanto me lo contó. ¡Ma qué romántico!, me dijo -y agregó- me llevaba para mirar por la cerradura cómo hacían el amor las otras parejas.
Ella vivía en el quinto piso que daba a la calle Alsina, el lugar como todo el hotel era de una pobreza franciscana, pero Mercedes se encargaba de hacerlo acogedor, muy acogedor. Ponía velas, incienso, preparaba un pollo a la maryland y como postre me dejaba que desabrochara su antiguo pijama rosado. Algunas veces invitaba a mi amigo Eduardo Fernández Cuesta a que viniera donde Mercedes, obviamente el se retiraba antes del postre. Un día Eduardo me dijo: "Che Hugo, Mercedes está loca; anoche cuando te dirigías hacia el balcón, con tus rollos, tus alpargatas, tu pelada, con esas piernas de Garrincha que tenes, Mercedes me dijo: "¡que sexy que es ese hombre!".
Fue el mismo balcón que utilicé para esconderme cuando llego su tercer marido. En el balcón, desnudo, con frió y con cinco chicas que hacían el aseo en el edificio de enfrente, que reían desde la 9 de julio. En el Hotel Malvinas, donde el gallego Paz, que bien podría ser tu abuelo.
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Jorge Luis Borges: Demolición de un mejicano |
Ya se adivina la apoteosis. Bill concede apretones de manos y acepta adulaciones, hurras y whiskies. Alguien observa que no hay marcas en su revólver y le propone grabar una para significar la muerte de Villagrán. Billy the Kid se queda con la navaja de ese alguien, pero dice "que no vale la pena anotar mejicanos". Ello, acaso, no basta. Bill, esa noche, tiende su frazada junto al cadáver y duerme hasta la aurora -ostentosamente.
Jorge Luis Borges; Historia universal de la infamia, Editorial EMECE, Buenos Aires, 1971.
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vaticinio |

De Gaulle.- ¡Y la suya!
Malraux.-…fue idea de ella. Pero usted agregó: "Es una mujer valiente y muy bien educada. En cuanto a su destino, usted se equivoca: es una vedette y acabará en el yate de un rey del petróleo".
De Gaulle.- ¿Dije eso? ¡Qué le parece? En el fondo, usted y yo creíamos que acabaría casándose con Sartre…
Antimemorias de Andre Malraux; edición Sur, enero de 1972.
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CRISTIÁN GÓMEZ |

DE CONCENTRACIÓN EN QUE NOS ENCIERREN
El bar está cerrado a los malos augurios.
Hoy no pasan por televisión Angustia de
un querer y se conversa al ritmo del auge
y la caída de nuestros ídolos. La tarde
sigue pasando y no se detiene
hasta llegar a nuestras puertas. Como el
fruto de una caza que ha sido generosa
caen a nuestros pies muchachas que ni
siquiera despiertos podríamos haber
soñado tan hermosas. Se parecen a esas
primas de las que nos enamoramos antes
de escribir un primer poema. Contertulios
del espejo que invariablemente fiel detrás
del mostrador nos acompaña, la próxima
ronda decidimos pedírsela fiado a los
que incautos se preguntan por nuestra
afición a seguir escribiendo poemas
sospechosamente láricos como si
fuera nuestra única elegancia:
como si fuera nuestra última respuesta.
Lo más divertido era espetarnos mutuamente epítetos de tamaño calibre -católico, escritor de clase media- que a cualquiera lo harían palidecer.
Más de alguna vez mutuamente se ofrecieron combos. Y no hay nada de malo en ello.
Compartieron la misma cama pero no se dieron cuenta. Por lo alto y por lo bajo les
deseo ochenta, pero es discutible que tanto el hígado como las neuronas aguanten.
Se han paseado de la mano de cierta clase de especímenes que ameritan zoologías tan
particulares como épicas. Conversan hasta bien entrada la noche. Se acuerdan.
DEBIERA ESTUDIARSE LA PRESENCIA DE LOS PÁJAROS
I.-
La partida es el invierno pero el comienzo es la mirada.
No escribiré poemas póstumos con mi nombre. La
infancia es un recuerdo que madura en el limonero.
Dejarlo todo con minúscula es igualmente despreciable.
Jugar a la caperucita roja. Y dárselas de lobo feroz.
Cuando quieres probar su angustia entre tus nalgas.
Abrígate, no vaya a ser cosa que. Los muchachos
que aún siguen rayando los muros escogen sus
consignas de entre las letras mal traducidas
de alguna banda sonora y ya no de los discursos
-para todos los efectos fúnebres- de la clase política
que domeña nuestro país. La partida es entre dos
y en pleno invierno. Mi padre juega y mi hermano
enroca. Piensa más de dos veces la jugada
aunque no se acepten segundas intenciones.
El menor de la familia no comprende. Se
encumbra un volantín que bajo ninguna
circunstancia aceptaría el apelativo de
cometa o papalote. Vuela por un cielo que
aún se puede ver si se frecuentan algunas
calles del centro-norte de santiago.
II.-
Escribe entre las nubes
nombres que de abajo se
confunden con las reglas de un juego
que entre padre e hijo no tiene perdedores:
si el viento sopla hacia arriba es jaque,
mate si el rizo del cometa, papalote o
volantín se detiene -inmóvil, pero
hermoso: para que le echemos una última
mirada y desde la geografía familiar del
mapa (que no es, según el marqués de
Valparaíso, equivalente al territorio)
digamos: dale más hilo, dale más hilo
antes que se nos caiga.
III.-
Ya los niños no conversan ni han decidido
tomarse una siesta para augurarse mejores
temporadas.
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Pio Baroja: Olaberri, el macabro |
laberri era un pesimista jovial. No encontraba en el mundo más que vanidad y aflicción de espíritu. No tenia fe más que en la cal hidráulica y en el cemento armado. Para él, detrás de toda satisfacción venía algo negro y doloroso, que eran principalmente las facturas.-¿Ve usted esa chica que se ha casado con el carabinero?- me preguntó hace tiempo con aire de profunda conmiseración.
-Sí.
-¡Que infelices! Ahora mucha alegría, ¿he?, y de viaje, pero luego ya vendrán las facturas.
A Olaberri le preocupaban las facturas. Para Olaberri que era contratista en pequeño, las facturas eran como la sombra de Banquo, que aparece en el banquete de la vida.
Si Olaberri hubiera tenido el sentido estadístico de nuestro amigo Berecoche, ya difunto, diría que en la vida hay un 75 por ciento de facturas.
-Ya le he dicho al párroco -me contó una vez-: usted, con un cubo de agua y un hisopo, ya tiene para todo el año, y a vivir bien; nosotros, en cambio, pobres contratistas, siempre a vueltas con las facturas.
Olaberri tenía gustos macabros. Había construido en el cementerio varis sepulcros y trasladado cadáveres y huesos y algunos cuerpos recién muertos.
Al hacer la descripción de estos traslados sentía, sin duda, un ardor explicativo de artista medieval y macabro. Los huesos, las calaveras revueltas con tierra, los trozos de hábito o de ropa, la madera podrida de los ataúdes, todo daba pábulo a su charla pintoresca.
Al relatar el traslado de algún cuerpo recién enterrado, se lucía; entonces los detalles realistas eran tan terribles que a cualquier persona sencilla se le ponían los pelos de punta.
Salían a relucir los busanos blancos y las gurgujas verdes, y al último la gente no sabía si temblar de asco o echarse a reír.
Él no tenía repugnancia por nada.
-Los mejores caracoles que hay comido -solía decir- , los hay cogido en la tumba del difunto párroco. Nunca los hay comido mejores.
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mi padre |
mi padre cuando yo era niño jugaba con sus frustraciones;
yo era el centro ígneo, era potencia y era acto;
estaba preparado para la conquista, para dar aquel gran salto…
el perro fiel de mi padre seguía mi rastro paso a paso,
enfermo de padre dormía pensando en cristo, alejandro y napoleón;
todos ellos tenían mi rostro.
ahora; ahora que el tiempo es árbitro, ahora que mi padre
creció y yo envejecí, ahora en que todas las cosas
han vuelto a un injusto lugar; ahora me veo convertido
en una curiosa fantasmagoría producto de un azar
inescrutable en donde dioses altivos se
deleitan ante mi viaje hacia el abismo.
definitivamente mi padre, ya sabio en derrotas inapelables
me ha recomendado no abusar del tabaco y del alcohol.
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Las penas del infierno |

Advertencia de la biblioteca del monasterio de San Pedro en Barcelona.
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La pluma ácida |
Por el Doctor Frigo.

El ministro de salud se enfada y grita. Un día se enoja con las vacas, y al otro con los funcionarios. Debería tratarse con un médico las dos enfermedades que padece: estupidez y prepotencia.
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La pluma ácida |
Por el Doctor Frigo.

En Chile, dice el presidente, las instituciones funcionan.
Las que no funcionan son las lanchas que ocupan los estudiantes pobres del sur.
Desde hoy en nuestro país se puede mandar a la cárcel a un niño de 14 años.
Lo que no se puede hacer es encarcelar a un viejo asesino de 90.
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Charles Bukowski |




















