
Caminando por Lisboa
POEMA EN LINEA RECTA
Nunca conocí a nadie a quien le hubiesen roto la cara.
Todos mis conocidos fueron campeones en todo.
Y yo, que fui ordinario, inmundo, vil,
un parásito descarado,
un tipo imperdonablemente sucio
al que tantas veces le faltó paciencia para bañarse;
yo que fui ridículo, absurdo,
que me llevé por delante las alfombras de la formalidad,
que fui grotesco, mezquino, sumiso y arrogante,
que recibí insultos sin abrir la boca
y que cuando la abrí fui más ridículo todavía;
yo que resulté cómico a las mucamas de hotel,
yo que sentí los guiños de los changadores,
yo que estafé, que pedí prestado y no devolví nunca,
que aparté el cuerpo cuando hubo que enfrentarse a puñetazos,
yo que sufrí la angustia de las pequeñas cosas ridículas,
me doy cuenta que no hay en este mundo otro como yo.
La gente que conozco y con quien hablo
nunca cayó en ridículo, nunca sufrió un insulto,
nunca fue sino príncipe -todos ellos príncipes- en la vida...
¡Ah, quién pudiera oír una voz humana
que confiese no un pecado sino una infamia;
que cuente no una violencia sino una cobardía!
Pero no, son todos la Maravilla si los escucho.
¿Es que no hay nadie en este ancho mundo capaz de confesar que una vez fue vil?
¡Oh príncipes, mis hermanos!
¡Basta, estoy harto de semidioses!
¿Dónde está la gente de este mundo?
¿Así que en esta tierra sólo yo soy vil y me equivoco?
Admitirán que las mujeres no los amaron,
aceptarán que fueron traicionados -¡pero ridículos nunca!-
Y yo que fui ridículo sin haber sido traicionado,
¿cómo puedo dirigirme a mis superiores sin titubear?
Yo que fui vil, literalmente vil,vil en el sentido mezquino e infame de la vileza.
POEMA EM LINHA RECTA
Nunca conheci quem tivesse levado porrada.
Todos os meus conhecidos têm sido campeões em tudo.
E eu, tantas vezes reles, tantas vezes porco, tantas vezes vil,
Eu tantas vezes irrespondivelmente parasita,
Indesculpavelmente sujo,
Eu, que tantas vezes não tenho tido paciência para tomar banho,
Eu, que tantas vezes tenho sido ridículo, absurdo,
Que tenho enrolado os pés publicamente nos tapetes das etiquetas,
Que tenho sido grotesco, mesquinho, submisso e arrogante,
Que tenho sofrido enxovalhos e calado,
Que quando não tenho calado, tenho sido mais ridículo ainda;
Eu, que tenho sido cómico às criadas de hotel,
Eu, que tenho sentido o piscar de olhos dos moços de fretes,
Eu, que tenho feito vergonhas financeiras, pedido emprestado sem pagar,
Eu, que, quando a hora do soco surgiu, me tenho agachado,
Para fora da possibilidade do soco;
Eu, que tenho sofrido a angústia das pequenas coisas ridículas,
Eu verifico que não tenho par nisto tudo neste mundo.
Toda a gente que eu conheço e que fala comigo
Nunca teve um acto ridículo, nunca sofreu enxovalho,
Nunca foi senão príncipe todos eles príncipes na vida...
Quem me dera ouvir de alguém a voz humana
Que confessasse não um pecado, mas uma infâmia;
Que contasse, não uma violência, mas uma cobardia!
Não, são todos o Ideal, se os oiço e me falam.
Quem há neste largo mundo que me confesse que uma vez foi vil?
Ó príncipes, meus irmãos,
Arre, estou farto de semideuses!
Onde é que há gente no mundo?
Então sou só eu que é vil e erróneo nesta terra?
Poderão as mulheres não os terem amado,
Podem ter sido traídos mas ridículos nunca!
E eu, que tenho sido ridículo sem ter sido traído,
Como posso eu falar com os meus superiores sem titubear?
Eu, que tenho sido vil, literalmente vil,
Vil no sentido mesquinho e infame da vileza.
POEMA XXIV
Lo que vemos de las cosas son las cosas.
¿Por qué veríamos una cosa si en su lugar hubiera otra?
¿Por qué ver y oír sería eludirnos
Si ver y oír son ver y oír?
Lo esencial es saber ver,
saber ver sin ponerse a pensar,
saber ver cuando se ve,
y no pensar cuando se ve
ni ver cuando se piensa.
Pero eso (¡ay de nosotros que traemos el alma vestida!),
eso exige un estudio profundo,
aprender a desaprender,
Terminar con la libertad de aquel convento
Que según los poetas tiene a las estrellas por monjas eternas,
Y las flores por penitentes fervorosas de un solo día.
Pero dónde, al fin de cuentas las estrellas no son sino estrellas
y las flores no son más que flores,
siendo por eso que la llamamos estrellas y flores.
O que nós vemos das coisas são as coisas.
Porque veríamos nós uma coisa se houvesse outra?
Porque é que ver e ouvir seria iludirmo-nos
Se ver e ouvir são ver e ouvir?
O essencial é saber ver,
Saber ver sem estar a pensar,
Saber ver quando se vê,
E nem pensar quando se vê,
Nem ver quando se pensa.
Mas isso (triste de nós que trazemos a alma vestida!),
Isso exige um estudo profundo,
Uma aprendizagem de desaprender
E uma sequestração na liberdade daquele convento
De que os poetas dizem que as estrelas são as freiras eternas
E as flores as penitentes convites de um só dia,
Mas onde afinal as estrelas
não são senão estrelasNem as flores senão flores,
Sendo por isso que lhes chamamos estrelas e flores.
YA SOBRE LA FRENTE VANA
Pessoa a los cuarenta años
Ya sobre la frente vana se me encanece
El cabello del joven que perdí.
Mis ojos brillan menos.
Ya no merecen besos mi boca.
Si aún me amas, por amor no ames:
Me traicionarás conmigo.
JÁ SOBRE A FRONTE 
Con Vitoriano Braga,
1916
Já sobre a fronte vã se me acinzenta
O cabelo do jovem que perdi.
Meus olhos brilham menos.
Já não tem jus a beijos minha boca.
Se me ainda amas, por amor não ames:
Traíras-me comigo.
ODA MARÍTIMA
En la época en que escribió
Oda marítima
¡Ah, sea como fuere, sea por donde fuere, partir!
Largarse por ahí, entre las olas, en el peligro en el mar.
¡Ir para Lejos, ir para Fuera, hacía la Distancia Abstracta,
indefinidamente, en las noches misteriosas y hondas,
llevando, como el polvo, por los vientos, por los vendavales!
¡Ir, ir, ir, ir con todo!
.........................................................................
¡Eh marineros, vigías, he tripulantes, pilotos!
¡Navegantes, marinos, grumetes, aventureros!
¡Eh capitanes de barco! ¡Hombres de timón y mástil!
¡Hombres que duermen en toscas cuchetas!
¡Hombres que duermen con el Peligro avizorando desde las atalayas!
¡Hombres que duermen con la muerte por almohada!
¡Hombres que recorren el combés, que tienen puentes desde donde mirar
la inmensa inmensidad del mar inmenso
............................................................
¡Quiero ir con vosotros, quiero ir con vosotros
al mismo tiempo que todos vosotros,
hacía todos lados, donde vayáis vosotros!
¡Quiero encontrarme cara a cara con vuestros peligros,
sentir en mi rostro los vientos que azotaron los vuestros,
escupir por mi boca la sal de los mares que besaron las vuestras,
meter mis manos en el trabajo vuestro, compartir vuestras tormentas,
llegar con vosotros, por fin, a extraordinarios puertos!
¡Huir con vosotros de la civilización!
¡Perder con vosotros la noción de la moral!
¡Sentir que mi humanidad cambia en la lejanía!
¡Beber con vosotros en los mares del Sur!
nuevas bestialidades, nuevas orgías del alma,
nuevos fuegos centrales en mi espíritu volcánico!
¡Ir con vosotros, sacarme de encima -¡ah, desaparece de aquí!-
mi traje de civilizado, mi flema en la acción,
mi miedo innato a las cadenas,
mi pacífica vida,
mi vida sentada, estática, reglamentada y revisada!
¡En el mar, en el mar, en el mar, en el mar,
¡he lanzar al mar, al viento, a las olas,
mi vida!
Salar mi paladar con espuma arrojada por los vientos
De los grandes viajes.
¡Fustigar con agua restallante las carnes de mi aventura,
empapar en los fríos oceánicos los huesos de mi existencia,
flagelar, cortar, azotar con vientos, soles y espumas
mi se ciclópeo y atlántico,
mis nervios retorcidos como trenzas,
lira en las manos del viento!
....................................................
¡Haced trenzas con mis venas!
¡Amarras con mis músculos!
¡Arrancadme la piel, clavadme en las quillas!
¡Que yo pueda sentir el dolor de los clavos y nunca deje de sentir!
¡Haced de mi corazón un pendón de almirante
en el instante guerrero de los viejos barcos!
¡Arrastrad con vuestros pies por las cubiertas mis ojos arrancados!
¡Rompedme los huesos contra los murallones!
¡Fustigadme atado a los mástiles, fustigadme!
¡Hacía todos los vientos de todas las latitudes y longitudes
derramad mi sangre sobre las aguas
que cruzan el barco, el combés de lado a lado
en las arremetidas furiosas de las tormentas!
¡Tener la audacia al viento de la lona de las velas!
¡Ser como el silbido de los vendavales en las atalayas altas!
¡Vieja guitarra del Fado de los mares colmados de peligros,
canción para que los navegantes la oigan y jamás la repitan!
Fragmento
En el año de su muerte
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Ah, seja como for, seja por onde for, partir!
Largar por aí fora, pelas ondas, pelo perigo, pelo mar,
Ir para Longe, ir para Fora, para a Distância Abstrata,
Indefinidamente, pelas noites misteriosas e fundas,
Levado, como a poeira, pelos ventos, pelos vendavais!
Ir, ir, ir, ir de vez!
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Eh marinheiros, gajeiros! eh tripulantes, pilotos!
Navegadores, mareantes, marujos, aventureiros!
Eh capitães de navios! homens ao leme e em mastros!
Homens que dormem em beliches rudes!
Homens que dormem co'o Perigo a espreitar plas vigias!
Homens que dormem co'a Morte por travesseiro!
Homens que têm tombadilhos, que têm pontes donde olhar
A imensidade imensa do mar imenso!
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Quero ir convosco. Quero ir convosco,
Ao mesmo tempo com vós todos
Pra toda a parte pr'onde fostes!
Quero encontrar vossos perigos frente
a frente, Sentir na minha cara os ventos que engelharam as vossas,
Cuspir dos lábios o sal dos mares que beijaram os vossos,
Ter braços na vossa faina, partilhar das vossas tormentas,
Chegar como vós, enfim, a extraordinários portos!
Fugir convosco à civilização!
Perder convosco a noção da moral!
Sentir mudar-se no longe a minha humanidade!
Beber convosco em mares do sul
Novas selvajarias, novas balbúrdias da alma,
Novos fogos centrais no meu vulcânico espírito!
Ir convosco, despir em mim ah! põe-te daqui pra fora!
O meu traje de civilizado, a minha brandura às acções,
Meu medo inato das cadeias,
Minha pacífica vida
A minha vida sentada, estática, regrada e revista!
No mar, no mar, no mar,
Eh! pôr no mar, ao vento, às vagas,
A minha vida!
Salgar de espuma arremessada pelos ventos
Meu paladar das grandes viagens.
Fustigar de água chicoteante as carnes da minha aventura,
Repassar de frios oceânicos os ossos da minha existência,
Flagelar, cortar, engelhar de ventos, de espumas, de sóis,
Meu ser ciclónico e atlântico,
Meus nervos postos como enxárcias,
Lira nas mãos dos ventos!
................................................................
Façam enxárcias das minhas veias!
Amarras dos meus músculos!
Arranquem-me a pele, preguem-na às quilhas.
E possa eu sentir a dor dos pregos e nunca deixar de sentir!
Façam do meu coração uma flámula de almirante
Na hora de guerra dos velhos navios!
Calquem aos pés nos conveses meus olhos arrancados!
Quebrem-me os ossos de encontro às amuradas!
Fustiguem-me atado aos mastros, fustiguem-me!
A todos os ventos de todas as latitudes e longitudes
Derramem meu sangue sobre as águas arremessadas
Que atravessam o navio, o tombadilho, de lado a lado,
Nas vascas bravas das tormentas!
Ter a audácia ao vento dos panos das velas!
Ser, como as gáveas altas, o assobio dos ventos!
A velha guitarra do Fado dos mares cheios de perigos,
Canção para os navegadores ouvirem e não repetirem!
Fragmento
Traducción de Santiago Kovadloff
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fernando pessoa |
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roberto reis |

ra un carnicero. Las manos sucias con trozos de carne, todo el cuerpo salpicado y enrojecido con sangre de buey, las uñas inmundas hasta la cutícula. Los cabellos duros. Y aun cuando en su casa ya tarde en la noche- se bañaba con jabón de coco, el olor a sebo persistía en sus poros. El facón ágil en el puño fuerte cortaba los bifes para las clientas, separaba el buche, las grasas, envolvía todo en papel de diario, lo pesaba. El dinero del vuelto (o el ticket de la caja registradora) venía con la firma escarlata.
Mulata Mariana tenía piernas firmes recordaba un pedazo de vaca- y se alzaban olores de los pelos crespos entre los muslos. Apoyados contra un auto cerca de la cantera, en la calle sin salida, se frotaban suspirando. En un hotel apartado de Lapa, él le chupaba torpemente los labios carnosos. Mordía aquellos pechos duros (como mamas), lamía su cuerpo entumecido, frotaba la nariz grasienta en las nalgas. Mariana reía. Le hacía cosquillas.
Cuántas veces había pisado el umbral de su casa al clarear el día. La mujer dormía en la cama matrimonial, el cuarto era estrecho, los muebles estaban poco menos que acostados junto a ellos. Siempre que él aparecía, sea cual fuere la hora, la mujer se acomodaba bajo las sábanas. Él se encaminaba hacía el pico del agua, llevaba una palangana, se lavaba. Volvía tratando de no hacer ruido para que ella no se despertara.
Al día siguiente, otra vez el corte de filet, lomo, nalgas, vacío. Paquetes con papel de diario. Mariana habría de aparecer. Guiñaría un ojo. Era la señal. Cerrada la carnicería, el encuentro era en el café. Algunas pingas o cerveza helada rociaban el pescado frito. Después el coqueteo, el roce, los mordiscos, y las manos que erizaban la piel morena de Mariana. Ella le chupaba los dedos, el pene, hundía los dientes en su pecho velludo, le arrancaba pelos. Y las manos fuertes, menos hábiles sin el facón, comprimían las carnes dentro de las palmas, como si quisieran hacer resaltar las partes comprimidas, como si cortase enormes bifes.
Un día, apenas puso los pies en casa, vio la luz del cuarto prendida. Su mujer debía estar mal. Entró y ella lo esperaba sentada en la cama: las piernas recogidas, los brazos sobre las rodillas. Apoyada en el cabezal de hierro. Su mirada exigía una explicación.
Sucio como estaba y antes del baño con jabón de coco, con las piernas comprimidas entre los muebles, él se sentó en la cama. La mujer, debajo de las sábanas, permanecía inmóvil. Él estaba cansado: Mariana iba a visitar a sus padres, al interior de Minas, y la despedida no había sido chiste.
De pronto la mujer lo envolvió por el cuello, un aliento agrio fue a besarle las orejas, ávido como si estuviese buscando un minúsculo trocito de carne. Enloquecida le sacó la camisa a rayas rojas, olió las manos callosas, sanguíneas, casi destrozó sus pantalones. Inerte, el carnicero cedió al cuerpo que se agitaba frenético sobre el suyo, a aquellas narinas que necesitaban su olor.
Empezó a llegar a su casa más temprano y a encontrar a la mujer desnuda. Los senos blandos caían sobre la barriga. Várices se abultaban en las piernas velludas. Aún arrebatados, jadeantes, se bañaban juntos en el pico, con la palangana y el jabón de coco, la luna blanqueaba la sonrisa nerviosa de la mujer.
En la carnicería proseguía la rutina. Un día, el dueño del bar fue a comprar algunos kilos de carne y comentó su ausencia la cerveza, el pescado frito-. Mariana regresó esa misma tarde. El carnicero largó temprano el trabajo, que el otro se ocupara de atender a los clientes de la cena y de cerrar.
Mariana estaba más mulata que nunca. Bebieron mucha cerveza, en vez de pescado comieron una pizza en un restaurant fino. Fueron a un hotel mejor, más caro. Pasaron allí toda la noche, ella se dejó por atrás.
Entró a su casa, el sol golpeaba la tierra. Tan molido estaba que decidió no lavarse en el pico. Se acostó, no sin antes tropezar en los muebles. Ni se fijó si la mujer se acomodaba bajo las sábanas.
Cuando abrió los ojos, el resplandor del día había invadido el cuarto. El facón con que trabajaba (¿o era uno parecido?) le arañó el brazo en una embestida violenta. Después le abrió la barriga, la cara, de nuevo el abdomen,todo el cuerpo. Las sábanas eran diarios empapados. Los muebles salpicados de sangre, trozos de carne.
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Baudelaire: Textos |
![]() |
| Los poetas malditos: Charles Baudelaire, Stephane Mallermé, Paul Verlaine, Trstan Corbiere y Arthur Rimbaud |
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augusto monterroso |

entro de escasos minutos ocupará con elegancia su lugar ante el piano. Va a recibir con una inclinación casi imperceptible el ruidoso homenaje del público. Su vestido, cubierto con lentejuelas, brillará como si la luz reflejara sobre él el acelerado aplauso de las ciento diecisiete personas que llenan esta pequeña y exclusiva sala, en la que mis amigos aprobarán o rechazarán--no lo sabré nunca--sus intentos de reproducir la más bella música, según creo, del mundo. Lo creo, no lo sé. Bach, Mozart, Beethoven. Estoy acostumbrado a oír que son insuperables y yo mismo he llegado a imaginarlo. Y a decir que lo son. Particularmente preferiría no encontrarme en tal caso. En lo íntimo estoy seguro de que no me agradan y sospecho que todos adivinan mi entusiasmo mentiroso. Nunca he sido un amante del arte. Si a mi hija no se le hubiera ocurrido ser pianista yo no tendría ahora este problema. Pero soy su padre y sé mi deber y tengo que oírla y apoyarla. Soy un hombre de negocios y sólo me siento feliz cuando manejo las finanzas. Lo repito, no soy artista. Si hay un arte en acumular una fortuna y en ejercer el dominio del mercado mundial y en aplastar a los competidores, reclamo el primer lugar en ese arte. La música es bella, cierto. Pero ignoro si mi hija es capaz de recrear esa belleza. Ella misma lo duda. Con frecuencia, después de las audiciones, la he visto llorar, a pesar de los aplausos. Por otra parte, si alguno aplaude sin fervor, mi hija tiene la facultad de descubrirlo entre la concurrencia, y esto basta para que sufra y lo odie con ferocidad de ahí en adelante. Pero es raro que alguien apruebe fríamente. Mis amigos más cercanos han aprendido en carne propia que la frialdad en el aplauso es peligrosa y puede arruinarlos. Si ella no hiciera una señal de que considera suficiente la ovación, seguirían aplaudiendo toda la noche por el temor que siente cada uno de ser el primero en dejar de hacerlo. A veces esperan mi cansancio para cesar de aplaudir y entonces los veo cómo vigilan mis manos, temerosos de adelantárseme en iniciar el silencio. Al principio me engañaron y los creí sinceramente emocionados: el tiempo no ha pasado en balde y he terminado por conocerlos. Un odio continuo y creciente se ha apoderado de mí. Pero yo mismo soy falso y engañoso. Aplaudo sin convicción. Yo no soy un artista. La música es bella, pero en el fondo no me importa que lo sea y me aburre. Mis amigos tampoco son artistas Me gusta mortificarlos, pero no me preocupan. Son otros los que me irritan. Se sientan siempre en las primeras filas y a cada instante anotan algo en sus libretas. Reciben pases gratis que mi hija escribe con cuidado y les envía personalmente. También los aborrezco. Son los periodistas. Claro que me temen y con frecuencia puedo comprarlos. Sin embargo, la insolencia de dos o tres no tiene límites y en ocasiones se han atrevido a decir que mi hija es una pésima ejecutante. Mi hija no es una mala pianista. Me lo afirman sus propios maestros. Ha estudiado desde la infancia y mueve los dedos con más soltura y agilidad que cualquiera de mis secretarias. Es verdad que raramente comprendo sus ejecuciones, pero es que yo no soy un artista y ella lo sabe bien. La envidia es un pecado detestable. Este vicio de mis enemigos puede ser el escondido factor de las escasas críticas negativas. No sería extraño que alguno de los que en este momento sonríen, y que dentro de unos instantes aplaudirán, propicie esos juicios adversos. Tener un padre poderoso ha sido favorable y aciago al mismo tiempo para ella. Me pregunto cuál sería la opinión de la prensa si ella no fuera mi hija. Pienso con persistencia que nunca debió tener pretensiones artísticas. Esto no nos ha traído sino incertidumbre e insomnio Pero nadie iba ni siquiera a soñar, hace veinte años, que yo llegaría adonde he llegado. Jamás podremos saber con certeza, ni ella ni yo, lo que en realidad es, lo que efectivamente vale. Es ridícula, en un hombre como yo, esa preocupación. Si no fuera porque es mi hija confesaría que la odio. Que cuando la veo aparecer en el escenario un persistente rencor me hierve en el pecho, contra ella y contra mí mismo, por haberle permitido seguir un camino tan equivocado. Es mi hija, claro, pero por lo mismo no tenía derecho a hacerme eso. Mañana aparecerá su nombre en los periódicos y los aplausos se multiplicarán en letras de molde. Ella se llenará de orgullo y me leerá en voz alta la opinión laudatoria de los críticos. No obstante, a medida que vaya llegando a los últimos, tal vez a aquellos en que el elogio es más admirativo y exaltado, podré observar cómo sus ojos irán humedeciéndose, y cómo su voz se apagará hasta convertirse en un débil rumor, y cómo, finalmente, terminará llorando con un llanto desconsolado e infinito. Y yo me sentiré, con todo mi poder, incapaz de hacerla pensar que verdaderamente es una buena pianista y que Bach y Mozart y Beethoven estarían complacidos de la habilidad con que mantiene vivo su mensaje. Ya se ha hecho ese repentino silencio que presagia su salida. Pronto sus dedos largos y armoniosos se deslizarán sobre el teclado, la sala se llenará de música, y yo estaré sufriendo una vez más.
| [+/-] |
boris vukovic neira |

Si se sale del lecho se tiene menos peso
en la columna.
Ven conmigo a la pista del avión
y detente
con el ancla de la lluvia.
Entre gentes abordando y las grandes fugas
Es hora de meditar
no quiero un león impetuoso.
Tenemos el deber
de cambiar
todo
Agarra las olas del estrecho para reventarlas y vuela
cruza las pampas a nado león de nada y asédiate
niega la condena de llevar al estanco en una pierna
y sigue corriendo para cumplir las primaveras.
Poema A
La quimera
De aquél inocente
despojado de lo que amó.
No despertará nunca.
Se llama esperanza
o se muere.
Te mereces el escarmiento
del huerto, ingenuo
cual viento que baila
en pestes
debiste ser aventurero
y cabalgar en caracoles.
Para que soportes las armas
Y le tomes el peso
Al último soplo
Es así: espada por utopía.
No hay vida para quien ame el bien
Necesito un castillo
que no deje entrar a Leviatán
Donde mis gentes
reposen su apatía hasta expirar
pero estemos todos reunidos
porque la familia
porque la tierra
porque el cielo
estará concentrado en
mí si
me vuelvo todo.
| [+/-] |
Jotamario Arbeláez: El maniculitanteo |
Al pobre Marqués de Sade le pasó algo parecido en Francia, según cuenta Jorge Gaitán Durán, pues por haber golpeado más o menos levemente a Rosa Keller y darle bombones de cantáridas a cuatro putas de Marsella, pasó la mayor parte de su vida en prisiones, escribiendo cosas monstruosas como catarsis. La revolución lo sacó de La Bastilla y lo condujo al loquero. Fue una víctima del sadismo de sus contemporáneos. En el caso presente las feministas están de fiesta. A una mujer no se la toca ni con el pétalo de una rosa. Y mucho menos en el jopo ni en la calle.
La reacción popular ha sido inmediata. Un gran sector de la población y la gran mayoría de las publicaciones están de acuerdo en que también a la ley se le fue la mano, así demuestre que le ha puesto fin al meimportaunculismo.
Informa la revista Semana que el señor Ministro del Interior, doctor Sabas Pretelt, declaró que Se lo merecía por tocar lo que no debía. Pero habría que declarar que la clase política es la que se ha encargado secularmente, no sólo de manosear al país, sino de incitar a su irrespeto y su desprestigio. O si no, qué tal el aviso publicitario del partido de la U, donde se ve un charco de espermatozoides dirigiéndose a un óvulo que encierra la U de Uribe, y que, luego del título: Cada vez vienen a nosotros más y más colombianos, remata: Vente tú también. No sé quien es el creativo, pero todos estaremos de acuerdo en que se trata de un verdadero pajazo. Pornografía política pagada. Vente tú también. El orgasmo es algo sublime, pero en esta oportunidad no pasa de ser una cochinada.
En las manifestaciones de solidaridad con el mensajero, expresadas a través de las redes de Internet de la prensa, se agravia en forma aun más hiriente a la afectada por el nalgazo, a la inclemente Diana Marcela Díaz, la nalgasdioro. Se la acusa de indeseable, cuando no de provocadora por su atuendo inadecuado, y hasta se acepta la condena del joven por su mal gusto. Pero, en gracia de discusión, habría que decir que cualquier mujer merece respeto. Del gran poeta Apollinaire es este verso, que tengo escrito con espuma de afeitar en mi espejo: Todas, hasta la más fea, han hecho llorar a su amante. Me imagino los próximos 4 años de esta joven administradora de empresas, tristemente célebre por parrandeársele la vida a un jovencito impetuoso a quien un arco reflejo le llevó la mano a su salva sea la parte. No al órgano sexual, que es el que contempla la ley, sino a esa parte del cuerpo que sirve ante todo para sentarse.
El señor magistrado del Tribunal Superior de Bogotá, Jorge Enrique Soto, debe estar satisfecho de aplicar la dura ley al ingenuo practicante de la filosofía del tocador, manual escrito por Sade en el mingitorio. Canazo de 4 años por una infracción que solía castigarse con un carterazo. Algo que, si bien es una agresión, también es una caricia, así indeseada. Habrá que esperar el pronunciamiento de la Corte Suprema de Justicia, si hasta allí se extiende el problema.. La Corte en pleno juzgando un culitanteo. Para que nadie diga que no defendemos los rectos humanos.
Lo que si queda claro es que, con esta sentencia, se pone el tatequieto a lo que podría considerarse un acto plebeyo, practicado impunemente en todos los estamentos. Del jefe con la secretaria, del patrón con la sirvienta, del profesor con la estudiante, del disimulado peatón con la peatona. A los jóvenes reclutas de Piedras no sólo les tocaron el trasero sus superiores sino que les clavaron palos de escoba. Dizque para que aprendieran a ser machos en su lucha contra los subversivos. Y no creo que a ninguno de sus verdugos vayan a aplicarle cuatro años.
| [+/-] |
Marco Denevi: The female animal |
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mala compañía |

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carlos besoaín |
Por Hugo Vera Miranda
ara los amigos y los gorriones, es difícil imaginar un mundo sin Carlos Besoaín. Lo conocí niño y ya era viejo. El sabio más elegante de su aldea. Porte de príncipe ruso. Lo más parecido a Esenin. He conocido a muchas de sus Isadoras. Flaco, desgarbado, de paso ligero. Una risa que ya se la quisiera Lucifer. Todo gira en torno a él. Los padres, amigos, parientes y cuñados, giran en torno a él. La mariposa, la ría del pueblo de su infancia, los trenes y las nubes giran en torno a él. Ya de viejo, a los treinta, cuando él juveneció, aún me cuesta entender que el mundo no gire en torno a él. Esta pequeña bolita azul debiera hacerlo. Basta ya de tanta malasangre.Yo que tengo una maestría en bares, que he bebido con líricos exquisitos que adornan sus endechas. He conocido a un solo poeta. Al único que por ejemplo, es capaz de escribir un hermoso poema al moco. Un sublime poema al semen: La primera serpiente parte la luz. Un poema al guiso con arroz. He conocido a un solo poeta que en una noche de ventisca, me dijo: "Hugo, si yo alguna vez t...".Es el bendito rey Midas de la poesía. Todo lo que toca lo convierte en poema. El vuelo del moscardón. La puta que murió de amor. Y el novillero que acaba de recibir la alternativa. Muchos poetas tienen razones suficientes para publicar sus obras. Muchos lectores tienen razones suficientes para no leerlas. Eso no pasa con Carlos Besoaín. Él tiene razones suficientes para el momento de la revelación. Para que tú y yo tengamos un anochecer compartido. Para que tú y yo podamos perdonarnos. Para que tú y yo sepamos que; CADA DÍA MUERE el que yo fui.
CONJUGACIONES
YO TE ODIO
tú lo envidias
ellos se detestan,
nosotros vivimos en una comunidad pequeña
*SEÑALES DE TRÁNSITO
CRUCES DE MADERA
cruces de miradas
cruces de metal
cruces de ceniza
cruce con cuidado
(y a veces ceda el paso)
**
NUESTRA
TIBIA INCLINACIÓN A Dios
y nuestra vieja condición de diablos.
***
EL VIENTO ES un fantasma largo
****
SOMOS LA EYACULACIÓN de alguien
*****
DANDO TUMBOS A la tumba
******
ELLA ME MIRA con la vulva
*******
EL HOMBRE DE la calle es ambicioso: quiere la eternidad
********
LA BELLEZA ES fugaz, ¿cuánto la cobras?
*********
EL MIEDO ME grita: -¡Ponle nombre a todo!
**********
NO ME ACUERDO de tu cara pero sí de tu alma
***********
LA MANO QUE destruye la flor esparce su semilla
************
EL ALMA SE apronta a navegar sobre otro nombre
*************
VIVES EN EL amor, por eso hay que temerte
**************
DIOS ES TAN callado que da miedo
pavor de que no exista
***************
NADA DURA PARA siempre
sólo el porvenir
****************
NACE, ALQUILA VIDEOS y muere
*****************
PECHOS
USO LOS TIMBRES para llamar a tu alma
******************
PALABRAS
CUANDO SEPA MANEJARLAS dejaré el oficio:
y aceptaré el reto de los jardineros
*******************
CHARCOS
MI DOBLE VA conmigo cabeza para abajo,
nuestras suelas se tocan
mientras se abre la flor de mi paraguas
********************
CHIMENEAS
FUMAN LAS CASAS el opio de la tarde
*********************
RECUERDO CUANDO OFICIÉ de asistente
en el parto de mi segundo hijo...
Salió cubierto de sangre,
del cuerpo de la que entonces
era mi mujer. Y aún
resuena, en mis oídos,
su llanto cortando
el frío de la noche invernal
del campo uruguayo.
Hoy su risa me acompaña.
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INVIERNO
LAS ESTUFAS SE pusieron a cantar
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VULVA
PUERTA ENTRE PARÉNTESIS
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A VECES LA noche dura todo el día
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EL DESTINO JUEGA al ajedrez y es invencible
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ME ATORÉ CON un beso que trajo la memoria
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ELLA ME MIRA con la vulva
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CADA DÍA MUERE el que yo fui
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Ilustración de Carlos Besoaín
Poemas extractados de su libro Cama de Hierba, Municipalidad de Río Gallegos, Argentina, 2005
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francisco de quevedo |

Cogióle la hora en la cuarta estancia, y a la oscuridad de la obra (que era tanta, que no se vía la mano) acudieron lechuzas y morciélagos; y los oyentes, encendieron lanternas y candelillas, oían de ronda a la musa, a quien llaman:
... la enemiga del día
que el negro manto descoge.
Llegóse uno tanto con un cabo de vela al poeta (noche de hibierno, de las que llaman boca de lobo), que se encendió el papel por en medio. Dábase el autor a los diablos, de ver quemada su obra, cuando el que la pegó le dijo:
-Estos versos no pueden ser claros y tener luz si no los queman: más resplandecen luminaria que canción.
Y como el demonio llegó a él destilado por puta y rufián, y mozo de mozo de criado de señor, endemoniado por pasadizo y hecho un infierno, embistió con su siervo, éste con su criado, el criado con su mozo, el mozocon su amigo, el amigo con su amiga, ésta con todos; y chocando los arcaduces del diablo, unos con otros se hicieron pedazos, se deshizo la sarta de embustes, y Satanás, que enflautado en la cotorrera se paseaba sin ser sentido, rezumándose de mano en mano, los cobró a todos de contado..
Cogiólas la horay topándolas Estoflerino y Magino y Origano y Argolo, con sus efemérides desenvainadas, embistieron con ellas a ponerlas a todas las fechas de sus vidas con día, mes y año, hora, minutos y segundos. Decían con voces descompuestas:
-Demonios, reconocé vuestra fecha, como vuestra sentencia. Cuarenta y dos años tienes, dos meses, cinco días, seis horas, nueve minutos y veinte segundos.
¡Oh, inmenso Dios, quién podrá decir el desaforado zurrido que se levantó! No se oía otra cosa que mentases. No hay tal; no he cumplido quince. ¡Jesús!, ¿quién tal dice? Aún no he entrado en diez y ocho; en trece estoy; ayer nací; no tengo ningún año; miente el tiempo.
Y una a quien Origano estaba sobrescribiendo como escritura: Fue fecha y otorgada esta mujer el año de 1578, viendo ella que se le averiguaban sesenta y siete años, entigrecida y enserpentada, dijo:
- Yo no he nacido, legalizador de la muerte; aún no me han salido los dientes.
-Antigualla, mamotreto de siglos, no salen sobre raigones; tente a la fecha.
-No conozco fecha.
Y arremetiendo el uno al otro, se confundió todo en una resistencia espantosa.
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juan mihovilovich |

ueña que lo alzan cual guiñapo humano chorreando sangre de narices. Siente la boca llena de coágulos espesos y dientes aflojados. Sueña que lo cuelgan de los pies y le golpean el cuello y la cabeza. Debajo las hormigas huyen de las gotas de sangre que remueven el polvo. Sueña que le abren los párpados resecos de lágrimas y queman su visión invertida.
Al despertar transpira helado y manotea en la oscuridad.
Se palpa el cuerpo como si algo le faltara.
¿Qué te pasa?pregunta la esposa sacudiéndole los hombros.
No es nada. Soñé que me estaban golpeando-. Contesta tembloroso mientras su mujer se mira con horror las manos ensangrentadas.
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dashiell hammett |

DETECTIVE PRIVADO
2
Un hombre al que estaba siguiendo la pista se marchó un domingo por la tarde al campo a pasear y olvidó sus obligaciones. Me vi obligado a llevarlo a la ciudad.
3
El robo de domicilios es seguramente el trabajo peor pagado del mundo: jamás conocí a nadie que ganara la vida de ese modo. Por dicha razón son pocos los criminales de cualquier ralea que pueda autosustentarse, a menos de que se maten a trabajar, a ratos perdidos, en algo legal. Muchos de ellos, sin embargo, viven a costa de sus mujeres.
4
Conozco a un detective al que, mientras se dedicaba a perseguir ladrones de monederos en el hipódromo de Havre de Grace, le robaron su maletín. Se convirtió, más tarde, en detective de una agencia del Este.
5
Por tres veces fui confundido con un agente de la Prohibición, pero nunca tuve problema alguno para demostrar mi inocencia.
6
Una noche transportando a un prisionero de un rancho cercano a Gilt Edge, Montana, a Lewinston, mi coche se estropeó y tuvimos que esperar allí hasta el amanecer. El prisionero, que afirmaba insistentemente su inocencia, sólo llevaba puesto un mono y una camisa. Tras pasarse la noche temblando en el asiento delantero, su moral decayó hasta el extremo de que no tuve dificultad alguna en obtener de él una confesión completa a primera hora del día siguiente, mientras nos encaminábamos hacia el rancho más cercano.
7
Entre todos los hombres que he conocido que hubieran hecho un desfalco a su patrón no puedo recordar ni a una docena que fumara, bebiera, o tuviera cualquiera de los vicios en los que las agencias de antecedentes están tan interesadas.
8
Fui una vez falsamente acusado de perjurio y tuve que perjurarme a mí mismo para evitar el arresto.
9
Un empleado de una agencia de detectives de San Francisco sustituyó una vez en uno de mis informes veraz por voraz, de modo que el cliente no pudo comprender este último término. Algunos días después, en otro informe, simular se convirtió en estimular, por idéntico motivo.
10
De entre todas las nacionalidades que se ven arrastradas ante los tribunales, los griegos son las más difíciles de condenar. Sencillamente, lo niegan todo, poco importa lo concluyente que pueda resultar la prueba; y nada impresiona tanto a un jurado como la simple exposición de los hechos, sin tener en cuanta la improbabilidad inherente al hecho o la obvia absurdidad, frente a la abrumadora evidencia contraria.
11
Conozco a un hombre capaz de falsificar cualquier tipo de huellas dactilares, por 50 dólares.
12
Jamás he conocido a un hombre que fuera capaz de hacer un buen trabajo en los negocios, en una profesión o en el arte y que fuera profesional del crimen.
13
Conozco a un detective que una vez intentó disfrazarse de los pies a la cabeza. El primer policía que topó con él lo puso a buen recaudo.
14
Conozco a un ayudante del sheriff de Montana, que se acercó a la choza de un granjero con una orden judicial de detención y vio como éste lo desafiaba, rifle en mano. El ayudante del sheriff desenfundó su revólver e intentódisparar por encima de su cabeza, para asustarlo. La distancia era grande y soplaba un fuerte viento. La bala alcanzó el rifle que sostenía el granjero. Con el pasar del tiempo el ayudante del sheriff acabópor aceptar como cierta la fama de experto que se le atribuía, y no sólo permitió a sus amigos que le inscribieran en un campeonato de tiro, sino que apostó cuanto poseía a su propio favor. Cuando se celebróel campeonato, ni uno de los seis disparos alcanzó el blanco.
15
Una vez en Saettle, la esposa de un estafador quiso venderme una fotografía de su marido, por 15 dólares; sabía dónde encontrar una gratis, y no se la compré.
16
En una ocasión me vi obligado a despedir a una empleada del hogar.
17
El slang utilizado entre delincuentes es en gran parte un producto consciente, artificial, ideado más para confundir a los no iniciados que para cualquier otro propósito, pero a veces es singularmente expresivo, por ejemplo two-time loser se refiereal que ha estado dos veces en prisión; y el antiguo gone to read and write significa que es aconsejable desaparecer por una temporada.
18
De todas las disciplinas criminales, el robo de monederos es la más fácil de enseñar. Quienquiera que no sea manco puede convertirse en adepto, en un solo día.
19
En 1917, en Washington D.C., conocí a una joven que no se dio cuenta de que mi trabajo era muy interesante.
20
Incluso cuando el criminal no intenta borrar sus huellas dactilares y las deja dispersas por el escenario del crimen, las probabilidades de encontrar una huella lo suficientemente clara para que sea de algún valor, son de diez contra una.
21
El jefe de policía de una ciudad del Sur me hizo una vez la descripción completa de un hombre, señalándome incluso un lunar que tenía en el cuello, pero omitió mencionar que le faltaba un brazo.
22
Conozco a un falsificador que abandonó a su mujer porque había empezado a fumar mientras él cumplía condena en la cárcel.
23
La delicadezas que la prensa diaria dedica a Raffles sólo se ven superadas por las del Dr. Jekill y Mr. Hyde. La expresión ratero gentleman no se emplea con ánimo de provocar. Un retrato robot de los rateros que han merecido este honor por parte de la prensa nos mostraría a un bebedor de láudano, luciendo una gran herradura con incrustaciones semipreciosas en la pechera manchada de su camisa, debajo de la corbata de lazo, y mirando de soslayo a la víctima y diciéndole: No vaya a asustarse, señora, porque no voy a partirle la cabeza: no soy un desalmado.
24
El detective más inteligente y con peor fortuna que jamás he conocido es completamente miope.
25
Al pasar de las grandes ciudades a las comunidades rurales más remotas, uno descubre una constante regresión del porcentaje de crímenes relacionados con el dinero y en cambio un aumento proporcional del sexo como móvil criminal.
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Mientras intentaba sacar algo en limpio de una historia de altos vuelos en un motel del norte de California el hombre al que seguía la pista se hallaba en Seattle en aquel momento-, una parte del porche se desplomóbajo mis pies e hizo que me cayese, y que me torciese un tobillo. El dueño del motel me trajo agua para un pediluvio.
27
La diferencia principal entre el problema sumamente espinoso al que se enfrenta el detective de ficción y aquel al que se enfrenta el detective real, reside en que para el primero existe una escasez de pistas, mientras que para el segundo hay demasiados indicios simultáneos.
28
Conozco a un hombre que robó una noria.
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El que infringe la ley es tarde o temprano, invariablemente apresado. Éste es sin duda el mito menos contestado. Y, sin embargo, los expedientes amontonados en cualquier despacho de detectives rebosan de datos sobre misterios sin resolver y criminales que no han sido apresados.
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Isabel Allende: Sobre la importancia de la cama |
El mejor modo de evitar que su troglodita desee a otras mujeres, es agotarlo física y emocionalmente hasta el punto de que la sola vista de una falda lo estremezca de horror.
Para eso se inventó la cama. Y también para dormir.
De todo lo que se puede -y debe- hacer en una cama, ya se han escrito muchos metros de libros y se seguirán escribiendo, puesto que para eso produce Estados Unidos varias decenas de candorosos sexólogos al año. Nosotros nos limitaremos a hacer algunas consideraciones sobre este importantísimo mueble.
La cama es un rectángulo sostenido por cuatro patas, que cruje, ocupa mucho espacio y sirve para que duerma el perro. En el hueco que sobra duermen las personas. Al tomar la decisión de vivir juntos, normalmente un hombre y una mujer discuten sobre las alternativas de camas gemelas y cama matrimonial. Hay algunos que llegan a pensar en la posibilidad de dormitorios separados, pero éste es un riesgo que ninguna mujer puede correr.
Conviene declarar enfáticamente, para que no quepa dudas al respecto, que la única manera en que una institución tan antinatural como el matrimonio monógamo sobreviva durante muchos años, es que las víctimas duerman en una sola cama. ¡Y en lo posible bien estrecha! Es la única forma de que el hombre no se escape en la noche, de hacer las paces después de una pelea y de lavar menos sábanas. Teniendo estos altruistas puntos de vista en la mente, será más fácil soportar los inconvenientes de compartir lecho. Esos inconvenientes son muchos.
De partida, los hombres, por ser más peludos, son acalorados, así es que tienden a patear las frazadas fuera de la cama y de paso patear a la mujer. Además, como son más grandes, duermen atravesados en diagonal y con los brazos abiertos en cruz, lo cual le deja a ella un espacio insignificante donde enrollarse en posición fetal. Si ella no toma las medidas adecuadas, el hombre tan pronto pone la cabeza en la almohada se queda dormido como un sátiro extenuado, con estrepitosos ronquidos, como los de un motor de barco ballenero. A veces se da el lujo de tener pesadillas, insomnio o de ser sonámbulo. Con eso las probabilidades de que su compañero pegue los ojos se reducen a cero.
Hay muchos otros inconvenientes de la cama matrimonial que no hay ninguna necesidad de detallar aquí, porque si los ponemos a un lado de la balanza y al otro ponemos el simple placer de dormir acompañada... ¡no hay dudas al respecto!
Pero hay pequeñas venganzas que usted puede practicar con cierta frecuencia y que le recompensarán en parte las molestias que le ocasionará su compañero de lecho. Por ejemplo, el cuento del ladrón. Espere que él esté durmiendo angelicalmente y lo remece hasta que abra un ojo. Dígale que oyó pasos en la cocina, que seguramente se trata de un bandido. Póngale una pantufla en la mano a modo de arma contundente y oblíguelo a partir en viaje de reconocimiento. Lo mismo se puede hacer con la variación de que sintió una laucha, que el niño quiere agua o, lo que es mucho más refinado aún, despiértelo para preguntarle con ternura: ¿estabas durmiendo, mi amor?.
Lógicamente, lo menos interesante que se puede hacer en una cama es dormir. Esa es la primera idea que se le ocurre a su hombre después que pasa la luna de miel, de manera que hay que estimularlo para que haga atletismo de dormitorio. Aparte de las camisas de dormir exóticas, el perfume, las luces indirectas y otros trucos que recomiendan las revistas femeninas, es bueno que usted conozca, estimada lectora, una receta afrodisíaca del Gran Libro de San Cipriano. Es sencilla y barata:
Tómese la grana de lempaza y macháquese en un almirez de mármol. Añádase después el testículo izquierdo de un macho cabrío de cuatro años, de lana negra, y un pillizco de polvos resultantes de los pelos del lomo de un pero blanco, cortados en el día primero de novilunio y quemados siete días después. Todo esto se pondrá en infusión en un frasco a medio llenar de buen aguardiente, dejándolo destapado durante veintiún días, exponiéndolo a la influencia de los planetas. Pasado ese plazo se pondrá a cocer hasta que la mixtura reducida quede como papilla espesa. Filtrado ya el líquido que resulte se frotará sobre las partes del hombre.
Es posible que no consiga todos los ingredientes en el supermercado, pero quien busca, encuentra. Tampoco resulta claro sobre cuáles partes hay que frotar esta receta, de manera que recomendamos preparar la dosis doble y echársela por todo el cuerpo.
Isabel Allende. Civilice a su troglodita, Editorial Lord Cochrane. 1974. Santiago de Chile .
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Borges y los negros |
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| Jorge Luis Borges con un grupo de estudiantes, Estados Unidos, 1968. |
Borges: Sí, violencia individual en las grandes ciudades; en las ciudades chicas, no. Además hay una especie de veneración por los negros, no se puede hablar mal de ellos…
Vázquez: ¿No existen problemas de violencia con los negros?
Borges: Sí, existen, porque han cometido el error de educarlos. Por ejemplo, mi abuela me decía que los esclavos negros que tenía no sabían que sus abuelos habían sido vendidos en la Plaza del Retiro por la familia Lavallol, porque el negro no tenía memoria histórica. Si en los Estados Unidos no lo hubieran educado, no sabrían que son descendientes de esclavos; en cierta forma los negros son como chicos…
Gudiño Kieffer: No, al contrario, habría que educarlos más. Actualmente siguen marginados; de cualquier manera ése es uno de los problemas de los Estados Unidos.
Borges: Pero, fíjese que se ha creado un nacionalismo negro extraordinario. Yo estuve en un congreso -María Esther fue testigo y le podrá decir que no exagero- donde se discutían los problemas de la traducción y había poetas negros que afirmaban que ellos constituían una raza superior, una especie de hitleristas al revés y con menos razón, porque convengamos que, de alguna manera, Alemania ha sido más importante para el mundo que el Congo.
Gudiño Kieffer: Hacerse fuertes de una manera irracional es una reacción natural, fruto de años de persecución. Si no se hacen fuertes de una manera arbitraria, van a seguir siendo perseguidos y lastimados.
Borges: Los sábados a la noche un blanco no puede frecuentar un barrio negro, porque los negros son cuchilleros, se emborrachan, son más rudimentarios; en cambio, en los barrios blancos nadie ataca a los negros…
Gudiño Kieffer: Eso ocurre porque les falta educación. El hecho de que el negro ande con más libertad no quiere decir que sea más libre; ante todo, el blanco tiene miedo y el negro se ha hecho bravo…
Borges: ¡Pero Gudiño, los negros siempre fueron bravos! Acá, en las guerras de la Independencia, eran mucho mejores soldados que los blancos. Ahora, ya no sé qué es lo que ha pasado con los negros. Cuando yo era chico eran bastante comunes en Buenos Aires y más en Montevideo. Actualmente los que se ven son norteamericanos…
Vázquez:… y brasileños.
Borges, sus días y su tiempo de María Esther Vázquez, ediciones B, Argentina.
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Braulio Arenas: Cáceres |
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| Collage de Jorge Cáceres. |
Sin recurrir a las ventanas
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"...y nos limpiamos bien el culo" |

Un tipo de traje claro, humita y sombrero tirolés, viene y me dice:
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Ramón Díaz Eterovic: La tristeza de Gatica |
RAMÓN DÍAZ ETEROVIC (Punta Arenas, 1956). Ha publicado las novelas: "La ciudad está triste", "Solo en la Oscuridad", "Nadie sabe más que los muertos", "Nunca enamores a un forastero" "Angeles y s olitarios", "Correr tras el viento", "Los siete hijos de Simenon", El ojo del alma, El hombre que pregunta, El color de la piel y A la sombra del dinero. Es autor de la novela infantil: R y M investigadores. Ha obtenido una treintena de premios, entre los que destacan el Premio del Consejo Nacional del Libro y la Lectura (1995) y el Premio Municipal de Santiago, género novela (los años 1996 y 2002). Recibió el Premio Anna Seghers de la Academia de Arte de Alemania (1987); y obtuvo el Premio Las Dos Orillas del Salón del Libro Iberoamericano de Gijón (2000). El año 2005, el Gobierno de la República de Croacia lo condecoró con la Orden de Danica Croata Marko Marulic. Sus novelas han sido publicadas en Portugal, España, Grecia, Francia, Holanda, Alemania, Croacia, Argentina e Italia. El año 2005, Televisión Nacional de Chile exhibió la serie Heredia & Asociados basada en sus novelas del detective Heredia.
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Concurso matrimonial |

Un día dijo a su padre.
-Quisiera deshacerme de dos de mis pretendientes, y para ello tomaré por marido al más hábil de los tres.
-Voy a llamarlos para que vengan a trillarme el mijo. Escogerás por marido al que trabaje mejor.
Saga se presentó el primero. Con sólo un golpe de su bengala, trilló tan reciamente el mijo, que todos los granos salieron de las espigas.
Masidia se adelantó a su vez. Se sentó sobre el montón de mijo trillado, y soltando un pedo, hizo que toda la paja volara y desapareciera por el aire.
En aquel momento, Badunti se tiró de la piel de los testículos y la alargó tanto que envolvió todo el grano trillado y acechado por sus rivales.
-¿Cuál de los tres habrá escogido por marido?
Cuento gurmuntié.
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Francis Picabia: El ojo frío |
Después de nuestra muerte se deberá meternos en una bola, esta bola será de madera de varios colores, y se la hará rodar para conducirnos al cementerio, y los enterradores encargados de ese cuidado llevarán guantes transparentes a fin de recordar a los amantes el recuerdo de las caricias. Para aquellos que deseen enriquecer su mueblaje del placer objetivo del ser caro habrá bolas de cristal a través de las que se advertirá la desnudez definitiva de su abuelo o de su hermano gemelo.
Hay gentes que tienen la cabeza abajo, como las plantas, y que miran con los pies.
El conocimiento y la moral no son más que papel para las moscas…
Todo es veneno, excepto nuestros hábitos.
Es necesario comulgar con chewing-gum.
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Augusto Céspedes: Epílogo para el diablo |
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| Simón I. Patiño, 1941. |
Hechos, no palabras. El comentario del señor Patiño a tal acto de purificación consistió en ordenar desde Buenos Aires a su banco en La Paz que obsequiara un millón de pesos (20.000 dólares) al heroico pueblo que de ese modo lo desagraviara.
Sus últimos años lo había vivido en hoteles. Desde que huyó de Francia en 1940, en la torre del Waldorf-Astoria de New York. Y concluida la guerra, en un departamento del Plaza de Buenos Aires, ciudad a la que se trasladó en barco porque nunca confió en la estabilidad invisible del aire. También por temor a pleitos potenciales de la servidumbre doméstica abandonó sus mansiones ducales y se hizo pensionado de hoteles. Los médicos, ellos sí, vencieron su natural desconfianza conservando su existencia de mogul sagrado hasta los 89 años en que murió, huésped de lujo, en el Plaza.
Como último domicilio Patiño había elegido el mausoleo que mando construir al estilo del siglo XVIII francés en la falda del Tunari, y que nunca conoció. Regresó cerrado en un cilindro metálico, metido en un sarcófago faraónico de maderas preciosas, talladas con incrustaciones de marfil y manijas de plata, una superproducción única de los funebreros de la avenida Santa Fe que, posteriormente, pasaron a la familia tal factura que ésta les hizo pleitos ante los Tribunales.
Patiño no descansó un momento. Del Plaza al necrocomio para la desecación científica; a las oficinas de la Embajada boliviana para velatorio; a la misa pontifical en San Nicolás de Bari; a la estación del ferrocarril, seguidos por miembros de la familia real, abogados, gerentes y el embajador de Bolivia. Embarcado en una bodega sellada atravesó la pampa hacia el Norte, subió por la quebrada, en dos días alcanzó el altiplano, atravesó la frontera. Dentro del territorio boliviano las autoridades civiles y militares formaban en las estaciones, , solícitas ante los ilustres huéspedes que cumplían un penoso peregrinaje, progresivamente fatigoso por las deficiencias del lavabo deshidratado, del coche-comedor subdesarrollado y con mozos mugrientos. En Oruro ya no quedaba nadie de los antiguos conocidos. Los sindicatos de obreros habían sido disueltos, pero en cambio se incorporaron al cortejo el presidente de la República -grato a la financiación estannífera de su campaña electoral- y los ministros de Estado con lágrimas en los ojos.
El tren fúnebre descendió al valle y llegó a Cochabamba. En la gran concentración de la estación del ferrocarril sólo unos universitarios antisociales lanzaron gritos de protestas y echaron volantes pero fueron corridos por la gente indignada. "Es el colmo. No respetan ni la muerte". Ningún cochabambino pudo conocer personalmente al prócer por prohibírselo el doble envase cuyo hermetismo daba a entender que don Simón, misántropo en vida, seguía eludiendo en muerto la curiosidad de sus paisanos. Pudieron admirar únicamente la ebanistería del embalaje, sus argentíferos manubrios, las pirámides de corona, la pompa incrustada entre las deficiencias lugareñas como la del desintegrado coche fúnebre que, siendo de primera, tenía los vidrios rotos y un automedonte sin uniforme, guiando dos caballejos desnutridos para trasladar al magnate de la estación a la Catedral pasando bajo de los alares de tejas y de los herrumbrosos balcones de hierro donde pendían raídas banderas a media asta en cumplimiento del doble duelo decretado por el gobierno central y por la municipalidad. Frente a la Catedral el regimiento de guarnición con los tambores a la sordina. Se inició el certamen oratorio con el Himno Nacional. Veinticuatro discursos que hacían eco a los editoriales de la prensa: "El gran cochabambino. Por él Bolivia fue conocida en Europa y Estados Unidos. Incorporó apellidos de la aristocracia europea a su digna estirpe. Regaló el potro árabe "Liliot" a nuestras Fuerzas Armadas. Por razones de salud no pudo regresar antes a la patria. Pero desafiando a la calumnia y a la envidia ordenó que sus restos vuelvan a su tierra natal. Aquí lo tenemos a nuestro hijo predilecto".
Los caballeros de la Cofradía del Santo Sepulcro introdujeron el féretro al templo, doblados por su peso, en el foco de la expectación ciudadana. Mitrados y canónigos delante del altar mayor velado por una cortina negra. En sitiales de ceremonia inmóviles como el catafalco los herederos venidos desde París y, a su nivel, el presidente y los ministros de riguroso luto con el que habían hecho todo el trayecto desde La Paz. Más negrura en las autoridades y gentes de la sociedad de pie o arrodilladas y atrás, apiñados en las naves, los vecinos ansiosos del único contacto que en toda su existencia podían tener con el millonario. Esperaban algún milagro y la cápsula mortuoria les parecía la reliquia de San Genaro en proporción áurea. El ataúd cubierto con la bandera boliviana y rodeado de coronas, con tarjetones donde figuraban las siglas de sociedades anónimas, trust, bancos, compañías; guirnaldas del presidente de la República, del gabinete ministerial, de las sociedades culturales, de los partidos Liberal, Republicano, Socialista Unificado y del Partido de la Izquierda Revolucionaria.
El heredero del trono era objeto de la curiosidad que despertaría un maharajá asiático caído en la aldea quichua, aunque la impresión era decepcionante. Simón había durado tanto que dejaba a Antenor ya viejo, canoso y arrugadito. Insignificante e inexpresivo, con las mismas pupilas opacas e inamistosas del monarca difunto, cumplía el aburrido rito de presidir la ceremonia, de participar en la democracia de provincia., rodeado del pequeño círculo criollo pero más envuelto por inoportunos olores a patas, sudores mestizos y a coca masticada que no lograba disipar el incienso a máximo volumen. Semejante mixtura perturbaba también el réquiem cantado en el interior de la basílica que se tejía con las notas de la banda municipal de la plaza: músicos con chaqueta militar y pantalones de paisano tocaban boleros y pasacalles a falta de marchas fúnebres clásicas que ignoraban. De todos modos, el homenaje no podía reducirse al mundo decente sino que debía permitir participación al pueblo, como réplica al calificativo de "apátrida" que habían dado a Patiño algunos intelectuales cochabambinos envidiosos.
Ese día don Simón se trasladó con el mismo abrigo de caoba y emponchado en la bandera nacional a su misteriosa y legendaria residencia de las faldas del Tunari. Los técnicos de la apoteosis anunciaron que se permitiría el ingreso de los villanos a conocer al mausoleo. La empresa de electricidad -de la que fue principal accionista y como tal había hecho nombrar a su gerente presidente de la República en 1930- concedió convoyes gratuitos en el tranvía hasta el pueblo de Quillacollo.
Patiño hizo el mismo trayecto de sauces y álamos que recorrió cuarenta años antes, ascendiendo sobre baches en su carromato entre maizales y alfalfares a cuya vera aparecían chozas techadas de paja de las que salían campesinos a sumarse al cortejo. Llego al lugar de la sombra azul, donde el olor de la yerba buena y de la menta condensados propicuiaron la elección del paraje en el que mandó construir la mansión que sólo conocería en los diseños del arquitecto francés. Después de un camión con polizontes y el coche fúnebre venían dos automóviles (de la prefectura y de un terrateniente que lo prestó) llevando a los deudos: mestizos quichuas, un conde francés y una condesa española de postín. Luego viejos autos de alquiler que cargaban al presidente, ministros, el prefecto con banda tricolor en la barriga y a la Corte Superior en pleno, llenos de sudor y polvo. El polvo que levantaba la caravana oficial daba la medida de su importancia, ahogando a las carretas y las filas de peatones y jinetes de las aldeas vecinas que desde temprano acudían al entierro. En medio camino estaban levantados los palos que cerraban la "Propiedad privada" sobre cuya geometría de jardines y árboles importados surgía el bloque granate de los ceibos centenarios. Cercaba toda la propiedad una cintura de muros de ladrillos erizados con aristas de botellas rotas.
Altas rejas negras con astas doradas y florones con las iniciales "S.I.P." se abrieron al carro y los caballejos en la entrada a la avenida de cipreses que conducía a la capilla donde el Obispo ofició el réquiem con orquesta del Conservatorio. Luego el transporte tuvo que hacerse todo a pulso hacia una plazoleta donde cuatro sauces llorones rodeaban a una congregación escalonada de figuras de mármol, todo un curso de estatuaria genovesa con un cristo en alto, leones bostezando, famas arrogantes y ángeles con las cabezas inclinadas y las alas plegadas, excepto un arcángel de categoría, en ademán de alzar el vuelo y de tocar una larga trompeta dorada que sostenía con una mano sobre los labios".
Ya no correspondió a los Cofrades del Santo Sepulcro sino al Presidente y sus ministros la tarea de quebrarse la columna vertebral. Sudando como gañanes tuvieron que dejar el ataúd y ceder la faena a fornidos indígenas de la caballeriza que estimulándose con apóstrofes en quichua lo levantaron y acarrearon para subirlo e introducirlo al túmulo. Chocó el sarcófago y se le desprendió un manubrio de plata que el ministro de Hacienda se agachó a recoger, por acción refleja. Otros pasos más. Uno de los indios acosado por las moscas murmuró: "¿Imaraycu ajina llasa cay cojuro?".
Antenor no entendía el quichua. En medio de la expectación que atraía el carguío, fosco e impasible resistía la presión que, como en un subte, ejercía sobre los caballeros y damas de sociedad la chusma pueblerina que seguía llegando demográficamente explosiva a ocupar mayores áreas del parque, anegando ya las galerías de la residencia, alborotando y pisoteando las plantas del coto vedado y animando con su curiosidad cobriza el arisco silencio treintenario. Los villanos gozaban del ceremonial a su manera, hollando parterres, subiéndose a los canteros, aplastando jardines italianos, volteando macetas con arbolitos japoneses y "despetalando" las flores, según el lenguaje de un poeta chuquisaqueño que había dedicado una oda a Patiño.
En realidad florecía más bien el hermoso color del valle en la tez de las cholas de cabelleras trenzadas y sombreros blancos de copa alta, de los cholos en mangas de camisa, de los llocallas descalzos, los indios con abarcas, ponchos y gorros de lana policroma con más los vecinos de las ladeas circundantes, todos los cuales marginaban a los señorones ahogados de calor con sus ropas negras y provocaban desmayos de las damas. La clase alta y los estratos aborígenes, la élite terrateniente y el campesinado sudaban por igual. Sudaban el conde de Boubucay y la condesa española de postín abanicándose ofendida. Antenor, in mente, agradeció a su padre que nunca le permitió rozarse con semejante indiada.
El presidente, ministros, mitrados y gerentes codeados, empujados y pisoteados sin que pudieran impedirlo los gendarmes ni los leones de bronce, ni las Famas liderizadas por la estatua angélica de mármol con su trompeta de oro.
Sin embargo, el poder de Patiño trascendió por un instante. La turba impedía escuchar el discurso del subprefecto de Quillacollo que aludió al origen rural del monarca, llamándole hijo predilecto del pueblo de Karasa donde pidió erigirle un monumento. Tampoco de pudo oír el de profundis del obispo que bendijo el ataúd por centésima vez. Pero en el momento en que se precedía a empujar a Patiño a la catacumba resonó agudísimo, largo hasta penetrar en las quebradas de la montaña, el toque de la trompeta soplada por el querubín de mármol. Un cantarino torbellino de pájaros se zambulló en la copa de los sauces llorones y calló. En el surco del silencio que dejó la trompeta del Ángel callaron todos y aun los bostezos de los leones de bronce se solidificaron.
Terminó la clarinada del arcángel y entonces el monarca fue empujado sin el menor miramiento ya sin ningún poder humano, a la antesala del averno. Fue cerrada la puerta de bronce y el último homenaje de los vivos consistió en bloquearla con una guirnalda de hojas metálicas de dos metros de diámetro y cien kilos de peso con banderines de los colores del Commonwealth y un tarjetón de la International Tin Inc. Consolidated. Adentro su presidente, cerrado en el recinto sin más luz que una lamparilla de minero en el fondo de la mina.
En el parque las damas de negros trajes blanqueados por el polvo, los miembros de la familia real, el presidente y algunos ministros privilegiados, caminaron hacía la mansión, a tomar unas cocacolas, tibias porque no había hielo. Los altos empleados no sabían cómo desalojar a la gente que se instaló en el parque. Los serenos y mayordomos del feudo y los gendarmes fueron expulsados a patadas por los intrusos que ya vinieron borrachos bebiendo en el camino.
Antenor aconsejó la retirada. No obstante su amor a la propiedad tuvo que irse saliendo con la comitiva por un portón lateral hacia los automóviles. Quedó en los jardines la muchedumbre de cholas, artesanos, labradores y los vecinos venidos de la ciudad. Se tendieron en el pasto, vaciaron de sus atados y canastas los chicharrones y choclos, las jarras de chicha y las botellas de cerveza y pisco y templaron sus charangos. Voluptuosamente echados entre margaritas y begonias, bajo las magnolias y los achaparrados robles y los plátanos de Indias o embracetados en aro se brindaron mutuamente vasos de cerveza y chicha, improvisando un mágico día de campo criollo en el coto del Rey, orinándose sobre las rosas de Francia y las violetas imperiales, vomitándose en la piscina . Los gendarmes bebían fraternizado con sus compadres. Unos chicos descubrieron las jaulas de la pollería, las abrieron y persiguieron a las gallinas blancas y a los gallos de raza. Mugían asustadas las vacas Hereford y los caballos árabes relinchaban espantados ante las provocaciones de los audaces que querían montarlos.
Ya al atardecer, por el polvo del camino que filtraba un sol avergonzado, en carretas, camiones, caballos, burros o a pie los romeros tocando sus charangos y cantando canciones obscenas abandonaron el parque señorial, dejando a Simón Patiño solo, solitario en su envoltura faraónica.
"Por fin terminó el ajetreo" se diría éste. Pero entonces emanaron de la bóveda de la cripta como en un parto múltiple numerosas formas de muñecos formados de escorias chispeantes amasados con lama negra, que tenían pupilas de estaño del 99,99 por ciento: los duendes, los "tíos" de las minas que venían también a rendir su homenaje. Abrieron la caja, cortaron fácilmente la cápsula metálica y levantaron a Patiño, obligándole a pasar más adentro, más adentro.
En la cripta se abrió una galería llena de vapores sulfurosos y una temperatura de 2.000 grados centígrados que no parecía molestar a un enorme danzarín de la Diablada, con su gran máscara de dientes de caimán, sus cuernos entrelazados con serpientes verdes, ojos de vidrio con pupilas de metal y una corta capa bordada de perlas, zafiros, huayruros y espejitos. La cola colorada se enredaba en una pierna asomando el aguijón.
"Entra, compadre. Vamos a experimentar un nuevo procedimiento de volatilización electrolítica. Seguirás ganando".
Último capítulo de la novela de Augusto Céspedes Metal del Diablo de Ediciones Eudeba, Buenos Aires, Argentina, 1974.
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Vicente Huidobro: Estética |
1.-Un poema debe ser una creación del espíritu, no un comentario ALREDEDOR DE. El verbo creador. No el verbo comentador.
















