
Jorge Luis Borges en el Salón de Honor de la Universidad de Chile
Con el atraso de rigor, nuestro hombre llega guiado por elegantes lazarillos.
La concurrencia estalla en aplausos que ensordecen.
un profesor tartamudea solemnemente un discurso
y el homenajeado escucha con enternecedora paciencia.
Después lo conducen al púlpito, y él inicia por fin su Clase Magistral.
Sus ojos ciegos chocan contra el techo
y de su boca salen palabras, alondras enlutadas, friolentas,
que se despluman sobrevolando el abismo de la literatura.
Entonces uno descubre que a pesar de los focos y de los micrófonos
y a pesar también de la imprudencia de los camarógrafos,
él permanece ajeno a todo lo que no sea el infinito al que sus ojos tienden,
tras vencer la dureza del cielorraso.
Y no hallará refugio en las estrellas, pues ahora y aquí la única estrella es él.
Oscuros ratones de biblioteca, nosotros acudimos a su luz,
recluyéndolo en un cepo de conferencias, hoteles y entrevistas.
Desde su soledad invadida por cacatúas internacionales
y monos sabios especialistas en preguntas que se responden solas,
él comprende que es apenas un pretexto para que nosotros nos creamos cultos.
De ahí la coraza de sus respuestas -acaso más ingeniosas que profundas-,
de ahí el desencanto en su voz, su falsa o verdadera modestia
de abuelo triste, triste y demasiado lúcido
como para tomarnos en serio.
Las Muchachas Sencillas
Las muchachas sencillas
dudan que el mundo sea un balneario
para lograr bronceados excitantes
y exhibirse como carne en la parrilla
de una hostería al aire libre.
Las muchachas sencillas
no cultivan el arte de reptar hacia la fama
ni confunden a las personas con peldaños
ni practican ocios ni negocios
ni firman con el trasero contratos millonarios.
Las muchachas sencillas
estudian en liceos con goteras,
trabajan en industrias y oficinas,
rehúyen las rodillas del gerente,
hacen el amor con Luis González
en hoteles, en carpas, en cerros, en lugares sencillos.
Las muchachas sencillas
se convierten en madres, en esposas sencillas,
luchan largos años como sin darse cuenta,
llenándose de canas, de várices y nietos.
Y cuando abandonan este mundo
dejan por todo recuerdo sus miradas
en fotos arrugadas y sencillas.
MALVERSACIONES DE FONDOS Y FORMAS EN HOMENAJE A JACQUES PRÉVERT
Un boxeador impresionista y un crítico federado
un balance de toros y una corrida de bancos
un alza de las musas y un susurro de los precios
una actriz en expansión y una financiera que sobreactúa
una biblia deportiva y una delegación en latín
una misa universo y una miss de réquiem
una muchacha en escoba y una bruja en bikini
una papa con resfrío y una tos con mayonesa
un asado ecuménico y un concilio a las brasas
una aldea de luto y una viuda recién inaugurada
un baile de elección y un gobierno de disfraces
un juzgado teatral y una obra de menor cuantía
un curso para torturadores y un interrogatorio de perfeccionamiento
un abogado que pestañea y un inocente que pierde
un sumario con santos en la corte y un asesino secreto
un libro interruptus y un coitus prologado
una cámara de ideas y un intercambio de gases
un cabo suelto y un subalterno ahorcado
un juez haciendo una huelga de hambre y un reo la vista gorda
un ministro se autofinancia y un estudiante controla la inflación
un fallo de canciones y un festival de penas capitales
diez promesas despedidas y diez mil obreras no cumplidas
unos poemas malversados y unos fondos bien escritos
y un camarógrafo apuntando a once futbolistas
mientras once fusileros enfocan a un poeta.
Rogativa para el arrepentimiento de Armando Rubio
"TRAGICA MUERTE DE JOVEN POETA
CAYÓ DESDE UN SEXTO PISO
FALLECIENDO INSTANTANEAMENTE"
Armando, donde quieras que estés
reflexiona un momento, un minuto siquiera.
y luego ve al diario a desmentir esa noticia.
Estás en tu derecho.
No podrían negártelo.
Diles que es un alcance de nombre,
que tú estás perfectamente vivo, como siempre,
que incluso ya va a aparecer tu primer libro.
Convéncelos de que el error hay que aclararlo,
que tú sigues siendo el mismo:
pálido, delgado, incluso distraído,
pero vivo, vivo como cualquiera de los que aquí quedamos.
Si quieres te acompaño
y te ayudo a persuadirlos.
Vamos, hombre.
Depongamos todas nuestras diferencias.
Juntémonos de nuevo en mi oficina
("La Trinchera Literaria", como tú la llamabas)
Sentémonos sobre el pasto del Pedagógico,
conversemos como entonces donde a ti se te ocurra.
No puedes fallar ahora, Armando,
no puedes irte así, inédito y tan joven.
Nuestra generación será solo un aborto,
una marcha forzada hacia ninguna parte,
una caravana de sonámbulos y mudos.
Medítalo seriamente, Armando,
y luego ve al diario a desmentir esa noticia.
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eduardo llanos |
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jorge asís |

Plena, repleta de linaje, majestuosa, desparramando alcurnia, noble, la Esperpento Mayor salió a la calle a lucir al Príncipe; en su mano ella llevaba un sable viejo, envuelto en papel madera, que había sacado de un mueble antiguo simplemente para que el Príncipe lo viera, él, que sabía, para que le dijese con total imparcialidad si ese sable no era una reliquia. Era un sable que le habían obsequiado a su bisabuelo, un individuo muy importante; sobre todo, un individuo muy humano, como decía.
Plena, del brazo del Príncipe, la Esperpento Mayor empuñaba el sable envuelto en papel madera, mientras el Príncipe, blanco, lampiño, rubio, corpulento y cuarentón, vestido de impecable traje azul, un poco más acá del bien y del mal, se limitaba a saludar cortésmente -como un Príncipe que era- a todo aquel que le fuera presentado.
En el Piccolo, el Príncipe conversó con el Gordo, a quien la Esperpento Mayor había presentado como el barman máximo de Buenos Aires, y además, un individuo sensacional, humano.
También la Esperpento le presentó al distinguido señor Andrade (el Príncipe no sabía que el señor Andrade era Rosqueta); le presentó además a un promisorio artista, dibuja tan bien, tiene el futuro en las manos este muchacho, el señor Rolando Vitaca, anotar bien su nombre, Eric, recuerda.
A solas Vitaca le dijo a la Esperpento.
-Para una diosa mitológica como tú, un Príncipe es lo apropiado.
Después en el bar Las Palmas, en la oficina de Rosqueta, en el estudio del Boga Fumanchú (que también había sido presentado), no se hablaba de otro tema que no fuese la precipitada irrupción del Príncipe. La señorita Etelvina suspiraba, estaba melancólica. Todos, mirándose, extrañados, se preguntaban cómo pude habérselas ingeniado la Esperpento Mayor para conseguir un Príncipe, y enamorarlo. De las embajadas, de ahí, se respondían.
Cuando se lo dijeron, Rocamora río, pero él constantemente reía; dijo la única reventada que en Buenos Aires podía enamorarse de un Príncipe era la Esperpento Mayor.
Sin embargo, nadie sabía con exactitud en qué paraje del universo existía el principado del prometido de la Esperpento Mayor, pero igualmente lo imaginaban verde, con lagos, con cascadas y misterios, y tendría un pueblo alegre y rubio, y el pueblo festejaría el matrimonio del Príncipe con la Esperpento Mayor arrojando los sombreros al aire, y beberían ron, y bailarían hasta la madrugada.
Rocamora le decía a la Esperpento, cuando se hallaba sola, generalmente en el Piccolo y a mediodía, que le encantaría conocer al Príncipe. La Esperpento Mayor le decía que Eric era un individuo muy ocupado, pero se lo iba a presentar.
Hay que destacar lo rejuvenecida que estaba la Esperpento Mayor desde que noviaba con el Príncipe; era una neomuchacha, hacía gestos, caritas de veinteañera.
Sus ojos eran dos sueños realizados, le decía Vitaca.
Pero Rocamora tenía un presentimiento; él, lógicamente, ya no creía en los príncipes de colores, pero tenía ganas de conocerlo, porque difícilmente uno tiene la oportunidad de conocer a un príncipe.
-Príncipe de las pelotas debe ser ése- decía Rocamora a Vitaca.
-Me da la impresión de que estás celoso -respondía Vitaca-; entonces era peor.
Al otro día o quizá esa misma noche, Rocamora y el Príncipe fueron presentados.
-Eric, el señor Rocamora.
El Príncipe Eric y Rocamora se miraron se miraron muy a los ojos; el primero que desvió la mirada fue el Príncipe, para hacerle, delante de Rocamora, un elegante y noble arrumaco a la Esperpento Mayor.
El Príncipe Eric vestía un brillante traje azul de gabardina y llevaba prendido en la solapa un inentendible escudo; la Esperpento Mayor llevaba un saco de corderoy rojo y el solapa, el mismo inentendible escudo. Ella, al comprobar que Rocamora miraba los escudos, le dijo:
-Es un blasón.
--Ah- dijo Rocamora.
El negrito tenía ganas de preguntarle de dónde podía ser Príncipe el hijo de puta ése; lo miró como pensando hay un algo que te vende yo no sé si es la mirada. Pero el Príncipe, altanero, real, fruncido como un Príncipe, apenas miraba los labios de la Esperpento Mayor, labios que permanentemente trabajaban en la elaboración de palabras inútiles que escasas veces eran escuchadas, palabras que aparentemente sí eran atendidas por el Príncipe. Rocamora pensó que a lo mejor Eric era un Príncipe de veras, y la debería querer en serio. Que a lo mejor él y Vitaca eran dos guachos que jamás valoraron la capacidad de la Esperpento Mayor, y por eso la tomaron para la joda, de entrada, y por eso se le reían, la usaban. Entonces Rocamora dejó de mirar al Príncipe -digamos- con agresividad, y los contempló a los dos con cierta ternura, casi arrepentido, y se despidió muy cortés. Eric le dijo, utilizando un acento raro, probablemente polaco:
-Ha sido un placer señor Rocamora.
La Esperpento Mayor, como estaba delante del Príncipe y quién sabe era celoso, no le dio un beso a Rocamora, sino la mano, , los vio caminar del brazo por Paraná hacía Corrientes. El negrito permaneció parado, raro, polaco, tratando de acostumbrarse a pensar que la Esperpento Mayor se había metido de novia con un Príncipe. Pensó que entonces ella iba a ser una Princesa; pensó que él una noche se había reventado a una Princesa, y como era, un superficial, jamás la había valorado. Era un boludo.
En La Palmas y en la oficina de Rosqueta comentaron con Vitaca y con Alamo Jim el romance apasionado que estaba viviendo la Esperpento Mayor. Rocamora decía la flaca se salvó. Hasta Vitaca debió acostumbrarse a pensar que la diosa mitológica que ellos tomaban para la joda, se había metido de novia con un Príncipe.
Y trataban de explicarse dónde pudo haber conocido y conquistado a un Príncipe.
-Para saber, así mando a mi hermana -decía Vitaca.
Sin embargo se lo explicaron: ella concurría a las reuniones de las embajadas, si muchas noches se iba temprano del Piccolo porque tenía una fiesta en la embajada.
-Qué carajo sé qué embajada, yo creí que era grupo- decía Rocamora.
-Tenía buenas relaciones con los consulados- decía Vitaca.
-Claro, habrá armado la rosqueta por ahí- Decía Rosqueta.
Transcurrieron dos días y volvieron a contemplarlos junto, de la mano; ya con respeto saludaban a la Esperpento Mayor, haciéndose los finos y delicados, en oportunidades besándole la mano, y con cierta reverencia saludaban a l Príncipe Eric.
Después, apenas se encontraba Rocamora con Vitaca o con Alamo Jim o con Rosqueta o con el mismo Boga Fumanchú, se preguntaban:
-¿No lo viste al Príncipe?
Una noche Vitaca trajo la noticia: la Esperpento Mayor había viajado con el Príncipe hacía Mar del Plata. El Príncipe no conocía la costa atlántica argentina; por eso, en un arranque de nacionalismo, la Esperpento Mayor, se lo llevó a Mar del Plata. Se lo había contado el gordo del Piccolo: viajaron en uno de los coches del Príncipe, con chofer y todo.
Extrañaban en el Piccolo la presencia de la Esperpento, aunque en realidad no a la Esperpento, sino al Príncipe.
Alamo Jim Roitenberg había inmortalizado una historieta de piratas, historieta en la que participaba un Príncipe; la anécdota; un secuestro en alta mar, secuestraban a un Príncipe. La historieta-que iba a proponer en Columba- se titulaba: Han secuestrado al Príncipe.
Rosqueta quería averiguar si en el país del Príncipe podría realizar alguna rosqueta rara, por ejemplo enviar fotonovelas, traducís el testo y chau, yo le mando los cuadros, hay que conversar.
El Gordo del Piccolo podría radicarse con su mujer y sus hijos en el país del Príncipe, porque Buenos Aires -decía- le hacía mal. Además podía asistir invitado especialmente para las nupcias, porque era el máximo barman de Buenos Aires, y a lo mejor se quedaría definitivamente ahí, en Alemania o en Bulgaria o en algún país de esos polacos, donde mandaba el Príncipe.
Vitaca se veía becado por el Príncipe; haría una exposición de sus dibujos, el Príncipe lo promocionaría, no tendría que dibujar más historietas, sería amado perpetuamente por rubias de ojos azules que se tirarían en la alfombra para verlo pintar.
Rocamora podría hacerle aquí algún pedal al Príncipe, por ejemplo una cobranza, impuestos, representarlo aquí y en el Uruguay, conseguir exportar, importar, alguna concesión, hacerse amigo, guardaespaldas, mangarlo.
La Esperpento Menor apareció una noche por el Piccolo y preguntó si no iba más la señora Alba (la Esperpento Mayor); le contaron todos a la vez que la señora Alba, se había puesto de novia con un Príncipe, y estaban invernando en Mar del Plata. Rocamora le preguntó primero qué tomaba y segundo por qué no aparecía más y tercero si habían disuelto la sociedad con la Esperpento Mayor (dijo con Alba). La Esperpento Menor respondió primero que un whisky con hielo y segundo porque estaba muy ocupada y tercero que sí, habían disuelto la sociedad, pero porque las cosas anduvieran mal, con Alba somos como hermanas, sino que porque estaba por casarse, y su novio -que era ingeniero- no quería que trabajase más. La Esperpento Menor se iba a casar dentro de diez días, y se radicaría en Río Gallegos, porque al ingeniero le habían otorgado un puesto de mucha relevancia en esa ciudad. Rocamora dijo qué bien, parece que les va muy bien a las dos, y la Esperpento Menor dijo sí, aunque no la entusiasmaba la idea de radicarse en Río Gallegos, pero ellos eran soldados del Movimiento Peronista y estaban para obedecer, para servir donde se los precisara. En ese momento se enteró Rocamora que la Esperpento Menor era soldado del Movimiento Peronista; había cazado una manija, entonces había que tratarla con cordialidad, porque a lo mejor en Río Gallegos se podía realizar alguna componenda.
Vitaca acompañó a la Esperpento Menor y probablemente se tomaron un taxi y se fueron a encamar como Dios manda: Rocamora permaneció solo, en la mesa de Piccolo, bebiéndose el whisky que había dejado pago Rosqueta, conversando de a ratos con el Gordo, el máximo barman.
Al cuarto de hora e inesperadamente entró sola la Esperpento Mayor, con un par de anteojos negros y desarreglada; se sentó con Rocamora y pidió un whisky doble. Rocamora no tuvo necesidad de preguntarle por el Príncipe; parece ser que el Príncipe era un mal individuo, un vago que la había enganchado en tres millones y medio de pesos, y había desaparecido del país, misteriosamente.
Se habrá ausentado solo, sin la Princesa, a ese lejano paraje verde donde hay lagos y donde los castillos se levantan sobre los lagos y donde a mediodía el aire se viste de un color particular y donde el pueblo es rubio y bebe ron y baila.
Menos mal que Rocamora pudo aguantar la risa cuando la Esperpento Mayor, avejentada y llorando, le decía que ese individuo se le había llevado hasta el sable que pertenecía a su bisabuelo.
Capítulo de la novela de Jorge Asís, Los Reventados.
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Georges Brassens: El gorila |
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| 6 de junio de 1969 en París. Jaques Brel, Léo Ferré y Georges Brassens. |
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Confesiones de Pablo Picasso |
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| De izquierda a derecha, el pintor chileno Manuel Ortíz de Zárate, el poeta Max Jacob, el pintor Moise Kisling, la modelo Paquerette, Marie Vassillev y Pablo Picasso. |
*
Lo que busco en este momento es la palabra que diga desnudo sobre mi tela, de un golpe, sin vueltas.
Porque si sabes nadar y te arrojas al agua, nadas.
Es preciso buscar algo que se desarrolle solo, algo natural, no fabricado, que se despliegue tal como es, en forma natural y no en forma de arte.
La hierba como hierba, el árbol como árbol y el desnudo como desnudo.
Hay un momento en que si se llega a hacer lo que se quiere, los senos se ponen en su lugar sin que sea necesario dibujarlos.
*
Intento comprender. Intento meterme en la piel de X (un pintor abstracto). Pero no hay modo. ¿En qué puede pensar?, cuándo está en su taller solo frente a su caballete...? ¿Por qué está haciendo la misma tela desde hace diez años? Esto es algo que me tortura. ¿En qué puede pensar...? ¡Debe aburrirse espantosamente...!
*
Hay que hacer contra. A partir del momento en que se empieza a hacer pro, todo se jode.
*
Los verdaderos cuadros, si se acerca a ellos un espejo debería cubrirse de vapor, de aliento vivo, porque respiran.
*
El secreto está en no pintar sino lo que se ama.
*
Yo no pinté la guerra porque no soy de esa especie de pintores que va, como un fotógrafo, a la búsqueda de un tema. Pero no hay duda de que la guerra existe en los cuadros que hice en ese momento. Quizá más adelante un historiador demuestre que mi pintura cambió bajo la influencia de la guerra. Yo mismo no lo sé.
*
Nueve de cada diez veces cuando un pintor dice: esta tela no está terminada totalmente... le falta algo... hay que terminarla...nueve de cada diez veces puedes estar seguro de que para acabarla va a acabar con ella. Ya sabes como terminan los fusilados. Con un tiro en la cabeza.
*
Pinceladas que no tienen ningún significado no harán nunca un cuadro. Yo también doy pinceladas y a veces hasta se diría que es arte abstracto... Pero siempre significan algo: un toro, una plaza de toros, el mar, la montaña, la muchedumbre... Para llegar a la abstracción siempre hay que comenzar por una realidad concreta...
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El arte es el lenguaje de los signos. Cuando pronuncio hombre evoco al hombre; esa palabra se ha vuelto el signo del hombre. No lo representa como podría hacerlo la fotografía. Dos agujeros es el signo del rostro, suficiente para evocarlo sin representarlo... Pero ¿acaso no es extraño que uno puede hacerlo por medios tan simples? Dos agujeros es bien abstracto si uno piensa en la complejidad del hombre... Aquello que es lo más abstracto es, quizá, el colmo de la realidad.
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En el fondo todo no depende más que de sí mismo. Es un sol de mil rayos en el vientre. El resto no es nada. Es únicamente por esto, por ejemplo, que Matisse es Matisse. Es que él lleva ese sol en el vientre. Es también por esto que de vez en cuando hay algo.
*
A los cuadros se los hace siempre como los príncipes hacen a sus hijos: con pastoras. Nunca se hace el retrato del Partenón; jamás se pinta un sillón Luis XV. Se hacen cuadros con una choza del mediodía, con un paquete de tabaco, con una vieja silla.
En el fondo no hay más que el amor. Sea el que sea. Y se debería reventar los ojos a los pintores como se hace con los jilgueros para que canten mejor.
*
Cuando se parte de un retrato y se busca por eliminaciones sucesivas hallar la forma pura, el volumen nítido y sin accidente, se termina fatalmente en el huevo. De la misma manera si se parte del huevo se puede llegar, siguiendo el camino y finalidad opuestos, al retrato. Pero el arte, creo, escapa a este recorrido demasiado simplista que consiste en ir de un extremo a otro. Es necesario poder detenerse a tiempo.
*
Me comporto con mi pintura como me comporto con las cosas. Hago una ventana del mismo modo que miro a través de una ventana. Si esta ventana abierta no queda bien en mi cuadro, corro una cortina y la cierro como lo habría hecho en mi cuarto. Es necesario actuar en la pintura como en la vida, directamente. Desde luego que la pintura tiene sus convenciones que es necesario tener en cuenta, puesto que no es posible actuar de otro modo. Por esta razón es necesario tener constantemente bajo los ojos la presencia de la vida.
El artista es un receptáculo de emociones venidas de no importa donde: del cielo, de la tierra, de un pedazo de papel, de un rostro que pasa, de una tela de araña. Es por esto que no hay que distinguir entre las cosas. Para ellas no hay títulos de nobleza. Es necesario apropiarse de lo suyo donde se lo encuentre, salvo en sus propias obras. Tengo horror a copiarme, pero no dudo, cuando se me muestra un cartapacio de dibujos antiguos, en apoderarme de cuanto quiero.
>*
La guerra española es la lucha de la reacción contra el pueblo, contra la libertad. Toda mi vida como artista no ha sido más que una lucha continua contra la reacción y la muerte en el arte. ¿Cómo podría alguien pensar por un momento que yo pudiera estar de acuerdo con la reacción y la muerte? Cuando la rebelión comenzó, el Gobierno democrático republicano, legalmente electo, me nombró Director del Museo del Prado, un puesto que yo acepté inmediatamente. En el panel que estoy trabajando ahora y que se llama Guernica, así como en mis recientes obras de arte, he expresado claramente mi repudio y horror hacia la casta militar que ha hundido a España en un océano de dolor y de muerte.
*
A nadie se le ha ocurrido pedir a un químico que de sus mezclas salga una reacción o un precipitado bonito.
*
Yo hago los objetos tal como los pienso, no tal como los veo.
*
El arte no evoluciona, sino que marcha.
*
Pintores hay que transforman el sol en una mancha amarilla, pero hay otros que con la ayuda de su arte y de su inteligencia transforman una mancha amarilla en un sol.
*
La realización de un cuadro parece con frecuencia haber sido generada espontánea, incalculablemente. Las gentes hablan del naturalismo en oposición al arte moderno. Pero ¿ha visto alguien una obra de arte natural? La naturaleza y el arte son dos fenómenos perfectamente disímiles.
*
¿Qué es el arte? Si lo supiera tendría buen cuidado en no revelarlo. Yo no busco, encuentro.
*
Si a mí me preguntase un pintor lo primero que necesitaba hacer para pintar una mesa, yo le diría: medirla.
| [+/-] |
sergio mulet |

dulce delirio pensar en la sangre de la bestia
dulce la calle el fruto la revancha
esos no querrán morir no sabrán hacerlo
habrá que vendarles los ojos
puede que ellos mismos se los tapen
llorarán en berridos de babuino
habrá que ir a sus casas
arrastrarlos como gallos degollados
señalar sus mujeres de dientes parejos
marcar las deudas una a una pagarán sus amores de gato sus piernas tiesas de palo
será su última mirada al sol a la tarde a la noche
de sus miradas partidas caerán las lenguas del frío-pánico
allí en la pared en las afueras en los cuartos donde gimieron
pensarán en el resumen
más tarde mucho más tarde
los míos lo de mi raza
tendrán la lucha pareja tendrán donde beber
volverán a la piel a los jadeos incontrolados
y el tiempo de los asesinos estará lejos
| [+/-] |
fernando pessoa |

Caminando por Lisboa
POEMA EN LINEA RECTA
Nunca conocí a nadie a quien le hubiesen roto la cara.
Todos mis conocidos fueron campeones en todo.
Y yo, que fui ordinario, inmundo, vil,
un parásito descarado,
un tipo imperdonablemente sucio
al que tantas veces le faltó paciencia para bañarse;
yo que fui ridículo, absurdo,
que me llevé por delante las alfombras de la formalidad,
que fui grotesco, mezquino, sumiso y arrogante,
que recibí insultos sin abrir la boca
y que cuando la abrí fui más ridículo todavía;
yo que resulté cómico a las mucamas de hotel,
yo que sentí los guiños de los changadores,
yo que estafé, que pedí prestado y no devolví nunca,
que aparté el cuerpo cuando hubo que enfrentarse a puñetazos,
yo que sufrí la angustia de las pequeñas cosas ridículas,
me doy cuenta que no hay en este mundo otro como yo.
La gente que conozco y con quien hablo
nunca cayó en ridículo, nunca sufrió un insulto,
nunca fue sino príncipe -todos ellos príncipes- en la vida...
¡Ah, quién pudiera oír una voz humana
que confiese no un pecado sino una infamia;
que cuente no una violencia sino una cobardía!
Pero no, son todos la Maravilla si los escucho.
¿Es que no hay nadie en este ancho mundo capaz de confesar que una vez fue vil?
¡Oh príncipes, mis hermanos!
¡Basta, estoy harto de semidioses!
¿Dónde está la gente de este mundo?
¿Así que en esta tierra sólo yo soy vil y me equivoco?
Admitirán que las mujeres no los amaron,
aceptarán que fueron traicionados -¡pero ridículos nunca!-
Y yo que fui ridículo sin haber sido traicionado,
¿cómo puedo dirigirme a mis superiores sin titubear?
Yo que fui vil, literalmente vil,vil en el sentido mezquino e infame de la vileza.
POEMA EM LINHA RECTA
Nunca conheci quem tivesse levado porrada.
Todos os meus conhecidos têm sido campeões em tudo.
E eu, tantas vezes reles, tantas vezes porco, tantas vezes vil,
Eu tantas vezes irrespondivelmente parasita,
Indesculpavelmente sujo,
Eu, que tantas vezes não tenho tido paciência para tomar banho,
Eu, que tantas vezes tenho sido ridículo, absurdo,
Que tenho enrolado os pés publicamente nos tapetes das etiquetas,
Que tenho sido grotesco, mesquinho, submisso e arrogante,
Que tenho sofrido enxovalhos e calado,
Que quando não tenho calado, tenho sido mais ridículo ainda;
Eu, que tenho sido cómico às criadas de hotel,
Eu, que tenho sentido o piscar de olhos dos moços de fretes,
Eu, que tenho feito vergonhas financeiras, pedido emprestado sem pagar,
Eu, que, quando a hora do soco surgiu, me tenho agachado,
Para fora da possibilidade do soco;
Eu, que tenho sofrido a angústia das pequenas coisas ridículas,
Eu verifico que não tenho par nisto tudo neste mundo.
Toda a gente que eu conheço e que fala comigo
Nunca teve um acto ridículo, nunca sofreu enxovalho,
Nunca foi senão príncipe todos eles príncipes na vida...
Quem me dera ouvir de alguém a voz humana
Que confessasse não um pecado, mas uma infâmia;
Que contasse, não uma violência, mas uma cobardia!
Não, são todos o Ideal, se os oiço e me falam.
Quem há neste largo mundo que me confesse que uma vez foi vil?
Ó príncipes, meus irmãos,
Arre, estou farto de semideuses!
Onde é que há gente no mundo?
Então sou só eu que é vil e erróneo nesta terra?
Poderão as mulheres não os terem amado,
Podem ter sido traídos mas ridículos nunca!
E eu, que tenho sido ridículo sem ter sido traído,
Como posso eu falar com os meus superiores sem titubear?
Eu, que tenho sido vil, literalmente vil,
Vil no sentido mesquinho e infame da vileza.
POEMA XXIV
Lo que vemos de las cosas son las cosas.
¿Por qué veríamos una cosa si en su lugar hubiera otra?
¿Por qué ver y oír sería eludirnos
Si ver y oír son ver y oír?
Lo esencial es saber ver,
saber ver sin ponerse a pensar,
saber ver cuando se ve,
y no pensar cuando se ve
ni ver cuando se piensa.
Pero eso (¡ay de nosotros que traemos el alma vestida!),
eso exige un estudio profundo,
aprender a desaprender,
Terminar con la libertad de aquel convento
Que según los poetas tiene a las estrellas por monjas eternas,
Y las flores por penitentes fervorosas de un solo día.
Pero dónde, al fin de cuentas las estrellas no son sino estrellas
y las flores no son más que flores,
siendo por eso que la llamamos estrellas y flores.
O que nós vemos das coisas são as coisas.
Porque veríamos nós uma coisa se houvesse outra?
Porque é que ver e ouvir seria iludirmo-nos
Se ver e ouvir são ver e ouvir?
O essencial é saber ver,
Saber ver sem estar a pensar,
Saber ver quando se vê,
E nem pensar quando se vê,
Nem ver quando se pensa.
Mas isso (triste de nós que trazemos a alma vestida!),
Isso exige um estudo profundo,
Uma aprendizagem de desaprender
E uma sequestração na liberdade daquele convento
De que os poetas dizem que as estrelas são as freiras eternas
E as flores as penitentes convites de um só dia,
Mas onde afinal as estrelas
não são senão estrelasNem as flores senão flores,
Sendo por isso que lhes chamamos estrelas e flores.
YA SOBRE LA FRENTE VANA
Pessoa a los cuarenta años
Ya sobre la frente vana se me encanece
El cabello del joven que perdí.
Mis ojos brillan menos.
Ya no merecen besos mi boca.
Si aún me amas, por amor no ames:
Me traicionarás conmigo.
JÁ SOBRE A FRONTE 
Con Vitoriano Braga,
1916
Já sobre a fronte vã se me acinzenta
O cabelo do jovem que perdi.
Meus olhos brilham menos.
Já não tem jus a beijos minha boca.
Se me ainda amas, por amor não ames:
Traíras-me comigo.
ODA MARÍTIMA
En la época en que escribió
Oda marítima
¡Ah, sea como fuere, sea por donde fuere, partir!
Largarse por ahí, entre las olas, en el peligro en el mar.
¡Ir para Lejos, ir para Fuera, hacía la Distancia Abstracta,
indefinidamente, en las noches misteriosas y hondas,
llevando, como el polvo, por los vientos, por los vendavales!
¡Ir, ir, ir, ir con todo!
.........................................................................
¡Eh marineros, vigías, he tripulantes, pilotos!
¡Navegantes, marinos, grumetes, aventureros!
¡Eh capitanes de barco! ¡Hombres de timón y mástil!
¡Hombres que duermen en toscas cuchetas!
¡Hombres que duermen con el Peligro avizorando desde las atalayas!
¡Hombres que duermen con la muerte por almohada!
¡Hombres que recorren el combés, que tienen puentes desde donde mirar
la inmensa inmensidad del mar inmenso
............................................................
¡Quiero ir con vosotros, quiero ir con vosotros
al mismo tiempo que todos vosotros,
hacía todos lados, donde vayáis vosotros!
¡Quiero encontrarme cara a cara con vuestros peligros,
sentir en mi rostro los vientos que azotaron los vuestros,
escupir por mi boca la sal de los mares que besaron las vuestras,
meter mis manos en el trabajo vuestro, compartir vuestras tormentas,
llegar con vosotros, por fin, a extraordinarios puertos!
¡Huir con vosotros de la civilización!
¡Perder con vosotros la noción de la moral!
¡Sentir que mi humanidad cambia en la lejanía!
¡Beber con vosotros en los mares del Sur!
nuevas bestialidades, nuevas orgías del alma,
nuevos fuegos centrales en mi espíritu volcánico!
¡Ir con vosotros, sacarme de encima -¡ah, desaparece de aquí!-
mi traje de civilizado, mi flema en la acción,
mi miedo innato a las cadenas,
mi pacífica vida,
mi vida sentada, estática, reglamentada y revisada!
¡En el mar, en el mar, en el mar, en el mar,
¡he lanzar al mar, al viento, a las olas,
mi vida!
Salar mi paladar con espuma arrojada por los vientos
De los grandes viajes.
¡Fustigar con agua restallante las carnes de mi aventura,
empapar en los fríos oceánicos los huesos de mi existencia,
flagelar, cortar, azotar con vientos, soles y espumas
mi se ciclópeo y atlántico,
mis nervios retorcidos como trenzas,
lira en las manos del viento!
....................................................
¡Haced trenzas con mis venas!
¡Amarras con mis músculos!
¡Arrancadme la piel, clavadme en las quillas!
¡Que yo pueda sentir el dolor de los clavos y nunca deje de sentir!
¡Haced de mi corazón un pendón de almirante
en el instante guerrero de los viejos barcos!
¡Arrastrad con vuestros pies por las cubiertas mis ojos arrancados!
¡Rompedme los huesos contra los murallones!
¡Fustigadme atado a los mástiles, fustigadme!
¡Hacía todos los vientos de todas las latitudes y longitudes
derramad mi sangre sobre las aguas
que cruzan el barco, el combés de lado a lado
en las arremetidas furiosas de las tormentas!
¡Tener la audacia al viento de la lona de las velas!
¡Ser como el silbido de los vendavales en las atalayas altas!
¡Vieja guitarra del Fado de los mares colmados de peligros,
canción para que los navegantes la oigan y jamás la repitan!
Fragmento
En el año de su muerte
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Ah, seja como for, seja por onde for, partir!
Largar por aí fora, pelas ondas, pelo perigo, pelo mar,
Ir para Longe, ir para Fora, para a Distância Abstrata,
Indefinidamente, pelas noites misteriosas e fundas,
Levado, como a poeira, pelos ventos, pelos vendavais!
Ir, ir, ir, ir de vez!
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Eh marinheiros, gajeiros! eh tripulantes, pilotos!
Navegadores, mareantes, marujos, aventureiros!
Eh capitães de navios! homens ao leme e em mastros!
Homens que dormem em beliches rudes!
Homens que dormem co'o Perigo a espreitar plas vigias!
Homens que dormem co'a Morte por travesseiro!
Homens que têm tombadilhos, que têm pontes donde olhar
A imensidade imensa do mar imenso!
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Quero ir convosco. Quero ir convosco,
Ao mesmo tempo com vós todos
Pra toda a parte pr'onde fostes!
Quero encontrar vossos perigos frente
a frente, Sentir na minha cara os ventos que engelharam as vossas,
Cuspir dos lábios o sal dos mares que beijaram os vossos,
Ter braços na vossa faina, partilhar das vossas tormentas,
Chegar como vós, enfim, a extraordinários portos!
Fugir convosco à civilização!
Perder convosco a noção da moral!
Sentir mudar-se no longe a minha humanidade!
Beber convosco em mares do sul
Novas selvajarias, novas balbúrdias da alma,
Novos fogos centrais no meu vulcânico espírito!
Ir convosco, despir em mim ah! põe-te daqui pra fora!
O meu traje de civilizado, a minha brandura às acções,
Meu medo inato das cadeias,
Minha pacífica vida
A minha vida sentada, estática, regrada e revista!
No mar, no mar, no mar,
Eh! pôr no mar, ao vento, às vagas,
A minha vida!
Salgar de espuma arremessada pelos ventos
Meu paladar das grandes viagens.
Fustigar de água chicoteante as carnes da minha aventura,
Repassar de frios oceânicos os ossos da minha existência,
Flagelar, cortar, engelhar de ventos, de espumas, de sóis,
Meu ser ciclónico e atlântico,
Meus nervos postos como enxárcias,
Lira nas mãos dos ventos!
................................................................
Façam enxárcias das minhas veias!
Amarras dos meus músculos!
Arranquem-me a pele, preguem-na às quilhas.
E possa eu sentir a dor dos pregos e nunca deixar de sentir!
Façam do meu coração uma flámula de almirante
Na hora de guerra dos velhos navios!
Calquem aos pés nos conveses meus olhos arrancados!
Quebrem-me os ossos de encontro às amuradas!
Fustiguem-me atado aos mastros, fustiguem-me!
A todos os ventos de todas as latitudes e longitudes
Derramem meu sangue sobre as águas arremessadas
Que atravessam o navio, o tombadilho, de lado a lado,
Nas vascas bravas das tormentas!
Ter a audácia ao vento dos panos das velas!
Ser, como as gáveas altas, o assobio dos ventos!
A velha guitarra do Fado dos mares cheios de perigos,
Canção para os navegadores ouvirem e não repetirem!
Fragmento
Traducción de Santiago Kovadloff
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roberto reis |

ra un carnicero. Las manos sucias con trozos de carne, todo el cuerpo salpicado y enrojecido con sangre de buey, las uñas inmundas hasta la cutícula. Los cabellos duros. Y aun cuando en su casa ya tarde en la noche- se bañaba con jabón de coco, el olor a sebo persistía en sus poros. El facón ágil en el puño fuerte cortaba los bifes para las clientas, separaba el buche, las grasas, envolvía todo en papel de diario, lo pesaba. El dinero del vuelto (o el ticket de la caja registradora) venía con la firma escarlata.
Mulata Mariana tenía piernas firmes recordaba un pedazo de vaca- y se alzaban olores de los pelos crespos entre los muslos. Apoyados contra un auto cerca de la cantera, en la calle sin salida, se frotaban suspirando. En un hotel apartado de Lapa, él le chupaba torpemente los labios carnosos. Mordía aquellos pechos duros (como mamas), lamía su cuerpo entumecido, frotaba la nariz grasienta en las nalgas. Mariana reía. Le hacía cosquillas.
Cuántas veces había pisado el umbral de su casa al clarear el día. La mujer dormía en la cama matrimonial, el cuarto era estrecho, los muebles estaban poco menos que acostados junto a ellos. Siempre que él aparecía, sea cual fuere la hora, la mujer se acomodaba bajo las sábanas. Él se encaminaba hacía el pico del agua, llevaba una palangana, se lavaba. Volvía tratando de no hacer ruido para que ella no se despertara.
Al día siguiente, otra vez el corte de filet, lomo, nalgas, vacío. Paquetes con papel de diario. Mariana habría de aparecer. Guiñaría un ojo. Era la señal. Cerrada la carnicería, el encuentro era en el café. Algunas pingas o cerveza helada rociaban el pescado frito. Después el coqueteo, el roce, los mordiscos, y las manos que erizaban la piel morena de Mariana. Ella le chupaba los dedos, el pene, hundía los dientes en su pecho velludo, le arrancaba pelos. Y las manos fuertes, menos hábiles sin el facón, comprimían las carnes dentro de las palmas, como si quisieran hacer resaltar las partes comprimidas, como si cortase enormes bifes.
Un día, apenas puso los pies en casa, vio la luz del cuarto prendida. Su mujer debía estar mal. Entró y ella lo esperaba sentada en la cama: las piernas recogidas, los brazos sobre las rodillas. Apoyada en el cabezal de hierro. Su mirada exigía una explicación.
Sucio como estaba y antes del baño con jabón de coco, con las piernas comprimidas entre los muebles, él se sentó en la cama. La mujer, debajo de las sábanas, permanecía inmóvil. Él estaba cansado: Mariana iba a visitar a sus padres, al interior de Minas, y la despedida no había sido chiste.
De pronto la mujer lo envolvió por el cuello, un aliento agrio fue a besarle las orejas, ávido como si estuviese buscando un minúsculo trocito de carne. Enloquecida le sacó la camisa a rayas rojas, olió las manos callosas, sanguíneas, casi destrozó sus pantalones. Inerte, el carnicero cedió al cuerpo que se agitaba frenético sobre el suyo, a aquellas narinas que necesitaban su olor.
Empezó a llegar a su casa más temprano y a encontrar a la mujer desnuda. Los senos blandos caían sobre la barriga. Várices se abultaban en las piernas velludas. Aún arrebatados, jadeantes, se bañaban juntos en el pico, con la palangana y el jabón de coco, la luna blanqueaba la sonrisa nerviosa de la mujer.
En la carnicería proseguía la rutina. Un día, el dueño del bar fue a comprar algunos kilos de carne y comentó su ausencia la cerveza, el pescado frito-. Mariana regresó esa misma tarde. El carnicero largó temprano el trabajo, que el otro se ocupara de atender a los clientes de la cena y de cerrar.
Mariana estaba más mulata que nunca. Bebieron mucha cerveza, en vez de pescado comieron una pizza en un restaurant fino. Fueron a un hotel mejor, más caro. Pasaron allí toda la noche, ella se dejó por atrás.
Entró a su casa, el sol golpeaba la tierra. Tan molido estaba que decidió no lavarse en el pico. Se acostó, no sin antes tropezar en los muebles. Ni se fijó si la mujer se acomodaba bajo las sábanas.
Cuando abrió los ojos, el resplandor del día había invadido el cuarto. El facón con que trabajaba (¿o era uno parecido?) le arañó el brazo en una embestida violenta. Después le abrió la barriga, la cara, de nuevo el abdomen,todo el cuerpo. Las sábanas eran diarios empapados. Los muebles salpicados de sangre, trozos de carne.
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Baudelaire: Textos |
![]() |
| Los poetas malditos: Charles Baudelaire, Stephane Mallermé, Paul Verlaine, Trstan Corbiere y Arthur Rimbaud |
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augusto monterroso |

entro de escasos minutos ocupará con elegancia su lugar ante el piano. Va a recibir con una inclinación casi imperceptible el ruidoso homenaje del público. Su vestido, cubierto con lentejuelas, brillará como si la luz reflejara sobre él el acelerado aplauso de las ciento diecisiete personas que llenan esta pequeña y exclusiva sala, en la que mis amigos aprobarán o rechazarán--no lo sabré nunca--sus intentos de reproducir la más bella música, según creo, del mundo. Lo creo, no lo sé. Bach, Mozart, Beethoven. Estoy acostumbrado a oír que son insuperables y yo mismo he llegado a imaginarlo. Y a decir que lo son. Particularmente preferiría no encontrarme en tal caso. En lo íntimo estoy seguro de que no me agradan y sospecho que todos adivinan mi entusiasmo mentiroso. Nunca he sido un amante del arte. Si a mi hija no se le hubiera ocurrido ser pianista yo no tendría ahora este problema. Pero soy su padre y sé mi deber y tengo que oírla y apoyarla. Soy un hombre de negocios y sólo me siento feliz cuando manejo las finanzas. Lo repito, no soy artista. Si hay un arte en acumular una fortuna y en ejercer el dominio del mercado mundial y en aplastar a los competidores, reclamo el primer lugar en ese arte. La música es bella, cierto. Pero ignoro si mi hija es capaz de recrear esa belleza. Ella misma lo duda. Con frecuencia, después de las audiciones, la he visto llorar, a pesar de los aplausos. Por otra parte, si alguno aplaude sin fervor, mi hija tiene la facultad de descubrirlo entre la concurrencia, y esto basta para que sufra y lo odie con ferocidad de ahí en adelante. Pero es raro que alguien apruebe fríamente. Mis amigos más cercanos han aprendido en carne propia que la frialdad en el aplauso es peligrosa y puede arruinarlos. Si ella no hiciera una señal de que considera suficiente la ovación, seguirían aplaudiendo toda la noche por el temor que siente cada uno de ser el primero en dejar de hacerlo. A veces esperan mi cansancio para cesar de aplaudir y entonces los veo cómo vigilan mis manos, temerosos de adelantárseme en iniciar el silencio. Al principio me engañaron y los creí sinceramente emocionados: el tiempo no ha pasado en balde y he terminado por conocerlos. Un odio continuo y creciente se ha apoderado de mí. Pero yo mismo soy falso y engañoso. Aplaudo sin convicción. Yo no soy un artista. La música es bella, pero en el fondo no me importa que lo sea y me aburre. Mis amigos tampoco son artistas Me gusta mortificarlos, pero no me preocupan. Son otros los que me irritan. Se sientan siempre en las primeras filas y a cada instante anotan algo en sus libretas. Reciben pases gratis que mi hija escribe con cuidado y les envía personalmente. También los aborrezco. Son los periodistas. Claro que me temen y con frecuencia puedo comprarlos. Sin embargo, la insolencia de dos o tres no tiene límites y en ocasiones se han atrevido a decir que mi hija es una pésima ejecutante. Mi hija no es una mala pianista. Me lo afirman sus propios maestros. Ha estudiado desde la infancia y mueve los dedos con más soltura y agilidad que cualquiera de mis secretarias. Es verdad que raramente comprendo sus ejecuciones, pero es que yo no soy un artista y ella lo sabe bien. La envidia es un pecado detestable. Este vicio de mis enemigos puede ser el escondido factor de las escasas críticas negativas. No sería extraño que alguno de los que en este momento sonríen, y que dentro de unos instantes aplaudirán, propicie esos juicios adversos. Tener un padre poderoso ha sido favorable y aciago al mismo tiempo para ella. Me pregunto cuál sería la opinión de la prensa si ella no fuera mi hija. Pienso con persistencia que nunca debió tener pretensiones artísticas. Esto no nos ha traído sino incertidumbre e insomnio Pero nadie iba ni siquiera a soñar, hace veinte años, que yo llegaría adonde he llegado. Jamás podremos saber con certeza, ni ella ni yo, lo que en realidad es, lo que efectivamente vale. Es ridícula, en un hombre como yo, esa preocupación. Si no fuera porque es mi hija confesaría que la odio. Que cuando la veo aparecer en el escenario un persistente rencor me hierve en el pecho, contra ella y contra mí mismo, por haberle permitido seguir un camino tan equivocado. Es mi hija, claro, pero por lo mismo no tenía derecho a hacerme eso. Mañana aparecerá su nombre en los periódicos y los aplausos se multiplicarán en letras de molde. Ella se llenará de orgullo y me leerá en voz alta la opinión laudatoria de los críticos. No obstante, a medida que vaya llegando a los últimos, tal vez a aquellos en que el elogio es más admirativo y exaltado, podré observar cómo sus ojos irán humedeciéndose, y cómo su voz se apagará hasta convertirse en un débil rumor, y cómo, finalmente, terminará llorando con un llanto desconsolado e infinito. Y yo me sentiré, con todo mi poder, incapaz de hacerla pensar que verdaderamente es una buena pianista y que Bach y Mozart y Beethoven estarían complacidos de la habilidad con que mantiene vivo su mensaje. Ya se ha hecho ese repentino silencio que presagia su salida. Pronto sus dedos largos y armoniosos se deslizarán sobre el teclado, la sala se llenará de música, y yo estaré sufriendo una vez más.
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boris vukovic neira |

Si se sale del lecho se tiene menos peso
en la columna.
Ven conmigo a la pista del avión
y detente
con el ancla de la lluvia.
Entre gentes abordando y las grandes fugas
Es hora de meditar
no quiero un león impetuoso.
Tenemos el deber
de cambiar
todo
Agarra las olas del estrecho para reventarlas y vuela
cruza las pampas a nado león de nada y asédiate
niega la condena de llevar al estanco en una pierna
y sigue corriendo para cumplir las primaveras.
Poema A
La quimera
De aquél inocente
despojado de lo que amó.
No despertará nunca.
Se llama esperanza
o se muere.
Te mereces el escarmiento
del huerto, ingenuo
cual viento que baila
en pestes
debiste ser aventurero
y cabalgar en caracoles.
Para que soportes las armas
Y le tomes el peso
Al último soplo
Es así: espada por utopía.
No hay vida para quien ame el bien
Necesito un castillo
que no deje entrar a Leviatán
Donde mis gentes
reposen su apatía hasta expirar
pero estemos todos reunidos
porque la familia
porque la tierra
porque el cielo
estará concentrado en
mí si
me vuelvo todo.
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Jotamario Arbeláez: El maniculitanteo |
Al pobre Marqués de Sade le pasó algo parecido en Francia, según cuenta Jorge Gaitán Durán, pues por haber golpeado más o menos levemente a Rosa Keller y darle bombones de cantáridas a cuatro putas de Marsella, pasó la mayor parte de su vida en prisiones, escribiendo cosas monstruosas como catarsis. La revolución lo sacó de La Bastilla y lo condujo al loquero. Fue una víctima del sadismo de sus contemporáneos. En el caso presente las feministas están de fiesta. A una mujer no se la toca ni con el pétalo de una rosa. Y mucho menos en el jopo ni en la calle.
La reacción popular ha sido inmediata. Un gran sector de la población y la gran mayoría de las publicaciones están de acuerdo en que también a la ley se le fue la mano, así demuestre que le ha puesto fin al meimportaunculismo.
Informa la revista Semana que el señor Ministro del Interior, doctor Sabas Pretelt, declaró que Se lo merecía por tocar lo que no debía. Pero habría que declarar que la clase política es la que se ha encargado secularmente, no sólo de manosear al país, sino de incitar a su irrespeto y su desprestigio. O si no, qué tal el aviso publicitario del partido de la U, donde se ve un charco de espermatozoides dirigiéndose a un óvulo que encierra la U de Uribe, y que, luego del título: Cada vez vienen a nosotros más y más colombianos, remata: Vente tú también. No sé quien es el creativo, pero todos estaremos de acuerdo en que se trata de un verdadero pajazo. Pornografía política pagada. Vente tú también. El orgasmo es algo sublime, pero en esta oportunidad no pasa de ser una cochinada.
En las manifestaciones de solidaridad con el mensajero, expresadas a través de las redes de Internet de la prensa, se agravia en forma aun más hiriente a la afectada por el nalgazo, a la inclemente Diana Marcela Díaz, la nalgasdioro. Se la acusa de indeseable, cuando no de provocadora por su atuendo inadecuado, y hasta se acepta la condena del joven por su mal gusto. Pero, en gracia de discusión, habría que decir que cualquier mujer merece respeto. Del gran poeta Apollinaire es este verso, que tengo escrito con espuma de afeitar en mi espejo: Todas, hasta la más fea, han hecho llorar a su amante. Me imagino los próximos 4 años de esta joven administradora de empresas, tristemente célebre por parrandeársele la vida a un jovencito impetuoso a quien un arco reflejo le llevó la mano a su salva sea la parte. No al órgano sexual, que es el que contempla la ley, sino a esa parte del cuerpo que sirve ante todo para sentarse.
El señor magistrado del Tribunal Superior de Bogotá, Jorge Enrique Soto, debe estar satisfecho de aplicar la dura ley al ingenuo practicante de la filosofía del tocador, manual escrito por Sade en el mingitorio. Canazo de 4 años por una infracción que solía castigarse con un carterazo. Algo que, si bien es una agresión, también es una caricia, así indeseada. Habrá que esperar el pronunciamiento de la Corte Suprema de Justicia, si hasta allí se extiende el problema.. La Corte en pleno juzgando un culitanteo. Para que nadie diga que no defendemos los rectos humanos.
Lo que si queda claro es que, con esta sentencia, se pone el tatequieto a lo que podría considerarse un acto plebeyo, practicado impunemente en todos los estamentos. Del jefe con la secretaria, del patrón con la sirvienta, del profesor con la estudiante, del disimulado peatón con la peatona. A los jóvenes reclutas de Piedras no sólo les tocaron el trasero sus superiores sino que les clavaron palos de escoba. Dizque para que aprendieran a ser machos en su lucha contra los subversivos. Y no creo que a ninguno de sus verdugos vayan a aplicarle cuatro años.
| [+/-] |
Marco Denevi: The female animal |
| [+/-] |
mala compañía |

| [+/-] |
carlos besoaín |
Por Hugo Vera Miranda
ara los amigos y los gorriones, es difícil imaginar un mundo sin Carlos Besoaín. Lo conocí niño y ya era viejo. El sabio más elegante de su aldea. Porte de príncipe ruso. Lo más parecido a Esenin. He conocido a muchas de sus Isadoras. Flaco, desgarbado, de paso ligero. Una risa que ya se la quisiera Lucifer. Todo gira en torno a él. Los padres, amigos, parientes y cuñados, giran en torno a él. La mariposa, la ría del pueblo de su infancia, los trenes y las nubes giran en torno a él. Ya de viejo, a los treinta, cuando él juveneció, aún me cuesta entender que el mundo no gire en torno a él. Esta pequeña bolita azul debiera hacerlo. Basta ya de tanta malasangre.Yo que tengo una maestría en bares, que he bebido con líricos exquisitos que adornan sus endechas. He conocido a un solo poeta. Al único que por ejemplo, es capaz de escribir un hermoso poema al moco. Un sublime poema al semen: La primera serpiente parte la luz. Un poema al guiso con arroz. He conocido a un solo poeta que en una noche de ventisca, me dijo: "Hugo, si yo alguna vez t...".Es el bendito rey Midas de la poesía. Todo lo que toca lo convierte en poema. El vuelo del moscardón. La puta que murió de amor. Y el novillero que acaba de recibir la alternativa. Muchos poetas tienen razones suficientes para publicar sus obras. Muchos lectores tienen razones suficientes para no leerlas. Eso no pasa con Carlos Besoaín. Él tiene razones suficientes para el momento de la revelación. Para que tú y yo tengamos un anochecer compartido. Para que tú y yo podamos perdonarnos. Para que tú y yo sepamos que; CADA DÍA MUERE el que yo fui.
CONJUGACIONES
YO TE ODIO
tú lo envidias
ellos se detestan,
nosotros vivimos en una comunidad pequeña
*SEÑALES DE TRÁNSITO
CRUCES DE MADERA
cruces de miradas
cruces de metal
cruces de ceniza
cruce con cuidado
(y a veces ceda el paso)
**
NUESTRA
TIBIA INCLINACIÓN A Dios
y nuestra vieja condición de diablos.
***
EL VIENTO ES un fantasma largo
****
SOMOS LA EYACULACIÓN de alguien
*****
DANDO TUMBOS A la tumba
******
ELLA ME MIRA con la vulva
*******
EL HOMBRE DE la calle es ambicioso: quiere la eternidad
********
LA BELLEZA ES fugaz, ¿cuánto la cobras?
*********
EL MIEDO ME grita: -¡Ponle nombre a todo!
**********
NO ME ACUERDO de tu cara pero sí de tu alma
***********
LA MANO QUE destruye la flor esparce su semilla
************
EL ALMA SE apronta a navegar sobre otro nombre
*************
VIVES EN EL amor, por eso hay que temerte
**************
DIOS ES TAN callado que da miedo
pavor de que no exista
***************
NADA DURA PARA siempre
sólo el porvenir
****************
NACE, ALQUILA VIDEOS y muere
*****************
PECHOS
USO LOS TIMBRES para llamar a tu alma
******************
PALABRAS
CUANDO SEPA MANEJARLAS dejaré el oficio:
y aceptaré el reto de los jardineros
*******************
CHARCOS
MI DOBLE VA conmigo cabeza para abajo,
nuestras suelas se tocan
mientras se abre la flor de mi paraguas
********************
CHIMENEAS
FUMAN LAS CASAS el opio de la tarde
*********************
RECUERDO CUANDO OFICIÉ de asistente
en el parto de mi segundo hijo...
Salió cubierto de sangre,
del cuerpo de la que entonces
era mi mujer. Y aún
resuena, en mis oídos,
su llanto cortando
el frío de la noche invernal
del campo uruguayo.
Hoy su risa me acompaña.
**********************
INVIERNO
LAS ESTUFAS SE pusieron a cantar
***********************
VULVA
PUERTA ENTRE PARÉNTESIS
*************************
A VECES LA noche dura todo el día
**************************
EL DESTINO JUEGA al ajedrez y es invencible
***************************
ME ATORÉ CON un beso que trajo la memoria
****************************
ELLA ME MIRA con la vulva
*****************************
CADA DÍA MUERE el que yo fui
******************************
Ilustración de Carlos Besoaín
Poemas extractados de su libro Cama de Hierba, Municipalidad de Río Gallegos, Argentina, 2005
| [+/-] |
francisco de quevedo |

Cogióle la hora en la cuarta estancia, y a la oscuridad de la obra (que era tanta, que no se vía la mano) acudieron lechuzas y morciélagos; y los oyentes, encendieron lanternas y candelillas, oían de ronda a la musa, a quien llaman:
... la enemiga del día
que el negro manto descoge.
Llegóse uno tanto con un cabo de vela al poeta (noche de hibierno, de las que llaman boca de lobo), que se encendió el papel por en medio. Dábase el autor a los diablos, de ver quemada su obra, cuando el que la pegó le dijo:
-Estos versos no pueden ser claros y tener luz si no los queman: más resplandecen luminaria que canción.
Y como el demonio llegó a él destilado por puta y rufián, y mozo de mozo de criado de señor, endemoniado por pasadizo y hecho un infierno, embistió con su siervo, éste con su criado, el criado con su mozo, el mozocon su amigo, el amigo con su amiga, ésta con todos; y chocando los arcaduces del diablo, unos con otros se hicieron pedazos, se deshizo la sarta de embustes, y Satanás, que enflautado en la cotorrera se paseaba sin ser sentido, rezumándose de mano en mano, los cobró a todos de contado..
Cogiólas la horay topándolas Estoflerino y Magino y Origano y Argolo, con sus efemérides desenvainadas, embistieron con ellas a ponerlas a todas las fechas de sus vidas con día, mes y año, hora, minutos y segundos. Decían con voces descompuestas:
-Demonios, reconocé vuestra fecha, como vuestra sentencia. Cuarenta y dos años tienes, dos meses, cinco días, seis horas, nueve minutos y veinte segundos.
¡Oh, inmenso Dios, quién podrá decir el desaforado zurrido que se levantó! No se oía otra cosa que mentases. No hay tal; no he cumplido quince. ¡Jesús!, ¿quién tal dice? Aún no he entrado en diez y ocho; en trece estoy; ayer nací; no tengo ningún año; miente el tiempo.
Y una a quien Origano estaba sobrescribiendo como escritura: Fue fecha y otorgada esta mujer el año de 1578, viendo ella que se le averiguaban sesenta y siete años, entigrecida y enserpentada, dijo:
- Yo no he nacido, legalizador de la muerte; aún no me han salido los dientes.
-Antigualla, mamotreto de siglos, no salen sobre raigones; tente a la fecha.
-No conozco fecha.
Y arremetiendo el uno al otro, se confundió todo en una resistencia espantosa.
| [+/-] |
juan mihovilovich |

ueña que lo alzan cual guiñapo humano chorreando sangre de narices. Siente la boca llena de coágulos espesos y dientes aflojados. Sueña que lo cuelgan de los pies y le golpean el cuello y la cabeza. Debajo las hormigas huyen de las gotas de sangre que remueven el polvo. Sueña que le abren los párpados resecos de lágrimas y queman su visión invertida.
Al despertar transpira helado y manotea en la oscuridad.
Se palpa el cuerpo como si algo le faltara.
¿Qué te pasa?pregunta la esposa sacudiéndole los hombros.
No es nada. Soñé que me estaban golpeando-. Contesta tembloroso mientras su mujer se mira con horror las manos ensangrentadas.











