niña fucsia
bajo cielo coaxial
ataviada de equinoccios
estrellas
con niña fucsia
en tejido de poliéster
sujeta a control de psicotrópicos
ninia fucsia
en lluvia ácida
con alas oxidadas
el aura decolorada
nena congestionada
himen púrpura
ninia morada
pequenia lila
hipermusa
violeta
niña escarlata
ninia noir
muniequita de trapo
forrada en terciopelo
y alambre de púas
femme fatale
carmín y rubor
glamour de cabaret
de variedades
nena fucsia
ovulando fetiches de peluche
deslizándose por el pasillo de cine mudo
chica fucsia
posando en actitud neoclásica
con aire acondicionado
en el taller de cuerpos pintados
de la pinacoteca nacional
ninia fucsia
excomulgada de las monjas francesas
por no hacerse un aborto
ninia fuxia
go go dancer
flashes de magnesio
cocktails de vermouth
pernod y cinzano
maniquí mutilado
ballet de marionetas
antropológicas
anestesia social
abandona el presente
- ella se sale del guión
regresa a su yo más arcaico
espacio en blanco
ninia fucsia
espacio en blanco
imagen hecha
espacio en blanco
de deshechos
espacio en blanco
orgánicos
ballet de marionetas antropológicas
funciones suspendidas
indefinidamente
no puedo quedar sin sentido
-piensa
mientras pierde el conocimiento
notando que todo es producto de su imaginación
antiheroina
fucsia
seniorita
subliminal
privada del habla
ninia diciente
bienvenida al atelier de las imágenes
chica fucsia
danzando ofuscada
el contaminado lago de los cisnes muertos
tuve forma
de
palabra
admite
confusa
mientras me observa
con respiración entrecortada
nublada la visión
lo que no puedes
leer
es lo que siento
ninia convaleciente
en resaca borrascosa
loba mujer hembra furtiva
extraviada en el desenfrenado furor de la ansiedad
nena voyeur
retirándose a sus aposentos
para disfrutar de su propia compañía
niñita fuxia
manteniendo la distancia
y guardando las apariencias
en bolsas de mareo
reduce la teoría del color
a su mínima expresión
propone extensiones ultravioletas
cultivadas simbólicamente
me tutea
afirma ser un antepasado
pictórico
de margarita debaile
pequeña ninia fuxia
reemplazando decenas de artículos
de primera necesidad
en las interminables estanterías
de los flamantes supermercados
asomada en el aparador
estudiando minuciosamente
el inmaculado escaparate del drugstore
nena bipolar con lentes trés d
escuchando el lado oscuro de la luna
presenciando el último eclipse de los tiempos modernos
desprendiéndose de la escenografía
nena intempestiva
arrinconada entre los objetos de una instalación
chica fuxia
ejerciendo el arte de la fuga
con hojas de papel roneo
en la sala del mimeógrafo
menina siútica
asimilada por el materialismo
la nueva iglesia para la desintegración del karma
y la cátedra de estética de la facultad de bellas artes
troupe de travestis
e ilusionistas
baile de máscaras
para una infanta desequilibrada
argot de burdel
tarot de madrugada
nena fotogénica
colgando gráficamente
en cada estación subterránea
clausurando la temporada otoño-invierno
lila fuxia
diseminada
en las sombrías baladas
que diriges al invierno
las imágenes que arrojas
como porciones de agua
espaciadas sobre páginas
a punto de incendiarse
nunca supe tu nombre
- antónima
| [+/-] |
niki kuscevic |
| [+/-] |
elliot fried |

POR QUÉ QUIERO SER EL PRÓXIMO POETA LAUREADO
Quiero jugar con una pipa en la mano y hacer cara
de gran intelectual,
quitándome una basurita de mi manga de tweed
mirar el espacio, pensar en cosas que son tan pesadas
que se suman en el piso. Quiero tener un perro severo
con pelo descolorido de seda
que requiera de cuidado continuo.
Quiero una mujer frágil y consuntiva,
nada más un poco trastornada, esperándome
pacientemente en un cuarto oscuro a que llegue a casa
después de un día arduo, lanzando becas del Guggenheim
y el Ford Foundation a la fina alfombra.
Quiero escribir cuartetos para lectores sensitivos.
Quiero que las viejitas me sirvan sándwiches delgados
y sin orillas en charolas de plata… Quiero té oolong.
Quiero sufrir exquisitamente al escribir
sobre cosas modestas: una vaca sobre una colina
esponjada, un atardecer de gasa pesada
una gaviota flotando en la niebla.
Pero más que nada, Richard Wilbur, quiero que mueras
rápido aunque no necesariamente sin dolor,
atravesado, posiblemente por las espinas de un rosal
o prendido por u n camión Mack del color del humo
otoñal, o ahogado por un sándwich sin orillas.
¿Me entiendes?
ALMAS
De chico, pensaba que el alma era como una mancha
gelatinosa
del tamaño de un hot cake. Si no lo cuidabas,
se hacía gris como la ropa de los niños
que tienen mamás que no usaban detergente. Ahora me parece
que el alma es como un anguila, floja, lenta,
a igual que la anguila, tienes que cuidar el alma,
darle de comer, bañarla, y como toda anguila, al alma
le sale una espuma blanca si está bajo presión. ¿Y cuando se
encuentran dos almas? Imagínate dos almas entrelazándose
de manera compacta, como en un nudo de doble lazo,
moviéndose como una hilera de bailarinas decrépitas de
vaudeville.
LONG BEACH
Long Beach, he vivido contigo por veinte años
y ahora estoy aburrido…
Conozco el ritmo staccato de tus semáforos,
la textura abollada de tus calles.
Me he parado en los balcones angostos de tus condos,
como capitán perchado en su proa, mirando fijamente
la inmensa mar de teja barnizada.
He visto los bulldozers comer gasolinerías y escupir
tiras de centros comerciales con tiendas de donas
coreanas llamadas Granny`s.
He notado tu vistoso tejido azul de pandillas de chicanos, la
varicosis de una ciudad que envejece, pulsando en las
débiles paredes de estuco.
El Pike es un estacionamiento. Sears es un estacionamiento,
y el centro comercial nuevo está habitado por
maniáticos empuñando hachas que buscan gangas.
Long Beach me ha corrido del parque de Recreación los
Guetto Blasters.
Un camión cargado con diez toneladas de mangos de la India
me sacó de San Diego Freeway llegando a Bellflower.
Al anochecer, te enfermas de tu propia hediondez,
vomitas trozos angulares de muchos colores,
y por las mañanas, te da hambre, y te lo chupas otra vez.
Long Beach, dime, ¿de verdad cuántos restaurantes necesitas
con meseros que se llamen Vic?
¿Por qué cuando voy por la Broadway no puedo dar vuelta a
la izquierda en Pine? ¿Es pedir demasiado?
Long Beach, ¿cuándo te vas a calmar un poco? ¿Cuándo vas
a dejar que el avión Spruce Goose abra sus alas y se
aleje y que el barco Queen Mary desancle y se retire
navegando al mar?
Long Beach, no te entiendo. Pensé que tú y yo teníamos una
Relación especia. ¿De verdad quieres que me vaya
a Sacramento o a San Luis Obispo como mis amigos?
Long Beach ¡ésta es tu última oportunidad! ¡Compórtate!
Te lo digo en serio.
Extrañaría mucho estar parado en Signal Hill,
viendo como la tierra se hunde en el mar,
los atardeceres color rojo sangre barrenados de smog
y las bombas de petróleo brillando silenciosas
bajo una luna esplendorosa.
Traducción de Juan Hernández-Senter
| [+/-] |
Roberto Bolaño: Autores que se alejan |
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| Tarjeta envíada por Roberto Bolaño a Enrique Lihn, 1983. |
Pensamos, por supuesto, en Henry Miller, que en su día tuvo una gran difusión en España, y cuyo nombre estaba en boca de todos, pero cuya fama tal vez obedecía a un equívoco: es probable que más de la mitad de los que compraron sus libros lo hicieran esperando encontrar a un pornógrafo, algo que en cierta manera se justificaba y era una necesidad en la España que emergía después de cuarenta años de censura frailuna y franquista.
En el otro extremo recordamos a Artaud, puro nervio ascético, que en su día también tuvo buenas ventas, y no pocos admiradores españoles y mexicanos, y que si uno comete hoy el error de preguntarle a una persona menor de treinta años por su nombre seguramente recibirá una respuesta desoladora. Ya ni siquiera aquellos que están interesados por el cine saben quién era Antonin Artaud, lo que es igual de grave.
Lo mismo sucede con Macedonio Fernández: sus libros, salvo en Argentina, supongo, no se encuentran en las librerías. Y con Felisberto Hernández, que en los setenta tuvo un pequeño boom, pero cuyos relatos hoy sólo es posible encontrarlos tras mucho buscar en librerías de viejo. Doy por descontado que la suerte de Felisberto en Uruguay y Argentina debe ser diferente, lo que nos lleva a un problema aún peor que el olvido: el provincianismo en que el mercado del libro concentra y encarcela a la literatura de nuestra lengua, y que explicado de forma sencilla viene a decir que los autores chilenos sólo interesan en Chile, los mexicanos en México y los colombianos en Colombia, como si cada país hispanoamericano hablara una lengua distinta o como si el placer estético de cada lector hispanoamericano obedeciera, antes que nada, a unos referentes nacionales, es decir, provincianos, algo que no sucedía en la década del sesenta, por ejemplo, cuando surgió el boom, ni, pese a la mala distribución, en la década de los cincuenta o cuarenta.
Pero, en fin, de esto no hablábamos con Villoro, sino de otros escritores, escritores como Henry Miller o Artaud o B. Traven o Tristan Tzara, escritores que contribuyeron a nuestra educación sentimental y que ahora ya no es posible encontrarlos en los fondos de las librerías por la sencilla razón de que casi no tienen nuevos lectores. Y también de aquellos más jóvenes, escritores de nuestra generación, como Sophie Podolski o como Mathieu Messagier, que fueron unos jóvenes absolutamente maravillosos y de gran talento y a quienes ya no sólo no es posible encontrar en las librerías sino que tampoco en los buscadores de internet, lo que ya es mucho decir, como si nunca hubieran existido o como si los hubiéramos imaginado nosotros.
La respuesta a este reflujo de escritores, sin embargo, es muy sencilla. Así como el amor se mueve con una mecánica similar a la del mar, como decía el poeta nicaragüense Martínez Rivas, así también se mueven los escritores, y un día aparecen y luego desaparecen y luego, quién sabe, vuelven a aparecer. Y si no vuelven a aparecer tampoco importa tanto porque ellos, de alguna manera secreta, ya son nosotros.
Miércoles 16 de mayo de 2001
| [+/-] |
Ruy Rodríguez: Inventario sobre la marihuana y ella |
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inventario
sobre
la marihuana
y ella
se recuerda la droga que es lo que me importa en este momento: la simiente de orgullo que nos mantiene juntos, esta alianza ante el miedo de la sangre corriendo, esta risa tatuada en tu cara, en la mía, en la del contrabajista de bossa nova que se suicidó con furia aturdido por tu gemido en mis brazos, y al que sostuvimos entre los dos mientras la voz de nara leão invadía el beco das garrafas.
Se piensa en la procesión de malformaciones que encontramos en nuestras largas caminatas, en los catecismos de la mendicidad que aprendimos de puro inocentes y metidos, en los mendigos arrojados a la bahía donde formaron archipiélagos (dulce refugio para los cónyuges anónimos) y volvieron a nosotros en el estómago de los inusitados peces que comprabas o robabas al viejo pescador vociferante: ése con su aliento concentrado en la botella de cascasha que asoma de su bolsillo trasero y que desatiende todo por servirte y mostrarte que todavía puede hacer abluciones en el agua que corre entre tus piernas.
el inventario se ocupa de las horas perdidas, los detritus, las hambres, los crujidos de mis ortopedias en los instantes de la ternura, , si no hubiese estado la marihuana y su tráfico de espejismos, tal vez diría instantes de amor, en el cuarto de siempre, , en la posición de siempre, con la melancolía de siempre, que finalmente me obliga al silencio de la droga. y aspirar con rabia su humo grueso, mirar la brasa que se hace inalcanzable como las llaves sobre la mesa, más allá del infierno de tu astronomía, donde la sangre se desprende, el sudor centellea, el violoncelo baja del desván y marca tu lujuria y vecindad; y los dormitorios son varios y dorados, y me olvido y te olvidas del viejo que te violó una tarde detrás de la estatua de tiradentes, y reímos con un proyecto de alegría: yo tomo un cuchillo que retumbe para espantar los recuerdos de aquella ciudad que se escapan de las cartas de mi madre -aquí no hay obelisco ni subterráneos pero están nuestros fantasmas en la droga, en tus caderas y en tus dientes, en las moscas pesadas por el calor de esta cueva, en las humedades de tus pechos cubiertos de polvo. y no cambio el confort del subterráneo por tus muslos destapados, ahora giras peligrosa y cantas como nara leão, luego desfilas en carnaval, este lunes de carnaval den que en un hospital muere ary barroso, y tú y la escola do samba sin saberlo prestan un homenaje cantando sus canciones, tienen puestas plumas sobre la piel oscura, y giras y cantas, giras tú y gira nara que ya canta la marcha del miércoles de ceniza, todo gira como las letanías de los pescadores en el puerto con susurros de demencia (parapetados en las ardientes muertes de las prostitutas), y vuelve el deseo explotando antiguo en nuestras pieles distintas para finalmente terminar en este insomnio acorralado contra la maleta y su etiqueta que dice buenos aires, mientras canta nara, ary ha muerto, se terminó la droga, y ya no sé si me importas.
por eso mismo y para no perder veracidad termino el inventario.
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| [+/-] |
André Breton, Macedonio Fernández y Alfred Jarry |
ANDRE BRETON
CARTA DE MACEDONIO FERNANDEZ A JORGE LUIS BORGES
Querido Jorge Luis:
Iré esta tarde y me quedaré a cenar si hay inconvenientes y estamos con ganas de trabajar. (Advertirás que las ganas de cenar las tengo aún con inconvenientes y sólo falta asegurarme las otras).
Tienes que disculparme no haber ido anoche. Soy tan distraído que iba para allá y en el camino me acuerdo de que me había quedado en casa. Estas distracciones frecuentes son una vergüenza y me olvido de avergonzarme también.
Estoy preocupado con la carta que ayer concluí y estampillé para vos; como te encontré antes de echarla al buzón tuve el aturdimiento de romperle el sobre y ponértela en el bolsillo: otra carta que por falta de dirección se habrá extraviado. Muchas de mis cartas no llegan, porque omito el sobre o las señas o el texto. Esto me tiene tan fastidiado que rogaría que se viniera a leer mi correspondencia en casa.
Su objeto es explicarle que si anoche vos y Pérez Ruiz en busca de Galíndez no dieron con la calle Coronda, debe ser creo, porque la han puesto presa para concluir con los asaltos que en ella se distribuían de continuo. A un español le robaron hasta la zeta, que tanto la necesitan para pronunciar la ese y aún para toser. Además, los asaltantes que prefieren esa calle por comodidad, quejáronse de que se la mantenía tan oscuro que escaseaba la luz para su trabajo y se veían forzados a asaltar de día, cuando debían descansar y dormir.
De modo que la calle Coronda antes era ésa y frecuentaba ese paraje, pero ahora es otra; creo que atiende al público de 10 a 4, seis horas. Lo más del tiempo lo pasa cruzada de veredas en algunas de las casas; quizá anoche estaba metida en lo de Galíndez: ese día le tocó a él vivir en la calle.
Es por turnos y éste es el de que yo me calle.
CONOCIMIENTOS UTILES
Para hacer caer los dientes
Quema lombrices sobre una tela bien encendida y roja; toma luego la ceniza de las lombrices así quemadas y póntela en los dientes con caries que te duelen; en seguida cúbrete los dientes con cera, y éstos fácilmente caerán sin producir dolor alguno.
Para que el vino termine por repugnarle a un borrachín
Toma los huevos de un mochuelo (por supuesto que cuanto más haya en el nido mejor). Cocínalos bien y dásela a comer a un borrachín: el vino le repugnará, especialmente si es joven, pues nunca más volverá a beber vino.
Para teñir de verde los cabellos
Debes tomar alcaparras verdes y destilarlas; luego, con esta agua, lávate los cabellos y enjuágalos al sol.
ALFRED JARRY
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Una noche en el casino |
Y allí estaba yo con Loreto. En el casino. Una semana saliendo con ella. Había llegado del vecindario Sants de Barcelona, más precisamente del área vecina de Les Corts. Un amigo dueño de un hostal de nombre Bruno me la había presentado. Me dijo: "¡Ella es tu chica!" Y sí... era la chica. Mi chica. La que había estado esperando durante años.
La idea del casino fue de ella. No me gustan los casinos, los cementerios ni el vino blanco. Después de ver con Loreto su trabajo con Pina Bausch en el Tanztheater Wuppertal, y de apagar el monitor me dijo: "Podríamos ir al casino y jugar poker caribeño." A regañadientes salí de mi buhardilla. Solo para complacerla. A veces, solo a veces, un baño de frivolidad no hace daño. Llegamos en un momento en que todas las mesas estaban ocupadas. Un cantante con pinta de cantante balaba una canción tristísima y dos señoras de la Cruz Roja se afanaban en maltratar una máquina tragaperras. Pedimos un par de tragos asquerosos y hablamos de un par de posturas que no habíamos hecho la noche anterior.
De improviso el estruendo en el casino. Copas que caen. Rotura de mesa. Golpe a mansalva. Un tipo con 99% de mastodonte golpeaba a un borracho al que le bastaba solo un soplo para voltearlo. Le rompió la cara y le saco un diente. Un par de patadas en el piso bastaron para liquidarlo. El cantante huye de la tarima, un gran silencio se hace de pronto en el casino, nadie reaccionaba, nadie decía nada, fue entonces que Loreto me dijo: "Dime Hugo, coño ¿es qué acaso no vas a hacer nada?" Hice lo que ya tenía pensado hacer, me paro y me dirijo donde Mister Mastodonte, paso volteando una mesa en donde estaban: el hijo del alcalde, el hijo del juez, el hijo del secretario, el hijo del gobernador, el hijo del diputado y el hijo de Triviño. El señor mastodonte me ve llegar y huye como alma que se lo lleva Pinochet, lo alcanzo en la puerta de salida, lo agarro de los pelos y le doy una patada en el culo, la patada más fenomenal que se haya dado en la Patagonia.
Regreso y recibo el primer aplauso de mi vida, veo a las dos señoras de la Cruz Roja que están siendo abanicadas, voy donde el cantante y le pongo un billete de 20.000 pesos en la solapa, le digo que de ahí en más cante canciones alegres. Llego donde Loreto que me recibe con un beso y me dice: "Hugo ¿cómo era eso de las posturas que no habíamos hecho la noche anterior?".
| [+/-] |
Woody Allen Dossier |
Memorias de los años veinte
Ese invierno, Alice Toklas, Picasso y yo alquilamos una villa en el sur de Francia. En ese entonces, yo estaba trabajando en lo que me parecía que iba a ser una gran novela americana, pero los caracteres eran demasiado pequeños y no pude terminarla.
Por las tardes, Gertrude Stein y yo salíamos a la caza de antigüedades en las tiendas locales, y recuerdo que, en cierta ocasión, le pregunté si consideraba que yo tenía que hacerme escritor. En la típica manera enigmática, que a todos nos tenía encantados, me contestó: "No". Consideré que me había querido decir sí y, al día siguiente, partí hacia Italia. Italia me recordó mucho Chicago, en especial Venecia, ya que ambas ciudades tienen canales y en las calles abundan las estatuas y las catedrales, producto de los más grandes escultores del Renacimiento.
En ese mes fuimos al taller de Picasso en Arles, que en aquel tiempo se llamaba Rouen o Zürich, hasta que los franceses volvieron a bautizarlo en 1589 bajo el reinado de Luis El Vago. (Luis fue un rey bastardo del siglo XVI que se portó como un cerdo con todo el mundo.) Entonces, Picasso estaba a punto de empezar lo que más tarde se conocería como el "período azul", pero Gertrude Stein y yo tomamos café con él y tuvo que empezarlo diez minutos más tarde. Duró cuatro años y, por tanto, esos diez minutos no significaron gran cosa.
Picasso era un hombre bajo que tenía un modo gracioso de caminar poniendo un pie delante del otro hasta que daba lo que él denominaba "un paso". Nos reímos de sus deliciosas ideas, pero a fines de 1930, con el fascismo en alza, había muy pocas cosas de qué reírse. Tanto Gertrude Stein como yo examinamos con meticulosidad las últimas obras de Picasso, y Gertrude Stein opinó que "el arte, todo el arte, es simplemente la expresión de algo". Picasso no estuvo de acuerdo y dijo: "Déjame en paz. Estoy comiendo". Mi opinión fue que Picasso tenía razón: estaba comiendo.
El taller de Picasso era muy distinto al de Matisse. Mientras el de Picasso era desordenado, en el de Matisse reinaba el más perfecto orden. Bastante curioso, pero precisamente lo inverso era cierto. En septiembre de ese mismo año, a Matisse se le encargó que pintara una alegoría pero, por la enfermedad de su mujer, no pudo pintarla y, en su lugar, se le enganchó papel pintado. Recuerdo todas esas anécdotas porque ocurrieron justo antes del invierno y todos estábamos viviendo en un piso barato en el norte de Suiza, un lugar donde llueve de improviso y luego del mismo modo deja de hacerlo. Juan Gris, el cubista español, había convencido a Alice Toklas a que posara para una naturaleza muerta y, con su típica concepción abstracta de los objetos, empezó a romperle la cara y el cuerpo para llegar a sus básicas formas geométricas hasta que llegó la policía y los separó. Gris era provincianamente español, y Gertrude Stein decía que sólo un español de verdad podía comportarse como él, es decir, hablaba en castellano y a veces iba a visitar a su familia en España. Realmente era algo maravilloso verle y oírle.
Recuerdo una tarde en que estábamos sentados en un alegre bar en el sur de Francia con nuestros pies cómodamente puestos sobre taburetes en el norte de Francia, cuando, de pronto, Gertrude Stein dijo: "Estoy mareada". Picasso pensó que se trataba de algo sumamente gracioso, y yo lo tomé como una señal para largarme a África. Siete semanas después, en Kenia, nos encontramos con Hemingway. Entonces, bronceado y con barba, empezaba ya a madurar ese estilo tan suyo: no se le veía más que los ojos y la boca. Allá, en el continente negro inexplorado, Hemingway había tenido que padecer, los labios partidos más de mil veces.
-¿Qué hay, Ernest? -le pregunté. Se puso a hablar sobre la muerte y las aventuras como sólo él podía hacer, y cuando me desperté, ya había levantado las tiendas y estaba sentado al lado de una gran fogata preparando unos aperitivos cutáneos para todos. Le hice una broma sobre su nueva barba y nos reímos tomando unos tragos de coñac y luego nos calzamos unos guantes de boxeo y me rompió la nariz.
Ese año fui por segunda vez a París a hablar con un compositor europeo, flaco y nervioso, de aguileño perfil y ojos admirablemente rápidos, que algún día llegaría a ser Igor Stravinsky, y luego, más tarde, su mejor amigo. Me hospedé en casa de Sting y Man Ray, donde Salvador Dalí iba a cenar a menudo, y Dalí decidió hacer una exposición individual, cosa que hizo, y resultó un éxito estrepitoso ya que apareció un solo individuo, y fue un invierno alegre y muy francés, de los buenos.
Recuerdo una noche en que Scott Fitzgerald y su mujer regresaron a su casa después de la fiesta de Noche Vieja. Era en abril. Hacía tres meses que no tomaban otra cosa que champagne; una semana antes, vestidos de etiqueta, habían arrojado su coche desde lo alto de un acantilado al océano a raíz de una apuesta. Había algo auténtico en los Fitzgerald: sus valores eran fundamentales. Eran gente tan sencilla que cuando más tarde Grant Wood* les convenció para que posaran para su Gótico americano, recuerdo lo contentos que estaban. Zelda me contó que, mientras posaban, Scott no paró de dejar caer al suelo la horca.
En los años .siguientes creció mi amistad con Scott; la mayoría de nuestros amigos creía que el protagonista de su última novela estaba inspirado en mí y que mi vida estaba inspirada en su anterior novela. Acabé siendo considerado un personaje de ficción.
Scott tenía un grave problema de disciplina y, si bien todos adorábamos a Zelda, pensábamos que ejercía una influencia nefasta en la obra de él, reduciendo su producción de una novela al año a una ocasional receta de mariscos y una serie de comas.
Finalmente, en 1929, fuimos todos juntos a España. Allí, Hemingway nos presentó a Manolete que era tan sensible que parecía una loca. Llevaba ajustados pantalones de torero o, a veces, de ciclista. Manolete era un gran, gran artista. Su gracia era tal que de no haberse convertido en matador de toros, podría haber llegado a ser un contable mundialmente famoso.
Nos divertimos mucho en España aquel año y viajamos y escribimos y Hemingway me llevó a pescar atún y pesqué cuatro latas y nos reímos y Alice Toklas me preguntó si estaba enamorado de Gertrude Stein ya que le había dedicado un libro de poemas aunque eran de T. S. Eliot y dije que sí, que la amaba, pero el asunto nunca podría funcionar porque ella era demasiado inteligente para mí y Alice Toklas estuvo de acuerdo y luego nos calzamos unos guantes de boxeo y Gertrude Stein me rompió la nariz.
*El "pintor del suelo americano", que representaba todo con campesinos en acción. Gótico americano es el célebre cuadro que representa a dos campesinos típicos del Middle West americano, en primer plano y de frente. (N. del T.)
CITAS
No sólo no hay Dios, sino que ¡intenta conseguir un electricista en un fin de semana!
¡Qué equivocada estaba Emily Dickinson! La esperanza no es esa cosa con plumas. La cosa con plumas ha resultado ser mi sobrino. Tengo que llevarle a un especialista en Zurich. (Sin plumas)
El sexo entre dos personas es una cosa hermosa; entre cinco es fantástico.
El universo no es más que una idea transitoria en la mente de Dios. Es un hermoso pensamiento, aunque bastante incómodo, sobre todo si acabas de pagar el anticipo de una casa.
Sólo se vive una vez, pero una vez es más que suficiente si se hace bien.
Mis padres no solían pegarme; lo hicieron sólo una vez: empezaron en Febrero de 1940 y terminaron en Mayo del 43.
La inactividad sexual es peligrosa, produce cuernos.
El negocio mas expuesto a la quiebra es el de la cristalería.
La marihuana causa amnesia y... otras cosas que no recuerdo.
Hay dos tipos de personas: los buenos y los malos. Los buenos duermen bien, pero los malos parece que se lo pasan mejor cuando están despiertos.
La única manera de ser feliz es que te guste sufrir.
Hay estudiantes que les apena ir al hipódromo y ver que hasta los caballos logran terminar su carrera.
Nietzsche dice que nosotros viviremos la misma vida nuevamente. Dios!, yo tendré que ver de nuevo a mi agente de seguros.
El dinero no da la felicidad, pero procura una sensación tan parecida, que necesita un especialista muy avanzado para verificar la diferencia.
Me interesa el futuro porque es el sitio donde voy a pasar el resto de mi vida.
Puede el hombre conocer el universo?, Dios santo, no perderse en Chinatown ya es bastante difícil.
Algunos matrimonios acaban bien, otros duran toda la vida.
Trabajo de psiquiatra: actualmente estoy tratando a dos parejas de hermanos siameses que sufren de doble personalidad. Me pagan ocho personas. (Zelig)
El hombre consta de mente y cuerpo, pero el cuerpo es el único que se divierte. (La última noche de Boris Grouchenko)
El sexo es lo más divertido que he hecho sin sonreír. (Annie Hall)
No sólo de pan vive el hombre. De vez en cuando, también necesita un trago.
El dinero no lo es todo, pero es mejor que la salud. A fin de cuentas, no se puede ir a la carnicería y decirle al carnicero: -Mira que moreno estoy, y además no me resfrío nunca; y suponer que va a regalarte su mercancía (A menos que el carnicero sea un idiota). (Sin plumas)
Me gusta leer pornografía en Braille. (Bananas)
En realidad, prefiero la ciencia a la religión. Si me dan a escoger entre Dios y el aire acondicionado, me quedo con el aire.
Ya desde niño me sentí atraído por las mujeres que no me convenían, ¿saben? Creo que ahí está mi problema. Cuando mi madre me llevó a ver "Blancanieves y los siete enanitos", todos se enamoraban de Blancanieves. Pero yo me enamoré de la Reina Mala. (Annie Hall)
¿Existe el Infierno? ¿Existe Dios? ¿Resucitaremos después de la muerte? Ah, no olvidemos lo más importante: ¿Habrá mujeres allí?
El diabético no puede ir de luna de miel.
La música japonesa es una tortura china.
El mago hizo un gesto y desapareció el hambre, hizo otro gesto y desapareció la injusticia, hizo otro gesto y se acabó la guerra, el político hizo un gesto y desapareció el mago.
Para ti soy ateo. Para Dios, soy la fiel oposición. (Recuerdos)
El matrimonio es como las libretas de ahorro: de tanto meter y sacar se pierde el interés.
Téngase presente también que para el amante la amada es siempre el más bello objeto imaginable, si bien para un extraño resultará indistinguible de cualquier variedad de salmónidos. (Sin plumas)
Cuando escucho a Wagner durante más de media hora me entran unas ganas de invadir Polonia. (Misterioso asesinato en Manhattan)
Tú usas el sexo para expresar cualquier emoción menos amor. (Maridos y mujeres)
¡Oye, no te metas con la masturbación! Es como una relación sexual con alguien a quien amo. (Annie Hall)
FILMOGRAFÍA
1965 - What´s new, Pussycat? (¿Qué tal, Pussycat?) de Clive Donner.
1966 - What´s up, Tiger Lily? (El número uno) de Woody Allen y Henry G. Saperstein.
1967 - Casino Royale , de John Huston, Kenneth Hughes, Val Guest, Robert Parrish y Joseph McCrath.
1969 - Take the money and run (Toma el dinero y corre) de Woody Allen.
1969 - The Woody Allen Special -Documental para televisión-
1970 - Hot Dog -Serie de televisión-
1971 - Bananas , de Woody Allen.
1971 - Men of Crisis: The Harvey Wallinger Story , de Woody Allen.
1972 - Everything You Always Wanted to Know About Sex (Todo lo que quiso saber sobre el sexo,pero nunca se atrevió a preguntar) de Woody Allen.
1972 - Play it again, Sam (Sueños de un Seductor) de Herbet Gross.
1973 - Sleeper (El Dormilón) de Woody Allen.
1975 - Love and Death (La Última Noche de Boris Grushenko) de Woody Allen.
1976 - The Front (La Tapadera) de Martin Ritt.
1977 - Annie Hall , de Woody Allen.
1978 - Interiors (Interiores) de Woody Allen.
1979 - Manhattan , de Woody Allen.
1980 - Stardust Memories (Recuerdos) de Woody Allen.
1980 - To Woody Allen from Europe with Love -Documental de André Delvaux-
1982 - A Midsummer Night´s Sex Comedy (La comedia sexual de una noche de verano) de Woody Allen.
1983 - Zelig , de Woody Allen.
1984 - Broadway Danny Rose , de Woody Allen.
1985 - The Purple Rose of Cairo (La rosa púrpura de El Cairo) de Woody Allen.
1986 - Hannah and Her Sisters (Hannah y sus hermanas) de Woody Allen.
1986 - Meeting Woody Allen -corto de Jean-Luc Godard-
1987 - Radio Days (Días de Radio) de Woody Allen.
1987 - King Lear (El Rey Lear) de Jean-Luc Godard.
1987 - September (Septiembre) de Woody Allen.
1988 - Another Woman (Otra mujer) de Woody Allen.
1989 - New York Stories (Historias de Nueva York) de Woody Allen y Francis Ford Coppola.
1989 - Crimes and Misdemeanors (Delitos y Faltas) de Woody Allen.
1990 - Alice , de Woody Allen.
1991 - Scenes From a Moll (Escenas de una galería) de Paul Mazursky.
1992 - Shadows and Fog (Sombras y niebla) de Woody Allen.
1992 - Husbands and Wives (Maridos y mujeres) de Woody Allen.
1993 - Manhattan Murder Mystery (Misterioso asesinato en Manhattan) de Woody Allen.
1994 - Don´t Drink the Water (No te Bebas el Agua) de Woody Allen.
1994 - Bullets over Broadway (Balas sobre Broadway) de Woody Allen.
1995 - Mighty Aphrodite (Poderosa Afrodita) de Woody Allen.
1995 - The Sunshine Boys (La Pareja Chiflada) de John Erman.
1996 - Everyone Says I Love You (Todos Dicen I Love You) de Woody Allen.
1997 - Wild Man Blues (Blues del Hombre Salvaje) de Barbara Kopple.
1997 - Desconstructing Harry (Desmontando a Harry) de Woody Allen.
1998 - Celebrity , de Woody Allen.
1998 - The Impostors (Los Impostores) de Stanley Tucci.
1998 - Antz (Hormigaz) de Eric Darnell y Tim Johnson.
1998 - AFI's 100 Years... 100 Movies -Documental de Stephen Stept.
1999 - Sweet and Lowdown (Dulce y Melancólico) de Woody Allen.
2000 - Ljuset håller mig sällskap -Documental de Carl-Gustav Nykvist-
2000 - Buñuel en Hollywood -Documental de Félix Cábez-
2000 - Company Man , de Peter Askin y Douglas McGrath.
2000 - Small Time Crooks (Granujas de Medio Pelo) de Woody Allen.
2000 - Picking up the Pieces (Cachitos Picantes) de Alfonso Arau.
2001 - The Curse of the Jade Scorpion , de Woody Allen.
2002 - Hollywood Ending , de Woody Allen.
2003 - Todo lo demás, actor, Director, Guionista.
2004 - Melinda y Melinda, Director, Guionista.
2005 - Match point, Director, Guionista.
2006 - Scoop, actor, Director, Guionista.
2007 - Cassandra's Dream
2009 - Si La Cosa Funciona.
2010 - Conocerás Al Hombre De Tus Sueños.
2011 - Midnight In Paris.
2012 - A Roma Con Amor.
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niki kuscevic |
2) Walt Disney desciende del árbol genealógico de:
(d) Krishna
(b) Fitzcarraldo
(d) Quetzalcóatl
(b) Godot
3) Tomando como elemento de juicio a los hermanos Grimm, Hans Christian Andersen , L. Frank Baum, Lewis Caroll, C.S. Lewis, J.R.R. Tolkien, y Michael Ende, cuyas obras han sido ultrajadas por el consumismo compulsivo, e impregnándose en el espíritu menos contaminado de J. M. Barrie, Pamela Travers, Roald Dahl, Daphne Skinner, Daniel Handler, William Hjortsberg, Caroline Thompson y Terry Jones (esencialmente su guión para "Dentro del Laberinto"):
Opine sobre tecnoviolencia, animaciones ambiguas y hábitos de lectura adolescente
4) Estudios recogidos de la tradición oral indican que la hibernación, al igual que la infusión de Berberis Buxifolia (*), inducen al don de la profecía, la clarividencia, la telepatía y la telekinesis. Bajo que personalidad despertará Walt Disney cuando concluya su período de hibernación? Comente desde el metalenguaje
5) Aplique el mito de la caverna:
x) wonderland
y) neverland
z) fireland
Expláyese
6) En retrospectiva, si Walt Disney fue el Tim Burton de la era de acuario, es Tim Burton una especie de Walt Disney posmoderno? De ser así, que obras estima ud. que habría adquirido en el mercado negro del arte?
e) "Coin de Table" de Henri Fantin-Latour
f) "Campbell's" de Warhol (**)
g) El Urinario de Duchamp
h) Las cuevas de Altamira
i) Los dados marfilados de Mallarmé
j) Las Ray Ban de James Dean
7) De lo anterior se desprende que si Walt Disney hubiese padecido vértigo, por alguna afección al oído medio, nunca se habría interesado en:
k) "El Grito" de Edward Munch
l) "Aullido" de Allen Ginsberg
m) "Los Gemidos" de Pablo De Rokha
8) Comparar a Walt Disney con Herbert Von Karajan (***) es falta de tacto o simplemente una lobotomía que excede los márgenes de sus respectivas disciplinas?
9) Admitiendo de antemano la presencia de Kubrick en el poema, y distinguiendo la proliferación conciente e inconsciente de diversas sombras, tonos y voces en el fuselaje del texto (que la crítica decantará a su debido tiempo), sin dejarse influir por las variaciones de tipografía o puntuación, ni los vicios de dicción, estilo y arquitextura, utilice su materia gris y discierna lo siguiente:
(n) Tim Burton
(ñ) Mickey Mouse
(o) Walter Lantz
puede silbar o tararear su respuesta
10) Compare el final de "Full Metal Jacket" con la despedida de este poema: Seguirá creyendo en cuentos de hadas? Extraiga sus propias conclusiones, escriba un libro
(*) Calafate
(**) Warhol contradice a Saint-Exupéry ("lo esencial es invisible a los ojos") llevando al extremo los objetos comunes en los que monta su iconografía (lo banal es lo esencial). Su sarcasmo contra el materialismo produce hitos en la Moda y el Arte. Apropiándose de la forma contra la que se rebela, a través del tratamiento subversivo del contenido, "redime" el sentido transformándolo en objeto de culto. Refiérase a la correspondencia Warhol-Depeche Mode: "Música para las Masas", y el texto "Cirugía Plástica" de Sylvia Plath, sin perder de vista el siguiente teorema ficticio:
i) Duchamp, autista visual
ii) Fauno, cronopio o medea: Pasolini
iii) Simetría de Alfonsina Storni y Virginia Woolf
derívelo
(***) Dejando de lado a sus críticos, que nunca aceptaron la frivolidad y el relativo facilismo de su reducido repertorio, ni su actitud reaccionaria frente a la música moderna, entre otras cosas
sabotajes
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paráfrasis para ricardo cárcamo livacic
los amigos del arte pueden desaparecer
los amigos del bosque pueden desaparecer
los avistamientos pueden desaparecer
el cyberespacio también es susceptible de desaparecer
el contenido recubierto puede desaparecer
las pruebas metafísicas de largo aliento pueden desaparecer
los circuitos integrados pueden desaparecer
la dispersión del pensamiento hacia signos convencionales puede desaparecer
los poemas sinfónicos pueden desaparecer
las lesiones cardiológicas de diagnóstico irreversible pueden desaparecer
los códigos de barra pueden desaparecer
la facultad de observar las ideas adquiridas puede desaparecer
los registros análogos pueden desaparecer
la transferencia de materia entre perímetros abstractos puede desaparecer
los excipientes pueden desaparecer
las partículas en suspensión sobre la atmósfera pueden desaparecer
de la noche a la mañana
la persona que uno extraña
puede convertirse en una extraña
sin embargo, los milodones seguirán desapareciendo
antióxido
cuanta herrumbre en las letras
y entre los espacios que separan las palabras
mucho neón
mucho plástico
mucha huella digital
mucho césped sintético
mucha métrica mecánica
mucha inseminación artificial
la oxidación del texto
sobre el blanco obsceno de la página
los tatuajes en las paredes
la incestuosa promiscuidad de los significados
el óxido recubriendo la foliatura del lenguaje
otorgándole sentido al espejismo de la escritura
demasiadas imágenes oxidadas
enfermas
como una nebulosa
desintegrándose
en un agujero negro
vertedero
beatniks
neopunks
post naif
endógenos
reductivistas
estructuralistas
opera holística
tecnoreligiones
filosofías psicotrópicas
nihilistas antropomorfos
esquizofrenia estética
dramaturgia gótica
imaquinarios
Ilustración David LaChapelle
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Eran 4 Micaela |
Las casas de tolerancia también era parte de mi rutina. Allí entre botellas de vino, música, amigos y amigas se pasaba bien el tiempo. Mi lugar favorito era donde la Ruth. Una noche estaba allí y siempre como todas las noches nos atendía Micaela. Recuerdo haber tomado 4 cervezas y entre la música, alaridos y gente que entraba y salía, le pedí la cuenta a Micaela. Me cobró 8 cervezas. Aunque yo estaba embriagado, recuerdo perfectamente haber consumido 4 cervezas.
-Son 8 cervezas, 20.000 pesos.
-No son 8 Micaela son 4, o sea 10.000 pesos.
-Son 8 Hugo, llevo bien la cuenta. Son 8.
-No estoy borracho y voy a pagar 4.
-Si paga usted 4 no entra más aquí.
-Bueno voy a pagar 8, pero tenga usted en cuenta que me ha estafado.
-Piense lo que quiera, a mí me da lo mismo.
Pagué y me fui con esa bronca inmensa que todos sentimos ante la injusticia. Pasaron 5 días hasta que llegó Micaela. El doctor Díaz me dijo: "Hugo llegó el cadáver de una señora, hazlo rápido así nos vamos temprano, no te olvides del partido de fútbol que tenemos a las siete".
Tendida en la camilla estaba Micaela, primero me sorprendí, después agarré impulso y le pegue una cachetada fuerte, terrible, con rabia, diciéndole: "Te dije que eran 4 Micaela".
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16 en Fort de France |

-¡miserable!, mira cómo me has dejado, como una piltrafa humana, mira lo que has hecho de mí, eso de los 16 polvos que me has dado han terminado conmigo, mil veces miserable.
Todo el mundo se paró como en una mala propaganda de perfume francés y la gente prorrumpió en aplausos. Nos abrazamos con Michelle y nos fuimos al primer bar abierto a esa hora, brindamos por los 16 y los otros 16 que llegarían.
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louis scutenaire |

Ahora no se quiere creer en los animales o en las costumbres de los animales, las que, sin embargo, son y permanecen reales, a pesar de la voluntad de los sabios académicos, reales como la luna, los lagos y las flores. Pero pensamos que no está lejano el día en que las palabras que sean necesario decir ceñirán el rasgo que hará ver a estos animales y a estos gestos.
Con tal esperanza, ¿si hablásemos de este mundo olvidado pero que siempre nos sonríe o nos amenaza?
El basilisco, rey de las serpientes, en signo de soberanía lleva una corona alrededor de la cresta blanca que se yergue en su cabeza. El veneno que exhala envenena los árboles, hace caer los pájaros desde el alto cielo y, cuando un cazador quiere procurarse un ejemplar de esta especie atroz, se ve obligado a fabricar campanas de bronce para protegerse contra las exhalaciones de la bestia.
El unicornio se presenta con el cuerpo de un caballo blanco, una cabeza de color púrpura y con ojos de azur, o con una cabeza de ciervo y una cola de jabalí, o, todavía mejor, con una cabeza de buey o de chivato. Lleva siempre en medio de la frente, ese cuerno maravilloso, blanco en la base, negro al centro, rojo en el extremo. Más precioso que el ónix y el oro, este cuerno sirve de piedra aislante contra los venenos, ya que el unicornio es enemigo del veneno y de la impureza. Cuando se encuentra en un cantón, todos los otros animales van a beber de preferencia en la fontana en la que él bebe. Dulce y feroz a la vez, al unicornio le gusta reposar a la sombra de los árboles, donde las palomas torcazas hacen su nido, para escuchar el ronroneo de las tórtolas. Pero no teme combatir con los animales más terribles y, antes de emprender el combate, afila su cuerno en una piedra. Su fuerza es tan grande que los más intrépidos y sagaces cazadores no pueden conseguir cazarlo y, para ampararse de él, necesitan emplear un engaño. Hacen venir a una virgen a los lugares donde acostumbra habitar. Tan pronto como el unicornio la percibe, va a recostarse en sus rodillas, sin hacerle ningún daño, y se duerme, apaciblemente en su regazo. Los cazadores, entonces, se aproximan y sin ningún esfuerzo lo matan.
El león es valeroso y clemente. Cuando está furioso con el hombre, basta que éste se eche al suelo y finja pedirle perdón para que lo perdone. Todos los animales reconocen su soberanía y sus derechos. Cuando quiere mantenerlos alejados, traza una línea en la tierra como para indicar: no pasen, y nadie pasa. Es un buen padre y resucita a sus cachorros con sólo echarles el aliento. Símbolo de la vigilancia, duerme con los ojos abiertos y para escapar del cazador que lo persigue borra con su cola la huella de sus pisadas. Desgraciadamente, le tiene miedo a las mujeres.
La pantera es una serpiente con manchas, ejerce un encanto irresistible sobre los animales, y no tiene sino un enemigo: el dragón. Siempre, después de comer hasta hartarse lo que ha cazado, duerme durante tres días, y cuando despierta se pone a rugir, escapándose de su hocico un olor de tal manera suave que sobrepasa en dulzura a todos los otros perfumes. Advertidos por sus rugidos, todos los animales de la selva, salen de sus guaridas y se apretujan en torno a ella, para embragarse con su aliento. Mientras los animales le forman un cortejo, el dragón se siente sofocado y se hunde en las profundidades de la tierra.
El elefante es el más casto de los cuadrúpedos. Emigra en la primavera con su hembra para entregarse en la soledad, a las dulzuras del amor. Durante algunos días no come más que mandrágoras, y varios meses después de este viaje, cuando la hembra está a punto de parir, ella va a sumergirse en un estanque o en el río, temerosa de que el dragón no venga para devorar su progenitura. Durante este tiempo, el elefante vigila desde la ribera y, cuando el enemigo se presenta, se entrega con él a un combate desesperado.
El zorro inventa una cantidad de procedimientos ingeniosos para atrapar su presa, cuando tiene hambre y no halla qué comer. Se revuelca en la tierra rojiza, para hacer creer que ha recibido graves heridas, que está cubierto de sangre, después se arrastra por el suelo, saca la lengua, retiene su aliento y, con su pata, aturde a los pájaros que, creyéndolo muerto, se abaten sobre él para vengarse a picotazos.
El onagro se distingue por sus conocimientos astronómicos. Cada año, el 23 de marzo, rebuzna doce veces por la noche y doce veces por el día, para anunciar que el día y la noche tienen igual duración.
El ciervo renueva su juventud comiendo serpientes. Sabe descubrir, con su admirable instinto, las hendiduras de los árboles y de las rocas donde se esconden, y las succiona con su respiración, tan fuertemente que las serpientes se entran por su dientes y las devora. Su muerte es infalible si permanece tres horas sin beber después de haberlas comido. Pero si encuentra una fuente, en un momento rejuvenece varios años.
el cocodrilo vive en un río llamado Níger. Esta bestia tiene cuatro patas, garras espantables, y los animales más terribles no son a su lado sino abejorros. Cuando se encuentra con un hombre, lo ataca y se lo come sin dejar un pedazo, pero una vez comido, el cocodrilo pasa el resto de su vida llorándole, y hasta llora cuando se lo está comiendo.
El dragón es el rey de los monstruos. Participa de la naturaleza de todos los seres y habita indistintamente la tierra, el agua o el fuego. Vuela, camina, nada. Quemado por el fuego que nada puede extinguir, presenta a todos los seres combates furiosos para refrescarse bebiendo su sangre. Tiene alas armadas de garras y aletas natatorias erizadas de colmillos agudos. Tiene una cabeza de hombre con cuerpo y cola de león, y, en el extremo de esta cola, , una cabeza de serpiente. Su hocico vomita llamas, su aliento envenena los aires, agosta las hojas y las flores, mata a los pájaros, y provoca el vértigo en los hombres. No teme sino a una cosa en el mundo, el rayo, porque a menudo es alcanzado por él. Así pues, cuando los encantadores tienen necesidad de sus servicios, imitan con un tambor las descargas del trueno. Engañado por el ruido, el dragón se somete sin resistencia y, una vez domesticado por el miedo, sirve con la facilidad más grande todos los caprichos de su amo. Puede, a su voluntad, cambiar de forma y atravesar con la rapidez del pensamiento las más grandes distancias. Seduce a las mujeres, rapta a las muchachas. Es un centinela vigilante y terrible. Defiende la entrada de las cavernas donde los hechiceros encierran sus tesoros, y las entradas de las fortalezas donde los gigantes encierran a las jovencitas.
La salamandra vive en medio de las llamas y, cuando los emperadores emprenden una guerra, se hacen fabricar con su piel trajes incombustibles con el fin de poder, sin peligro, pasar a través del incendio de las ciudades tomadas al asalto.
No se sabe, en toda la antigüedad, sino de Tiresias, Helenus, Casandra, Apolonio y Melampo que hayan poseído la ciencia maravillosa de comprender y hablar la lengua de los animales. Apolunio la había adquirido comiendo el corazón de un dragón de la India, y las serpientes le dieron las primeras lecciones a Melampo. Sus esclavos, habiendo un día descubierto en una vieja encina un nido de reptiles, mataron a los padres y se llevaron a los pequeños, los que regalaron a su amo; éste los hizo criar con gran cuidado. Cuando tuvieron uso de razón, las serpientes se mostraron llenas de reconocimiento hacia el hombre que también las había tratado. Un día que él dormía profundamente, se aproximaron a sus orejas, las acariciaron dulcemente con sus lenguas, y le perfeccionaron de tal modo el sentido del oído -iniciándole al mismo tiempo en el secreto de la lengua universal- que, al despertarse, Melampo se sintió grandemente sorprendido al comprobar la lengua de todos los seres.
En la ciudad de Cesto se vio a un águila, criada y alimentada por una muchacha, arrojarse -cuando ésta murió- a las llamas de la hoguera encendida para consumirla, dejándose quemar con ella.
Se vio, igualmente, bajo el reino de Augusto, a un delfín morirse de pesar por haber perdido a un muchachito, al que le ligaba una sincera amistad. Este niño atravesaba todos los días el lago Lucrin, para ir de Bayas a Puzzolo, con el fin de aprender las lecciones de su pedagogo. Le había enseñado al delfín a responder al nombre de Simón. A cualquiera hora que lo llamara, desde la ribera del lago, el animal acudía in mediatamente, escondiendo como en un manto las agudas puntas de que estaba armado su lomo, y llevando dulcemente a su amigo a través de las aguas, le conducía cada mañana a su escuela y le volvía a traer por la tarde. Un día, el niño no compareció a la hora indicada. El delfín le esperó con inquietud; volvió al día siguiente y a los subsiguientes. Pero el pobre niño estaba muerto, y el fiel animal murió también.
Ilustración: Jacek Yerka
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A los chavales de Vallecas |
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Sofía |
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Santa Claus |
Quiero comentarte Santa Claus que me maté estudiando todo el año, tanto que no sólo fui de los primeros de la clase, sino que saqué puros dices en el cole; no te voy a engañar. No hubo nadie que se portara mejor que yo ni con sus papás, ni con sus hermanitos, ni con sus amiguitos y ni con sus vecinos.
Hacía recados SIN COBRAR, ayudaba a los viejecitos a cruzar la calle y no había nunca algo que no hiciera por mis semejantes, y sin embargo ¡¡¡QUÉ HUEVOS LOS TUYOS SANTA CLAUS!!! Es que... dejar debajo del arbolito una puta peonza, una mierda de trompeta y un maldito par de calcetines, ¡QUÉ CAGADA!.
¿Qué coño te has creído barrigudo? o sea que me porto como un imbécil todo este año para vengas con una mierda de este calibre; y no conforme con eso, el maricón del hijo de la vecina que es idiota y sin educación, malcriado, desobediente que le grita a su mamá, a ese tonto de las pelotas le trajiste de todo lo que te pidió. Por eso ahora quiero que venga un terremoto o algo así, para que nos lleve a la mierda a todos, ya que con un Santa Claus como tú, tan incompetente y falso, mejor que nos trague la tierra.
Pero eso sí, no dejes de venir el año que viene porque voy a reventar a pedradas a tus putos y sarnosos venados: Empezando por esa mierda de Rudolph que tiene nombre de homosexual. Te los voy a espantar para que tengas que joderte, caminando a pie como yo ¡cabrón!, ya que la bicicleta que te pedí era para ir al colegio, que queda a tomar por culo de casa.
¡¡¡Aaah!!! y no quisiera despedirme sin antes mentarte a la madre que te parió ¡ojalá que cuando hayas subido muy alto se te de la vuelta el puto trineo y te pegues una buena hostia por ser tan hijo puta!. Pero eso sí, te advierto que el año que viene vas a saber lo que es un niño maldito, y un poquito cabrón.
Atentamente, Nano
P.D.: La peonza, la trompeta y el par de calcetines, puedes recogerlos cuando quieras y metértelos por el culo.
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El contagio de la locura |
Por Sonia González Valdenegro
El territorio del otro lado del límite que separa la razón del extravío o lo racional de lo irracional ha sido uno de los motivos literarios que Juan Mihovilovich ha desarrollado a lo largo de su extensa obra, iniciada en la década de los setenta. La paradoja, el absurdo, sino lo fantástico, se asientan en sus textos como una manera de anunciar que el universo tiene otro punto de vista para ser observado. Y es el suyo un gran desafío, que otorga una connotación especial a su trabajo, realizado a espaldas de las historias maniqueas que se adquieren hoy por hoy en nuestro mercado de pequeños consumidores de textos escritos. En el caso de la novela que hoy presentamos, este ojo apunta hacia uno de los grandes temas literarios, el del poder, aunque sería más preciso hablar de la autoridad, ficcionado esta vez no desde quien o quienes son objeto de su ejercicio sino desde el drama del que tiene la sartén por el mango o. en este caso, el mallete a mano. Porque el protagonista de esta historia es un juez, un magistrado sin nombre, esto es un cualquiera colocado en el traje de la magistratura, y quien repentinamente, sin una causa necesaria al efecto, cruza la delgada línea que separa los dos mundos, el de lo racional de la enajenación. No es casual su anonimato ni gratuita la ausencia de toda biografía sobre él. A mi modo de ver, ello responde al papel que este personaje cumple en el trabajo de Mihovilovich, el de la representación de una autoridad feble, expuesta a su inminente desplome no por causas que digan relación con su propias condiciones o limitantes sino por el hecho preciso de aquello que representa: el papel de alguien a quien se otorga atributos que le permiten decidir sobre la vida de otros. En este tránsito desde y hacia el otro lado de la frontera no hay camisas de fuerza, no hay barrotes, no hay un diagnóstico como no sea el de la propia conciencia, alertada del inminente estado de locura a partir de la condena a un colibrí. El personaje enfrenta de esta manera una realidad que pone en tela de juicio su propio trabajo, que en el caso de este personaje, dada su innominación y la falta de referentes de un mundo privado, le define. El es el juez. Más que un juez cualquiera, lo es de un pueblo, aquel gran infierno donde todos conocen a todos y en el que no cabe el secreto ni el anonimato que nos amparan en las grandes ciudades. En esas calles, recorrido inevitable de sus rutinas, el juez parece condenado a encontrarse a diario con alguien a quien condenó o a cuyos problemas impuso un fallo sobre el que el encuentro deja caer una sombra de duda. Todos y cada uno de los personajes que aparecen en el escenario donde se desarrolla este estado de desvarío representan en su conjunto una voz única, que pone al juez en el papel del acusado por primera vez, cuestionando un ejercicio en el que parece haberse encontrado muy cómodo hasta entonces, ya que su vida parece bien asentada en una sucesión de rutinas que no logra, sin incomodarse, alterar. Pero este cambio de reglas no se queda en la simple amenaza, de tal manera que el propio entorno del personaje se vuelve una suerte de verdugo al asumir una conducta inesperada que importa un desafío a su autoridad y su autoridad define su amor propio, integrado por los elementos del decoro y la dignidad, también inherentes a su condición.
En ciertos pasajes de la novela, el protagonista parece desplazarse por un mundo que se ha quedado repentinamente vacío, y en el cual todos estos personajes secundarios son la aparición fantasmal que trae el otro yo del juez. Lo confiesa, por boca de uno de sus procesados. Yo no quiero ser el que soy. Quiero ser el otro, el otro que vive conmigo. Tal es su contradicción humana, de la que parece no poder desasirse sino a través de gestos de mutilación, realizados por mano de esos otros sobre cuyos destinos y voluntades tiene poder. Entre la mutilación y la locura, este buen ciudadano expresa un sentimiento de libertad que se expresa en la siguiente sentencia: Esto es la vida, un estero que deja un día de serlo y sin saber cómo, ni cuándo, ni por qué, se convierte en un río irresistible.
Tal es, más menos, la trama de la historia que Juan Mihovilovich nos propone. Así expuesta, parece algo siniestra. Pero la novela El contagio de la locura, más que una visita a la enajenación posible de un personaje equis, en este caso un juez rural, es una mirada a nuestra condición humana, donde la verdadera lucha, la que se libra todos los días es aquella que busca un motivo para luchar, esto es una razón para estar vivo.
Quiero destacar de mi primera y segunda lecturas, la precisión del texto, un estilo depurado, conciso que renuncia a la imagen, el tropo o cualquier suerte de preciosismo de lenguaje, entregando al lector un relato casi circunstanciado de hechos a través de un refinado despliegue de acontecimientos, cuyo desarrollo orillea permanentemente la ambigüedad, un recurso que refuerza la idea de la locura. Si, en algunos pasajes el poeta gana la partida al narrador, este último ha vencido finalmente amarrando las alas de un discurso que pudo extraviarse por otros rumbos. Esta precisión del texto es, además de una virtud necesaria en escritos literarios, un componente más de la historia, que adquiere así atisbos de verosimilitud, no obstante los evidentes gestos de irracionalidad de que habla.
Quiero resaltar, además, el interés de lo anecdótico en esta historia. Por las páginas de esta novela deambulan una importante cantidad de personajes singulares, todos los cuales tienen en común el constituirse en una pesada carga para el juez. Pero cómo, dirán, si el es juez, el es la autoridad. Pues por eso, en tanto juez, en tanto autoridad, es responsable de todos ellos, y todos le observan con sospecha, con ironía. Y es que, a través de esa mirada, es el propio personaje quien se observa a sí mismo con la eterna duda respecto de sí mismo. A ratos, estos personajes podrían darse una vuelta por las novelas de Saramago. Se sentirían igualmente cómodos que en El contagio de la locura. O por un texto de Kafka, donde los diálogos de esta novela son perfectamente posibles, como es posible este juez que observa, teme, pero, especialmente, duda.
En este ambiente resalta el entorno geográfico del cual el autor entrega pistas: un pueblo pequeño, la cercanía del mar, un estero, un volar de pájaros, la tempestad o el juego de nubes, la inundación inminente, en fin. A partir de estos ingredientes, podría pensarse en El contagio de la locura como en una novela rural. Tal vez. Lo cierto es que, y no obstante que resulta posible reconocer en ella rasgos de nuestra identidad, especialmente en el mundo de la provincia y, tal vez, para pocos, un entorno geográfico bastante preciso, lo que Juan Muhovilovich ha creado aquí es un mundo literario cerrado, autónomo, que no se apoya en los referentes locales de que se sirve para dar coherencia a su historia, esto lo hace muy universal, y es quizá esa universalidad la que llamó la atención del jurado que en el premio Herralde, España 2005, la seleccionó con otras 16 novelas.
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gisèle prassinos |

Mi hermana Brindille, la mayor, estaba casada. Tenía un reloj de arena para saber el momento en que el agua del mar alcanzaría un punto secreto en la colina. Cada año, en ese momento, encaramado en una ola, su marido volvía a casa. Este era un negro con una larga cabellera cubierta de algas marinas, con un cuerpo inmenso en el que estaban incrustadas redes de pescar y pequeñas anclas intactas provenientes de barcos sumergidos.
Antes de abrazarnos, su piel resplandeciente se estremecía y estrepitosas risas sacudían sus hombros. Después hinchaba su pecho de repente y por su boca silbante salía una multitud de pescaditos, los que iban a caer en el delantal de mi madre, quien los recibía con un aire triunfal.
Entonces sí que le abrazábamos. El negro dormía la siesta después de un año de trabajo, y por la noche, cuando bajaba la marea al salir la luna, acompañábamos al viajero vacío hasta las olas, en las que desaparecía, sonriéndose.
Desde ese momento, mi hermana Brindille vivía únicamente para la siguiente visita, incapaz de ayudarnos en las faenas del hogar, sin dormir hasta que el mar no llegara al pie de la colina, instante anunciador del retorno del viajero.
Nuestra madre secaba los pescados, los pelaba los cocía en la sartén enrojecida. Después los conservaba durante el invierno bajo la nieve hasta que ésta desaparecía por completo.
Mi hermano Mocó ha hecho la guerra. Pequeños bolsillos de piel acribillan su voluminoso pecho blanco, y si uno metía el dedo en ellos podía tocar una cosa dura: una bala o un pedazo de obús.
Le gustaba a nuestro hermano hacernos creer que estaba muerto. Algunas veces, cuando por la mañana yo le llevaba a su habitación hojas de morera que él mordisqueaba antes de despertarse completamente, me arrancaba gritos de dolor al verle rígido en su cama, con el pecho herido por docenas de puñalitos hundidos hasta la empuñadura. Pero muy pronto volvía la calma, pues comprendía que la oquedad de sus cicatrices le servía de segunda herida para espantarme.. se levantaba entonces riéndose, y se sacudía de una manera tan especial que todos los puñalitos se iban a clavar bien alineados, en la pared.
En uno de estos juegos, uno de los puñales le hirió en el corazón, y le mató.
Mi hermano Abel vino de lejos para verle por última vez. El era hermoso y elegante que le rogamos se quedara con nosotros para siempre. Mi madre, para convencerle, le mostró los pescaditos secos que ya comenzaban a aparecer bajo la nieve, y él aceptó.
Mi hermano Abel tenía el pecho hundido, pero de agradable aspecto. El no ha hecho la guerra sino la revolución, sin recibir heridas. Para recompensarle, el rey de aquel país extranjero le hizo un admirable regalo. Es una pequeña esfera de reloj que le ha deslizado bajo su piel, transparente en dicho sitio, y mi hermano se mostraba muy orgulloso cuando nos respondía inmediatamente al preguntársele la hora. Era muy rico y no trabajaba en nada. Con el marido de nuestra hermana Brindille se han hecho muy amigos, y se juntaban a menudo en el fondo del mar.
El año último llegó el negro, pero en vez de los pescaditos, depositó en el delantal de nuestra madre el agradable cadáver de nuestro hermano Abel. "Era mejor que se hubiera quedado en el extranjero", dijo nuestra madre, y sin una palabra la seguimos hasta la leñera en donde nuestro hermano Mocó ya estaba enterrado.
"Ya no tengo más hermanos", exclamé llorando, pero nuestra madre recordó repentinamente que otro hermanito vivía aún en Noruega, y que él podía llenar el vacío angustioso. Le escribimos inmediatamente. Llegó pronto, y estuvimos felices al comprobar que, en vez del niño rubio que esperábamos, fue un gran señor, fortísimo e inteligente, el que nos estrechó en sus brazos. Mi madre, mi hermana Brindille y yo, le peinamos la barba y los bigotes para que se viera más hermoso aún, y le instalamos en un sillón junto a la estufa encendida. Este hermano se llamaba Gentry. Era joven, su cuerpo era firme y flexible, pero tenía un ombligo demasiado grande, hundido y lúgubre.
Nuestro hermano Gentry ha muerto ayer. El negro, de regreso, se lo ha llevado en sus brazos para arrojarle al mar, pues ya no había más sitio en la leñera. Mi hermana Brindille le ha seguido por fin. De ahora en adelante, ella quiere vivir con él en los mares. El ya no volverá nunca más, nuestra madre ya no tendrá más pescados, y nos quedaremos solas con estos hombres muertos.
| [+/-] |
carlos besoaín |

Hoy es el gran día:
viajo hacia nunca…
Y hacia nunca se llega
/sin boleto
sin vehículos se viaja/desnudo
y a plena soledad…
No hay pezones-flor
al costado del camino
o una mujer vieja
mirando en las ventanas.
Dos cosas son ciertas en el viaje
hacia nunca:
nunca se sabe cuándo se ha
/llegado
y nunca se sabe cuándo se
/regresa…
nunca lo hubiera imaginado
DÍA DE VIENTO
Un remolino de almas
da a las bolsas
su condición de pájaro.
Un revoltijo de espíritus
le arranca
a los cables
un gemido.
La mirada pierde brillo en un día
/de viento.
el incendio solar calcina muertos
PUERTO NATALES
Salgo al patio a tirar la cerveza.
La noche está estrellada;
entonces una herida, en su
/costado
me indica que amanece.
Hugo Vera Miranda,
Poeta almacenero
(es decir coleccionista de almas
/zen),
aún no se ha transformado
en el humo de su propio cigarro
/pero lo hará
y fuma (se fuma a sí mismo)
y esa niebla se le sale por la boca
/de los ojos
mientras me cuenta un chisme de
Oliverio Girondo…
nos importa un bledo las torres
/del paine
TODO ABISMO
tiene olores de mujer
LOS PÁJAROS SE
ACOSTUMBRAN
A los gatos,
a que todo se nuble de repente.
Poemas extractados de la revista Ñ, número 153, setiembre de 2006, Buenos Aires, Argentina.
Ilustración de Andrés Sabella.

















