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Nunca fui un buen chico |
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Los números no cuentan |

Observador distante y meditabundo, en sus relatos transmite conmiseración por sus personajes entumidos, con una mirada cálida que les da el abrigo que claman desde el desamparo. En estas páginas circulan sobrevivientes de los congelamientos reales y metafóricos. Personas y animales; personas que a veces parecen animales; y animales que parecen personas, en páginas que rechazan desde una escritura que funde la ética y la estética- la brutalidad innecesaria y que asume la "cojera moral" que todos podemos tener.
Como evitando el asombro, con toda naturalidad como si lloviera, como si nevara- la narrativa de Juan Mihovilovich nos introduce en atmósferas de locura y precariedad humana, ofreciéndonos escenas que rozan los esperpéntico, como aquella en que llega al mundo Ruperto. Permítanme citar ese párrafo, como si fuera un cuento independiente:
"Algo raro hubo en su nacimiento, toda vez que un gallo casi desplumado y enflaquecido hasta los huesos daba las cuatro de la mañana cuando su madre sintió algo suave y blandengue escurriéndosele por entre las piernas al ir a orinar al pozo del patio. Ruperto, picoteado por las aves y arrastrado del cordón umbilical más de treinta metros sin que su madre notara ese trayecto, logró al fin emitir algo semejante a un llanto humano y graznido de gaviota. Solo entonces ella miró incrédula cómo ese feto de seis meses y medio hacía ademanes de defensa ante las gallinas que lo escrutaban indecisas entre cada picotazo".
El mundo humano y deshumanizado que surge de estas páginas es como un bestiario donde las personas se pueden mimetizar con un gato o un perro o una planta, cuando el olor de la muerte está en el aire y hay lugares donde el silencio duele y los espacios de la rutina nos visten de anonimato. El hombre extraño, el pordiosero, el loquito, el espantapájaros, el preso, el internado, el viejo abandonado, el solitario acechado por las sombras, el que responde a un número más que a su nombre verdadero; esas personas diferentes que provocan susto y cuya cercanía incomoda a los normales es el protagonista que se potencia en un colectivo al revisar el conjunto del libro. La marginalidad como la procesión- va por dentro. Hay una coherencia en este libro que representa bien la mirada de Juan Mihovilovich. Se potencian los cuentos individuales, configurando una sola obra que responde a una voz distintiva que enorgullece a nuestra generación.
También, celebro la poeticidad en la paradoja del título:" los números no cuentan", construido con ese humor socarrón de Mihovilovic que late levemente en todos su relatos. Obviamente nuestro narrador confía más en la palabra que en los números; más en el nombre que en el código de barras; más en la persona que en la serialización deshumanizada.
Y qué privilegio contar con Juan Mihovilovichy sus palabras que cuentan y sus cuentos. Contamos con todo ello y con esa mirada silenciosa. Se nota que este escritor como algunos de sus personajes que miran por el ojo de las cerraduras- se entretiene observando y observándose, un escritor que, además, se conoce el nombre de los pájaros y que "después de contar los jilgueros", canta.
Jorge Montealegre Iturra.
agosto 2008.
Cuentos escogidos de Juan Mihovilovich. 241 páginas. Mosquito Comunicaciones 2008.
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Una mañana en Punta Arenas |

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De Natales para el mundo |
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El diario de Micaela Marulanda |

Martes, 15 de Julio (Yo no creo en dios)
Pero, puede ser que este sea el fin de los tiempos, como lo fueron todos los siglos anteriores, debemos decir claro, sin calentamiento global. Lo segundo es que en el sueño nadie se daba vueltas a gritarme nada, no había respuestas, sólo unos segundos de silencio antes de despertarme. Tengo la escondida esperanza que todos estuviesen de acuerdo conmigo o al menos respetasen mi postura. Lo cual sería un gran avance.
Después me volví a dormir y soñé que me echaban del trabajo.
mmarulanda40@gmail.com
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yoel novoa |
S
Dospardos denuncia enfáticamente a los organizadores de la robótica Microsoft y Google. Es como demasiado evidente la crítica sobre los tamices ideológicos que invitan al consumidor a entrar en ellos y una vez que los adictos se encuentran engranpados sin posibilidades de escapar, idealizan haber pactado con Satanás. Esa es la denuncia de Dospardos, que seguramente se publicita así por el normal desempeño comercial implícito en la publicación deste tipo de libros.
Conciente que aquí se trata de la resaltación de lo efímero y que para entender los intringulis deste moderno sistema de exterminio, habría que estudiar los paganismos precristianos hasta los fundamentalismos más recientes (estudiarlos en serio, o sea darles por lo menos la integridad de una vida).
No por nada los manuales de robótica que se precian de tales, están redactados en sánscrito y los más divulgados, en arameo o latín vulgarizado.
Isac Dospardos es divertido, repitiendo asimilaciones de esoterismos de comienzos del siglo XX, dice al lector: "No indague el porqué destas cuestiones. No están a su alcance de comprensión. Escriba un comentario en un blog cualquiera. Dé su vida en la expresión y no abrevie, extiéndase. Cumpla con los requisitos de ordenación. Oprima "publicar comentario" y el texto desaparecerá en el éter. No quedará el mínimo rastro, el exterminio será absoluto. Permanecerá sí en la memoria, que será parcial y rencorosa. Pero del texto: ¡Nada!
Lo leí a Dospardos, porque en la reciente adquisición que realicé hace cosa de un mes, de la biblioteca de un importante semiólogo fallecido, Comentariospuntocom se encontraba en uno de sus estantes.
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El diario de Micaela Marulanda |

Lunes 14 de julio ( Pérdida de fe)
Pensándolo bien, terminé de perder la fe justo cuando los antidepresivos me devolvieron las ganas de vivir. No es que ahora me ponga de parte de cuanta pastilla exista para este fin y de los psiquiatras que las prescriben. No. El tema es que hasta hace un par de años, siempre pensé que una profunda fe me movía y que de alguna manera eso hilaba mis preguntas y mis respuestas.O sea algo muy grande estaba cerca dándole algún sentido a la cosa. Me movía a través y en pos de asuntos intangibles. Pero ¿en qué puedes creer cuando perdiendo todas las ganas de vivir, las recuperas siguiendo disciplinadamente un tratamiento a base de antidepresivos, ansiolticos, y estabilizadores del ánimo? En casi nada. Quizás en que tus zapatos usan cordones para sujetarse bien a tus pies, en que el agua efectivamente te quita la sed, en que si pagas la cuenta de la luz hoy no te la cortarán mañana. Pero de esperanzas, pero de ilusiones y de ideologías, cero. Nada. No se puede creer en nada despuésde aquello. Nada que no se vea o se toque, e incluso en un par de cosas que igualmente se pueden ver y tocar. Porque corroboras que lo más probable, es que todo sea cerebral y que hasta enamorarse está relacionado con la cantidad de endorfina que produce tu cerebro, eso es lo que te da placer y te hace ver todo en tonalidades pasteles. Que el chocolate es un sucedáneo de esto y que la real causa, la causa de fondo del asunto, no era que tú madre te abandonó al nacer o que se reían de ti en el colegio o que nunca te casaste con la mujer que querías (aunque todo eso haya contribuido) en realidad, eran tus bajos niveles de serotonina, noradrenalina o melatonina los que te jodían la vida o quizás alguna región de tu cerebro que no se encendía cuando escuchabas la palabra luz. Así de simple y misterioso es el asunto. Y así de simple la respuesta. Si tienes suerte y encuentras al médico apropiado te receta justo lo que necesitas y si tú después de mucho despotricar contra la psiquiatría dices, bueno voy a probar, quizás esta vez funcione y funciona. Te encuentras después, como si te hubieran enviado a vivir a una región desconocida del planeta, donde los amaneceres son lindos pero no tiene nada que ver con la creación divina o por último te das cuenta que el sol, EL SOL dando justo sobre tu cabeza, también activa otra zona de tu cerebro, que hace que siempre estés muy contento en verano. Ellos realmente saben como suavisar aquella región de tu cerebro. No te queda otra después de eso, que re-fundarte y comenzar de cero, soltando el pesado paquete de creencias y esperanzas que aunque duelen de la puta madre perderlas, después de un tiempo te das cuenta que has conquistado otro pedazo más de libertad, que no ESPERAS NADA, y por lo tanto, por ese lado, no ha de venir un nuevo dolor. Y tampoco tienes grandes miedos...¿a qué le puedes temer después de volver de la más inhóspita oscuridad?. Aprendes que sólo la oscuridad es certera. Y quizás no tengas nada de aquellos gloriosos momentos que antes tenías. Pero nadie te puede discutir que eres el dueño de los cordones que abrochan tus zapatos.
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El taxista, la dominicana y las matemáticas |
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El mundo ha cambiado |
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El día que mi abuelo se fue a suicidar |
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The Championships |
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La guerra de Cashimira |
-¿Es que no sabes nada?
-¿Qué tendría qué saber?
-Mi marido se mató, se pegó un tiro en la frente.
-Lo siento, la verdad que lo siento.
-Tú no sientes nada, absolutamente nada. La noticia apareció por la radio y la tv. Seguro que te enteraste y ahora te haces el que no sabes nada y además me dices que lo sientes.
-Bueno, tu marido nunca fue un ángel de mi cofradía.
-Sigues siendo el mismo hijo de puta de siempre, sólo te interesa lo que gira alrededor de tu ombligo.
-Mira nena, no me vengas a hacer escenas frente a las matas de coliflor y las cebollitas de verdeo. La verdad que me importó más la guerra de Cashimira que lo que le pudo pasar a tu marido.
- Bueno, tampoco vengo acá para que te enojes conmigo.
La hice pasar a la biblioteca. Nos tomamos un par de cervezas. Nos fuimos a la cama. Al despedirse me dijo que a ella su marido nunca le interesó. Luego me preguntó dónde quedaba Cashimira.
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Lucy trabajaba en una carnicería |
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En pocas palabras |
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Ya nada es como era antes |
Recuerdo el caso de un tipo que tenía una carnicería. Alguien de su entorno le había dicho que su mujer lo engañaba con su sobrino. El sobrino vivía en su casa y tenía un taxi colectivo. El mismo día de la revelación el carnicero los encontró en los sectores aledaños al pueblo. En el taxi colectivo. Mató al sobrino. Lo mató con el mismo cuchillo con el cual trabajaba despostando vacas. Lo que pasó fue cosa de no creer. El cadáver se veló en su misma casa. En la casa del carnicero. El se mostraba compungido. Lo mismo que la esposa. El pueblo sabía que había sido él. La policía se enteró por el pueblo. Todo el pueblo sabía que el sobrino engañaba al tío con la esposa. Lo arrestaron. Estuvo algunos años preso. Ahora -fina paradoja- maneja un taxi colectivo. En el cual acabo de bajarme.
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XXI Concurso Internacional de Relatos, Semana Negra 2008 |
La SEMANA NEGRA y el ATENEO OBRERO DE GIJÓN convocan el XXI Concurso Internacional de Relatos Policíacos que se regirá por las siguientes
BASES:

2. Todos los trabajos se deberán presentar mecanografiados a doble espacio, con un máximo de 68 caracteres por línea y 32 líneas por página, en papel tamaño A4 y con una extensión máxima de seis páginas. Se admitirán como máximo dos relatos por autor.
3. Los trabajos, que no podrán llevar firma ni señal alguna que delate su procedencia, deberán enviarse por triplicado (en caso de envío por correo ordinario) y haciendo constar en el encabezamiento el título elegido al Apartado de Correos 271 (33280 Gijón, ESPAÑA), en un sobre cerrado en cuyo exterior se indique «Para el XXI Concurso Internacional de Relatos Policíacos». El envío deberá ir acompañado de otro sobre cerrado en cuyo exterior figure exclusivamente el título del relato y en cuyo interior figurarán los datos del participante: nombre, apellidos, dirección, teléfono y dirección de correo electrónico.
También podrán enviarse los trabajos a través de correo electrónico. En este caso, deberá enviarse mediante una única copia del trabajo en un mensaje a la dirección de correo: relatos@semananegra.org, en cuyo «Asunto»figure exclusivamente el título del relato, adjuntando un archivo con el relato en formato Word que llevará como nombre el mismo título del relato. El participante deberá enviar también, y por cada relato, otro mensaje a la dirección electrónica: plicas@semananegra.org, en cuyo «Asunto» figure el título del relato, adjuntando un archivo en formato Word que llevará como nombre el mismo título del relato y que incluirálos datos personales y de contacto del autor: nombre, apellidos, dirección, teléfono y dirección de correo electrónico.
Los participantes que opten por enviar sus trabajos mediante correo electrónico deberán hacerlo desde cuentas de correo que no permitan conocer, en ningún caso, la identidad del remitente.
4. Los relatos deberán ser rigurosamente originales e inéditos.
5. El plazo de admisión finalizará el 10 de Junio de 2008, admitiéndose los trabajos que hayan sido certificados en correos hasta esa fecha o enviados a través de correo electrónico hasta la misma fecha límite.
6. Se establecen cinco únicos premios: un primer premio de 1.200 euros y cuatro accesits de 150 euros cada uno. De este importe se descontarán los impuestos correspondientes.
7. La SEMANA NEGRA se reserva el derecho de publicar los relatos premiados, sin que los autores perciban, por ello, derecho alguno, quedando sólo obligada a citar el nombre del autor.
8. El jurado estará compuesto por tres escritores y/o críticos participantes en la SEMANA NEGRA, así como una representación del ATENEO OBRERO DE GIJÓN.
9. El jurado podrá declarar desiertos los premios si, a su juicio, las obras presentadas no reúnen la calidad necesaria.
10. La organización se reserva el derecho de no admitir los trabajos que incumplan alguno de estos requisitos y no se compromete a la devolución de los originales.
11. La participación en este concurso supone la aceptación, sin excepciones, de las presentes bases.
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Hace mucho tiempo que no sé nada de Milena |
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Adivina buen adivinador |
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La Presidenta |






