Escrito por Robin Stalin murió hace ya unas décadas. Murió en una de sus muertes, la undécima tal vez. Casi podríamos decir que Stalin murió de muerte natural, como seguramente le pasó a Dios, de quien se dijo que falleció porque le faltó un hueso que roer, pero la acumulación de décadas cuando no de siglos, borra todo o lo tergiversa. En "La mano que aprieta" cito el caso de una bonita momia proveniente de la decadencia del Imperio Romano, una hija de un tal Claudio. Varias centurias después de la ceremonia fúnebre original, unos albañiles encargados de refaccionar la cripta descubrieron a la muerta intacta y flexible, rápidos y asombrados, le hicieron el culo a la momia y se robaron las joyas que la adornaban. La tradición oral provocó que cientos de curiosos se acercaran al mítico sarcófago para probar las maravillas de aquel bello culo romano. Un Papa, no se cual, creo que un tal Inocencio, ante el escándalo, ordenó esconder el cadáver, pero el mito superó a la realidad y hasta el día de hoy, pese a que la tumba se muestra vacía, muchos visitantes la veneran descargando en ella sus eyaculaciones.
...hemos muerto hace un, montón de tiempo.
El mito y la historia se muerden la cola mutuamente y una lombriz solitaria puede ser confundida con una cinta de Moebius.
Entonces, a veces, cuando queremos acordarnos de Dios o de Stalin, descubrimos que nosotros los recordantes, hemos muerto hace un montón de tiempo.
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Stalin, Dios y el bello culo romano |
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Habla El Poeta |

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Carlos de Rokha |
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| Carlos de Rokha en Punta Arenas, Chile. |
Editorial Multitud, 1956. Santiago, Chile.
Yo he masacrado, deleitándome, a una rana y a un cuervo, con placer inaudito, extraviante, bendiciendo sus entrañas así dejadas al contacto de estos esenciales vientos rituales, que mojaban mis labios de crueldad infinita y demoníaca. Los dos estando mudos parecían un dulce acto de magia, un recuerdo de atroces instintos, una visión de maleficio y ráfaga, una visión ensoñadora, total, un dibujo espantoso de Matías Grunewald, una descripción lujuriosa del Marqués de Sade, una página delirantemente dolorosa de Misckiwicks, o bien, un poema alucinante de Blake.
Más blasfemaban a Dios, odiando el mundo, me invocaban la piedad, haciendo gestos humanos, volviendo al cielo sus ojos porque indudablemente estaba del color de los míos. Entonces , mis labios pidieron perdón por haber perseguido a los cuervos, guiándome, siguiendo su sombra que tienen los jardines, según el dulcísimo canto de las ranas, ya fuese con una pluma sanguinaria o con el látigo, que yo bendecía, que creía nupciales a las ranas.
Nuevamente me arrepentí de aborrecer a las ranas, porque ellas conducen a los ciegos hacia los oasis durmientes en que repugnantes algas negras se extienden sobre el cadáver del guerrero, salpicadas de menudas cenizas, de pedazos de flores sumergidas (con que yo me embriago), arrojadas a los perros, hechas de débiles reflejos.
Arrodillándome, con el ángel brillante del vino entre mis manos sangrientas (tenebroso ángel cuyas alas quemantes torturan mi conciencia), acaricié la piel obsesionante, la piel bendita de esas bellas ranas, que asustan a los niños más azules.
Acaricié, deslumbrándome, esos cuervos que habitan la selva devoradora de los sueños donde los lobos destrozan mi cuerpo y mis cabellos.
A LA LLEGADA DE LAS HORDAS
Mi gran furor que os dará la medida de mi cólera.
En fuga al centro de mí y hacia mi ser en lo profético desencadenado.
Mi pasión por la noche, mi clarividencia.
De poseso coronado por Orfeo y la Bella.
Me hacen más libre, y a la vez, más dichoso y más múltiple.
Que vosotros que todo lo tenéis.
Que vosotros ho corsarios blancos.
Oh, hijos de un cielo que habéis adquirido al menor precio.
A quienes nunca he visto jugarse una última carta.
Como quien juega su cabellera a las aguas envenenadas.
En el supremo juego donde el que pierde es el gran victorioso.
¿No os espanta mi lengua de animal solitario?
¿O no es a vosotros a quienes ciega
mi ojo centelleante como un vasto océano?
Temedme. Alejaos de mí. Soy el monstruo sagrado, el asesino celestial y benigno.
Aquel que jamás tuvo nada, pero aún así
Su inaudita riqueza sobrepasa a la vuestra.
Porque yo hice mío lo desconocido.
Yo he tocado los límites del infinito.
Y, por último, sabedlo!
Vosotros, que alardeáis de santidad y pureza.
Nunca estaréis tan cerca de Dios como yo.
Que soy la otra cara de El.
Que soy la eternidad que revive en un hombre.
Que soy una edad desconocida.
Avanzando de himno en himno, de conjuro en conjuro.
Hacia el centro de mi corazón.
Hacia los mundos puros, los mundos malditos, los mundos negados.
Donde he llegado a ser
Un titán bronceado por los sueños
Y que marcha, sí, que marcha.
Abrazado a su abismo como a un postrer anhelo.
JULIETA O LA CLAVE DE LOS SUEÑOS
Una mujer de champagne me llama desde un sueño
Donde ella con sus ojos me pervierte
Deliciosa es fascinante
Adorable envenenada
Sobre la boca una mancha más negra
Ese gesto que marca sus pasos
De bella condenada a las habitaciones
El Océano en sus manos renueva sus espejos
La vida que yo amo es ésta entre sus brazos
CASCADA DE COPA
Escribid mi nombre en el libro de la noche
Donde yo anuncio la venida de un océano más negro
A la caída de los pájaros que han perdido sus alas
Sobre los follajes en que sangra el sol
Es preciso saber sonreír a cualquier precio
Ser el paseante de un bosque de árboles negros y blancos.
Las araucarias puede servirnos de puentes levadizos
O de lo contrario todo estaría perdido
Al borde de un espejo sin fondo
Donde un gran pájaro de nieve imita las cascadas
Decidme
Dónde hay una reina que devore el corazón del prisionero
Decidme
Cuántos ángeles pueden nadar en una gota de agua
LAS DEGOLLABLES
Bellas a un aire de nadar
Se desnudan visten ropajes propios
Y sobre sus cuerpos presumen la clave
Del encanto de las chacales
Del tigre de la ronda
Mejor vestidas que jamás errantes sanguinarias
Aquí están consumiendo varillas de leche
Sorteando sus partes de azar
Entregan sus peinados a la silla maldita
Las chacales tatuadas con armiño
Son éstas panteras del orgullo henchidas de virtud
Con un cuerpo por roja rosa de la ronda
Evaporada sobre sus bocas todas semejantes
A la risa de la boa que encantan
Más puras están ebrias fascinadas envenenadas
Lobas obsesivas en el tratado de sus detalles mágicos
Liberáis por avaricia los enigmas favorables
Vuestros cuellos semejantes al hastío de las cascadas
Vuestros cuerpos semejantes a la pereza
Libres ya de ligaduras crean un pacto de dicha
Así con marcas de amor las adorables de las horcas
Viven de un cielo prestado a la ciudad perdida
Y como arrogantes vestiduras en los más crueles paisajes
Los pájaros son su ropaje de Medusas
Cantan a la llegada sobre la costa de granito
Sueñan cuándo vendrá el gran día
Hollad las rocas bellas gavilanes
JEAN ARTHUR RIMBAUD O LA SUITE NEGRA
El, que jamás ha osado poner precio a sus sueños,
Vio a los centinelas escupir los más esplendidos tapices
A ellos, los mismos que un día negaron las uvas del delirio.
El Festín de las Gracias lo había maldecido.
Bebía un licor extraído de todos los pantanos.
Donde la más bella aventura se perdía en sus propios misterio.
Mientras los aldeanos le veían salir de Les Ardens.
¡Adónde iba cuando en los graneros ardían los mitos del silencio?
¿Hacía qué radas de desventura en que oscuros caballos de espuma lloraban a orillas del mar?
Ángel por demonio su ensueño se ha saciado.
Con los heliotropos mea las estrellas
Cuando las Furias le soplaban las orejas
Y su cabeza de fauno ardía por las hidras
Por el ángel que afeitan vive siempre sentado
Prófugo de sí mismo quienes le adoraban eran los malditos
Los que pedían sus visiones a un Leviatán de los paraísos infernales.
Ellos han besado sus manos igualmente lamidas por larvas en desorden.
Ellos amaban al infante prodigioso.
Alquimistas de vocales hechicero castigado despierta.
Rompe las llaves mágicas que guardaban su clave
Y contra toda piedad arroja el mismo hastío.
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Unas buenas vacaciones |
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Juan-Jacobo Bajarlía: Origen del relato policíaco |

Creo, sin embargo, que los orígenes debemos buscarlos en el libro de Daniel (XIV, 1-21) y en Heródoto (2, CXXI). Considero que la tesis es más verificable. En el primer caso aparece ya el detective, que es el propio Daniel, el cual, para descubrir a los farsantes que aseguran que Bel es un dios vivo y no un ídolo de yeso, cubre el suelo con una finísima capa de ceniza. El rey coloca sobre el altar los manjares que ha de comer el dios. Cierra herméticamente la puerta y la sella con su anillo. Al día siguiente, verificada la cerradura que sigue intacta, el rey y Daniel penetran en el recinto. Los manjares (incluidas las ofrendas del sacrificio) han dedesaparecido. Pero sobre la invisible capa de ceniza hay una multitud de huellas. Son las pisadas de los sacerdotes que han entrado por un pasaje secreto que conducía hasta el altar. El falso dios es expulsado. Los sacerdotes, ejecutados. Daniel resuelve de esta manera el primer delito en recinto cerrado, antes de que Gastón Leroux imaginaLe mystére de la chambre jaune (1908) o que Edén Phillpotts, en oposición al cuarto amarillo, ensayara la misma hipótesis en El cuarto gris.
En el segundo caso, la extraña aventura del rey egipcio Rampsinito el de las estatuas de 25 codos, relatada por Heródoto (2, CXXI), se anticipa la estructura de acción de la hard boiled novel de un Raymond Chandler (The Simple Art of Murder, 1950) o un Mickey Spillane (Kiss me deadíy, 1952), que multiplican, a su vez, a Dashiell Hammet (The Maltese Falcan, 1930). Se trata de una fábula milesia, adaptada acaso por el gran historiador según la cual, Rampsinito, para guardar sus tesoro mandó construir cierto erario de piedra, una de cuyas paredes daba al exterior del palacio. El arquitecto que lo construyó, reveló a sus dos hijos el secreto de una piedra levadiza que el rey ignoraba, mediante la cual podía llegarse a su interior. Muerto aquél los hijos entra en el erario. El rey comprobó un día que sus caudales menguaban misteriosamente. Y como esto se repitiera, hizo colocar una trampa de lazos para prender al ladrón. Y así cayó uno de los depredadores. El hermano, entonces a pedido del que estaba atrapado, le cortó la cabeza para impedir el reconocimiento, y se fue con ella. Al día siguiente, el rey halló el cuerpo y lo hizo colgar en un muro, esperando que alguien se condoliera traicioándose a sí mismo. El hermano, aconsejado por la madre, se disfrazó de vinero. Puso los odres en una recua de jumentos y se allegó al muro de la infamia. Los centinelas comenzaron a beber, hasta que el sueño remplazó al vino. Y así desapareció el cuerpo decapitado. El hermano sin embargo, quiso dejar un mensaje para el monarca. Aprovechó la ebriedad de las centinelas para afeitarles la mejilla derecha. La ira de Rampsinito fue más grande que esa parra de Ciro tapando el cielo. Ordenó que su hija se prostituyera y se entregara al más audaz que hubiera cometido el mayor atentado. Y llegó el más audaz al lupanar en que se ofrecía semejante cortesana. Dijo que había cortado la cabeza de su hermano, atrapado en el erario, y que había sustraído su cuerpo emborrachando a los centinelas. Cuando la princesa quiso prenderlo se halló con el brazo de otro cadáver que el audaz llevaba oculto en sus vestiduras. El rey estaba derrotado. Pero conquistado por tanta audacia, publicó un bando prometiéndole impunidad y ciertas recompensas si se presentaba ante él. Y así pudo conocerlo. El premio que otorgó Rampsinito fue su misma hija.
Podríamos seguir con los ejemplos a riesgo de caer en la leyenda de los granos de trigo exigidos por el griego Palamedes, inventor del ajedrez. Comenzando por uno que se duplica hasta llegar a los 64 escaques, la suma de casos sería tan grande que no cabría en un número ilimitado de volúmenes. En uno de estos casos podríamos citar a Arquímedes, el primer detective histórico, que se vio forzado a inventar la ley del peso específico cuando Gerón, rey de Siracusa, le obligó, según Vitrubio (II, De architectura) a establecer en qué medida se le había falsificado la corona utilizando menos oro que el entregado, aunque en la práctica la corona tuviera el mismo peso que el metal entregado. La posteridad sólo recuerda el famoso baño de Arquímedes y su exclamación: ¡eureka! ¡eureka! Pero han olvidado que este baño y estas palabras lo llevaron a la detection de la plata que había servido para sustituir una parte del otro metal. He aquí los hechos. Arquímedes, bañándose, observó que al sumergirse en el agua desalojaba una cantidad de líquido proporcional al volumen de su cuerpo. Esta circunstancia le llevó a fabricar dos coronas de igual peso que la cuestionada: una de oro y otra de plata. Después llenó hasta el borde un recipiente de agua. Introdujo la corona de oro y midió la cantidad de agua desalojada. Volvió a llenar el recipiente e introdujo la otra corona, la de plata. Esta vez el líquido desalojado (a pesar de la igualdad del peso de las coronas) era mayor que el agua liberada al introducir la corona de oro. Es decir, la medida era proporcional al volumen y no al peso. Arquímedes tomó entonces la corona que le había entregado Gerón y la introdujo en el recipiente. Comprobó entonces que la cantidad del agua desalojada era mayor que la de la corona de oro. La corona falsificada tenía menos oro. El resto había sido sustituido por otro metal. Así quedó verificada la denuncia de que el artífice había empleado plata para defraudar una parte del oro entregado por el rey. Este ejemplo no pasaría de ser un falso indicio en la denominación de Alberto del Monte (Breve storia del romanzo poliziesco, 1961, II).
Algunos prefieren arrancar del mismo Voltaire (Zadig ou la destinée, III). Sugiero, a pesar de todo, que nos atengamos a los dos primeros ejemplos para establecer el origen, aun con la posibilidad de que el segundo sea ya lo heterodoxo o lo imaginario en lo policíaco. Ratificaría una hipótesis de Macedonio sobre Cristóbal Colón: "Es absolutamente éste el número de viajes de Colón: dos que hizo y uno que no hizo, y que viene a ser el segundo(Papeles de recien venido, 1929).
No dudo que el público se enternece por las historias de bandidos. A los artistas les acontece lo mismo. Siempre hay un hecho ilógico opuesto a las leyes causales. El siglo XVIII, tan ilustrado y tan estúpido, dedicó la mitad de su fuerza a devorar historias de bandidos. John Gay se dejó tentar en 1728 (The beggers opera) anticipando igual argumento de Bertolt Brecht. Lo mismo sucedió con Thomas Middleton que hizo llorar al público de Londres con The Roaring girl, (1721), escenificando la vida de Mary Frith, famosa ladrona que había nacido en la cárcel de Newgate, tiranizada y explotada, a su vez, por otro delincuente. O con Henry Fielding cuando noveló a Jonathan Wild, ejecutado en 1725 (History of the Life of the Late Mr. Jonathan Wild the Great, 1742). O con el autor anónimo de Les Nuits de Satán (1740) que hacía la apología de los bandidos y la magia. Es el siglo en que los alemanes comienzan los extractos de la Practica forensis, jurisprudencia a la que recurrieron criminalistas como Fuerbach y Zachariae. Los Extractos alimentaron a los novelistas y promovieron una nueva metáfora: la lucha entre el bien y el mal. En ese instante aparece, en Francia, el Pitival, colección de los más feroces casos criminales, que se multiplica en Europa en busca de la otra cara de la ley.
La Practica forensis contiene ya, técnicamente, el principio de investigación y certidumbre. Los escritores preferieron sin embargo, la razón abstracta, la simple logicidad del lenguaje. Lo que ha de ser la detection es entonces zadiguismo o serendipidad. (Recordemos el Pereregrinaggio di tre giovani figliuli del re di Serendippo, de Cristoforo Armeno, publicado en Venecia en 1557. Recordemos que fue Horace Walpole, en 1754, quien propuso utilizar serendipity por investigación). Paralelamente, en la misma estructura que da nacimiento al relato criminal, aparece un nuevo elemento: el terror, que halla en Ann Radcliffe la primera novelista -digamos el primero- que sabe aterrorizar a sus lectores, como sucedió en su The italian (1797).
En el siglo siguiente comienzan a nacer los grandes maestros de la novela policial: Edgar Allan Poe (The Murders in the rué Morgue, 1841), Emile Gaboriau (L'affaire Lerouge, 1863), Wilkie Collins (The Moonstone, 1868), Robert Louis Stevenson (The New Arabian Nights, 1879-1882), Arthur Conan Doyle (A Study in Scarlet, 1887), y algunos que han de intentarla sin regresar a ella, como Eca de Queiroz y Ramalho Ortigao, autores en colaboración de O mysterio da estrada de Cintra (1870). Son obras con elementos fantásticos y la definitiva detection que infiere la solución de un estudio minucioso de los indicios. En algunos casos tienen un sentido inverso al de la historia universal, según la opinión de S. S. Van Diñe (El crimen del escarabajo, X).
Después vendrán las definiciones. ¿Qué es un asesinato? ¿Por qué ha matado el asesino? El absurdo y el enigma se objetivan en un símbolo verificable. El asesinato, dirá Thomas de Quincey (On Murder Considered as One of the Fine Arts, 1827, I, II), es un hecho en el que intervienen algo más que dos imbéciles: uno que es el homicida, otro que es la víctima, un cuchillo, una bolsa y una encrucijada. Todo esto (esquematizado) sería un asesinato considerado estéticamente. Pero el absurdo se convierte a veces en un hecho gratuito, más allá de la moral, como el crimen de Lafcadio en Les caves du Vatican (1914), de André Gide. Podríamos recordarlo. Lafcadio se halla en el tren rápido que atraviesa la noche, con otro individuo que no conoce. Un empujón y el desconocido podría precipitarse en el abismo. La idea que lo asalta comienza a fascinarlo. Pero contará hasta doce, y si entretanto no aparece ninguna luz a lo lejos, le dará el empujón para levantarlo por la portezuela. Si aparece la luz, le perdonará la vida. Y Lafcadio, inconsciente, perdido en la gratuidad, comienza la cuenta en una instancia lúdica, irrefrenable. Al llegar a doce, la obscuridad sigue densa. Se acerca al pasajero y empuja. El crimen se ha cometido y Lafcadio vuelve a sus pensamientos. Está impávido, tranquilo. El absurdo crece en la noche como la voz al borde del precipicio.
En lo policíaco se verifica la idea más inquietante del hombre: la lucha contra el mal. El autor de un relato policial asume la defensa del bien. La premisa ya estaba en Chesterton (A defense of detective stories, 1901). Sabe un hecho criminoso es hijo del demonio de la arena y el viento. (No olvidemos que los romanos difamaron al terrible Atila con esta denominación). Sabe también que el mal se objetiva en estructuras fantasmales en trasgos que introduce la crueldad para perder al investigador. Pero en la lucha del bien y el mal, el hombre introyecta su fervor inabolible, y termina siendo el héroe. Escribe, de esta manera, la Odisea de nuestro tiempo.
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Tanya de Mikkeli |
Ayer me escribió una chica finlandesa. Se llama Tanya. Es poeta. Dice que leyó mis poemas y que le gustaron. Me mandó su foto y es linda. Todo lo linda que puede ser una chica finlandesa linda. Dice que estudia Literatura Latinoamericana y que está enamorada de mí. Practica ski, voleibol y natación. Me cuenta que vive en Mikkeli a orillas de la bahía de Savilahti, que actualmente estudia en Helsinki. Tiene 20 años y dice que posee disponibilidad para viajar a Chile. No le contestaré ya que estoy ocupado en cosas de mi jubilación. Se lo cuento a mi hijo que me dice: "Papá, yo le voy a contestar, déjamela a mí".
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yoel novoa |

Cuando un hombre muestra a los demás su corazón -sobre todo si un gato loco le mordisquea la nuca-, no debe comenzar por sajarse el pecho y extraer vanidosamente el palpitante órgano motor (tan brillantemente sangriento y personalizado entonces en sí mismo), no Mandrake... no. Eso es peligroso, nunca faltará algún limeño perteneciente al jet set internacional que aproveche la circunstancial palpitación para ejecutar un anticucho fresco al palito virginal. Aunque lo más probable sea que grupo humano de cualquier lugar del mundo, que esté presente ante la ostentación del simbólico músculo ("Aquí tenéis hermanos. Esta es mi verdad"), se lo engulla mediante el guiso beatífico.
O sea, la verdad íntima arrancacorazones, no siempre es recibida como intenta el carozo impulsivo de la acción.
Aquel que quiera mostrar a los demás la colectiva realidad infernal, celestial, o simplemente (culpablemente) pasatiempista de cualquier entorno social humano, desde una flexión ancestral, deberá abrirse el agujero del culo, forceps mediante, para mostrar kilómetros de oscuridad y misterio intestinal desprevenido espontáneo que se encuentre ante el ojete abierto,que si decide adentrarse en las profundidades de la propiedad privada abierta al público, lo más probable sea que no vuelva a ver la luz del mundo, como sabemos que ha sucedido con aquellos exploradores europeos que a principios del siglo 20 se perdieron cuando se introdujeron en los culos abiertos que encontraron reposando en las lomas de Machu Pichu.
La apertura del orto como camino de Verdad, se presta a ser acompañada por versículos de Lovecraft, o cualquier texto pertinente que trabe las acciones de los alocados arquitectos que aprovecharán la magnificiencia abierta de la inusitada estrella marina que parecerá querer hablar, para tramar subterráneos y conexiones los cortocircuitos de la médula espinal que rebotan en planetas cercanos y lejanos, y que para ello, cual enema tipo Niágara o Iguazú, volcarán por la contenida apertura, toneladas de materiales automotrices y personal humano y mascótico especializado; materia grande que de una forma u otra será regurgitada en forma de mierda.
Pero siempre estaremos ante la Tergiversación de la Verdad. Así, bajo el reflejo solar o lunático, todo mesías que se abre de flancos, ignora la verdad que demuestra, y esa es su vanguardia.
Pero siempre estaremos ante la Tergiversación de la Verdad. Así, bajo el reflejo solar o lunático, todo mesías que se abre de flancos, ignora la verdad que demuestra, y esa es su vanguardia.
El hombre y la bestia es un acto teatral que sucede entre los demás, a veces con palabras y a veces a balazos, pero siempre con captación y entendimiento. Es mientras tanto que se acaricia el culo humano con la pluma del pavo real, para que la Cosa parezca imperturbable y en orden.
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Ahora ya es tarde |
MARLENE DIETRICH NO LO FUI
En la época en que tendría que haber sido cabrón no lo fui. En la época en que tendría que haber sido de izquierda no lo fui. En la época en que tendría que haber sido de derecha no lo fui. En la época en que tendría que haber sido del Schalke 04 no lo fui. En la época en que tendría que haber sido mago no lo fui. En la época en que tendría que haber sido ingeniero no lo fui. En la época en que tendría que haber sido ministro no lo fui. En la época en que tendría que haber estado triste no lo estuve. En la época en que tendría que haber sido delator no lo fui. En la época en que tendría que haber sido maricón no lo fui. En la época en que tendría que haber sido astronauta no lo fui. En la época en que tendría que haber sido Almodóvar no lo fui. En la época en que tendría que haber sido misterioso no lo fui. En la época en que tendría que haber sido asesino no lo fui. En la época en que tendría que haber sido Maradona no lo fui. En la época en que tendría que haber sido lagarto no lo fui. En la época en que tendría que haber sido Perico de los Palotes no lo fui. En la época en que tendría que haber sido dictador no lo fui. En la época en que tendría que haber sido bueno no lo fui. En la época en que tendría que haber sido malo no lo fui. En la época en que tendría que haber sido Buñuel no lo fui. En la época en que tendría que haber sido libélula no lo fui. En la época en que tendría que haber sido Miguel Aceves Mejía no lo fui. En la época en que tendría que haber sido pajarito no o fui. En la época en que tendría que haber sido Marlene Dietrich no lo fui. En la época en que tendría que haber tenido la nacionalidad suiza no lo tuve. En la época en que tendría que ser como soy no lo soy. Y ahora; ahora ya es tarde. Viene Bertolt Brecht y me pega un tiro.
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Alejandro Amenábar: El cuadro |
compositor. Su debut en la pantalla grande fue la exitosa Tesis, a la que siguieron Abre
los ojos y Los otros, su estreno en Hollywood.
-¿Y usted a qué se dedica?
El tono de frase hecha casi resultó grosero, pero a Marco no se le ocurría otro modo de empezar una conversación con alguien del que sólo sabía que rascaba compulsivamente el mantel con un tenedor.
-Pues... no sabría qué decirle -contestó el otro con una tímida sonrisa.
Bien, pensó Marco. Era un comienzo ambiguo, ideal para divagar durante la hora escasa que duraría la cena.
-¿Por?
-Digamos que soy coordinador de márketing.
-Ah.
Marco no sabía nada sobre coordinadores de márketing, en realidad no le interesaban lo más mínimo, y aquella conversación habría discurrido por los cauces habituales de correcta monotonía a no ser por un detalle que atrajo su atención.
-Pero lo que de verdad me gusta es la pintura.
Se llamaba Ernesto Calvo, aunque Marco ya no recordaba su nombre. Y en ese momento se arrepintió por no haber puesto más atención cuando fueron presentados.
-¿Es pintor?
-Bueno, sí. Me gusta, pero no vivo de ello.
-Yo sí.
-¿Cómo dice?
Marco era pintor.
Una curiosa coincidencia. La mejor manera de pasar el rato y, por qué no, la velada. Cuando la cena concluyó y Marco volvió a reunirse con Ana, su compañera, le presentó a este hombre pálido y delgado, cercano a los cuarenta, que miraba hacia todos los lados para no fijar la vista en nadie. Lo invitaron a tomar una copa en su casa.
-Así Marco podrá mostrarle algo de su trabajo dijo Ana, incapaz de disimular cierto tono de orgullo.
-Oh, será un orgullo.
-No es gran cosa mintió Marco, pero, como ya le he dicho, vivo de ello.
Ernesto Calvo resultó ser un hombre agradable, buen conversador, a pesar de su aparente timidez y, a juicio de Marco, un gran conocedor de pintura. Por si fuera poco, no escatimó elogios sobre sus obras. La mayoría de ellas estaban basadas en el estudio de la fauna animal. Marco utilizaba técnicas y estilos muy diversos para retratar todo tipo de especies, deteniéndose sobre todo en la expresión de los rostros. Era, según sus palabras, una "búsqueda de lo humano". Potenciaba las miradas y los gestos faciales, intentando crear personajes y arquetipos sociales. El resultado era algo enfermizo, incluso antinatural, pero confería a la obra todo su carácter.
En el centro del taller, cubierto por una sábana, se alzaba el lienzo más voluminoso de todos.
-Es bastante grande. ¿Qué animal representa? ¿Puedo verlo? Ante la curiosidad manifestada por Ernesto, Ana tuvo que aclarar:
-A Marco no le gusta mostrar sus obras hasta que están terminadas.
-Oh, entiendo. Sí, a mí también me pasa.
-De todas formas, ni yo mismo sé bien lo que es. Llevo meses haciéndolo y deshaciéndolo. Sencillamente, no quiere salir.
-Lo mejor en esos casos es parar durante un tiempo y retomarlo más adelante. No es sano obsesionarse.
-Para usted es fácil decirlo. No tiene que entregarlo en una fecha determinada. Yo, como ya le dije, me gano la vida con esto.
-Es un encargo -explicó Ana.
Claro, claro, yo no tengo fechas de entrega, tiene usted razón. Ernesto bajó la mirada, como si se disculpara, y Marco creyó detectar cierto tono de orgullo herido en sus palabras. No obstante, le dedico bastante tiempo, más que cualquier otro aficionado. Me relaja, ¿sabe?
La pintura puede ser una buena forma de terapia afirmó Marco, y en una ingenua asociación de términos añadió:
-Supongo que el márketing debe de generar mucho interés, ¿no?
Ernesto negó con la cabeza y tomó aire, como si se dispusiera a exponer una vieja y meditada teoría.
-Son las manías.
-¿Cómo dice?
-Desde la infancia arrastro una fuerte propensión a las manías. A veces me indigno conmigo mismo, porque soy incapaz de controlarlas. Manías estúpidas, sin sentido, que me hacen perder el tiempo y la energía. Sólo la pintura me ocupa lo suficiente como para olvidarlas. -Todos tenemos manías- apuntó Ana, ligeramente incómoda ante la extraña confesión del visitante.
-Sí, claro, supongo.
Marco pareció de pronto muy interesado. Recordó que él siempre terminaba de subir todas las escaleras con el pie derecho. No importaban los extraños juegos de pasos que tuviera que hacer con tal de que su pierna izquierda fuera la segunda en alcanzar el descansillo. Por supuesto, nadie había percibido aquella peculiar costumbre, fundamentalmente porque con los años había adquirido la facultad para calcular desde la base de la escalera con qué pie pisar para acabar correctamente. Le preguntó a qué tipo de manías se refería.
-Oh, pues... lo cierto es que me daría apuro citar muchas de ellas.
-Entonces no lo haga se apresuró a contestar Ana, las manías sólo tienen razón de ser para el que las padece.
-No, no, ponga un ejemplo insistió Marco.
-Bueno. Hay una que practico continuamente, casi siempre de un modo inconsciente... Prométanme que no se van a reír. Es que... ¡es tan estúpida! Resulta que siempre tengo que terminar de subir las escaleras con el pie derecho. Absurdo, ¿verdad?
Se hizo un breve silencio. Ana se llevó la mano a la boca, recordando que había prometido no reírse. Marco hizo lo mismo, pero con una expresión muy distinta.
-Pues soy capaz -continuó Ernesto -de intuir durante el ascenso con qué pie voy a terminar, y si no es el derecho, rectifico dando una zancada de dos peldaños.
-Tiene usted razón. Es bastante absurdo confirmó Ana mientras buscaba la mejor manera de dar por terminada aquella velada.
Pero la velada no había hecho más que empezar. Al principio, Marco se quedó sin palabras. ¿Era posible que dos personas completamente desconocidas compartieran una práctica tan arbitraria como necesaria en sus vidas?
-¿Por qué hace eso? dijo.
-Francamente, no lo sé.
Marco tampoco. Pero antes de confesar a su invitado que él hacía lo mismo, decidió probar suerte con uno de sus más profundos, extravagantes y absurdos hábitos.
-Veamos. Usted, cuando se va a acostar, ¿cómo coloca el calzado?
-¿Qué quiere decir?
-¿Hace algo especial? Me refiero a...
-Sí, sí. Ahora que lo dice, siempre dejo el zapato derecho un poco más adelantado que el izquierdo.
-¡¿Apuntado ligeramente hacia la puerta más próxima?!
Ernesto le miró con extrañeza.
-¿Cómo lo sabe?
-¡Yo hago exactamente lo mismo desde hace años! ¡Y también lo de la escalera!
-¿De verdad haces eso? Ana dio un paso atrás, como si estuviera ante dos chiflados. Nunca me lo habías dicho.
-Confesarlo es casi tan absurdo como hacerlo, cariño.
-Qué extraño- murmuró Ernesto.
-Sí, es muy extraño. ¡Más aún, es fascinante! El súbito entusiasmo de Marco contrastaba con el gesto escéptico del otro. Quizá eran dos coincidencias demasiado peculiares como para ser tomadas en serio. Quizá Marco Soto, aquel pintor de ojos vidriosos permanentemente aferrado a un Martini, no era en ese momento un interlocutor muy fiable. Quizá sólo le estaba tomando el pelo.
-¿No me estará tomando el pelo?
-¡Pero qué dice! ¿Cómo iba a saber si no lo de la puerta?
-Sí, claro.
-Coincidencias- sentenció Ana, reprimiendo un bostezo.
-Es mucho más que eso- Marco empezó a dar vueltas por el estudio, agitando suavemente su bebida-. Es un acontecimiento, un punto de encuentro, un cruce de personalidades... Esto tiene que significar algo. Quizá... ¡Sí, ya lo tengo! Algo relacionado con la política: derecha, izquierda... -hizo un gesto de balanza con las manos, invitando a Ernesto a decantarse. Éste negó con la cabeza.
-No me interesa la política.
-Seguro que votamos al mismo partido el año pasado. Ernesto ni siquiera había votado. Pero Marco insistía en que aquellas dos manías compartidas implicaban forzosamente un vínculo más profundo.
-¿Qué edad tiene?
-Cuarenta y tres.
Marco, treinta y siete.
-¿En qué mes nació?
-Octubre.
Marco, en junio.
-No, no, tiene que haber algo. Algo en común. ¿Dónde estudió usted? ¿Tiene hermanos? ¿Está casado...?
Unas veces sí, otras muchas no. Las respuestas de Ernesto iban dejando claro que ambos no eran demasiado parecidos, ni siquiera demasiado diferentes. No obstante, estaba claro que a los dos les gustaba charlar, especialmente sobre técnicas de pintura. Aquello no era muy justo para Ana, experta en fisioterapia. Un par de horas después, cansada de mirar el reloj y de servir copas, decidió irse a la cama.
Tuvo un sueño muy intenso, de esos cuya sensación se prolonga durante días. Soñó que a través de la puerta entreabierta del dormitorio se perfilaba el pie derecho de su marido, llegando al rellano de la escalera seguido del izquierdo. Y luego vio cómo se descalzaba y dejaba los zapatos en aquella extraña posición.
Suavemente extraña...
Cuando el rostro de Marco se aproximó para besarla, Ana sintió un escalofrío al descubrir que era Ernesto Calvo.
No supo si despertó por la visión o por el barullo de voces procedente del taller. Marco y Ernesto estaban discutiendo. No habría decidido intervenir de no ser por el ruido de un vaso estrellándose contra el suelo.
Los encontró frente a frente, a ambos lados del enorme lienzo, ahora al descubierto. Ernesto estaba rojo de ira, sudaba y hacía aspavientos con las manos, llegando incluso a tocar algunas partes del cuadro.
-Esto, y esto...¡ Y esto!
Marco, aún con la sábana blanca entre las manos, negaba con la cabeza y casi parecía a punto de sonreír de incredulidad.
-¿Pero no se da cuenta de que eso es ridículo?
-¡No es ridículo! ¡Es un hecho! ¡Es una infamia!
Ernesto sostenía que aquel cuadro era una imitación. El original, repetía una y otra vez, había sido ya pintado por él hacía tan sólo un mes.
-¿Pero cómo, cuándo, dónde iba yo a copiarte? ¿Para qué? ¡Si ni siquiera lo he terminado!
-Ya lo sé, ya lo sé. Tan sólo dos pinceladas de rojo aquí y aquí y su copia estará consumada, ¿no es así?
Marco se apresuró a cubrir de nuevo el lienzo, antes de que el visitante rayara la pintura con las uñas.
-No voy a negar que ambas obras puedan tener el mismo concepto, que empleen técnicas similares, en definitiva, que se parezcan...
-¡No se parecen, son idénticas! Usted pintaba animales y de pronto pinta esto. ¿Por qué ha cambiado de tendencia?
-Ya le he dicho que ni yo mismo sé lo que es. ¿De verdad cree que he decidido fríamente qué es lo que voy a pintar?
-Usted decide fríamente qué es lo que va a copiar. Todo esto es una farsa. Me ha traído aquí con un propósito muy claro. Primero me hace creer que tenemos cosas en común...
-Manías.
-Y me muestra el cuadro para que yo, el pobre aficionado, diga: "¡Oh, sí, es otra coincidencia!".
-¡No es una coincidencia! -Marco subió repentinamente el tono de voz. Aquel individuo empezaba a irritarle. No es una coincidencia porque dos obras de estas características no pueden ser iguales. ¡Es una abstracción, por Dios!
-Vayamos a mi estudio y se lo demostraré.
Ana se vio obligada a intervenir.
-No creo que sea una buena idea. Otro día quizá...
Pero la decisión ya había sido tomada. Marco dejó su copa sobre una mesa y se frotó las manos.
-Por supuesto que iré. Ahora mismo.
Ana agarró a su marido por el brazo y lo condujo hasta un rincón del taller, mientras el visitante descubría de nuevo el cuadro, como si quisiera recrearse en su indignación.
-En mala hora decidí mostrárselo.
-Marco, no vayas.
-Cariño, sólo quiero aclarar este asunto. Ese hombre ha bebido más de la cuenta...
-Tú también.
-Lo que dice es tan absurdo.
-¿Y si es cierto? ¿Y si llegas allí y te encuentras con un cuadro idéntico al tuyo?
-¿Pero qué dices?
-Piensa por un momento en que exista esa remota posibilidad.
-No existe.
-Sí, pero piénsalo. Piensa que quizá sea tan simple y arbitrario como eso.
-¿Cómo qué?
-Como que compartís dos manías... y un lienzo. Escucha, he soñado que...
-Es imposible -Marco remató una a una las sílabas de su sentencia, como si dictara un veredicto.
Luego la besó y se fue.
Ana volvió a ver a su marido una vez más, en el depósito de cadáveres. Él y Ernesto estaban medio calcinados.
Tras considerar varias hipótesis, la policía llegó a la conclusión de que la noche del accidente, después de un violento forcejeo, una de las dos víctimas intentó prender fuego a un enorme lienzo. Las llamas se propagaron por toda la casa del señor Calvo, acabando con su vida y con la de su invitado.
Cuando Ana fue citada para identificar los cuerpos, miró a uno y otro, contuvo un gemido y susurró:
-No sé quién es quién.
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Arrestada "La Familia" |

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karen alkalay-gut |

El príncipe rana
Todas esas princesas recontando las historias de sus vidas,
dando información no disponible previamente,
o sólo tardíamente comprendida, convenciéndote,
pobre lector, de que las princesas de los cuentos de hadas
son gente real también, ¿sabes?, y que como tales merecen
que se cuente su versión. Incluso la mujer que ahora es mi reina,
creo que ha intentado contarlo, explicando
-probablemente- que valía la pena besar una rana
para conseguirme.
Siempre me gustaron bonitas,
lo que dijo Proust: "En cuanto a las mujeres bellas,
se las dejaremos a los hombres sin imaginación",
me hizo dejar de lado a Proust
y elegir alguna sagaz dama de compañía.
Tú sabes lo que le dicen a las mujeres,
"¿Es tan fácil enamorarse
tanto de un rico como de un pobre?
" Voy más adelante. Sólo es posible
realmente sentir algo si ella tiene
un trasero perfecto, senos hambrientos, ojos que parecen tan profundos
como los míos y -éste es un agregado- una continua hambre de mí.
Y no bromeo.
Excepto por mi narcisismo,
soy perfecto, inteligente, buenmozo, rico.
Nunca entenderé por qué esa bruja
me echó una maldición. Por supuesto a menos que
quisiera tenerme y yo
nunca me fijé en ella.
Recuerdo que una vez vino a hablar
antes de que me ranificara,
murmuró algo acerca de Emily Dickinson,
"No soy Nadie, quién eres tú".
Yo estaba ocupado escuchando mi máquina contestadora
cuando ella siguió
"Cuán terrible ser alguien,
cuán público como una rana,
decir tu nombre todo el santo día
a un pantano admirador".
"Tal vez sean los medios de comunicación que arruinan vuestras mentes",
dijo, mirando mi bien surtida biblioteca
de videoclips, "os hace pensar que vuestra identidad
como hombres deriva de la calidad comercializable
de vuestras conquistas femeninas. ¿Qué quieres
de la vida? ¿Cómo obtendrás satis
facción? Dime algo para probar
que vale la pena invertir en tu clase".
No pensé que tuviera que probarle algo
a alguien que no tenía nada que ofrecerme
en el mundo. Tal vez si hubiera sido
una cineasta habría tenido una oportunidad.
Pero decidí darle
el tratamiento silencioso,
generalmente funciona con mujeres que te admiran
y de las que no puedes deshacerte de otro modo. "Despídete de mí
con un beso, entonces, muchacho", dijo,
y yo torcí el rostro y aparté mi cuerpo encogiéndome
como si la edad y la fealdad fueran con-
tagiosas.
Así es que a la mañana siguiente desperté
como un robusto anfibio
hambriento de una charca
y una hoja de loto.
Y leí las instrucciones en mi almohada
acerca de la necesidad de ser besado, abandoné el castillo
y comencé mi búsqueda.
No fue fácil ser verde. Simplemente no existía
para todas esas princesas con labios mágicos.
Tuve que aprender toda clase de trucos
para poder acercarme a ellas. Le conté a una sobre
mi centralidad respecto a la cuisine francesa,
alenté a otra a que viera (ejem)
mi identidad profundamente en mi garganta,
le susurré a otra belleza (defectuosa)
que yo podía curar verrugas.
Incluso la que finalmente lo hizo por mí,
aquella con la bola de oro,
fue timada, arrullada, amenazada,
antes de que eventualmente
cayera en mi trampa.
No me quejo.
Obtuve lo que quería.
y unas pocas noches en el pueblo,
un par de cervezas, un ramillete de rubias,
me hicieron volver a lo que era antes.
La exhibicionista en su boudoir
Si un árbol cae en un bosque
y las cortinas son cerradas
y si los hombres en mi vida y el perro están durmiendo
y si me saco la ropa
al son de la música en mi cabeza
y murmuro a mis amantes imaginarios
todo lo que se pierden
y que necesitan conocer
quién podría decir que yo no soy
el genio, la culminación de todos los sueños de un lector.
Ulises
Hay peligro
aquí
en estas profundidades
que son demasiado suaves
demasiado cálidas.
Hay peligro.
Tal vez surgiremos
perdidos para siempre
para no retornar
nunca a nuestros hogares
| [+/-] |
El pastor de la iglesia |
Cada quince días viene el pastor evangélico a ofrecerme golosinas. Viene de Punta Arenas. Ayer vino y me comentó que se había enterado que escribía. "¿En qué se inspira para escribir?" La verdad que no me inspiro en nada le contesto. Sólo comienzo a escribir y ya está, agregué. "¿Cómo es eso? Como usted escucha; digo esta noche voy a escribir y escribo. No entiendo... o sea que usted llega y escribe y entonces qué escribe. Por ejemplo, supongamos, que usted viene y me dice que se enteró que yo escribo, entonces yo llego me siento y escribo que cada quince días viene un pastor evangélico a ofrecerme golosinas y que se enteró que yo escribo. Y yo escribo sobre aquello. Pero entonces me dice-, es fácil escribir. Por supuesto le digo. Cualquier persona puede hacerlo. Haga la prueba y cambie los términos. Supongamos que usted llega a Punta Arenas y quiere escribir, entonces puede comenzar diciendo que cada quince días llega a Puerto Natales a vender golosinas y allí se encuentra con un tipo que escribe y que le compra sus golosinas. "¿Entonces todos los que escriben hacen lo mismo?" Le digo que no sé, pero que a mí me funciona. Al irse me dice que él pensaba que escribir era una cosa complicada, y que llegando a Punta Arenas empezaría a escribir. Se despide con un: "Que Dios lo bendiga". Yo le digo: "A usted también".
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Aforismos de Lichtenberg |

* Se parecía a Alejandro por la cabeza ladeada, a Cervantes por la bragueta siempre abierta y a Montaigne por no saber sumar, ni con números ni con centavos.
* Hoy le permití al sol levantarse antes que yo.
* Él me desprecia porque no me conoce. Yo desprecio sus acusaciones porque me conozco.
* Varias veces he sido censurado por faltas que mi censor no tuvo el ingenio ni la valentía de cometer.
* Para él el mundo era una muchacha, 150 libros y una perspectiva de una milla alemana de diámetro.
* Si al cielo le pareciera útil y necesario volverme a editar en la vida, me gustaría comunicarle algunas vanas observaciones que se refieren, sobre todo, al dibujo del retrato y al plan general.
* Me dan dolor muchas cosas que a otros sólo le dan lástima.
* Tengo el corazón por lo menos un pie más cerca de la cabeza que el resto de los hombres. De ahí mi enorme equidad. Las decisiones pueden ser ratificadas cuando todavía están calientes.
* A lo largo de mi vida me han otorgado tantos honores inmerecidos que bien podría permitirme alguna crítica inmerecida.
* He vuelto a comer todo lo que me está prohibido y, gracias a Dios, me encuentro tan mal como antes (no peor).
* La pérdida de la memoria me hizo cobrar conciencia de mi avanzada edad. Más tarde atribuí esto a la falta de práctica, luego otra vez a las consecuencias de la edad. A lo largo de toda mi vida he sentido estas oleadas de temor y esperanza.
* El 10 de octubre de 1793 le envié a mi querida mujer una flor artificial del jardín, hechas con hojas de distintos colores que el otoño tiró al suelo. Representa mi estado actual. Pero no se lo dije.
* Solía hablar con gran libertad en sitios en donde ponían caras piadosas y en cambio predicaba la virtud donde nadie más la predicaba.
* Promulgó una Constitución para sí mismo. Elegía auténticos ministros (la Moderación, incluso en una ocasión la Avaricia) que invariablemente eran despedidos.
* Nada nos hace envejecer con más rapidez que el pensar incesantemente en que nos hacemos viejos.
* He notado claramente que tengo una opinión acostado y otra parado.
* Tenía entonces 54 años, una edad en que aun en los poetas- el entendimiento y la pasión empiezan a conferenciar sobre artículos de paz, y por lo general la alcanzan no mucho después.
* Daría parte de mi vida con tal de saber cual era la temperatura promedio en el paraíso.
* Ya que se escribe en público de pecados secretos, me he propuesto escribir en secreto de pecados públicos.
* La cosa cuyos ojos y orejas no vemos y cuya nariz y cabeza apenas vemos, en pocas palabras, nuestro cuerpo.
* En la Tierra no hay superficie más interesante que el rostro humano.
* Cuando el espíritu se eleva el cuerpo se arrodilla.
* Los guisos tienen presumiblemente, gran influencia en el estado actual de la condición humana. El vino externa su influencia de un modo más evidente, los guisos lo hacen con mayor lentitud, pero quizá también con mayor intención. Quién sabe si no le debemos la bomba neumática a una sopa bien cocida o la guerra a una mal cocida. Esto merecería una investigación más acuciosa. Acaso el cielo cumple así grandes finalidades, mantiene leales a los súbditos, cambia los gobiernos y crea Estados libres; acaso son los guisos los responsables de lo que llamamos la influencia del clima.
* Eso que ustedes llaman corazón está bastante más abajo del cuarto botón del chaleco.
* La hermenéutica de la hipocondría.
* Un rostro no se deja analizar en un instante: necesita una consecuencia.
* Nuestro mundo llegará a ser tan refinado que creer en Dios resultará tan ridículo como hoy en día creer en fantasmas.
* Concibo una época en la que nuestras concepciones religiosas parecerán tan extrañas como ahora el espíritu de caballería.
* Por más que se predique las iglesias siguen necesitando pararrayos.
* ¿Creéis acaso que el buen Dios es católico?
* Con los huevos de Pascua sucede lo mismo que con el santo Cristo: en cuanto uno averigua de donde vienen, deja de recibirlos.
* Hay una especie de ventriloquía trascendental con la cual los hombres pueden aparentar que algo dicho en la Tierra viene del cielo.
* Es una lástima que beber agua no sea pecado, clama un italiano, ¡que bien sabría!
* La invención más fácil para el hombre: el paraíso.
* Dios realmente debe querernos mucho, pues siempre aparece cuando hace mal tiempo.
* Todos los maestros de la fe defienden sus teorías, no porque estén convencidos de su verdad, sino porque alguna vez lo estuvieron.
* ¿Cómo habrá sido la conversión de las putas en la antigüedad?, ¿ya habría beatas?
* Cartas sobre la más reciente literatura: y le doy mil gracias a Dios de que me haya permitido volverme ateo.
* En el mundo, los santos han logrado más en escultura que vivos.
* Cuando un libro choca con una cabeza y suena a hueco, ¿se debe sólo al libro?
* La metáfora es mucho más inteligente que su autor, y esto sucede con muchas cosas. Todo tiene su profundidad. Quien tiene ojos ve todo en todo.
* Se diría que nuestros idiomas han enloquecido. Cuando queremos una idea, nos ofrecen una palabra; cuando exigimos una palabra, nos brindan una raya, y donde esperamos una raya, hay una obscenidad.
* Esto debe servirme de advertencia. Como aquel gran escritor francés, de ahora en adelante no daré nada a la imprenta sin que antes lo lea mi cocinera.
* En cierta obra de un hombre célebre preferiría leer lo que tachó que lo que dejó.
* Al prólogo se le podría llamar pararrayos.
* Ahí se aplica a la perfección lo que Butler dice de un mal crítico, sino encuentra un error, lo comete.
* Me han informado que cada vez que escribe una reseña de libros tiene las más poderosas erecciones.
* Los periodistas han construido una capillita de madera que llaman el Templo de la Fama donde todo el día clavan y desclavan retratos, con tal escándalo que nadie escucha sus propias palabras.
* Al escribir mantén la confianza en ti mismo, un orgullo noble y la certeza de que los demás no son mejores que tú, ellos evitan tus errores y en cambio cometen otros que tú has evitado.
* Lo shakespeareano que había que hacer en el mundo, fue, en gran parte, realizado por Shakespeare.
* Está bien que los jóvenes enfermen de poesía en ciertos años, pero por el amor de Dios, hay que impedir que la contagien.
* Siempre es preferible darle el tiro de gracia a un escritor que perdonarle la vida en una reseña.
* Es fascinante escuchar a una mujer extranjera que comete faltas en nuestro idioma con sus hermosos labios. A un hombre no.
* Si pensáramos más por nuestra cuenta, tendríamos muchos más libros malos y muchos más libros buenos.
* Quien tenga dos pantalones, que venda uno y compre este libro.
* Si alguien escribe mal, que más da, hay que dejarlo escribir. Transformarse en buey aún no es suicidarse.
* Aquello tuvo el efecto que por lo general tienen los buenos libros. Hizo más tontos a los tontos, más listos a los listos y los miles restantes quedaron ilesos.
* Hay una clase de hueca habladuría que, a través de expresiones novedosas y metáforas insólitas, da la impresión de ser sustanciosas. Klopstock y Lavater son maestros del género. Como broma, es pasable,, en serio, imperdonable.
* El único defecto de los escritores realmente buenos es que casi siempre ocasionan que haya muchos malos o regulares.
* Uno se resiste a hacer un cucurucho para la pimienta con una hoja en blanco. Si está impresa, uno la usa con agrado.
* Un libro es como un espejo. Si un mono se asoma a él no puede ver reflejado a un apóstol. Carecemos de palabras para hablar con los tontos de sabiduría. Ya es sabio quien entiende a un sabio.
* En nuestros tiempos, donde los insectos coleccionan insectos y las mariposas hablan de mariposas.
* Es verdad que era algo burdo, pero en su sociedad venía siendo como una cebra entre asnos.
* Si bien los peces son mudos, sus vendedoras hablan por todo lo que ellos callan.
* El asno me parece un caballo traducido al holandés.
* Nada más seguro para la mosca que colocarse en el matamoscas.
* El simio más perfecto no puede dibujar un simio. Sólo el hombre puede hacerlo. Pero también sólo él lo considera una ventaja.
* Que el hombre es el ser supremo también se deduce de que ningún otro ha tratado de refutarlo.
* No es que los oráculos hayan dejado de hablar, los hombres han dejado de escucharlos.
* Conozco el gesto de la atención fingida. Es el grado más bajo de la distracción.
* A lo más a lo que puede llegar un mediocre es a descubrir los errores de quienes lo superan.
* Hay ineptos entusiastas. Gente muy peligrosa.
* Estoy convencido de que cada ciudadano de H, conoce a Z, mejor de lo que se conoce a sí mismo.
* En el mundo uno encuentra con mayor frecuencia el consejo que el consuelo.
* Comerciaba con tinieblas en pequeña escala.
* Escribió 8 libros. Hubiera hecho mejor plantado 8 árboles o teniendo 8 hijos.
* Era un pensador tan minucioso que siempre veía un grano de arena antes que una casa.
* No es broma sino la pura verdad que antes de la Revolución los perros de cacería del rey de Francia tenían mejor salario que los miembros de la Academie des Inscriptions. Cf: la Nueva Biblioteca de Bellas Artes, tomo 44, capítulo 2, p. 234. Los perros: 40.000; los académicos: 30.000. Los perros eran 300, los académicos, 30.
* Los franceses prometieron hermandad a las naciones adoptadas. Finalmente sólo tomaron en cuenta a las hermanas.
* Cuando los que mandan pierden la vergüenza, los que obedecen, pierden el respeto.
* El matrimonio, al contrario de la fiebre, comienza con calor y termina con frío.
* Ciertos hombres de mal corazón creen reconciliarse con el cielo cuando dan una limosna.
* Intentar modificar el carácter de un hombre es como tratar de enseñar a una oveja a tirar de un carro.
* A la gloria de los más famosos se adscribe siempre algo de la miopía de los admiradores.
* Resulta imposible atravesar una muchedumbre con la llama de la verdad sin quemarle a alguien la barba.
* La enfermedad es la mayor imperfección del hombre.
* El amor es ciego, pero el matrimonio le restaura la vista.
* Una regla de oro: no hay que juzgar a los hombres por sus opiniones sino por aquello en lo que sus opiniones los convierten.
* El hombre es una obra maestra de la creación, tan sólo porque a pesar de todo su determinismo cree que actúa como ser libre.
* Lo que hace que la amistad auténtica y el vínculo conyugal sean tan fascinantes es la ampliación del yo.
* Como todas las cosas corrosivas, el chiste y el humor deben emplearse con cuidado.
* En mi opinión, la pregunta ¿debe filosofar uno mismo? ha de responderse con una semejante: ¿debe rasurarse uno mismo?.
* ¡Cómo desaparecerán algún día nuestros nombres, detrás de los inventores del vuelo y cosas por el estilo!
* Se podría prescribir una dieta para la salud del entendimiento.
* El género humano sólo celebra lo bueno; el individuo con frecuencia lo malo.
* El hombre tiene un instinto irrevocable para creer que no lo ven cuando él no ve. Como los niños que se tapan los ojos para no ser vistos.
* El hombre ama la compañía, así sea la de una vela encendida.
* Jamás hay que creerla a quien asegure algo con una mano en el corazón.
* Es cierto que no puedo hacerme mis zapatos, pero, señores, no permito que me escriban mi filosofía.
* En cada facultad universitaria debería haber al menos un hombre muy capaz. Si las bisagras son de buen metal, lo demás puede ser de madera.
* Nada me molesta más en mi conducta que tener que ver el mundo como un hombre común, pues sé que lo ve de manera equivocada.
* Una vieja regla: un descarado puede parecer discreto cuando quiera, pero nadie que sea discreto puede parecer descarado.
* Nada se juzga con tanta ligereza como el carácter y en nada hay que ser más cuidadoso. Siempre he notado que las malas personas mejoran al conocerlas mejor y las buenas empeoran.
* Cualquiera aceptaría que las historias obscenas propias tienen un efecto mucho menos peligroso que las que se le ocurren a los otros.
* Pitágoras pudo, merced a un solo descubrimiento, sacrificar medio centenar de bueyes. Por todos sus descubrimientos, Kepler se hubiera dado por satisfecho con dos bueyes.
* Siempre he visto que la ambición voraz y la desconfianza van juntas.
* Cierta clase de personas traban fácilmente amistad con cualquiera, y luego se aprestan a odiarlo o a quererlo otra vez. Si se piensa en el género humano como un todo, donde a cada parte le corresponde un sitio, estos hombres se convierten en piezas faltantes que se puede colocar donde sea. Entre esta clase de personas rara vez hay grandes genios, aunque es a quienes con mayor facilidad se les toma como tales.
*Ante una obra menor siempre pienso: es sólo un librito de patrullaje que busca el sitio donde pueda anclar uno mayor.
* Nuestra vida es comparable a un día de invierno. Nacemos entre las 12 y la 1, no amanece sino hasta las 8, oscurece antes de las 4 y morimos a las 12.
* Unas cuantas docenas de millones de minutos hacen una vida de 45 años y algo más.
* ¿Qué será del género humano antes de que desaparezca? El mundo bien puede rotar como hasta ahora por otro millón de años, en cuyo caso 5000 años serán como ¼ de año en la vida de un hombre de 50, apenas 1/12 del tiempo que pasamos en la universidad, ¿Qué hice el último cuarto de años? Comí, viví, hice experimentos eléctricos, escribí almanaques, me reí al ver un gatito, jugué con muchachitas y así transcurrieron 5000 años del pequeño mundo que soy yo.
* Ahí a su lado, ella se veía como un lagrimero etrusco o una jarrita de porcelana de Meissen junto a un tarro cervecero de zinc.
* Los relojes de arena no sólo nos recuerdan el rápido transcurrir del tiempo sino también el polvo en el que alguna vez nos convertiremos.
* Sí, las monjas no sólo tienen un estricto voto de castidad sino también fuertes rejas en sus ventanas.
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leonora vicuña |

EBRIAS AGUAS
Hacia las ebrias aguas de la noche
me lleva mi velero empecinado
por el barrial de un mundo desolado,
de esta ciudad que hierve como un broche.
Dan vuelta las ruletas del derroche
de este país que yace aniquilado
que olvida su presente y su pasado,
y donde sólo gana el vil Fantoche...
Vieja ciudad, navego en tus orillas
tus aguas de tugurios y de bares
sumidos en la luz de las polillas.
Mi barca se detiene en esos mares
donde naufragan las almas sencillas
que hacen llorar a Cristo en los altares...
Santiago de Chile, 1981
DAMAS CEBOLLAS
A Stella Díaz, poeta y amiga
Estas dulces cebollas calderanas
que hacen llorar a las damas talquinas
agonizan en sórdidas vitrinas
colgando como lánguidas campanas.
No saben que alto el sol en las ventanas
anuncia las fatales guillotinas
que suelen relucir en las cocinas
de las finas señoras casquivanas
También ellas colgadas algún día
del largo cordón de su pasado
aguardarán temblando el mediodía,
en que el diestro cuchillo de Dios Padre
desarme para siempre su tinglado:
¡Llorad entonces, solas y sin madre!
Santiago de Chile, 1983
ELVIS PRESLEY
Gardel del rock and roll y del gemido,
sudando ron en gotas escarlatas
bajo la noche plástica desatas
la sobredosis blanca del olvido.
El tango que renace en tu latido
volviendo al ring del blue y a las mulatas,
transforma sus polleras en fogatas
que giran embriagadas de sentido.
Ya no eres más el rey del firmamento
del escenario ardiente en las pantallas
donde viene a vivir por un momento
la dulce melodía que ahora callas
bajo una loza fría de cemento,
¡Gardel del Rock and Roll que me desmayas !
LA HORA DEL LOBO
Es la hora del lobo.
La madre cierra suavemente las persianas.
Salen de sus oscuros escondites las polillas,
las baratas.
Puertas adentro la ciudad se recoge
en su desesperanza.
En el silencio total que nos inunda
un suspiro puede ser una amenaza.
Los lobos rondan las calles abandonadas.
De pronto: disparos y un grito a la distancia.
El corazón se agita.
Los ojos se dilatan.
Nadie se mueve.
Nadie dice nada.
Pero todos sabemos
en la tibia oscuridad de la casa
que alguien esta noche ha caído en una trampa.
Santiago de Chile, 1982
MUJERES
La Dama, la Garzona, La Cualquiera,
La de la Vida, Nadie, la Picante,
La niña del bolsón y la del guante,
La más perdida o la feliz niñera.
La Madre, la Dolores, la Sincera,
La dulce amiga o la mortal amante,
La que en sus ojos guarda algún diamante,
O la que lleva un arma en su cartera:
Todas en fin, Señor, somos decentes
Aunque jugamos con la picardía
Y nos hacemos siempre las prudentes.
¿Qué más será un pecado en esta vía
Perder el norte por un hombre ardiente?
¡Hasta una monja desfallecería!
NOCTURNO 1
La vacía luna
y el vacío mundo.
Sola la noche inmensa
desborda
de su savia profunda y olorosa
la perfecta
Rosa de la Nada
que deshoja el Tiempo.
NOCTURNO 2
Apuntas con el dedo al lucero en la ventana.
Esa estrella ha estado apuntando
toda la noche
con su ojo de diamante
tu pequeña y vacilante existencia.
NOVIAS ESPUMAS
Espumas de los mares que en las rocas
hacen anillos de sal, hacendosas,
son las sirenas que esperan ansiosas,
lucir sus blancos encajes y tocas.
¿Qué bergantín no esperan estas locas
espumas de los mares, blancas rosas,
romper en mil astillas venenosas
besándole a los náufragos las bocas?
Como novias desnudas en las aguas
a todos los viajeros enamoran
luciendo sus estelas como enaguas.
Y bajo el ruedo brillan las espadas
que clavan tan sonrientes, aunque lloran,
dueñas del tiempo, damas de la nada.
Santiago de Chile, 1980
ROSA
En una habitación abandonada
contemplas una rosa de ceniza.
¿Es una mancha de cal o de tiza
o sobre el muro tinta derramada?
Perdura un leve instante dibujada,
en tus pupilas su forma precisa.
Mas luego es una imagen que se triza,
una ilusión que yace desolada.
Tus ojos quieren ver la eterna rosa
donde tan sólo el polvo y el olvido
habitan en silencio cada cosa.
Y aunque estás sola y todo lo has perdido
hay una mancha clara y amorosa
que para tí en el muro ha florecido.
Lyon, Francia. 1983/84
SOLA
¿El espejo está vacío o está roto?
No hay nada.
Viejos sueños.
Las sombras son más vivas que lo vivo.
Lo vivido es más real que lo real.
Sola.
En una ciudad desteñida como tarjeta postal,
cruzas un puente infinito
de la mano de un poeta loco
hacia Pimlico.
Ahí van los leones rosados
en la corbata de Jorge Teillier
entrando al Italo un domingo sucio y gris
en Santiago de Chile.
¿Para qué recordar?
Estás en el mismo día y a la misma hora de siempre.
No hay nada como el tiempo para no pasar.
No hay nada.
Sólo viejos sueños.
BOITE ZEPPELIN ` 81*
Bailan las gordas estriptiseras en la boite negra
bailan las rubias pordioseras agrias marineras
bailan las estrellas de papel diamante las botellas
y las trampas bailan
al son de las putas las trompetas
lucen la carne flagelada por noches que degüellan
esperando la música acabe justo
en el momento de poner
el sexo sobre la silla y no se vea
no sea cosa que de las mesas salgan sombras que se prendan
bailando como ellas
para tocarlas, gordas estriptiseras,
no sea cosa que vengan de la calle las panteras
los gordos oficiales charreteras, metrallas y banderas...
Bailan entonces de nuevo escondiendo el sexo
las gatas ululantes las bomberas
luciendo los mordiscos moretones
los golpes
los crespones las ojeras
mientras pasa la noche borracha cantinera
y el Zeppelin se cierra como una tumba abierta.
* Referencia a la conocida boite nocturna santiaguina del barrio Mapocho.
| [+/-] |
Pamela, Gabo, T.S.Elliot, etcétera ... |

| [+/-] |
En este país de insomnes turbulencias |
Nunca tuve casa, paciencia ni olvido,
Fui perro entre los perros, lobo entre los lobos,
Todas las puertas me fueron cerradas
En este país de insomnes turbulencias
En donde el más débil es devorado
Por ancestrales matones de cobalto,
Poco a poco fui engullido por hienas,
Por feroces tigres hambrientos,
Por la negra noche del anonimato.
Cada dos por tres me fueron crucificando,
Endilgándome motes ridículos,
Fui expulsado de todas las parroquias
Tratado de gusano por familiares cercanos
También por mujeres de amplias caderas.
Y fui tapado por excrementos,
En cada esquina era apaleado por poetas
Que me enrostraban mi poco apego
A las musas caballerescas.
Fui paria entre los parias,
Fui lejos el peor de todos,
Cercano amigo de los fusiles
Hermano de la comadreja
Y padre de todas las injurias.
Me acusan de reverenciar el desdén,
De asociarme con notorios cardenales.
Ahora, ahora ya es tarde para el vuelo del moscardón
Mientras tomo impulso desde el último piso.
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Teresa Wilms Montt |
Inmaculada Decepción muestra algunos fragmentos de su Diario.
DIARIO II
Fue una época simpática y desgraciada.
Vivíamos en un hotel de mala muerte, pero el mejor del puerto, rodeado de toda clase de hombres, extranjeros y chilenos, comerciantes, médicos, periodistas, literatos, poetas, etcétera. Una vie de boheme, más o menos.
La noche era para charlar, el día para dormir, la tarde para escribir.
Yo era la única del sexo femenino en aquellas reuniones y así era demasiado consentida, pues todo me lo celebraban. Yo abusaba del licor, de los cigarrillos, del éter, etc, etc. También me gustaba ideas anarquistas y hablaba con el mayor desparpajo de la religión (en contra), y participaba de las ideas de la masonería. Escribía para los diarios, daba conciertos. Mis visitas eran a los hospitales, a las imprentas, acompañada de una tropa de médicos pijes y de pijes sin oficio, que me adulaban por las nubes.
Entré de lleno a esa vida que no conocía y que me era interesantísima.
Adquirí gustos poco correctos pero agradables y para ser una mujer poco vulgar, con una aureola novelesca. Todo el mundo me quería.
Nuestras noches eran alegres y sentimentales, se declamaba y se tocaba la guitarra.
Se hablaba de Azorín, de Sócrates, de Rouge de Lisle, de Baudelaire, etc, y en esos temas, llegaba el día, y el sueño.
El poeta Silva (Víctor DomingoSilva), que era el sobresaliente en nuestras reuniones, me hacía versos delicados y pasionales, yo los recitaba después, con todo mi arte para emocionarlo.
Es cierto, mi temporada (tres años en el Norte) constituyó una gran experiencia... Alí aprendí a vivir la verdadera vida. Conocí lo que es para las mujeres de mi clase un misterio, la verdadera miseria material y moral; los corazones y las pasiones bajas, mezquinas y grandes, los vicios... Y todo lo que conoce un hombre. Mi alma salió pura de la prueba, pero asqueada y con un fondo de amargura eterna.
Mi opinión sobre las mujeres es tristísima y muchas veces me avergüenzo de ser mujer... Sin ser malas, lo aparentan, son débiles, orgullosas, profundamente estúpidas y vanas. ¡Son animales de costumbre!
Los hombres, son malos de veras, viciosos, insensibles y egoístas. Son incapaces de un sentimiento delicado, que no sea para ellos mismos; pero son superiores... Cuando los veo elegantísimos, irreprochables, diviso a través de su indumentaria al mono, a la bestia carnívora, hambrienta y lujuriosa.
Mi padre (Guillermo Wilms Brieba) manda advertir que si salgo de este convento no cuente con nada de lo que él me da para vivir: se me dan todas las facilidades, para que yo, desesperada, cometa una incorrección y me vaya contigo, Jean!
No quiero que mi amado, que mi ídolo, me desprecie; renuncio a él! Y hago el sacrificio de quedarme en este convento para probarle que mi amor es inmenso y puro, y que yo deseo, ser amada y estimada como una mujer de bien.
Y a estos inhumanos cobardes sin entrañas los aplastaré con mi conducta. Han querido hacer de mí una pervertida y se encontraron con que puedo darles lección de nobleza. Renunciar a Jean me costará la vida; lo siento porque él estáadherido a mí como mi propio corazón, pero quiero que él no sufra una desilusión de la mujer que ha querido y que ha imaginado superior!...
Creo en Dios y creo en ti, Jean. Sé que ambos comprenderán mi conducta y mi sacrificio.
Mon Jean, idole de ma vie!
Aquí están tus cartas extendidas bajo la caricia de mis ojos. Las estoy bebiendo una por una, saboreando en ellas tu cariño. El único cariño que tengo en la vida!...
Te prometo mucho amor y una abnegación a jamais!
He dormido mal, muchas pesadillas y sobresaltos. Los zancudos, músicos infatigables, me hicieron su auditorio durante seis horas.
Los ingleses, franceses, rusos, austríacos, serbios, italianos, etc, etc, han librado una sangrienta batalla en el fuerte de Vichoffits, y a mí me ha tocado una bala con tan mala suerte que me tiene frita.
Tengo hambre. Con profunda pena, mis ojos miran el lánguido desayuno, natación de moscas, y no me atrevo a mandar al estómago, lo que ha sido baño de tan poco aseadas doncellas.
Las galletas parecen suelas de botas militares, menos mal me las como; pero a la mantequilla no me le atrevo; creo que no tendré la resistencia como un cañón de escopeta.
El anisette murió hace ya días, e hizo su tumba en la ambarina ánfora de Paul, y en la menos ambarina de Tejita.
El cognac marca "Tigre" saca las uñas ferozmente y deja huellas. Las reverendas religiosas tienen buen ojo (sobre todo para estas cosas) y pueden hacer comentarios poco chic.
Miro al espejo mi cara de gato flaco de pelo romano (pintado horroroso), y me da furia de verme tan fea. Los ojos ya no tienen brillo; sus dos globos azules empañados, donde se conoce el abandono en que viven. Cansados de mirar lo mismoy de llorar., guardan la apariencia de una ruina lastimosa. Mis ojos no tienen luz propia; necesitan como la Tierra de la luz del sol, los rayos de los ojos tuyos; ojos de oro animadores que les dan vida y calor.
¿Qué he hecho hoy? Nada, nada y nada. No he pensado en Vicente ni en mis hijas; he estado embrutecida, tendida sobre la cama, mirando el techo, con la mente vacía...
Me vengo a charlar con mi confidente creyendo despertar la imaginación pero en vano. No puedo desarrollar una idea y mi estado físico es el de un animal rendido de caminar.
Un diario me impuso de mi madre, que está muy enferma. Esta noticia no me ha inmutado, como si se tratara de una extraña. Estoy perdiendo un poco el corazón y la sensibilidad.
No tengo sueño pero me voy a la cama; antes destaparé mi última botella de cognac para dormir siquiera.
Vida imbécil de animal degenerada, infame! ¡Me está perdiendo todas mis energías, aquí toda mi alma! Vamos emborrachándonos hasta adquirir otro vicio, y después morir.
Las mujeres somos vehementes, y por eso inconstantes.
El hombre es mil veces mejor organizado; ellos esperan... Cuando un ser femenino desea una cosa vive, agoniza, muere por conseguirla! Y en su cabeza no hay otro pensamiento. Cuando lo consiguen vienen casi inmediatamente el hastío y el desencanto! Nosotras somos locas insaciables de ideales, y uno tras otro, sin descanso ni tregua hasta que la vejez pone término al fuego de la imaginación y de la fantasía...
La mañana está preciosa. Su frescura ha calmado mis nervios, quebrados por el insomnio.
Fui al jardín cuando el sol comenzaba a bostezar para levantarse: estaba todavía el suelo brillante con las perlas del rocío que había llorado la noche. Recogí un ramito de flores olorosas y después de dar unas cuantas vueltas, acariciando los gatos que dormían tendidos por allí, me volví a mi celda para rezar y escribir. Y aquí estoy.
Recién se levantan las monjas a su tarea: las oigo afanarse en el corredor y en la cocina, ágiles, rebosantes de vida y de la santa tranquilidad que les da Dios.
Anoche no pude cerrar los ojos; estuve nerviosísima, triste, con deseos de arrancarme al corredor para respirar aire puro. Prendí la vela a las dos de la madrugada y me puse a leer medicina hasta las cuatro y cuarto, hora en que bajé al jardín a medio vestir. Como de costumbre, mis pensamientos de anoche eran para Vicho. La hora, mi soledad, el estado de mi espíritu, hacían que lo recordase intensamente con ese delirio que me toma a veces, y me deja extenuada. Su retrato que está siempre bajo mi almohada cuando me retiro a la cama, fue anoche mi confidente. Hablé con él como si pudiera oírme, le dije las más suaves ternezas, los términos más agitadores que brotaban de mi corazón
Mi pasión es fatal e indomable. Inútiles son las secretas luchas de mi espíritu por dominarla. Ella triunfa de mí y me hace sentir su mordedura con toda la fuerza que ha adquirido en mi propio corazón.
Soy una pobre mujer débil e incapaz. No quiero pensar en él y me convenzo de que el no querer mío es querer más, y me desespero de mi impotencia para vencerme.
El recuerdo de mi Jean no me deja un instante, lo llevo dentro de mi alma como el ser espiritual de ella misma. Lo amo mucho, profunda, inmensamente, pero en mí algo ha muerto... Una cuerda se ha roto, una fibra se ha trizado.
Rezo y espero en Dios, pero nada para la tierra; mucho, mucho para el más allá y...
¡Mis hijas! Mis purísimas criaturas de las cuales son tan indignas y despiadada madre. ellas que llevan la savia de mi ser, algo o todo de mi corazón! Las recuerdo, pero en mí hay algo más poderoso que la poderosa voz del amor materno, el amor a Jean! Imploro al cielo su bendición de ellas, y para mi la muerte si mi deshonra ha de hacerlas desgraciadas. En esta noche apacible y dulcemente triste, me parece que mis ruegos llegan más intensos y fervorosos a Dios. Llevan todo el dolor de mi miseria, y la cariñosa esperanza del perdón!
Gustavo:
Si Ud. de acuerdo con mi familia y la suya, y sin que pueda originarles más tarde remordimientos de conciencia, estiman que mi deber es hacerme pasar por loca, teniendo mis facultades mentales mejores que nunca, no tendréinconveniente en pedir un certificado a uno de los tantos médicos de orates que llegan a este monasterio.
Aun más, y por infinito amor a mis hijas, si cree Ud. que con mi vida puede salvar su reputación, y con ella el nombre que heredarán, aquí la tiene a su disposición y con todo gusto
Thérese
No puedo estampar en mis páginas lo que siento.
Ayer me alejé de ellas por estar bajo la influencia de sedantes.
Hoy mi cabeza está bien pero mi alma ha desaparecido. En su sitio queda una piedra venenosa de reptíl ávido de venganza, un gusano vil que no puede más que arrastrarse.
El amor de mis hijas que debía enaltecerme, me hace descender hasta el más inmundo precipicio.
Me voy para no volver jamás. Iré donde no pueda perseguirme el dolor y desengaño de mi Vicente. Jamás pensé, ni en el delirio inmenso de mi dolor, que nuestro amor tendría un fin así. Mi pluma tiembla en la mano de rubor, mi corazón llora con el llanto de un criminal cobarde ante el patíbulo. No sé de mi existencia más que por un profundo sentimiento de hastío. ¡Sí, me voy. Ya no espero nada! Seré un autómata, seré una miserable ruina ambulante, seré una maldición viva.
Llegué a New York. Fui tomada prisionera en el vapor. Cuatro detectives estuvieron guardándome. No me dejaron desembarcar y me encerraron con llave en el camarote... por graves sospechas de espionaje al servicio alemán.
Estupefacta, apenas me lo puedo explicar.
El día 4, a causa de la primera letra de mi apellido, fui la última en desfilar ante la prsencia de un empleado que acompañado detectives y oficiales revisaba los pasaportes.
Al leer mi nombre el representante de la autoridad yanki me miró de la cabeza a los pies, y sin hacerme pregunta alguna, ordenó en voz alta a un subalterno que me acompañara en calidad de detenida.
¡Me muero! Al decirlo no experimento emoción alguna, por el contrario, me inclino curiosamente a contemplar el hecho como si se tratase de un desconocido.
Si tuviera la capacidad de estudiar el fenómeno, podría asegurar que es mi conciencia la que ha desaparecido debilitando mis sensaciones corporales, hasta hacerme creer que el cuerpo sólo vive por recuerdo.
No hay médico en el mundo que diagnostique mi mal; histeria, dicen unos, otros hiperestesia. Palabras, palabras, ellas abundan en la ciencia.
Al escribir estas páginas una fuerza sobrenatural me ordena que imprima en ellas un nombre. ¡No, no lo diré, me da miedo!
Cuando aparece este nombre en mi círculo nebulosos, se levantan mis manos con lentitud profética y fulguran bajo la noche con estremecimientos sagrados.
¿Me muero estando ya muerta, o será mi vida muerte eterna...?
Extraño mal que me roe, sin herir el cuerpo va cavando subterráneos en el interior con garras imperceptibles y suave.
¡Me muero!
Quiero reposar en la tierra solamente envuelta en una sábana o si es posible en un pedazo de tierra de la fosa común...
Dejo a mis hijas Elisa y Sylvia todas mis buenas intenciones, es lo único que poseo y mi único tesoro.
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Enrique Wernicke |















