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Mi prima Alejandra |
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Hoy vino Rosario y preguntó por mí |
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Una conducta recurrente |
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Quisiera conocer una mujer |
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omar viñole |

Por Yoel Novoa
De Viñole me gustaba su improperio, su forma de incorporar la puteada sensible a la expresión literaria. Alguien lo consideró a él junto a Baron Biza, como a los "únicos" dos escritores malditos argentinos.
Nunca entendí bien el significado de "escritor maldito". Los malditos oficiales del occidental siglo XX, fueron Henry Miller y Ferdinand Celine... y la palabra maldito funcionaba como reactivo de ventas. Personalmente, creo que tanto Miller como Celine se conformaban con que el vulgo los denominara "hijos de puta" y a otra cosa, mariposa.
En el caso de Viñole, llamarlo "maldito" es mear fuera del tarro. "Marginal" sería más adecuado pues marginal es el país mismo que parió al escritor. Me refiero a cultura marginal dentro del imperio de la boludez cultural. Al hoy reconocido Arlt, se lo tuvo por un periodista que no sabía usar la gramática, que escribía mal.
Sucede que el imperio de la boludez es muy fuerte y cuando lo atacan, contraataca. La mediocridad paga cerebros brillantes para mantenerse en su fatuidad.
El pobre Viñole apareció en medio desta maroma, embriagado de mesianismo y talento panfletario. Le llamó la atención a muchos (Neruda entre ellos) pero siempre lo tuvieron como un marginal que buscaba ser escuchado mediante el box o los paseos con su famosa vaca por el centro de la ciudad. Viñole era veterinario y paseaba por calle Florida a su vaca en el horario que él sabía que el animal tenía que mover el vientre, colmando de mierda la vía pública. Enfrentaba a la policía: "Arresten al animal, no a mi. Él es el que está cagando no yo". Viñole paseaba la vaca para concertar gente a su alrededor y transmitir a la humanidad, cachos de su ética. Hizo lo mismo peleando (peleó con algo así como "el hombre montaña") en el Luna Park y lo cagaron a golpes.
Cuando en mis lides de librero caía a mis manos algún ejemplar viñolesco, era una fiesta. Las tapas eran geniales y las barbaridades incorporadas en el texto, más geniales aún. Cumpliendo con la ley de la subsistencia, siempre vendí lo que encontré de él. Sus libros siempre los vendí más caros que cualquier libro "normal".
Un día conocí en una casa de la Boca a Armando Mertens, hijo del escritor sainetero Federico Mertens, y discípulo de Omar Viñole.
Don Armando me vendió todo lo que tenía de Viñole, aparte de rarísimas primeras ediciones, fotos y cajas llenas de manuscritos y mecanografiados. Incluso un retrato al óleo que lo representaba (excelente trabajo).
Me vendió todo por monedas, pues don Armando tomó mi gusto por Viñole por una coincidencia astrológica donde yo sería el ser encargado de retomar el mensaje de Viñole para transmitirlo al mundo "de una vez por todas".
Me comprometí con don Armando a publicar una monografía sobre Viñole (que curiosamente sería este presente trabajo que me pidió Hugo Vera, y mi promesa data de 20 años atrás). Pero el buen discípulo de Viñole quería más... Esperaba que yo fundara una iglesia donde Viñole ocuparía el lugar de Cristo y entonces la redención popular sería un hecho.
Por años mantuve el paquete viñolesco en mis manos. La promesa a don Armando, bife de chorizo y vinacho mediante, fue seria.
El análisis de los manuscritos me defraudó. El mensaje era mínimo aunque supermesiánico crístico. Siempre rescatable, pero me frenó el peronismo deslumbrado del escritor. Viñole fue uno de los que vió en el general Perón al redentor del pueblo argentino y se volcó a ensalzarlo, hasta que se defraudó y volvió a Cristo y sus trompadas con los personajes culturosos que se le ponían en el camino.
En fin... El tintero está lleno de Omar Viñole.

FORMAS DE PREPARAR UN ENGRUDO
Hay una cosa brutal, que es tener hambre! Hay otra mayor aún. Ella es tener hambre en un país extranjero, cuyo idioma no se posee. Pero un hambre que supera a estos dos, es el de un hombre que le habla a otro hombre del mismo idioma y éste no le comprende.
¡Disculpen! ¡Esta meditación se me cayó!
¡Fue sin querer!
De este mismo Vignole contaré que una vez desafío a un luchador de catchascan. Aceptado el desafío por el profesional, fijó la noche del encuentro en un Luna Park repleto. Mi amigo apareció puntualmente con su vaca, la amarró a una esquina del cuadrilátero, se despojó de su elegantísima bata y se enfrentó a "El Estrangulador de Calcuta".
Pero aquí no servía de nada la vaca, ni el suntuoso atavío del poeta luchador. "El Estrangulador de Calcuta" se arrojó sobre Vignole y en un dos por tres lo dejó convertido en un nudo indefenso, y le colocó, además, como signo de humillación, un pie sobre su garganta de toro literario, entre la tremenda rechifla de un público feroz que exigía la continuación del combate.
Pocos meses después publicó un nuevo libro: Conversaciones con la vaca. Nunca olvidaré la originalísima dedicatoria impresa en la primera página de la obra. Así decía, si mal no recuerdo: "Dedico este libro filosófico a los cuarenta mil hijos de puta que me silbaban y pedían mi muerte en el Luna Park la noche del 24 de febrero".
Pablo Neruda: Confieso que he vivido. Memorias
Seix Barral- 1974
¿Quién fue Omar Viñole?
Texto inédito del discípulo de Omar Viñole, don Armando Mertens

"Todos somos iguales siempre que el Creador lo haya dispuesto y no los hombres".
"Somos apenas obreros de cosas inacabadas que el Hombre completará al final de los siglos".
"No hay un solo hombre contemporaneo que no sea criminal de guerra. Todos hospedan en su corazón sentimientos de muerte y de venganza".
"Yo acuso a todos los hombres de este siglo".
"El hombre de la vaca señaló la crisis de la fe en los hombres".
"El único enemigo de Perón es la geografía argentina".
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Le dije yo |
Ché; me dijo el tipo. Al decírmelo comprendí inmediatamente que venía a matarme. Qué tal le dije yo. Lo sorprendí. Era evidente que tenía que ganar tiempo. ¿No te acuerdas de mí?. Claro que sí le dije yo. Tú sabes a lo que vengo. Tengo el dinero le dije yo.
Joaquín me dijo anda y dile que la droga o el dinero. No tengo la droga y sí el dinero le dije yo. Bueno pasame la guita y acabemos esto. Le entregué los billetes y un disparo en la frente. Andá a cagar le dije yo.
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Estamos condenados a desaparecer |
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Para mis Blog Friends |
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jerigonza |

Manuel Ruiz "Manili", de Sevilla, hizo su presentación en Barcelona. Muy animado con los jacos. En la última sangría tumbó al picador y al jamelgo. Fue muy mal palitroqueado. Tenía el astado tanto temperamento que le fue difícil pararse con él, aunque lo pretendió reiteradamente...
(La Vanguardia, 12 de julio de 1974. Barcelona)
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No tengo ningún título para este post |
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Marro y el traductor |
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Michael Foucault y Witold Gombrowicz |
Desde el mismo momento en que Gombrowicz empezó a escribir se dedicó a destruir a alguien para salvarse a sí mismo. En "Ferdydurke" atacó a los críticos para distanciarse del sistema de la episteme occidental. Sus ataques a los poetas, a los pintores, a los poetas y a París también estaban dictados por la necesidad de apartarse de esa episteme.
"Me moría de vergüenza al pensar que sería un artista como ellos, que me convertiría en un ciudadano de esta ridícula república de almas ingenuas, en un engranaje de esta terrible maquinaria, en un miembro de este clan".
Gombrowicz también se sumía en profundas meditaciones pero en vez de insultar a los polacos empezó a darle golpes a la episteme.
A medida que pasaban los años sus palabras escritas se fueron distanciando de Gombrowicz, y él mismo y sus rebeliones, poco a poco, se convirtieron en literatura. La ley que formuló tardíamente dio la vuelta al mundo: cuanto más inteligencia, más estupidez, una ley que se le podía aplicar entonces perfectamente a él también.
No podía agarrar a la episteme por la garganta y luchar contra ella pues su rebelión sería absorbida fatalmente por su mecanismo; no hay nadie, al fin de cuentas, que aún consciente de su absurdidad, no forme parte sin embargo de la episteme. Esta impotencia de Gombrowicz para divorciarse de una episteme que había inventado Platón con el propósito de distinguir la opinión simple de la fundada, lo lleva a hacer declaraciones drásticas.
"Posiblemente sea injusto y algo cruel que mi alta vocación haya estado marcada por una falta de ilusiones tan terrible, por una lucidez tan implacable. La ira que me acomete cuando pienso en artistas como Tuwin, D’Annunzio o incluso Gide, ¿no estará relacionada con el hecho de que ellos, a pesar de todo, eran capaces de leerle a alguien un texto suyo sin esa desesperante sospecha de estar aburriendo? También pienso que un poco de conciencia de lo que llamamos la importancia social del artista me hubiera sido más conveniente que esta certeza mía de ser socialmente un cero, un marginal"
La estupidez del sistema de comunicación que reemplaza a la comprensión por los malentendidos que provoca el refinamiento del lenguaje, y la estupidez que produce la erudición por la falta de un lenguaje que le permita a la gente expresar los conocimientos incompletos, es decir la ignorancia, llevaron a Gombrowicz al descubrimiento de que cuanto más tiende nuestro espíritu a liberarse de la estupidez y a dominarla, más parece pegarse la estupidez a la condición humana.
El esfuerzo del pensamiento por purificarse de la estupidez está, entonces, en contradicción con la organización interna del género humano, y la episteme occidental es incapaz de contestar a la estupidez porque le parece insolente.
¿Pero de dónde le sale a Gombrowicz este brote de fobia epistemológica? El joven Foucault estaba deslumbrando a los franceses con sus compromisos políticos, sexuales y filosóficos, y así como cuando uno piensa en Gombrowicz piensa en la forma, cuando uno piensa en Foucault piensa en la episteme.
Después de leer "Lecciones preliminares de filosofía" de Manuel García Morente, Gombrowicz adquirió la costumbre de decirle a sus amigos que la filosofía se había acabado, que el profesor García Morente lo aclaraba todo, que no había ya ningún misterio desde Platón hasta Husserl, y que sin misterios no existe la filosofía.
En las primeras páginas de esa obra, tan importante en aquella época para los estudiantes argentinos, aparece una palabra que le resulta atrayente, episteme, un vocablo al que recurría con cierta frecuencia en nuestras conversaciones del Rex, no tanto porque lo fascinara el significado que tiene, sino por su sonido. Vamos copiar el pasaje del libro en el que se encontró con esa episteme, y a ver si averiguamos por qué se le quedó tan grabada.
"Esta duplicidad de sentido en la palabra ‘saber’ responde a la distinción entre la simple opinión y el conocimiento bien fundado racionalmente. Con esta distinción entre la simple opinión y el conocimiento fundado inicia Platón su filosofía. Distingue entre lo que llama doxa, opinión, un saber que tenemos sin haberlo buscado, y la episteme, la ciencia, que es el saber que tenemos porque lo hemos buscado"
La episteme, seguramente, le quedó zumbando en la cabeza, y muchos años después vuelve a ella en los diarios.
"Finalmente tengo que formular (pues veo que nadie lo hará en mi lugar) el problema fundamental de nuestro tiempo, aquel que domina por entero toda la espisteme occidental. No es el problema de la Historia, ni el de la Existencia, ni el de la Praxis, o de la Estructura, o del Cogito, o del Psiquismo, ni ninguno de los otros problemas que han ocupado el campo de nuestra visión. El problema capital es: cuanto más inteligencia, más estupidez (...)"
"Vuelvo a este problema, aunque ya lo he abordado en muchas ocasiones... La estupidez que experimento –cada vez más y de manera cada vez más humillante–, que me agobia y me consume, ha aumentado mucho desde que me acerqué a París, la ciudad más estupidizante del mundo"
Sí, en París se hablaba del existencialismo, de la música de Schönberg o de teorías físicas que sobrepasaban las posibilidades de comprensión de los buenos burgueses parisinos. París es más culto que Santiago del Estero, pero precisamente por eso, más tonto.
La episteme occidental no puede solucionar los problemas del sistema comunicativo, ni siquiera puede registrarlo porque está por debajo de su nivel. Roland Barthes le sale al cruce a Gombrowicz y se pone a favor de la episteme.
"La escritura no es más que un lenguaje, un sistema formal (una verdad que lo anima); en un cierto momento (que puede ser el de nuestras crisis profundas, sin otro fin que cambiar de ritmo lo que decimos) este lenguaje siempre puede ser hablado en otro lenguaje; escribir (a lo largo del tiempo) es tratar de descubrir el mejor lenguaje, el que es la forma de todos los otros"
Gombrowicz piensa que a Barthes y a muchos otros escritores no les falta descaro, no se asustan de ninguna escalada verbal, siempre que no les produzca vértigo.
Para poner las cosas en su lugar Gombrowicz relata lo que en su juventud le había contado una amiga, pone al relato como ejemplo de que el miedo a la insolencia enmudece a la episteme: –Mientras estábamos merendando en la terraza apareció el tío Szymon; –¿Pero, cómo?, si Szymon hace cinco años que yace bajo tierra; –Exacto, vino del cementerio con el mismo traje con que lo enterramos, saludó a todos los presentes, se sentó, tomó un té, charló un poco sobre las cosechas y se volvió al cementerio; –¿Cómo? ¿Y vosotros qué hicisteis?; –Nada, qué puede hacerse, querido, ante semejante insolencia.
"He aquí por qué la episteme occidental no es capaz de replicar: ¡es algo insolentemente estúpido!"
Todo lo que concierne a la naturaleza del hombre, salvo los misterios trinos, suele dividirse en dos: el cuerpo y el alma, la tierra y el cielo... Gombrowicz, siguiendo él también la línea binaria del pensamiento, eligió la inmadurez y la forma. En su visión del mundo irreverente y libertaria la cultura y las ideas juegan un papel paradójico pues lo ponen al hombre en el camino de la inmadurez en vez de hacerlo crecer. No son las ideas las que mueven a las personas sino las funciones, un pensamiento fundamental del estructuralismo que apareció bastante después de que Gombrowicz empezara a darle vueltas a esta nueva manera de ver las cosas.
Antes de observar cómo Gombrowicz pasa de la episteme al estructuralismo vamos a recordar que el término estructura suele traducir al vocablo alemán Gestalt y por ello se habla de gestaltismo lo mismo que de estructuralismo.
La noción de estructura está muy vinculada a las nociones de forma y configuración por lo que no resulta nada extraño que, aunque no fuese nada más que por razones morfológicas, las ideas de Gombrowicz estén vinculadas al estructuralismo.
Cuando conocí a Gombrowicz en el Rex asistí a varias discusiones en las que el Alemán lo acusaba al Polaco de que sus concepciones de la forma estaban copiadas de la Gestalt. A Gombrowicz no le disgustaba esta analogía pero le respondía que su concepción de la forma era más bien asimilable, en el campo lógico, a una contraposición entre el método analítico y el método sintético de descomposición y recomposición de elementos, y le ponía como ejemplo el "Filifor forrado de niño", una historia en la que luchan dos partes antitéticas alrededor de un eje central en la que triunfa la función sobre la idea.
Para no complicar las cosas vamos a decir que el estructuralismo es una teoría común a varias ciencias humanas, como la lingüística, la antropología social y la psicología que concibe cada objeto de estudio como un todo cuyos miembros se determinan entre sí, tanto en su naturaleza como en sus funciones, en virtud de leyes generales. Antes de que surgiera la moda del estructuralismo Marx ya había intentado establecer científicamente las condiciones de la estructura social que, según su concepción materialista, estaba determinada por el modo de producción y por las relaciones entre las clases sociales sobre la que se apoya la superestuctura institucional, jurídica, moral e ideológica de la sociedad. Y también Freud había elaborado un modelo estructural para dar cuenta del inconsciente reprimido con su sistema del yo, del ello y del super yo.
Y, además, antes de la moda estructuralista, Saussure diferencia en sus estudios sobre lingüística a la "lengua" del "habla", considerando a la lengua como un sistema de signos independiente del uso que de él hace el individuo, habiendo sido esta idea la inspiradora del estructuralismo. Durante las décadas del 40 y el 50, la escena filosófica francesa se caracterizó por el existencialismo, fundamentalmente a través de Sartre, aparecen también la fenomenología de Husserl, el retorno a Hegel y la filosofía de la ciencia. Pero hay algo que cambia en la década del 60 cuando Sartre se orienta hacia el marxismo y surge una nueva moda, el estructuralismo. Strauss en la etnología, Lacan en el psicoanálisis, Althusser en el marxismo y Foucault en la epistemología, por decir algo, aunque él no se reconocía como estructuralista.
Gombrowicz afirma que él era estructuralista treinta años antes de que apareciera el estructuralismo. Puntualiza que afirmaciones tales como: "ya no se actúa, uno es actuado, ya no se habla, uno es hablado", características del estructuralismo, son equivalentes a las de "El casamiento": "No somos nosotros quienes decimos las palabras, son las palabras las que nos dicen a nosotros", y que esta coincidencia no es incidental, toda su obra tiene sus raíces en el drama de la forma. Si en afirmaciones como: "Tal como yo lo veo, el hombre es creado por la forma, creador de la forma y su infatigable productor", cambiamos el vocablo forma por estructura, queda demostrado lo que había que demostrar.
Gombrowicz consideraba que en cierto modo era estructuralista del mismo modo que era existencialista, que se hallaba ligado al estructuralismo por la afirmación de la forma.
Si la personalidad se crea entre los hombres, en el marco humano que la define, entonces es natural que sea una función de un sistema de dependencias cercano a lo que llamamos estructura. Pero el mundo de los estructuralistas, si bien tiene analogías con el suyo, es también su contrario. El estructuralismo tiene sus raíces en la etnología, la lingüística, las matemáticas, y en una acepción más amplia como la de Foucault, en la epistemología, mientras que el estructuralismo de Gombrowicz es artístico, procede de la calle y de la realidad de todos los días, es práctico, y por ser práctico se halla cercado por la angustia y la pasión.
La literatura de Gombrowicz no era un derivado del estructuralismo, una derivación muy común en esa época, en forma independiente había llegado a conclusiones similares a partir de un estado de ánimo diferente, de otras experiencias, en otro plano. Lo que los separaba contaba más que lo que los ligaba.
"Yo, individuo privado y concreto, odio las estructuras, y si descubro la Forma a mi manera, es precisamente para defenderme de ella"
Gombrowicz quiso darle una lección al último de los estructuralistas o, mejor dicho, al primer postestructuralista, a Michael Foucault. Nos dice que desde su especial punto de vista Foucault tiene razón cuando anuncia el eclipse del hombre, su gradual liquidación. Sí, el hombre desaparece, pero solamente para Foucault, en el estricto campo de su teoría. Sin embargo, una fórmula no pude ser más que una fórmula y el agujero que atraviesa el razonamiento de los estructuralistas terminará por engullirlos. En la ciencias exactas se puede razonar en contra de la más evidente realidad cotidiana y personal, pero en las ciencias humanas no ocurre lo mismo.
"Foucault se propone destruir al hombre en el episteme. ¿Pero para qué? Para afirmarse en su personalidad, para ganarle la batalla a los demás filósofos, para llegar a ser un hombre eminente. Henos aquí nuevamente ante la simple realidad. Admiro la ciencia puesto que soy ignorante (como ustedes, señores, y como Sócrates), pero me temo que esa pequeña palabra llamada ‘yo’ no se va a dejar eliminar tan fácilmente, porque nos ha sido impuesta con demasiada brutalidad"
En una entrevista para el Cahier l’Herne, Foucault declaraba, pocos días después de la muerte de Gombrowicz:
"No tengo aquí los textos de Gombrowicz, y es a él a quien hubiera apuntado en este momento. Ahora que, muerto el perro, se acabó la rabia, ¿de qué serviría?"
Gombrowicz alcanzó la fama tardíamente y este retardo en el reconocimiento produjo una falta de balance. En efecto, mientras Gombrowicz llenó muchas páginas de sus escritos refiriéndose a Borges, a Sartre a Foucault..., ellos apenas registraron su presencia.
"Sí, sí, por supuesto, me he informado. Una ‘estructura’ estructuralista no es lo que yo entiendo por ‘forma’, y, puede creerme, he leído aquí y allá un poco de Althusser, Lévi-Strauss, Foucault, Marx, Lacan, Goldmann... ¡Sepa que estoy a la última moda aunque no esté seguro de cuál... hay demasiadas! (...)"
"Pero en los estructuralistas la cosa es muy diferente, ellos buscan las estructuras en la cultura, yo en la realidad inmediata (...)"
"Mi forma de ver las cosas estaba directamente relacionada con los acontecimientos de aquel entonces: hitlerismo, stalinismo, fascismo... Estaba fascinado por las formas grotescas y espantosas que surgían en la esfera de lo interhumano destruyendo todo lo que hasta entonces había sido venerable. Era como si la humanidad estuviera atravesando un cierto estadio para entrar en otro: el de una elaboración consciente de la forma. En adelante el hombre podría ‘hacerse’, se fabricaban la verdades a voluntad, y los ideales, los fanatismos e incluso los sentimientos más íntimos... El hombre fue para mí como una abeja, que secretaba continuamente no la miel sino la forma. Se modelaba en el vacío"
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Adolfo Bioy Casares: Sábato |
Creo que Sábato se acercó a mí con mucho respeto, ingenuamente persuadido de su papel de escritor bisoño, frente al escritor consagrado. Por eso incluyó sin siquiera vacilar su articulito sobre La invención de Morel en su primer libro de ensayos Uno y el Universo. Me pregunto si con el tiempo no se arrepintió de esa inclusión o si habrá pensado estoicamente: Quod scripsi, scripsi.
Yo mismo me encargué de bajar del pedestal en que mi protegido me había puesto. Por modestia, por buena educación, por temor de parecer fatuo, le aseguré que mis escritos eran bastante chambones. "Hago lo que puedo, pero tengo la misma conciencia que usted (o "que vos" si ya lo tuteaba) de mis límites". Cuando publiqué Plan de evasión, Sábato apareció en casa arrebatado de admiración y me pidió permiso para mandar a Sur una nota sobre el libro. Tan perfectamente lo convencí esa tarde de que "el libro no era para tanto" que publicó poco después en Sur una nota neutra, indiferente, desde luego desprovista de todos los elogios que le boché o le contradije. Sin embargo estoy seguro de que llegó a dudar de la sinceridad de mis juicios sobre mis escritos porque en una conversación exclamó: "Ya estás con tu humildad china".
Un día me trajo (ya estaba viviendo yo en la casa de la calle Santa Fe, donde ahora vive Alicia Jurado) el manuscrito del Túnel "para que se lo corrigiera". Me pregunto por qué en el trato de escritores hay tantos malentendidos ¿por falsas modestias? ¿por una vanidad que siempre merodea, como un chacal hambriento? Lo cierto es que leí con lápiz colorado el librito y, según mi costumbre (en ese tiempo corregía las traducciones de El séptimo círculo y de La puerta de marfil), lo corregí casi todas las veces que fue necesario. Cuando Sábato vino a retirar su novela, comprendí mi error. Él venía dispuesto a recibir elogios por un gran libro; yo le devolvía un librito, plagado de errores de composición, que no podían corregirse (como esa patética imitación de Huxley, la discusión sobre las novelas policiales que interrumpía el relato) y con las páginas garabateadas de elementales correcciones en rojo: correcciones de palabras, como constatar, de sintaxis, etcétera. Nuestra amistad, que nunca fue del todo espontánea, empezó a deteriorarse.
Recuerdo lo que me dijo un día mientras sucesivamente orinamos en el baño de casa: "Cómo te envidio. Vos andás por la calle sin que nadie te moleste, sin que nadie te reconozca. Yo voy por la calle y la gente me señala con el dedo y exclama: 'Ahí va Sábato'. Es horrible. Estoy muy cansado".
Adolfo Bioy Casares, Descando de Caminantes, Editorial Sudamericana, 2001.
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Carta a Kuitca |
Por Fernando De Gregorio
Querido Guillermo David:
No sé cómo empezar esta carta de disculpa y amistad. Ante todo debo decirte que has influido mucho en mí y, por si fuera poco, has influido en la cultura occidental y estás en la plenitud de la vida. Yo apenas debo ser una anécdota en tu vida, pero al menos espero que tu recuerdo sobre mí sea bueno. Sé bien que la fama no te obnubiló y tenés la humildad de los primeros años, cuando nos conocíamos, y dabas tus primeros pasos en las galerías porteñas. No me imagino lo difícil que debe haber sido tener reconocimiento como artista plástico tan precozmente, a los veinticinco años.
A principios de los ochenta yo buscaba cualquier excusa para estar cerca tuyo. Veía tu gran inteligencia, la alegría de venir de una familia fuerte y de profesionales. ¡Cómo recuerdo tu risa grave, estentórea, cual cascada hilarante! Ambos estábamos fascinados con Borges, vos especialmente. Yo lo descubriría mejor unos años más tarde. Tener la influencia de Borges (vos te sabías de memoria poemas de ese genio) creo que es sinónimo de calidad. Borges es y era la inteligencia y el humor. Seguro que por estar en la élite del arte latinoamericano, la conocés a María Kodama, que debe ser una gran persona.
Y en esos primeros años aciagos de los ´80, cuando los militares eran nazis, nosotros filmábamos en Super 8 tu obra. Yo había filmado mucho, pero no tenía gran experiencia, a pesar de estudiar en el I.N.C.A.A. y el resultado fue de novato y de admiración desmedida.
Traté de hacer una edición en mediometraje, y vos, junto al gran Fabián Lebenglik, me ayudaron a sonorizarla con Schumann, Art Ensamble of Chicago, Billie Holliday, entre otros. El resultado era agradable y te llevaste la película en tu primer viaje a Europa y creo que por timidez no se la mostraste a nadie, ni a Antoni Tapies.
¡Ay, Guillermo: que bueno era ir a la Cinemateca de la Sociedad Hebraica Argentina y a la Sala Lugones! Vos absorbías mucho mejor que yo esas joyas del cine que vimos, como Bergman o Kurosawa.
Mi situación era precaria, lo sigue siendo, a pesar del título de médico, porque mi padre, el cirujano, falleció en el ´67 y nunca me repuse de su ausencia. Tuve una buena madre, pero católica, y eso siempre fue un problema.
Actualmente, mi madre, hace veinticinco años que vive con el Ingeniero Herzel Hartenstein, amigo del Che Guevara y que estuvo en Cuba.
Creo que mi mayor ofrenda de amistad hacia vos la hice cuando trabajé en la obra teatral que hiciste con Carlos Ianni, "El mar dulce", en el Teatro Planeta. Fueron ocho funciones. Yo estaba en primer año de medicina leyendo más clásicos que ciencia médica, lo que siempre hice, darle importancia a los clásicos de cualquier época y lugar, incluida la Biblia. Fue muy importante en mi vida esa obra teatral underground. Era hermosa. Hasta mi cara psicoanalista fue a verla. Era el año ´84.
A partir de allí, para superar ideaciones suicidas, me dediqué de pleno al estudio médico y en el ´88 tuve mi único gran amor, Elizabeth, que fue mi buena y temperamental compañera de dieciocho años. La perdí hace dos años y la extraño horrores; pero, como dice Fabiana Cantilo, "Nada es para siempre".
Nubes I de Borges ("Los conjurados")
"No hay una sola cosa que no sea una nube
lo son las catedrales de vasta piedra
y biblícos cristales
que el tiempo hallanará.
Lo es la Odisea, que cambia como el mar. Algo hay distinto cada vez que la abrimos".
Guillermo: lo más doloroso de esta carta es recordarte que te insulté en el ´99 con palabras groseras, fuera de mí, llevado por iracundia infantil, cuando me dijiste por teléfono desde tu hermosa casa de Belgrano "R" que el film que hicimos en el ´80 lo habías extraviado. Lo único que puedo decir a mi favor es que estaba en una crisis psicótica (soy paciente bipolar desde el ´94), luego de separarme temporalmente de mi ex mujer y abandonar la medicación.
Sé que las palabras son piedras y que como dice Borges "la mejor venganza es el olvido". Pero te ruego que no me olvides y me des una oportunidad de tratarnos como amigos, sin tedium vitae, aunque haya pasado tanto tiempo y tengamos destinos tan distintos.
Gracias a Alejandro Margulis, desde el 2000, he vuelto a Ayesha y, allí, él me publicó dos libros en Internet. Es posible que pueda imprimirlos. De hecho he escrito cinco libros y voy por el quinto cortometraje de mi segunda época. Filmo con ayuda de gente de dinero.
¡Cómo me gustaría que vieses lo que estoy filmando desde el 2001! Son proyectos de poco vuelo, pero sinceros y algunas situaciones dramáticas están logradas, en mi humilde opinión.
Venís de una familia judía y sé que los judíos no otorgan el perdón fácilmente. Pero te ruego que reconsideres tu silencio y me permitas volver a tratarte, aunque sea esporádicamente y sin tedium vitae, ya que me imagino lo ocupado que estarás.
Gracias, Guillermo, por haberte conocido. Siempre serás un Norte en los días sin brújula.
Lo reitero:¡Cuán en deuda estoy contigo!
Para finalizar esta carta no es mucho lo que tengo que decir.
Gracias a Andrés Castro lo conocí a Alejandro Kuropatwa. Una vez, allá por el ´99, antes de que te insultara, Alejandro me puso un poco paranoico cuando le hablé del filmecito en Super 8 sobre vos del año´80. El me aconsejó que antes de entregarte el film hablase con su abogado. No le hice caso.
Sigo creyendo que no era necesario y que Dios sabe lo que hace cuando pasan cosas así.
Mil perdones,
siempre tu amigo, Fernando
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Nunca fui un buen chico |
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Los números no cuentan |

Observador distante y meditabundo, en sus relatos transmite conmiseración por sus personajes entumidos, con una mirada cálida que les da el abrigo que claman desde el desamparo. En estas páginas circulan sobrevivientes de los congelamientos reales y metafóricos. Personas y animales; personas que a veces parecen animales; y animales que parecen personas, en páginas que rechazan desde una escritura que funde la ética y la estética- la brutalidad innecesaria y que asume la "cojera moral" que todos podemos tener.
Como evitando el asombro, con toda naturalidad como si lloviera, como si nevara- la narrativa de Juan Mihovilovich nos introduce en atmósferas de locura y precariedad humana, ofreciéndonos escenas que rozan los esperpéntico, como aquella en que llega al mundo Ruperto. Permítanme citar ese párrafo, como si fuera un cuento independiente:
"Algo raro hubo en su nacimiento, toda vez que un gallo casi desplumado y enflaquecido hasta los huesos daba las cuatro de la mañana cuando su madre sintió algo suave y blandengue escurriéndosele por entre las piernas al ir a orinar al pozo del patio. Ruperto, picoteado por las aves y arrastrado del cordón umbilical más de treinta metros sin que su madre notara ese trayecto, logró al fin emitir algo semejante a un llanto humano y graznido de gaviota. Solo entonces ella miró incrédula cómo ese feto de seis meses y medio hacía ademanes de defensa ante las gallinas que lo escrutaban indecisas entre cada picotazo".
El mundo humano y deshumanizado que surge de estas páginas es como un bestiario donde las personas se pueden mimetizar con un gato o un perro o una planta, cuando el olor de la muerte está en el aire y hay lugares donde el silencio duele y los espacios de la rutina nos visten de anonimato. El hombre extraño, el pordiosero, el loquito, el espantapájaros, el preso, el internado, el viejo abandonado, el solitario acechado por las sombras, el que responde a un número más que a su nombre verdadero; esas personas diferentes que provocan susto y cuya cercanía incomoda a los normales es el protagonista que se potencia en un colectivo al revisar el conjunto del libro. La marginalidad como la procesión- va por dentro. Hay una coherencia en este libro que representa bien la mirada de Juan Mihovilovich. Se potencian los cuentos individuales, configurando una sola obra que responde a una voz distintiva que enorgullece a nuestra generación.
También, celebro la poeticidad en la paradoja del título:" los números no cuentan", construido con ese humor socarrón de Mihovilovic que late levemente en todos su relatos. Obviamente nuestro narrador confía más en la palabra que en los números; más en el nombre que en el código de barras; más en la persona que en la serialización deshumanizada.
Y qué privilegio contar con Juan Mihovilovichy sus palabras que cuentan y sus cuentos. Contamos con todo ello y con esa mirada silenciosa. Se nota que este escritor como algunos de sus personajes que miran por el ojo de las cerraduras- se entretiene observando y observándose, un escritor que, además, se conoce el nombre de los pájaros y que "después de contar los jilgueros", canta.
Jorge Montealegre Iturra.
agosto 2008.
Cuentos escogidos de Juan Mihovilovich. 241 páginas. Mosquito Comunicaciones 2008.
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Una mañana en Punta Arenas |

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De Natales para el mundo |
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El diario de Micaela Marulanda |

Martes, 15 de Julio (Yo no creo en dios)
Pero, puede ser que este sea el fin de los tiempos, como lo fueron todos los siglos anteriores, debemos decir claro, sin calentamiento global. Lo segundo es que en el sueño nadie se daba vueltas a gritarme nada, no había respuestas, sólo unos segundos de silencio antes de despertarme. Tengo la escondida esperanza que todos estuviesen de acuerdo conmigo o al menos respetasen mi postura. Lo cual sería un gran avance.
Después me volví a dormir y soñé que me echaban del trabajo.
mmarulanda40@gmail.com
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yoel novoa |
S
Dospardos denuncia enfáticamente a los organizadores de la robótica Microsoft y Google. Es como demasiado evidente la crítica sobre los tamices ideológicos que invitan al consumidor a entrar en ellos y una vez que los adictos se encuentran engranpados sin posibilidades de escapar, idealizan haber pactado con Satanás. Esa es la denuncia de Dospardos, que seguramente se publicita así por el normal desempeño comercial implícito en la publicación deste tipo de libros.
Conciente que aquí se trata de la resaltación de lo efímero y que para entender los intringulis deste moderno sistema de exterminio, habría que estudiar los paganismos precristianos hasta los fundamentalismos más recientes (estudiarlos en serio, o sea darles por lo menos la integridad de una vida).
No por nada los manuales de robótica que se precian de tales, están redactados en sánscrito y los más divulgados, en arameo o latín vulgarizado.
Isac Dospardos es divertido, repitiendo asimilaciones de esoterismos de comienzos del siglo XX, dice al lector: "No indague el porqué destas cuestiones. No están a su alcance de comprensión. Escriba un comentario en un blog cualquiera. Dé su vida en la expresión y no abrevie, extiéndase. Cumpla con los requisitos de ordenación. Oprima "publicar comentario" y el texto desaparecerá en el éter. No quedará el mínimo rastro, el exterminio será absoluto. Permanecerá sí en la memoria, que será parcial y rencorosa. Pero del texto: ¡Nada!
Lo leí a Dospardos, porque en la reciente adquisición que realicé hace cosa de un mes, de la biblioteca de un importante semiólogo fallecido, Comentariospuntocom se encontraba en uno de sus estantes.








