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Dios |
Cada día que pasa pienso que Dios es un ser
absolutamente superficial,
algo que en definitiva
no tiene nada que ver conmigo.
Un ser lleno de arrogancia hermética,
drogado todo el tiempo
con ojos azules fijos al infinito.
Sordo, ciego y pueril, arrogante a más no poder,
y a su vez infantil, una mierda de tipo.
No tiene conciencia clara de su obra,
de la cagada que ha hecho.
Solitario en su cumbre, viejo, tonto, sin bañarse,
balbuceando incoherencias.
Se arrastra de un lugar a otro, maldiciendo su suerte,
le tocó ser el primero y sabe que nunca se lo perdonaremos.
Aúlla por las constelaciones estelares
pidiendo clemencia, quedándose dormido,
emborrachándose. Solo. Completamente.
Pordiosero del espacio. Siempre solo,
como una puta a las siete de la mañana.
Ilustración de Javier Molinero.
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poesía
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Yo no soy Amélie Nothomb |
T
odo el tiempo es lo mismo. Viene gente y me pregunta. Generalmente miento cuando me preguntan. Me preguntan, si estoy escribiendo algo. Digo que sí. Que llevo escritas cinco novelas y estoy trabajando en la sexta. Que considero que la sexta es la mejor. Se trata de un viaje en tren por la Patagonia. Es un equipo de fútbol chileno, que borrachos, se dirigen a jugar un partido a la ciudad de Río Gallegos, en Argentina. Casi 300 kilómetros de impactante relato. Relato de oscuridad, muerte y violencia. A todos les digo lo mismo. A todos les miento. Es que siempre me preguntan lo mismo. Qué estás escribiendo ahora. No sé. Se imaginarán que uno es Amélie Nothomb. Ella confiesa que lleva escritas 65 novelas y ha publicado 17, o algo así. Yo no soy ella. Yo no soy Amélie Nothomb. Yo sólo soy Hugo, el de la esquina, que no escribe una mierda. Que se masturba y toma cerveza. Que se despierta con resaca. Que se despierta con resaca y ganas de matar a los que le preguntan, qué está escribiendo ahora.
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Voy por las cantinas de sueños rotos |
Voy por las cantinas de sueños rotos.
Me abstraigo en misterios grises oxidados.
Cada día que pasa me acerco más al olvido,
mi sombra olvidada en los rincones.
Regalo un gastado verso para cada mujer de ocasión.
Mi corazón es una uña encarnada.
No doy abasto ante tanta miseria.
Ha llegado el tiempo de vivir sumergido.
No tendríamos que habernos conocido.
Soy el vaivén de tus noches de insomnio.
Tú la dalia evanescente
de mis noches de hastío.
De una cosa estoy seguro,
ninguno de los dos morirá de amor.
No seremos leyenda, ni mito ni recuerdo entre las brumas,
ni siquiera la huella de un paso sobre la nieve.
No seremos nada. Olvido. Un viejo tren sin conductor
que solitario viaja rumbo al olvido.
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Así comenzaron todos los asesinos en serie |
C
ada hombre tiene su precio. Es que el mío debe ser nulo. Pan, queso y vino. Incluso no en grandes cantidades. Un lugar apacible y nada. Un par de libros. Un par de amigos. La música. Un poema de Hikmet. El momento preciso que dije que te amaba. Ya lo ves. Nada. No pretendo nada. Mi precio es menos que cero. El resto se da cuenta de mi no-valía. Por lo tanto me tasa. Me tasa en nada. Y así voy por el mundo. Cada día más nada. No haciendo ruido. No despertando a los ángeles. Levitando antes que caminando. Desapercibido absolutamente. Nada importante por ninguna parte. Ninguna declaración a la prensa. Arrinconado en un rincón. En una esquina naranja. En el último lugar del Mundo. En la Patagonia. Lugar de hombres valientes. De marineros audaces. Y yo allí. Cobarde de mí. No implorando nada. Sin Dios ni clemencia. Todos afanados. Y yo allí. Nada. Mi misión cada día es decir, buenos días, buenas tardes. Y luego nada. A veces pasa un tornado. Una gaviota. Un relámpago. Luego nada. Como mi vida. Nada. Pienso que así comenzaron todos los asesinos en serie. En lugares en donde nunca pasa nada. Ya sea Londres, New York o Puerto Natales. Lugares en donde nunca pasa nada. Nada.
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Esos perfectos desconocidos |
V
ueltas y vueltas alrededor de la noria. Y no hay nada en ninguna parte. En ninguna parte hay nada. Nadie escucha. Todos hablan. Todos quieren contar su historia. Puentes cortados. Señales que indican peligro. Sólo se trata de escuchar y no hay nadie. No hay nadie en ninguna parte. Mudos sobrevivientes de la nada. Te vas a la cama y acaricias a una mujer que está a punto de quedar dormida. Una vaca sería más receptiva. Te vas a la cama y acaricias a un hombre que está a punto de quedarse dormido. Un bisonte sería más receptivo. Al día siguiente irás al trabajo. Allí no hay nadie. Por el camino un desierto de almas desoladas. Miradas huecas que preanuncian desolación. Muertos vivientes que saludan cual mimos. Y ya pronto el día se acaba. Nos volveremos a ver seguramente. Con el corazón destrozado. Girando nuevamente alrededor de la noria. Las chances de ser felices es nula. Si comprendemos esto comprenderemos el resto. Por mientras, brindo por ti y por mí. Todo el resto es un silencio plano e inabarcable. Es lo que quería decirte. Mañana caerá la nieve y seremos felices. La felicidad dura sólo mientras cae la nieve. Nos iremos a la cama y seremos esos perfectos desconocidos. Una vaca y un bisonte.
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El hombre más bueno del mundo |
- Es la misma canción.
- Si te gusta otra te puedes marchar.
- La elegancia no es tu característica
- No eres tú precisamente la que puede dar cátedra sobre elegancia.
- Recuerdo cuando me regalabas flores.
- Dejé de hacerlo cuando te vi comiéndolas.
- Tú siempre vas a ser el jovencito de la película. Ya no te luce aquello, estás viejo. Todas tus chicas están jubiladas. No haces más que volver una y otra vez a Buenos Aires. Un Buenos Aires que ya no existe. Tampoco eres el que antes fue. Sólo sombra de una sombra. Un muerto viviente. Podrías dedicarte a escribir necrológicas. Seguro que no te has dado cuenta, pero hoy encontré un diente tuyo entre las sábanas. Mírate al espejo. Ya sé que hace años no lo haces. La impresión te matará. Ya no te quedan amigos. Nadie viene a verte. Estás solo y te lo mereces por hijo de puta. No sabes cómo tratar a una mujer. Tienes un cero en delicadeza. No sabes cómo te odio. Pero también sé que te quiero. ¡Oh mi Dios! No sé qué hacer. Eres un miserable de mierda. Me haces sufrir.
Mientras la estrangulaba no sentía nada. Luego al enterrarla en la quinta como abono para las patatas, tampoco sentí nada. Más tarde, un poco más tarde y tranquilo, mientras fumaba y escuchaba la misma canción, me sentí el hombre más bueno del mundo.
- Si te gusta otra te puedes marchar.
- La elegancia no es tu característica
- No eres tú precisamente la que puede dar cátedra sobre elegancia.
- Recuerdo cuando me regalabas flores.
- Dejé de hacerlo cuando te vi comiéndolas.
- Tú siempre vas a ser el jovencito de la película. Ya no te luce aquello, estás viejo. Todas tus chicas están jubiladas. No haces más que volver una y otra vez a Buenos Aires. Un Buenos Aires que ya no existe. Tampoco eres el que antes fue. Sólo sombra de una sombra. Un muerto viviente. Podrías dedicarte a escribir necrológicas. Seguro que no te has dado cuenta, pero hoy encontré un diente tuyo entre las sábanas. Mírate al espejo. Ya sé que hace años no lo haces. La impresión te matará. Ya no te quedan amigos. Nadie viene a verte. Estás solo y te lo mereces por hijo de puta. No sabes cómo tratar a una mujer. Tienes un cero en delicadeza. No sabes cómo te odio. Pero también sé que te quiero. ¡Oh mi Dios! No sé qué hacer. Eres un miserable de mierda. Me haces sufrir.
Mientras la estrangulaba no sentía nada. Luego al enterrarla en la quinta como abono para las patatas, tampoco sentí nada. Más tarde, un poco más tarde y tranquilo, mientras fumaba y escuchaba la misma canción, me sentí el hombre más bueno del mundo.
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El ángel exterminador |
E
ra un tiempo de violentos desembarcos. De rutinas implacables de nostalgias. Derroteros inciertos encallados. En la miasma de lo volátil. Era el tiempo que solía pensar que la Tierra giraba en torno mío. Era el tiempo de profanar iglesias. Era yo una de la siete cumbres más altas. Aquel presente estaba hecho a mi medida. Podía disputar el hueso a cualquier perro. Era yo el único que podía salir de la casa del ángel exterminador. Una panda de rufianes seguía mis pasos. Me emborrachaba por cantinas atrabiliarias sin destino. Me enfrentaba a la policía y a maleantes enfurecidos. No daba un céntimo por Cristo o el Diablo. Tuve amores con una monja. Amé a la puta más puta del pueblo. Dos caras de una misma moneda. Fui condecorado y condenado. Caminaba por las calles del pueblo y era Bruce Springsteen. Y era Rimbuad. Y era Gilles de Rais. Luego algo pasó. No sé. Me cuesta entender. Tiene que haber pasado algo. No recuerdo. Choque de planetas. El muro de Berlín. El fusilamiento de Ceausescu. Algo pasó. No sé qué pasó. Ya no fui el mismo. Pasaron veinte años. De pronto pasaron veinte años. Y no me di cuenta. Y ahora estoy aquí. En el hospital. Mañana me operan de próstata. Viene mi vecina Pilar. Dice que debo confiar en Dios.
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No ha parado de llover |
L
lueve. Todo el día llueve y no ha parado de llover. Eso me dijo apenas entró al almacén. Luego me preguntó o se preguntó, cuándo parará de llover. El invierno es muy triste, pero todas las estaciones lo son. Mi vida es un completo desastre. Usted no sabe lo que es mi vida. Tengo tres hijos y lo que más duele en el mundo, es cuando a tus hijos le hacen tanto daño. Le pregunto qué le pasó con su vida triste. Se pone a llorar. Intento una disculpa y digo, perdón. No es nada me dice, es que mi vida es muy triste. Me cuenta que su hijo fue violado por su hermano y que su hija fue abusada por el padre. Llora. Son las diez de la mañana. Me cuenta detalles. Pienso que la palabra detalles es la palabra más horrorosa del mundo. Luego dice que su hermano está en la cárcel, pero que luego saldrá. Que así son las cosas. Que la justicia es así. Que el abuso del padre con la hija es difícil de probar. Piensa que no pasará nada. Al despedirse me pregunta quién ganara, si Chile o España. Le digo que en verdad no me importa. Pero que me gustaría que ganase Chile. A mí no, me dice. Se despide y se va.
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Chile le gana a Brasil |
M
i hijo me pregunta si Chile le ganará a Brasil. Le digo que sí. Que Chile ganará. Me pregunta por qué ese exceso de confianza. Le comento que acabo de enterarme que Brasil no jugará con su vestimenta verdeamarelha. Que Chile no jugará con su camiseta roja. Que vestirá de blanco. Que aquello será suficiente y hará que todo cambie. Que Brasil sin la verdeamarelha no será Brasil. Que Chile sin la roja no será Chile. Que entonces ganaremos. Me pregunta y qué pasa si a pesar de no presentarse los equipos con la vestimenta habitual, igual gana Brasil. Le contesto que será culpa de los relatores chilenos. Que dirán una y otra vez que Chile se enfrenta con los pentacampeones. Que Chile se enfrenta con los pentacampeones y no con Brasil. No le queda claro. A mí sí.
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Dios es mujer |
M
i prima cree en Dios. Mantiene con él un diálogo fluido. Por ejemplo, le pide algo, cualquier cosa: un auto, una lavadora, una casa o un castigo para el marido, y ahí está él. Dios. El tipo llega donde está mi prima y se lo concede. Deja de lado toda la labor en Mali, por ejemplo, y se acerca a Río Turbio en donde vive mi prima, y va y le concede lo pedido. El día que vino con sus amigas, me contó cuando un día presentó sus papeles en el municipio, le pidió a dios para que fuese aceptada. Y fue aceptada. Es inmenso el poder de dios dijo mi prima. Una de las amigas le dijo que la aceptaron, porque ella era la que determinaba aquello. Que era ella la secretaria del municipio encargada de aquella labor. Mi prima no dijo nada. Pero una cosa me quedó clara. He conocido a Dios. Que lo sepa todo el mundo. Dios es mujer. Se llama Catalina, le dicen Caty, tiene cara de ratón y trabaja en el municipio de Río Turbio.
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Un vaso de agua, una dentadura postiza con cinco dientes de oro |
E
stábamos allí en el hospital. Despedíamos a mamá. Papá nos dijo que ese era el día. Me vistió con la faldita amarilla de domingo y partimos. Esto pasó en Río Turbio en donde vivíamos. Estábamos papá, mi tía Merly, mi hermano Fernando y yo. Tenía nueve años. Papá me dijo que mamá partiría aquel día a vivir en una estrella. Yo estaba emocionada. Me parecía algo maravilloso. De pasar de vivir una larga temporada en el hospital, ahora mamá, pasaría a vivir en una estrella. Yo estaba contenta. En verdad todos, menos mi hermano Fernando, lo estábamos. La primera en pasar fue la hermana de mamá, mi tía. Luego desde la puerta nos llamó a mi hermano y a mí. Nos dijo que besáramos a mamá y así lo hicimos. Mamá estaba hermosa y no dijo nada, sonreía con los ojos cerrados. Salimos los tres y luego pasó papá. Luego papá salió y estuvimos allí un buen rato. Entraron doctores y enfermeras. Se escuchaban ruidos como de un cohete. Pensé en aquel momento que era la nave que llevaría a mamá. Se hizo tarde cuando llamaron de nuevo a papá. El ruido cesó. Papá se abrazó con mi tía y le anunció que mamá había partido. Corrí por el pasillo para ver la nave de mamá que partía rumbo a una estrella. Mi hermano corrió tras mío y me atrapó, me dijo que era una tonta. Esa noche llegamos tarde a casa y pronto me quedé dormida. Por la mañana escuché reñir a mi tía con papá. Ella decía que todo el día el vaso estuvo allí. El vaso con agua y la dentadura postiza de mamá dentro del vaso. Que cómo era posible. Que aquello no podía ser. Que vaya e investigue. Que una cosa así no puede pasar. Que no puede desaparecer un vaso de agua, una dentadura postiza con cinco dientes de oro.
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22 detrás de una pelota |
ientras miraba un partido del Fenerbahce contra Barcelona, le escuché decir a mi ex, esta frase: "No sé que gracia le ven mirar fútbol cuando son 22 tipos corriendo detrás de una pelota". En esta frase simplona y ramplona se esconde la soberbia supina de la ignorancia. Es difícil encontrar un espectáculo superior al fútbol en casi todas las artes. Allí vemos tal como tan bien lo diseñara Alejandro Dolina, toda la comedia humana. Está el cobarde que siempre arruga, que se apaga en los momentos difíciles. El muchachito que salva el partido en el último minuto. El arquero que pasa de héroe a villano en fracciones de segundo. El centro delantero aprovechador que hace que trabajen los otros y que en forma fortuita le rebota la pelota y gana el campeonato, luego aparece en la tapa de todos los periódicos y a sus compañeros ni lo nombran. El egoísta que siempre hace una de más, que nunca la entrega y generalmente pierde el balón. El dadivoso que generalmente trabaja para todo el equipo sin esperar nada a cambio. El defensa que para las andanadas del adversario y se mantiene incólume defendiendo su valla. El altruista que siempre se sacrifica por todo el terreno de juego. El que posee la magia y es distinto al resto, que es único y saca palomas de su galera. El pusilánime acomodaticio que le hecha la culpa al terreno de juego, a la lluvia y al árbitro. El bondadoso que prestamente socorre a un compañero e incluso a un adversario a incorporarse sobre el terreno de juego. El violento que cada vez que aparece un bulto sobre su punto de mira va y lo voltea sin miramiento. El caudillo que lleva al equipo sobre sus hombros y dirige a sus compañeros con instrucciones precisas. El generoso que ubica al jugador mejor perfilado y le da el pase gol que bien podría haberlo hecho él. El que renuncia a jugar bonito y mete la pierna cuando las cosas no están para bollos. El triste que deambula por todo el contorno de la cancha como si estuviera en trance, generalmente será sacado por el entrenador o por la hinchada. El farrero que siempre hace una de más y se pierde todas las oportunidades del juego. El simplón que juega como quien va a trabajar a una oficina de gobierno. La traición está ejemplificada en el tipo que no socorre, no acompaña, no ayuda y juega con desgano. En fin, vemos pasar ante nuestros ojos en ese gran espectáculo que es el fútbol, como bien lo dijimos, toda la comedia humana. Toda la gran estupidez humana. Toda la inconmensurable capacidad que tiene el ser humano de reír y llorar, de vivir en este pequeño mundo nuestro.
Será por todo aquello que alguna vez la poeta Marcela Muñoz Molina me preguntó: Dime Hugo a ti que te gusta el fútbol ¿yo en qué puesto de la vida juego, soy arquera, defensa, volante o delantera?
Y para terminar lo haré con una frase que dijo Albert Camus quien jugaba de arquero allá en Argel: "Todo lo que soy en la vida se lo debo al fútbol".
Será por todo aquello que alguna vez la poeta Marcela Muñoz Molina me preguntó: Dime Hugo a ti que te gusta el fútbol ¿yo en qué puesto de la vida juego, soy arquera, defensa, volante o delantera?
Y para terminar lo haré con una frase que dijo Albert Camus quien jugaba de arquero allá en Argel: "Todo lo que soy en la vida se lo debo al fútbol".
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marcela muñoz molina
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Marga y los griegos |
de
para hugo
fecha 25 de mayo de 2010 06:45
asunto Me presento
enviado por natales.com
firmado por natales.com
Hola; me llamo Marga y quisiera si se puede escribir en inmaculada sobre algo que me pasó en un encuentro cultural este fin de semana. Perdona el atrevimiento que me tomo para escribirte. Saludos.
Marga.
de
para marga < >marga75natales@natales.com>
fecha 26 de mayo de 2010 14:32
asunto Hola Marga
enviado por gmail.com
firmado por gmail.com
Hola Marga; Me parece que nos hemos visto por ahí. No hay problemas. Puedes escribir en mi blog. Lo que te apetezca. Un abrazo. Hugo.
Soy Marga y tengo 35 años, soy de Acuario, evidentemente esta información no dice mucho de mí. Estoy encargada de un Centro Cultural en Puerto Natales y esto tampoco dice mucho de mí. Pero les quiero contar una historia. Estuve una maldita semana preparando un encuentro cultural, se trataba de jóvenes escritores de Punta Arenas que venían a dar una conferencia sobre ética y estética a mi ciudad. Ya les dije, toda una maldita semana preparando aquel encuentro. Moviéndome de un lado a otro. Consiguiendo una cosa y otra. Acelerando mi vida y rompiendo mi rutina. Hasta que llegó el Día, el Gran Día. Y todo resulto de maravillas, vino mucha gente y los expositores estuvieron bien. A la gente le encantó. Aprendimos que la ética no era un patrón cultural de los griegos que inherentemente resultaba de la misma manera para todos. Que estaba involucrada absolutamente la ética con la estética. Que la ética griega estaba preocupada por la relación de uno consigo mismo y con los demás, mucho más que por los problemas religiosos. Se habló del hypomnemata. Una práctica de sí que daba cuenta de la experiencia con el conocimiento y con los resultantes de la vida misma. Se tocaron aspectos de la dualidad entre el cuerpo y el alma y de la culpabilidad ante el cuerpo. Que muchas veces no es que nos desnudamos solamente nuestros cuerpos sino que al hacerlo, desnudamos nuestra alma y que en realidad, deberíamos desnudar nuestros cuerpos y también nuestra alma, todo al unísono. En realidad, no podría escribir o describir, todo lo que fue aquella conferencia.
Luego al terminar, la gente se retiró y nos quedamos un grupo pequeño de personas. Hasta que al final, me quedé sola con uno de los conferenciantes. Tomamos unos vinos y la conversación giró sobre tópicos de la sociedad griega. En determinado momento salí un momento del lugar y al volver, veo al conferencista de la ética y la estética con los pantalones abajo y con su polla erecta. Pegué un grito, no lo podía creer. Una cosa impensable. Le dije: Mira griego de la concha de tu madre hijo de las mil putas, te voy a dar una patada en los huevos, te vistes ya o llamo a los carabineros. En verdad llamé rápidamente a la policía mientras el griego escapaba. La doctora me recetó 5 gotitas de ravotril cuando sea necesario.
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Pienso que mañana escribiré |
H
ace media hora que tengo abierto el Word y no se me ocurre nada. Ni una puta idea. Nada. A este paso nunca superaré a Hemingway. Algo huele mal en mí. Ya van tres cuarto de hora y nada. Pienso que no sería mala idea dejar de escribir. Dedicarme a la cría de conejos. A postular a un cargo de gobierno. A cruzar a nado el Estrecho de Magallanes. A cultivar mi huerta con patatas. De pronto tocan a mi puerta. Es Sabrina. Junto a ella viene Sofía. Sabrina es prima de Sofía. No conocía a Sofía. Sabrina me presenta a Sofía. Destapo un par de botellas de vino. Algo de música en la biblioteca. Se convierte en una velada animada. Me olvido absolutamente del Word. Que se vaya a la puta madre el Word. No me doy ni cuenta. Estoy en cama con Sabrina y Sofía. Con las primas. Que se besan. Que las beso. Que estamos ahí un tiempo infinito. Luego volvemos a la biblioteca. Brindamos. Se van. Cierro el Word en blanco. Pienso que mañana escribiré. Me voy a dormir.
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Swedenborg y el Rey |
Por Fernando De Gregorio
(Luz Azul a un costado)
Swedenborg:
Soy Ingeniero, Astrónomo, Físico, Químico y Anatomista. Soy feliz. Tengo una hermosa hija: Liv, que ayuda al rey, mi amigo, mi único amigo, en asuntos de la Corte y trastornos jurídicos, ya que le di enseñanza a ella para que manejara la ley y la religión luterana a la perfección.
(Se apaga la luz azul)
(Se enciende la luz roja al otro costado)
Entra Carlos XII de Suecia y se sienta en el trono dorado junto al trono de la reina.
Carlos XII:
Buenas noches, buen Emanuel, mi único amigo, mi amigo telepático. Siéntate o recuéstate en el diván. Graves asuntos nos acucian.
Soy Carlos XII de Suecia, el unificador de Escandinavia. Soy un Viking civilizado y hago el trabajo que me ordena Dios a través de tus consejos y los consejos del Conde Odegaard.
¿Cómo van los asuntos en la Corte de Estocolmo?
Swedenborg:
A la perfección. Dios nos bendice. Los rusos se han detenido en Lituania y se han visto obligados a retroceder.
Carlos XII:
Excelente. Non pas nouvelle, bon nouvelle..
Swedenborg.
Si, es la única noticia. Los rusos no son ya problema, aunque sé que eres capaz de acorralarlos en Siberia.
Carlos XII:
Será en otra ocasión. Tal vez se tenga que ocupar de los Romanoff mi hijo cuando mejoremos la calidad de nuestros cañones. ¡Qué difícil es tener un buen oficial de Artillería!
¿Podrías llamar a Liv, tu hija? Tengo una consulta jurídica apremiante para ella.
Swedenborg:
Inmediatamente. Es tan insomne como yo.
(Se va)
( Se apaga la luz roja)
(Se enciende la luz azul)
Monólogo de Carlos XII:
Tengo piernas cortas; pero las patas de mis caballos azabaches son largas y son mis niños. ¿Cómo estará mi reina? En el séptimo sueño. Eso Espero.
Emanuel, mi Emanuel Swedenborg, a quien hice noble de alta categoría, cada vez es más místico. Creo que pronto verá a Dios de frente o a sus ángeles. Anoche lo soñé. Soñé que el rey de Orange de Holanda, rey de Inglaterra le preguntaba cómo son los ángeles y los demonios. Nadie más indicado que mi buen Emanuel... Ay Swedenborg, cuanta grandeza! ¡Qué inteligencia! ¡Qué luterano! ¡Qué hombre de Dios y Jesucristo hasta la muerte! Si no fuera por Emanuel yo hubiera querido ser como Federico Barba Roja o Julio César. Emanuel Swedenborg me ha llevado al correcto camino y le pido bendiciones a Dios para él y su hija Liv, mi mejor ayudante en las intrigas de la Corte, que cada vez son menos y de menor importancia. Aquí no tenemos la corrupción de los Borbones que por sus excesos seguro serán destruidos como en la visión de Emanuel. Aquí la familia reinante es austera como el hielo y el cielo tan temido, a pesar de que el invierno dura durísimos seis meses y tengamos sol a medianoche que despierta a cualquiera que busque la gran y sagrada justicia de Dios.
Si no fuera por Emanuel yo sería ateo. Tanto así le debo.
( Se apaga la luz azul)
( Se Enciende la luz roja)
Swedenborg y Liv su hija aparecen en escena.
Swedenborg:
Mi buen rey Carlos: aquí está mi hija Liv.
Liv:
Mi buen rey, ¡qué quieres de mí?
Carlos XII:
Consejo.
Liv:
¿Sobre qué?
Carlos XII:
Querida niña mujer virgen a quien llevé en mi regazo hasta los nueve años. Dime: ¿Eres capaz de casarte con mi consejero, el viejo y viudo Conde de Odegaard?
Liv:
Si es una orden, acepto.
Carlos XII:
Ante todo, ¿Te gusta el anciano?
Es hombre recio, forjado en el duro metal de la batalla y aun es posible padre.
Liv:
Yo quería un efebo, de veinticinco años, como el Conde de Lindberg, pero sí, me gusta. Es bien macizo, si me permite la expresión.
Carlos XII:
Lo es.
Liv:
Entonces asunto hecho. Me casaré con Odegaard, el viudo sin hijos.
Carlos XII:
Liv, querida niña de Suecia, rubia hasta el espanto. Oro puro. Serás feliz.
Liv:
Merci, gracias, Dankeschen.
Swedenborg:
Pensar que su madre era una judía rusa que salvó de milagro su virginidad de los Pogroms.
Carlos XII:
Cuéntame de los Pogroms aunque ya lo sé.
Swedenborg:
Los Pogroms son exterminios de cosacos nobles rusos a las aldeas de pobres judíos y pobres gitanos. Se deleitan matando como Gengis Khan.
Carlos XII:
Todo dicho. No quiero saber nada más.
¿Cómo se llamaba tu esposa?
Swedenborg:
Edith Myriam Gerchunoff.
Carlos XII:
¿Te llegó virgen?
Swedenborg:
Es una larga historia, pero sí.
Carlos XII:
Los judíos, gran minoría en Escandinavia, siempre han sido muy útiles y entienden nuestra mentalidad de ex vikingos.
Swedenborg:
Así es. Y sienten que el protestantismo es su único refugio en Europa.
En Rusia los tratan como a basura, hasta los ricos comerciantes, que secretamente son nuestros aliados como Chomsky, el hombre más rico de Europa. Tiene que besarle las botas al zar en cada entrevista. ¡Qué vergüenza! Un hombre tan valioso.
Carlos XII:
Quiero una entrevista de igual a igual con Chomsky: Necesitamos mejorar el comercio con las colonias británicas.
Swedenborg:
Así será. El mes entrante Samuel Chomsky, que empezó vendiendo dientes de oro, vendrá a verme. Es pariente de mi querida y perdida Edith.
Carlos XII:
Eres un hombre signado por el destino, pero quieres pasar desapercibido. Podrías ser mi segundo General; pero prefieres ser ingeniero militar. Tu humildad me conmueve profundamente.
Swedenborg:
Merci, Dankeschen, gracias meine Herr, mi señor.
Carlos XII: (con risa)
Dios es tu Señor. No me adules.
Swedenborg:
De acuerdo, of course.
Carlos XII:
Dime, Please, qué te ha dicho Dios estas noches que no hablamos como confabulatori nocturni.
Swedenborg:
Dios me ha dicho, a través de un ángel rubio, no morocho, que también los hay, que debes dar rienda suelta a Inglaterra. Me ha dicho el ángel que Inglaterra es el país del futuro y que debemos ser sus secretos aliados. Y que secretamente debemos informarnos de todo lo que ocurre con Shakespeare y sus comentaristas como el actor Garrick.
Carlos XII:
No lo dudo. Leeré contigo Hamlet.
Swedenborg:
Buen negocio.
Liv:
Buen negocio. Hamlet es la mejor obra de Shakespeare; la suma Occidental de Europa respecto de nuestro futuro.
Recuerda, rey, bien el título: Hamlet, Príncipe de Dinamarca.
CarlosXII:
Lo tengo en cuenta.
Habla más, Liv. Me encanta tu voz.
Liv:
Trataré de hacer mi voz más melodiosa para que te entre al alma.
Hamlet es la obra teatral más potente que existe, sólo comparable con la Ilíada.
Sófocles es apenas una sombra ante tanta música y sabiduría.
William Shakespeare, sospecho, también llegó a los ángeles como mi padre, el místico, mi padre, mi amado padre que tanto me hizo estudiar para casarme con el hombre de acero, el Conde Odegaard.
Hamlet es el destino de Escandinavia ante Inglaterra, la isla sangrienta de los romanos y los celtas.
Debemos depender de Inglaterra; y, en el futuro, con lo que pase en América, que según visión de mi padre, será la tierra más importante del futuro y sin reyes.
Carlos XII:
Yo soy rey por costumbre. Prefiero la Democracia de Pericles. Digamos que soy Pericles.
Liv:
No es poco.
Swedenborg:
Rey Carlos XII de Suecia, admirado por Voltaire, cada vez me inclino más a la mística. Los ángeles me llaman y acosan y me dicen que debo ir a la Corte de Inglaterra. Dime: ¿ Cuándo me permitirás frecuentar a Wilhem de Orange?
CarlosXII:
Pronto.
Swedenborg:
Siempre estaré contigo, mi incalculable amigo telepático.
Carlos XII:
Sí. Eres mi mejor amigo y tu hija ha salido tan hermosa como princesa sueca.
Swedenborg:
Exactamente. Esto es tan vikingo que asusta. No nos olvidemos de Lutero.
Carlos XII:
Soy luterano y tu hija es luterana y se casará con Odegaard y será feliz y tendrán muchos hijos, hijos nobles para la casa real de Suecia.
(Se enciende la luz azul)
Swedenborg:
¿Hasta cuándo los suecos seremos un pueblo pequeño y poderoso?
Carlos XII:
Pequeños no somos. Hemos hecho retroceder a los Romanoff. Tendremos gran ciencia y tú eres el precursor. Te debo tanto... Me has hecho ver la constelación de Andrómeda.
Swedenborg:
Merci, gracias, dankeschen. Sí. Soy buen astrónomo. Dios vive en las estrellas a puro fuego sagrado.
Carlos XII:
Así es. Tu lo has dicho.
Liv:
Mi padre es un genio y un elegido.
Carlos XII:
En efecto.
Liv:
Mi padre te adora, oh, rey Carlos XII de Suecia. Eres tan genial como mi padre y te debo tanto. Y ahora me harás esposa del Conde Odegaard, tu ayudante consejero y gran guerrero. No sé como agradecer.
CarlosXII:
Olvídate del joven Conde de Lindberg que es un patán. Odegaard te dará hijos y buena cama. Es un gran casorio. Serás feliz: Odegaard, luego de tu padre, es mi mejor hombre. Perderás la virginidad con gran pureza y gozo.
Liv:
Nada más deseo. Un hombre curtido por las balas y los sablazos.
Carlos XII:
Y los caballos. No te olvides de ellos.
Liv:
No me olvido de ellos.
(Liv se va)
(Se enciende la luz roja)
Swedenborg:
Mi buen rey Carlos: he tenido una visión sobre ti que debo comunicarte.
Sé que preparas la batalla en suelo ruso de Poltava. Te irá mal. Pero los rusos ya se olvidarán de Escandinavia. Huirás a Turquía y con aventuras asombrosas volverás a Estocolmo y Upsala para reinar, pero por poco tiempo. Morirás a los 36 años y nada lo impedirá. Debes se tan impasible como siempre y te espera el cielo; lo que nuestros ancestros llamaban Wallhalla.
Carlos XII:
¿Será muerte por guerra?
Swedenborg:
Sí. Algo similar.
Carlos XII:
No entiendo.
Swedenborg:
Un accidente, un designio divino, porque Prusia debe empezar a consolidarse contra los Hasburgos. Menos de setenta años luego de tu muerte, los Borbones pasarán a la historia como venales y despilfarradores y abusadores del pueblo. Morirán cruelmente, con odio bien frío y ardiente al mismo tiempo. Nada menos que el infierno será eso.
Carlos XII:
Entonces muero bien.
Swedenborg:
En efecto.
Carlos XII:
Déjame solo, Please, ya que me duele morir joven. Pero antes te anticipo que yo soñé que tu morirás con gran prestigio en Inglaterra en 1772. Tu hija, la hija de judía, tu Edith fallecida, debe seguir siendo una sombra en la Corte hasta que tenga hijos con Odegaard; entonces podrá difundir que es hija de una conversa al luteranismo.
Se apaga la luz.
FIN DEL PRIMER ACTO
ACTO II
(El trono del rey de espaldas al público. Carlos XII sentado dando quejidos. Swedenborg, a un costado, arrodillado, parece rezar. Liv también.)
Carlos XII:
El médico me dijo que no pasaré de esta noche. La gangrena es muy pronunciada y la Atropa Belladonna me alivia el dolor a costa de estas escasas horas de vida que me queden.
Swedenborg:
Has sido un gran rey. La posteridad te recordará como el que nos salvó de los bárbaros Romanoff. Es una pena que también haya muerto tu aliado, el Príncipe Mazzepa.
CarlosXII:
Murió bien. En batalla, que era lo que él quería. Algún día caerá el yugo de Ucrania.
Swedenborg: Seguramente. El Siglo XVIII será el inicio de la libertad como ya la conciben los holandeses.
Liv:
Gran pueblo Holanda. Abandonaron la guerra por el comercio y son felices.
CarlosXII. Muy felices: Tu padre los ha frecuentado mucho y seguirá haciéndolo.
(Un prolongado silencio)
Carlos XII:
¿Qué pasará con mi alma, Emanuel?
Swedenborg:
Al principio, sin darte cuenta serás una sombra, un fantasma, pero Dios me permitió hablar contigo hasta que cumplas tu período en la tierra. Luego me tendrás eterna paz, gran guerrero.
CarlosXII:
Paz...
¡Cómo la deseo! ¿Es decir que como fantasma estaré cerca tuyo?
Swedenborg:
Es muy triste el mundo de los fantasmas. Pocos tienen guía y gravitan como las olas del mar. Se ven los infiernos y los demonios y, a veces, los ángeles buenos intervienen.
Carlos XII:
No parece tan malo, después de todo.
Swedenborg: Es el plan divino. Nada se puede hacer. Los católicos creen que si se confiesan antes de morir, a último momento, Dios los perdona; pero no es así. De hecho, todas las Iglesias cristianas están equivocadas, aunque ayudan. La verdadera Iglesia de Cristo surgirá en América en la cuarta década del Siglo XIX.
Carlos XII:
Yo que pensaba que Lutero era el elegido para corregir los errores del cristianismo...
Swedenborg:
Ayudó, pero no era tiempo. Se apoyó demasiado en la Fe y poco en las obras y la inteligencia. Hay que desarrollar la inteligencia buena por sobre todas las cosas para llegar a Dios. Además hay que tratar de ser artista, ya que Jesús hablaba con metáforas y parábolas para que lo entendieran los humildes.
CarlosXII:
Este es un siglo de grandes artistas. Pienso en Bach sobre todo.
Swedenborg:
Yo conoceré a la gran mayoría de los artistas del Siglo XVIII. Algunos hablarán bien de mí. otros no. Carlos XII:
Liv:
¿Sigues orando por mí?
Liv:
Sí, mi rey.
Carlos XII:
Siento que el aliento ya me falla y moriré en unos minutos.
Liv:
No tienes de que preocuparte. Has sido hombre de dios siempre, siempre ético, como te educaron tus padres y maestros.
Carlos XII:
Aun hay mucha injusticia en Suecia.
Liv:
Se debe a que la ciencia aun no es tan perfecta como lo será, para ayudar a todos.
Carlos XII:
Te creo Liv y me alivias.
Liv:
Oro también por tu esposa que será viuda hasta el final siendo tan joven ahora y por tus hijos.
CarlosXII:
Gracias. Muero.
Liv:
¿Ha muerto, Papá?
Swedenborg:
Ha muerto. Su ánima sale del cuerpo. Está muy luminoso. Se ve que era bueno
(Se apaga la luz)
Swedenborg:
Soy Ingeniero, Astrónomo, Físico, Químico y Anatomista. Soy feliz. Tengo una hermosa hija: Liv, que ayuda al rey, mi amigo, mi único amigo, en asuntos de la Corte y trastornos jurídicos, ya que le di enseñanza a ella para que manejara la ley y la religión luterana a la perfección.
(Se apaga la luz azul)
(Se enciende la luz roja al otro costado)
Entra Carlos XII de Suecia y se sienta en el trono dorado junto al trono de la reina.
Carlos XII:
Buenas noches, buen Emanuel, mi único amigo, mi amigo telepático. Siéntate o recuéstate en el diván. Graves asuntos nos acucian.
Soy Carlos XII de Suecia, el unificador de Escandinavia. Soy un Viking civilizado y hago el trabajo que me ordena Dios a través de tus consejos y los consejos del Conde Odegaard.
¿Cómo van los asuntos en la Corte de Estocolmo?
Swedenborg:
A la perfección. Dios nos bendice. Los rusos se han detenido en Lituania y se han visto obligados a retroceder.
Carlos XII:
Excelente. Non pas nouvelle, bon nouvelle..
Swedenborg.
Si, es la única noticia. Los rusos no son ya problema, aunque sé que eres capaz de acorralarlos en Siberia.
Carlos XII:
Será en otra ocasión. Tal vez se tenga que ocupar de los Romanoff mi hijo cuando mejoremos la calidad de nuestros cañones. ¡Qué difícil es tener un buen oficial de Artillería!
¿Podrías llamar a Liv, tu hija? Tengo una consulta jurídica apremiante para ella.
Swedenborg:
Inmediatamente. Es tan insomne como yo.
(Se va)
( Se apaga la luz roja)
(Se enciende la luz azul)
Monólogo de Carlos XII:
Tengo piernas cortas; pero las patas de mis caballos azabaches son largas y son mis niños. ¿Cómo estará mi reina? En el séptimo sueño. Eso Espero.
Emanuel, mi Emanuel Swedenborg, a quien hice noble de alta categoría, cada vez es más místico. Creo que pronto verá a Dios de frente o a sus ángeles. Anoche lo soñé. Soñé que el rey de Orange de Holanda, rey de Inglaterra le preguntaba cómo son los ángeles y los demonios. Nadie más indicado que mi buen Emanuel... Ay Swedenborg, cuanta grandeza! ¡Qué inteligencia! ¡Qué luterano! ¡Qué hombre de Dios y Jesucristo hasta la muerte! Si no fuera por Emanuel yo hubiera querido ser como Federico Barba Roja o Julio César. Emanuel Swedenborg me ha llevado al correcto camino y le pido bendiciones a Dios para él y su hija Liv, mi mejor ayudante en las intrigas de la Corte, que cada vez son menos y de menor importancia. Aquí no tenemos la corrupción de los Borbones que por sus excesos seguro serán destruidos como en la visión de Emanuel. Aquí la familia reinante es austera como el hielo y el cielo tan temido, a pesar de que el invierno dura durísimos seis meses y tengamos sol a medianoche que despierta a cualquiera que busque la gran y sagrada justicia de Dios.
Si no fuera por Emanuel yo sería ateo. Tanto así le debo.
( Se apaga la luz azul)
( Se Enciende la luz roja)
Swedenborg y Liv su hija aparecen en escena.
Swedenborg:
Mi buen rey Carlos: aquí está mi hija Liv.
Liv:
Mi buen rey, ¡qué quieres de mí?
Carlos XII:
Consejo.
Liv:
¿Sobre qué?
Carlos XII:
Querida niña mujer virgen a quien llevé en mi regazo hasta los nueve años. Dime: ¿Eres capaz de casarte con mi consejero, el viejo y viudo Conde de Odegaard?
Liv:
Si es una orden, acepto.
Carlos XII:
Ante todo, ¿Te gusta el anciano?
Es hombre recio, forjado en el duro metal de la batalla y aun es posible padre.
Liv:
Yo quería un efebo, de veinticinco años, como el Conde de Lindberg, pero sí, me gusta. Es bien macizo, si me permite la expresión.
Carlos XII:
Lo es.
Liv:
Entonces asunto hecho. Me casaré con Odegaard, el viudo sin hijos.
Carlos XII:
Liv, querida niña de Suecia, rubia hasta el espanto. Oro puro. Serás feliz.
Liv:
Merci, gracias, Dankeschen.
Swedenborg:
Pensar que su madre era una judía rusa que salvó de milagro su virginidad de los Pogroms.
Carlos XII:
Cuéntame de los Pogroms aunque ya lo sé.
Swedenborg:
Los Pogroms son exterminios de cosacos nobles rusos a las aldeas de pobres judíos y pobres gitanos. Se deleitan matando como Gengis Khan.
Carlos XII:
Todo dicho. No quiero saber nada más.
¿Cómo se llamaba tu esposa?
Swedenborg:
Edith Myriam Gerchunoff.
Carlos XII:
¿Te llegó virgen?
Swedenborg:
Es una larga historia, pero sí.
Carlos XII:
Los judíos, gran minoría en Escandinavia, siempre han sido muy útiles y entienden nuestra mentalidad de ex vikingos.
Swedenborg:
Así es. Y sienten que el protestantismo es su único refugio en Europa.
En Rusia los tratan como a basura, hasta los ricos comerciantes, que secretamente son nuestros aliados como Chomsky, el hombre más rico de Europa. Tiene que besarle las botas al zar en cada entrevista. ¡Qué vergüenza! Un hombre tan valioso.
Carlos XII:
Quiero una entrevista de igual a igual con Chomsky: Necesitamos mejorar el comercio con las colonias británicas.
Swedenborg:
Así será. El mes entrante Samuel Chomsky, que empezó vendiendo dientes de oro, vendrá a verme. Es pariente de mi querida y perdida Edith.
Carlos XII:
Eres un hombre signado por el destino, pero quieres pasar desapercibido. Podrías ser mi segundo General; pero prefieres ser ingeniero militar. Tu humildad me conmueve profundamente.
Swedenborg:
Merci, Dankeschen, gracias meine Herr, mi señor.
Carlos XII: (con risa)
Dios es tu Señor. No me adules.
Swedenborg:
De acuerdo, of course.
Carlos XII:
Dime, Please, qué te ha dicho Dios estas noches que no hablamos como confabulatori nocturni.
Swedenborg:
Dios me ha dicho, a través de un ángel rubio, no morocho, que también los hay, que debes dar rienda suelta a Inglaterra. Me ha dicho el ángel que Inglaterra es el país del futuro y que debemos ser sus secretos aliados. Y que secretamente debemos informarnos de todo lo que ocurre con Shakespeare y sus comentaristas como el actor Garrick.
Carlos XII:
No lo dudo. Leeré contigo Hamlet.
Swedenborg:
Buen negocio.
Liv:
Buen negocio. Hamlet es la mejor obra de Shakespeare; la suma Occidental de Europa respecto de nuestro futuro.
Recuerda, rey, bien el título: Hamlet, Príncipe de Dinamarca.
CarlosXII:
Lo tengo en cuenta.
Habla más, Liv. Me encanta tu voz.
Liv:
Trataré de hacer mi voz más melodiosa para que te entre al alma.
Hamlet es la obra teatral más potente que existe, sólo comparable con la Ilíada.
Sófocles es apenas una sombra ante tanta música y sabiduría.
William Shakespeare, sospecho, también llegó a los ángeles como mi padre, el místico, mi padre, mi amado padre que tanto me hizo estudiar para casarme con el hombre de acero, el Conde Odegaard.
Hamlet es el destino de Escandinavia ante Inglaterra, la isla sangrienta de los romanos y los celtas.
Debemos depender de Inglaterra; y, en el futuro, con lo que pase en América, que según visión de mi padre, será la tierra más importante del futuro y sin reyes.
Carlos XII:
Yo soy rey por costumbre. Prefiero la Democracia de Pericles. Digamos que soy Pericles.
Liv:
No es poco.
Swedenborg:
Rey Carlos XII de Suecia, admirado por Voltaire, cada vez me inclino más a la mística. Los ángeles me llaman y acosan y me dicen que debo ir a la Corte de Inglaterra. Dime: ¿ Cuándo me permitirás frecuentar a Wilhem de Orange?
CarlosXII:
Pronto.
Swedenborg:
Siempre estaré contigo, mi incalculable amigo telepático.
Carlos XII:
Sí. Eres mi mejor amigo y tu hija ha salido tan hermosa como princesa sueca.
Swedenborg:
Exactamente. Esto es tan vikingo que asusta. No nos olvidemos de Lutero.
Carlos XII:
Soy luterano y tu hija es luterana y se casará con Odegaard y será feliz y tendrán muchos hijos, hijos nobles para la casa real de Suecia.
(Se enciende la luz azul)
Swedenborg:
¿Hasta cuándo los suecos seremos un pueblo pequeño y poderoso?
Carlos XII:
Pequeños no somos. Hemos hecho retroceder a los Romanoff. Tendremos gran ciencia y tú eres el precursor. Te debo tanto... Me has hecho ver la constelación de Andrómeda.
Swedenborg:
Merci, gracias, dankeschen. Sí. Soy buen astrónomo. Dios vive en las estrellas a puro fuego sagrado.
Carlos XII:
Así es. Tu lo has dicho.
Liv:
Mi padre es un genio y un elegido.
Carlos XII:
En efecto.
Liv:
Mi padre te adora, oh, rey Carlos XII de Suecia. Eres tan genial como mi padre y te debo tanto. Y ahora me harás esposa del Conde Odegaard, tu ayudante consejero y gran guerrero. No sé como agradecer.
CarlosXII:
Olvídate del joven Conde de Lindberg que es un patán. Odegaard te dará hijos y buena cama. Es un gran casorio. Serás feliz: Odegaard, luego de tu padre, es mi mejor hombre. Perderás la virginidad con gran pureza y gozo.
Liv:
Nada más deseo. Un hombre curtido por las balas y los sablazos.
Carlos XII:
Y los caballos. No te olvides de ellos.
Liv:
No me olvido de ellos.
(Liv se va)
(Se enciende la luz roja)
Swedenborg:
Mi buen rey Carlos: he tenido una visión sobre ti que debo comunicarte.
Sé que preparas la batalla en suelo ruso de Poltava. Te irá mal. Pero los rusos ya se olvidarán de Escandinavia. Huirás a Turquía y con aventuras asombrosas volverás a Estocolmo y Upsala para reinar, pero por poco tiempo. Morirás a los 36 años y nada lo impedirá. Debes se tan impasible como siempre y te espera el cielo; lo que nuestros ancestros llamaban Wallhalla.
Carlos XII:
¿Será muerte por guerra?
Swedenborg:
Sí. Algo similar.
Carlos XII:
No entiendo.
Swedenborg:
Un accidente, un designio divino, porque Prusia debe empezar a consolidarse contra los Hasburgos. Menos de setenta años luego de tu muerte, los Borbones pasarán a la historia como venales y despilfarradores y abusadores del pueblo. Morirán cruelmente, con odio bien frío y ardiente al mismo tiempo. Nada menos que el infierno será eso.
Carlos XII:
Entonces muero bien.
Swedenborg:
En efecto.
Carlos XII:
Déjame solo, Please, ya que me duele morir joven. Pero antes te anticipo que yo soñé que tu morirás con gran prestigio en Inglaterra en 1772. Tu hija, la hija de judía, tu Edith fallecida, debe seguir siendo una sombra en la Corte hasta que tenga hijos con Odegaard; entonces podrá difundir que es hija de una conversa al luteranismo.
Se apaga la luz.
FIN DEL PRIMER ACTO
ACTO II
(El trono del rey de espaldas al público. Carlos XII sentado dando quejidos. Swedenborg, a un costado, arrodillado, parece rezar. Liv también.)
Carlos XII:
El médico me dijo que no pasaré de esta noche. La gangrena es muy pronunciada y la Atropa Belladonna me alivia el dolor a costa de estas escasas horas de vida que me queden.
Swedenborg:
Has sido un gran rey. La posteridad te recordará como el que nos salvó de los bárbaros Romanoff. Es una pena que también haya muerto tu aliado, el Príncipe Mazzepa.
CarlosXII:
Murió bien. En batalla, que era lo que él quería. Algún día caerá el yugo de Ucrania.
Swedenborg: Seguramente. El Siglo XVIII será el inicio de la libertad como ya la conciben los holandeses.
Liv:
Gran pueblo Holanda. Abandonaron la guerra por el comercio y son felices.
CarlosXII. Muy felices: Tu padre los ha frecuentado mucho y seguirá haciéndolo.
(Un prolongado silencio)
Carlos XII:
¿Qué pasará con mi alma, Emanuel?
Swedenborg:
Al principio, sin darte cuenta serás una sombra, un fantasma, pero Dios me permitió hablar contigo hasta que cumplas tu período en la tierra. Luego me tendrás eterna paz, gran guerrero.
CarlosXII:
Paz...
¡Cómo la deseo! ¿Es decir que como fantasma estaré cerca tuyo?
Swedenborg:
Es muy triste el mundo de los fantasmas. Pocos tienen guía y gravitan como las olas del mar. Se ven los infiernos y los demonios y, a veces, los ángeles buenos intervienen.
Carlos XII:
No parece tan malo, después de todo.
Swedenborg: Es el plan divino. Nada se puede hacer. Los católicos creen que si se confiesan antes de morir, a último momento, Dios los perdona; pero no es así. De hecho, todas las Iglesias cristianas están equivocadas, aunque ayudan. La verdadera Iglesia de Cristo surgirá en América en la cuarta década del Siglo XIX.
Carlos XII:
Yo que pensaba que Lutero era el elegido para corregir los errores del cristianismo...
Swedenborg:
Ayudó, pero no era tiempo. Se apoyó demasiado en la Fe y poco en las obras y la inteligencia. Hay que desarrollar la inteligencia buena por sobre todas las cosas para llegar a Dios. Además hay que tratar de ser artista, ya que Jesús hablaba con metáforas y parábolas para que lo entendieran los humildes.
CarlosXII:
Este es un siglo de grandes artistas. Pienso en Bach sobre todo.
Swedenborg:
Yo conoceré a la gran mayoría de los artistas del Siglo XVIII. Algunos hablarán bien de mí. otros no. Carlos XII:
Liv:
¿Sigues orando por mí?
Liv:
Sí, mi rey.
Carlos XII:
Siento que el aliento ya me falla y moriré en unos minutos.
Liv:
No tienes de que preocuparte. Has sido hombre de dios siempre, siempre ético, como te educaron tus padres y maestros.
Carlos XII:
Aun hay mucha injusticia en Suecia.
Liv:
Se debe a que la ciencia aun no es tan perfecta como lo será, para ayudar a todos.
Carlos XII:
Te creo Liv y me alivias.
Liv:
Oro también por tu esposa que será viuda hasta el final siendo tan joven ahora y por tus hijos.
CarlosXII:
Gracias. Muero.
Liv:
¿Ha muerto, Papá?
Swedenborg:
Ha muerto. Su ánima sale del cuerpo. Está muy luminoso. Se ve que era bueno
(Se apaga la luz)
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es lo que hago siempre |
V
ino una amiga que no veía hace tiempo y me comentó que entraba a la inmaculada y que siempre me leía me preguntó porqué no escribía sin tanto punto seguido que no cortara tanto la frase y yo le dije que sí que podría hacerlo pero que eso me llevaría mucho tiempo y que no estaba capacitado como para implementarlo de la noche a la mañana y que además es mi forma que tengo de escribir y que por lo tanto se atenga a leerme o no que aquello en verdad no me importaba mucho me dijo que estaba de acuerdo pero que hay mucha gente que me lee y que sabe de gramática filología y entremeses y que aquello podría jugar en mi contra yo le contesté que es posible que haya cierta gente que me lee y que son doctos y saben perfectamente que no lo hago bien pero que les gusta lo que escribo y sé que hay otra gente que no le gusta pero que yo no puedo hacer nada para cambiar el derrotero de mi escritura y que tiene que ver con el punto seguido inmediatamente pasó a otro tema y me preguntó cómo estaba mi abuela me dio un beso y luego tomo un taxi y se fue a su casa me llamó desde allí y me dijo que ella no era nadie para decir cómo debo escribir que haga lo que quiera y que nos vemos el lunes diecisiete en el bar de siempre yo le dije que sí pero sabía que no iría porque es lo que hago siempre
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Pequeña triste historia |
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El inglés de Manchester |
E
ran las tres de la mañana. Estaba en el Bar Ruperto. El dueño un inglés de Manchester. Sabía dos cosas del dueño. Que era inglés y que era de Manchester. Pero no voy a hablar del dueño del Ruperto. Estaba allí. Tomaba tequila. Estaba solo y pensaba por enésima vez la posibilidad de cambiar de aire. De abandonar el pueblo y marcharme como mercenario a cualquier lugar. Cuanto más inhóspito mejor. Estaba allí cuando apareció Daniel. Vino directamente a mi mesa. Quiso decirme algo pero inmediatamente se quedó dormido. Sobre la mesa. Borracho. Definitivamente. Levantaba la cabeza, me miraba, sonreía y luego dejaba caer la cabeza sobre la mesa. No podía hablar. Estuvo así un buen tiempo. El inglés que era de Manchester, vino y me dijo: Por favour, si es amigou suyo llévelo a casa. Déjelo que yo me encargo, le contesté. Pedí un nuevo tequila y me fumé un nuevo cigarrillo. Tranquilo. De vez en cuando Daniel, levantaba la cabeza, me miraba, sonreía tontamente y luego caía de nuevo en el sopor. Cuando acabé con el cuarto tequila, le pedí al inglés que me ayudara con el bulto. Con Daniel. Lo metimos a mi auto y lo lleve a casa. A su casa. Es difícil meter en un auto un saco de plomo. Sacarlo de allí, es más que plomo. Pero ya lo tenía frente a la puerta. Frente a la puerta de su casa. Le trajiné los bolsillos y di con un manojo de llaves. Uno de ellas correspondía a su puerta. Como pude logré entrar con él. Lo llevé a su dormitorio. Su mujer dormía profundamente. Desvestí a Daniel y pude meterlo en cama. Inmediatamente comenzó a roncar. Me senté a su lado y lo tapé con cierto cariño maternal. Algo desconocido en mí. A veces no soy tan rudo como parezco o intento ser. Luego me cambié de posición. Me fui por el lado donde se encontraba su mujer. Acaricié su frente y su pelo. Acababa de hacer una buena acción. Estaba agotado por el esfuerzo. Tomé de un jugo de naranjas que había en la mesita de luz. Me marchaba. Tapé también a la mujer de mi amigo. Se volteó y puso sus dos manos sobre su mejilla derecha. Le acaricié la mejilla izquierda. Pasé mis dedos sobre sus labios. Luego le acaricié los senos. Su respiración entrecortada. Tomó mis manos y las bajó sobre su entrepierna. Lugar cálido y húmedo. Abrió las piernas. La seguí acariciando. Siempre ella con los ojos cerrados. Como dormida sin dormir. Mi polla a punto de estallar. Me dice: Lleva a tu amigo a la otra cama. Sentí cierto fastidio. Pensé en una larga jornada de trabajo.
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De repente me vi surfeando en la ola |
Es lo que ocurre siempre. Llegan a casa y nos vamos a putas. Primero nos tomamos un trago en casa. Luego nos vamos a putas. Joyce, Céline, Kafka y yo. Siempre terminamos donde María Teresa. Siempre con las mismas chicas. La Pizarnik, Lou Andreas Salomé, Sylvia Plath y la estúpida de la Yourcenar. La verdad que estoy harto de esta panda de pequeños mafiosos pusilánimes. Siempre los mismos tópicos. Siempre la misma vieja historia. Joyce que habla en jerigonza, su puta manía de no hacerse entender. Su humor que llega tres días después. Céline insoportable. Una y otra vez hablando de lo mismo. Que no tuvo nada que ver con aquello. Kafka siempre Kafka. Su traje gastado y su pertinacia en no decir nada. Con sus ojos negros fijos en ninguna parte. Y la música sonando. Y las putas tomando. Riéndose fuerte. Haciendo malabares. Retocándose. Retocándonos. La Pizarnik va de un lado a otro. Ríe, llora, se altera. Lou Andreas Salomé distante al principio. Como siempre. Luego baila sola en medio del salón. Frente al espejo. Se contorsiona sexy y lejana. Sylvia cada día más loca. Loca desatada. Me abraza. Me besa. Desabrocha los botones de mi camisa. La Yourcenar invita por enésima vez a Céline a su pieza. Y así siempre. Siempre lo mismo. Estoy harto de esta vida de mierda. De toda esta gente. Me recluiré. No me verán fácilmente. No estaré para nadie. Como antes. Cuando era un mito. Como antes. Cuando yo no estaba disponible. No estaba disponible para nadie. Pero algo pasó. En verdad no entiendo lo que pasó. De repente me vi surfeando en la ola. Y aparecieron ellos. Mis amigos. Joyce, Céline y Kafka. Y con ellos, las putas. No es una buena vida. Lo sé. Romperé con todo. Ya lo dije. Me recluiré. Y seré de nuevo lemúrida. Fantasma de los muertos. Y volveré radiante a vivir en el acantilado. Ya lo sabéis. No estoy.
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Los mexicanos son medios tramposos, medios mañosos, medios dobles |
El pequeño bebé, nació el 28 de marzo del 1933. Fue en el poblado jalisciense de Yahualica. En Guadalajara, México. Con viento a favor, fue nombrado cardenal el 26 de noviembre de 1994. Hablo del prócer mexicano Juan Sandoval Íñiguez, quien acaba de parir al mundo, una teoría sumamente estúpida. Le atribuye al pedófilo-pederasta internacional y planetario de Marcial Maciel, atributos que a su esquizofrénico parecer, son paradigmas del ser mexicano. Ha dicho este dechado de virtudes, que el fundador de la orden de los Legionarios de Cristo, que el primor de Maciel, posee ciertas características que son atribuibles al mero México. Ha dicho este querubín, que los mexicanos son: "medios tramposos, medios mañosos, medios dobles". Por lo tanto, si no fuera mexicano, sería posible que no haya sucedido lo que sucedió. Por ejemplo, si en vez de llamarse Marcial Maciel, se hubiese llamado Franz Kafka, sería checoslovaco y escritor. Por lo demás, la curia universal está llena de medios tramposos, medios mañosos y medios dobles. La estructura piramidal y vertical comandada por el Vaticano, es digna del ejército prusiano. Detentores rancios de una verdad secular inapropiada, se obstinan en guardar la basura, bajo la alfombra de una sutil quimera. El único golpe de estado que he de propiciar en mi vida, será en contra del Vaticano. Mientras tanto soporto lo insoportable. Como a este tonto de capirote del cardenal. México lindo y querido. Te amo.
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