completamente abajo, ido, enteramente ido.
D. H. Lawrence.
hienas voraces ejercitan la ejemplar tarea de exterminio,
se pasa del calor al frío con rapidez que asombra,
inmediata y naturalmente aparece la palabra desgarro,
la palabra naufragio, desespero, desolación, rabia,
tormenta, impotencia, la palabra cortejo,
me convierto en toro de lidia, banderilleros temibles
aguardan darme muerte al menor movimiento.
la guillotina sobre mi cabeza,
la cabeza sumergida ¿a dónde ir?
rumbo a cualquier lado, da lo mismo una fiesta de disfraces,
el cementerio, una boda, un viaje en catamarán,
nada tengo que hacer en ningún sitio,
nada puede ocurrir que me afecte,
soy el ejemplar más triste del universo
todo es enorme y vasto desierto,
la vida anulada y el león acechando a su presa.
inmensas ganas tantas de volcar y de putear
de llorar de arremeter de matar o morir,
inmensas ganas tantas de no tener ganas
y volver a tenerlas,
no puedo creer que la gente circule,
ría, salude, tome un helado,
quiero parar a la gente en las calles,
contarles la pena de un ser invadido por la pena,
que acompañen en el duelo.
el tiempo detenido, el corazón funcionando bajito,
la mente bloqueada, la angustia sobrepasada,
pronto aparece el dolor, un dolor de siglos,
dolor sobrepujado por la soledad,
ella tan solemne que viene y te abraza,
el dolor que doblega, que paraliza
y con el dolor aparece la palabra DOLOR,
todo lo ocupa, todo lo invade, todo lo puede,
te acompaña a tu casa, tu cuarto, tu ropero, tu cama,
se queda allí taladrando un tiempo infinito,
en el cine de tu almohada comienzan las imágenes,
la llave sobre la ventana, mujer de blanco
recostada sobre el umbral de la puerta,
el llanto de esa mujer en la madrugada de un sábado,
siempre el mismo rostro, siempre ella misma.
se vuelve a la primera vez que la viste,
la primera mirada, la primera sonrisa, el primer beso,
la primera disputa y al lado del dolor y la maleta
el primer encuentro en la secreta casa de la noche.
ya es de noche y junto a la noche llegan los duendes
de la nostalgia, y junto a la nostalgia el tango,
aquello que pudo haber sido y no fue,
caminar con esa mujer por san telmo, un beso en
parque lezama, un encuentro en el barcito de
callao y rivadavia, nostalgia y amor ausente,
canta el gallo y de la mano de goyeneche
llega el sueño, luego despierto y pienso en ti,
me alegro, un sol luminoso hace cantar
a los gorriones, otro día comienza en puerto natales.





















