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La muerte es hermosa y japonesa |
I
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Soñé con un campo cubierto de amapolas |
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Anxos Sumai: Tacto |
H
Era un tiempo hermoso, húmedo y placentero, en el que empezaban a asomar los pequeños pechos recientes y nos intimidaban los pelos furiosos que les nacían a las mujeres adultas en las axilas. Queríamos crecer e íbamos aprendiendo despacito, sobre todo con los pasos breves y tímidos que dábamos con las yemas de los dedos sobre la piel de nuestros compañeros de juego.
Debería recordar de aquel tiempo la humedad gozosa y el placer de un dedo tocando el mío, el contacto eléctrico de las rodillas desnudas de un niño con mis rodillas también desnudas. Pero no recuerdo eso, sino la aridez del polvo y las quemaduras de la legía, que me secaron cualquier fluido que pudiese nacer de mi cuerpo.
Todavía hoy no puedo tocar a nadie: se me secan incluso los ojos, me convierto en cartón. Veo las cosas, las personas que puedo tocar como si fuesen blandas, suaves, de mantequilla o algo semejante, derrochando líquidos, pero sé que si las toco yo misma me quedaré sin agua en el cuerpo y entonces me dolerá incluso mirar. Todo será una repulsión continua, si toco. Tampoco soporto que me toquen: me convierto en una uva pasa, en un trozo de pan reseco y deshidratado. Aparto las manos de los demás porque las manos de los demás también me convertirán en cartón. Absorberán toda el agua de mi cuerpo, me dejarán muerta y quemada como las ánimas que nos mostraba el cura cuando no éramos dóciles, buenas y obedientes.
El cura no era un hombre como los que yo conocía. Se afeitaba todos los días y tenía la piel de la cara y de las manos suaves como las de un niño. Su boca era una especie de herida obscena abierta en la cara a base de pensamientos lascivos. Yo acababa de estrenar un vestido amarillo que mi madre me había cosido para el verano. El cura se me acercó y me dijo que estaba muy guapa, que parecía ya una chica. Se colocó detrás de mí y recuerdo sus manos aplastándome los pechos, sus manos subiendo y bajando. Arriba y abajo. Despacito. Pegaba su boca a mi oreja y me decía "que bonito vestido llevas hoy", pero más lento, como si estuviese haciendo un trabajo que requería un esfuerzo tan grande como cuando Dios creó el mundo.
Me lamía el pescuezo, metía sus manos -siempre despacito- por el escote del bonito vestido y se detenía, se detenía, se detenía sobre mis pechos pequeños que ni siquiera eran conscientes de que estaban allí. Y entonces, cuando llegó al bulto tierno de mis pezones recientes, los apretó y restregó su cuerpo contra mi espalda. Después me sentó en un banco, levantó la sotana y bajó la pretina del pantalón. Me tomó de la mano y la puso sobre su pene inflamado que semejaba carne cruda. Y yo sentía tanto asco y tanto miedo que decidí convertirme en polvo. En el polvo que barría cada sábado del suelo de la iglesia. En el polvo que dejaban los zapatos de la gente que debería cuidarnos. En el polvo que las polillas arrancaban a los viejos vestidos con los que se engalanaba el cura para ofrendar a su dios.
Aquel día me regaló una gran cesta de cerezas y me hizo prometer que no se lo dijese a nadie. Que si lo decía, iría al infierno, a arder como aquellos cuerpos en combustión. Y no dije nada. porque entonces yo ya era madera y cartón. Como los santos que llenábamos de flores los sábados por la tarde.
Textos en español de Os sentidos da perigosa normalidade. Traducción del gallego de Dorotea V. Wilder.
Fotografía de Alberte Peiteavel
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Carta del suicida que se niega a morir |
S
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Yo soy Madame Bobary |
H
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Dios |
Cada día que pasa pienso que Dios es un ser
absolutamente superficial,
algo que en definitiva
no tiene nada que ver conmigo.
Un ser lleno de arrogancia hermética,
drogado todo el tiempo
con ojos azules fijos al infinito.
Sordo, ciego y pueril, arrogante a más no poder,
y a su vez infantil, una mierda de tipo.
No tiene conciencia clara de su obra,
de la cagada que ha hecho.
Solitario en su cumbre, viejo, tonto, sin bañarse,
balbuceando incoherencias.
Se arrastra de un lugar a otro, maldiciendo su suerte,
le tocó ser el primero y sabe que nunca se lo perdonaremos.
Aúlla por las constelaciones estelares
pidiendo clemencia, quedándose dormido,
emborrachándose. Solo. Completamente.
Pordiosero del espacio. Siempre solo,
como una puta a las siete de la mañana.
Ilustración de Javier Molinero.
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Yo no soy Amélie Nothomb |
T
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Voy por las cantinas de sueños rotos |
Voy por las cantinas de sueños rotos.
Me abstraigo en misterios grises oxidados.
Cada día que pasa me acerco más al olvido,
mi sombra olvidada en los rincones.
Regalo un gastado verso para cada mujer de ocasión.
Mi corazón es una uña encarnada.
No doy abasto ante tanta miseria.
Ha llegado el tiempo de vivir sumergido.
No tendríamos que habernos conocido.
Soy el vaivén de tus noches de insomnio.
Tú la dalia evanescente
de mis noches de hastío.
De una cosa estoy seguro,
ninguno de los dos morirá de amor.
No seremos leyenda, ni mito ni recuerdo entre las brumas,
ni siquiera la huella de un paso sobre la nieve.
No seremos nada. Olvido. Un viejo tren sin conductor
que solitario viaja rumbo al olvido.
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Así comenzaron todos los asesinos en serie |
C
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Esos perfectos desconocidos |
V
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El hombre más bueno del mundo |
- Si te gusta otra te puedes marchar.
- La elegancia no es tu característica
- No eres tú precisamente la que puede dar cátedra sobre elegancia.
- Recuerdo cuando me regalabas flores.
- Dejé de hacerlo cuando te vi comiéndolas.
- Tú siempre vas a ser el jovencito de la película. Ya no te luce aquello, estás viejo. Todas tus chicas están jubiladas. No haces más que volver una y otra vez a Buenos Aires. Un Buenos Aires que ya no existe. Tampoco eres el que antes fue. Sólo sombra de una sombra. Un muerto viviente. Podrías dedicarte a escribir necrológicas. Seguro que no te has dado cuenta, pero hoy encontré un diente tuyo entre las sábanas. Mírate al espejo. Ya sé que hace años no lo haces. La impresión te matará. Ya no te quedan amigos. Nadie viene a verte. Estás solo y te lo mereces por hijo de puta. No sabes cómo tratar a una mujer. Tienes un cero en delicadeza. No sabes cómo te odio. Pero también sé que te quiero. ¡Oh mi Dios! No sé qué hacer. Eres un miserable de mierda. Me haces sufrir.
Mientras la estrangulaba no sentía nada. Luego al enterrarla en la quinta como abono para las patatas, tampoco sentí nada. Más tarde, un poco más tarde y tranquilo, mientras fumaba y escuchaba la misma canción, me sentí el hombre más bueno del mundo.
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El ángel exterminador |
E
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No ha parado de llover |
L
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Chile le gana a Brasil |
M
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Dios es mujer |
M
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Un vaso de agua, una dentadura postiza con cinco dientes de oro |
E
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22 detrás de una pelota |
Será por todo aquello que alguna vez la poeta Marcela Muñoz Molina me preguntó: Dime Hugo a ti que te gusta el fútbol ¿yo en qué puesto de la vida juego, soy arquera, defensa, volante o delantera?
Y para terminar lo haré con una frase que dijo Albert Camus quien jugaba de arquero allá en Argel: "Todo lo que soy en la vida se lo debo al fútbol".
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Pienso que mañana escribiré |
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Swedenborg y el Rey |
Por Fernando De Gregorio
Swedenborg:
Soy Ingeniero, Astrónomo, Físico, Químico y Anatomista. Soy feliz. Tengo una hermosa hija: Liv, que ayuda al rey, mi amigo, mi único amigo, en asuntos de la Corte y trastornos jurídicos, ya que le di enseñanza a ella para que manejara la ley y la religión luterana a la perfección.
(Se apaga la luz azul)
(Se enciende la luz roja al otro costado)
Entra Carlos XII de Suecia y se sienta en el trono dorado junto al trono de la reina.
Carlos XII:
Buenas noches, buen Emanuel, mi único amigo, mi amigo telepático. Siéntate o recuéstate en el diván. Graves asuntos nos acucian.
Soy Carlos XII de Suecia, el unificador de Escandinavia. Soy un Viking civilizado y hago el trabajo que me ordena Dios a través de tus consejos y los consejos del Conde Odegaard.
¿Cómo van los asuntos en la Corte de Estocolmo?
Swedenborg:
A la perfección. Dios nos bendice. Los rusos se han detenido en Lituania y se han visto obligados a retroceder.
Carlos XII:
Excelente. Non pas nouvelle, bon nouvelle..
Swedenborg.
Si, es la única noticia. Los rusos no son ya problema, aunque sé que eres capaz de acorralarlos en Siberia.
Carlos XII:
Será en otra ocasión. Tal vez se tenga que ocupar de los Romanoff mi hijo cuando mejoremos la calidad de nuestros cañones. ¡Qué difícil es tener un buen oficial de Artillería!
¿Podrías llamar a Liv, tu hija? Tengo una consulta jurídica apremiante para ella.
Swedenborg:
Inmediatamente. Es tan insomne como yo.
(Se va)
( Se apaga la luz roja)
(Se enciende la luz azul)
Monólogo de Carlos XII:
Tengo piernas cortas; pero las patas de mis caballos azabaches son largas y son mis niños. ¿Cómo estará mi reina? En el séptimo sueño. Eso Espero.
Emanuel, mi Emanuel Swedenborg, a quien hice noble de alta categoría, cada vez es más místico. Creo que pronto verá a Dios de frente o a sus ángeles. Anoche lo soñé. Soñé que el rey de Orange de Holanda, rey de Inglaterra le preguntaba cómo son los ángeles y los demonios. Nadie más indicado que mi buen Emanuel... Ay Swedenborg, cuanta grandeza! ¡Qué inteligencia! ¡Qué luterano! ¡Qué hombre de Dios y Jesucristo hasta la muerte! Si no fuera por Emanuel yo hubiera querido ser como Federico Barba Roja o Julio César. Emanuel Swedenborg me ha llevado al correcto camino y le pido bendiciones a Dios para él y su hija Liv, mi mejor ayudante en las intrigas de la Corte, que cada vez son menos y de menor importancia. Aquí no tenemos la corrupción de los Borbones que por sus excesos seguro serán destruidos como en la visión de Emanuel. Aquí la familia reinante es austera como el hielo y el cielo tan temido, a pesar de que el invierno dura durísimos seis meses y tengamos sol a medianoche que despierta a cualquiera que busque la gran y sagrada justicia de Dios.
Si no fuera por Emanuel yo sería ateo. Tanto así le debo.
( Se apaga la luz azul)
( Se Enciende la luz roja)
Swedenborg y Liv su hija aparecen en escena.
Swedenborg:
Mi buen rey Carlos: aquí está mi hija Liv.
Liv:
Mi buen rey, ¡qué quieres de mí?
Carlos XII:
Consejo.
Liv:
¿Sobre qué?
Carlos XII:
Querida niña mujer virgen a quien llevé en mi regazo hasta los nueve años. Dime: ¿Eres capaz de casarte con mi consejero, el viejo y viudo Conde de Odegaard?
Liv:
Si es una orden, acepto.
Carlos XII:
Ante todo, ¿Te gusta el anciano?
Es hombre recio, forjado en el duro metal de la batalla y aun es posible padre.
Liv:
Yo quería un efebo, de veinticinco años, como el Conde de Lindberg, pero sí, me gusta. Es bien macizo, si me permite la expresión.
Carlos XII:
Lo es.
Liv:
Entonces asunto hecho. Me casaré con Odegaard, el viudo sin hijos.
Carlos XII:
Liv, querida niña de Suecia, rubia hasta el espanto. Oro puro. Serás feliz.
Liv:
Merci, gracias, Dankeschen.
Swedenborg:
Pensar que su madre era una judía rusa que salvó de milagro su virginidad de los Pogroms.
Carlos XII:
Cuéntame de los Pogroms aunque ya lo sé.
Swedenborg:
Los Pogroms son exterminios de cosacos nobles rusos a las aldeas de pobres judíos y pobres gitanos. Se deleitan matando como Gengis Khan.
Carlos XII:
Todo dicho. No quiero saber nada más.
¿Cómo se llamaba tu esposa?
Swedenborg:
Edith Myriam Gerchunoff.
Carlos XII:
¿Te llegó virgen?
Swedenborg:
Es una larga historia, pero sí.
Carlos XII:
Los judíos, gran minoría en Escandinavia, siempre han sido muy útiles y entienden nuestra mentalidad de ex vikingos.
Swedenborg:
Así es. Y sienten que el protestantismo es su único refugio en Europa.
En Rusia los tratan como a basura, hasta los ricos comerciantes, que secretamente son nuestros aliados como Chomsky, el hombre más rico de Europa. Tiene que besarle las botas al zar en cada entrevista. ¡Qué vergüenza! Un hombre tan valioso.
Carlos XII:
Quiero una entrevista de igual a igual con Chomsky: Necesitamos mejorar el comercio con las colonias británicas.
Swedenborg:
Así será. El mes entrante Samuel Chomsky, que empezó vendiendo dientes de oro, vendrá a verme. Es pariente de mi querida y perdida Edith.
Carlos XII:
Eres un hombre signado por el destino, pero quieres pasar desapercibido. Podrías ser mi segundo General; pero prefieres ser ingeniero militar. Tu humildad me conmueve profundamente.
Swedenborg:
Merci, Dankeschen, gracias meine Herr, mi señor.
Carlos XII: (con risa)
Dios es tu Señor. No me adules.
Swedenborg:
De acuerdo, of course.
Carlos XII:
Dime, Please, qué te ha dicho Dios estas noches que no hablamos como confabulatori nocturni.
Swedenborg:
Dios me ha dicho, a través de un ángel rubio, no morocho, que también los hay, que debes dar rienda suelta a Inglaterra. Me ha dicho el ángel que Inglaterra es el país del futuro y que debemos ser sus secretos aliados. Y que secretamente debemos informarnos de todo lo que ocurre con Shakespeare y sus comentaristas como el actor Garrick.
Carlos XII:
No lo dudo. Leeré contigo Hamlet.
Swedenborg:
Buen negocio.
Liv:
Buen negocio. Hamlet es la mejor obra de Shakespeare; la suma Occidental de Europa respecto de nuestro futuro.
Recuerda, rey, bien el título: Hamlet, Príncipe de Dinamarca.
CarlosXII:
Lo tengo en cuenta.
Habla más, Liv. Me encanta tu voz.
Liv:
Trataré de hacer mi voz más melodiosa para que te entre al alma.
Hamlet es la obra teatral más potente que existe, sólo comparable con la Ilíada.
Sófocles es apenas una sombra ante tanta música y sabiduría.
William Shakespeare, sospecho, también llegó a los ángeles como mi padre, el místico, mi padre, mi amado padre que tanto me hizo estudiar para casarme con el hombre de acero, el Conde Odegaard.
Hamlet es el destino de Escandinavia ante Inglaterra, la isla sangrienta de los romanos y los celtas.
Debemos depender de Inglaterra; y, en el futuro, con lo que pase en América, que según visión de mi padre, será la tierra más importante del futuro y sin reyes.
Carlos XII:
Yo soy rey por costumbre. Prefiero la Democracia de Pericles. Digamos que soy Pericles.
Liv:
No es poco.
Swedenborg:
Rey Carlos XII de Suecia, admirado por Voltaire, cada vez me inclino más a la mística. Los ángeles me llaman y acosan y me dicen que debo ir a la Corte de Inglaterra. Dime: ¿ Cuándo me permitirás frecuentar a Wilhem de Orange?
CarlosXII:
Pronto.
Swedenborg:
Siempre estaré contigo, mi incalculable amigo telepático.
Carlos XII:
Sí. Eres mi mejor amigo y tu hija ha salido tan hermosa como princesa sueca.
Swedenborg:
Exactamente. Esto es tan vikingo que asusta. No nos olvidemos de Lutero.
Carlos XII:
Soy luterano y tu hija es luterana y se casará con Odegaard y será feliz y tendrán muchos hijos, hijos nobles para la casa real de Suecia.
(Se enciende la luz azul)
Swedenborg:
¿Hasta cuándo los suecos seremos un pueblo pequeño y poderoso?
Carlos XII:
Pequeños no somos. Hemos hecho retroceder a los Romanoff. Tendremos gran ciencia y tú eres el precursor. Te debo tanto... Me has hecho ver la constelación de Andrómeda.
Swedenborg:
Merci, gracias, dankeschen. Sí. Soy buen astrónomo. Dios vive en las estrellas a puro fuego sagrado.
Carlos XII:
Así es. Tu lo has dicho.
Liv:
Mi padre es un genio y un elegido.
Carlos XII:
En efecto.
Liv:
Mi padre te adora, oh, rey Carlos XII de Suecia. Eres tan genial como mi padre y te debo tanto. Y ahora me harás esposa del Conde Odegaard, tu ayudante consejero y gran guerrero. No sé como agradecer.
CarlosXII:
Olvídate del joven Conde de Lindberg que es un patán. Odegaard te dará hijos y buena cama. Es un gran casorio. Serás feliz: Odegaard, luego de tu padre, es mi mejor hombre. Perderás la virginidad con gran pureza y gozo.
Liv:
Nada más deseo. Un hombre curtido por las balas y los sablazos.
Carlos XII:
Y los caballos. No te olvides de ellos.
Liv:
No me olvido de ellos.
(Liv se va)
(Se enciende la luz roja)
Swedenborg:
Mi buen rey Carlos: he tenido una visión sobre ti que debo comunicarte.
Sé que preparas la batalla en suelo ruso de Poltava. Te irá mal. Pero los rusos ya se olvidarán de Escandinavia. Huirás a Turquía y con aventuras asombrosas volverás a Estocolmo y Upsala para reinar, pero por poco tiempo. Morirás a los 36 años y nada lo impedirá. Debes se tan impasible como siempre y te espera el cielo; lo que nuestros ancestros llamaban Wallhalla.
Carlos XII:
¿Será muerte por guerra?
Swedenborg:
Sí. Algo similar.
Carlos XII:
No entiendo.
Swedenborg:
Un accidente, un designio divino, porque Prusia debe empezar a consolidarse contra los Hasburgos. Menos de setenta años luego de tu muerte, los Borbones pasarán a la historia como venales y despilfarradores y abusadores del pueblo. Morirán cruelmente, con odio bien frío y ardiente al mismo tiempo. Nada menos que el infierno será eso.
Carlos XII:
Entonces muero bien.
Swedenborg:
En efecto.
Carlos XII:
Déjame solo, Please, ya que me duele morir joven. Pero antes te anticipo que yo soñé que tu morirás con gran prestigio en Inglaterra en 1772. Tu hija, la hija de judía, tu Edith fallecida, debe seguir siendo una sombra en la Corte hasta que tenga hijos con Odegaard; entonces podrá difundir que es hija de una conversa al luteranismo.
Se apaga la luz.
FIN DEL PRIMER ACTO
ACTO II
(El trono del rey de espaldas al público. Carlos XII sentado dando quejidos. Swedenborg, a un costado, arrodillado, parece rezar. Liv también.)
Carlos XII:
El médico me dijo que no pasaré de esta noche. La gangrena es muy pronunciada y la Atropa Belladonna me alivia el dolor a costa de estas escasas horas de vida que me queden.
Swedenborg:
Has sido un gran rey. La posteridad te recordará como el que nos salvó de los bárbaros Romanoff. Es una pena que también haya muerto tu aliado, el Príncipe Mazzepa.
CarlosXII:
Murió bien. En batalla, que era lo que él quería. Algún día caerá el yugo de Ucrania.
Swedenborg: Seguramente. El Siglo XVIII será el inicio de la libertad como ya la conciben los holandeses.
Liv:
Gran pueblo Holanda. Abandonaron la guerra por el comercio y son felices.
CarlosXII. Muy felices: Tu padre los ha frecuentado mucho y seguirá haciéndolo.
(Un prolongado silencio)
Carlos XII:
¿Qué pasará con mi alma, Emanuel?
Swedenborg:
Al principio, sin darte cuenta serás una sombra, un fantasma, pero Dios me permitió hablar contigo hasta que cumplas tu período en la tierra. Luego me tendrás eterna paz, gran guerrero.
CarlosXII:
Paz...
¡Cómo la deseo! ¿Es decir que como fantasma estaré cerca tuyo?
Swedenborg:
Es muy triste el mundo de los fantasmas. Pocos tienen guía y gravitan como las olas del mar. Se ven los infiernos y los demonios y, a veces, los ángeles buenos intervienen.
Carlos XII:
No parece tan malo, después de todo.
Swedenborg: Es el plan divino. Nada se puede hacer. Los católicos creen que si se confiesan antes de morir, a último momento, Dios los perdona; pero no es así. De hecho, todas las Iglesias cristianas están equivocadas, aunque ayudan. La verdadera Iglesia de Cristo surgirá en América en la cuarta década del Siglo XIX.
Carlos XII:
Yo que pensaba que Lutero era el elegido para corregir los errores del cristianismo...
Swedenborg:
Ayudó, pero no era tiempo. Se apoyó demasiado en la Fe y poco en las obras y la inteligencia. Hay que desarrollar la inteligencia buena por sobre todas las cosas para llegar a Dios. Además hay que tratar de ser artista, ya que Jesús hablaba con metáforas y parábolas para que lo entendieran los humildes.
CarlosXII:
Este es un siglo de grandes artistas. Pienso en Bach sobre todo.
Swedenborg:
Yo conoceré a la gran mayoría de los artistas del Siglo XVIII. Algunos hablarán bien de mí. otros no. Carlos XII:
Liv:
¿Sigues orando por mí?
Liv:
Sí, mi rey.
Carlos XII:
Siento que el aliento ya me falla y moriré en unos minutos.
Liv:
No tienes de que preocuparte. Has sido hombre de dios siempre, siempre ético, como te educaron tus padres y maestros.
Carlos XII:
Aun hay mucha injusticia en Suecia.
Liv:
Se debe a que la ciencia aun no es tan perfecta como lo será, para ayudar a todos.
Carlos XII:
Te creo Liv y me alivias.
Liv:
Oro también por tu esposa que será viuda hasta el final siendo tan joven ahora y por tus hijos.
CarlosXII:
Gracias. Muero.
Liv:
¿Ha muerto, Papá?
Swedenborg:
Ha muerto. Su ánima sale del cuerpo. Está muy luminoso. Se ve que era bueno
(Se apaga la luz)
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es lo que hago siempre |
V
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Pequeña triste historia |
E
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El inglés de Manchester |
E
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De repente me vi surfeando en la ola |
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Los mexicanos son medios tramposos, medios mañosos, medios dobles |
El pequeño bebé, nació el 28 de marzo del 1933. Fue en el poblado jalisciense de Yahualica. En Guadalajara, México. Con viento a favor, fue nombrado cardenal el 26 de noviembre de 1994. Hablo del prócer mexicano Juan Sandoval Íñiguez, quien acaba de parir al mundo, una teoría sumamente estúpida. Le atribuye al pedófilo-pederasta internacional y planetario de Marcial Maciel, atributos que a su esquizofrénico parecer, son paradigmas del ser mexicano. Ha dicho este dechado de virtudes, que el fundador de la orden de los Legionarios de Cristo, que el primor de Maciel, posee ciertas características que son atribuibles al mero México. Ha dicho este querubín, que los mexicanos son: "medios tramposos, medios mañosos, medios dobles". Por lo tanto, si no fuera mexicano, sería posible que no haya sucedido lo que sucedió. Por ejemplo, si en vez de llamarse Marcial Maciel, se hubiese llamado Franz Kafka, sería checoslovaco y escritor. Por lo demás, la curia universal está llena de medios tramposos, medios mañosos y medios dobles. La estructura piramidal y vertical comandada por el Vaticano, es digna del ejército prusiano. Detentores rancios de una verdad secular inapropiada, se obstinan en guardar la basura, bajo la alfombra de una sutil quimera. El único golpe de estado que he de propiciar en mi vida, será en contra del Vaticano. Mientras tanto soporto lo insoportable. Como a este tonto de capirote del cardenal. México lindo y querido. Te amo.
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Contraté un nuevo abogado |
Barajaba algunas alternativas. Todas ellas me conducirían al abismo. La salvación no era posible. Los enemigos eran numerosos e implacables. El suicidio era la salida. Era lo que yo entendía como la alternativa favorable. La más favorable. Fui a la ferretería cerca de casa y compré una soga. La instalé en el galpón. Luego tomé una ducha. Me puse ropa para ocasiones especiales. Me instalé en mi biblioteca. Preparé un café y me fumé un cigarrillo. Eran las cuatro y media de la tarde. Ferrer me había dicho que los poetas mueren a las cinco de la tarde. Tenía media hora para vivir. A las cinco menos veinte me llama Fabián, me dice que viene a casa a tomar un café. Le digo que venga a las seis de la tarde, que a esa hora estaré desocupado. ¡Vaya que estaré desocupado! A las cinco menos cuarto me llama mi abogado, dice que no hay posibilidad de revertir la causa. Que son veinte años y que con buena conducta, saldré a los quince. Lo mando a la mierda. A él y a toda su parentela. A las cinco menos diez, entra mi tía Matilde donde yo estaba. En la biblioteca. Demudada. Nunca vi un rostro de tragedia igual. Era la muerte retratada. Era un cero menos que cero. Un espanto de muerte en el semblante. Nunca vi nada igual. O sí, una vez vi ese terror en la mirada, fue cuando miré por tv el juicio sumarísimo que se le siguió, al general dictador rumano Nicolae Ceaucescu. La eminencia de la muerte. Quedo paralogizado. Le pregunto que le pasa. ¿Sabes qué? Me dice. Le pregunto que le pasa. Que me diga ya lo que pasa. Me dice que le descubrieron una carie. Que tiene una carie. Que su dentista le descubrió una carie. Entonces descubrí que mi problema no era nada comparado con el suyo. Que tendría que seguir viviendo. Contraté un nuevo abogado.
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Mi primer amor |

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Presentación del libro de Julián |
| [+/-] |
Marcela Muñoz Molina |

Definitivamente no se puede con ellos. Cyrulnik dice que neurológicamente somos totalmente incompatibles y que en la práctica, es un milagro que podamos establecer relaciones amorosas duraderas. No sé por qué sucede. No sé, si es por la necesidad extrema de mantener la especie, por soledad, por costumbre o por carencia. El tema es que insistimos una y otra vez. Apenas nos olvidamos de los dolores de parto, volvemos a embarazarnos y a cruzar el luminoso y escabroso escenario. Terminamos casi siempre fumándonos todos los cigarrillos, con la mirada perdida en el suelo. Tomándonos todo el café. Evitando las comidas. Durmiendo mal. Lo perdemos todo en ese intento. Si habíamos logrado dar con algo, lo volvemos a ofrecer en la mesa del otro, para compartirlo con todos. Cada asistente, come inocente un poco de ese fuego acumulado. Todos los testigos de esa fiesta de segundos, de colores brillantes y poco reales, saben que no durará. Y aún así, se ríen y participan. Será acaso uno de los pocos estados de conciencia común. Los nacimientos, el amor y la muerte. Después caemos de nuevo. Los amantes caen violentamente. Los testigos tambalean, se sacuden un poco. Ellos dos solos y por separado, se despiden de un mundo inventado por los olores que lograron mezclar. Mueren un poco en la caída, pero no mueren del todo al estrellarse. Deberán seguir. Deberán arrastrarse y volver a reunir parte por parte cada lengua de fuego que haya sobrevivido. Encajar cada hueso en su lugar, para poder andar. Frenar hemorragias. Zurcirse la piel como si fueran niños de trapo. Rellenar el corazón con arena, con la misma arena que se llenan los relojes. Y esperar. A aquellos que aún los sostiene la vida, volverán tarde o temprano a sentarse en la colorida mesa de los segundos. Los otros, astronautas fracturados y huérfanos, orbitaremos eternamente la tierra.
Vengo bajando del Rotundo. Voy cansada. Las espinas me han herido las piernas, los brazos, las mejillas. Tropecé ayer, no alcancé a sostenerme en pie y mis manos tampoco me sostuvieron. Comenzó a llover y yo sin capa de agua. Calzando unos zapatos tan livianos. Tan descubierta. Llevo dos fotografías tomadas en la cumbre. Sé lo que hay arriba, sé como se ve desde allí. Las águilas me escudriñaron con su ojo amarillo casi todo el tiempo. Los cóndores son aves prehistóricas. De muchas plantas que vi, no hay registro. Les puse nombre de acuerdo a lo que me recordaban. Viven allí "El ocaso del miedo", la "Madre siempre viva", el "Fantasma de la laguna", el "Hermano perdido". Una de ellas es venenosa. Muy venenosa. Las otras sanan algunos males. Pero en pequeñas dosis. Todo en grandes cantidades es venenoso. Cuando el terreno se vuelve empinado bajo más rápido, mis piernas parecen llevarme, pierdo el control. En la cima del Rotundo, vive principalmente la inconsciencia. Por eso siempre llueve. A veces, clarean sorpresivamente unos extraordinarios cielos de lucidez. Por el contrario, en la cima del Dorotea vive la infancia. Siempre hay sol sobre el Dorotea. El Rotundo es entonces el punto más lejano de la inocencia, sin llegar a ser maldad. Es sólo un acertijo que ha hechizado siempre a piratas y navegantes fuera de la ley. No hay tesoros escondidos en él. Los asuntos de valor, saltan a la vista. Es la humedad la que permanece oculta. Los bosques se tragan a los caminantes, largas ramas atrapan a las mujeres bellas, las convierte en seres de papel. Hay rincones que nunca llegué a conocer. Pequeños valles por los que no quise cruzar, porque nadie los había pisado jamás y hasta el Rotundo se merece el resguardo de lo sagrado. Voy cansada. Siete años es mucho tiempo. Planificar esta expedición no fue fácil. Perdí el rumbo varias veces. Estuve a punto de morir en el ascenso, sin embargo, persistí. Para mí, la cara norte de mi tranquilidad estaba en la cima del Rotundo y debía ir por ella. Aún así, voy bajando dudosa si después de este cansancio inmenso viene la paz. Contra todo vaticinio he salvado la vida. Quizás porque no soy ni un caminante ni una mujer bella. Sólo soy la niña pirata más intrépida al sur de la isla de Wellington.
Fotografía de Anxos Sumai
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Bill Hicks |
William Melvin "Bill" Hicks. Nació el 16 de diciembre de 1961. Se fue de acá, el 26 de febrero de 1994. Posiblemente algunos de ustedes no lo conozcan. De hecho, yo lo conocí anteayer. Me visitó en mis sueños. ¡Despierta cabrón!, Tú eres el pelmazo que conocí en Oklahoma.
"Estoy tan aburrido de armar al mundo y luego enviar tropas para destruir esas armas, ¿saben a lo que me refiero? Seguimos armando a estos pequeños países y luego vamos, y les volamos toda la mierda. Somos como los matones del mundo, saben. Somos como Jack Palance en la película Shane...Tirando una pistola a los pies de un pastor: "Levántala." "No la quiero levantar señor, usted me disparará." "Toma el arma". "Señor, no quiero ningún problema. Solamente bajé a la ciudad para conseguir algún caramelo para mis niños, y algún guingam para mi esposa. Ni siquiera sé cual guingam es, pero usa como 10 rollos semanales de esa cosa. No estoy buscando problemas señor." "Levanta la pistola." Boom, boom. "Todos ustedes lo vieron. Él tenia el arma".
"Oh vamos Bill, son los New Kids, no la agarres con ellos, son tan buenos y se ven tan bien y son tan buena imagen para los niños.' Que se pudra. ¿Desde cuando la mediocridad y la banalidad se convirtieron en una buena imagen para los niños? Quiero que mis hijos escuchen a personas que realmente rockearon. No me importa si murieron ahogados por su propio vómito. Quiero a alguien que toque para sus putos corazones".
"El peor tipo de no-fumadores son los que se te acercan y tosen. Eso es una mierda muy cruel, ¿no es así? ¿Acaso vas donde los lisiados y bailas también?".
Info sobre Bill Hicks en la Wiki.
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¡Manda Cojones! |
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¡Tirar a matar! |
Por Héctor Martínez Díaz
Lo anterior quedó reflejado en los saqueos tras el terremoto, más aún cuando no fueron solamente descamisados, ni lumpen proletariado, menos aún soldados de la Yakuza nipona, tampoco del Cartel de Sinaloa o de Tijuana, ni siquiera la banda del Cisarro, quienes actuaban masivamente descontrolados.
Es que gracias a la experiencia vicaria de la magia de la tv, saqueamos todos a Concepción, otrora sesentera y revolucionaria tierra miracha. Para los pobres y ricos del campo y la ciudad robar fue una expresión del sentir popular. Aunque pudiera ser que fuéramos presas de agorafobia -temor patológico a los espacios abiertos o a los lugares donde no se puede recibir ayuda- y eso nos instó a correr llevándonos plasmas y lavadoras. Lo cierto es que nuestro biotipo, acervo sociocultural y socioeconómico, hubiese vuelto esquizofrénica -¡cómo si ya no lo fuera!- la tipología del hombre delincuente lombrossiana.
Y, ¡claro está!, los saqueos fueron, también, pábulo para esa insaciable vocación morbo informativa mediática. Ya no era necesario, entonces, alarmar de la delincuencia con portadas de peleas barras bravas después de un clásico; inundar los titulares con los destrozos de las barricadas y desmanes dejados por la movilizaciones sociales sean ya de peñis o winkas; o sobreabundar la crónicas rojas con los hurtos hormigas y las frías estadísticas delincuenciale. Es que el sismo alcanzó tal magnitud que aparte de los desaparecidos, muertos, miles de damnificados, ciudades y pueblos arrasados, miles de millones de dólares en pérdidas, cambió también el eje de tierra, desplazó en 8 metros algunas ciudades, disminuyó, según dicen, en 1,6 milésimas de segundo el día y remeció profundamente nuestra cordura.
Pero quienes, ya sea por un estado de necesidad o no, saqueaban bienes muebles e inmuebles -¡pobres ingenuos!- no sabían que también se robaban a si mismos las columnas de la base social democrática. Estaba justificado, entonces, militarizar la zona devastada, pero otra cosa es el terrorífico clamor de ¡Tirar a matar!, que sectores de la sociedad exigían a las Fuerzas Armadas. Y no faltaron los que van por ahí de moralistas dictadorcillos, para quienes los saqueos se vieron favorecidos por la mano blanda de la persecución estatal y de aquella cantinela: "hoy por hoy los derechos humanos son para los delincuentes".
Proliferaron los visionaros panegíricos a imponer orden y seguridad por medio de una populista y represiva violencia estatal, como el que fuera publicado el 7 de marzo en la sección Reportajes de La Tercera, considerado hoy todo un clásico: "El Cabo Hinojosa Desenfunda": Atados de manos, bajo permanente sospecha, carabineros arriesgan la crucifixión pública cada vez que cometen el pecado de patearle el culo a un punga, se lee en parte del texto. Luego de su publicación, como profecía autocumplida, el acontecer nos hizo una mueca trágica: una persona, por desobedecer el toque de queda, muere a golpes en Hualpén, presuntamente a manos de la patrulla naval que lo detuvo.
¿Nos cantará su palinodia el Iluminado Gran Hermano articulista, siendo él gustador de la cultura grecolatina como aparenta? ¿Se titulará aquella: "Se les pasó la mano a estos cosacos"? ¿Criticará en ella las falencias educaciones de la obtusa formación literaria del contingente marino que no saben distinguir que lo de él fue sólo un figura retorica, casi una licencia estética, nada más que un uso exquisito de la ironía? O que, más bien, no tuvo intención de escribir aquello, y es que, pese a despotricar contra el festiviña, fue presa de ese coro regaettonero "¡dale por el cu… dale por el cu…!". Y es que, aunque uno no quiera, el perreo se cuela por todos lados. Mas creo entender al rizado autor y que su escritura es plurívoca y evoca, pues, múltiples lecturas, porque sería de muy mal gusto pensar que esos marines, sean sus fieles lectores y quienes interpretaran el sentido unívoco, en su chascona columna.
Bueno, quizás todo lo que pasó sirva de algo y nos demande una nueva mirada del ser chileno. ¡Quién lo diría!, fue en el mismo Concepción, pero en el año 1834, cuando un humilde maestro venezolano, Simón Rodríguez, creaba escuelas penquistas y propugnaba a quien quisiera escucharlo un discurso tal de: "Innovamos o erramos". De lo contrario, El contagio de la locura no será sólo el titulo de una novela del hoy damnificado amigo Juan Mihovilovich, escritor y juez mixto de Curepto, sino también la idiosincrasia nacional y ahí sí que estaríamos arrasados.
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Te llamabas Verónica |
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Ella me dijo y yo le dije |
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Recetas de cocina |
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La muerte no será el final |
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El día que mataron a Julián |
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Carne rica bien condimentada |
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Primeras impresiones |
completamente abajo, ido, enteramente ido.
D. H. Lawrence.
hienas voraces ejercitan la ejemplar tarea de exterminio,
se pasa del calor al frío con rapidez que asombra,
inmediata y naturalmente aparece la palabra desgarro,
la palabra naufragio, desespero, desolación, rabia,
tormenta, impotencia, la palabra cortejo,
me convierto en toro de lidia, banderilleros temibles
aguardan darme muerte al menor movimiento.
la guillotina sobre mi cabeza,
la cabeza sumergida ¿a dónde ir?
rumbo a cualquier lado, da lo mismo una fiesta de disfraces,
el cementerio, una boda, un viaje en catamarán,
nada tengo que hacer en ningún sitio,
nada puede ocurrir que me afecte,
soy el ejemplar más triste del universo
todo es enorme y vasto desierto,
la vida anulada y el león acechando a su presa.
inmensas ganas tantas de volcar y de putear
de llorar de arremeter de matar o morir,
inmensas ganas tantas de no tener ganas
y volver a tenerlas,
no puedo creer que la gente circule,
ría, salude, tome un helado,
quiero parar a la gente en las calles,
contarles la pena de un ser invadido por la pena,
que acompañen en el duelo.
el tiempo detenido, el corazón funcionando bajito,
la mente bloqueada, la angustia sobrepasada,
pronto aparece el dolor, un dolor de siglos,
dolor sobrepujado por la soledad,
ella tan solemne que viene y te abraza,
el dolor que doblega, que paraliza
y con el dolor aparece la palabra DOLOR,
todo lo ocupa, todo lo invade, todo lo puede,
te acompaña a tu casa, tu cuarto, tu ropero, tu cama,
se queda allí taladrando un tiempo infinito,
en el cine de tu almohada comienzan las imágenes,
la llave sobre la ventana, mujer de blanco
recostada sobre el umbral de la puerta,
el llanto de esa mujer en la madrugada de un sábado,
siempre el mismo rostro, siempre ella misma.
se vuelve a la primera vez que la viste,
la primera mirada, la primera sonrisa, el primer beso,
la primera disputa y al lado del dolor y la maleta
el primer encuentro en la secreta casa de la noche.
ya es de noche y junto a la noche llegan los duendes
de la nostalgia, y junto a la nostalgia el tango,
aquello que pudo haber sido y no fue,
caminar con esa mujer por san telmo, un beso en
parque lezama, un encuentro en el barcito de
callao y rivadavia, nostalgia y amor ausente,
canta el gallo y de la mano de goyeneche
llega el sueño, luego despierto y pienso en ti,
me alegro, un sol luminoso hace cantar
a los gorriones, otro día comienza en puerto natales.
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Este infierno tan querido |



















