e pregunto a Carme cuándo comenzó a escribir. Me dice Carme que ya me cuenta. Que va al baño, que vuelve y me cuenta. Vuelve. Dice: Fue de pequeña, fui con una tía en un viaje a Castro. En aquella época era muy caro viajar en avión, hicimos el trayecto por tierra. No lo recuerdo exactamente pero tuvimos que haber demorado más de una semana. Cosa que aún hoy sucede, tuvimos que pasar por Argentina. Fue toda una odisea. Recuerdo que en mi casa de Puerto Natales, prepararon dos pollos para el viaje. Cada tanto el bus iba parando. El chofer se bajaba y revisaba el motor. Llegando a Río Gallegos el bus se pasó a volcar. Allí tuvimos que esperar otro bus que viniera a socorrernos. Incluso salimos en el diario de Río Gallegos. BUS CHILENO VUELCA EN TERRITORIO ARGENTINO. Solamente una persona resulto herida pero no de consideración. Recuerdo que me gustó mucho San Julián. Un pueblito pequeño y aseado. Recuerdo que a Caleta Olivia llegamos de madrugada, mi tía me despertó, pero no recuerdo nada de allí. Pero me gustó el nombre del pueblo, Mi tía dijo que en San Julián teníamos parientes por parte de mi abuela Filomena. Mi abuela Filomena era la madre de mi madre. Murió en casa, fue la primera muerta que velamos en nuestra casa. Yo la quería mucho porque era viejita y usaba un cintillo verde en la cabeza. Como te iba contando, me gustó el nombre del pueblo. Después paramos en Comodoro Rivadavia, aquella era una ciudad más grande, más grande incluso que Río Gallegos. En aquella época era el boom del petróleo en aquella ciudad. Se notaba por todas partes la pujanza y el brío de las grandes ciudades. Toda la gente iba apurada y me llamó la atención que la gente fuera tan bien vestida. Mi tía decía que a ella le gustaría vivir allí. Después llegamos a un lugar que se llama Puerto Madryn. Yo volví allí veinte años después en un encuentro de poesía que organizaba el municipio. Pero eso te lo contaré en otro momento. Me recuerdas que te la cuente y te la contaré. La última ciudad grande argentina donde pasamos fue Bariloche, muy bonito Bariloche ¿Nunca fuiste a Bariloche? Creo que es lo mejor de argentina junto con Calafate, bueno de allí pasamos al lado chileno, llegamos a Osorno, en aquella ciudad chilena estuvimos todo un día esperando a un tío que nos llevaría a Puerto Montt. Recuerdo que mi tía estaba muy preocupada por la tardanza del tío. Estuvimos todo el día en la estación de Osorno esperando por mi tío. Me llamó la atención la gente muy pobre que circulaba por la estación. Allí me hice amiga de un perrito que le puse por nombre San Julián. Como era un perro de la calle, le pregunté a mi tía si lo podíamos llevar con nosotras, Mi tía me dijo que no y yo me puse a llorar. Ya de noche llegó el tío y partimos para Puerto Montt. No te voy a relatar todo lo que pasamos antes de llegar a Puerto Montt. Allí tomamos un barquito que nos trasladó a Castro. Dice: ¿Qué era lo que me habías preguntado?
n error cotidiano. Nada más que eso. Un error cotidiano. Te llaman y debes salir. Se trata de una vida. Debes salir rápidamente. Le das un beso a tu mujer y a tu hija. Sales. Tomas tu auto y aceleras. Llegas al llamado. Se trata de algo que no reviste gravedad. Se cura con antiinflamatorios y aspirinas. Hablas con el paciente. Dos o tres cosas sin importancia. Aceptas un trago que te ofrece la esposa. Luego te invitan a comer y aceptas. Todos nos conocemos. Pueblo pequeño. 20.000 habitantes. Llamas a casa y dices que ya llegas. Que no se preocupen. Que sólo tardarás una hora. Luego la velada es agradable. Buena comida. Buen vino. Buena estancia. Luego te despides y te marchas. Llegas a casa y todo ha cambiado. Has dejado tu correo abierto.
ombre que va a funcionar! Dice Felipe. Te aseguro que va a funcionar. Es lo que se hace en Francia por ejemplo, o en Galicia. Que todos los poetas llevan a un acordeonista a sus recitales. Le da cierto aire sensual y mágico al entorno, una lamparita de 40 watts, vino tinto caliente con naranja y poesía. Te digo Hugo que va a funcionar. Invitamos a cuarenta personas y llegaron cuatro. Además llegó la banda del Tuerto. La del Perejil con Ajo y la de Zapato Brujo. Estaban todas las chicas dominicanas, las colombianas y las peruanas. No venían por la poesía. Para ellos la poesía es un asunto suntuario. Prescindible. Cayeron de rebote, andaban de jarana y no nos prestaron atención. Ahora Felipe quiere que yo pague el acordeón que le robaron. La dueña de Manos Limpias, las ventanas que destrozaron. Los carabineros cursaron una infracción. Artículo N°373. Ofensas al pudor, la moral y las buenas costumbres. Creo que no fue buena idea lo del acordeón. Felipe dice que tampoco fue buena idea de desnudarme ante la concurrencia. Sobre todo si tenías tan poco que mostrar.
ra un viernes por la noche. Normal. Solo. Mi alma, yo y una botella de vino. Desde que se fue mi novia venezolana, que llevaba una rutina predecible. En eso estaba cuando suena el timbre. Era Magnolia, La Peluquera. Siempre que Magnolia llegaba a casa, se producía una rutina impredecible. Esta vez venía colocada con abundante GinTonic en el cuerpo. -Vine a sacarte de tu madriguera-No pienso salir, le digo. -Hace meses, desde que se te fue tu puta novia venezolana que no sales, ¿es que piensas convertirte en polilla? ¡Vas a salir conmigo o te mato!-Le pregunto cuál es el panorama. Qué me ofreces de opción. Lo que quieras, dice. Renuevo mis ganas de no salir. Dice que podríamos ir donde Santiago. Que Santiago siempre se acuerda de mí. Que siempre le pregunta cómo está el poeta. Que en su casa siempre hay buena onda. Tragos y karaoke. Me conmina a salir. Le digo que no. Que no tengo ganas. Que si me regalara un polvo, tampoco lo consideraría. Que aquella noche y las demás noches, no saldría. Entonces dice que si me obstino en no salir, me recitará sus últimos veinte poemas. Le digo que me ha convencido. Que llame a Santiago. Llama a Santiago y le anuncia nuestra llegada.
Le dice al taxista que maneje con cuidado, que no olvide que lleva a una virgen de pasajera. Que lleva un tesoro preciado. Que espera ser virgen hasta los cincuenta años. Que espera entregar su virginidad a un príncipe idiota. El taxista, que ya ha transportado a Magnolia otras veces, le sigue el juego. Le dice que si ella es virgen, él es James Dean. Y así, jodiendo todo el trayecto hasta llegar a la casa de Santiago. Nos sale a recibir borracho, alegre, con una botella de whisky en la mano. Nos hace pasar y nos encontramos con dos personas que no conocemos. Caty y Dani. Comienza rápido la primera ronda de tragos. Caty vive a la vuelta de casa de Santiago. Es militar retirado y se dedica al turismo. Dani es de Punta Arenas y se dedica a la ortodoncia. Tengo mi propia clínica dental. Magnolia pega un grito. ¡Mira guachito, mira mi boca (mostrándole la carencia de un incisivo frontal), ¡mira los dientes de Hugo! Estuvo en la guerra de Irak y le explotó una granada en la boca. Su novia venezolana lo amenazó con dejarlo si no se arreglaba los dientes, Dios nos trajo donde Santiago ¿viste weón que tienes que salir de tu madriguera de vez en cuando? Dani, el ortodoncista, dijo que los amigos de Santiago eran sus amigos. Caty, el militar retirado, dijo que tiene tres motos. Santiago dice que nos callemos. Arremete con una canción de Pablo Abraira. Magnolia le dice a Caty que su sueño es subirse a una moto. Yo le pregunto a Caty por qué se llama Caty. Caty la invita a dar un paseo en moto a Magnolia. Magnolia le dice a Caty que son las dos de la mañana. Caty le dice a Magnolia que es la mejor hora. Que es la hora en que se aparean los pingüinos en esta época del año. Que es un buen espectáculo. Se van en busca de la moto y los pinguinos. Dani me pregunta si de verdad quiero arreglarme los dientes, le digo que sí. Dice que podríamos empezar en ese momento. Santiago bebe whisky y ahora canta una de Nino Bravo. Dani me explica que es de Punta Arenas. Que viaja constantemente a Puerto Natales a ver pacientes. Que anda trayendo en su maletín lo necesario para hacer su trabajo. Me invita a sentarme en su consultorio ambulante. Abro la boca. Me sorprendo que no se sorprenda al abrir mi boca. Me pregunta si de verdad estuve en la guerra de Irak. Dice que él podría hacer un buen trabajo. Saca papel y lápiz y hace un presupuesto. En verdad que no muy caro. De haberlo sabido, habría esperado a mi novia venezolana con todos mis dientes. Me pregunta si de verdad quiero comenzar en ese mismo instante. Le respondo que sí. Abre el maletín y comenzamos. Te voy a tomar las impresiones. Dice que es el primer paso. Muerdo algo como chicle gastado color naranja por dos minutos. Luego vuelvo al sillón y seguimos tomando. Una piscola. Mezcla de Pisco y Coca Cola. Me dice que los chilenos somos magníficos. No como otros países como Perú o Bolivia, por ejemplo. Incluso que los argentinos no son nada al lado de los chilenos. Somos grandes compadre, ahí vez tú lo de los mineros compadre, los gallos allá abajo a 700 metros bajo tierra compadre, ¿y? los compadres salieron compadre, aguantaron compadre, dime tú que otro gallo de cualquier parte del mundo habrían aguantado 70 días compadre, y llegamos nosotros y lo rescatamos compadre ¿por qué compadre? Porque somos chilenos compadre, tenemos la tecnología para hacerlo compadre, por eso yo te digo compadre los dientes… es la carta de presentación compadre, es lo primero que se fija la gente cuando te conoce compadre, yo compadre me hice sólo, estudié por mi cuenta compadre y ahora soy dueño de una clínica dental en Punta Arenas compadre, con esfuerzo y trabajo compadre y ahora tengo mi casa, mi auto, mi lancha a motor fuera de borda compadre, porque los chilenos somos así compadre, somos inteligentes compadre, nada nos queda grande compadre. Mira tú eres escritor compadre, mira tú el Neruda y la Gabriela compadre, dos premios nobel compadre, los dos chilenos compadre, nosotros somos grandes compadre, eso, nosotros somos grandes compadre, quién tiene dos premios nobeles compadre, nosotros compadre ¿y la Violeta? ¡Chilena pos compadre! Así somos los chilenos compadre. Me dice que hará un vaciado de yeso. Que esta misma noche saldré de allí con una dentadura nueva. Con una vida nueva. Que será mi carta de presentación, etcétera. Santiago sigue cantando karaoke cuando siento el ruido de la moto. Caty llega como recién salido de Woodstock y Magnolia vestida de motoquera. Dani la lleva a su improvisado consultorio a un metro de la concurrencia. Mientras Caty me cuenta cómo se hizo millonario. Fue con los pingüinos. Caso único en el mundo. Incluso salió en Discovery Channel. Único caso en el mundo en que se logró amaestrar pingüinos. Lo hizo Caty. Desde hacía cinco años que trabajaba para turistas. Los pingüinos bailaban flamenco. Jugaban mejor que la selección chilena de fútbol. Asistían a clases de matemáticas y se dejaban hipnotizar. Mientras Dani que escuchaba a Caty, mientras atendía a Magnolia me dice: no ve compadre lo que le decía, los chilenos somos así compadre, somos ingeniosos. Nada nos queda chico compadre. Ahí ves tú a Caty, ese weón perdió más de la mitad de su vida en esa mierda del ejército, él no sabía que tenía un don, hasta que lo descubrió, porque todos los chilenos tenemos un don compadre, ahora con los putos pingüinos se está forrando de pesos, dólares, euros, de guita compadre, que reclamen los defensores de derechos del animal compadre, no estamos ni ahí con esos weones. ¿No cierto Caty? Le dice a Magnolia que vaya a compartir con nosotros. Santiago que ha dejado de cantar, nos sirve una nueva corrida de tragos. Dani me dice que el paso siguiente es elaborar rodetes en cera para toma de mordida. Mientras trabaja conmigo cuenta que hace años leyó en una revista de mi especialidad, que en Galicia llegaba un barco ruso que se detenía en aguas internacionales, era un barco odontológico con cincuenta a sesenta dentistas que atendían en alta mar. Que los gallegos llegaban en barquitos en donde estaban los rusos. Que le pagaban con jamones, vinos y patatas. Que volvían a Galicia con una sonrisa amplia. Caty dice que seguramente es un chiste gallego. Dani jura que lo leyó. Jura que es verdad. Santiago se queda dormido. Vuelvo al sillón. Llama a Magnolia al consultorio. Hablo con Caty de los pingüinos, de motos y de los amores que tuvo con una sueca. Luego tapo a Santiago que yace borracho, con una manta. Veo entrar a Dani con Magnolia al baño. Dani dice que allí hay mejor luz. Quince minutos después salen. Dice que el trabajo con ella ya está casi listo. Magnolia no puede hablar, lleva un esparadrapo en la boca. Dani toma un Vodka Naranja y me lleva nuevamente a la mesita. Me hace un relato pormenorizado de lo que hará conmigo durante tres horas. Te voy a decir compadre lo que haré contigo. Se trata de lo siguiente, primero enfilaremos los dientes, luego haremos una prueba de los dientes sobre cera, usted tranquilo nomás compadre, ya verá que saldrá de aquí renovado, con diez años menos, usted confíe en mí compadre, ya le dije que los chilenos somos buenos compadre, somos competentes, luego haremos una acrilada con acrílico de termocurado, más tarde me dedicaré a hacer una cocción, luego lo dejaremos enfriar, luego lo desenmuflaré con cuidado… perdón compadre es que necesito un trago. Va y se toma otro trago. Como le decía compadre, los dientes son la carta de presentación de una persona, veo cómo sonríes y te diré quién eres, ahí ves tú a Caty, el weón tenía una novia sueca que conoció por Chat, vino la sueca y se enamoró de todos sus amigos. ¿Sabes por qué compadre? Por los dientes compadre, Caty tenía sus dientes a la miseria, por eso el weón no ponía la cámara en el Chat compadre, cuando vino la sueca se encontró con tamaña sorpresita. ¿no cierto Caty? Caty asentía junto a Magnolia. La sueca andaba de la mano con los amigos de Caty. Entraba abrazada a los supermercados con los amigos de Caty. Salía a bailar con los amigos de Caty, y sabe por qué compadre, por la mierda de dientes podridos que tenía Caty. Veo a Caty que besa con todos sus dientes a Magnolia. Luego me explica que el último paso será el pulimento y brillado de la prótesis. Cuando vuelva su novia venezolana no lo reconocerá compadre. Se enamorará perdidamente de usted, tendrán gemelos venezolanitos y luego se irán a vivir a Caracas compadre o dónde sea compadre, y serán felices compadre. Aquella noche brindamos entre dientes. Al último me costaba arrimarme al consultorio debido a los tragos que tomábamos. Cada tanto, veía entrar a Dani y Caty al baño, con Magnolia. En algunos momentos, Dani me despertaba para atenderme. No recuerdo exactamente cómo llegué a casa. Como todos los domingos despierto con mi hijo en cama. Giro mi cuerpo y lo abrazo. Pega un grito. Corro al espejo del baño. Me encuentro sin dientes.
enía la idea fija. No me iría de Río Gallegos sin conocer al poeta Jorge Curinao. Le había dicho a Carlos Besoaín. Quiero conocer al poeta Jorge Curinao. Y arreglamos. Besoaín me llevó a conocer al poeta. Dimos vueltas y vueltas por un circuito infernal. Hasta que dimos con él. Un tipo evidentemente sin atributos. Insignificante. Lleno de temores malditos. Infundados. Tiene auto y no se atreve a recorrer trayectos mayores a cinco cuadras. Pasa desapercibido entre mangostas. Duda todo el tiempo. Es esquivo. Mira para otro lado. Inquieto dentro de su quietud. No podría clasificarlo dentro del zodiaco. Cuando estuve frente a él me preguntaba ¿pero es este realmente Jorge Curinao? Es verdaderamente un animal. No sé cuál. Ya sé. Todos somos animales. ¿Pero este Jorge Curinao?... Al final nos despedimos. Estuvimos 10 minutos o algo así. Me fui feliz. Feliz de encontrar a un tipo igual que yo. Sin atributos. Insignificante y lleno de temores malditos. Jorge Curinao, estés donde estés, seguramente en Río Gallegos, que todo te sea leve. Que al anochecer, veas un manchón de felicidad inmediata. Que los ángeles y gorriones acompañen tu vuelo. Y que al despertar, un carruaje de amapolas guíe tus pasos.
Jorge Curinao dice:
Ya nadie quiere conversar. Facebook está matando a las personas.
Quisiera escribir poemas con la intensidad de las hojas que sueñan ser árbol.
Leo mis libros y me deprimo.
Algún día me gustaría leer en una clínica para depresivos. Ya tengo los poemas. Ya están los depresivos. Sólo me falta la clínica.
A veces el mejor remedio es ser frívolo. La verdad pasó de moda.
Tengo el orgullo de decir que soy el poeta más feo de la Patagonia. No es poca cosa.
ra una noche tranquila hasta que llega Claudia. Dice que ha tomado un par de Ron-Cola. Me pregunta si tengo Ron-Cola. Se sirve. Me habla de los mineros. De su hijo. De fútbol. De música. De su marido. Está feliz. Luego está triste. Ríe. Se pone a llorar. Dice que su vida no tiene sentido. Que la vida es una mierda. Que ya no aguanta más. Luego me pregunta cómo estoy. Sin esperar respuesta, me pregunta si quiero escuchar unos poemas que ha escrito. La escucho. Sus poemas, son los poemas más horripilantes que he escuchado en mi vida. Le digo que son buenos. Que se atreva a escribir un libro. Que yo le haría el prólogo. Se alegra. Me dice que soy el mejor amigo que tiene. Que si gana un premio importante en un juego de azar, me dará la mitad. Se acerca a mí. Se sienta sobre mis rodillas. Me besa. Me dice te quiero. Yo le digo: yo también te quiero Alicia. No me llamo Alicia, me llamo Claudia puto cabrón. Le digo que a esa hora todas las putas del mundo se llaman Alicia. Puta tu madre dice y me pega un bofetón. Le pego una trompada y la dejo durmiendo sobre el sofá. La tapo. Siempre he sido un tipo gentil. Al otro día la despierto y le sirvo el desayuno. Me pregunta cómo se ha portado la noche anterior, que no recuerda nada. Le digo que bien.
acía treinta años que mi heladera no funcionaba. Que la vieja heladera de la cocina no funcionaba. Un día viene Maturana y me pregunta por la heladera. Le digo que hace treinta años dejó de funcionar. Me dice que es una SIAM. Una de las mejores de su época. La mira. La abre. La cierra. La vuelve a abrir. La vuelve a cerrar. Se agacha y mira el motor. De da un par de patadas al motor. Le pone el enchufe y comienza a funcionar. De esto hace un año y sigue funcionando. Anoche vi algo parecido con la FÉNIX 2. En un comienzo algo no funcionó. El rescatista Manuel González entró a la cápsula. Algo no funcionó. Volvió a salir. Luego volvió a entrar. Alguien le pegó un martillazo a la puerta de la nave, alguien, también, le pegó una patada para encarrilarla, y la Fénix 2 partió rumbo a la mayor proeza de la historia de Chile. Inmediatamente supe que la suerte estaba echada. Que todo funcionaría a plenitud. Y así fue. La tecnología y la suerte de improvisación que tenemos los chilenos, haría posible aquello. Supongamos que llueve. Supongamos que debemos caminar cuadras y cuadras bajo la lluvia. Que no sabemos dónde hemos guardado el paraguas. Lo buscamos y no lo encontramos. Pero debemos salir. Decidimos salir. Salir sin paraguas. En el momento de traspasar el dintel de la puerta. Sin paraguas. Deja de llover. Forma parte de nuestra idiosincrasia. Las cosas se arreglan. Y si no se arreglan, al final se arreglan igual. Un poco eso y un poco todo. En el caso de los 33 mineros fue ciertamente distinto. Se trabajó a destajo. Con inteligencia. Recursos. Ayuda y fe. Con los dueños de la mina de oro y cobre, enterrados en sus mansiones. Con el desparpajo y soberbia, tan caro a ciertos chilenos altivos y soberbios, en su infinita riqueza. Por unos días los gobernantes se mostraron humanos. Abrazados con la gente. Aunque mostrando siempre su cara de, estoy acá al servicio de la gente. Trabajando para el rescate y para las cámaras. Se trabajó noche y día para sacarlos del infierno subterráneo. Pero no debemos pensar, que solamente los dueños de la mina son culpables. Que son los culpables de la tragedia. De la tragedia de un sistema laboral inmensamente injusto. Sino que este gobierno y el anterior, y el anterior y el anterior, etcétera, son culpables. Culpables de pauperizar y atomizar, a los sindicatos de trabajadores, con leyes laborales indignas, con salarios paupérrimos y con programas paliativos, para sobornar la indigencia. La otrora C.U.T tan poderosa, que nucleaba a los trabajadores, y que podían negociar en igualdad de condiciones con los empresarios, ahora es un fantasma espectral. Podrían reunirse en un coqueto departamento de un barrio caro de Santiago. Atomizados como están, no tienen voz ni voto. Son pocos los trabajadores que sepan siquiera, el nombre de quién comanda la otrora indispensable, y poderosa organización. Esperemos, en verdad, que pronto se pose en las casas de miles de chilenos, una Fénix 2 que nos saque de la oscuridad, y que se nos invite al banquete en donde participan los azules, los rojos y los blancos. No pretendo hacer literatura de este logro, que nos compete a todos los chilenos, pero si no hacemos los cambios indispensables, para lograr un frente de equidad y respeto, todo lo demás será literatura.
ueremos dar a conocer desde Chile al Mundo, a este espécimen. Se trata de don José Miguel Piñera Echenique, nacido en Santiago de Chile un 18 de octubre de 1954. Sus amistades y público en general le dicen el Negro Piñera. Es cantante o cree serlo. Es empresario o cree serlo. Es hermano del presidente Sebastián. Lo es. Presentamos al que considero, el peor tributo mundial de la historia de la música. Si en verdad existe otro que sea peor que éste, estoy dispuesto a regalar mi primera edición de Fervor de Buenos Aires de Jorge Luis Borges, publicado en 1923. Es un tributo que le hace a Gustavo Cerati, músico argentino. Un pelmazo a carta cabal. Un asno canta mejor. Ustedes opinen. ¡Va el reto!
o existe un lugar apacible. No existe la campiña inglesa. El fiordo encantado. El ventisquero perfecto. La avenida limpia. El policía gentil. La rosa transparente. No hay señales que te indiquen la hecatombe. Sólo un salto al vacío. Sólo reflejos de felicidad maldita. Un bregar constante de cuchillos afilados. Conoces a una mujer en un bar. Entre la música, las copas y el destello. Luego vas a su cuarto y es magnífico. Amanece y te duele la cabeza. Ella dice que debe pagar la última cuota. Y siempre así. Ese tipo de diálogos insostenibles. Has vivido equivocado pensando que el amor te salvaría. Que te redimiría. Que podría mantenerte a flote. Que como el salmón, podrías remontar la corriente. Y ahora viajas con ojos vacíos en un subterráneo. Apretujado. Anónimo. Rumbo a ninguna parte. Luego vuelves sobre tus pasos. Y ríes. Comentas las últimas noticias de prensa. Y vuelves a enamorarte. Y otra vez. Amanece y te duele la cabeza. Ella. La otra. Dice que debe pagar la última cuota. Y así. Una y otra vez. Hasta que llega el momento. Cansado. Inútil. Hermano de la ameba. Das tu último puto suspiro.
amino por las calles seguro de mi mismo. Nada que temer. Han vuelto los colores. Mi vida plena. Hermano del viento. Tengo poder. Soy territorio liberado. Por fin. He logrado construir mi muralla contra la seducción. Soy impotente. Fuera del circuito. Ya ninguna musa me vendrá con mohines. Ninguna mujer mojará sus labios mientras le hablo. No echará su pelo para atrás. No se cruzará de piernas. No gastaré un puto peso para invitarla a cenar. Inmune total. Sus espectaculares tetas son glándulas mamarias. Veo venas y pelos en sus piernas. Sus cabellos me parecen crines. Están avisadas. Ya no vendrán buscando lo que antes buscaban. El chico dispuesto. Complaciente. Aquel chico regalando su polla. Regalando su polla a diestra y siniestra. Ahora no. Eso se acabó. Jajaja. Se acabo. Ahora soy impotente. Es que ustedes no saben lo que se siente. En verdad, no saben lo que se siente. Ser impotente es lo más grande que hay. Lo más hermoso del mundo. No gastar 100 euros en una cena galante. Ahorrar en perfume. En petróleo. En visitas al peluquero. En comprar las zapatillas que usa Cristiano Ronaldo. En escribir puta poesía barata. En gastarme con frases ocurrentes. En citar a los clásicos. Liberado. Eso. Liberado. Ningún regalo nunca más para ninguna mujer. No cambiar de auto. Ni de planes. Basta de citas estériles. Ya no más. Ningún bulto incómodo. Ahora practico deporte. He bajado de peso. Me siento bien. Muy bien. Es que ni se imaginan. Soy impotente. Felicidad pura, santa y llana. No conoceré a sus amigas ni a las amigas de sus amigas. Nunca más encenderé sus cigarrillos con mi Zippo. No abriré la puerta de mi auto para que salga la princesa. No acomodaré la silla en el restaurante para que siente su culo la princesa. Basta de ser galante. De ser complaciente y absurdo. Se terminó. Ya no les diré que a mí también me gusta la Pizarnik, sólo para complacerlas. Que soy hombre y feminista. Que prefiero el cuerpo de una mujer más que al aire. Se acabó. Eso se acabo. Ahora soy impotente. Estoy fuera del circuito infernal del halago. Están avisadas. No me vengan citando a la Mistral. Con blusas azules transparentes. Con bragas doradas. Con el pelo lacio y brillante. Con carmín, rubor y toda la parafernalia de chicas superadas. Adiós. Soy impotente. Adiós.
ada tanto el amor se termina. Es un cataclismo. No atinamos a nada. Es un pequeño cataclismo. Las olas golpean fuerte en tu corazón. Debes empacar e irte. No hay remedio. Debes alejarte de la rompiente. Tomar el primer tren. Alejarte. Debes alejarte. Volver a ese lugar solitario tantas veces recorrido. Es duro. Ya sé que es duro. Debes hacerlo. Convertirte en sombra de tu sombra. Caminar sin rumbo por derroteros desolados. Caminar sin rumbo, sin alma, sin gente. Seguro que al menor descuido, los pájaros del adiós te sacarán los ojos. Caminar por lugares en donde no crece la hierba. Y solo. Completamente. Sabiendo que el mundo se deforma. Que todo ha dejado de tener sentido. Que el tigre atenaza su presa. Y vas y vienes. Das vueltas por ahí. El mundo es un paraje desierto. Hasta que llegas a un terreno baldío. El Club de los Amores Muertos.
Bat For Lashes - What's a Girl to Do. Ilustración de Javier Molinero.
A través del ventanal ves a una niña pequeña que corre salta y rota, va y viene luego se para frente a ti y hace pompas de jabón, tú la miras y sonríes, esa niña pequeña eres tú.
a tarea del colegio, era entrevistar a un escritor. Fue así como conocí a Jenny. Era un trabajo escolar. Jenny tenía 15 años. Fui amable cosa que no suelo ser. Pero uno siempre es amable con chicas de 15 años. Fui malditamente amable. Mentí como cualquier escritor. La tarea más inmediata de un escritor, es mentir. Lo aprendí de Hemingway y su salmón de veinte kilos. De Bukowski y de follar toda una noche. Le hablé de que la poesía no depende de exquisitos, ni de señoras menopáusicas atrabiliarias. Le dije que había comenzado a escribir poesía a los tres años. Que mi primera experiencia sexual fue a los cuarenta. Seguí mintiendo por una hora entera. Jenny encantada. Yo encantado en mi performance de escritor. Era mi primera entrevista, la última. Al despedirse me dijo que estudiaría Literatura. No la volví a ver hasta cinco años después. En el prostíbulo de María Teresa. Ahora se llamaba Jennifer. Me invitó a su pieza. No hablamos de literatura.
omencé los preparativos a las siete. A las nueve llegarían Ramiro y Violeta. Ramiro viejo militante del partido socialista. Había estado exiliado en algún país nórdico. Violeta ex comunista y devenida por aquellos días, acólita del Greenpeace. Los preparativos consistían en diversos platillos de: centolla, caracoles, aceitunas, empanaditas, quesos, jamón, erizos, chuletas de cordero y un buen vino chileno. Llegaron puntuales en sus respectivas bicicletas. Destapé la botella de Santa Digna y brindamos. Los invité a servirse los bocaditos. Se disculparon. No probarían nada que les fuese servido en platillos con el logo de la Coca-Cola. Estuvieron quince minutos y se despidieron. ¡Malditos pinches batos fundamentalistas hijos de la gran chingada!
os tomamos un par de tragos y me preguntó si me apetecía algo. Le dije que me encantaría que bailara desnuda sobre la mesa. Que bailara desnuda, mientras le recitaba Alturas de Macchu Picchu. Apenas arremetí con: Del aire al aire, como una red vacía… me di cuenta que la poesía no sirve. No sirve para nada, ante el cuerpo de una mujer desnuda que baila sobre la mesa. Luego me preguntó qué era esa cosa de Alturas de Macchu Picchu. Le dije que era un poema de Neruda. ¡Buena mierda! Me dijo. De ahí, de aquella vez, nunca mezclo poesía con una mujer desnuda. Es mi primera recomendación a la futura generación de poetas. Follad tranquilos, que el resto se os dará por añadidura.
o sé lo que pasa conmigo. Me creo más alto, más inteligente, más hermoso. No sé lo que pasa conmigo. Todo indicaría que sea más bajo, más tonto, más feo. Pero no. En verdad no sé a qué se debe. No sé por qué creo lo que creo. Y no es que viva borracho todo el tiempo, que me drogue o que sufra trastorno de personalidad. Es que no sé lo que pasa conmigo. Por qué me conduzco así. Muchas veces camino por el pueblo, como si fuese el Rey de España. Ya lo sé, un reverendo pelotudo. Pero otras veces camino por el pueblo y me siento Jon Bon Jovi. O Gregory Corso. O Louis-Ferdinand Céline. No sé por qué me siento tan alto, tan inteligente, tan hermoso. Si obviamente no lo soy. Está claro que no lo soy. Es que debo vivir, seguramente, una vida disociada. En que por una parte soy lo que soy, y en la otra soy lo que no soy. Un vulgar misterio sin resolución. En algún momento este misterio se develará. Seguramente esto no tiene nada que ver conmigo, sino cómo me ven los que me ven, y cómo me ven los que no me ven. ¡Chi lo sa!
cababa de escribir mi quinto poema cuando fui presentado a Rudolf. Fui presentado como El Poeta. Inmediatamente nos hicimos amigos. Rudolf era chileno y vivía en Buenos Aires, como yo. De origen alemán, se dedicaba a dos cosas que en definitiva eran una sola. Organizaba concursos literarios y tenía un taller literario. Por un lado ganaba dinero y por el otro, ganaba dinero y se cogía minas. Para los que son de Honduras o de España, diré que cogerse minas, era hacer el amor con mujeres, en este caso, con poetas. Al día siguiente de conocerlo me llama. Me pregunta si quiero ganar un concurso literario. Le contesto que sólo he escrito cinco poemas. Que no sé si tendrán cierto valor. Que apenas he comenzado a escribir. Me dice que aquello no importaba. Que ha organizado El Primer Concurso Literario Latinoamericano Simón Bolívar. Que el jurado es él y que el premio son 1000 dólares. Que me dará 500 y que yo debo aportar mi nombre. Que mi poesía no tiene nada que ver en el asunto. Que no le importa una mierda lo que escribo. Que se han presentado 300 trabajos y que le de una respuesta rápida. Fue así como perdí de ganar 500 dólares. Después me enteré que cada concursante, al momento de la inscripción, debía abonar 20 dólares. 300 x 20= 6000. Rudolf siguió viviendo durante treinta años. Haciendo siempre lo mismo. Organizando concursos literarios. Haciendo un taller literario. Cogiéndose minas. Viviendo en el barrio más elegante de Buenos Aires.
llegó aquel momento. Lo esperaba. A la corta o a la larga, ocurriría. El padre se presenta ante mí. Soy el padre de Hugo. Lo hice pasar. Le serví un café y lo dejé hablar. Hay cementerios raros en el mundo. Pienso que el de Puerto Natales es el más raro del mundo. Están a la vista los objetos más curiosos que acompañarán en el viaje a los santos y no santos difuntos. Placas dentales, cédulas de identidad, la soga del ahorcado, los juguetes del niño, la pistola del suicida, el vestido de novia, el reloj quieto con la hora fatal del difunto, la botella de vino de su preferencia, aquella que en definitiva lo mató, la marquilla de cigarrillos de su cáncer, su biblioteca y su obra inédita. Por esto último vino el papá de Hugo. Me cuenta que ha estado leyendo las cosas que escribo. Que hace cinco años fue saqueada la tumba de Hugo. Que fue saqueada su biblioteca. Que antes de ir donde las autoridades, quiere hablar conmigo. Quiere saber si de verdad soy yo el autor del robo. Inmediatamente me declaro culpable. Le cuento la verdad. Que desde niño fue la tumba de mi preferencia. La elegí por sobre todas las otras. Que de a poco la fui llevando a casa. Libro a libro. De a poco. Cuaderno a cuaderno. Que junto a las lecturas de Kafka, Mallarmé y otros, Hugo era lo que más me entusiasmaba. Que fui adoptando su personalidad. Que averigüé muchas cosas sobre él. Que me hubiese encantado escribir como él. Que lo fui plagiando. Que incluso me cambié de nombre. Que pasé a llamarme Hugo. Que pensaba que a través mío, Hugo se daría a conocer. Pone un revólver sobre la mesa. Me pregunta entonces, qué objeto me gustaría que acompañase mi sepultura. Le digo que el revólver que acaba de poner sobra la mesa. Me dice que no. Que ya hay muchas tumbas con revólveres. Que esta vez, por una puta vez, sea original.
s lo que pasa. Estaba borracho. Que me emborracho y pierdo el tren. La compostura. Quiero que me entiendas. Salgo de mí. Soy otro. Por favor. Quiero que me entiendas. No soy malo ni ruin. Me gusta la poesía, la música, la pintura. Andar a caballo. Navegar, hacer una vida normal. Pero me emborracho y me transformo. Ya no soy tan perfecto. Eso pasa. Es que no lo controlo. No lo puedo controlar. Pero no soy la bestia que tú piensas que soy. La bestia que todos piensan que soy. La que hoy aparece en la prensa. Me emborracho y me bifurco. Dirijo mi rumbo a nivel Neandertal. Pero soy un buen tipo. En el fondo y la superficie soy un buen tipo. Eso lo sabes. Sé que lo sabes. Pero ahora debo pedirte perdón. Debo hacerlo amor. Debo hacerlo. Todas las mañanas viene gente a mi casa a pedirme explicaciones. Y se las doy. Pido perdón. Generalmente por algo que no recuerdo. Es que estaba borracho. Una noche agredí a Teillier. Mi poeta preferido. El mejor de todos. Lo traté mal. Mi auto se incrustó en una casa. Le pegué a mi madre un día. Acaricié a la novia de mi mejor amigo, estando él presente. Vomité en la presentación de mi libro. Perdí el vuelo a Minas Gerais. No asistí al cumpleaños de mi hijo. Me olvidé pagar la última cuota. No fui lo suficientemente correcto con Jorge y Damiela. Sé que no me lo perdonarán. Pero ya te dije. Es que estaba borracho. Eso pasa. A todo el mundo le pasa. No es solamente a mí. Todo el mundo se emborracha. Luego nadie se acuerda de lo que dijo o hizo. No me pasa solamente a mí. Quiero que lo entiendas. Ahora estoy en la cárcel. Es verdad. Estoy en la cárcel. Por algo que dicen que cometí. Un violación o algo así. ¡Es que no me acuerdo! No me acuerdo ¿sabes? Aquello no puede ser. Seguro que no puede ser, y si ocurrió, dudo que haya ocurrido… seguro que estaba borracho. Y cuando estoy borracho yo no soy yo. Yo no soy yo. Yo no soy yo. Yo no soy yo…
Te voy a escribir un poema le digo, sonríe bosteza y acerca su culo al calentador. Me pregunta de qué tratará el poema, le digo que tratará de una mujer que sonríe, bosteza y acerca su culo al calentador, dice que nadie puede escribir un poema sobre una mujer que sonríe, bosteza y acerca su culo al calentador, ¿qué dónde está la poesía? Me pregunta entonces qué pasa si ella se larga un pedo, si yo también podría escribir un poema sobre una mujer que sonríe, bosteza, acerca su culo al calentador y se larga un pedo. Le digo que ya no estoy tan seguro de aquello, pero que vamos… lo intentaría. Entonces va y se larga un pedo, le digo que yo jamás podría escribir un poema sobre una mujer que sonríe, bosteza, acerca su culo al calentador y se larga un pedo Me pregunta si literalmente me cagó el poema, le digo que sí, que es así, que ya no voy a escribir el poema, se pone a llorar, inunda mi cuarto con su llanto. Las mujeres son todas estúpidamente sentimentales.
Coro por Dido (2x): Mis lágrimas se están congelando Y me pregunto por qué yo Y me pregunto por qué yo.... La lluvia nubla mi ventana... Y no puedo verlo todo, E incluso si pudiera todo estaría gris, Pero tu foto en mi pared me recuerda que no está tan mal, No está tan mal...
Eminem como Stan:
Querido Slim te he escrito pero tu aún no llamas, dejé mi celular, mi buscador de personas y el teléfono de mi casa al pie de la carta. Mandé dos cartas más en otoño de seguro no te llegaron, probablemente hubo un problema con el correo o algo así, algunas veces garabateo las direcciones cuando las escribo, pero de cualquier manera, que se cague, ¿que hay de nuevo? ¿como está tu hija? mi novia esta embarazada también, estoy a punto de ser padre, si tengo una hija, como crees que la llamaré, le pondré Bonnie. Leí sobre tu tío Ronnie y lo siento, yo tuve un amigo que se suicido también porque una puta no lo quiso. Yo sé que tu probablemente escuchas esto todos los días, pero soy tu más grande admirador, incluso tengo las canciones que hiciste con Skam, tengo un cuarto lleno con tus fotos y posters, me gustó lo que hiciste con Rawkus eso estuvo muy bien, de cualquier manera espero que te llegue esta carta, respóndeme sólo para platicar, sinceramente tuyo tu más grande fan soy Stan.
Coro (1x)
Eminem como Stan:
Querido Slim, aún no has llamado o escrito, espero que tengas oportunidad, no estoy enojado sólo creo que es como la mierda que no le respondas a tus admiradores, si no querías hablar conmigo el otro día fuera del concierto, no tenías por qué hacerlo, pero pudiste firmar el autógrafo para Matthew, el es mi pequeño hermano, sólo tiene 6 años, esperamos durante 4 horas en el frío abrazador y tu simplemente dijiste "NO", eso estuvo como la mierda, tu eres como su puto ídolo, el quiere ser como tú, le gustas más de lo que tu me gustas a mi. No estoy tan enojado en todo caso, es sólo que no me gusta que me mientan, recuerdas cuando nos conocimos en Denver, tu dijiste que me escribirías si yo lo hacia. Mira, yo soy como tu de cualquier manera, yo tampoco conocí a mi padre, él solía engañar y golpear a Mamá. Puedo relacionarlo con lo que tu dices en tus canciones, así que cuando tengo un día como al mierda, me desconecto y la pongo, porque me ayudan cuando estoy deprimido, yo incluso tengo un tatuaje de tu nombre a través del pecho, algunas veces me corto yo mismo para ver cuánto sangro, es como adrenalina, el dolor es como un ataque repentino para mi, ves, todo lo que dices es verdadero y te respeto por que lo dices, mi novia esta celosa por que hablo sobre ti 24/7, pero ella no te conoce como yo, nadie te conoce tanto como yo, ella no sabe como fue para personas como nosotros el crecer. Tienes que llamarme, seré el más grande fan que tu nunca antes hayas perdido, sinceramente tuyo Stan. PD. Deberíamos estar juntos también.
Coro (1x)
Eminem como Stan: Querido SR. "Soy demasiado bueno para llamar o escribirle a mis admiradores" este será el ultimo paquete que yo le mande a tu culo, han pasado seis meses y aún no hay respuesta, no la merezco. Sé que te llegaron mis ultimas 2 cartas, escribí perfectamente las direcciones, así que este es mi casete, te lo estoy mandando, espero que lo escuches, estoy en mi coche en este momento, voy a 90 millas en la carretera, hey Slim, bebí un quinto de Vodka, ¿me retas a manejar? Conoces la canción de Phil Collins "In The Air Of The Night" en donde un tipo pudo salvar a otro de ahogarse, pero no lo hizo, entonces Phil lo ve todo y lo encuentra en el show. es algo parecido a esto, tu pudiste salvarme de ahogarme, ahora es demasiado tarde, tomé como 1000 antidepresivos y estoy adormecido, todo lo que quería era una piojosa carta o una llamada, espero que sepas que quité todas tus fotografías de mi pared, te amo Slim, pudimos estar juntos, piénsalo tu lo arruinaste, espero que no puedas dormir y lo sueñes, y cuando lo sueñes espero que no puedas dormir y grites por ello, espero que tu conciencia te coma y que no puedas respirar sin mí, fíjate Slim (Se escucha un grito de mujer), cállate puta estoy tratando de hablar, hey Slim esa es mi novia gritando en el portamaletas, pero yo no corté su garganta, yo solo la amarré, ves no soy como tú, por que si ella se sofoca sufrirá más, entonces ella morirá también, bueno me tengo que ir, casi llego al puente, oh no mierda lo olvidaba como se supone que mandaré esto? (la llanta del coche patina) (¡CRASH!) (un breve silencio) (un estruendoso ¡SPLASH!)
Coro (1x)
Eminem: Querido Stan, he querido escribirte antes, pero simplemente he estado ocupado, dices que tu novia esta embarazada también, ¿desde cuándo? Escucha, realmente me halaga que pienses en llamar a tu hija de esa manera, y aquí está un autógrafo para tu hermano, siento no haberte visto después del espectáculo, debo haberte perdido, no creas que lo hice con intención de molestarte. Pero que es esta mierda de que quieres cortarte tus muñecas también. Yo dije eso payaseando, vamos, ¿tan cagado estas?. Creo que tienes algunos asuntos que requieren de asesoría para que ayude a tu culo de rebotar contra las paredes cuando estás deprimido. ¿Y qué es esta mierda de estar juntos? ese tipo de cosas me hará no querer que nos conozcamos el uno al otro. Realmente creo que tú y tu novia se necesitan el uno al otro, sólo necesitas tratarla mejor. Espero recibas esta carta y la leas, solo espero que te llegue antes de que te lastimes a ti mismo. Creo que lo harás bien si te relajas un poco, me alegra que yo te inspire, pero Stan ¿por qué estás tan enojado? Trata de entender que yo te quiero como un fan, sólo no quiero que vayas a hacer algo loco, como lo que vi hace unas semanas en las noticias que me hizo enojar, un weon iba borracho y se cayó de un puente, tenía a su novia en el portamaletas y estaba embarazada y en el coche encontraron una cinta que no decía para quién era, vamos piensa un poco, su nombre era...eras tú, Maldita sea!.
e lo conté. Ella me lo pidió. Si algo aborrezco; es hablar de Wittgenstein, de poesía, de la India, o de que alguien me pregunte sobre mi vida. Pero no había caso, habíamos tomado el suficiente Stolichnaya para que aquello pasara. Y le hablé de mi vida. En verdad, una vida anodina, una de tantas. No soy Carver ni Bukowski. No escribí Viaje al fin de la noche. Pequeñas alegrías. Grandes desgracias. Ya sabemos, las alegrías duran un instante, las desgracias te consumen la vida. Le hablé de efímeras dichas. De sueños destrozados. De aquella vez que estuve preso en Río Gallegos. De mi mayor proeza, mi travesía por el Cabo de Hornos. De cuando me casé con La Mujer Elefante. ¡Horror! De cuando convertí aquel gol contra Punta Arenas. Eludí con suma destreza, a los once jugadores del equipo contrario, y a los mil quinientos espectadores. De cuando mi segunda mujer se fue con un tragasables. De cuando mi tercera mujer asesina, se fue con el mayordomo. De aquella vez que aplasté a una monja con el Buick azul. Le hablé del delirium tremens. De dormir bajo los puentes. De la soledad más espantosa. De pedir limosnas en el Metro. De la sarna y el escarnio. De ser un paria. De ser un cero menos que cero. De temporadas de drogas y psiquiátricos. Le hablé de mi vida. De mi vida miserable. Y le hablé de cómo comencé a escribir. A los cuarenta años. A la edad en que casi todo el mundo tiene montada su empresa. Le dije que mi vida no es una vida digna de imitar. Que no es digna de ser vivida. Aún quedaba un poco de Stolichnaya. Me tomó de las manos y sus ojos se llenaron de lágrimas. Me preguntó entonces, qué sería aquello que cambiaría de mi vida. Que si yo tuviese la oportunidad de cambiar, qué cambiaría de mi vida. Qué sacaría de mi vida. Le dije que a ella. Que a ella la sacaría de mi vida. Pidió un taxi y se fue.
ba en el último vagón y la mina se sienta a mi lado. Era hermosa y japonesa. Me miró, suspiró y puso el chaleco sobre sus piernas. Luego me volvió a mirar. Yo miré para otro lado. Siento su mano en mi bragueta. Su mano izquierda sobre mi bragueta. Me desabrocho. Y ella juega y juega. Se agacha y está ahí un momento. El tren avanza rápido. Me parece que muy rápido. Ya casi no quedan pasajeros. Falta poco para llegar a la próxima estación. Bajan tres personas y nadie sube. Me besa. Tiembla. Tiemblo. La acaricio. Estoy a full. Pienso que es un sueño pero sé que no lo es. Pienso que por fin he tenido un día de suerte. La beso, beso sus pezones, nunca he estado tan caliente. El tren llega a destino. Ella garabatea algo en un papel y me lo entrega. Es un número de teléfono. Luego se pierde en el andén. Al día siguiente llamo. Me contestan de una funeraria.
oy una chica normal. Debo ser buena. Comprensiva. Tolerante. Saludar por las calles, en los supermercados, por cada lugar que paso. Pero por una simple cuestión de higiene personal, siempre voy armada. Llevo mi metralleta. Mi AK-47 cuerno de chivo. Siempre voy armada. Matando gente a lo loca. Con mi AK-47 ayer caminé por las calles del pueblo. Maté a cinco poetas. Un cura. Tres señoras de la Caridad. Dos taxistas. Un alcalde. Dos concejales. Un agente de turismo. Un dueño de un prostíbulo. Tres agentes policiales. Cuatro profesores. Un sociólogo. Un pintor. Un juez. Un abogado. Un director de colegio. Un comerciante. Veinte agentes culturales. Dos músicos. Un farmacéutico. Un vendedor de diarios. Una mujer en silla de ruedas. Luego regresé a mi cuarto. Más tranquila. Sosegada. Liberada. Pausada. Puse el Cd Epistrophy de Thelonious Monk. Me serví una Vaina. Leí un par de páginas de La importancia de vivir de Lin Yutang. Luego me fui a la cama. Soñé con un campo cubierto de amapolas.
Ocurrió hace algunos años, a principios de los años 90 más o menos. Íbamos a la iglesias todos los sábados para fregar el suelo, adornar el altar y aprender el catecismo. El cura nos mostraba los cuadros llenos de calaveras y de almas retorciéndose en el fuego eterno del infierno. Aquel sábado yo había estrenado un vestido de verano, de sisas, y me sentía casi una chica. Acababa de venirme la primera regla y yo soñaba con el momento en que habría de marchar de la aldea. Pero aquel hijo de puta consiguió convertirme en polvo.
H
ubo un tiempo en que las niñas de la aldea corríamos a la iglesia los sábados por la tarde para adornar los altares, limpiar el polvo a los santos y fregar con legía las losas del suelo. Era un tiempo agradable, sobre todo en primavera cuando podíamos correr libres, en busca de fresas debajo de las viñas y en los bordes de los caminos. O en el verano, cuando el cura nos regalaba una cesta de cerezas, dulces y lascivamente rojas y líquidas.
Era un tiempo hermoso, húmedo y placentero, en el que empezaban a asomar los pequeños pechos recientes y nos intimidaban los pelos furiosos que les nacían a las mujeres adultas en las axilas. Queríamos crecer e íbamos aprendiendo despacito, sobre todo con los pasos breves y tímidos que dábamos con las yemas de los dedos sobre la piel de nuestros compañeros de juego.
Debería recordar de aquel tiempo la humedad gozosa y el placer de un dedo tocando el mío, el contacto eléctrico de las rodillas desnudas de un niño con mis rodillas también desnudas. Pero no recuerdo eso, sino la aridez del polvo y las quemaduras de la legía, que me secaron cualquier fluido que pudiese nacer de mi cuerpo.
Todavía hoy no puedo tocar a nadie: se me secan incluso los ojos, me convierto en cartón. Veo las cosas, las personas que puedo tocar como si fuesen blandas, suaves, de mantequilla o algo semejante, derrochando líquidos, pero sé que si las toco yo misma me quedaré sin agua en el cuerpo y entonces me dolerá incluso mirar. Todo será una repulsión continua, si toco. Tampoco soporto que me toquen: me convierto en una uva pasa, en un trozo de pan reseco y deshidratado. Aparto las manos de los demás porque las manos de los demás también me convertirán en cartón. Absorberán toda el agua de mi cuerpo, me dejarán muerta y quemada como las ánimas que nos mostraba el cura cuando no éramos dóciles, buenas y obedientes.
El cura no era un hombre como los que yo conocía. Se afeitaba todos los días y tenía la piel de la cara y de las manos suaves como las de un niño. Su boca era una especie de herida obscena abierta en la cara a base de pensamientos lascivos. Yo acababa de estrenar un vestido amarillo que mi madre me había cosido para el verano. El cura se me acercó y me dijo que estaba muy guapa, que parecía ya una chica. Se colocó detrás de mí y recuerdo sus manos aplastándome los pechos, sus manos subiendo y bajando. Arriba y abajo. Despacito. Pegaba su boca a mi oreja y me decía "que bonito vestido llevas hoy", pero más lento, como si estuviese haciendo un trabajo que requería un esfuerzo tan grande como cuando Dios creó el mundo.
Me lamía el pescuezo, metía sus manos -siempre despacito- por el escote del bonito vestido y se detenía, se detenía, se detenía sobre mis pechos pequeños que ni siquiera eran conscientes de que estaban allí. Y entonces, cuando llegó al bulto tierno de mis pezones recientes, los apretó y restregó su cuerpo contra mi espalda. Después me sentó en un banco, levantó la sotana y bajó la pretina del pantalón. Me tomó de la mano y la puso sobre su pene inflamado que semejaba carne cruda. Y yo sentía tanto asco y tanto miedo que decidí convertirme en polvo. En el polvo que barría cada sábado del suelo de la iglesia. En el polvo que dejaban los zapatos de la gente que debería cuidarnos. En el polvo que las polillas arrancaban a los viejos vestidos con los que se engalanaba el cura para ofrendar a su dios.
Aquel día me regaló una gran cesta de cerezas y me hizo prometer que no se lo dijese a nadie. Que si lo decía, iría al infierno, a arder como aquellos cuerpos en combustión. Y no dije nada. porque entonces yo ya era madera y cartón. Como los santos que llenábamos de flores los sábados por la tarde.
Textos en español de Os sentidos da perigosa normalidade. Traducción del gallego de Dorotea V. Wilder.
Fotografía de Alberte Peiteavel
e me da escribir. Y no lo digo por petulancia ni por ningún rollo con una posible autoestima. Es que en verdad no sé hacer muchas más cosas. No puedo reparar una silla coja, arreglar un desperfecto eléctrico o una bicicleta. Escribir es lo que me resulta más cómodo. Pero tampoco es fácil. Lucho constantemente con las palabras, con los verbos y los adverbios. No sé si poner puntos suspensivos, ni comas o punto aparte. Pero un día escribiendo me olvidé de ti. Recuerdo perfectamente el día en que te fugaste con mi hermano. El día que me abandonaste. Con el chico perfecto de mi hermano. El podía arreglar cualquier embrollo, una silla coja, un desperfecto eléctrico o una bicicleta. Fue el día que me dejaste en que comencé a escribir. Recuerdo que fue una misiva espantosa. No soportaba tanto dolor. Me mataba y quería hacerte sufrir. Y escribí aquella larga carta. Carta llena de rencor y desdicha. La llamé Carta del suicida que se niega a morir. La leí varias veces. Otras tantas la corregí. Muchas veces. Al final, me enamoré de lo que te había escrito. Deseché la idea de matarme y comencé a escribir. No me maté porque en definitiva, me gustó la carta que te escribí, la carta que corregí, la carta de mi despedida. Espero que en algún lugar en donde estés, mi hermano siga arreglando los desperfectos que la vida le demande. Yo mientras tanto sigo escribiendo, es algo que se me da, escribir. Chau alma de metal con cuerpo de maniquí.
arto de que me pregunten dónde vive la señora que saca la suerte, le dije un día a la consultante que yo era la señora que sacaba la suerte. No puede ser, me dijo. Usted no es una señora. No se crea le respondí, usted me ve así, medio pelado, calvo y viejo, pero sé transformarme. Será de dios me respondió. Luego me preguntó cuándo atendía y mis honorarios, le dije que a partir de las cuatro y que sólo cobraba diez mil pesos. Me dice que está bien, que vendrá justo a las cuatro. Ya no había vuelta atrás. Me arreglé como pude y la esperé. Me puse la falda rosa de mi abuela y usé todo el carmín de mi novia venezolana. El gorro boliviano de mi hijo me vino a la perfección. La esperé como se espera a la primera novia. En verdad estaba muy excitada. Es que ya pensaba y hablaba como la mujer que saca la suerte. Y llegó. La hice pasar y pronto me entregó la suma acordada. Ya tenía la vela y el incienso funcionando. También un Cd de Stockhausen corriendo. Me cuenta que ella sabe que le están haciendo un mal. Cree que es la cuñada de su hermano del medio. Que está segura de aquello. Que es una cuestión de envidia. Que a ella todo le va bien y a su cuñada todo le va mal. Que un tiempo a esta parte, le han salido tres granos en el culo. Que la doctora Marcela Grunert no ha dado con la solución. Para no ver su culo y sus granos, le digo que hace tiempo, también vino otra señora con el mismo problema. Que yo se lo había resuelto. Que no se preocupara. Que había llegado ante la persona adecuada. Fui al almacén y le traje Baba de Caracol. Una mierda de pomada que me había vendido Don Mauricio, un judío errante que vende baratijas. En aquel instante me acordé de mi amigo Raúl. Un día le pregunté a Raúl cuál era el secreto de conquistar tres mujeres en una semana, me contestó que se debía a dos cosas, la primera era tener pensamiento positivo y que la segunda era rezar. Vuelvo donde la consultante y le digo que se frote los granos en el culo con Baba de Caracol. Que lo haga tres veces al día, mañana, tarde y noche, que tenga pensamiento positivo y que rece. Me preguntó si aquello sería realmente efectivo. Le digo que tenga confianza. Le reitero que tenga pensamiento positivo y que rece. Le pregunto si no ha pensado alguna vez en matar a su cuñada. Me dice que sí, que lo ha pensado. Le digo que bueno… que ese es otro precio. Me da las gracias, se despide y se va. Cerré el almacén. Ahora soy Madame Bobary y atiendo de cuatro a ocho.
Cada día que pasa pienso que Dios es un ser
absolutamente superficial,
algo que en definitiva
no tiene nada que ver conmigo.
Un ser lleno de arrogancia hermética,
drogado todo el tiempo
con ojos azules fijos al infinito.
Sordo, ciego y pueril, arrogante a más no poder,
y a su vez infantil, una mierda de tipo.
No tiene conciencia clara de su obra,
de la cagada que ha hecho.
Solitario en su cumbre, viejo, tonto, sin bañarse,
balbuceando incoherencias.
Se arrastra de un lugar a otro, maldiciendo su suerte,
le tocó ser el primero y sabe que nunca se lo perdonaremos.
Aúlla por las constelaciones estelares
pidiendo clemencia, quedándose dormido,
emborrachándose. Solo. Completamente.
Pordiosero del espacio. Siempre solo,
como una puta a las siete de la mañana.
odo el tiempo es lo mismo. Viene gente y me pregunta. Generalmente miento cuando me preguntan. Me preguntan, si estoy escribiendo algo. Digo que sí. Que llevo escritas cinco novelas y estoy trabajando en la sexta. Que considero que la sexta es la mejor. Se trata de un viaje en tren por la Patagonia. Es un equipo de fútbol chileno, que borrachos, se dirigen a jugar un partido a la ciudad de Río Gallegos, en Argentina. Casi 300 kilómetros de impactante relato. Relato de oscuridad, muerte y violencia. A todos les digo lo mismo. A todos les miento. Es que siempre me preguntan lo mismo. Qué estás escribiendo ahora. No sé. Se imaginarán que uno es Amélie Nothomb. Ella confiesa que lleva escritas 65 novelas y ha publicado 17, o algo así. Yo no soy ella. Yo no soy Amélie Nothomb. Yo sólo soy Hugo, el de la esquina, que no escribe una mierda. Que se masturba y toma cerveza. Que se despierta con resaca. Que se despierta con resaca y ganas de matar a los que le preguntan, qué está escribiendo ahora.
Voy por las cantinas de sueños rotos. Me abstraigo en misterios grises oxidados. Cada día que pasa me acerco más al olvido, mi sombra olvidada en los rincones. Regalo un gastado verso para cada mujer de ocasión. Mi corazón es una uña encarnada. No doy abasto ante tanta miseria. Ha llegado el tiempo de vivir sumergido.
No tendríamos que habernos conocido. Soy el vaivén de tus noches de insomnio. Tú la dalia evanescente de mis noches de hastío. De una cosa estoy seguro, ninguno de los dos morirá de amor. No seremos leyenda, ni mito ni recuerdo entre las brumas, ni siquiera la huella de un paso sobre la nieve. No seremos nada. Olvido. Un viejo tren sin conductor que solitario viaja rumbo al olvido.
ada hombre tiene su precio. Es que el mío debe ser nulo. Pan, queso y vino. Incluso no en grandes cantidades. Un lugar apacible y nada. Un par de libros. Un par de amigos. La música. Un poema de Hikmet. El momento preciso que dije que te amaba. Ya lo ves. Nada. No pretendo nada. Mi precio es menos que cero. El resto se da cuenta de mi no-valía. Por lo tanto me tasa. Me tasa en nada. Y así voy por el mundo. Cada día más nada. No haciendo ruido. No despertando a los ángeles. Levitando antes que caminando. Desapercibido absolutamente. Nada importante por ninguna parte. Ninguna declaración a la prensa. Arrinconado en un rincón. En una esquina naranja. En el último lugar del Mundo. En la Patagonia. Lugar de hombres valientes. De marineros audaces. Y yo allí. Cobarde de mí. No implorando nada. Sin Dios ni clemencia. Todos afanados. Y yo allí. Nada. Mi misión cada día es decir, buenos días, buenas tardes. Y luego nada. A veces pasa un tornado. Una gaviota. Un relámpago. Luego nada. Como mi vida. Nada. Pienso que así comenzaron todos los asesinos en serie. En lugares en donde nunca pasa nada. Ya sea Londres, New York o Puerto Natales. Lugares en donde nunca pasa nada. Nada.
ueltas y vueltas alrededor de la noria. Y no hay nada en ninguna parte. En ninguna parte hay nada. Nadie escucha. Todos hablan. Todos quieren contar su historia. Puentes cortados. Señales que indican peligro. Sólo se trata de escuchar y no hay nadie. No hay nadie en ninguna parte. Mudos sobrevivientes de la nada. Te vas a la cama y acaricias a una mujer que está a punto de quedar dormida. Una vaca sería más receptiva. Te vas a la cama y acaricias a un hombre que está a punto de quedarse dormido. Un bisonte sería más receptivo. Al día siguiente irás al trabajo. Allí no hay nadie. Por el camino un desierto de almas desoladas. Miradas huecas que preanuncian desolación. Muertos vivientes que saludan cual mimos. Y ya pronto el día se acaba. Nos volveremos a ver seguramente. Con el corazón destrozado. Girando nuevamente alrededor de la noria. Las chances de ser felices es nula. Si comprendemos esto comprenderemos el resto. Por mientras, brindo por ti y por mí. Todo el resto es un silencio plano e inabarcable. Es lo que quería decirte. Mañana caerá la nieve y seremos felices. La felicidad dura sólo mientras cae la nieve. Nos iremos a la cama y seremos esos perfectos desconocidos. Una vaca y un bisonte.
- Es la misma canción.
- Si te gusta otra te puedes marchar.
- La elegancia no es tu característica
- No eres tú precisamente la que puede dar cátedra sobre elegancia.
- Recuerdo cuando me regalabas flores.
- Dejé de hacerlo cuando te vi comiéndolas.
- Tú siempre vas a ser el jovencito de la película. Ya no te luce aquello, estás viejo. Todas tus chicas están jubiladas. No haces más que volver una y otra vez a Buenos Aires. Un Buenos Aires que ya no existe. Tampoco eres el que antes fue. Sólo sombra de una sombra. Un muerto viviente. Podrías dedicarte a escribir necrológicas. Seguro que no te has dado cuenta, pero hoy encontré un diente tuyo entre las sábanas. Mírate al espejo. Ya sé que hace años no lo haces. La impresión te matará. Ya no te quedan amigos. Nadie viene a verte. Estás solo y te lo mereces por hijo de puta. No sabes cómo tratar a una mujer. Tienes un cero en delicadeza. No sabes cómo te odio. Pero también sé que te quiero. ¡Oh mi Dios! No sé qué hacer. Eres un miserable de mierda. Me haces sufrir.
Mientras la estrangulaba no sentía nada. Luego al enterrarla en la quinta como abono para las patatas, tampoco sentí nada. Más tarde, un poco más tarde y tranquilo, mientras fumaba y escuchaba la misma canción, me sentí el hombre más bueno del mundo.
ra un tiempo de violentos desembarcos. De rutinas implacables de nostalgias. Derroteros inciertos encallados. En la miasma de lo volátil. Era el tiempo que solía pensar que la Tierra giraba en torno mío. Era el tiempo de profanar iglesias. Era yo una de la siete cumbres más altas. Aquel presente estaba hecho a mi medida. Podía disputar el hueso a cualquier perro. Era yo el único que podía salir de la casa del ángel exterminador. Una panda de rufianes seguía mis pasos. Me emborrachaba por cantinas atrabiliarias sin destino. Me enfrentaba a la policía y a maleantes enfurecidos. No daba un céntimo por Cristo o el Diablo. Tuve amores con una monja. Amé a la puta más puta del pueblo. Dos caras de una misma moneda. Fui condecorado y condenado. Caminaba por las calles del pueblo y era Bruce Springsteen. Y era Rimbuad. Y era Gilles de Rais. Luego algo pasó. No sé. Me cuesta entender. Tiene que haber pasado algo. No recuerdo. Choque de planetas. El muro de Berlín. El fusilamiento de Ceausescu. Algo pasó. No sé qué pasó. Ya no fui el mismo. Pasaron veinte años. De pronto pasaron veinte años. Y no me di cuenta. Y ahora estoy aquí. En el hospital. Mañana me operan de próstata. Viene mi vecina Pilar. Dice que debo confiar en Dios.
lueve. Todo el día llueve y no ha parado de llover. Eso me dijo apenas entró al almacén. Luego me preguntó o se preguntó, cuándo parará de llover. El invierno es muy triste, pero todas las estaciones lo son. Mi vida es un completo desastre. Usted no sabe lo que es mi vida. Tengo tres hijos y lo que más duele en el mundo, es cuando a tus hijos le hacen tanto daño. Le pregunto qué le pasó con su vida triste. Se pone a llorar. Intento una disculpa y digo, perdón. No es nada me dice, es que mi vida es muy triste. Me cuenta que su hijo fue violado por su hermano y que su hija fue abusada por el padre. Llora. Son las diez de la mañana. Me cuenta detalles. Pienso que la palabra detalles es la palabra más horrorosa del mundo. Luego dice que su hermano está en la cárcel, pero que luego saldrá. Que así son las cosas. Que la justicia es así. Que el abuso del padre con la hija es difícil de probar. Piensa que no pasará nada. Al despedirse me pregunta quién ganara, si Chile o España. Le digo que en verdad no me importa. Pero que me gustaría que ganase Chile. A mí no, me dice. Se despide y se va.
i hijo me pregunta si Chile le ganará a Brasil. Le digo que sí. Que Chile ganará. Me pregunta por qué ese exceso de confianza. Le comento que acabo de enterarme que Brasil no jugará con su vestimenta verdeamarelha. Que Chile no jugará con su camiseta roja. Que vestirá de blanco. Que aquello será suficiente y hará que todo cambie. Que Brasil sin la verdeamarelha no será Brasil. Que Chile sin la roja no será Chile. Que entonces ganaremos. Me pregunta y qué pasa si a pesar de no presentarse los equipos con la vestimenta habitual, igual gana Brasil. Le contesto que será culpa de los relatores chilenos. Que dirán una y otra vez que Chile se enfrenta con los pentacampeones. Que Chile se enfrenta con los pentacampeones y no con Brasil. No le queda claro. A mí sí.
i prima cree en Dios. Mantiene con él un diálogo fluido. Por ejemplo, le pide algo, cualquier cosa: un auto, una lavadora, una casa o un castigo para el marido, y ahí está él. Dios. El tipo llega donde está mi prima y se lo concede. Deja de lado toda la labor en Mali, por ejemplo, y se acerca a Río Turbio en donde vive mi prima, y va y le concede lo pedido. El día que vino con sus amigas, me contó cuando un día presentó sus papeles en el municipio, le pidió a dios para que fuese aceptada. Y fue aceptada. Es inmenso el poder de dios dijo mi prima. Una de las amigas le dijo que la aceptaron, porque ella era la que determinaba aquello. Que era ella la secretaria del municipio encargada de aquella labor. Mi prima no dijo nada. Pero una cosa me quedó clara. He conocido a Dios. Que lo sepa todo el mundo. Dios es mujer. Se llama Catalina, le dicen Caty, tiene cara de ratón y trabaja en el municipio de Río Turbio.
stábamos allí en el hospital. Despedíamos a mamá. Papá nos dijo que ese era el día. Me vistió con la faldita amarilla de domingo y partimos. Esto pasó en Río Turbio en donde vivíamos. Estábamos papá, mi tía Merly, mi hermano Fernando y yo. Tenía nueve años. Papá me dijo que mamá partiría aquel día a vivir en una estrella. Yo estaba emocionada. Me parecía algo maravilloso. De pasar de vivir una larga temporada en el hospital, ahora mamá, pasaría a vivir en una estrella. Yo estaba contenta. En verdad todos, menos mi hermano Fernando, lo estábamos. La primera en pasar fue la hermana de mamá, mi tía. Luego desde la puerta nos llamó a mi hermano y a mí. Nos dijo que besáramos a mamá y así lo hicimos. Mamá estaba hermosa y no dijo nada, sonreía con los ojos cerrados. Salimos los tres y luego pasó papá. Luego papá salió y estuvimos allí un buen rato. Entraron doctores y enfermeras. Se escuchaban ruidos como de un cohete. Pensé en aquel momento que era la nave que llevaría a mamá. Se hizo tarde cuando llamaron de nuevo a papá. El ruido cesó. Papá se abrazó con mi tía y le anunció que mamá había partido. Corrí por el pasillo para ver la nave de mamá que partía rumbo a una estrella. Mi hermano corrió tras mío y me atrapó, me dijo que era una tonta. Esa noche llegamos tarde a casa y pronto me quedé dormida. Por la mañana escuché reñir a mi tía con papá. Ella decía que todo el día el vaso estuvo allí. El vaso con agua y la dentadura postiza de mamá dentro del vaso. Que cómo era posible. Que aquello no podía ser. Que vaya e investigue. Que una cosa así no puede pasar. Que no puede desaparecer un vaso de agua, una dentadura postiza con cinco dientes de oro.
ientras miraba un partido del Fenerbahce contra Barcelona, le escuché decir a mi ex, esta frase: "No sé que gracia le ven mirar fútbol cuando son 22 tipos corriendo detrás de una pelota". En esta frase simplona y ramplona se esconde la soberbia supina de la ignorancia. Es difícil encontrar un espectáculo superior al fútbol en casi todas las artes. Allí vemos tal como tan bien lo diseñara Alejandro Dolina, toda la comedia humana. Está el cobarde que siempre arruga, que se apaga en los momentos difíciles. El muchachito que salva el partido en el último minuto. El arquero que pasa de héroe a villano en fracciones de segundo. El centro delantero aprovechador que hace que trabajen los otros y que en forma fortuita le rebota la pelota y gana el campeonato, luego aparece en la tapa de todos los periódicos y a sus compañeros ni lo nombran. El egoísta que siempre hace una de más, que nunca la entrega y generalmente pierde el balón. El dadivoso que generalmente trabaja para todo el equipo sin esperar nada a cambio. El defensa que para las andanadas del adversario y se mantiene incólume defendiendo su valla. El altruista que siempre se sacrifica por todo el terreno de juego. El que posee la magia y es distinto al resto, que es único y saca palomas de su galera. El pusilánime acomodaticio que le hecha la culpa al terreno de juego, a la lluvia y al árbitro. El bondadoso que prestamente socorre a un compañero e incluso a un adversario a incorporarse sobre el terreno de juego. El violento que cada vez que aparece un bulto sobre su punto de mira va y lo voltea sin miramiento. El caudillo que lleva al equipo sobre sus hombros y dirige a sus compañeros con instrucciones precisas. El generoso que ubica al jugador mejor perfilado y le da el pase gol que bien podría haberlo hecho él. El que renuncia a jugar bonito y mete la pierna cuando las cosas no están para bollos. El triste que deambula por todo el contorno de la cancha como si estuviera en trance, generalmente será sacado por el entrenador o por la hinchada. El farrero que siempre hace una de más y se pierde todas las oportunidades del juego. El simplón que juega como quien va a trabajar a una oficina de gobierno. La traición está ejemplificada en el tipo que no socorre, no acompaña, no ayuda y juega con desgano. En fin, vemos pasar ante nuestros ojos en ese gran espectáculo que es el fútbol, como bien lo dijimos, toda la comedia humana. Toda la gran estupidez humana. Toda la inconmensurable capacidad que tiene el ser humano de reír y llorar, de vivir en este pequeño mundo nuestro.
Será por todo aquello que alguna vez la poeta Marcela Muñoz Molina me preguntó: Dime Hugo a ti que te gusta el fútbol ¿yo en qué puesto de la vida juego, soy arquera, defensa, volante o delantera?
Y para terminar lo haré con una frase que dijo Albert Camus quien jugaba de arquero allá en Argel: "Todo lo que soy en la vida se lo debo al fútbol".
Hola; me llamo Marga y quisiera si se puede escribir en inmaculada sobre algo que me pasó en un encuentro cultural este fin de semana. Perdona el atrevimiento que me tomo para escribirte. Saludos.
Marga.
de
para marga < >marga75natales@natales.com>
fecha 26 de mayo de 2010 14:32
asunto Hola Marga
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Hola Marga; Me parece que nos hemos visto por ahí. No hay problemas. Puedes escribir en mi blog. Lo que te apetezca. Un abrazo. Hugo.
Soy Marga y tengo 35 años, soy de Acuario, evidentemente esta información no dice mucho de mí. Estoy encargada de un Centro Cultural en Puerto Natales y esto tampoco dice mucho de mí. Pero les quiero contar una historia. Estuve una maldita semana preparando un encuentro cultural, se trataba de jóvenes escritores de Punta Arenas que venían a dar una conferencia sobre ética y estética a mi ciudad. Ya les dije, toda una maldita semana preparando aquel encuentro. Moviéndome de un lado a otro. Consiguiendo una cosa y otra. Acelerando mi vida y rompiendo mi rutina. Hasta que llegó el Día, el Gran Día. Y todo resulto de maravillas, vino mucha gente y los expositores estuvieron bien. A la gente le encantó. Aprendimos que la ética no era un patrón cultural de los griegos que inherentemente resultaba de la misma manera para todos. Que estaba involucrada absolutamente la ética con la estética. Que la ética griega estaba preocupada por la relación de uno consigo mismo y con los demás, mucho más que por los problemas religiosos. Se habló del hypomnemata. Una práctica de sí que daba cuenta de la experiencia con el conocimiento y con los resultantes de la vida misma. Se tocaron aspectos de la dualidad entre el cuerpo y el alma y de la culpabilidad ante el cuerpo. Que muchas veces no es que nos desnudamos solamente nuestros cuerpos sino que al hacerlo, desnudamos nuestra alma y que en realidad, deberíamos desnudar nuestros cuerpos y también nuestra alma, todo al unísono. En realidad, no podría escribir o describir, todo lo que fue aquella conferencia.
Luego al terminar, la gente se retiró y nos quedamos un grupo pequeño de personas. Hasta que al final, me quedé sola con uno de los conferenciantes. Tomamos unos vinos y la conversación giró sobre tópicos de la sociedad griega. En determinado momento salí un momento del lugar y al volver, veo al conferencista de la ética y la estética con los pantalones abajo y con su polla erecta. Pegué un grito, no lo podía creer. Una cosa impensable. Le dije: Mira griego de la concha de tu madre hijo de las mil putas, te voy a dar una patada en los huevos, te vistes ya o llamo a los carabineros. En verdad llamé rápidamente a la policía mientras el griego escapaba. La doctora me recetó 5 gotitas de ravotril cuando sea necesario.
ace media hora que tengo abierto el Word y no se me ocurre nada. Ni una puta idea. Nada. A este paso nunca superaré a Hemingway. Algo huele mal en mí. Ya van tres cuarto de hora y nada. Pienso que no sería mala idea dejar de escribir. Dedicarme a la cría de conejos. A postular a un cargo de gobierno. A cruzar a nado el Estrecho de Magallanes. A cultivar mi huerta con patatas. De pronto tocan a mi puerta. Es Sabrina. Junto a ella viene Sofía. Sabrina es prima de Sofía. No conocía a Sofía. Sabrina me presenta a Sofía. Destapo un par de botellas de vino. Algo de música en la biblioteca. Se convierte en una velada animada. Me olvido absolutamente del Word. Que se vaya a la puta madre el Word. No me doy ni cuenta. Estoy en cama con Sabrina y Sofía. Con las primas. Que se besan. Que las beso. Que estamos ahí un tiempo infinito. Luego volvemos a la biblioteca. Brindamos. Se van. Cierro el Word en blanco. Pienso que mañana escribiré. Me voy a dormir.