yoel novoa

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UN HOTEL EN LA PLAYA


La playa de Mar de Ajó tal vez es un poquito más larga que la fuerza de la marea.
Todas las playas llenas de gente multicolor solar que se espía mutua rodeando orquestas de discapacitados. El pasado es el mismo médano mismo mar mismo sol. Son otros los mismos incalculables, por eso paso por delante de la misma casa que habité en 1950 aunque la hayan construido en 1980.

El poeta va a la playa y hace poemas sobre un papel amarillo con lapicera senil. La glosa desglosa vigorosa, el poeta levanta la vista para corroborar que lo observan los veraneantes poetas.

El poeta ha llegado a viejo su vida fue un escupitajo
El poeta murió y su cuerpo fue enterrado en la arena húmeda
De cabeza
Dejando los pies afuera
Para que los remoje el mar. Bipedo de la metáfora.

El hotel cuesta $180
La carpa para tener sombra en la playa por un día: $60
Una vez que estoy frente al mar
Pasa en un carrito, el vendedor de choclos
Le compro uno a $12
Le pido que no lo condimente
Y luego de remojarlo en agua de mar
me lo meto en el culo.

Es domingo
El día está espléndido y hubo afluencia de turistas peces.
Alrededor del mediodía
temiendo lo peor,
tengo la suerte de poder alquilar la última carpa.
Que por la demanda subió de precio.
Es la 105
Voy a ella
Y la encuentro ocupada por 20 personas semidesnudas que miran hacia el ojeteoleaje.
Vuelvo a la administración:
"En la 105 hay una multitud"
"No se haga problema, ocupe la 106... Venga que lo acompaño".
Y la administradora me conduce hasta la 106 que contiene cuatro sillas, una mesa y una reposera.
Me siento confortablemente acodado sobre la mesa y comienzo a descerrajar pedos:
Los retumbantes de enero del 2005.
Y van felices los rimbombantes vientos entre los vientos,
Uno tras otro.
Hasta que el vecino de al lado (107) me ofrece $50
Para que me pase (aleje) a la 101.
Acepto la oferta y aprovecho el último gran Zopardo para zambullirme en el mar.

comentarios:

Poesía de playa... Ahora estoy con la muerte de Calle, y salvo el texto pre Bogotano, la palabra del maestro fue en el mar Caribe en la playa de coral adonde recomendaban no meterse al agua luego de tomar ácido lisérgico, porque bajo el agua todo era tan lindo azul transparente que uno entonces se quedaba allí y feliz de la vida, se ahogaba.
Con Calle, mi vivencia caribeña fue lo más antiturístico que se pueda hacer en un sitio turístico como aquella isla llena de playas.
La enseñanza que me vino del maestro, la anoté pero la dejé hasta el día de hoy revoloteando entre nubes.
En la planta baja de mi casa, en las bibliotecas médanos, tengo un ropero atestado con cosas de mi vida. Nunca voy a él porque lo tengo destinado al entretenimiento de alguien en alguna carambola futura.
Pero ahora, Calle murió. Voy a ir al ropero y voy a desparramar el papelerío de mi vida para recojer resucitar a Calle. Llorando, con los testículos en la garganta, me voy a hundir en el humor maestro de Calle.
Lo intentaré antes que la muerte me toque un vals. Al fin y al cabo los dichos de Calle, fueron terrestres.