¡Soy feliz!

Que me perdonen los chicos del barrio.

"inmaculada decepción"


Al poeta Niki Kuscevic.
No sé por qué mierda soy feliz. No tengo dinero. Amor. Perro. Sin embargo soy feliz. Algo está fallando. Debo estar mal. Debería estar mal y soy feliz. ¿Estaré loco o algo así? No tengo idea. Me siento bien. Camino ligero. Subo montañas. Follo día por medio. Voy de juerga con amigos. Puedo tomar un par de botellas de vodka sin remilgos. Leer un libro en cinco minutos. Hacer un poema en tres. Jugar al fútbol con los amigos de mi hijo. Interesarme por las matemáticas. Ayer sin más, le gané a Usain Bolt los cien metros en mi computadora. No sé qué me está pasando. En resumidas cuentas, soy feliz. Incluso viviendo en mi país, soy feliz. Que me perdonen los chicos del barrio. Los poetas de mi generación. Soy feliz. No sé cuánto durará. No importa. Soy feliz. Ahora y en esta hora. Mañana haré piruetas sobre una baldosa. Te obsequiaré un ramo de rosas. Mañana. Pero ahora déjame ser feliz. Lo soy. Ahora y en esta hora. ¡Feliz!

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Esperando a Carolina

Y eso fue todo.

"inmaculada decepción"



Por la mañana fui al cementerio a visitar la tumba de mi abuelo. Hablé un par de cosas con él. Nada sustancial. Me preguntó por su mujer, mi abuela. Le dije que cumplió 105 años y dice que va por más. Se sonrió. Luego preguntó por Santiago Wanderers, si seguía en primera división. Si las gallinas seguían poniendo huevos y si arreglé la cañería del baño. Le conté que Puerto Natales había cambiado. Que ya no hay gallinas. Que llegan manadas de turistas. Que hay grupos de rock y mil nutricionistas. ¡Hay semáforos! Al despedirnos me dijo: cuando te vengas a quedar acá, tendremos mucho tiempo para conversar. Me despedí de él y eso fue todo. Tomé un taxi y mandé un mensaje por Whatsapp a Carolina: te espero a las diez sin bragas. Me despedí de ella y eso fue todo. Llegué a casa y puse a Nick Cave. Luego destapé una ginebra y vi el documental de Chavarri sobre la familia Panero. Esperando a Carolina sin bragas. Y eso fue todo.

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Me consideraba un tipo romántico

La Luna y todo ese tipo de huevadas.
"inmaculada decepción"



Me consideraba un tipo romántico. Un poeta. La Luna y todo ese tipo de huevadas. Hice poemas a la madre, a la nieve y a viejas catedrales. Y de pronto me vi inmerso en un mundo maravilloso. Que no tenía nada que ver con la puta nieve, las madres y las catedrales. Me convertí en sicario. Y fui feliz. Lo soy. Por una puta vez soy feliz. Y en eso estoy. Trabajo dos o tres días al mes y lleno el carro del Supermercado. Voy de juerga por ahí y mi mujer y mis niños duermen tranquilos en casa. Mi trabajo es simple. Conduzco una moto y mi cumpa dispara. Siempre en la cabeza. Luego unas ricas arepas preparadas por mi mujer. Recuerdo cuando era un tipo romántico. ¡Una mierda! Me moría de hambre escribiendo sobre la madre, la nieve y las viejas catedrales.

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Me pregunta Clitemnestra

Pongo a Carlos Goñi y tomo absenta.
"inmaculada decepción"



Me pregunta Clitemnestra si de verdad el tema Sueños Rotos que canta La Mórbida se lo dediqué a ella. Es verdad le digo. Espero que no se entere Armagedón me dice. No te preocupes que no se enterara. Es lo que tú crees me dice. Las añagazas que utilizaste conmigo no te servirán para él que es tu amigo. Le reitero. No se enterara. Luego nos fuimos a beber con nuestros amigos Jotamario y Gonzalo Arango al El bar de Slowly. Allí me agarré a trompadas con Jack Palance que se quiso propasar con Clitemnestra. Me llevaron preso y de nada me sirvieron las metamorfosis de Sammoncodom. Cuando salí del calabozo, Jotamario me contó que Clitemnestra, se fue esa noche a la cama con Jack Palance. Cuento todo esto ya que de allí, viene toda mi afición por el porno de cornudos. El informe meteorológico dice que mañana habrá 4° bajo cero. Pongo a Carlos Goñi y tomo absenta. Mañana será un buen día.

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Estoy hasta la tusa de mí mismo

Soy líder de una banda de Rock.
"inmaculada decepción"



Estoy hasta la tusa de mí mismo. En verdad que no me soporto. Todo el tiempo imaginándome en Jamaica, Amsterdam o Burquina Faso. Imaginándome siendo mercenario, Jefe de Cartel, lindo tipo, cogiéndome minas a rolete. En verdad que no me soporto. Escalo cumbres. Salvo a la humanidad. Hago estallar al mundo en pedazos. Soy líder de una banda de Rock. Me gano el Nobel. Hago pactos con Lucifer. Soy elegido para comandar una nave a Saturno. En verdad que no me soporto. Ayer no más, pensé que soy el indicado para reemplazar a Messi en el Barcelona. A Guardiola en el Manchester City. Luego llega el martes y parto a mi trabajo. A mi trabajo en Torres del Paine. Todo el puto día cavando fosos.

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Sólo quiero que te quieran

Amado lector.
"inmaculada decepción"



No pertenezco a ninguna cofradía. A ninguna vertiente literaria. No soy bombero, cristiano ni albañil. No voy por ahí pidiendo auxilio delirante. Viajo por una carretera sin murallas de contención. Paso desapercibido entre el bullicio y la calma. Los semáforos sin luces anuncian temporal. Vivo en un país que no me merece. Los dueños de la cosa me tiran migajas que no recojo. Soy el eterno insatisfecho. Por la televisión aparece la presidenta anunciando un vendaval de fútiles promesas. En un tono tranquilo. Calmado. Te das cuenta que por dentro, ella puede ser diferente, te puede perfectamente destrozar la cabeza con un bate de béisbol. Y yo siempre ahí. Alejado de toda cofradía.

Me gustaría nada. O sí. Por ejemplo: un vaso de vino, un trozo de pan, algo de queso y que te quieran. Es lo que quiero para ti y para mí. Amado lector.

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Mañana seré un ángel romántico

Busco y busco y no la encuentro.
"inmaculada decepción"



Mañana será un buen día. Dejaré de fumar. Dejaré el cigarrillo, el alcohol y otras yerbas. Seré bueno. Seré atento, servicial y complaciente. Leeré libros de autoayuda. Haré yoga. Correré la maratón de Boston. Seré el chico de tus sueños. Te lo juro. Mañana. Escribiré poemas maravillosos. Poemas que hablaran de ti y de mí. De nuestro amor en Santa Cruz. Mientras tanto fumo. Tomo vodka y vuelo. Pero mañana te lo juro, cambiaré. Seré un ángel romántico. Aquel hombre integral con el cual soñabas de niña. El que te salvará de los vikingos. De los malos gobiernos. De Hiroshima. Te lo prometo. Mañana. Pero por favor. Déjame beber mi último trago. Mañana comienzo. No te pongas así. Ya te lo dije. Mañana. Sí. Mañana. Pero por qué no te vas a la puta que te parió. ¿Qué te has creído? Te vas a la mierda. Ahora mismo. Muérete. ¡Perra! Busco por toda la casa un trago y no lo encuentro. Me desespero. No lo encuentro. No lo encuentro.

Busco y busco y no la encuentro. Llego a su cuarto y no está. Ella no está. Se ha marchado. Me desespero al no encontrar mi trago. Busco y busco y no lo encuentro. Mi trago. Mi trago. Mi trago. No lo encuentro.

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Cuando mueren los héroes nos sentimos más solos


Alí en eso nunca se equivocó.
"inmaculada decepción"

Por Ramón Díaz Eterovic

Muhammad Alí fue un héroe para los seguidores del pugilismo, y también para quienes, a mediados de los años sesenta del siglo pasado, asomaban sus narices a los problemas sociales de la época y empezaron a conocer las declaraciones de un pugilista tan rápido de puños como de lengua. Alí fue el mejor y el más grande entre sus pares. Pudo ser como uno de los tantos ídolos deportivos actuales que agotan sus talentos en el espacio de una competencia, y sus conciencias sociales, si alguna vez las tienen, son frágiles víctimas de las apariencias, el consumismo, la banalidad de las marcas, el divismo. Alí en eso nunca se equivocó. No olvidó que había sido un niño pobre y que en el mundo existen demasiados niños pobres. No olvidó que era negro, que descendía de esclavos y que su más enconado rival fuera del ring era el racismo que impregnaba la sociedad estadounidense. Le aplicaron leyes injustas para hacerlo callar y él siguió de pie, dispuesto a demostrar que era un hombre que amaba la libertad, y que había alcanzado con el arte de los puños una calidad que es muy difícil que se vuelva a repetir. Era el más grande en lo suyo, y así fue reconocido hace unos días cuando la muerte lo dejó fuera de combate. El pesar por su muerte y el rescate de su figura no tuvieron dos puntos de vista. El elogio fue unánime.

Y por cierto, la muerte de Alí nos trajo recuerdos. Unos buenos y otros malos. La tristeza en una noche santiaguina de septiembre del año 1980, cuando en una pequeña pantalla en blanco y negro lo vimos perder frente a Larry Holmes, un joven campeón que nunca logró ganar el afecto total de los hinchas. Había derrotado al ídolo y eso rara vez se perdona. Alí ya estaba viejo para bailar sobre la lona como en sus buenos tiempos cuando se movía como una mariposa y costaba creer que un gigantón de más de noventa kilos podía bailar largo rato sobre las puntas de sus pies. Esa noche, es probable que los primeros síntomas del Parkinson recorrieran su cuerpo, o sólo era la edad que le pasaba la cuenta en un deporte que, como los vampiros, siempre demanda sangre fresca. Como fuera, con él uno siempre esperaba un milagro; pero finalmente no se dio y por una noche nos volvimos insomnes y masticamos la amarga pulpa de la tristeza.

Pero también nos dio alegrías. Años atrás, en los años sesenta, escuchando en Punta Arenas una diminuta radio a pilas que nos permitiría seguir las alternativas de su segunda pelea con Sony Liston, el ex campeón del mundo, al que Alí había derrotado meses antes en un combate donde mostró todas las cualidades que lo harían inolvidable como pugilista. Y tanta espera y tanta ansiedad contenida se esfumó como por encanto, porque en menos de sesenta segundos, Alí tenía a su rival respirando el olor de la lona. Y entremedio de esas dos fechas, grandes momentos deportivos. Sus tres peleas con Joe Frazier, la pelea en África con George Foreman, sus combates con todas “las esperanzas blancas” que pusieron en su camino, como el canadiense George Chuvalo, el inglés Henry Cooper y el argentino Oscar “Ringo” Bonavena, asesinado años más tarde a la salida de un puterío de Nevada; repitiendo el trágico final de tantos ídolos del deporte latinoamericano.

Después de su derrota con Holmes, Alí no volvió a ser el mismo arriba de un ring. Pero volvió a la calle, se mezcló entre la gente, y continuó su viaje hacia la leyenda. Alí luchó por sus hermanos de raza y religión. Apoyó la causa de Mandela y los suyos. Luchó por la libertad y proclamó la dignidad de los deportistas. Les enseñó a hablar, a expresar lo que pensaban, a demostrar que tienen conciencia y una posición frente a los hechos de la vida. Sin duda que Alí indicó el camino a ídolos como Diego Armando Maradona. Deportistas que hablan, que tienen opinión política y desafían a los dueños del espectáculo. Alí inspiró a muchos dentro y fuera de un campo de contienda. Alzó la voz a de su pueblo discriminado y le cantó algunas verdades al gobierno imperialista de su país.
Son precisas sus palabras cuando se negó ir a Vietnam, a combatir en una guerra que no era suya ni de los miles de jóvenes negros que fueron enviados a morir. Dijo: “¿Por qué me piden ponerme un uniforme para ir a 16 mil kilómetros de mi casa a tirarle bombas y balas a gente de piel oscura en Vietnam, cuando los “negros” en Louisville son tratados como perros y se les niegan los más simples derechos humanos? No, no voy a ir a 16 mil kilómetros de mi casa a contribuir al asesinato y la destrucción de otra pobre nación sólo para continuar la dominación de los amos blancos sobre todo el mundo”.
Muhammad Alí fue el mejor deportista del siglo XX, una buena persona, un hombre libre que repartió alegrías y esperanzas.

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