Nací un día equivocado

Aviones que no aterrizaban.
"inmaculada decepción"



Nací un día equivocado. En un país equivocado. En una calle equivocada. Amé a mujeres equivocadas. Visité bares equivocados y tuve amigos equivocados. Y así todo se fue dando. Trenes que no conducían a ninguna parte. Aviones que no aterrizaban. Buses que salían fuera de horario. Barcos que se hundían. Y así fui por la vida. Mi equipo favorito pierde. Los botones de mi camisa desaparecen. Mi cantante preferido se suicida. Mi horóscopo indica nubarrones y la chica que amaba se fue con mi mejor amigo. En verdad que no sé por qué mierda soy tan feliz.

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Dios vagaba a través del espacio


Dios vagaba a través del espacio
sin hacer una mierda.
Un día se le ocurrió la brillante idea
de ponerse a trabajar.

Creó los cielos y la tierra
y muchas cosas más.
Luego fruto de su esquizofrenia veloz,
tomó del barro más nauseabundo
diciendo: ¡Hágase un Hugo Vera Miranda!

Más tarde en un acto de infinita crueldad
y sin mediar consulta alguna,
me saca una costilla
y crea a esa perra.

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Zátopek, la locomotora checa

Por Ramón Díaz Eterovic


... el rostro oscuro del poder.
"inmaculada decepción"


De las obras publicadas por el escritor francés Jean Echenoz (1947) destacan las novelas que dedica a recrear algunos aspectos de las biografías de tres protagonistas singulares del Siglo XX, en áreas tan diferentes como la música, la ciencia y el atletismo. “Ravel” en la que recrea los últimos años de la vida del compositor Maurice Ravel, “Relámpagos” centrada en el azaroso destino del ingeniero e inventor Nikola Tesla, y “Correr” basada en la carrera deportiva del atleta checoslovaco Emil Zátopek. Estas novelas componen una trilogía en la que Echenoz trabajó luego de escribir otras que le valieron el reconocimiento de la crítica y los lectores, como es el caso de “Me voy”, con la que obtuvo el prestigioso Premio Goncourt (1999).

“Correr” se inicia con la invasión de Praga por los nazis al inicio de la Segunda Guerra Mundial, y con la imagen de un muchacho de diecisiete años que busca un derrotero para su existencia sin interesarse a esa edad por el atletismo, actividad que más tarde lo llevará a ser un héroe deportivo en su país y un referente para los atletas de todo el mundo. Es tal su desapego por el deporte, que el mismo Zátopek se sorprende cuando siendo un recluta del ejército checoslovaco es motivado a participar en competencias atléticas entre distintas unidades militares. No tiene un estilo clásico para correr ni la preparación de otros atletas, pero apenas comienza a correr le llegan las victorias y la superación de cuantas estadísticas de rendimiento aparecen en su camino. Su consagración definitiva se produce en 1946, cuando llega como único representante de su país a una competencia que reúne a los principales atletas europeos. Solo y prácticamente sin recursos ni apoyos especiales, se ubica en la partida de la competencia de 5.000 metros, la que gana sacando una vuelta de ventaja a sus ocasionales competidores. A este éxito le suceden otros, hasta que en la Olimpiada de Helsinki (1952) logra una hazaña nunca antes alcanzada por otro atleta: obtiene medalla de oro en las competencias de 5.000 y 10.000 metros, y en la Maratón. Para entonces ya era conocido con el apodo de “la locomotora checa” y llamaba la atención por su estilo poco ortodoxo de correr, con la cara deformada por el esfuerzo y sin ninguna elegancia. Al respecto, Echenoz apunta: “Se ha convertido en el ídolo de su país. Lo que representa para el público checo es sencillo: basta que aparezca una mañana una nota en los periódicos anunciando que saldrá a la pista a las seis para que veinte mil personas se peleen esa misma tarde a la entrada del estadio Masaryk”. Pero la fama también le provoca inconvenientes. Sus palabras son vigiladas y muchas veces reproducidas sin su sentido original. Su carrera deportiva debe desarrollarse según los criterios de directivos interesados en controlar la imagen que proyecta el atleta de pies alados.

Echenoz sigue distintos hitos en la vida de Zátopek, quien puede ser apreciado como una suerte de héroe trágico que sobrevive a la guerra y a las confrontaciones ideológicas de su época. Lo presenta siempre sencillo en su accionar cotidiano, y muchas veces asombrado de los éxitos que alcanza.

La vida de Zátopek parecía destinada a una gloria sin tregua hasta que el año 1968 se producen los alzamientos populares de la Primavera de Praga que terminan con la invasión de los tanques rusos y la persecución de los opositores al gobierno que dirigía el país desde el fin de la guerra. Zátopeck, que es un ídolo popular, muestra su simpatía con el líder disidente Dubcek y una vez que es controlada la rebelión, el gobierno no tardan en pasarle la cuenta por su apoyo al movimiento reformista. Zátopek va a dar a una apartada mina de uranio donde beberá trabajar durante seis años, hasta que le permiten volver a Praga y lo obligan a trabajar como un modesto recolector de basura al que la gente reconoce y ayuda mientras recorre las calles que le han asignado. “Todas las mañanas –cuenta Echenoz-, a su paso, los habitantes del barrio donde le toca trabajar a su equipo bajan a la calle para aplaudirle, vaciando ellos mismos su cubo en el camión. No ha habido en el mundo basurero tan aclamado”. Años después, y previa firma de un documento de autocrítica, es asignado a un cargo de archivero en el Centro de Información de los Deportes. El nuevo funcionario realiza su trabajo entre cuatro paredes mientras la leyenda de “la locomotora checa” crece y perdura entre los que conocen sus hazañas deportivas. “Correr” es mucho más que la biografía novelada de un héroe del atletismo. Es una vibrante y emotiva novela que recrea la historia de un hombre que se propuso sobrevivir a un tiempo de caos y violencia; y la de un deportista que pese a sus éxitos en las pistas de carreras debió conocer el rostro oscuro del poder.

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Un poema de Jorge Teillier

He dormido donde un amigo


He dormido donde un amigo hasta las siete de la tarde
Ahora sé que el Diazepam es lo mismo que el Valium 10
Los gallos cantan a cualquier hora
Salgo al patio
Hay cinco gatos vagos cuyos nombres no conozco
Pero me saludan como a un viejo colega.
Llega mi amigo. Salimos a beber Santa Emiliana a la calle
 Capitán Ávalos
Somos los últimos en salir del boliche
Y tal vez mañana los primeros en llegar.

Hace años no me despertaban los gallos a esta hora
Estoy en un lugar donde se lee: “The Ring”
Los libros de Rubén Azócar y “La Balada del Café Triste”.

No sé por qué tengo una ceja rota
¿Escribiré una nueva carta al Suicida?
¿Viajaré al Deep South a mirar los últimos trenes a vapor?
¿Comeré kuchen de manzana en donde aún se creen alemanes?
¿Leeré versos a quienes sólo escuchan a Julio Iglesias?

Con una chaqueta de terciopelo
Que alguien que creía amarme me regaló en Madrid
Y una horrenda corbata obsequio del poeta Cameron
Veo morir el atardecer en la Gran Avenida
“Muerte no te enorgullezcas”.
Qué importa terminar como Stan Laurel
Haré cuenta que fui actor de una mala película
Cuyo guión no dejé redactar a nadie más.

Poema escrito en calle Los Morros 9820, paradero 29 de la Gran Avenida, Santiago, Chile. 

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Tocaba el bajo en una banda de rock


Nunca caminaras solo.
"inmaculada decepción"


La amistad es más importante que el amor. O es lo mismo. Se lo iguala. Querido hermano del alma. Estés donde estés, estaremos juntos. Tus padres y tus amigos estarán contigo. Siempre. Qué decir en esta hora. No hay palabras. Todo parece un mal sueño. La pesadilla perfecta. No eras el más alto, el más bello, el más inteligente. Nadie lo es. Solo eras uno de los nuestros. Posiblemente el mejor. Seguramente que el mejor. Así te recordaremos. El chico de la bicicleta que jugaba fútbol en noches de escarcha. Aquel chico hincha del Liverpool. El que tocaba el bajo en una banda de rock. El que decía que sus padres hacían las mejores empanadas del mundo. Qué decir en esta hora. Nada. No hay palabras. Que tu viaje sea leve y veloz. Como tu vida. Y que nos reencontremos en un viejo bar, para hablar de fútbol, mujeres y música. Hasta pronto querido amigo. Hasta pronto querido hermano del alma. Hasta pronto querido Pac. Ya sabes. Ya lo sabes. Nunca caminaras solo.

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Pac




Le tocó estar en el lugar equivocado.
"inmaculada decepción"


Yo perfectamente podría haber sido el abuelo de Pac. Pero me tocó ser su amigo. También el mejor amigo de mi hijo. Digamos que el único amigo. O el amigo más dilecto. Venía a casa y era una fiesta. Respetuoso a carta cabal. No era de este tiempo. Ni de ningún tiempo. Como Artigas el héroe oriental, era un joven-viejo. Toda su ropa le quedaba holgada. De pensamientos modernos. Su pasión la música, el fútbol y sus amigos. Se enamoraba a veces, de amores no correspondidos. Las chicas ni se enteraban. No le importaba. Se enamoraba y a otra cosa. Su gran amor era la vida. La vida por vivir. Por ver amaneceres a cada instante. Rojos amaneceres saliendo desde el Cerro Dorotea. Y era feliz. Todos éramos felices estando con él. Y la música seguía sonando. Mac DeMarco, Human Tetris y tantos. Y eso.

Luego llegó la noche. Un amanecer sangriento. Rojo-sangre-violento. Le tocó estar en el lugar equivocado. Defendiendo causas inútiles. Tal vez. No lo sé. Nunca lo sabré. Alguien llegó y le partió la cabeza. Lo más preciado que tenía. No fue su rodilla. No fue su tibia ni peroné. Su cabeza. Eso fue casi un año atrás. Mi amigo Pac sigue inconsciente en un duermevela infinito. No más música, poesía ni mujeres. No más rojos amaneceres saliendo desde el Cerro Dorotea. Se acabó.

Espero que la gente que hizo tamaño estropicio pague. Nunca será suficiente. Ni en este vida ni en ninguna vida. Recordaremos a Pac como al chico más hermoso, el amigo más fiel y que estuvo en un amanecer, en el sitio equivocado. Te quiero querido Pac. Te quiero querido hermano del alma.

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David Gilmour

A Esteban Castro.

Pasa lentamente una Van extravagante con vidrios polarizados.
"inmaculada decepción"


Estoy trabajando en Torres del Paine. Con mameluco naranjo, lentes oscuros, casco azul, zapatos con punta de fierro, guantes amarillos con ribetes verdes. Es como trabajar en Chernóbil o en Marte. Cavo un foso de 50x40. Utilizo un chuzo y una pala. Trabajo duro. Algo hice mal en vida para merecer esto. En fin. La puta vida.

Pasa lentamente una Van extravagante con vidrios polarizados. La veo pasar. Lentamente. Luego toma velocidad. Se pierde rumbo a Laguna Amarga. Llego al campamento y me entero. Es la Van donde viaja David Gilmour.

Está claro. No me reconoció. Yo enfundado en un mameluco naranjo, lentes oscuros, casco azul, zapatos con punta de fierro, guantes amarillos y con ribetes verdes. No me reconoció. De seguro al reconocerme, se habría bajado. Me hubiera dado un abrazo y me hubiese pedido un autógrafo.

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Llueve

Sé que vivo una época totalitaria y estalinista...
"inmaculada decepción"


Mi biografía no habla bien de mí. Lo acepto. Llueve. Ha llovido todo el día en esta puta ciudad. Con una copa de vodka me afeito. Con otra copa me lavo las axilas y con otra copa me lavo las bolas. No soy bienvenido aquí ni en ninguna parte. Lo merezco. Me fumo un porro con la chica más linda del lugar. En verdad que la chica más linda del lugar es un incordio. Me importa una mierda su hermoso coño. Sigue lloviendo. Ha llovido todo el puto día.

Pero debo ser bueno. Eso sí. No odiar a los blancos, los amarillos y los negros. No escribir en mi Facebook: ¡Muerte al Dalai Lama! ¡Viva Pac! Me importa una mierda su hermoso coño. Sería castigado y mi biografía no hablaría bien de mí. Pero ya nada importa.

Mi biografía no habla bien de mí. Sé que vivo una época totalitaria y estalinista, que al menor atisbo de discordancia, seré castigado. Debo ser bueno y hacer y decir lo correcto. Y no lo hago. No lo digo. Voy a contracorriente de este mundo de mierda. Y llueve. Ha llovido todo el día en esta puta ciudad.

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Para ella

Te quiero fulminantemente.
La vida se ha complicado sin ti.
No hay manera que no me recuerde de ti.
No hay frontera que me aparte de ti.
Y nada.

Pienso en ti.
En los momentos aciagos y en los grandes momentos.
Te quiero y siempre te querré.
Y nada.

Eso solo quería decirte y nada.
Y nada, nada más.
Eso solo quería decirte.

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