Cuando mejor las cosas me van

Debo estar preparado para el éxtasis y la desdicha.
"inmaculada decepción"



Cuando mejor las cosas me van, debo estar preparado para lo peor. Mi vida es así. Sé que si bebo del mejor whisky debo prepararme para beber agua de la alcantarilla. Si follo a la mujer más hermosa del mundo, luego vendrá una giganta de Baudelaire. Si pruebo un manjar llegará el pan duro. Debo estar preparado para el éxtasis y la desdicha. Para mis pobres minutos de fama y mis siglos cavernarios.

Mi vida no es una vida recta. Una flecha dirigida por el viento austral. No debo creer en el halago ni en mi demerito. Soy como tú lector. Una argamasa de buenas intenciones y malos pronósticos. Y algo más. Nada nos hará libres. Felices para siempre. La felicidad es una mierda que dura un instante. Luego la tumba y el olvido.

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Ramón Díaz Eterovic: La cola del diablo

Por Juan Ignacio Colil


En “La cola del diablo”, Heredia nuevamente visita Punta Arenas...
"inmaculada decepción"


Mientras leía esta novela, apareció la noticia del científico ruso de la antártica que fue apuñalado por otro. Una noticia a todas luces extraña. Me pregunté al igual que muchos cuál habría sido el motivo para esa agresión. Imaginé celos profesionales, o de los otros. Después de unos días se supo que la causa era que la víctima solía contar los finales de los libros que leía el victimario. Grave delito entre los amantes de la literatura. Así que decidí tomar precauciones frente al hecho, uno nunca sabe cuándo puede encontrarse con un científico ruso amante de la literatura y del suspenso.

Es difícil presentar una novela sin dar pistas de lo que trae entre sus hojas, es difícil presentar una novela en la cual ya conocemos al protagonista, sus giros, sus gustos, sus ideas. Es difícil tratar de decir algo más de lo que ya se dicho sobre Heredia y Ramón Díaz Eterovic. Diecisiete novelas, comic, serie de televisión, radioteatros, traducciones. Heredia es más que un personaje, es la puerta de entrada a un pequeño y profundo universo.

En “La cola del diablo”, Heredia nuevamente visita Punta Arenas después de un poco más de dos décadas. Recorre sus calles y uno lo siente tan cercano como si estuviera en su departamento de Ayllavilú. El viento, el frío, las imágenes del Estrecho, los cambios en la ciudad lo reciben. Heredia se encuentra con una parte de su historia y también con una parte de la historia de todos nosotros. En primer lugar Heredia nuevamente está al medio de uno de los grandes temas que nos ha sacudido, o mejor dicho, que se ha destapado en los últimos años. Un tema más que actual que desnuda los nexos, los métodos de un viejo engranaje: Los crímenes sexuales de la Iglesia Católica y sus maniobras para encubrirlos. Ahora sabemos que es una vieja organización que ha sabido eludir a la justicia. Desde los más encopetados obispos hasta el cura de mi pueblo, hay excepciones, pero al parecer son solo eso.

En esta novela Heredia tiene que enfrentarse a estos poderes en las sombras que siempre prefieren actuar desde la oscuridad, cubiertos con la protección que les otorga su papel en la sociedad, cubierto con aquel halo de santidad. Heredia nos va contando en esta entrega, como se ha tejido la maniobra para ocultar un crimen que a su vez oculta otro crimen y así en una larga cadena, es la punta de la madeja.

Heredia bebe, Heredia camina por las calles, conversa, imagina conversaciones, Heredia recuerda y entre medio nos va dando pistas de su amplio y generoso recorrido como lector, como amante del tango, de la música en general y del cine. Así aparecen ante nosotros desde Lao Tse hasta el poeta Saratoga y desde Malher hasta el tanguero Horacio Ferrer. Reconocemos al pasar los gustos y homenajes de Ramón Díaz Eterovic. Así la literatura es crónica, homenaje, puentes hacia otras obras. La novela más que como una historia cerrada, de inicio a fin, es un espiral en el que convergen, por la fuerza centrípeta de Heredia, otras épocas y otras armas.

Para los seguidores de Heredia, el gato Simenon es tan relevante que sería imperdonable que no apareciera. Uno no se imagina a Heredia llevando al gato hasta Punta Arenas y haciendo los trámites en el aeropuerto. Por eso Heredia se las ingenia para comunicarse con el gato de una forma que solo los amantes de los animales entenderían y de esa forma el viejo Simenon, el viejísimo Simenon, aparece haciendo sus preguntas y comentarios agudos.

He contado más de lo que quería contar. Hablamos de un personaje que solo vive entre las hojas de un libro, de varios libros para ser precisos, pero no es solo un personaje, es un pequeño mundo, con sus relaciones, sus amistades, sus decepciones, su humor. Personajes de novela que nos interpelan sobre lo que sucede a nuestro alrededor, eso que llamamos realidad. La novela funciona como espejo, nos devuelve una imagen de lo que no queremos ver, también la novela funciona como un ancla que permite fijar estos episodios en nuestra retina y memoria. Heredia en su soledad nos arroja nuestros traumas colectivos. Los personajes, los diálogos, las imágenes de Heredia caminando por la calles de Punta Arenas, escondiéndose del viento, conversando en una bar, se quedan en nuestros recuerdos, y cada quien va creando su propio Heredia y con el tiempo no sabremos si lo vivimos o lo leímos, aunque ambas alternativas en definitiva son parte de la misma experiencia vital.

Hay más en la novela, pero no se puede decir todo lo que tiene porque sería matar la emoción y ya sabemos lo que le pasó a un científico ruso por abusar de la confianza.

Texto leído en la  presentación de la novela de Ramón Díaz Eterovic : "La cola del diablo" en la Feria Internacional del Libro de Santiago 2018.


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Bucear en su alma: Libro de Juan Mihovilovich

Por Alvaro Mesa Latorre


Mihovilovich nuevamente enriquece la prosa chilena...
"inmaculada decepción"


Desde la Última condena (Novela 1983) hasta a Espejimos con Stanley Kubrick (Novela 2017), todas las obras- ya sea novelas o cuentos- de Mihovilovich, nos desafían, nos sorprenden y nos invitan a descubrir la prosa única, precisa, profunda, telúrica que irradian sus obras.

Ficción, autobiografía, realidad, diálogos, monólogos, fantasías, viajes, retornos, rescates, denuncias, en fin, todas las formas, todos los modos, todos los estilos, todas las expresiones, todas las reflexiones, las maneja como un mago, con sobrada habilidad el autor. Así entonces, la lectura de estos cuentos, nos hace detenernos para entender y disfrutar ese proceso creativo de Mihovilovich. El diseña cada espacio, cada rincón, cada horizonte con un pincel integral, cuyas líneas y materiales elegidos nos sitúan siempre asombrados y perplejos- aunque sea ficción o realidad- en cada cuento. Algunas veces queremos escapar, otras ser parte de esa intuición. Al cerrar el libro, es como salir de un cielo. Volvemos a nuestro diario vivir, pero sabemos que hay una puerta infinita por donde el hombre y la mujer transitan. Puerta que tiene unos caminos y dilemas que sólo el autor pudo diseñar y que nos sobrecoje.

Destacó la “Mediagua” (microcuento) que en 7 líneas nos resume potente como es el habitar y la tragedia en una mediagua. “El Mar “.Un encuentro con lo absoluto, que asombra. “ La duda”. Una magistral reflexión sobre un gesto tan simple, como un pestañeo.” Ave Nocturna”. Demuestra la calidad de su prosa. Aquí cavila desde la ventana- todos tenemos una ventana por donde miramos nuestros sueños-. El autor imagina una ave fabulosa sobre la playa. Mihovilovich, nos habla aquí, de la belleza, de la delicadeza, de la amistad, de la soledad. Mihovilovich nuevamente enriquece la prosa chilena y su voz sigue alumbrando los infinitos cuestionamientos de todo ser humano.

Lago Villarrica Primavera de 2018

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Invitación libro de Ramón Díaz Eterovic: La cola del diablo


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Y pasaron los días y un par de estaciones

Pensaba que si no escribiese me moriría.
"inmaculada decepción"



Luego volveré a escribir. Eso dije. Y pasaron los días y un par de estaciones. Y el dique seco. Nada. No volví a escribir. A veces pienso que no volveré a escribir. No me angustia. No como antes. Pensaba que si no escribiese me moriría. Escribir era mi pasión y mi destino. Y ahora ya no. Puedo seguir viviendo en medio del tráfico. Con amigos y enemigos. Sin boletines de prensa. Casi sin contacto humano. Sin estar conectado. Sin enterarme de nada.

Puedo seguir viviendo sin amor, sin odio, sin dios ni galletitas caramelizadas. Y así voy por este mundo. Teniendo cuidado de los semáforos, los gobernantes y la policía. Destruí todos los artículos que hablaban bien de mí. Me conozco. Me queda el retrato de mi primera novia, una foto de Rimbaud y una carta que le escribí a mi madre a los nueve años. Ya puedo morir. O no. Aquello no tiene mucha importancia. Seguro que nos volveremos a ver. Amado lector.

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Una noche con Madonna



Sueño que estoy con Madonna
En el bar de Manos Limpias.
Hacemos el amor frenéticamente
Me dice que soy el mejor.

Tiene siete orgasmos
Yo veinticuatro.
Despierto.
Madonna me abraza.
Me dice: Hugo. Solo fue un sueño.

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Nací un día equivocado

Aviones que no aterrizaban.
"inmaculada decepción"



Nací un día equivocado. En un país equivocado. En una calle equivocada. Amé a mujeres equivocadas. Visité bares equivocados y tuve amigos equivocados. Y así todo se fue dando. Trenes que no conducían a ninguna parte. Aviones que no aterrizaban. Buses que salían fuera de horario. Barcos que se hundían. Y así fui por la vida. Mi equipo favorito pierde. Los botones de mi camisa desaparecen. Mi cantante preferido se suicida. Mi horóscopo indica nubarrones y la chica que amaba se fue con mi mejor amigo. En verdad que no sé por qué mierda soy tan feliz.

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Dios vagaba a través del espacio


Dios vagaba a través del espacio
sin hacer una mierda.
Un día se le ocurrió la brillante idea
de ponerse a trabajar.

Creó los cielos y la tierra
y muchas cosas más.
Luego fruto de su esquizofrenia veloz,
tomó del barro más nauseabundo
diciendo: ¡Hágase un Hugo Vera Miranda!

Más tarde en un acto de infinita crueldad
y sin mediar consulta alguna,
me saca una costilla
y crea a esa perra.

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Zátopek, la locomotora checa

Por Ramón Díaz Eterovic


... el rostro oscuro del poder.
"inmaculada decepción"


De las obras publicadas por el escritor francés Jean Echenoz (1947) destacan las novelas que dedica a recrear algunos aspectos de las biografías de tres protagonistas singulares del Siglo XX, en áreas tan diferentes como la música, la ciencia y el atletismo. “Ravel” en la que recrea los últimos años de la vida del compositor Maurice Ravel, “Relámpagos” centrada en el azaroso destino del ingeniero e inventor Nikola Tesla, y “Correr” basada en la carrera deportiva del atleta checoslovaco Emil Zátopek. Estas novelas componen una trilogía en la que Echenoz trabajó luego de escribir otras que le valieron el reconocimiento de la crítica y los lectores, como es el caso de “Me voy”, con la que obtuvo el prestigioso Premio Goncourt (1999).

“Correr” se inicia con la invasión de Praga por los nazis al inicio de la Segunda Guerra Mundial, y con la imagen de un muchacho de diecisiete años que busca un derrotero para su existencia sin interesarse a esa edad por el atletismo, actividad que más tarde lo llevará a ser un héroe deportivo en su país y un referente para los atletas de todo el mundo. Es tal su desapego por el deporte, que el mismo Zátopek se sorprende cuando siendo un recluta del ejército checoslovaco es motivado a participar en competencias atléticas entre distintas unidades militares. No tiene un estilo clásico para correr ni la preparación de otros atletas, pero apenas comienza a correr le llegan las victorias y la superación de cuantas estadísticas de rendimiento aparecen en su camino. Su consagración definitiva se produce en 1946, cuando llega como único representante de su país a una competencia que reúne a los principales atletas europeos. Solo y prácticamente sin recursos ni apoyos especiales, se ubica en la partida de la competencia de 5.000 metros, la que gana sacando una vuelta de ventaja a sus ocasionales competidores. A este éxito le suceden otros, hasta que en la Olimpiada de Helsinki (1952) logra una hazaña nunca antes alcanzada por otro atleta: obtiene medalla de oro en las competencias de 5.000 y 10.000 metros, y en la Maratón. Para entonces ya era conocido con el apodo de “la locomotora checa” y llamaba la atención por su estilo poco ortodoxo de correr, con la cara deformada por el esfuerzo y sin ninguna elegancia. Al respecto, Echenoz apunta: “Se ha convertido en el ídolo de su país. Lo que representa para el público checo es sencillo: basta que aparezca una mañana una nota en los periódicos anunciando que saldrá a la pista a las seis para que veinte mil personas se peleen esa misma tarde a la entrada del estadio Masaryk”. Pero la fama también le provoca inconvenientes. Sus palabras son vigiladas y muchas veces reproducidas sin su sentido original. Su carrera deportiva debe desarrollarse según los criterios de directivos interesados en controlar la imagen que proyecta el atleta de pies alados.

Echenoz sigue distintos hitos en la vida de Zátopek, quien puede ser apreciado como una suerte de héroe trágico que sobrevive a la guerra y a las confrontaciones ideológicas de su época. Lo presenta siempre sencillo en su accionar cotidiano, y muchas veces asombrado de los éxitos que alcanza.

La vida de Zátopek parecía destinada a una gloria sin tregua hasta que el año 1968 se producen los alzamientos populares de la Primavera de Praga que terminan con la invasión de los tanques rusos y la persecución de los opositores al gobierno que dirigía el país desde el fin de la guerra. Zátopeck, que es un ídolo popular, muestra su simpatía con el líder disidente Dubcek y una vez que es controlada la rebelión, el gobierno no tardan en pasarle la cuenta por su apoyo al movimiento reformista. Zátopek va a dar a una apartada mina de uranio donde beberá trabajar durante seis años, hasta que le permiten volver a Praga y lo obligan a trabajar como un modesto recolector de basura al que la gente reconoce y ayuda mientras recorre las calles que le han asignado. “Todas las mañanas –cuenta Echenoz-, a su paso, los habitantes del barrio donde le toca trabajar a su equipo bajan a la calle para aplaudirle, vaciando ellos mismos su cubo en el camión. No ha habido en el mundo basurero tan aclamado”. Años después, y previa firma de un documento de autocrítica, es asignado a un cargo de archivero en el Centro de Información de los Deportes. El nuevo funcionario realiza su trabajo entre cuatro paredes mientras la leyenda de “la locomotora checa” crece y perdura entre los que conocen sus hazañas deportivas. “Correr” es mucho más que la biografía novelada de un héroe del atletismo. Es una vibrante y emotiva novela que recrea la historia de un hombre que se propuso sobrevivir a un tiempo de caos y violencia; y la de un deportista que pese a sus éxitos en las pistas de carreras debió conocer el rostro oscuro del poder.

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