Una mañana en Punta Arenas

Una mañana en Punta Arenas



Camino por el puerto de Punta Arenas mientras cae la nieve. Es de mañana y todas las luces encendidas. Entro a una librería que inmediatamente se convierte en sombrerería. Un croata y su hija la atienden. Me explican que la única manera de captar clientes es poner libros en la vitrina. Me dicen que en la ciudad existen 2000 poetas y que todos usan sombreros o boinas. En cuanto entra uno le quitan el sombrero y comienzan con su limpieza. Son dos mil pesos, nada más. Acepto, pago y pienso; cómo no se me ocurrió poner un negocio así. Luego viene una señora de pelo blanco que me pregunta si en verdad quiero pasar al sauna que está al lado. Sin esperar respuesta me conduce de la mano. A mi encuentro viene una giganta de Baudelaire. Se abalanza sobre mí y me tira en una camilla. Me besa con frenesí. Hacemos el amor rodeados de gente como fantasmas. Viene luego la hija del croata y me entrega mi sombrero. Salgo de allí y camino rumbo al Cine Politeama. Es la tercera vez que veo Uno más al infierno, con George Hilton.

9 comentarios:

El calamar de Verne era oriundo de Punta Arenas, según "20.000 leguas". No recuerdo que director cinematográfico norteamericano pudo filmarlo, tanto subacuático como terrestre con pimentón y aceite de oliva. De alguna forma sería ese el calamar gigante de Lautreamont, que también diera sus vueltas por los lupanares del puerto de Viña en los sesentas durante Frei padre.
Son muchos los poetas que mamaron de sus generosos tentáculos, gruesos como madres, en camastros de terciopelo negro.
Entiendo a la giganta de Baudelaire, como pequeño cetaceo que en cualquier cama, la rompe. Nada más femenino que las ballenas.
Reciben pene por el embalaje y largan agudos chorros por la corneta llamando la atención de proletarios fantasmagóricos y politizados que trabajaron en el "Casanova" de Fellini.
La prohibición incita a los hombres. La ley no permite culear gigantas ni cetáceos adolescentes, por eso los cines y el manoseo.

¿Recordás, Hugo, a la francesa? Rectificame si me equivoco. Tal vez esté mezclando recuerdos que no te involucran.
Tiempo post vos volviendo al sur, me llamó una mujer: "Soy francesa. Hugo Vera me dió tu teléfono", agregó algo como "estoy en Constitución". La muchacha venía de Natales y yo recordando mis situaciones de viaje cuando estás en un país desconocido y llamás a un teléfono que alguien te recomendó. Ante la nada como destino, le dije: "Venite".
Siempre que una dama se presenta como francesa, existe el prejuicio de una fellatio prometida por alguien como Marlene Dietrich. No es que esperara eso, pero una europea que pasó por el extremo sur chileno, instaba a la curiosidad.
Llegó la francesa, atemorizada de todo. No se parecía a Marlene Dietrich, era más bien como una fornida proletaria rusa de los tiempos cuando Lenin vivía, vestía mameluco y el único mensaje que transmitía era "Estoy recorriendo Latinoamerica". Pobre. Le indiqué una colchoneta y le dí la seguridad que en mi casa, nadie iba a hacer canibalismo con ella.
La francesa se quedó allí, entrando y saliendo un par de meses, donde varias veces intentó contribuir conmigo ofreciéndose a trabajar. Cuando la puse a serruchar madera, rompía el serrucho. Por esos días me habían dejado un camioncito para transportar los libros al Rivadavia. Ella dijo "¡Soy camionera!". "Fabula, pichoncita". Arrancó el camioncito y a los diez metros el vehículo se le paró y no hubo forma de volverlo arrancar. Azorada la francesa permaneció al volante, mientras que con un amigo la arrimábamos a la vereda, puteándola como dios manda. También la llevé al Rivadavia para hacer de peón y allí, al sol, recuerdo su gesto suavizado que coincidió con la suavidad del mío.
De todas formas, la francesa la pasó fenómeno en casa. Incluso cuando llegaban a alcoholizarse una sarta de vampiros, hombres lobos y otros degenerados, que no paraban de gritar barbaridades entre tremebundos amaneceres, ella permanecia aislada y protegida. Si alguno de los invitados la encontraba por causalidad en esos vaivenes de un baño único, a lo sumo la convidaban con un cigarrillo o una sonrisa, pues se la veía azorada ante tanta gramática bruta.
Hubo uno solo de mis amigos que se la quiso cojer. El troskista Mario, muchachón sumamente velludo y bonachón que si le ponías a King Kong con una vagina en el pecho, se moría de amor. Mario planificó intentó un coito romántico pero no llegó a nada. El rubor, más la corpulencia acerrojada en el mameluco de la francesa, no permitió el mínimo acceso. Y eso que Mario soñaba con ir de pesca y "¡`Jara-jajá!": Un tipo muy simpático y varonil, Mario.
Llegó el momento de poner a la francesa en su camino.
La pasé a vivir en la casa de la viuda del Chileno. Se que allí duró un tiempo y que al fin partió rumbo al norte.
Creo questo sucedía alrededor del 85... ¿no?

La francesita se llamaba Mireille y era de París. Estuvo alrededor de un año en Puerto Natales. Todos los varones del pueblo estaban enamorados de Mireille. Todas las mujeres querían que se retornara a Francia. Fue reina de los mares del Sur. Tenía los ojos azules, el pelo rubio y la espalda de una campeona olímpica. Gracias Yoel por recordármela. Un abrazo.


hugo

¿Que habrá sido de Mireille? ¿no? A mi no me fascinó ella, precisamente porque yo aún tenía el gusto de las arrugas del viaje, y los países que en el pasado cercano bullían de francesas jóvenes, unas lindas, otras feas, que generalmente retraían la concha que vaya uno a saber a quien se la iban a dar. No a mi cuando la necesitaba.
Recuerdo una francesa en Méjico, muy linda, que por por las noches se venía a mi cama y se ponía a chuponear como descosida, cuestión que la maragata obtenía su orgasmo y a mi me dejaba con la poronga al palo y si no sacudía la manuela al toque, cagaba fuego. Y así todas las noches mientras convivimos (éramos un grupo de extranjeros en casa de un mejicano alpinista y nacionalista). Desde cierto punto de vista se podía parecer a un paraiso, aunque medio baudeleriano. el paraíso de aquella francesa. Era muy linda, eso si.
En todo caso lo común entre mireille y la nejicana, sería la vivencia del arte francés de no dejarse cojer. O de cojer cuando la poronga sea suculenta y atávica. Vaya uno a saber...
Pero lo notorio del caso es que Mireille (y un peruano ganso que apareció años después) fueron los dos únicos seres humanos que se me presentaron en el rol que yo viví prácticamente durante diez años que viribibí gracias a las direcciones que ligaba de un país a otro. Mirelle llegó gracias a los datos que le dió un amigo en el extranjero. Y salvo esos dos seres (la francesa y el peruano) no pude hacer más nada por los viajeros deste mundo, no haberlos favorecido, después de yo haberlo sido a granel. Cuando yo siento "Gracias a la vida" en su carozo, es por los desconocidos que dieron sus vidas para que yo pernanezca en este mundo, sin yo pedírselo.
Es una deuda que aún siento. O tal vez el mundo se pudrió demasiado.
No todo era albricias ni saludos de muerto recién culeado. Siquiera soy quien era. Es más, el pasado se me acaba de recrudecer en esos puntos adonde una vida solo sirve para darla por la de otro. Me acabo de enterar que una vez, amé. Y no lo sabía. Según ella "es por la magia de internet" y se está por casar.
Fijate si es importante viajar. El error después de viajar, es seguir vivo. Artísticamente, la longivia es errabundia.
En fin. Disculpame por disertar en tu blog pero la vida que recién empieza, imprevistamente te convierte en anaconda y es fabuloso.
Por ahora lo único que me ata a la vida es el vergatín: el actual que se incendia y el oscuro que bambolea en el pasado.

Anónimo dijo...
14:04
 

La mujer imposible,

La mujer de dos metros de estatura,

La señora de mármol de Carrara

Que no fuma ni bebe,

La mujer que no quiere desnudarse

Por temor a quedar embarazada,

La vestal intocable

Que no quiere ser madre de familia,

La mujer que respira por la boca,

La mujer que camina

Virgen hacia la cámara nupcial

Pero que reacciona como hombre,

La que se desnudó por simpatía

(Porque le encanta la música clásica),

La pelirroja que se fue de bruces,

La que sólo se entrega por amor,

La doncella que mira con un ojo,

La que sólo se deja poseer

En el diván, al borde del abismo,

La que odia los órganos sexuales,

La que sólo se une con su perro,

La mujer que se hace la dormida

(El marido la alumbra con un fósforo),

La mujer que se entrega porque sí,

Porque la soledad, porque el olvido...

La que llegó doncella a la vejez,

La profesora miope,

La secretaria de gafas oscuras,

La señora pálida de lentes

(Ella no quiere nada con el falo),

Todas estas walkirias,

Todas estas matronas respetables

Con sus labios mayores y menores

Terminarán sacándome de quicio.

¿Entonces era nomás la rubia Mireya? ¿El carozo de la rubia Mireya?

Hugo. Hola. Qué onda.

Estuve con Trejo 12 horas. Mi viejo director teatral, maniobrando un cáncer como si fuera un resfrío, a los 82 años. Su joven mujer grabó 6 horas de conversación.
Nos rememoramos a nosotros y a los demás que fueron el entorno del Di Tella. Nos prometimos nuevas citaciones con otros, fantasmas o no: "¿Vive? ¿Murió? ¿Está loco?... Sigamos..."
40 años de ausencias tomaron un cuerpo inusitado.
Nos separamos cerca del amanecer, cansados y satisfechos.
Hoy, hace diez minutos, Mario acaba de llamarme para felicitarme militarmente.
"Por ahora, tatuémonos los teléfonos en los brazos".

Hola Dibu, un gran abrazo desde Patagonia.
Yoel; Reunión de dos grandes. Mario Trejo una figura mítica. Sería fantástico que parte de aquella entrevista la pudiéramos publicar. Escucho en estos momentos Los pájaros perdidos, con música de Astor Piazzola y letra del maestro Mario Trejo. Un gran abrazo Yoel.

Poemas de Mario Trejo ACÁ.


hugo