Mi derrota

Mi derrota












Mi derrota no es al estilo de un poema de Khalil Gibran No es poética ni sublime. Uno más al cual no se le tira un cordel desde la costa. Esperar. Ni siquiera preguntan cómo estoy. Temen la respuesta. Tampoco les importa mucho. Nada. Él se lo buscó. Murió como vivió. En definitiva era un buen tipo. Merece el nombre de una calle. Qué mejor. El nombre de una puta calle. Hay que estar bien. Ser feliz. Olvidar. No saber. El destinatario del abismo. Apenas me queda el insomnio. Apenas el espanto. Mi padre decía que podría ser el presidente de este inmundo país. Le fallé. Le he fallado a toda la caterva de maestros somnolientos. Mi cerebro se agota. Inmóvil contemplo pasar el cortejo de la dicha. Un mar anochecido se apoltrona a mi costado. Todo el mundo quiere leer cosas bonitas. Y yo acá. Destemplando los dientes. Disidente de toda ideología. En la más dura. La más triste. Dialogando con el infierno. Alumbrándome con una cerilla apagada. Viendo pasar el corso festivo. El azul no fue lo mío. En definitiva. No fui lo suficientemente violento. Tampoco fui susurro. Fui un ángel caído en mitad de tu desdicha. Solo viento que entra por la ventanilla de un tren. Y fue suficiente. Lo suficientemente sólido para no ser rescatado del olvido. Es hora del naufragio. Que mi barca se hunda hasta alcanzar al Sol.
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4 comentarios:

Lo suficientemente sólo para no ser rescatado del olvido. Me ha dado una pedrada este texto, en la sien, y ahora yazco muerto. Enhorabuena.

Salud
Manuel

Toma ese catalejo de tu perfil, busca el azul, el susurro y aunque estés a la deriva, alguien vendrá al rescate de tu barca.
Un abrazo

Cuando Roberto Páez moría, en una ascética mesita de luz tenía morfina en comprimidos, gubias para tallar linóleum y un libro de Almafuerte. Le dije: "Si serás... las pastillas y las gubias". Sin sonrisa y desde siempre me contestó: "¡Claro!". Sabiendo que iba a morir. se propuso ilustrar a Almafuerte. Siempre quiso hacerlo y nunca se le dió.
Estaba su hijo y algunos alumnos. Me pidió que le leyera el prólogo que Borges le hiciera a Almafuerte.
Lo hice y después comimos un pucherito.

esto me reenvia a un cierto isidoro. Creo que lo voy a releer luego por culpa de este texto. Gracias.