Etiquetas:
hugo vera miranda
| [+/-] |
Fútbol en Patagonia |
No recuerdo nombre ni apellido pero le decíamos guata e lápiz. Fue mi primer entrenador de fútbol. El tipo era delgado. Un caballero muy particular. Tenía sus métodos, si es que le podemos llamar método a lo que tenía. Sus instrucciones eran las siguientes: tú jugai atrás, tú jugai al medio, tú jugai aelante. Cabros, este partio la tenimo que ganar cabros, no quiero que perdamos me oyen? Si llegan a perder les voy a sacar la concha e su madre entendieron? Na que los weones arratone, no hay que ser poco hombre weones, este es juego de machos y si hay que dar leña se da leña no ma. Y tú arquero si te dejai meter un gol te juro que te agarro en el camarín y te saco la chucha. Hay que salir con los taperones de punta y pobre el weón que se esté quejando. No quiero maricones en mi equipo. Acá no tamo na pa lucirnos, no somo un equipo de weones acomplejao entren a la cancha y a darle estaca no ma.
Y salíamos al campo de juego envalentonados con la arenga de guata e lápiz. A veces ganábamos. A veces perdíamos. Cuando ganábamos nos abrazaba y se ponía eufórico. Cuando perdíamos no pasaba nada. Nos consolaba y nos decía que para otra vez será. Nos pasaba su mano por nuestras cabezas. Luego se retiraba discretamente a un rincón y se ponía a llorar.
Glosario
Guata = Barriga, Panza, Estómago.
Partio = Partido.
Concha = En Chile órgano femenil. En España nombre de una tenista.
E = De.
Jugai = Juegas.
Aelante = Adelante.
Tenimo = Tenemos.
Cabros = Niños o jóvenes.
Weones = Palabra muy común chilena, significa cosas muy diferente en muchos casos: amigo, cosa o objeto, acción, insulto// amigo, ej: wena weon!, como etay weon?// cosa, ej: qué es esa wea?, suelta esa wea!// accion, ej: vamo a wear pa alla?, q wea etay haciendo?// insulto, ej: cállate saco wea, aweonao culiao. En Chile la palabra weon y sus derivados puede tener un millón de significados, sólo se debe tener imaginación y pensar weas para usar esa wea de palabra.
Poco hombre = No lo suficientemente hombre. Un poco menos que hombre. Casi nada. Casi mujercita. Insulto. Lo que vendría a ser un Paulo Coelho en la literatura.
Ma = Más.
Dar leña = Meter la pierna fuerte. Tratar de quebrar la pierna del adversario. Masacrarlo. Darlo de baja. Matarlo.
Arratone = Viene del verbo arratonar. Yo me arratono, tú te arratonas, el se arratona. Ser ratón. Ser chiquito. Amilanarse. Dejarse pisar.
Dejai = Dejas.
Chucha = Lugar de la entrepierna de la mujer. Órgano vaginal. Ahí mismo. Esa cosa calentita. Esa cosa rica.
Taperones = Suela del botín de fútbol.
Tamo = Estamos.
Na = Nada.
Pa = Para.
Somo = Somos.
Acomplejao = Acomplejado.
Darle estaca = Matarlo a patadas.
Ma = Más.
Y salíamos al campo de juego envalentonados con la arenga de guata e lápiz. A veces ganábamos. A veces perdíamos. Cuando ganábamos nos abrazaba y se ponía eufórico. Cuando perdíamos no pasaba nada. Nos consolaba y nos decía que para otra vez será. Nos pasaba su mano por nuestras cabezas. Luego se retiraba discretamente a un rincón y se ponía a llorar.
Glosario
Guata = Barriga, Panza, Estómago.
Partio = Partido.
Concha = En Chile órgano femenil. En España nombre de una tenista.
E = De.
Jugai = Juegas.
Aelante = Adelante.
Tenimo = Tenemos.
Cabros = Niños o jóvenes.
Weones = Palabra muy común chilena, significa cosas muy diferente en muchos casos: amigo, cosa o objeto, acción, insulto// amigo, ej: wena weon!, como etay weon?// cosa, ej: qué es esa wea?, suelta esa wea!// accion, ej: vamo a wear pa alla?, q wea etay haciendo?// insulto, ej: cállate saco wea, aweonao culiao. En Chile la palabra weon y sus derivados puede tener un millón de significados, sólo se debe tener imaginación y pensar weas para usar esa wea de palabra.
Poco hombre = No lo suficientemente hombre. Un poco menos que hombre. Casi nada. Casi mujercita. Insulto. Lo que vendría a ser un Paulo Coelho en la literatura.
Ma = Más.
Dar leña = Meter la pierna fuerte. Tratar de quebrar la pierna del adversario. Masacrarlo. Darlo de baja. Matarlo.
Arratone = Viene del verbo arratonar. Yo me arratono, tú te arratonas, el se arratona. Ser ratón. Ser chiquito. Amilanarse. Dejarse pisar.
Dejai = Dejas.
Chucha = Lugar de la entrepierna de la mujer. Órgano vaginal. Ahí mismo. Esa cosa calentita. Esa cosa rica.
Taperones = Suela del botín de fútbol.
Tamo = Estamos.
Na = Nada.
Pa = Para.
Somo = Somos.
Acomplejao = Acomplejado.
Darle estaca = Matarlo a patadas.
Ma = Más.
Etiquetas:
fútbol
,
hugo vera miranda
| [+/-] |
Domingos de fútbol |
Muchos años después. Cuando ya jugaba por la selección del pueblo, cada vez que metía un gol, alzaba mis manos al cielo. Era el recuerdo emocionado para mi tío Kiko. Tenía seis o siete años cuando él me llevaba al estadio. Íbamos con sus amigos. Tres o cuatro pelafustanes como mi tío. No pagábamos entrada. Mi tío sus amigos y yo, saltábamos el cerco y nos instalábamos detrás de un arco. Y allí tendidos, destapaban una damajuana de cinco litros. De cinco litros de vino malo. Mi tío me compraba una bolsa de caramelos. Y allí estábamos. Veíamos tres partidos. Y todo era bromas. Y risas. Le gritaban a los jugadores líbelos infamantes. Cosas de cuernos. Contaban chistes. Puteaban al árbitro. Cantaban. Tomaban. Reían. Se mofaban del público. Del físico de algunos jugadores. Los futbolistas no tenían nombre. Sólo apodos. Sobrenombres. Algunos bestiales. Como mariquita linda, pito corto o pico podrio. Festejaban los goles. Las victorias. Las derrotas. Las patadas y los penales. Poco a poco se emborrachaban. Se volvían mustios. Se iban quedando en silencio. Casi ciegos. Se tumbaban adormecidos. Luego terminaban los tres partidos. La gente se retiraba. El silencio. Ellos dormían. Mi tío y sus amigos se quedaban dormidos. Borrachos. Y caía la tarde. La noche. Y yo niño. Muerto de susto. Iba de uno a otro. Despertándolos. Llorando. Como todos los domingos. Eso pasó hace mucho tiempo. Pero aún los veo. En cualquier partido. Detrás de un arco. Borrachos a más no poder. Ya sea un partido del Barça contra el Real Madrid. Los veo. Mi tío, sus amigos y yo. Ellos borrachos para siempre y yo con mi bolsa de caramelos. Detrás de un arco. Para siempre.
Etiquetas:
fútbol
,
hugo vera miranda
| [+/-] |
Sant Jordi |
Y
a pasó el Sant Jordi. La rosa roja de tu corazón aún permanece congelada entre las páginas del olvido. No fuimos nada más que baratijas de nada en tiendas de provincia. Nada más que retazos baratos de mercado chino. Y aquella manera de sabernos definitivos. Enarbolando la soberbia y la ignorancia de creernos eternos. Nadie nos enseñó que la vida pasa en un minuto. Lo que dura un burdo spot en cualquier canal televisivo. Estamos condenados a deambular por caminos laterales. A ser menos que el canto de un grillo. A ser menos que una sierpe en el arroyo de un pantano. Tarde nos dimos cuenta de nuestra calidad de marionetas. Que estamos acá para seguir un designio imperfecto. De un director bastardo y cruel. Que no entiende de un beso dado en Barcelona. De un film de Bergman. De la poesía de Ezra Pound. Ya pasó el Sant Jordi y no hay rosas ni libros ni besos. No hay recuerdos ni lágrimas. A veces pasa un camello. Una tormenta. Un cometa. Luego el silencio. La bruma. Jinetes de espumas. Luego nada. Tierra arrasada por el espanto. Espanto de la memoria y el olvido.
Etiquetas:
hugo vera miranda
| [+/-] |
Canapé y Literatura |
N la vida, mientras vives, sí que hay espectáculos deprimentes. Pero nada se compara con la presentación de un libro. Un coñazo de puta madre. la quintaesencia de la banalidad. Palabras laudatorias para el autor. El autor hinchado como globo aerostático. Un público complaciente y sordo. Luego la guinda de la torta, la firma del ejemplar del futuro premio Cervantes. Todos esperando el final de canapés, entremeses y el trago de estilo. Fue así que me zambullí en las profundidades del último espectáculo. La presentación de un libro de un poeta. Lo hice por su mujer, la mujer del poeta: si no vas no me acuesto más contigo. Llegué en el momento justo del canapé, los entremeses y los tragos. Se me acerca Julián Naya. Me pregunta cómo va mi novela sobre narcos. Le digo que no estoy escribiendo, que ni siquiera leo, que estoy con una fuerte depresión, en tratamiento psiquiátrico. Sonríe, hoy nadie cree en nadie. Dice que me mandará su última novela, que quiere mi opinión, que mi opinión es importante, es sobre la segunda guerra mundial y sus derivados. La mujer del poeta me roza y me sirve un Gin-Tonic. Viene Lucía Sampayo y me pregunta cómo va mi novela sobre narcos. Le digo que no estoy escribiendo, que ni siquiera leo, que estoy con una fuerte depresión, en tratamiento psiquiátrico. Me dice que lo siente, que ella también pasó por lo mismo, me consuela pobremente diciéndome que ya se me pasará. Luego me cuenta que está escribiendo una novela sobre su viaje a la India, Una historia de amor en Bangalore. Amor, belleza, tecnología y ratas. Que necesita mi opinión y consejo. Ha escrito las primeras cuarenta páginas. Esa misma noche me lo mandará por correo. Que mi opinión es super importante. Que soy un escritor reconocido y etcétera. Cuando lleno mi vaso con una Margarita se acerca Ramón Tella. Me pregunta cómo va mi novela sobre narcos. Le digo que no estoy escribiendo, que ni siquiera leo, que estoy con una fuerte depresión, en tratamiento psiquiátrico. Me dice: mira tú cómo son las cosas. Estoy escribiendo una novela en donde un escritor gallego, en tratamiento psiquiátrico, se traslada a Alaska. Allí se dedica a la crianza de perros Siberian Husky. Que toda la novela gira alrededor de carreras de perros en trineo y apuestas ilegales. Que hay sexo, heroísmo, dolo y una muerte enigmática. Agrega que me mandará una versión no definitiva de, lo que al parecer, será una novela que dará que hablar, un antes y un después.
Vuelvo a casa decidido a suicidarme, me tomo una doble ración de whisky y una doble ración de Escitalopram 50 milígramos.
Pienso que si despierto vivo, nunca más transaré un polvo por una presentación de un puto libro.
Vuelvo a casa decidido a suicidarme, me tomo una doble ración de whisky y una doble ración de Escitalopram 50 milígramos.
Pienso que si despierto vivo, nunca más transaré un polvo por una presentación de un puto libro.
Etiquetas:
hugo vera miranda
| [+/-] |
Eres mi cicuta, mi cilantro, mi jazmín |
E
STÁS y casi nunca te encuentro. Nunca te encuentro. Que no me hace falta. Porque siempre estás aunque no estés. Aunque no te encuentre. Y estás en todos lados. En todas partes. En los colectivos. En el pendón de una bandera destrozada por el viento. En la sangre que circula borracha. En cada libro que llevo hacía el baño. En la mirada vacía de un santo. En la expansión del Universo. En cada perro que duerme fuera del Bar Alhambra. En cada turista con teleobjetivo. Te encuentro en un haiku de Issa. A la vuelta de la esquina. En mis mejores momentos y en los terribles, cuando el odio de Dios se hace presente. En cada calcetín perdido. Dentro de un melón. Cuando me rasco estás. Siempre estás. En cada concierto. En cada movilización. En cada revolución. No se te puedo obviar. Eludir. Entro a la carnicería y estás. Te hablo, no respondes y sin embargo estás. Vas y vienes por las alcantarillas. Por lugares sombríos. Por parajes desérticos. Abrazas y me abrasas. Eres mi cicuta, mi cilantro, mi jazmín. Eres mi dulce y eres zinc. Un manojo de llaves que no abren puertas. Eres mi puta y mi virgen. Eres el rocío y sin embargo, exactamente como el haiku de Issa. Mi desayuno y mi desdicha. Eres piedra. Madera. Un viaje a Saturno. Eres el caballo que cruza la meta. El vagabundo que duerme bajo el puente. Eres mi tos, mi ignorancia, mi desvelo. Mi furia, mi nada, mi cobardía. Mi vino entre amigos. También el perfecto funeral. Eres tan imbécil como yo. Eres lo peor de mí. Soy lo mejor de ti. Te odio y te amo. Yo también me odio y me amo. Eres mi sueño en calma y mi dilema. Mi Sol más alto. Mi pesadilla. Mientras tanto y para no hacer nada, escucho a Maria Pia De Vito y pago mis impuestos.
Etiquetas:
hugo vera miranda
| [+/-] |
A mí se debe este mundo |
A
LGUIEN en algún lugar está tomando un crucero por mí. Besando a la chica más bella. Alguien está luchando por una causa justa. Subiendo al pico más alto. Metiendo el gol del campeonato. Escribiendo el libro perfecto. Salvando una vida. Alguien por ahí está ganando en el Hipódromo. Navegando el Cabo de Hornos. Caminando por París. Alguien anda por ahí vestido de mí. En un laboratorio. En la cocina de un restaurante. Durmiendo bajo un puente. De Ministro todo el año. Muriendo de hambre y balazos. Desollado, destazado vivo. Disfrazado de Príncipe. De Duque. De Nada. Alguien anda por ahí brindando conciertos. Siendo Papa. Siendo violada en una guerra fratricida. Siendo cero menos que cero. Emigrante negro pobre desfalleciente en la costa. Soy Hitler, Pilatos y Neruda. Soy mi madre, mi abuelo y Darwin. Soy la bomba de Hiroshima. Soy la rosa de tu baño. Soy Fassbinder y el revólver. Soy el semáforo de tu esquina y la gambeta de Messi. Soy Vicent van Gogh y Theo van Gogh. Acabo de salir de la caverna y pongo pie en la Luna. Soy judío, cristiano, mahometano, musulmán y adoro tu pubis. Soy un criminal y un ángel. Soy tu desdicha y tu amasijo. Soy hombre, mujer, travesti, tetra, pentasexual. Soy tu nube. Tu estrella. Tu peor pesadilla. Soy la arena dorada que pisas. Soy Bergman. Carver. Joyce. Céline. Teillier. Soy Hugo. Merezco ser crucificado. También merezco una mañana de terciopelo. No soy nada más que un hombre. Una mujer. Soy la mitad de un grano de arena difuminada. A mí se debe este mundo. Soy lo peor y lo mejor. Tu desayuno en paz y tu noche de desvelo. Contribuí para tu vida y tu muerte. Soy la espada encendida. Como Nietzsche, soy humano demasiado humano. Mañana seré cometa, rayo, luego nada. Como todos. Mientras tanto, en algún lugar, alguien está tomando un crucero por mí.
Etiquetas:
hugo vera miranda
| [+/-] |
Consejos a Carver |
e digo a Carver: Tú estás ahí, frente a la máquina de escribir y no se te ocurre nada. Sabes que tienes que escribir y no se te ocurre nada. Que tienes la imperiosa ganas -no te hablo de necesidad- sino que ganas de escribir, y no se te ocurre nada. Bueno anda, pones algo de música, Charles Mingus, por ejemplo, prendes un cigarro, un vaso de vino tinto o dos, no más que eso, cerciórate que no haya frío ni calor y escribes. Te hablo de ciertas condiciones ideales. De personales condiciones ideales. Se puede escribir en el infierno, en la antártica o rodeado de gatos y ratas. Luego escribes, escribes lo que se te cante. Una primera frase. Una frase cualquiera, la que tú quieras.
Por ejemplo: En aquella época en que mi padre golpeaba a mi madre. Escribes eso. Luego sigues, ya tienes la primera frase, ahora debes seguir: En aquella época en que mi padre golpeaba a mi madre, solíamos recluirnos, mis hermanos y yo en la vieja bodega que estaba destinada para dar forraje a los animales. Luego te fumas otro cigarro, avanzas con tu vaso de vino y continuas: En aquella época en que mi padre golpeaba a mi madre, solíamos recluirnos, mis hermanos y yo en la vieja bodega que estaba destinada para dar forraje a los animales, temblando, escuchábamos como mi padre le decía a mi madre, que se marchase de una buena (puta) vez, que estaba harto de sus infidelidades, que lo último que hubiese querido saber, era que también se había liado con su hermano Fabián. Y así, sigues contando la historia. En definitiva, lo que te quiero decir hijo, perdona mi paternalismo, es que pongas una primera frase. Que agarres del hilo de la primera frase, y poco a poco lo vayas estirando. Debes agarrarte de la primera línea. Que la última línea no desmerezca la primera. No te olvides que luchamos contra el tiempo. No así contra el olvido. Escribe para ti, no para los académicos de tu aldea ni para la posteridad. Nunca pienses en ganarte un premio ni un lugar en el parnaso. Dos entidades efímeras, que ni siquiera un asno las tomaría en cuenta. Nunca olvides que generalmente tus lectores; son más inteligentes que tú. Con más sed de lectura que tú. No te digo que escribas para ellos, sino que lo respetes.
Veo que es su quinta cubata. La quinta cubata de Carver. Que besa las tetas de una puta ucraniana, que mientras la besa trastabilla, cae al piso. Pienso que he perdido el tiempo explicándole a una mierda de tipo como Carver, de cómo escribir. Lo pierdo de vista. Escucho cantar a Armando Manzanero Somos novios. Luego viene Jhoana, se sienta en mis rodillas, me besa, me pregunta quién es el tipo que vomita sobre el mantel de plástico, donde están las flores de plástico. Le digo que es Carver. Me pregunta quién es Carver, le digo que es un tipo que escribe y que nunca en su puta vida llegará a nada escribiendo. Que sólo será recordado por vomitar sobre un mantel de plástico, en donde están las flores de plástico. Me dice que aquello no será posible, que muchos parroquianos lo hacen, que vomitan sobre el mantel de plástico, en donde están las flores de plástico. Salgo de allí, afuera cae la nieve.
Por ejemplo: En aquella época en que mi padre golpeaba a mi madre. Escribes eso. Luego sigues, ya tienes la primera frase, ahora debes seguir: En aquella época en que mi padre golpeaba a mi madre, solíamos recluirnos, mis hermanos y yo en la vieja bodega que estaba destinada para dar forraje a los animales. Luego te fumas otro cigarro, avanzas con tu vaso de vino y continuas: En aquella época en que mi padre golpeaba a mi madre, solíamos recluirnos, mis hermanos y yo en la vieja bodega que estaba destinada para dar forraje a los animales, temblando, escuchábamos como mi padre le decía a mi madre, que se marchase de una buena (puta) vez, que estaba harto de sus infidelidades, que lo último que hubiese querido saber, era que también se había liado con su hermano Fabián. Y así, sigues contando la historia. En definitiva, lo que te quiero decir hijo, perdona mi paternalismo, es que pongas una primera frase. Que agarres del hilo de la primera frase, y poco a poco lo vayas estirando. Debes agarrarte de la primera línea. Que la última línea no desmerezca la primera. No te olvides que luchamos contra el tiempo. No así contra el olvido. Escribe para ti, no para los académicos de tu aldea ni para la posteridad. Nunca pienses en ganarte un premio ni un lugar en el parnaso. Dos entidades efímeras, que ni siquiera un asno las tomaría en cuenta. Nunca olvides que generalmente tus lectores; son más inteligentes que tú. Con más sed de lectura que tú. No te digo que escribas para ellos, sino que lo respetes.
Veo que es su quinta cubata. La quinta cubata de Carver. Que besa las tetas de una puta ucraniana, que mientras la besa trastabilla, cae al piso. Pienso que he perdido el tiempo explicándole a una mierda de tipo como Carver, de cómo escribir. Lo pierdo de vista. Escucho cantar a Armando Manzanero Somos novios. Luego viene Jhoana, se sienta en mis rodillas, me besa, me pregunta quién es el tipo que vomita sobre el mantel de plástico, donde están las flores de plástico. Le digo que es Carver. Me pregunta quién es Carver, le digo que es un tipo que escribe y que nunca en su puta vida llegará a nada escribiendo. Que sólo será recordado por vomitar sobre un mantel de plástico, en donde están las flores de plástico. Me dice que aquello no será posible, que muchos parroquianos lo hacen, que vomitan sobre el mantel de plástico, en donde están las flores de plástico. Salgo de allí, afuera cae la nieve.
Etiquetas:
hugo vera miranda
,
raymond carver
| [+/-] |
Australia |
staba decidido a renunciar, eso lo tenía más que claro, renunciaría a la compañía en la cual trabajaba. Cambiaría el curso de mi vida, montaría mi propia empresa de decoración. Me había pasado los últimos quince años arriba de aviones que me conducían a lugares a los cuales generalmente nunca, ni por asomo, llegaba a conocer. Desde el aeropuerto a mi trabajo, luego al hotel y nuevamente a mi trabajo. Cumplida la misión, regresaba nuevamente a Madrid y no era que partía del aeropuerto directamente a casa, sino que me esperaba un auto de la empresa y me dirigía a reunirme con la mesa directiva. Debía rendir cuenta de mi desempeño en mi último destino, se delineaba la política a seguir y luego se tomaba una u otra decisión en beneficio de la firma. Así todo el tiempo. Era el encargado de implementar cada tienda que se abría en cualquier lugar del mundo. Un trashumante habitante de hoteles cinco estrellas inmaculados como quirófano. Cuando llegaba a casa, mi mujer y los niños abrían los regalos, me hacían un par de preguntas y luego la vida seguía su curso, como si aquello fuese lo más natural del mundo. Hacía mucho tiempo que el amor y el cariño entre ella y yo, se había aparcado entre tarjetas de crédito, la visita a los padres y el poco tiempo libre que disponíamos entre viaje y viaje. Casi hablábamos lo estrictamente necesario y ella, por un procedimiento que hasta hoy me parece cruel, se empeñaba en hacerme preguntas sobre mi trabajo, los hoteles en que me alojaba y el despegue de los aviones.
Mis amigos, conocidos y también Ximena, siempre me lo decían, tienes el mejor trabajo del mundo, viajas, conoces el mundo, ganas dinero, lo pasas pipa. Si bien Zara, la empresa para la cual trabajaba, pagaba bien, mi vida como ya lo he dicho, eran los aviones, los aeropuertos, los hoteles y la decoración de cada tienda que se abría. Nada que pudiese decir de que mi vida fuese una maravilla. Con los años la rutina te desgasta las ganas y te estacionas en un sitio eriazo y malhumorado. Había decidido que este sería mi último viaje. Me despedí como siempre de Ximena y los niños con un beso y un adiós. Camino a Barajas me llama Ximena diciéndome que no me olvidase del perfume y los juegos para los niños: no amor, sí amor, claro, sí ya entiendo, no te preocupes, yo también te quiero, no seas tontita, dale, te quiero, adiós. Esa rutina insoportable de diálogos de parejas consumidas por el tedio y el hastío. Mi nuevo y último destino sería Australia. Madrid-Australia. Aproximadamente 21 horas de amasijo trasatlántico. Había lugar en mi equipaje de mano, para dos cosas que siempre me acompañaban, un libro de Céline y una petaca de Jack Daniel's etiqueta negra. Subí al A380 la noche del 25 de diciembre rumbo a nuestra única escala, Dubai, no era una buena noche para viajar ni estar lejos de casa. Pero ya había pasado fiestas de guardar, cumpleaños de los críos y aniversarios diversos fuera de casa, era mi destino y mi trabajo, estar siempre fuera de donde acontecen las cosas. Por lo demás, cada gran fiesta familiar, se transformaba en algo tan agotador como dar vuelta al mundo en una carabela. Y así poco a poco me fui alejando de donde pasa la vida, caminando por la delgada línea que conduce a la soledad y la amargura. Aquello evidentemente estaba llegando a su fin, una nueva vuelta de tuerca haría que todo cambie, sería mi último viaje, mi última agonía.
Saco del bolso de mano a Céline y a Jack y saludo a mis acompañantes, en el lado del pasillo, una señora gorda mafaldiana, de chaqueta roja, lentes oscuros y pelo blanco, aún sin hablar con ella, pensé que sería una catalana en búsqueda de un koala. Luego, en el medio, una chica guapa vestida de negro, de treinta y pocos que se me antojó en búsqueda de un Jeque catarí dueño de un BMW M5 de oro, con incrustaciones de cristales de Swaroski. La chica guapa del jeque me dice pase usted, mientras busca en su cartera un lápiz labial de color furibundo. Bebo un sorbo de Jack y abro Viaje al fin de la noche en la página marcada, la 373: Robinson recibió las dos balas en el vientre, quizá las tres, no sabía exactamente cuántas. Cierro el libro en la página 376. Por mucho que tratara de perderme para no volver a encontrarme con mi vida, la encontraba en todos lados.
Nos esperaba un duro viaje de casi 21 horas hasta Sydney, las luces se apagan y sólo quedo con la luz pequeña de lectura, ya no leo a Céline pero no apago la luz, la señora gorda del koala duerme, la chica joven y apuesta, la chica del Jeque catarí, me pregunta si viajo a Sydney o a Dubai, le doy mi respuesta y me dice que se llama Elena, que viaja a Brisbane, que de Sydney se tomará otro avión y llegará a Brisbane. Dice que también le gusta Céline, pero que prefiere a Joyce y me pregunta si vi Finnegans Wake de Mary Ellen Bute. Reconozco mi equivocación con la chica guapa, y me atengo con respecto a mi apreciación sobre la catalana. Más adelante me dice que su color es el violeta y que su signo es Escorpio. Le digo que me llamo Hugo, que viajo a Sydney donde me quedaré un par de semanas, que mi color es el granate y que mi signo es Cáncer. Reímos. Delante nuestro una pareja de alemanes jubilados hablan en voz baja, la azafata noruega que pasa ofreciendo mantas, mientras casi todo el pasaje se apoltrona en situación de descanso. Se acomoda, me acomodo, dejamos de hablar. Más adelante me dice que odia viajar, que le da pánico subir a un avión, que lo hace en casos de extrema necesidad, como esta vez, que viaja para realizar un estudio de campo de la Complutense de Madrid. Me cuenta que de Brisbane se va a la Isla Magnetic, paraíso natural de los koalas. De eso se trata su estudio de campo. De koalas. Ahora pienso que la catalana no es catalana, que los alemanes no son alemanes, que la azafata no es noruega y que la chica guapa me ha encandilado. Se alisa el cabello y luego cruza las piernas a mi favor, creo que para que viese las medias que acababan a mitad del muslo. Acerqué mi muslo al suyo, mientras la luz de lectura seguía encendida, veo que tiene puesta ligas, es que desde los juegos con Francine en Toledo, no las volví a ver. Con Ximena, en verdad, llegaron pronto los niños, y nuestra vida amorosa se fue convirtiendo en una rutina con el peso de un buque petrolero. Sólo un breve lapso de tiempo en donde, ese loco amor adolescente, nos condujo cerquita del infierno. Aquello estaba lejos en el tiempo, como la partida del último Milodón.
Todo el pasaje en calma, todas las luces apagadas, la chaqueta roja del pasillo ronca, la pareja de jubilados alemanes, o no, aún continúan hablando siempre bajito, y yo allí, con Elena que se desabrocha un botón o dos de su blusa, que me dice que tiene calor, que otro color que le gusta es el negro, el negro de mis ligas. Muestra un poco más de lo que debía mostrar. Aquello era más que evidente. Luego se produjo el silencio, el silencio más grande del mundo, ninguno de los dos dijo nada, se recostó sobre mí, inmediatamente pensé que se hacía la dormida, me dice: me voy a hacer la dormida. Se apoyó en mi hombro, la abracé, le acaricié el cabello y con la otra mano acaricié sus muslos hasta llegar a su entrepierna. Inmediatamente obtuve respuesta. Sus manos sobre mi pelo, mi pecho, sus manos que bajan despacio. Apago la luz de lectura. Mi mano que sube de la zona de sus medias caladas a la zona de la carne.
Sólo algunas luces de lectura se divisan a lo lejos. Luego se fueron apagando, el comandante del A380 nos da aviso de turbulencia. Dice que será algo breve, la pareja de jubilados se callaron, veo a la azafata recorrer el pasillo y perderse, veo a la señora chaqueta roja dormir como muerta. Elena ya no finge estar dormida, abre sus piernas y entreabre su boca y su respiración se agita, su mano sobre mi vaquero, sobre mi cremallera. La tomo de la cabeza y la atraigo hacía mí, le desabrocho la blusa y con el dorso de mi mano hago circulitos en sus pezones. En eso estábamos cuando vuelve la azafata, me recompongo y la saludo, me saluda, luego se aleja a perderse nuevamente. Le pregunto a Elena si le apetece ir al baño del A380. Dice que sí, que ella partirá primero, que no me tarde. Mientras me dirijo al baño, en un recorrido de diez metros, tomo dos decisiones, mi trabajo con Zara estaba terminado, que yo también viajaría a Brisbane, que también iría a la Isla Magnetic. Que yo también necesitaba hacer un estudio de campo. Conocer a los koalas. Toco la puerta del baño, entro y cierro la puerta.
Mis amigos, conocidos y también Ximena, siempre me lo decían, tienes el mejor trabajo del mundo, viajas, conoces el mundo, ganas dinero, lo pasas pipa. Si bien Zara, la empresa para la cual trabajaba, pagaba bien, mi vida como ya lo he dicho, eran los aviones, los aeropuertos, los hoteles y la decoración de cada tienda que se abría. Nada que pudiese decir de que mi vida fuese una maravilla. Con los años la rutina te desgasta las ganas y te estacionas en un sitio eriazo y malhumorado. Había decidido que este sería mi último viaje. Me despedí como siempre de Ximena y los niños con un beso y un adiós. Camino a Barajas me llama Ximena diciéndome que no me olvidase del perfume y los juegos para los niños: no amor, sí amor, claro, sí ya entiendo, no te preocupes, yo también te quiero, no seas tontita, dale, te quiero, adiós. Esa rutina insoportable de diálogos de parejas consumidas por el tedio y el hastío. Mi nuevo y último destino sería Australia. Madrid-Australia. Aproximadamente 21 horas de amasijo trasatlántico. Había lugar en mi equipaje de mano, para dos cosas que siempre me acompañaban, un libro de Céline y una petaca de Jack Daniel's etiqueta negra. Subí al A380 la noche del 25 de diciembre rumbo a nuestra única escala, Dubai, no era una buena noche para viajar ni estar lejos de casa. Pero ya había pasado fiestas de guardar, cumpleaños de los críos y aniversarios diversos fuera de casa, era mi destino y mi trabajo, estar siempre fuera de donde acontecen las cosas. Por lo demás, cada gran fiesta familiar, se transformaba en algo tan agotador como dar vuelta al mundo en una carabela. Y así poco a poco me fui alejando de donde pasa la vida, caminando por la delgada línea que conduce a la soledad y la amargura. Aquello evidentemente estaba llegando a su fin, una nueva vuelta de tuerca haría que todo cambie, sería mi último viaje, mi última agonía.
Saco del bolso de mano a Céline y a Jack y saludo a mis acompañantes, en el lado del pasillo, una señora gorda mafaldiana, de chaqueta roja, lentes oscuros y pelo blanco, aún sin hablar con ella, pensé que sería una catalana en búsqueda de un koala. Luego, en el medio, una chica guapa vestida de negro, de treinta y pocos que se me antojó en búsqueda de un Jeque catarí dueño de un BMW M5 de oro, con incrustaciones de cristales de Swaroski. La chica guapa del jeque me dice pase usted, mientras busca en su cartera un lápiz labial de color furibundo. Bebo un sorbo de Jack y abro Viaje al fin de la noche en la página marcada, la 373: Robinson recibió las dos balas en el vientre, quizá las tres, no sabía exactamente cuántas. Cierro el libro en la página 376. Por mucho que tratara de perderme para no volver a encontrarme con mi vida, la encontraba en todos lados.
Nos esperaba un duro viaje de casi 21 horas hasta Sydney, las luces se apagan y sólo quedo con la luz pequeña de lectura, ya no leo a Céline pero no apago la luz, la señora gorda del koala duerme, la chica joven y apuesta, la chica del Jeque catarí, me pregunta si viajo a Sydney o a Dubai, le doy mi respuesta y me dice que se llama Elena, que viaja a Brisbane, que de Sydney se tomará otro avión y llegará a Brisbane. Dice que también le gusta Céline, pero que prefiere a Joyce y me pregunta si vi Finnegans Wake de Mary Ellen Bute. Reconozco mi equivocación con la chica guapa, y me atengo con respecto a mi apreciación sobre la catalana. Más adelante me dice que su color es el violeta y que su signo es Escorpio. Le digo que me llamo Hugo, que viajo a Sydney donde me quedaré un par de semanas, que mi color es el granate y que mi signo es Cáncer. Reímos. Delante nuestro una pareja de alemanes jubilados hablan en voz baja, la azafata noruega que pasa ofreciendo mantas, mientras casi todo el pasaje se apoltrona en situación de descanso. Se acomoda, me acomodo, dejamos de hablar. Más adelante me dice que odia viajar, que le da pánico subir a un avión, que lo hace en casos de extrema necesidad, como esta vez, que viaja para realizar un estudio de campo de la Complutense de Madrid. Me cuenta que de Brisbane se va a la Isla Magnetic, paraíso natural de los koalas. De eso se trata su estudio de campo. De koalas. Ahora pienso que la catalana no es catalana, que los alemanes no son alemanes, que la azafata no es noruega y que la chica guapa me ha encandilado. Se alisa el cabello y luego cruza las piernas a mi favor, creo que para que viese las medias que acababan a mitad del muslo. Acerqué mi muslo al suyo, mientras la luz de lectura seguía encendida, veo que tiene puesta ligas, es que desde los juegos con Francine en Toledo, no las volví a ver. Con Ximena, en verdad, llegaron pronto los niños, y nuestra vida amorosa se fue convirtiendo en una rutina con el peso de un buque petrolero. Sólo un breve lapso de tiempo en donde, ese loco amor adolescente, nos condujo cerquita del infierno. Aquello estaba lejos en el tiempo, como la partida del último Milodón.
Todo el pasaje en calma, todas las luces apagadas, la chaqueta roja del pasillo ronca, la pareja de jubilados alemanes, o no, aún continúan hablando siempre bajito, y yo allí, con Elena que se desabrocha un botón o dos de su blusa, que me dice que tiene calor, que otro color que le gusta es el negro, el negro de mis ligas. Muestra un poco más de lo que debía mostrar. Aquello era más que evidente. Luego se produjo el silencio, el silencio más grande del mundo, ninguno de los dos dijo nada, se recostó sobre mí, inmediatamente pensé que se hacía la dormida, me dice: me voy a hacer la dormida. Se apoyó en mi hombro, la abracé, le acaricié el cabello y con la otra mano acaricié sus muslos hasta llegar a su entrepierna. Inmediatamente obtuve respuesta. Sus manos sobre mi pelo, mi pecho, sus manos que bajan despacio. Apago la luz de lectura. Mi mano que sube de la zona de sus medias caladas a la zona de la carne.
Sólo algunas luces de lectura se divisan a lo lejos. Luego se fueron apagando, el comandante del A380 nos da aviso de turbulencia. Dice que será algo breve, la pareja de jubilados se callaron, veo a la azafata recorrer el pasillo y perderse, veo a la señora chaqueta roja dormir como muerta. Elena ya no finge estar dormida, abre sus piernas y entreabre su boca y su respiración se agita, su mano sobre mi vaquero, sobre mi cremallera. La tomo de la cabeza y la atraigo hacía mí, le desabrocho la blusa y con el dorso de mi mano hago circulitos en sus pezones. En eso estábamos cuando vuelve la azafata, me recompongo y la saludo, me saluda, luego se aleja a perderse nuevamente. Le pregunto a Elena si le apetece ir al baño del A380. Dice que sí, que ella partirá primero, que no me tarde. Mientras me dirijo al baño, en un recorrido de diez metros, tomo dos decisiones, mi trabajo con Zara estaba terminado, que yo también viajaría a Brisbane, que también iría a la Isla Magnetic. Que yo también necesitaba hacer un estudio de campo. Conocer a los koalas. Toco la puerta del baño, entro y cierro la puerta.
Etiquetas:
cuentos
,
hugo vera miranda
| [+/-] |
Un viejo Plymouth azul modelo 76 |
![]() |
| Roberto Bolaño (1953, Santiago de Chile-2003 Barcelona España). |
H
oy día y ayer también, no se puede confiar en nadie. Absolutamente. En nadie. Tenía un amigo en Puerto Natales, posiblemente el amigo al cual yo más quería. Compartíamos historias de mujeres, nos intercambiábamos libros, muchas veces lo robábamos de antiguas librerías, jugábamos al fútbol por el mismo equipo, viajábamos por la Patagonia en un viejo Plymouth azul modelo 76, escribíamos poesía, él más bien escribía poesía, yo me dedicaba a la prosa, la novela, el cuento, ensayo, el relato corto. Fueron dos o tres años de amistad definitiva. Un buen día mi amigo desapareció para siempre. No supe nunca más nada de él. Hablo del viejo tiempo en que no existía la Internet. El oscurantismo total. Una carta a Santiago de Chile demoraba quince días, a Bacelona una eternidad. No había forma de saber, por ejemplo, la temperatura en Dublín el cinco de abril del 2011. De la noche a la mañana mi amigo desapareció. Y junto a la desaparición de mi amigo, inmediatamente descubrí que también había desaparecido parte importante de mi biblioteca. Libros incunables como la Biblia de Gutenberg de 1453, el Sinodal impreso por Juan Párix de 1472, los Dotze treballs de Hèrcules de Enric de Villena. También se llevó libros menores, como el de Vicente Aleixandre dedicado a Oliverio Girondo, o el de García Márquez dedicado a Teresa y Fernando en Barcelona. Pero eso no fue lo peor, no fue la peor tragedia de aquel entonces, se llevó también mis cuadernos, toda mi obra inédita, lo que en años y años había escrito, doce horas diarias de trabajo, de lunes a lunes, día tras día, cada día de mi vida, se lo llevó. Arrasó con todo. De ahí que nunca más volví a escribir. De ahí que nunca más volví a confiar en nadie. Ahora tengo un blog. Un blog en donde cuento pequeñas historias de mierda. Un blog en donde nadie me lee y en donde, irremediablemente seré sepultado como escritor. Pero quiero dar a conocer el nombre de mi amigo, de este ghicho que me robó, que robó e hizo suyo lo que yo había escrito. Que hizo de mí un ser amargado, frustrado, un alma en pena. Lo quiero dar a conocer Urbi et orbi. Por fin se sabrá la verdad. Esa escoria de la humanidad se llama: Roberto Bolaño.
Etiquetas:
hugo vera miranda
,
roberto bolaño
| [+/-] |
Poeta relleno al Champiñón |
ontinuando con el servicio a la comunidad virtual, he decidido dar a conocer una receta que la tenía bien guardada. Que nunca se la di a mi mejor amigo. Ni a mi mejor amante. Tampoco a la madre de mi hijo que no sabía cocinar. Ni siquiera se la di a Marlene Dietrich con quien viví un apasionado romance (apasionado romance, que cursi), en París. Una receta que pensaba llevármela a la tumba. Una receta que pasó de una a otra generación de los Vera Miranda. Una receta que os deslumbrará. Que hará que vuestros convidados os quieran para siempre. Se trata de Poeta relleno al champiñón. Manos a la obra:
Ingredientes:
Poeta relativamente joven.
800 gr. de champiñones.
50 ramitas de perejil.
170 ramitas de cilantro.
10 cebollas.
8 limones.
½ kilo de pan rallado.
40 dientes de ajo.
15 cucharadas grandes de aceite de oliva.
5 litros de vino blanco Do Ferreiro Cepas Vellas.
800 gr. de mantequilla.
40 páginas de Verlaine.
Sal y pimienta a gusto.
Se toma un poeta relativamente joven y se lo parte por la mitad, luego se le saca la piel y el cerebro, se lo vacía por completo, se limpian los champiñones y se pica junto al perejil, el cilantro, la cebolla, el pan rallado, el zumo de limón y el aceite. Ponemos al poeta previamente cortado en trocitos sobre un poco de mantequilla en una fuente de horno, lo sazonamos con perejil, cilantro, vino y la mitad del ajo, luego lo cubrimos con la pasta de relleno y las 40 páginas de Verlaine. Más tarde esparciremos por encima el resto de la mantequilla y el resto del ajo, lo regaremos con todo el resto de vino Do Ferreiro Cepas Vellas. Lo hornearemos a 200º C. durante 7 horas. Lo serviremos en platos de greda de Quinchamalí, con vasos finos de Baccarat y con música de Claude Debussy. ¡Bon Appetit!
Ingredientes:
Poeta relativamente joven.
800 gr. de champiñones.
50 ramitas de perejil.
170 ramitas de cilantro.
10 cebollas.
8 limones.
½ kilo de pan rallado.
40 dientes de ajo.
15 cucharadas grandes de aceite de oliva.
5 litros de vino blanco Do Ferreiro Cepas Vellas.
800 gr. de mantequilla.
40 páginas de Verlaine.
Sal y pimienta a gusto.
Se toma un poeta relativamente joven y se lo parte por la mitad, luego se le saca la piel y el cerebro, se lo vacía por completo, se limpian los champiñones y se pica junto al perejil, el cilantro, la cebolla, el pan rallado, el zumo de limón y el aceite. Ponemos al poeta previamente cortado en trocitos sobre un poco de mantequilla en una fuente de horno, lo sazonamos con perejil, cilantro, vino y la mitad del ajo, luego lo cubrimos con la pasta de relleno y las 40 páginas de Verlaine. Más tarde esparciremos por encima el resto de la mantequilla y el resto del ajo, lo regaremos con todo el resto de vino Do Ferreiro Cepas Vellas. Lo hornearemos a 200º C. durante 7 horas. Lo serviremos en platos de greda de Quinchamalí, con vasos finos de Baccarat y con música de Claude Debussy. ¡Bon Appetit!
Etiquetas:
hugo vera miranda
,
recetas de cocina
| [+/-] |
Amanecerás espléndida como una rosa |
H
a llovido todo un mes en esta casa. Esto en verdad puede resultar raro. Sí que es raro. Fuera de casa no llueve. Llegan amigos y sus ropas lucen impecables. En cambio yo acá, pasado por agua. Y me preguntan evidentemente que por qué llueve. Que por qué llueve dentro de casa. En verdad no sé qué responder. Salvo decirles que ha pasado antes. Que antes, más de una vez, también ha llovido sólo acá, dentro de casa. Dicen: es rarísimo. Ya mis amigos dejaron de venir. Los que vivían conmigo se han ido. Solo yo aquí, prisionero de la lluvia. Ya nadie llega a esta casa. Nadie. En donde continúa lloviendo a mares y en donde, también, hasta los fantasmas dejaron de venir.
TODA PLEGARIA ACUMULADA
Con largos colmillos incrustados
al filo de horizonte,
la angustia me mira y sobrepuja,
yo parpadeo y sonrío
viendo pasar su larga melena.
Espero del rocío una palmada
violenta,
indescifrable,
que abarque en un instante
toda plegaria acumulada.
TODA PLEGARIA ACUMULADA
Con largos colmillos incrustados
al filo de horizonte,
la angustia me mira y sobrepuja,
yo parpadeo y sonrío
viendo pasar su larga melena.
Espero del rocío una palmada
violenta,
indescifrable,
que abarque en un instante
toda plegaria acumulada.
Etiquetas:
hugo vera miranda
| [+/-] |
Barack Tomahawk Obama |
ndependientemente de su tamaño, color y partido político, cada presidente norteamericano se guía por un solo interés. El interés norteamericano. Es así como visitó Chile, el último premio Nobel de la Paz. Pero antes de su noble llegada, nobleza obliga, y como no podía ser de otra manera, lanzó sobre Libia una andanada de 110 misiles Tomahawk, 20 de ellos dieron en el blanco, y 90 de ellos se pueden contabilizar, seguramente, como daños o efectos colaterales. Junto al Air-Force One, viajaron también 700 agentes secretos norteamericanos vestidos de agentes secretos norteamericanos, una jauría de perros y 200 tiradores escogidos. Un despliegue insolente digno de mafiosos. Él, su mujer, su suegra y sus dos hijas, se mostraron diplomáticamente maravillados, complacidos de estar algunas horas en este simpático y pequeño país. El presidente chileno se mostró como siempre: atolondrado, confuso y parlanchín. En Chile se quiere mucho al forastero, sobre todo si el forastero es rubio, de ojos azules o presidente norteamericano. En el país, ante tan ilustre visita, se revolvió el avispero. Todos juntos y eufóricos, se volvieron extremadamente loquitos, groupies totales. La derecha, la izquierda y el centro estaban invitados al gran convite, a la recepción que se ofrecería en el bombardeado Palacio de la Moneda. Se los veía a todos ellos encantados. Felices a más no poder, todos ellos queriendo estrechar la mano del Nobel de la Paz. Todos ellos compuestitos, con sus eternas sonrisas bobaliconas y sus trajes Armani. Ellos, los 300 invitados. Todos ellos dueños de una porción importante de este país. Un grupo musical chileno llamado Los Jaivas, deleitaron a la dilecta concurrencia. Otro grupo de baile haciendo giros extraños y dando patadas en el piso, le recordaron a las visitas que se encontraban en un lugar lejano y extraño. Mezcla de tropicalidad y vasallaje. Se eligió un menú de lo más heterogéneo, basado íntegramente en nuestra loca y peculiar geografía. Ostras de Chiloé, salmón de Aysén, erizos, ostiones y locos de Tongoy, wagyú (raza bovina originaria de Japón), de Osorno, cordero y centolla de Magallanes, atún de Isla de Pascua, papayas y chirimoyas de La Serena. Además, por supuesto, los mejores vinos chilenos. Los peores vinos chilenos son buenos, imagínese usted -atento lector- cómo serán los mejores vinos chilenos. Dicen que el baño del Air-Force One está bien equipado, que tiene ducha y un amplio despacho. Seguramente después del menú geográfico, lo van a necesitar. Él, su mujer, su suegra y sus dos hijas. Goodbye, Mr. President.
Etiquetas:
hugo vera miranda
| [+/-] |
Sex Pistols |
L
a conocí en algo que en jerga policial se llama procedimiento. Pero no fue un procedimiento cualquiera. Fue exactamente como en un poema de Ernesto Cardenal. Vi por la Tv en directo, en mi sillón favorito, el inicio de la operación. Vi cómo salían los carros de la PFI (Policía Federal Investigativa), las sirenas, las luces de los carros, los policías sacando sus armas por las ventanillas. Hasta que llegaron a mi casa. Todo en vivo y en directo. En mi sillón favorito. Entraron derribando la puerta, dando patadas. Estaba rodeado. El grupo era encabezado por una fiscal. Una mujer sin importancia, frágil y enérgica. Lo de frágil es un decir. Una mujer con pistola nunca es frágil. Sin pistola tampoco. Fue así como conocí a Janet. De la peor manera posible. Janet, la fiscal. Mi vecina, la Pilarica, fue con el cuento al departamento policial. Narcotraficante. Rompieron todo lo que tenían que romper. La Tv seguía filmando. Orden amplia de investigar. En verdad que estaba tranquilo, nada tenía que temer. Que ocultar. No encontrarían nada. Me despreocupé. Comencé a fijarme en Janet. Unas piernas que llegaban hasta el cielo, una boca estilo Linda Lovelace, un culo de los mil demonios desatados. Daba órdenes precisas: en la nevera, segundo piso, galpón, abrir todas las latas de café, el patio, entretecho, cada libro, la huerta, bajo la casa, arriba de la casa, bajo el colchón de la abuela. No encontrarían nada. No encontraron nada, absolutamente nada. Alertado por Néstor, un amigo policía corrupto, trasladé todo el alijo que tenía a la casa de Fabián. La Tv dejó de filmar. La policía dejó de trajinar. La fiscal dejó de dar órdenes. Veo que repara en unos poemas que había escrito durante mi estancia en Barcelona, tal vez buscando quizá qué pista. Fue lo que pensé. Luego se fueron, se excusaron, se fueron. Dijeron que ellos pagarían el estropicio. Al día siguiente me llama la fiscal. Quería hablar sobre mis poemas. No hay problemas. Cuando quieras, la tuteé. Qué te parece mañana, no hay problemas, le dije, desde hace un tiempo a esta parte, tengo esa muletilla, no hay problemas, debo tener más de alguno, supongo. Qué tomas le pregunto. Lo que tomes tú, dice Janet. ¿Te gusta Sex Pistols? Dale. Quiero presentarme dice: me llamo Janet, tengo 27 años, Libra, romántica y liberal. De repente pienso que la fiscal es una mujer, eso me calentó. Me puso a cien. Me dijo que le encantaba la poesía, que su padre era poeta, que era un poeta muy reconocido en Rancagua. Me dio el nombre del padre, la verdad que no lo conocía. No lo conocía para nada. Pasa que en Chile, pateas una piedra y 100 poetas pegan un alarido. Me dice que le había sorprendido, que mi poesía la había sorprendido. Que ni se imaginaba que un tipo como yo, escribiese tan bien. Hice un gesto de humildad. El mismo típico gesto, que hace todo buen o mal poeta pagado de sí mismo. Dijo que yo era un poeta de ley. Era su forma de decir, de ley. Al tercer trago le mordí la nuca, al cuarto le bajé las bragas, al quinto pegó un grito. Ya con Sex Pistols sonando, nos fumamos un porro.
Etiquetas:
hugo vera miranda
| [+/-] |
Rusos |
Y
cómo le va a usted con el otro. Ya lo sé. No me diga nada. Le recuerdo un poema de Marina Tsveteava. Pero en serio se lo pregunto. Qué tal le va con el otro. ¿El dulce es más dulce? ¿los trenes llegan a horario? ¿La flor del tomate es más bella? ¿Los ventisqueros son más azules? Se lo pregunto y en verdad no sé por qué se lo pregunto. En verdad que no quiero respuesta. Pero la supongo feliz. Con brío elegante, caminando por la ciudad enarbolando la dicha. Saludando a los pajaritos. Con paso firme, rubor carmesí y gotas de coquetería. Es que me encantaría verla. Despojada de mí. La flor más bella. En verdad que me encantaría verla. Sonreír. Con esa sonrisa que en algún momento será su tumba. Usted lo sabe. Seguramente que usted lo sabe. Le cuento señora, que a mí no me va bien. Para nada bien. Desapareciste de mi vida en el mejor momento de tu vida. En el peor momento de la mía. Escapaste con tu sonrisa. No me va bien. Pero creo que no te enterarás. Tampoco te importará. Fui un pequeño escollo en el roquerío de su vida. Quisiera amanecer mañana sin pensar en usted. Sin tener este cielo de mangostas que ahora tengo. Sin saber cómo le va a usted con el otro. Amanecer y pensar que usted es feliz. Que siempre lo será. Lo mío fue un accidente. Uno más en la ruta de su vida. Usted siempre saldrá indemne. Enarbolando su eterna sonrisa. La dicha a la vuelta de la esquina. Ya lo dijo Maiakovski. La barca del amor se estrelló contra la vida cotidiana.
Etiquetas:
hugo vera miranda
| [+/-] |
Escribo porque Dios no escribe |
E
n verdad no escribo para nadie. Con esta confesión, no pasaré a la historia por ser original. Pero en verdad no escribo para nadie. Pero siempre ocurre en mí, cierto placer morboso en cuanto me siento a escribir. Siento que alguien, en alguna parte, quiere que yo escriba, que yo le escriba. Posiblemente sea un error y que nadie lo piense así. Pero bueno… tampoco escribo para ese alguien, en alguna parte, que quiere que yo escriba, que yo le escriba. Escribo porque Dios no escribe. Porque si no escribiese, mi vida sería un ventisquero. Porque tendría dolores de cabeza. Porque mataría a la mayoría de los chilenos. Porque de qué otra manera, soportaría a un presidente imbécil. A un papanatas en su descapotable. A un déspota ilustrado. Escribo, porque me da la santísima ganas de escribir. Aún mis amigos, mis viejas amantes y mis familiares cercanos, confiesan que no me leen. Y me lo dicen en mi cara. Entonces he decidido, desde hace mucho tiempo, no escribir para nadie. Se me otorga el valor de un peso nulo. No me quejo para nada. Las cosas están dadas de esa manera y no hay vuelta. No sé si escribo bien o mal, me importa un geranio. Tampoco voy por la vida siendo perdulario, atrabiliario o patibulario. No merezco recompensa en esta vida, ni en otra de identidad desconocida. Una sola vez, al cruzar una frontera, coloqué en el ítem profesión, la de escritor, recuerdo haber llorado toda la noche por haber mentido. A confesión de parte relevo de pruebas. Escribo porque no sé por qué escribo. Debe ser porque quiero intensamente perder mi alma en los laberintos de una alquimia imperfecta. Escribo porque Dios es grande y yo también. Escribo, en definitiva, porque para mí, es más fácil escribir que cambiar una lamparita. No legaré una obra maestra, ni siquiera una obra. No legaré una mierda de nada. Pasaré por este mundo, como si nunca hubiese pasado, al cabo de una semana, seré olvidado. Triturado. Más tarde, mucho más tarde, ni Borges quedará. Sólo una bruma incandescente, en un planeta vacío y estéril que marchará errático, dando saltitos de canguro. Mientras tanto escribo, para mí y para nadie. Silencio.
Etiquetas:
hugo vera miranda
| [+/-] |
Nadie puede entrar. Nadie puede salir. |
adie puede entrar. Nadie puede salir. El ángel exterminador. Eso pasa. Eso ocurre. Sucede que vivo en Puerto Natales. En Magallanes. Patagonia. Siempre para nosotros fue distinto. Distinto a Chile. Es que también somos chilenos. Pero somos distintos. Hablamos distinto. Pensamos distinto. Caminamos distinto. También tenemos nuestra propia bandera. Muchas veces para nosotros, Chile es un país lejano y extraño. Exótico la mayoría de las veces. En donde pasan cosas. Nos enteramos por la tele. Nos enteramos por otros medios. Un terremoto, por ejemplo, y ayudamos. Ayudamos a Chile. Pero Chile casi no se entera de lo que nos pasa. Vivimos en Patagonia. Lejos. A veces pasa un guanaco, un zorro, un puma. A veces pasa un presidente, un ministro, un subsecretario. Tenemos una sola estación. La estación del frío. El resto del mundo tiene cuatro. En Santiago, que es la capital de ese lejano y extraño país llamado Chile, bajo un sol abrasador, se reunieron tres personas. El tipo que hace de presidente y dos ministros. Resolvieron aumentar el costo del gas. Aumentar el costo del gas, para aquel lejano lugar que tiene una sola estación. La estación del frío. Y no un aumento menor, sino que uno mayor, un 17%. Estamos sentados sobre el gas. Se produce aquí. Es nuestro. Aumentan lo que producimos, lo que tenemos. Primero fue la perplejidad, luego la gente se reunió, más tarde protestó, y al final decidió. Decidió que ya era hora. Decidió hacerles saber a ese lejano país llamado Santiago, que tal abuso no se lo consentiría. Que iríamos a paro. Un paro general. Se formaron comités. Se cortaron las rutas. Se estableció que ese extraño país llamado Santiago, tendría que escucharnos. Se establecieron barricadas. Por eso nadie puede entrar. Nadie puede salir. El ángel exterminador. Los supermercados no abren. Los taxis no funcionan. Camiones atravesados en la carretera. Turistas atrapados. Atrapados en Torres del Paine, coloso turístico de la región, sólo quedan guanacos, zorros, pumas. Turistas sonámbulos, vagan por el pueblo pidiendo clemencia. Caridad. Pero la determinación es firme. Nadie entra. Nadie sale. El gobierno de Santiago manda fuerzas de elite. Bravos comandos que tiemblan de frío en parajes desconocidos. Prontos a entrar en acción. El pueblo no les teme. Siempre es preferible luchar contra ellos, que contra el frío. El frío es nuestro enemigo. También lo es un gobierno insensible. Lejano. Führerliano. Y así están las cosas. Seguro que tomarán medidas. Nos aplicarán correctivos. Hablarán del orden y de la ley. Que la ley es igual para todos los chilenos, que la harán cumplir. Pero perderán. Lo sabemos. Perderán. Ya perdieron. No se juega con la gente del Sur. Somos distintos. Hablamos distinto. Pensamos distinto. Caminamos distinto. También tenemos nuestra propia bandera. Y el orgullo intacto. De sabernos hijos de una estrella. De una larga data de luchas y verdades. Es el espíritu de tanta gente que nos moldearon. Pertenece a nuestro ADN. De viejas luchas sindicales. De Antonio Soto Canalejo y de tantos otros líderes, que marcaron el camino. Y así estamos. En la tensa espera. Diciendo basta a la impunidad de los señores de Santiago. De ese extraño y lejano país, que fagocita y maltrata, a sus mejores hijos del Sur. Que Dios se apiade del alma de los sin alma. De la nuestra nos encargaremos nosotros. ¡Bienvenidos a la Patagonia!
Etiquetas:
hugo vera miranda
| [+/-] |
Yo soy Madame Bobary |
H
arto de que me pregunten dónde vive la señora que saca la suerte, le dije un día a la consultante que yo era la señora que sacaba la suerte. No puede ser, me dijo. Usted no es una señora. No se crea le respondí, usted me ve así, medio pelado, calvo y viejo, pero sé transformarme. Será de dios me respondió. Luego me preguntó cuándo atendía y mis honorarios, le dije que a partir de las cuatro y que sólo cobraba diez mil pesos. Me dice que está bien, que vendrá justo a las cuatro. Ya no había vuelta atrás. Me arreglé como pude y la esperé. Me puse la falda rosa de mi abuela y usé todo el carmín de mi novia venezolana. El gorro boliviano de mi hijo me vino a la perfección. La esperé como se espera a la primera novia. En verdad estaba muy excitada. Es que ya pensaba y hablaba como la mujer que saca la suerte. Y llegó. La hice pasar y pronto me entregó la suma acordada. Ya tenía la vela y el incienso funcionando. También un Cd de Stockhausen corriendo. Me cuenta que ella sabe que le están haciendo un mal. Cree que es la cuñada de su hermano del medio. Que está segura de aquello. Que es una cuestión de envidia. Que a ella todo le va bien y a su cuñada todo le va mal. Que un tiempo a esta parte, le han salido tres granos en el culo. Que la doctora Marcela Grunert no ha dado con la solución. Para no ver su culo y sus granos, le digo que hace tiempo, también vino otra señora con el mismo problema. Que yo se lo había resuelto. Que no se preocupara. Que había llegado ante la persona adecuada. Fui al almacén y le traje Baba de Caracol. Una mierda de pomada que me había vendido Don Mauricio, un judío errante que vende baratijas. En aquel instante me acordé de mi amigo Raúl. Un día le pregunté a Raúl cuál era el secreto de conquistar tres mujeres en una semana, me contestó que se debía a dos cosas, la primera era tener pensamiento positivo y que la segunda era rezar. Vuelvo donde la consultante y le digo que se frote los granos en el culo con Baba de Caracol. Que lo haga tres veces al día, mañana, tarde y noche, que tenga pensamiento positivo y que rece. Me preguntó si aquello sería realmente efectivo. Le digo que tenga confianza. Le reitero que tenga pensamiento positivo y que rece. Le pregunto si no ha pensado alguna vez en matar a su cuñada. Me dice que sí, que lo ha pensado. Le digo que bueno… que ese es otro precio. Me da las gracias, se despide y se va. Cerré el almacén. Ahora soy Madame Bobary y atiendo de cuatro a ocho.
Etiquetas:
hugo vera miranda
| [+/-] |
Dios |
Cada día que pasa pienso que Dios es un ser
absolutamente superficial,
algo que en definitiva
no tiene nada que ver conmigo.
Un ser lleno de arrogancia hermética,
drogado todo el tiempo
con ojos azules fijos al infinito.
Sordo, ciego y pueril, arrogante a más no poder,
y a su vez infantil, una mierda de tipo.
No tiene conciencia clara de su obra,
de la cagada que ha hecho.
Solitario en su cumbre, viejo, tonto, sin bañarse,
balbuceando incoherencias.
Se arrastra de un lugar a otro, maldiciendo su suerte,
le tocó ser el primero y sabe que nunca se lo perdonaremos.
Aúlla por las constelaciones estelares
pidiendo clemencia, quedándose dormido,
emborrachándose. Solo. Completamente.
Pordiosero del espacio. Siempre solo,
como una puta a las siete de la mañana.
Ilustración de Javier Molinero.
Etiquetas:
hugo vera miranda
,
poesía
| [+/-] |
Yo no soy Amélie Nothomb |
T
odo el tiempo es lo mismo. Viene gente y me pregunta. Generalmente miento cuando me preguntan. Me preguntan, si estoy escribiendo algo. Digo que sí. Que llevo escritas cinco novelas y estoy trabajando en la sexta. Que considero que la sexta es la mejor. Se trata de un viaje en tren por la Patagonia. Es un equipo de fútbol chileno, que borrachos, se dirigen a jugar un partido a la ciudad de Río Gallegos, en Argentina. Casi 300 kilómetros de impactante relato. Relato de oscuridad, muerte y violencia. A todos les digo lo mismo. A todos les miento. Es que siempre me preguntan lo mismo. Qué estás escribiendo ahora. No sé. Se imaginarán que uno es Amélie Nothomb. Ella confiesa que lleva escritas 65 novelas y ha publicado 17, o algo así. Yo no soy ella. Yo no soy Amélie Nothomb. Yo sólo soy Hugo, el de la esquina, que no escribe una mierda. Que se masturba y toma cerveza. Que se despierta con resaca. Que se despierta con resaca y ganas de matar a los que le preguntan, qué está escribiendo ahora.
Etiquetas:
hugo vera miranda
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




















