Dylan Thomas: Visión y plegaria

Dylan Thomas: Visión y plegaria

Casa del poeta Dylan Thomas en la costa de Gales.



I

Quién
eres tú
tú que naces
en el cuarto vecino
tan patente en mi cuarto
que alcanzo a oír el vientre
cuando se abre y la sombra que avanza
tras la pared delgada como un hueso de jilguero
en el cuarto sangrante del nacimiento oculto
para el incendio y el girar del tiempo
la huella del corazón humano
no venera el bautismo
sino la sola sombra
cuando bendice
a la salvaje
criatura.

Yo
d e b o
recostarme
quieto como piedra
contra el delgado muro
para oír el lamento de la madre
oculta y la sombría cabeza del dolor
que tira del mañana cual si fuera una espina
y los cantos que elevan las comadronas del milagro
hasta que el recién nacido tumultuoso
me queme con su nombre y su llama
y la pared alada se desgarre
por su corona abrasadora
y se lance la sombra
desde la espalda
hasta la luz
radiante.
Cuando
él quiebre
el hueso de jilguero
y la primer aurora
con furia de torrente
se eche a bullir sobre el reino que llega
el reino de aquel que deslumbra a los cielos
y de la maternal doncella a quien roció la sangre
la que lo echó a la luz con una llamarada entre su boca
y lo meció después como a una tempestad
he de correr perdido en el terror
y en el brillar del cuarto
alguna vez encapuchado
y en vano lloraré
en el caldero
de su
beso

en
el giro
del sol
en el espumoso
ciclón de sus alas
porque yo me perdí y estoy acá
llorando junto al trono del hombre
que diluvia en la furia primera del torrente
y los relámpagos de la adoración
me vuelven al oscuro silencio líquido y enlutado
porque yo me perdí, yo que ahora he venido
al albergue inaudito
el que descubre
y el mediodía pleno
de su herida
ciega mi
llanto.

Allí
desnudo
agazapado
en el altar
de su pecho encendido
en el fondo sin cárceles del mar
despertaré al llamado babélico del juicio
y ha de trepar la nube por el vaho de la tumba
y el polvo sometido izará con sus llamas
los velámenes de todas las semillas
oh espiral que sube de la urna
rapaz de la mañana
del hombre
cuando
la tierra
y

el
mar nacido
alabaron al sol
Adán el ecuánime
Adán el que descubre
cantó sobre el origen
oh las alas de los niños
el vuelo hacia la herida de los jóvenes
ancianos que llegan de los desfiladeros del olvido
la marcha celestial de los que siempre caen
en la batalla; el acontecimiento
de los santos ante su visión
la casa rodante del mundo
y el dolor entero
abierto fluye
y yo
muero

II

En nombre de los perdidos que se glorian
en las llanuras por la carroña corrompidas
b a j o e l f ú n e b r e c a n t o
de pájaros vencidos
por la presión de los ahogados
y por la verde polvareda
pájaros que al espectro
llegado
desde
la tierra
padecen como el polen
sobre el negro plumaje
y el pico de barro
rezo aunque en verdad no pertenezca
a esa llorosa cofradía
ya que en mí la alegría ha penetrado
hasta la médula más recóndita del corazón

que el que ahora aprende de la leche materna
la luna y el sol pueda regresar antes
de que los labios se incendien y florezcan
al cuarto donde sangra el nacimiento
con muro de hueso de jilguero
y enmudecer
y el vientre
que alumbró
para
los hombres
aquella venerada
luz de la infancia
o la prisión deslumbradora
bostece a su llegada.
En nombre de los perdidos disolutos
en el monte sin bautizar
desde el corazón de la oscuridad yo le rezo

Que él deje descansar a los muertos aunque giman
para que sus espinosas manos los levanten
hasta la reliquia de su herida terrena
y el jardín de la gota de sangre
tolere el sueño de la hostia
ciega como una piedra
en la profunda
y oscura
roca
y no despierte
a corazón alguno
pero rompa su hueso
en la cumbre del monte
sin que el sol lo reclame
y el polvo que golpea se arrastre
a la llanura madre de los ríos
bajo la noche que va cayendo para siempre

la noche que va cayendo para siempre es una estrella
conocida y un país frente a la muchedumbre
de durmientes cuyas lenguas yo pulso
para enlutar su diluviante luz
por los suelos y el mar
y hemos llegado
a saber todos
los lugares
caminos
laberintos
pasajes
comarcas y sepulcros
de la caída sin final
ahora lázaro común
de las plegarias que trazan los durmientes
nunca te despiertes y te eches a andar
porque el país de la muerte es la medida del corazón

Y la estrella de los perdidos es la forma de los ojos
en nombre de los huérfanos
en nombre de los que no han nacido
en nombre de los que rechazan
los instrumentos y las manos
de comadre que mueve la mañana
oh en nombre
de nadie
ahora
y nadie
más tarde
ruego al sol carmesí
que hile una tumba gris
y el color de la arcilla
a su martirio fluya
en la tarde que ha sido interpretada
y en la conocida oscuridad de la tierra Amén
Vuelvo la esquina de la plegaria y ardo
en una bendición del repentino sol
en nombre de los condenados
me volvería o correría
a la escondida tierra
pero el sonoro sol
purifica
el cielo.
Alguien
me encuentra.
Oh dejadlo
que me abrase y me ahogue
dentro de su herida terrena.
Su relámpago contesta mi llanto
mi voz arde en su mano
ahora estoy perdido en Aquel que enceguece.
Y al fin de la plegaria se oye el clamor del sol.

Y LA MUERTE NO TENDRÁ DOMINIO

Y la muerte no tendrá dominio.
Los desnudos muertos serán uno solo
con el hombre en el viento y la luna del poniente;
cuando sus huesos sean descarnados y los descarnados huesos desaparezcan,
tendrán estrellas en el codo y el pie;
aunque se vuelvan locos estarán cuerdos,
aunque se hundan en los mares volverán a salir;
aunque los amantes se pierdan, el amor no se perderá;
y la muerte no tendrá dominio.

Y la muerte no tendrá dominio.
Bajo las ondulaciones del mar
aquellos por largo tiempo inmóviles no morirán en vano;
retorcidos en los poptros de tormento cuando ceden los tendones,
amarrados a la rueda de tortura, no serán sin embargo quebrados;
la fe en sus manos se partirá en dos,
y los sufrimientos los atravesarán como unicornios;
rajados de arriba abajo no se partirán;
y la muerte no tendrá dominio.

Y la muerte no tendrá dominio.
Podrán nunca más las gaviotas gritar en sus oídos
ni las olas romper ruidosas contra las playas;
donde una flor brotara podrá nunca más una flor
alzar su cabeza a los golpes de la lluvia;
aunque estén locos y muertos como clavos,
las cabezas de las personas se hundirán entre las margaritas;
se quebrarán al sol hasta que el sol se quiebre,
y la muerte no tendrá dominio.

2 comentarios:

Chica_Bond dijo...
23:39
 

Poesía que encandila. Poeta maldito. (Hugo: hay unos bellos audios que se consiguen en la web con la voz de Thomas leyendo Do not go gentle into that good night y otros)

Gracias Chica_Bond. Lo buscaré y lo agregaré a esta entrada. Un abrazo.