jorge pérez

jorge pérez


María Marta García Belsunce, Agatha Cristie y la novela negra norteamericana
(abril-mayo de 2004)

El criminal es un artista creador y el detective sólo un crítico
G. H. Chesterton

Un delito es como cualquier obre de arte
G. H. Chesterton

Las categóricas aseveraciones del escritor católico Gilbert Chesterton no se corresponden con el brutal asesinato de la Sra. García Belsunce y del grotesco encubrimiento.
Este crimen sí podría integrar una antología de la novela negra norteamericana que, como es sabido, más que preocuparse por la resolución casi académica de un enigma, desnuda la corrupción de gobernantes, jueces y policías como en La jungla de asfalto, de W. Burnett.
Esa sociedad convulsionada fue descrita con frialdad, claridad y concisión por Dashiell Hammett edn Cosecha Roja. En sus primeras páginas leemos:

"Eliu Willsson el viejo había sido, a lo largo de cuarenta años, el corazón, el alma, la piel y el intestino de Personville. Era el presidente y principal accionista de la Personville Mining Corporation y del First National Bank; propietario de los dos diarios de la ciudad, el "Morning Herald" y el "Evening Herald", y copropietario de casi todas las empresas de alguna importancia. Además, era dueño de un senador de los EE.UU, dos diputados nacionales, el gobernador, el alcalde y c así todos los diputados del Estado".

Estos párrafos fueron escritos en 1927 y seguramente han inspirado a gobernantes, entre otras provincias, de San Luis, La Rioja, Santiago del Estero, Catamarca, y de más de un país, entre ellos el nuestro.
Decíamos que el asesinato de la Sra. García Belsunce es típico de la novela negra: negocios sucios como la quiebra fraudulenta del Banco General de Negocios; médicos que firman certificados de defunción por causas naturales; padre, hermanos, esposo, cuñados, amigos de la víctima que lavan manchas de sangre by ocultan cápsulas servidas; comisarios que no aparecen; jueces complacientes. Otra vez campea por los fueros la trillada frase:"La realidad supera a la ficción".
Pero no sólo la novela negra está presente. Hay rasgos del planteo que surge en Los crímenes de la calle Morgue, de Edgar Allan Poe (1841). En ella, un crimen enigmático, aparentemente insoluble, es descubierto por un investigador sedentario que apela a la lógica.
Para llevar al paroxismo la preeminencia de la lógica, numerosos cultores de la novela del enigma, diseñaron personajes que poco actuaban, simplemente deducían, inferían, relacionaban, inducían. En John Dickson Carr el detective era ciego. En Seis casos para Isidro Parodi, de Borges y Bioy Casares, el detective está preso. En Agatha Christie, tanto Hércules Poirot como Jane Marple, habían superado largamente los 60 años. Augusto Dupin, el investigador de Poe, dormita cuando un policía le narra su impresión de los hechos. No lo necesita. Basta su cerebro.
Es Agatha Christie quien brinda la forma clásica con su fórmula de presentar un grupo de personajes, donde uno más de ellos pueden ser sospechosos por indicios en su contra. El final es una gran sorpresa y el asesino es el menos sospechoso.
Para lograr ese final que sacude, y por ello menciono la novela de enigma, algunos autores nos obsequiaban en la escena culminante una solución sorprendente: todos los personajes principales son los asesinos. Las deducciones febriles que caracterizaban a los ávidos lectores resultan incongruentes.
Pudimos leer este tipo de final en El crimen del Expreso de Oriente, de Agatha Christie, o en El asesino vive en 21, que fue llevada al cine por Christiensen en los años 40 en "La muerte recorre las calles". También lo vimos en el filme "Un disparo en la sombra", protagonizado por Peter séller y Ele Sommer. Allí el inspector Closseau, ese poeta del absurdo, es el primer sorprendido. Todos eran asesinos.
Este es el caso García Belsunce. Todos son asesinos o encubridores.
Hemos detectado otra fuente de inspiración para los delincuentes: el presunto autor, Carrascosa, esposo de la víctima, dice haber investigado y haber descubierto al "verdadero asesino", que sería un tal Pachelo, vecino del country, quien salió airoso de la prueba sobre la sangre encontrada en el lugar del hecho.
Carrascosa investigando. Eso lo hemos leído en el guión de la película Sin salida, con la actuación de Kevin Costner, donde el responsable de la búsqueda debe encontrarse a sí mismo. Lo mismo pasó en la obra de Sófocles Edipo Rey con Edipo. Sólo que el devenido rey Tebas ignoraba que él había matado a su padre.
Y otra vez la realidad supera a la ficción: comisarios que "investigan" delitos cometidos por ellos mismos en su jurisdicción; gobernantes corruptos que "investigan" la corrupción.
Bush y Sharon, que luchan contra el terrorismo.
Para hablar del aporte argentino a la novela negra, no podemos soslayar una frase dicha en la prisión de Sierra Chica hace algunos años que está a la altura de otro dicho de Dashiell Hammett en El Halcón Maltés. El detective prueba que la femme fatal con quien había mantenido un idilio era la asesina de su socio. La despide así: "Si te ahorcan, jamás te olvidaré". En La sangre de los King, de Jim Thompson, una joven más bella que virtuosa musita a su casi anciano amante: "Seré tuya mientras vivas". Cumplió su palabra: a la mañana siguiente lo mata y huye con su dinero.
¿Cuál es la frase de Sierra Chica? En el marco de un motín que dura varios días, un grupo de presos toma el presidio y da muerte a 12 enemigos internos. Proceden a incinerar los cuerpos y utilizan parte de ellos en distintos platos de comida. Un pariente ansioso pregunta por Agapito Lencina: "Salió con fritas", fue la respuesta. ¡qué expresividad, qué contundencia, qué descarnada capacidad de sintísis!
"Creo en la justicia", expresión de Menem que grafica lo que sucede en la Argentina.
Acasi dos años de perpetrado el homicidio de María Marta, sigue impune. A pesar de que la solución está a la vista. Más fácil que cuando, según el Antiguo Testamento, Caín mató a Abel. En Génesis 49, podemos leer: "Yahvé dijo entonces a Caín: ¿Dónde está tu hermano Abel?" Contestó Caín: "No sé. ¿Soy acaso yo el guardián de mi hermano?". Yahvé lo acusa y lo expulsa. Crimen sencillo de resolver dado que en ese momento, siempre según la Biblia, sólo Adán, Eva y Caín, muerto Abel, habitaban la Tierra.
Tan fácil como el asesinato del padre de Hamlet, a pesar de las dudas. En el acto V. La sombra (fantasma del padre de Hamlet) habla: "¡Oh, noble joven, que la serpiente que mató a tu padre, hoy lleva su corona!". Hamlet: "Oh, alma profética! ¡Mi tío! Casi dos años y esta verdadera afrenta a la justicia y a nuestra inteligencia aún continúa impune".
El crimen de María Marta García Belsunce y ¡¡otra novela negra que espera impaciente a un escritor!!

comentarios:

rudolf dijo...
15:37
 

Momentos cumbre de la literatura viven ya en

decir-lo-indecible.blogspot.com