En la sala 23 para mayores de 40

En la sala 23 para mayores de 40



El Chino conoció a Rosemary en un Chat de Latin Chat. En la sala 23 para mayores de 40. La misma noche que la conoció se asilaron en el Messenger. Me lo contó el Chino. Un poco gordita me dijo, cuando la vio en video chat. Pero dulce, linda y muy simpática. Siempre me tenía al tanto de Rosemary. Rosemary era de Santiago de Chile. El Chino de Punta Arenas. Rosemary trabajaba en un banco. Rosemary era madre soltera. Rosemary estaba resfriada. Rosemary viajó a Buenos Aires. Rosemary se fue de compras. Rosemary estaba indispuesta. Cuatro meses de messengeo constante. El Chino juntó aplomo, decisión y dinero. Compró su pasaje a Santiago. Por fin conocería a la dulce, linda y simpática Rosemary. Yo lo acompañé al aeropuerto. Le llevaba de regalo productos típicos de la zona. Queso de oveja, jam de ruibarbo y dulce de calafate. En Santiago compraría un ramillete de rosas holandesas. También le regalaría aquel CD de Alex Ubago que juntos solían escuchar por Messenger. El Chino, luego de conocer a Rosemary, volvería a la ciudad el 10, partió el 5. Lo volví a ver el 15. Lo vi triste, como antes de conocer a Rosemary. En la sala 23 para mayores de cuarenta.

Nos juntamos en el bar Copelia weon, cuando de repente vi venir a una enana weon, que venía sonriendo hacía mí weon, me dijo "Hola" weon, una enana de un metro treinta weon, y sabes lo que me dice la enana weon: "¿Nunca te conté que era chiquita?" Nunca me contó eso la enana culiá weon. Estuve dos minutos y me mandé a la mierda weon. Me gasté 250.000 pesos weon.
La verdad que en ese momento no me reí. No tenía porqué hacerlo. Me dio pena realmente. Me dio pena por Rosemary. De esto hará cinco meses. Todavía me estoy riendo.

3 comentarios:

Un profundo amante de rimbaud!
Lo esperamos en Venezuela! Saludos poeta

F dijo...
20:31
 

Me alegraste el dia Hugo!!!
saludos

Donadío era un publicador de historietas de principios de los sesentas (Sus revistas mostraban llamativas tapas, muchas de Durañona, que temáticamente ilustraban: guerra, cowboy y terror).
Donadío, muy joven en aquel entonces, era un alcohólico por encima de la cirrosis y tenía una fama bien ganada de cagador, pues pese a vender 100.000 ejemplares semanales en el país (70% en provincia y 30 % en capital), no pagaba a quien tenía que pagar.
Donadío no murió de cirrosis, lo envenenó con veneno para ratas en el mate, su joven esposa. Le dijo:"Tomate este mate envenado, hijo de puta", y el hijo de puta en alto delirio, lo tomó y murió. La esposa fue presa y pagó su culpa en un cuartel policial del gran Buenos Aires, donde todo el personal se la culeó por largo tiempo.
Donadío escribía todos los guiones de las revistas que publicaba, textos muy liberales y a lo que la parió... En una historieta de la revista de terror, contó el enamoramiento de un aristócrata decadente hacia una lisiada en silla de ruedas, que aparte de ser también de alcurnia, era bellísima: rubia como un sol y de delicadas facciones centradas en una boquita que desvelaba al aristócrata.
El enamorado visitaba asiduamente a la hermosa muñeca en silla de ruedas, en su mansión que estaba comandada por un mayordomo anciano y severo.
El aristócrata disfrutó de las relaciones orales que se dan en las primeras citas de amor, pero sin avanzar, sin llegar a las intimidades vaginales de la niña. Algo, muy superior, parecía impedir esa realización, además del viejo mayordomo.
Obsesionado de locura amorosa, el aristócrata empezó a rondar la mansión de sus amores por las noches, espiando desde la oscuridad; y una de esas noches, desde una ventana asistió a un espectáculo "pavoroso". La niña hermosa no era lisiada y al compás de una música frenética, bailaba desenfranada con el mayordomo. El detalle que terminó por enloquecer al enamorado, fue que las piernas de la niña no medían más de diez centímetro y eran "repugnantemente rechonchas".
Acto seguido, el aristócrata rompe los vidrios y mata a hachazos a la niña y al mayordomo.
El último cuadro de la historieta muestra al protagonista, que con ojos alucinados dice mirando al lector: "Para aquellos que no me creen, he conservado ¡esto!", y sobre su hogar muestra como si fuera un trofeo de cacería, las dos piernitas disecadas de aquella que fuera su gran amor.