Le digo que bien

Le digo que bien


E

ra una noche tranquila hasta que llega Claudia. Dice que ha tomado un par de Ron-Cola. Me pregunta si tengo Ron-Cola. Se sirve. Me habla de los mineros. De su hijo. De fútbol. De música. De su marido. Está feliz. Luego está triste. Ríe. Se pone a llorar. Dice que su vida no tiene sentido. Que la vida es una mierda. Que ya no aguanta más. Luego me pregunta cómo estoy. Sin esperar respuesta, me pregunta si quiero escuchar unos poemas que ha escrito. La escucho. Sus poemas, son los poemas más horripilantes que he escuchado en mi vida. Le digo que son buenos. Que se atreva a escribir un libro. Que yo le haría el prólogo. Se alegra. Me dice que soy el mejor amigo que tiene. Que si gana un premio importante en un juego de azar, me dará la mitad. Se acerca a mí. Se sienta sobre mis rodillas. Me besa. Me dice te quiero. Yo le digo: yo también te quiero Alicia. No me llamo Alicia, me llamo Claudia puto cabrón. Le digo que a esa hora todas las putas del mundo se llaman Alicia. Puta tu madre dice y me pega un bofetón. Le pego una trompada y la dejo durmiendo sobre el sofá. La tapo. Siempre he sido un tipo gentil. Al otro día la despierto y le sirvo el desayuno. Me pregunta cómo se ha portado la noche anterior, que no recuerda nada. Le digo que bien.


3 comentarios:

Tender a la ebriedad y al olvido es la vida, tender a una de las dos por separado es la muerte.

Dale a al punto seguido no más!!!

Un abrazo Eufo.

Seguir asi es la vida, si me dan a escoger prefiero las trompadas