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Dios |
Cada día que pasa pienso que Dios es un ser
absolutamente superficial,
algo que en definitiva
no tiene nada que ver conmigo.
Un ser lleno de arrogancia hermética,
drogado todo el tiempo
con ojos azules fijos al infinito.
Sordo, ciego y pueril, arrogante a más no poder,
y a su vez infantil, una mierda de tipo.
No tiene conciencia clara de su obra,
de la cagada que ha hecho.
Solitario en su cumbre, viejo, tonto, sin bañarse,
balbuceando incoherencias.
Se arrastra de un lugar a otro, maldiciendo su suerte,
le tocó ser el primero y sabe que nunca se lo perdonaremos.
Aúlla por las constelaciones estelares
pidiendo clemencia, quedándose dormido,
emborrachándose. Solo. Completamente.
Pordiosero del espacio. Siempre solo,
como una puta a las siete de la mañana.
Ilustración de Javier Molinero.
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poesía
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Yo no soy Amélie Nothomb |
T
odo el tiempo es lo mismo. Viene gente y me pregunta. Generalmente miento cuando me preguntan. Me preguntan, si estoy escribiendo algo. Digo que sí. Que llevo escritas cinco novelas y estoy trabajando en la sexta. Que considero que la sexta es la mejor. Se trata de un viaje en tren por la Patagonia. Es un equipo de fútbol chileno, que borrachos, se dirigen a jugar un partido a la ciudad de Río Gallegos, en Argentina. Casi 300 kilómetros de impactante relato. Relato de oscuridad, muerte y violencia. A todos les digo lo mismo. A todos les miento. Es que siempre me preguntan lo mismo. Qué estás escribiendo ahora. No sé. Se imaginarán que uno es Amélie Nothomb. Ella confiesa que lleva escritas 65 novelas y ha publicado 17, o algo así. Yo no soy ella. Yo no soy Amélie Nothomb. Yo sólo soy Hugo, el de la esquina, que no escribe una mierda. Que se masturba y toma cerveza. Que se despierta con resaca. Que se despierta con resaca y ganas de matar a los que le preguntan, qué está escribiendo ahora.
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Voy por las cantinas de sueños rotos |
Voy por las cantinas de sueños rotos.
Me abstraigo en misterios grises oxidados.
Cada día que pasa me acerco más al olvido,
mi sombra olvidada en los rincones.
Regalo un gastado verso para cada mujer de ocasión.
Mi corazón es una uña encarnada.
No doy abasto ante tanta miseria.
Ha llegado el tiempo de vivir sumergido.
No tendríamos que habernos conocido.
Soy el vaivén de tus noches de insomnio.
Tú la dalia evanescente
de mis noches de hastío.
De una cosa estoy seguro,
ninguno de los dos morirá de amor.
No seremos leyenda, ni mito ni recuerdo entre las brumas,
ni siquiera la huella de un paso sobre la nieve.
No seremos nada. Olvido. Un viejo tren sin conductor
que solitario viaja rumbo al olvido.
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poesía
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Así comenzaron todos los asesinos en serie |
C
ada hombre tiene su precio. Es que el mío debe ser nulo. Pan, queso y vino. Incluso no en grandes cantidades. Un lugar apacible y nada. Un par de libros. Un par de amigos. La música. Un poema de Hikmet. El momento preciso que dije que te amaba. Ya lo ves. Nada. No pretendo nada. Mi precio es menos que cero. El resto se da cuenta de mi no-valía. Por lo tanto me tasa. Me tasa en nada. Y así voy por el mundo. Cada día más nada. No haciendo ruido. No despertando a los ángeles. Levitando antes que caminando. Desapercibido absolutamente. Nada importante por ninguna parte. Ninguna declaración a la prensa. Arrinconado en un rincón. En una esquina naranja. En el último lugar del Mundo. En la Patagonia. Lugar de hombres valientes. De marineros audaces. Y yo allí. Cobarde de mí. No implorando nada. Sin Dios ni clemencia. Todos afanados. Y yo allí. Nada. Mi misión cada día es decir, buenos días, buenas tardes. Y luego nada. A veces pasa un tornado. Una gaviota. Un relámpago. Luego nada. Como mi vida. Nada. Pienso que así comenzaron todos los asesinos en serie. En lugares en donde nunca pasa nada. Ya sea Londres, New York o Puerto Natales. Lugares en donde nunca pasa nada. Nada.
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Esos perfectos desconocidos |
V
ueltas y vueltas alrededor de la noria. Y no hay nada en ninguna parte. En ninguna parte hay nada. Nadie escucha. Todos hablan. Todos quieren contar su historia. Puentes cortados. Señales que indican peligro. Sólo se trata de escuchar y no hay nadie. No hay nadie en ninguna parte. Mudos sobrevivientes de la nada. Te vas a la cama y acaricias a una mujer que está a punto de quedar dormida. Una vaca sería más receptiva. Te vas a la cama y acaricias a un hombre que está a punto de quedarse dormido. Un bisonte sería más receptivo. Al día siguiente irás al trabajo. Allí no hay nadie. Por el camino un desierto de almas desoladas. Miradas huecas que preanuncian desolación. Muertos vivientes que saludan cual mimos. Y ya pronto el día se acaba. Nos volveremos a ver seguramente. Con el corazón destrozado. Girando nuevamente alrededor de la noria. Las chances de ser felices es nula. Si comprendemos esto comprenderemos el resto. Por mientras, brindo por ti y por mí. Todo el resto es un silencio plano e inabarcable. Es lo que quería decirte. Mañana caerá la nieve y seremos felices. La felicidad dura sólo mientras cae la nieve. Nos iremos a la cama y seremos esos perfectos desconocidos. Una vaca y un bisonte.
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El hombre más bueno del mundo |
- Es la misma canción.
- Si te gusta otra te puedes marchar.
- La elegancia no es tu característica
- No eres tú precisamente la que puede dar cátedra sobre elegancia.
- Recuerdo cuando me regalabas flores.
- Dejé de hacerlo cuando te vi comiéndolas.
- Tú siempre vas a ser el jovencito de la película. Ya no te luce aquello, estás viejo. Todas tus chicas están jubiladas. No haces más que volver una y otra vez a Buenos Aires. Un Buenos Aires que ya no existe. Tampoco eres el que antes fue. Sólo sombra de una sombra. Un muerto viviente. Podrías dedicarte a escribir necrológicas. Seguro que no te has dado cuenta, pero hoy encontré un diente tuyo entre las sábanas. Mírate al espejo. Ya sé que hace años no lo haces. La impresión te matará. Ya no te quedan amigos. Nadie viene a verte. Estás solo y te lo mereces por hijo de puta. No sabes cómo tratar a una mujer. Tienes un cero en delicadeza. No sabes cómo te odio. Pero también sé que te quiero. ¡Oh mi Dios! No sé qué hacer. Eres un miserable de mierda. Me haces sufrir.
Mientras la estrangulaba no sentía nada. Luego al enterrarla en la quinta como abono para las patatas, tampoco sentí nada. Más tarde, un poco más tarde y tranquilo, mientras fumaba y escuchaba la misma canción, me sentí el hombre más bueno del mundo.
- Si te gusta otra te puedes marchar.
- La elegancia no es tu característica
- No eres tú precisamente la que puede dar cátedra sobre elegancia.
- Recuerdo cuando me regalabas flores.
- Dejé de hacerlo cuando te vi comiéndolas.
- Tú siempre vas a ser el jovencito de la película. Ya no te luce aquello, estás viejo. Todas tus chicas están jubiladas. No haces más que volver una y otra vez a Buenos Aires. Un Buenos Aires que ya no existe. Tampoco eres el que antes fue. Sólo sombra de una sombra. Un muerto viviente. Podrías dedicarte a escribir necrológicas. Seguro que no te has dado cuenta, pero hoy encontré un diente tuyo entre las sábanas. Mírate al espejo. Ya sé que hace años no lo haces. La impresión te matará. Ya no te quedan amigos. Nadie viene a verte. Estás solo y te lo mereces por hijo de puta. No sabes cómo tratar a una mujer. Tienes un cero en delicadeza. No sabes cómo te odio. Pero también sé que te quiero. ¡Oh mi Dios! No sé qué hacer. Eres un miserable de mierda. Me haces sufrir.
Mientras la estrangulaba no sentía nada. Luego al enterrarla en la quinta como abono para las patatas, tampoco sentí nada. Más tarde, un poco más tarde y tranquilo, mientras fumaba y escuchaba la misma canción, me sentí el hombre más bueno del mundo.
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El ángel exterminador |
E
ra un tiempo de violentos desembarcos. De rutinas implacables de nostalgias. Derroteros inciertos encallados. En la miasma de lo volátil. Era el tiempo que solía pensar que la Tierra giraba en torno mío. Era el tiempo de profanar iglesias. Era yo una de la siete cumbres más altas. Aquel presente estaba hecho a mi medida. Podía disputar el hueso a cualquier perro. Era yo el único que podía salir de la casa del ángel exterminador. Una panda de rufianes seguía mis pasos. Me emborrachaba por cantinas atrabiliarias sin destino. Me enfrentaba a la policía y a maleantes enfurecidos. No daba un céntimo por Cristo o el Diablo. Tuve amores con una monja. Amé a la puta más puta del pueblo. Dos caras de una misma moneda. Fui condecorado y condenado. Caminaba por las calles del pueblo y era Bruce Springsteen. Y era Rimbuad. Y era Gilles de Rais. Luego algo pasó. No sé. Me cuesta entender. Tiene que haber pasado algo. No recuerdo. Choque de planetas. El muro de Berlín. El fusilamiento de Ceausescu. Algo pasó. No sé qué pasó. Ya no fui el mismo. Pasaron veinte años. De pronto pasaron veinte años. Y no me di cuenta. Y ahora estoy aquí. En el hospital. Mañana me operan de próstata. Viene mi vecina Pilar. Dice que debo confiar en Dios.
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