Dr. Fernando de Gregorio: Carta a Arnold Schwarzenegger

Dr. Fernando de Gregorio: Carta a Arnold Schwarzenegger


El Norte centro de Europa, así como los mongoles, han sido constantes desestabilizadores de la historia. Las tribus africanas y los conglomerados azteca e inca han sido pasivos a ese rugir del Norte. También Australia y Oceanía,Los Hércules vienen del Norte, decía Flaubert, aunque el león rubio, el animal emblemático de Europa sea africano, símbolo de la brutalidad y la inteligencia imperial, especialmente en lengua inglesa, como se recuerda desde Shakespeare. Schwarzenegger es tu apellido, tu nombre paterno, que significa negro-negro, un austríaco gigantesco, hipertrofiado y acorazado, para algunos, atleta y sex symbol, para otros, que arrasa de popularidad y éxito a las masas cinematográficas y televisivas de todo el mundo, austríacos incluidos.
Destino untrasingular el tuyo, hijo de policía de pueblo chico, blanquísimo y de ojos claros, aunque de fisonomía algo negroide, sublimaste esa contradicción de tu apellido y tu inoperancia como camarada y estudiante en los fierros del gimnasio, hasta hacer de cada músculo, una tonelada de buena carne comestible. Incitás al canibalismo, que murió definitivamente en la humanidad desde África hasta el Pacífico Sur, pueblos que demostraron ser pasivos a la civilización y activos en comer al adversario. Si fuera fidjiano te miraría como a un guiso inacabable de bondadoso animal. Y la bondad te caracteriza, como es mundialmente conocido y no tenés ninguno de los vicios que hacen horripilante el éxito de los famosos del séptimo arte. Hasta presidís olimpíadas atléticas de niños y jóvenes disminuidos genéticamente con el síndrome de Down, atletas sonrientes de tener tu cercanía colosal, vos, el Tarzán de los europeos, con ánimos de gobernador de California, y por ende, ánimo presidencialista republicano, casado con mujer del clan Kennedy. Tu infancia, al lado de la cortina de hierro soviética, te debe haber enseñado intuiciones políticas definitivas, como que detrás de esa cortina había un laberinto de esclavos burocráticos kafkianos con terrorismo de Estado, sólo comparable al nazismo, a la China de Mao Tsé Tung, o al Appartheid sudafricano. China, el último país del mundo con dictadura del proletariado, junto a Cuba, isla azucarada y diabética. China, representante del extremo Oriente, el del Buda achinado y de Confucio, que saborea la utopía más violenta que haya producido Occidente, como la de los jesuitas en Paraguay, como la de Jihad en las líneas del Corán de Mohamed, China , país amarillo superpoblado de urbes y aldeas en el que reinan las buenas maneras hipercivilizadas y fue agobiado por el opio inglés hasta El último Emperador, que tan sagazmente nos revelara Bertolucci.

En tu adolescencia, Arnold, el renegridamente famoso Ernesto che Guevara Lynch iba al laberinto soviético a buscar armas y dinero para aterrorizar al catolicismo militar iberoamericano, que despertó de su sueño de incompetencia y malversación por renovación y mezcla racial de trece siglos, al fuertísimo e inteligentísimo imperio norteamericano, y a las tribus africanas, recién liberadas como colonias de los prestigiosos países europeos, en esto, Mac Beths a gran escala, perseguidos por el eficiente e insoportable fantasma de la culpa, autocastración por insuficiencia vital y sin perdón (per-donare, for-give) ni olvido (obliteratio, for get) para que este Che Guevara Lynch muriera (justamente) linchado por bolivianos y por la Central de Inteligencia Norteamericana (C.I.A.). No era tiempo para un utopista médico fusilero masificante (perdón por la adjetivación despectiva).

Cuando agonizaban los gritos hitlerianos con olor a cámara de gas y reacción atómica, imperio breve y postizo del Ku Klux Klan, es decir, otra vez el insoportable rugir de la brutalidad y la inteligencia sangrienta del Norte, ante la auténtica envidia parasitaria no superada y comprensible del judío alemán Karl Marx, el marxista antimonárquico de la monarquía constitucional, antiburgués del desalmado trabajo fabril del siglo XIX, vos te enamorabas de Ingrid Bergman, Rita Hayword y Sofía Loren, y tu destino era ser el terminator de ese pasado de masificación castradora y antihumana, ya sea dictadura del proletariado o la excusa de la extrema derecha del mejoramiento de la raza blanca hacia el superhombre hitleriano-mussolinista, y fuiste el mayor éxito de la masa cinematográfica sin ser Marlon brando o Marcello Mastroianni, en la película de acción pura más perfecta del cine, Terminator II, joya del siglo XX, milagro del siglo XX.
Tal era el impacto a favor y en contra de lo que representabas (la grandeza norteamericana para incorporar grandes hombres, excepciones creativas, sinónimo de business) que James Cameron, el hombre cámara de Hollywood por antonomasia, el creador colosal de la once veces premiada con el Oscar Titanic, tuvo que poner en boca tuya en Terminator 2: come with me if you want to live (ven conmigo si quieres vivir), dándole la mano a la inteligente y atlética madre del niño héroe, mujer que padece del diagnóstico de psicosis esquizofrénica por tener datos incuestionables de la destrucción nuclear de la mitad de la humanidad, el día del Juicio Final, Judgement Day, criticando Cameron, de paso, el último bastión de la brutalidad médica, la psiquiatría penal. Allí, vos, Schwarzenegger, junto a Cameron y los más sanos del séptimo arte norteamericano decías: si quieres vivir, síguenos. Más claro imposible en el país de las mejores universidades del mundo y en las pantallas de todo el mundo.

Pero, claro, los que en algún momento de su vida pensaron existir como enseña Marx, la moral comprometida con el programa de destrucción del sistema laboral y comercial capitalista, mayoritariamente jamás te podrán dar la mano, pues como las torres gemelas de New York y el Pentágono de Virginia, sos un símbolo del poderío tan odiado por conocimiento envenenado y enredado y por proyección de las propias miserias, como decir: Si yo estoy mal, y mal está el pueblo (latinoamericano, africano, árabe, hindú, chino) se debe al ladrón y asesino imperio del Norte. No: se debe a la cultura retrógrada de esos pueblos (que me incluyen) y que no está a la altura de las circunstancias, por más beneficencia útil o usura que haga el Norte. Y aún con el sistema paranoico de los organismos de inteligencia policial y de política internacional, llamados C.I.A y otras yerbas.
Yo porteño de la capital de Argentina te puedo asegurar, Schwarzenegger, que en mi caso, la adoración por el cambio social, ya sea de derecha (haber sido adolescente militar frente al gravísimo problema de la guerrilla y el terrorismo urbano) o de izquierda (haber asistido desafiantemente a las marchas de las Madres de Plaza de Mayo, echándole toda la culpa de la ineficiencia del país a la megalomanía y perversión homicida nazi de los militares argentinos) no era , en definitiva, más que protesta histérica, síntoma individual e inconsciente de mis propias carencias culturales internas.
Hoy en día algún ex amigo de derecha o de izquierda, podría tildarme de títere del imperio, como si no hubiera usado toda mi inteligencia, memoria racial y emociones para entender lo social, que nunca se alejó demasiado de la sentencia de Thomas Hobbes de que el hombre es el lobo del hombre, homo hominis lupus est.
Qué puedo decir en mi favor? He tratado de curarme a mí mismo de mis impotencias afectivas e intelectuales siendo médico, y si bien después de ser un atlético adolescente militar con aires de Napoleón sudamericano, pase al socialismo maligno e ingenuo que practicaban los cineastas argentinos, ahora puedo decir que los sueños mejor logrados del cine se caracterizan por la apelación a héroes bien diferenciados y justos, nada demagogos, entre los cuales tus personajes se llevan las palmas de oro, hablando en contra de esta teoría escasamente las películas soviéticas, especialmente la de Sergei Einsestein, en donde el héroe es la masa indignada que es llevada por Lenin a la revolución, pero esta contra es sólo una excepción aparente a la regla y que además ha demostrado que desemboca, al igual que la Revolución Francesa, en la más sangrienta de las tiranías. También hablarían en contra de esta teoría los filmes negros (Film Noir) con antihéroes de protagonistas, como las películas salvajes de Quentin Tarantino, o las primeras de los hermanos Cohen, o los films de Terry Gillian como la crítica al sistema capitalista futurista en Brazil.
Se puede apelar al principio de que sólo la destrucción es el inicio de una nueva construcción, pero yo respondo que hay grados, desde la escala más brutal a la más civilizada, y no es cuestión de ser Atila en el siglo XXI, o el gran Dios bíblico del Antiguo Testamento, destructor de Sodoma y Gomorra, o de Babilonia.
Particularmente, en Argentina, sobre todo en este inmenso puerto internacional de Buenos Aires, hemos surgido de la destrucción de monarquía española por Napoleón, imperante en Iberoamérica, como Brasil del Portugal, y esa destrucción romántica a la francesa, con sesgos de masonería, nos sacudió en otra destrucción, la guerra fratricida, guerra civil que recién se estabilizó cuarenta años después con la Constitución de 1853. Y después nos·amoldamos a los grandes de Occidente, Inglaterra, Francia, Alemania, el naciente Estados Unidos, para ver surgir a la gloriosa generación de 1880, que junto a la inmigración europea nos convirtió en una democracia parisina ejemplar, y la más rica del continente iberoamericano hasta el caos del coronel demagogo populista y totalitario, Juan Perón, precedido por otros militares nazi-fascistas como Uriburu y Rawson.
Lo curioso y original de esos terremotos de construcción a pasos indecisos y a la española afrancesante es que generó Argentina dos colosos, dos Hércules culturales: Sarmiento y Borges, ambos exponentes a la máxima potencia de las virtudes europeas y norteamericanas, representadas con éxito hasta fines del siglo XIX por la masonería. Sarmiento: presidente del país y autor del análisis sociológico del fenómeno del caudillismo sanguinario y gauchesco con el libro Facundo, Sarmiento, el padre de la inmigración europea entre 1870 y 1940. Y Borges: el más tenaz relector de las virtudes literarias del siglo XIX, el siglo del imperialismo europeo mundial. Yo soy del país que generó al ilustrísimo y erudito polemista y poeta y cuentista y ensayista Jorge Luis Borges, quien peleó hercúleamente contra sistemas literarios de inferior calidad y pedantería típicamente ingenua maligna socialista argentina (perdón por la adjetivación despectiva), típicamente escritores de autodestrucción por falta de grandeza fantástica en la infancia y falta de polilingüismo o poliglotismo en un país crisol de idiomas.
A estos dos héroes de la cultura, que también reflejan al astuto héroe Ulises, yo quisiera imitar. Es más: toda mi vida me motivaron a estudiar, además del agregado de haber descubierto el trabajo intelectual y terapéutico de un gran psicoanalista porteño y neoyorkino a mis dieciséis años. Se conjugan, por así decir, en mí, el que aspira a la literatura y el cine, y el que aspira a médico terapeuta de la psiquis. En este contexto, no es tan raro que ahora Argentina en el 2002 esté en tamaña crisis. Hay que digerir a esos monstruos: Sarmiento, Borges y el picoanálisis. Esta misma falta de fuerza embrionaria con emejantes temas históricos ya nos predispone a la grandeza cultural. Es cuestión de tiempo y psicoanálisis.
Por eso te invoco, Arnold Schwarzenegger, pues si mi capacidad promete, podríamos hacer del cine de comedia una versión más refinada de la película que hiciste con Danny De Vitto Gemelos, y alguna obra de ciencia-ficción que mostrando la tragedia de ricos y pobres, de instruidos e ignorantes, que se da en el planeta, sirva para sugerir algún método práctico y posible para achicar el número de pobres y de ignorantes y también de psicosis social por las religiones perversamente prometedoras del paraíso o el nirvana.
Querido Arnold: te has destinado a la política, pero seguís unido al show business, al espectáculo de masas. Ambos parecen ser lo mismo como se afirma en la película Guardaespaldas, Bodyguard. En este caso, si dentro de cinco, diez o veinte años, si todavía vivo y logro cristalizar algún aporte a la literatura, el cine y la terapia psicoanalítica, esta última que tanto parecen conocer tu admirado James Cameron o Steven Spielberg, trataré de ponerme en contacto. Tal vez yo resulte tan heroico y útil como mi Sarmiento, o mi Borges, o vos mismo, o James Cameron, o Steven Spielberg, o Robert Zemeckis.
Que más puedo desear? Ser el Joseph Campbell del psiconálisis aplicado para acercarme a la saga de Starwars de George Lucas?
Más allá de esta perpleja admiración, de este sentir con que me dirijo al Papa Noel de Norteamérica, me impongo ahora la observación enumerada y cronológica de algunos de tus films.·
Creo que tu primer película ya la protagonizaste al ser Mister Universo, allá por principios de la década del 710 con Hércules en New York.
Después hiciste la saga mágico heroica del rey caucásico precristiano Conan, el bárbaro. Ya era una extraña consagración siguiendo la tradición del cine de forzudos, los Hércules y Maschites de Hollywood. Pero James Cameron, ya destacado con Alien II y El abismo te llamó para protagonizar el autómata asesino del futuro deTerminator I a principios de la década del 80.
Ya, para entonces, estabas vinculado al partido republicano en calidad de asesor en deportes y tuviste la enorme suerte e inteligencia de no anquilosarte en el género del forzudo, sino que hiciste una bella película con Danny De Vitto, Gemelos, de Iván Reitman, que te abrió las puertas de la diferencia en el éxito. También hiciste películas de superhéroes como Depredator e interpretaste al capitán soviético Danko, en la era de la Perestroika, y te consagraste mundialmente como efigie y enigma del séptimo arte con Terminator 2. Luego hiciste de supervillano en Batman IV como el Doctor Frío, un médico investigador que quiere congelar el planeta porque tuvo que poner en crioterapia a su esposa, quien padece de una enfermedad incurable. También volviste a la comedia de acción con Detective en el Kindergarten y Last Hero Action, esta última homenaje muy particular a los íconos del cine clásico, y películas de intriga y superacción como Eraser y la importante Mentiras Verdaderas, True Lies de James Cameron, además de Vengador del futuro, Total Recall, de Paul Verhoeven. Y también volviste a trabajar con Danny De Vitto en Junior, historia de científicos de la genética que logran que quedes embarazado como una mujer sin útero y sin perder la virilidad.
También, con motivo del fin del milenio, te convocaron en una historia de Apocalipsis con la presencia del diablo cristiano en El día final, End of days. Y la penúltima película que hiciste, que yo sepa, que vista en Argentina, fue la de la clonación mafiosa de seres humanos en El sexto día, siendo tu última película no estrenada comercialmente, por ser la historia de un bombero en una situación terrorista, como lo sucedido en el atentado a las torres gemelas de New York.
Cuál es la perspectiva que me surge al ver esta serie de films? Básicamente que te convertiste en un mito auténtico y valedero de las virtudes de fuerza y autosuficiencia y libertad, o como prefiere la tradición, de self made man, que caracterizan a Norteamérica en masa, la tierra, el país de Aquí se puede todo, de acuerdo a la ética de la democracia tradicional protestante, el país que inventó la lamparita, el automóvil, el avión, el teléfono, el fonograma, la heladera, la computadora, el país que produjo a Jefferson, Lincoln, F.D. Rossvelt.
Se puede conjeturar que los creadores fílmicos han llegado a una etapa de estudio sobre el impacto en los espectadores que incluye casi científicamente el mejoramiento de los individuos a través del mito renovado en la más hermosa ficción que haya producido el hombre, el largometraje cinematográfico, que supera y acompaña tolerantemente a las religiones.
Se te ubica en caracteres de extremo heroísmo en los límites de la ciencia-ficción y la religión casi como si fueras un arcángel o un santo del futuro y parece que la fama no te ha intoxicado con drogas, alcohol o prostitución y decadencia sexual. Cabe decir que la cultura norteamericana ha llegado a un control tal de las consecuencias interpretativas del cine (ejemplo: "Artificial Inteligence", de S. Spielberg) que parece que las mejores películas se involucran unas en sucesión de otras casi con criterio matemático y freudiano, y en una variación musical que recuerda la variación de las Sinfonías clásicas. Cómo un forzudo austríaco puede representar el drama de la clonación humana, o ser el científico que porta un embarazo, o ser el héroe Jericó contra el mismísimo diablo cristiano, o desafiar a las corporaciones interplanetarias del siglo XXI? Todo esto es muy desconcertante y requiere de perspectiva histórica para ver que una persona como vos, modelo de la cultura norteamericana, porta el enigma del nuevo hombre en gestación en la nueva civilización tecnológica que se está viviendo. Desconcierto y enigma te rodean, Arnold Schwarzenegger, verdadero rey actoral del planeta Hollywood.

18 comentarios:

Anónimo dijo...
01:35
 
Este blog ha sido eliminado por un administrador de blog.
Anónimo dijo...
01:35
 

NO A LA VERIFICACIÓN DE LA PALABRA!!!




NO.

Federico dijo...
01:36
 

Este tipo está más loco que una cabra

robin dijo...
08:57
 

El autor es un personaje más del texto y pareciera que el que lee, construye las expresiones.
Es un texto que se deja releer y reinterpretar.
Estaríamos ante la literatura como teatralidad directa.
Cualquiera que sepa de mineralogía, se da cuenta que F. de Gregorio (¿un seudónimo?)es una de esas esencias condenadas a la trascendencia.

robin dijo...
09:31
 

O sea, dudo que el doctor sea doctor, que se apellide de Gregorio, que haya estudiado en el colegio militar... etc.etc.
Dudo también de BOrges y de Sarmiento pues estoy imbuído mínimamente de la obra de estos nombres.
De de Gregorio ignoro absolutamente todo... ¿Existe? ¿Murió? ¿Quién es?

Anónimo dijo...
09:53
 

Al fin una voz distinta desde argentina, en donde todos los escritores se creen Cortázar.


Manuel

Lamentablemente, o por suerte, De Gregorio existe. Lo conozco desde hace una racha de 30 años cuando él dirigía cine super ocho (la superación del 8 estaba de moda)y se parangonaba con Truffaut y Chabrol, de forma tal que a veces había que correrlo con un hacha. A mi me usó de actor, pero los largos celuloides que logró conmigo quedaron bajo la lluvia más oportunas meadas de gatos, y se perdieron.
Por más de una década lo perdí de vista y cuando reapareció era médico, ciclista y recorría la ciudad viajando en taxi, además tenía esposa y una amante que escribía poesías. Ya se había abocado a la literatura y la característica de sus textos era su notorio largor. También practicaba la fotografía adonde lograba imágenes notables (de sí mismo y del ambiente inmediato). Muchas veces su percepción extraordinaria de lo cotidiano lo llevó a concretar pelotudeces inconcebibles a primera vista, pero la obra de de Gregorio es para la reflexión. Con estas fotografías pasó lo mismo que con el cine, la mayoría las perdió por el camino, negativos incluidos.
Jamás, en sus casi 50 años de vida, trabajó para vivir. Acusó el síndrome de Ibsen: "Soy como Ibsen y me mantengo ganando la lotería". Lo mantuvieron su madre, su esposa, su amante y también una sarta de "mecenas" (un holandés errante, un crítico teatral, yo, etc.). Uno de sus logros más recientes es que el Estado le permita viajar grátis dentro del país.
La vida de Gregorio es rica en experiencias y sentimientos. Actualmente sufre de una depresión provocada por la situación de su esposa y de su amante. Ambas lo quitaron de sus vidas cansadas de mantenerlo. Ambas sufren de cánceres terminales y la amante acaba de fallecer. Espontáneamente de Gregorio sobrelleva estos golpes, sometiéndose a sesiones con prostitutas muy caras que lo relajan, y para cubrir estos presupuestos recurre a sus mecenas.
Aunque biológicamente Gregorio sea un hombre maduro, él es un niño. Un niño elefante, pues su figura arranca de unas solemnes patas paquidérmicas y culmina en el cucurucho de su nuca que arrebola un copetín de pelusa rubiona. Vive sea como sea, lleno de esperanzas, y le gustan las mujeres de toda edad y color. Casi como el maestro Calle, es capaz de amar hasta la muerte a la femineidad más casual.
Su literaria apunta a posterior.

Extraordinario semblante Yoel. El Dr. De Gregorio toda una revelación. Está a medio camino entre Pablo de Rokha y Violeta Quevedo. Pero con una voz propia particularísima. Nadie escribe así.



hugo

Jajajajajaja más loco que una cabra, que comico el que escribio eso.

Buen blog.

Saludos desde Venezuela.

De Gregorio comentaba comentarios varios. Unos agudos, otros obtusos, y siempre el polvo de arroz, las persianas bajas y la mímica japonesa. Su paquidermia siempre fue muy humana, demasiado humana. Trompa jamás, poronga larguísima que le resultaba útil para picar links.
De Gregorio estiró su verga larguísima hasta los paisajes de Puerto Natales, cruzó una frontera histórica, submarino magallánico llegó al sur de los chilenos cual un tentáculo más de La Guerra de los Mundos de Wells y por aquellas callecitas isleñas, retozó amigablemente.
Pasó entonces un camioncito y la pisó. No solo la retracción y el dolor (¡gran alboroto!): se cortó internet, hasta la comunicación telefónica quedó interrumpida.
Y ahora los técnicos que entienden de qué trata este asunto, intentan reinplantar el conecte aplastado y se la pasan juntando pestañas.

Ferdinando deGregorio dijo...
20:36
 

Gracias, Thank you, Señor Hugo Vera, Mister Hugo Vera:
Ante todo te agradezco, Hugo, que hayas publicado mi carta sobre el interesantísimo ícono Arnold. Forma Parte de mi libro de cartas "Laboratorio del destino", mi tercer libro publicado en la revista de Alejandro Margulis www.ayeshalibros.com.ar .
Debo contarte que Yoel no menciona los trabajos que tuve para ser psiquiatra, ex psiquiatra para ser más exacto, además de la ayuda de mi madre mitad criolla, mitad rusa: Fuí cadete de óptica, trabajé en el Ministerio de Relaciones Exteriores, fuí payaso y bibliotecario.
Pronto seré Profesor de Farmacología en la Universidad pública de Buenos Aires, la mejor del continente portuñol, con tres Premios Nobel en ciencia:
Houssay, Leloir y Milstein.
Debo contarte que cumplo 48 años en agosto y me divorcié hace más de un año luego de una convivencia con una pediatra judía que duró dieciocho años.
Soy paciente bipolar o maníaco-depresivo rigurosamente controlado por los mejores terapeutas que hay en Buenos Aires. Mucho de mi enfermedad se debe a lo mal que encaré mi pareja (mi ex-mujer jamás optó por una terapia) y a mi convivencia con Herschel Hartenstein, mi padrastro hace veinticinco años, amigo del Che, y que estuvo como Ingeniero trabajando en Cuba hasta el ´67. Es el típico rígido del P.C. con plata.
Soy escritor hace más de treinta años y he vuelto a filmar luego de abandonar la clínica. Voy por el sexto trabajo de mi segunda época, los últimos dos, mediometrajes.
Lo conocí a Borges cuando tenía quince años, tal vez el momento más importante de mi vida. Fuí con el uniforme y los guantes blancos del Liceo Militar a su departamento frente al Círculo Militar y la Plaza San Martín y le agradó mi presencia a pesar de mi timidez.
Sigo escribiendo libros de cartas y poesías y uno que otro artículo.
Hace más de un año le escribo cartas de amistad a Verónica Valverde, biznieta del presidente Agustín Morales de Bolivia, que murió asesinado en la Guerra del Pacífico contra Chile por causa de la salida al mar. Ella es artesana en Plaza Francia.
Hasta aquí por ahora.
Reitero mis más cordiales saludos a tí, amigo de Yoel,
Fernando De Gregorio

Gracias querido Dr. De Gregorio por comentar en mi blog. Siempre hay cabida en él a voces distintas como la suya. Me interesan esas cartas a Verónica Valverde, siempre que usted decida publicarlas. Mi país es experto en tropelías guerreras, si por ellos fueran dejarían sin mar al resto del mundo. Un abrazo desde la patagonia.




hugo

robin dijo...
14:50
 

Apreciaría singularmente la publicación de la carta a la bisnieta del héroe boliviano, la Verónica. Sobretodo por ese aire de "voces distintas" que las supongo ventosidades anales hablando de amor y traspíes históricos...

Anónimo dijo...
22:08
 

Querido Gregorio:
Un placer leer este texto. Fluido.
Dodecafonismo literal?
Muchas gracias por compartirlo...

Be in touch.-

Desde Argentina, Entre Rios...
Santiago V.

robin dijo...
11:55
 

¿Falta mucho para la publicación de las cartas Valverdes?
Personalmente intenté una prosa similar y luego de un densa dieta me descargué en habitación cerrada con cuescos y vientos de gran calibre, intentando un discurso romántico, por lo menos alguna frase existencialmente patética. Y nada...
Nada, comparado a la prosa deste rájico galeote que nos muestra Inmaculada.
Comprendo que equivoqué mi vía expresiva.
Gregorio no tiene precio.

Pero mirá si Arnold va a tener tiempo para perder leyendo esta farragosa, plúmbea, tediosa, pedante y colonizada misiva!
Está muy ocupado tratando de llegar a la cima de la pirámide, así que mejor olvidáte de tus vanas esperanzas de conseguir un puestito en Hollywood o en Washington, De Gregorio.
Al final, no me queda claro si la carta es a favor o en contra. Y si probás escribiéndole a Víctor Bo?

Ruben dijo...
11:30
 

Tas re chapita.

Anónimo dijo...
06:38
 

Mis estimados aunque desconocidos bloggeros "allende los mares": ¿Cómo que el Dr. De Gregorio no existe?. Hace lustros que lo leemos (y releemos)en España. Desde la Era del Papel (que por el Sur llaman de los "Bares"). En Barcelona tenemos una tertulia sobre Fernando y un club de cine que ha difundido dos de sus cortos. No creo que sea un pseudónimo. Fue médico, profesor, periodista, mi-liceano (pero antes fue marino: le atraía una gorra más prusiana y migró al ejército atraido por el surrealismo). Y pronto, me dicen desde Buenos Aires, lanzará un nuevo corto de su Segunda época. Al amigo Vera Miranda un salut gros desde Catalunya y mi enhorabuena por su Blog. Al Maestro De Gregorio: Piu Avanti!!!. Ladran, Sancho!!!. Dr. G.