Me inspiro en la aspirina

Me inspiro en la aspirina

Casi todos preguntan lo mismo. En qué te inspiras. Para escribir. En qué te inspiras. Y tú puedes contestar cualquier cosa. Por ejemplo, en la aspirina. Y te miran extrañados. Te dicen que no puede ser. Que no puedes inspirarte en la aspirina. Que digas la verdad. En qué te inspiras. Que estás muy loco. Que no puede ser. Y no te creen. Que un poeta debe vivir inspirado. Sentarse y que lleguen las musas. Ponerse en estado de trance. Y escribir por ejemplo: ¿Cómo defenderse de los solapados inviernos que anidan las moradas oscuras del deseo? Llega la musa mientras estás sentado y te dicta: ¿Cómo defenderse de los solapados inviernos que anidan las moradas oscuras del deseo? No hay trabajo. No ven trabajo. No ven la orfebrería del orfebre. No ven un cuarto lleno de humo. No ven la domesticación de las palabras. El lidiar constantemente con la nada en donde no hay nada. Que en donde no había nada, hay algo. Una manera distinta de mirar el mundo. Este atrabiliario mundo nuestro. Y en donde verdaderamente, todos pueden acceder. A escribir. Con trabajo. En un cuarto, muchas veces, lleno de humo. O en un lugar confortable. Bajo un puente, o viviendo sobre un volcán. Como un orfebre. O como un albañil. Ladrillo a ladrillo. Domesticando las palabras. Juntándolas. Desparramándolas. Escribiendo. Una y otra vez. Borrando. Corrigiendo. Sacando comas. Poniendo comas. No utilizando puntos suspensivos. Volviendo a escribir. Durante horas. Un texto pequeño. Un relato de veinte líneas. Rehaciendo. Y te preguntan en qué te inspiras. En qué te inspiras para escribir. Entonces dan ganas de decir, en la aspirina. Yo. Generalmente. Casi siempre. Me inspiro en la aspirina.

5 comentarios:

bayer dijo...
06:20
 

aspirina es marca registrada

Si es de Bayer es bueno.

me ha parecido catedrática la norma de no poner puntos suspensivos...

En la aspirina, nunca oi eso. Pues yo me inspiro en la cafeína y alguna cosa para fumar.

La cocaina inspira.
Por la nariz,
intravenosa
o por enema.