Acabo de regresar de Sevilla. Allí tuve el enorme privilegio de entrevistar a la Duquesa de Alba que acaba de cumplir 85 años. Ella está comprometida con Alfonso Díez, de 60 años, palentino y funcionario de la Seguridad Social. El nombre aproximado de la Duquesa es: María del Rosario Cayetana Alfonsa Victoria Eugenia Francisca Fitz-James Stuart y de Silva. Los íntimos la llaman Panchi. En esta entrevista ella nos habla de su próxima boda con el susodicho Díez. Su primera boda fue con Luis Martínez de Irujo en 1947, con quien tuvo seis hijos. A continuación podéis escuchar la entrevista en exclusividad.
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Entrevista exclusiva con la Duquesa de Alba |
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Las bragas de Teresa |
Alos tres días de comprar el ordenador e instalar Messenger, conocí a Teresa. Teresa de Los Mochis, Sinaloa, México. En verdad compré mi ordenador para chatear y conocer chicas. A los tres días de conocer a Teresa tuvimos sexo virtual. A los tres días de tener sexo virtual con Teresa, me mandó sus bragas. Por correo certificado. Y ahí comenzó mi calvario. Unas bragas preciosas. Hasta tenían GPS instalado. Unas de Victoria's Secret. Nunca en mi vida vi nada igual. ¡Y eran de la mismísima Teresa! Una maravilla. Dormí con ellas bajo mi almohada. Al despertar las besé, las acaricié y le di mimos. Todo perfecto. Hasta que llegó Fabián. Estábamos repasando la crisis Libia y comentando sobre la boda de la Duquesa de Alba, cuando las bragas de Teresa se presentan en el cuarto. ¡Hola somos las bragas de Teresa! Me quedé petrificado. Aturdido. Fabián de la impresión casi se muere. Luego se repuso. Más tarde se le insinuaron. Esa voz. Esa voz caliente mexicana. Una invitación a un sexo desenfrenado. Las bragas de Teresa desatada. Hot a más no poder. Fabián vuelto loco. Yo loco de celos. Celos de las bragas de Teresa. Como pude, las tomé y las puse en su justo lugar. En el armario.
Vuelvo más tarde dice Fabián. Que no vuelvas nunca en tu puta vida pensé yo.
Otro día estoy atendiendo a Edgardo en el Almacén y llegan las bragas de Teresa y se presentan. Somos las bragas de Teresa le dicen a Edgardo: cómo te llamas, qué haces, me gustaría estar un momento contigo. Edgardo no lo puede creer. Yo loco trastornado. Pasado el primer estupor, Edgardo le dice que se llama Edgardo. Que es profesor de Historia. Que le interesaría conocerlas en profundidad. El muy puto cabrón. ¡Y era mi amigo! Las tomo de vuelta y al armario. Es que no entiendo le digo a las bragas. No me puedes hacer esto. No puedes salir del armario y hacer lo que se te cante. Eres mía y de nadie más. Esto no es vida, yo no puedo vivir así. Lo siento me dice. Es que la Patagonia me calienta. Los cinco grados bajo cero me ponen a full. Lo siento.
Pero todo tiene un límite. Fue el día que me llamaron del lenocinio de Mujeres de Lujo. Eran las tres de la mañana cuando recibí el llamado. Mire me dijeron: hay aquí unas bragas que están armando escándalo. Se pasean por todas las mesas. Cantan canciones de Lila Woods y quieren irse a la cama con todos los clientes. Las hemos encerrado en un una caja de Johnny Walker etiqueta negra y ahí la tenemos. Nos dio su dirección y teléfono. Necesitamos imperiosamente venga a retirarla. Fui. Las tomé y se me quemaron las manos. Las puse dentro de una botella de Santa Emiliana etiqueta nada, y las tiré al mar. Que naveguen. Que la corriente del Pacifico las lleven de nuevo a Los Mochis. De donde nunca tendrían que haber salido. ¡Putas bragas!
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Fútbol en Patagonia |
No recuerdo nombre ni apellido pero le decíamos guata e lápiz. Fue mi primer entrenador de fútbol. El tipo era delgado. Un caballero muy particular. Tenía sus métodos, si es que le podemos llamar método a lo que tenía. Sus instrucciones eran las siguientes: tú jugai atrás, tú jugai al medio, tú jugai aelante. Cabros, este partio la tenimo que ganar cabros, no quiero que perdamos me oyen? Si llegan a perder les voy a sacar la concha e su madre entendieron? Na que los weones arratone, no hay que ser poco hombre weones, este es juego de machos y si hay que dar leña se da leña no ma. Y tú arquero si te dejai meter un gol te juro que te agarro en el camarín y te saco la chucha. Hay que salir con los taperones de punta y pobre el weón que se esté quejando. No quiero maricones en mi equipo. Acá no tamo na pa lucirnos, no somo un equipo de weones acomplejao entren a la cancha y a darle estaca no ma.
Y salíamos al campo de juego envalentonados con la arenga de guata e lápiz. A veces ganábamos. A veces perdíamos. Cuando ganábamos nos abrazaba y se ponía eufórico. Cuando perdíamos no pasaba nada. Nos consolaba y nos decía que para otra vez será. Nos pasaba su mano por nuestras cabezas. Luego se retiraba discretamente a un rincón y se ponía a llorar.
Glosario
Guata = Barriga, Panza, Estómago.
Partio = Partido.
Concha = En Chile órgano femenil. En España nombre de una tenista.
E = De.
Jugai = Juegas.
Aelante = Adelante.
Tenimo = Tenemos.
Cabros = Niños o jóvenes.
Weones = Palabra muy común chilena, significa cosas muy diferente en muchos casos: amigo, cosa o objeto, acción, insulto// amigo, ej: wena weon!, como etay weon?// cosa, ej: qué es esa wea?, suelta esa wea!// accion, ej: vamo a wear pa alla?, q wea etay haciendo?// insulto, ej: cállate saco wea, aweonao culiao. En Chile la palabra weon y sus derivados puede tener un millón de significados, sólo se debe tener imaginación y pensar weas para usar esa wea de palabra.
Poco hombre = No lo suficientemente hombre. Un poco menos que hombre. Casi nada. Casi mujercita. Insulto. Lo que vendría a ser un Paulo Coelho en la literatura.
Ma = Más.
Dar leña = Meter la pierna fuerte. Tratar de quebrar la pierna del adversario. Masacrarlo. Darlo de baja. Matarlo.
Arratone = Viene del verbo arratonar. Yo me arratono, tú te arratonas, el se arratona. Ser ratón. Ser chiquito. Amilanarse. Dejarse pisar.
Dejai = Dejas.
Chucha = Lugar de la entrepierna de la mujer. Órgano vaginal. Ahí mismo. Esa cosa calentita. Esa cosa rica.
Taperones = Suela del botín de fútbol.
Tamo = Estamos.
Na = Nada.
Pa = Para.
Somo = Somos.
Acomplejao = Acomplejado.
Darle estaca = Matarlo a patadas.
Ma = Más.
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Qué serían ellos sin mí |
En general soy tímido, retraído, hosco. Eso creía. Hasta que un día me invitaron a comer a la casa de los Sepúlveda. Había otra gente allí y me presentaron como El Poeta. Y la gente quiso saber cómo eran los poetas. Les dije que como todo el mundo. Seguí comiendo y me miraban extrañados. Era la época en que llevaba aros, pircing, el pelo mohicano y camisa de seda color indescifrable. Pero no te vistes como todo el mundo dijeron. Bueno tampoco ustedes lo hacen les dije. Gente rica avituallada en Nueva York. Luego de tomar la primera botella del Miguel Torres, conté chismes sobre escritores. Este se acostó con esta. Este le plagió a este. El de más allá ganó una beca, el otro la perdió. Concursos arreglados. Editoriales corruptas. El día que le pegué a Bolaño. Conté chistes. Fui al baño y me caí de bruces. Eso pasó. Al otro día me llamó el dueño de casa, el señor Sepúlveda, contándome que sus amigos lo habían llamado para decirle de lo bien que lo habían pasado. Que ya me llamarían para una nueva velada.
A la semana siguiente me llaman los Pivcevic para una cena con amigos. Te estábamos esperando dijeron apenas llegar media hora atrasado. El gran poeta Hugo Vera Miranda. Encontré la presentación un poco exagerada pero seguí mi derrotero de contar mentiras, cotilleos variados, canté canciones mexicanas, proezas imposibles y mi encuentro en Caracas con Rufino Blanco Fombona. Comida y trago a discreción. Es mentira que allí se come tacañamente. Lo pasé de maravillas. Todos encantados.
Fueron dos invitaciones más las que me convencieron que algo estaba pasando conmigo. Entender que a cierta gente, les encantan los poetas. Que los poetas adornan bastante, que entretienen. Que necesitan a uno de ellos para amenizar sus tertulias. Que lo utilizan para darse corte. Que sin la presencia de uno de ellos, sus veladas serían paralizantes. Se hablaría de tópicos comunes. Conversaciones banales sin estilo. Nadie se emborracharía ni nadie trataría de levantarse a la mujer del Gobernador. Nadie cayendo de bruces rumbo al baño.
Fue así como di comienzo a mi vida de Poeta de compañía. La gente del pueblo pagaba y yo me apersonaba. Llevaba una batería preparada de anécdotas y cuentos sin fin. Descargaba libros de Woody Allen y me los memorizaba. Una noche estuve brillante gracias a Bill Hicks. Otra noche fue la noche de Alejandro Dolina. Ahora gracias a la crisis y que ya no me apetece como antes, he dejado de ganar 100 euros por noche. Extraño las buenas comidas y los buenos vinos. También a las golfas esposas de algunos funcionarios. Eso hasta ayer. Sabedores de mi fama que traspasó fronteras, me han llamado desde La Moncloa. Ya les contaré.
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Documental |
S
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Mentiras en la Web |
Soy duro con Susana. Amable con Agustina. Surrealista con Mariana. Imperfecto con Andrea. Mis múltiples personalidades desparramadas en la Web. En un chat. En un correo de Gmail. No debo perder el hilo de la historia. Me conecto. Y todas encantadas. Yo encantado. Eso creo. Ellas también hacen lo mismo. Eso creo. Vivimos en un mundo de engaño a carta cabal. Total. Fijamos horarios para los vínculos. Damos ignorar. Aceptar. Entramos en gris. Nos ponemos verdes. Luego nuevamente gris. Apagamos los celulares. Prendemos los celulares. Funciona. Todo funciona. Y Oscar Wilde que ya no está. Que podría escribir su obra maestra. Su gran obra sobre el engaño universal. Sobre la estupidez humana. Yo le digo te quiero a Susana. Susana que le dice que lo ama a Roque. Roque que le habla a Agustina de su encuentro en Medellín. Mariana que tiembla de amor por Susana. Susana que desprecia a Mariana. Andrea que odia a José con quien, en un día gris, lluvioso de otoño, tuvo sexo en un hotel en Algeciras. Todo el mundo caliente, sórdido, mentiroso y genial. Inventando mundos palpitantes, mundos paralelos. Palabras y más palabras para el viento. Para el cuento. Para nada. El fingimiento de la puta madre. A carta cabal. Con mucha velocidad. Y nos acostamos encantados. Agotados. Engañados. Dormimos. Luego un hilo de saliva baja de nuestros labios. Soñamos con Sea Harriers estacionados sobre nuestras cabezas. En medio de un lago infestado de caimanes. Luego despertamos como si nada. Como siempre. Y volvemos a lo mismo. No podemos parar. Nos conectamos. Nuevamente nos conectamos. Volvemos a lo mismo. A mentir. Fingir. Luego me pongo gris cuando te pones verde.
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La insaciable prodigiosa |
Hola Muerte cómo estás. ¿Te duele hoy la cabeza, tienes surménage? ¿Vas de compras por la City esta tarde? ¿Acaso te veré pasar hoy frente a mi casa? ¿Te detendrán los semáforos? ¿Los cazas bombarderos? ¿Algún emperador japonés? Fisgoneando como haces siempre en días de escarcha. Mirando por el rabillo de tu único ojo de vidrio. Tu único ojo de vidrio color murciélago. Eres la eterna intrusa que nadie invita. La paracaidista de turno. La insaciable prodigiosa. La eterna chica fenomenal que nos ama un segundo. La que nunca tendrá tribunal ni funeral. Te cuento: me gustaría conocerte. Decirte unas palabritas. Ya sea en Puerto Montt. En Madrid o El Cairo. Donde te encuentre. Donde te apetezca. O en donde tu decidas. ¿Te parece el Vaticano un buen lugar? ¿O prefieres en un puerto gallego de las Rías Baixas? Te digo desde ya que no pretendo sexo contigo. Ni intercambios de correos. Ni palabras zalameras de buena crianza. Sólo conocerte. Pararme frente a ti y decirte. Decirte unas palabritas. Decirte: Puta chiquilla loca puta culiá. Y que luego me lleves. Me lleves donde se te de tu puta gran gana. Ya sabes. Si entras por aquí y me lees, te espero. Ataviado con mi vocabulario soez, mi desparpajo y mi profundo desprecio. Espero que me leas. Nos vemos. Chao. Arriverderci. Agur. Te espero. No me falles.
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Domingos de fútbol |
Muchos años después. Cuando ya jugaba por la selección del pueblo, cada vez que metía un gol, alzaba mis manos al cielo. Era el recuerdo emocionado para mi tío Kiko. Tenía seis o siete años cuando él me llevaba al estadio. Íbamos con sus amigos. Tres o cuatro pelafustanes como mi tío. No pagábamos entrada. Mi tío sus amigos y yo, saltábamos el cerco y nos instalábamos detrás de un arco. Y allí tendidos, destapaban una damajuana de cinco litros. De cinco litros de vino malo. Mi tío me compraba una bolsa de caramelos. Y allí estábamos. Veíamos tres partidos. Y todo era bromas. Y risas. Le gritaban a los jugadores líbelos infamantes. Cosas de cuernos. Contaban chistes. Puteaban al árbitro. Cantaban. Tomaban. Reían. Se mofaban del público. Del físico de algunos jugadores. Los futbolistas no tenían nombre. Sólo apodos. Sobrenombres. Algunos bestiales. Como mariquita linda, pito corto o pico podrio. Festejaban los goles. Las victorias. Las derrotas. Las patadas y los penales. Poco a poco se emborrachaban. Se volvían mustios. Se iban quedando en silencio. Casi ciegos. Se tumbaban adormecidos. Luego terminaban los tres partidos. La gente se retiraba. El silencio. Ellos dormían. Mi tío y sus amigos se quedaban dormidos. Borrachos. Y caía la tarde. La noche. Y yo niño. Muerto de susto. Iba de uno a otro. Despertándolos. Llorando. Como todos los domingos. Eso pasó hace mucho tiempo. Pero aún los veo. En cualquier partido. Detrás de un arco. Borrachos a más no poder. Ya sea un partido del Barça contra el Real Madrid. Los veo. Mi tío, sus amigos y yo. Ellos borrachos para siempre y yo con mi bolsa de caramelos. Detrás de un arco. Para siempre.
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Mi tío querido |
Mi tío Kiko. Un rufián nigromante de aquellos. Ejerció por un tiempo prudente de vendedor. Vendedor de ropa. Llevaba a sus clientes a los velatorios y allí pactaba. Se paraba frente al ataúd y le preguntaba a su comprador si le gustaba. Si le gustaba el traje del difunto. Fue el primer emprendedor natalino que se tenga memoria. Luego de los responsos obituarios, se apersonaba con un par de amigos, despojaban de la indumentaria al fenecido y corrían donde el cliente. Más tarde se emborrachaban como cosacos. Pronto pasó a la venta de oro. Dientes de oro. Anillos. Relojes. Objetos diversos. Todo producto del cementerio municipal. Hasta que un día se acabó el negocio. Una señora vio el traje de su marido muerto en la ventana de mi tío. En oferta. Estuvo preso un par de años. Luego salió libre por buena conducta.







