marcelo fox

marcelo fox

Por Yoel Novoa

marcelo fox

Marcelo Fox como autor está olvidado, sin embargo su Invitación a la masacre cuando aparece por Internet, no baja de los 100 dólares.
Lo conocí como "el gordo Fox" y lo leí cuando Opium lo incluía en sus ediciones. Creo que jamás crucé una palabra con él, pero éramos ingredientes de una misma sopa: Nos convocaba el Di Tella, el viejo bar "Moderno" y las fiestas que por mediados de los sesenta sucedían en Buenos Aires y sus alrededores, donde casi mágicamente aparecíamos los mismos, la mayoría de las veces sin ser invitados y éramos recibidos como dioses. Esas "fiestas" fueron únicas. Viajando nunca vi algo semejante y cuando volví en el 78, todo eso había muerto.
Fox era un gordo abotargado, grandote, marítimo, que plantaba su presencia como un Buda indiferente. La mayoría de la fauna artística de entonces, decía de él: "Es un nazi de mierda". Cuando le preguntaron a los de Opium porqué lo publicaban (Opium una revista postulada anarquista), contestaron "Porque escribe bien".
Con el pasar del tiempo Fox era cada día más grande y gordo. Se sabía que biológicamente era prácticamente un niño, no se si habría superado los 20 mientras se inflaba majestuosamente.
Practicamente nadie le daba pelota. Ese prestigio lo obtuvo luego que Falbo Editores publicara Invitación a la masacre. Pero Fox no se inmutaba, asistía a los lugares del celo y se mostraba.
Si Fox hubiera publicado su libro luego de la experiencia del "Proceso de Reorganización Nacional" en Argentina, el libro hubiera tenido otro peso que el que tuvo. Pero cuando lo publicó, siquiera existían los montoneros.
No soy el indicado para descifrar los vericuetos mentales de Fox, no lo conocí, siempre lo vi de afuera.
O sea, todos los que nos veíamos y meneábamos en aquellas fiestas, éramos actores y público, y Fox también, creo, debió llevarse una imagen mía similar.
Durante aquellos días, Fox empezó a aparecer de la mano con una mujer, La Negra, una doctora en letras, artista plástica del puta madre y hermosa como una pantera. La Negra había sido mujer de Massotta y luego de un período lesbiano se interesó sexualmente por los marginales masculinos. Ahí recaló en Fox.
Entonces Fox adelgazó. Esa mole centenaria en kilos, se convirtió en un esbelto adolescente abrazado a una de las mujeres más importantes de aquella época.
Luego las imágenes se esfuman y un día: "¡Fox se mató!". "¿Como?". "Se suicidó"...
No sé si cuando Fox concretó esa maniobra, tendría 22 o 23 años...



Yo haré posible el Infinito. No habrá piedad para nadie porque el Amor ha muerto sepultado entre los úteros y la simetría de los cubos de cemento. No habrá piedad porque la piedra estorba en el camino de la destrucción. De la Trascendencia. No oyen estos gritos descuartizados que aún dudan de mi inmensidad. Sólo los grandes se enfrentan totalmente con el Mundo, y le escupen su asco cara a cara. No aceptamos soborno. Es inútil que traten de atraparnos poniendo como cebo mujeres o medallas al mérito o buenas conciencias. Continuaremos exaltando al Mal purificador en el fondo de las mazmorras o de las celdas acolchadas. Y si nos mandan al patíbulo, marcharemos hasta él cantando aleluyas a la Muerte y blasfemando contra todos los dioses y los hombres.

fragmento de Invitación a la masacre aparecido en el libro Canto a la destrucción de juan-jacobo bajarlía, Ediciones Puma, 1968, Buenos Aires, Argentina.



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6 comentarios:

n. dijo...
22:19
 

testimonio historico, gracias por compartirlo, joel, Hugo: re zarpada la grafica ! saludos!

n.

Que Falbo lo haya editado, no trascendía lo "curioso", pues Falbo era un editor curioso que había editado a principios de los sesenta a un par de escritores homosexuales con tema homosexual, que curiosamente, pese a lo precursor, circularon por las librerías sin pena ni gloria y terminaron abasteciendo las mesas de oferta. Falbo era un editor que editaba lo que quería. Lujo de aquel entonces, donde Cícero con "ediciones del mediodía" hacía lo mismo desde una mesa del café "La Paz", e incluso Jorge Alvarez que capitalizó comercialmente al "editor independiente".
Allá por 1978, cuando yo volví a Buenos Aires, "Mandrake", un amigo que estaba muy involucrado con las imprentas, me dijo que lo había visto a Falbo revisando los tachos de basura, rescatando papeles seguramente impresos.
Yo, por los sesenta compartí el gusto generalizado de no valorizar las ediciones "Falbo". Hoy día, cuando alguno de sus libros cae en mis manos, así sea del poeta más incógnito, le doy toda la importancia y lo adopto como objeto de estudio (contemplación).

Un día al llegar a Río Gallegos, el poeta más elegante de su aldea, Carlos Besoaín, me llevó a una librería que ahora es una playa de estacionamiento. Allí encontré un pequeño tesoro. Ejemplares nuevitos de Ediciones del Mediodía, Corso, Ferlinghetti, Esenin, etcétera. Aquella noche dormí como un niño esperando la llegada de los reyes.

Anónimo dijo...
01:30
 

Escribía no, excribía. Era un excremento. Una mierda, bah.

Ruy dijo...
18:17
 

Lo de Fox flaco es un delirio de Yoel. Al igual que su historia con la Negra Renée.

Debe ser nomás un delirio mío Fox flaco...
La versión sería que la Negra René se aparece un día de la mano con un flaco impávido. "¿Quién es?" Y alguien me dice que es el gordo Fox que adelgazó. Yo creo en la versión y me asombro. Presumo que el que dijo eso fue Mulet que solía decir bromas con una sonrisita apenas.
Lástima, porque me gustaba la imagen de Fox flaco con la negra René, posando, quietos en medio de una fiesta.
Es como cuando leí en Apollinaire que Sade no fue un loco malvado como lo pintó -por ejemplo- Guy de Masillon-, sino un pobre tipo de triste vida, al que el medio hizo mierda.
O sea, si yo ahora hiciera un retrato de Fox, lo haría sin mirar ningún retrato de él, lo haría flaco, sentado y tomado de la mano de un ángel, y sabríamos que ese ángel era la negra René. ¿No?